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domingo, 28 de julio de 2024

AYSA, RESERVAS, DÓLAR


La tarifa de agua en el AMBA subirá 5,16% desde agosto
AYSA. La factura promedio sin impuestos pasará de $17.858 a $18.799; con impuestos, la boleta mensual superará los $22.700
Sofía Diamante
La Secretaría de Obras Públicas publicó un aumento en la tarifa del agua de AySA de 5,16%, que comenzará a regir a partir del consumo de agosto. La factura promedio sin impuestos pasará de $17.858 a $18.799. Con impuestos de al menos 21%, la boleta mensual superará los $22.700.
Luego de la quita de subsidios de abril, que implicó una suba de 209%, los valores se actualizan todos los meses según una fórmula polinómica que tiene en cuenta el índice de salarios (IS), de precios internos al por mayor (IPIM) y el de los precios al consumidor (IPC). En el año, las boletas de agua en el área metropolitana de Buenos Aires (AMBA) aumentaron 255%.
AySA mantiene el esquema de segmentación de subsidios, focalizado en la geolocalización de los usuarios. Así, la factura media mensual en servicios de agua sin impuestos pasaría, para la zona geográfica considerada de altos ingresos (534.517 hogares), de $21.051 a $22.137; para la zona media (996.718 usuarios), de $19.118 a $20.104, y para la zona baja (1,2 millones), de $15.362 a $16.155.
Los incrementos van a empezar a impactar paulatinamente en las facturas convencimiento en los primeros días de septiembre. En lo que se refiere a tarifa social, hay 130.000 beneficiarios que reciben un aporte mensual.
Para los usuarios residenciales y baldíos cuyos inmuebles se localizan en áreas calificadas con coeficientes zonales bajos, se mantendrá el subsidio del 15%. Esto alcanza a 1,8 millones y no es necesario realizar ninguna gestión para acceder a este beneficio.
AySA alcanzó el equilibrio operativo bruto por primera vez en cinco años y está logrando el superávit por primera vez en su historia. A la fecha, es la empresa estatal que logró la mayor reducción de sus gastos y eficiencia con relación a su operación, ya que los resultados económicos acumulados hasta mayo demuestran una significativa reducción del déficit económico total equivalente a $107.000 millones, dijeron en la empresa que preside Alejo Maxit y que tiene como director administrativo a Eduardo Endeiza.
La nueva gestión de AySA incrementó los ingresos en un 22% en comparación a 2023 en términos reales, lo que representa unos $33.000 millones adicionales, y se redujeron los gastos devengados de operación bruta un 16% equivalentes a $40.700 millones. “Este ahorro, sumado al aumento tarifario del 209% y a las indexaciones mensuales, permitió a la empresa lograr el equilibrio operativo y el inicio de una tendencia creciente hacia el superávit”, dijo la compañía.
En mayo, la empresa obtuvo un total de ingresos netos de $52.300 millones y gastos operativos brutos (excluyendo extraordinarios, financieros y amortizaciones) de $51.700 millones. “Con base en este resultado, se observa claramente el inicio de una tendencia de superávit, que permitirá reinvertir en nuevas obras de mejora para eficientizar los servicios”, dijeron.
Dentro de este plan de eficiencia, la empresa llevará adelante una estrategia para la reducción de pérdidas físicas de agua potable que permitirán recuperar 500.000 m3 por día de agua (equivalente al consumo de 1 millón de personas) y reducir gastos de insumos químicos y energía de bombeo. Además, se reforzará la continuidad del plan de micro medición para alcanzar una facturación basada en el servicio medido y más justa para los usuarios.
Para fin de año, los objetivos de reducción totales en estos principales rubros son 45% de vigilancia, 43% de limpieza, 37% de telefonía, 27% de la flota de vehículos y 15% de la masa salarial, a través de la reducción del 35% de las horas extras y un importante programa de retiros voluntarios (ver aparte). En lo que respecta a las obras de mejora y mantenimiento, están en etapa de priorización y revisión.
En 2023, los ingresos tarifarios de la empresa solo cubrían el 52,2% de los gastos operativos, requiriendo el resto de transferencias del Tesoro nacional para asegurar la calidad y continuidadde los servicios. Este año, sus costos operativos pueden sostenerse con los ingresos tarifarios.

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El BCRA volvió a vender y, desde fin de mes, suma una nueva obligación de pago
RESERVAS. Resignó US$92 millones en una rueda de mayor volumen; ya avaló un alza del dólar oficial del 2,17% en el mes
Javier BlancoEl Central tiene reservas brutas por US$27.307 millones
La progresiva tendencia al desbalance hacia el lado de la demanda que muestra la plaza cambiaria oficial quedó nuevamente a la vista ayer: el Banco Central (BCRA) debió aportar otros US$92 millones de sus escasas reservas para que opere con normalidad.
Es la segunda venta más importante en lo que va del mes, tras la de US$106 millones realizada el viernes 19, y llegó en una rueda en la que el volumen operado superó los US$400 millones (fue de US$427,5 millones).
De esta manera, se amplió en algo más de un 22% con relación al jueves y resulta el monto más elevado del último mes y medio, aunque esta vez impulsado por un nuevo auge de la demanda.
Esto fue, en definitiva, lo que obligó al BCRA a sacar de sus reservas y poner en mostrador el 21,5% de las divisas negociadas en la última jornada de la semana además de terminar realizando la tercera venta tras las cinco ruedas.
Y lo que lo llevó a cerrarla con un saldo neto negativo por sus intervenciones de US$34 millones (el segundo rojo semanal consecutivo), aunque mantenga en lo que va del mes uno positivo de US$88 millones de cara al cierre del mes.
La dinámica que está tomando el mercado inquieta, tomando en cuenta el vía libre oficial dado a la demanda importadora a partir de agosto: desde comienzos de mes el plazo de pago de las compras externas de bienes generales bajan de cuatro a dos cuotas.
Y a que, además, el miércoles que viene la entidad que comanda Santiago Bausili enfrenta el primer pago de los Bopreal, el título lanzado para atender la deuda con importadores generada en la administración de Alberto Fernández. Eso lo obligará a erogar US$167 millones.
Todo esto cuando su tenencia neta de reservas volvió a hundirse en terreno negativo: tras los pagos a bonistas y el FMI realizados en la primera mitad del mes, va de los -US$3300 a los -US$6700 millones, según las distintas estimaciones y criterios de cómputo.
Al mismo tiempo, su tenencia total empieza a desafiar el “piso” de los US$27.000 millones: ayer cerró en US$27.307 millones.
La situación descripta es la que precisamente llevó al equipo económico a intensificar esta semana las negociaciones con organismos multilaterales y con bancos privados para tratar de conseguir fondos que permitan fortalecer, al menos transitoriamente, las reservas del BCRA.
Se trataría de un repo (préstamo), que gracias a las garantías que el país entregaría en un mix de oro (de allí los últimos movimientos al exterior admitidos oficialmente de esa tenencia) y bonos de deuda, permitiría reducir su costo a la mitad del que el Gobierno debería enfrentar si, en teoría, buscara ese ingreso por colocaciones en el mercado global. Con un riesgo país encima de los 1500 puntos, eso en los hechos está hoy vedado.
“Las señales del equipo económico muestran que se está trabajando del lado de los pesos para reducir la demanda potencial de divisas, a la vez que es probable que el trabajo por el lado de los dólares para elevar el poder de fuego del BCRA se esté realizando ‘detrás de escena’, para conservar el elemento sorpresa”, observaron al respecto desde Facimex Valores.
Tipo de cambio oficial
“Desde fines de mayo los días de buen volumen en el mercado oficial han coincidido con ventas por parte de la autoridad monetaria, generalmente a la par de pagos por importaciones de energía. Quedan tres ruedas para cerrar el mes y hay que recordar que los cierres mensuales suelen traer aparejadas ventas”, advierten al respecto desde la consultora Outlier.
De comprobarse esa regla, el BCRA podría cerrar con un saldo de ventas levemente negativo por segundo mes consecutivo, tras los US$47 millones cedidos en junio por esa vía.
La nueva venta llegó al cabo de una rueda en la que, para tratar de minimizar la pérdida, la entidad monetaria volvió a validar un aumento de $1,50 para el dólar mayorista que cerró a $ 928,50/931,50 por unidad, para compra y venta respectivamente, lo que hace que el tipo de cambio oficial ya haya avanzado en lo que va del mes 2,17 por ciento.
Ese valor está un poco por encima de la regla de actualización del 2% dispuesta y respetada a rajatabla desde la fuerte devaluación del peso que el Gobierno dispusiera el 13 de diciembre pasado, aunque de ella derivara una apreciación del 46% que, según las propias estadísticas oficiales, devolvió esa variable a una “zona de atraso”.

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Bajaron el blue y los financieros
DÓLAR. Las cotizaciones cerraron la semana con caídas diarias de hasta $11
El dólar blue y los financieros cerraron la semana en calma, con bajas de hasta $11. En los últimos días, el Banco Central (BCRA) dio a conocer una serie de noticias con la que buscó descomprimir la brecha cambiaria en la denominada fase 2 del plan económico, que incluye intervenciones en el mercado financiero, la eliminación de los pasivos remunerados y la confirmación de que mantendrá fija la base monetaria amplia en los niveles de finales de abril.
En las calles de la City porteña, el blue se vendió en “cuevas” y “arbolitos” a $1435, unos $10 menos que el cierre del jueves (-0,7%). Sin embargo, la cotización informal se posicionó $115 más arriba que los financieros.
Es que el dólar MEP terminó el día a $1323,15, lo que representó una caída de $9,6 frente al cierre anterior (-0,7%). El mismo movimiento se observó en el contado con liquidación, que cerró a $1317,85, unos $11,7 menos que el jueves (-0,9%).
“El BCRA terminó de eliminar los pasivos remunerados y confirmó que congelará la base monetaria amplia en los niveles de fin de abril. La medida busca quitar combustible monetario a los dólares financieros y complementa el anuncio reciente de intervención, aunque el núcleo de la estrategia para acercar la economía a la unificación cambiaria se mantiene inalterado”, consideraron desde Facimex Valores.
Ayer, el tipo de cambio oficial mayorista cerró a $931,50, lo que significó una microdevaluación de $1,50 (+0,2%). Frente al contado con liquidación, la brecha cambiaria fue de 41,5%.

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viernes, 22 de diciembre de 2023

DÓLAR, , SALUD Y VOLATILIDAD




El mercado operó con cautela, a la expectativa del megadecreto de Milei
Los tipos de cambio financieros registraron bajas de hasta $26, pero el blue subió $5 y cotizó a $995; la brecha, en mínimos
Melisa ReinholdEl dólar MEP acumuló una baja de $53 en los primeros tres días de la semana
El mercado operó con cautela y a la expectativa de conocer las nuevas medidas del Gobierno. Con la vista puesta en la cadena nacional que dio anoche el presidente Javier Milei para anunciar un megadecreto con desregulaciones para toda la economía, los dólares financieros retrocedieron ayer hasta $26.
El dólar MEP mediante la compraventa de bonos AL30, el activo que más se utiliza para operar, cotizó a $952,33. Se trató de una caída diaria de $26 (-2,7%) y en los primeros tres días de la semana acumuló un retroceso de $53 (-5,2%).
El dólar contado con liquidación (CCL) con acciones apareció en las pantallas del mercado de capitales a $946,67. Presentó una baja de $2 en comparación con el cierre del martes (-0,2%) y de $46,5 en la semana (-4,9%).
“La relativa estabilidad de los dólares financieros se explica por la oferta exportadora (20% de las exportaciones), apuestas de carry trade (hacer inversiones a tasa para después dolarizar ganancias) en medio de la aceleración inflacionaria en curso y el cambio de expectativas por las medidas económicas del Gobierno y la continuidad de diversas regulaciones que todavía siguen limitando la demanda de CCL/MEP. En este sentido, vemos que los dólares financieros seguirían con una dinámica nominal ‘desenganchada’ de la inflación en el corto plazo”, consideraron desde Delphos Investment.
En cambio, en la peatonal Florida, conocida por concentrar la mayor cantidad de arbolitos de la ciudad de Buenos Aires, ayer el blue se vendió a $995. Fueron $5 más frente al cierre anterior (+0,5%), mientras que en la semana acumuló un alza de $25 (+2,5%).
El tipo de cambio mayorista cotizó a $803,70, una suba diaria de $0,55 (+0,1%), en línea con el ritmo del 2% mensual que dijo el Gobierno que tendría la cotización en el corto plazo. Frente al blue, la brecha cambiaria fue del 24%. Si se toma como referencia el contado con liqui, el valor libre más bajo del mercado, se reduce a un 17,7%.
“Podemos decir que el tipo de cambio está empezando a fluir: se achicó la brecha y esto ha sido bastante positivo. Es un momento sensible para la Argentina, en el cual se está midiendo la confianza que el mercado le está dando al ancla fiscal y a la nueva política monetaria del Gobierno. Hablamos de un mercado que había llegado muy dolarizado a las elecciones, un poco por la incertidumbre que había y otro poco por un tema de estacionalidad”, dijo Matías Roig, director de Portfolio Personal de Inversiones (PPI).
Bonos y acciones
Ayer, la Bolsa porteña operó en las 919.910 unidades, un 0,6% más frente al cierre anterior. En el panel principal se vieron favorecidos los papeles de Banco Supervielle (+9,4%), Cablevisión Holding (+8,7%), el Banco Macro (+5,3%), el BBVA (+4,9%) y el Grupo Financiero Galicia (+4,6%).
Las acciones argentinas que cotizan en la Bolsa de Nueva York (ADR) operaron con variaciones mixtas. Por un lado, treparon los papeles del Banco Supervielle (+7,9%), el Banco Macro (+5,4%) y el BBVA (+5%). Por el otro, cayeron Globant (-5,6%), Edenor (-4,5%) y Corporación América (-3,5%).
Los bonos del último canje de deuda operaron en terreno negativo. Los Bonares bajaron un 2,02% (AL29D) y los Globales, hasta un 1,61% (GD41D). En consecuencia, el riesgo país avanzó 19 unidades y cerró el día en los 1872 puntos básicos (+1,03%).

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Se va otra empresa extranjera
En medio de las dificultades que atraviesa el sector, con seria escasez de insumos esenciales por culpa de la falta de dólares, la empresa número uno en el negocio de las terapias renales se va del país. Se trata de la alemana Fresenius Medical Care, que fue comprada por Well Being SA, una subsidiaria del Grupo Olmos.
La operación incluye todos los activos y un plantel de alrededor de 3000 empleados. “El Grupo Olmos completó la compra de la totalidad del capital social de Fresenius Medical Care Argentina, que incluye las 76 clínicas de diálisis y el centro de fabricación de la compañía en Argentina”, informó la compañía nacional mediante un comunicado.
En las clínicas de Fresenius Medical Care Argentina se atienden actualmente más de 9900 pacientes crónicos en terapias de diálisis y se brindan más de 48.000 tratamientos a pacientes con falla renal aguda.
Entre las principales actividades de su planta de 7500 metros cuadrados, en el Parque industrial de Pilar, se destacan la producción de soluciones concentradas, sales, dispositivos y desinfectantes, el depósito de productos locales e importados, los controles microbiológicos de laboratorio, y la prestación del servicio técnico para el mantenimiento de equipos de diálisis.
Bill Valle, CEO de Care Delivery de Fresenius Medical Care, remarcó: “Si bien fue una decisión difícil y nos entristece despedirnos de nuestros colegas de la Argentina, estamos encantados de haber encontrado un socio de ideas afines en el Grupo Olmos”. En tanto, el presidente del Grupo Olmos, Raúl Olmos, agradeció a Bill Valle y a Pete Clarke, y señaló: “El anuncio demuestra nuestro enfoque estratégico y nuestro compromiso con la asistencia sanitaria en la Argentina”.
Como se dijo, la actividad no pasa por su mejor momento en la Argentina debido a complicaciones derivadas de los problemas macroeconómicos. Según publicó
hace 15 días, la Confederación de Asociaciones de Diálisis de la República Argentina (Cadra) había comunicado que se estaban agotando las reservas disponibles de insumos importados, sales y cloruros –entre otros– indispensables para la preparación de los concentrados con los que se efectúan las sesiones de diálisis, así como también jeringas, catéteres y líquidos peritoneales.


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Los consumidores no avalaron las últimas subas de la carne y la hacienda empezó a bajar de precio
Tras los aumentos del 40% al público, hubo una retracción de las ventas de cortes vacunos y un retroceso de los valores del ganado en pie
Belkis MartínezLas carnicerías sintieron la retracción del público

Los incrementos de más del 40% que tuvo la carne vacuna en los últimos días, en medio de la devaluación, “no fueron convalidados por el consumidor”, según coincidieron fuentes consultadas  Vale recordar que se llegó a promedios de $8000 el kilo, según los cortes. Adelantaron que en los próximos días habrá bajas en las carnicerías y góndolas porque cayó el valor del ganado en pie.
El Mercado Agroganadero de Cañuelas [MAG] registró ayer la tercera jornada consecutiva con caídas. En esa plaza, el Índice General [que considera todas las categorías de ganado] perdió un 8,41%, de $1293,612 a $1184,798, mientras que el Índice Novillo bajó un 6,030%, de $1428,567 a $1338,566. Por novillos se pagó $1400-1500 el kilo y novillitos, hasta $1600 cuando la semana pasado se llegó a superar los $2100.
Miguel Schiariti, presidente de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes (Ciccra), explicó que el público no convalidó los precios que se acercaban a los $8000 por kilo de carne. Más allá de eso, agregó que el último fin de semana hubo carnicerías que no abrieron por los cortes de luz que se reportaron en diferentes lugares. “No se vendió nada y la carnicería que abrió facturó entre un 40% y 50% menos de lo que factura habitualmente un domingo. El público no convalidó los precios y por eso es que entró hacienda en cantidad. Entraron entre 10.000 y 12.000 cabezas, cada uno de los días [de mercado], y los precios bajaron”, explicó.
De los más de $2000 por kilo de novillito vivo que alcanzó la semana pasada en promedio, hoy se pagaron $1400/$1500 y hasta 1600 pesos. “Eso ya se está trasladando a la carnicería”, afirmó.
Además, añadió que esta caída de precio del ganado “vino para quedarse”. “Veremos qué pasa entre enero y febrero [con la hacienda], pero no creo que en enero-febrero vaya a remontar el precio. Estos precios se van a pagar hasta fin de año, sin ninguna duda”, precisó.
El dueño de una cadena de supermercados coincidió en que la baja aún no se expresó en las góndolas aunque prevé que el precio al público se refleje en el transcurso de los próximos días. “Hay que esperar a que se consolide. De todas formas, el impacto en los mostradores fue de un 40%. La hacienda pasó de valer $1000 a $2000, promedio y recién hoy [por ayer] retrocedió a $1500. Hay que ver cómo se configura la baja”, dimensionó.
Un consignatario de hacienda que opera dentro del Mercado Agroganadero de Cañuelas opinó que “la devaluación le metió miedo” a la gente que compra hacienda en esa plaza concentradora, por lo que “habían salido a pagar algo que no lo valía”.
“Si valía $1000 el kilo, lo llegaban a pagar $2000. Ese aumento no se tradujo en el comercio. La gente se asustó de los precios que subieron en góndola. Y, los carniceros, ante la inminente devaluación, también aumentaron excesivamente los valores de la carne; quedó todo muy distorsionado”, opinó.
Según estimó la misma fuente, los valores para el ganado se van a establecer, en el equivalente en dólares, entre US$1,50 y US$1,60 el kilo.
“De ahí se desprenderán los cortes más caros y los cortes más baratos. Ahora, la gente se asustó y puso cualquier precio para no perder plata por las dudas, y terminó de explotar todo en la demanda, que no traicionó. No creo que el valor de la hacienda sea el valor que vimos estos días de $1400 y $1500 un novillo; tampoco creo que sea de $2000 o que el asado al público tenga que ir a $8000”, afirmó.
Sergio Pedace, vicepresidente de la Cámara Argentina de Matarifes y Abastecedores (Camya), recordó la situación de menor oferta que se dio últimamente y que llevó a los $2000 el kilo vivo. “Ahora estamos muy abastecidos. De los $2000 pasamos a $1500 el kilo: eso se va a ver reflejado a partir de la semana que viene”, agregó y aclaró que los consumidores “no convalidaron los precios porque no los pueden pagar”.
El analista del mercado ganadero Víctor Tonelli coincidió que “lo que ocurrió la semana pasada obedeció a una expectativa enorme por políticas públicas y ajuste de dólar, que al final en billete quedó incluso abajo”.


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sábado, 30 de septiembre de 2023

DÓLAR, BANCO CENTRAL Y FMI ADVERTENCIA


Fin de la pax cambiaria: el blue trepó $17 y el CCL pasó los $800
La incertidumbre electoral y el fin del soja 4 impactan en el mercado
Melisa ReinholdInflación y desequilibrios macro, razones de la escalada
Esta semana se terminó la pax cambiaria que vivían los dólares libres desde comienzos de septiembre. Pese a que el Gobierno anunció el dólar Vaca Muerta para el sector petrolero, medida que busca calmar los tipos de cambio financieros ante el final, hoy, del dólar agro, la incertidumbre electoral y el desorden macroeconómico pesan más.
Ayer, el blues e vendió a $790, una suba diaria de $17, y el contado con liquidación “libre” avanzó $29,39 y cerró a $819,07. Ambos marcaron récords nominales.
Esta semana, se terminó la pax cambiaria que atravesaban los dólares libres desde comienzos de septiembre. A pesar de que el Gobierno anunció la implementación del dólar Vaca Muerta para el sector petrolero, medida que busca calmar los tipos de cambio financieros con más oferta de divisas ante la finalización del dólar agro (hoy), la incertidumbre electoral y los desequilibrios macroeconómicos pesan más en la percepción de los operadores. Con una inflación de dos dígitos, más pesos en las calles y la dolarización preelectoral, ayer el blue tocó un nuevo máximo valor histórico en términos nominales.
Ayer, las cuevas y arbolitos de la City porteña volvieron a quedar en el centro de la escena. El dólar paralelo se vendió a $790, una suba diaria de $17 (+2,1%). Se trata de la cotización nominal más alta de la que se tenga registro, al superar los $780 que marcó durante la corrida cambiaria de agosto.
“Los dólares libres reaccionan a una realidad que sigue complicada y con pronóstico reservado. La inminencia de las elecciones alienta la dolarización y eso pega en las cotizaciones. Sigue habiendo muchos pesos en el mercado, los planes de estímulo anunciados e implementados indican que la emisión como fuente principal de financiamiento va a seguir alimentando la inflación. Todos los planes de estímulo pueden colaborar para mantener acotadas las cotizaciones, pero frente a un panorama complicado no creo que sea suficiente”, consideró Gustavo Quintana, operador de Cambios PR.
Sin embargo, al tomar perspectiva y observar el valor del blue en términos reales, la cotización actual todavía se encuentra por debajo de otros picos recientes. Por ejemplo, por la fuerte inflación que hubo en el último mes, los $780 que marcó hace un mes y medio equivaldrían a $931 de hoy, según estimaciones del analista financiero Salvador Vitelli. Frente a octubre de 2020, cuando el paralelo tocó los $195, serían unos $1087 actuales.
“Estas subas parecieran estar respondiendo a una tendencia dolarizadora de carteras, a menos de un mes de las elecciones. Las expectativas son distintas que frente a las PASO, porque en aquel entonces había un consenso de que a Juntos por el Cambio le iba a ir bastante bien. Ahora tenemos una dinámica y perspectiva completamente distinta, se rompió ese paradigma. El mercado se está anticipando ante una posible corrección del tipo de cambio o una dolarización de la economía”, consideró Vitelli.
La tendencia al alza también se observó en el dólar contado con liquidación (CCL) “libre”. Ayer registró un avance de $29,39 y se posicionó en los $819,07 (+3,7%). De esta manera, también rompió un nuevo récord nominal (anteriormente eran los $802,48 del 29 de agosto), a pesar de que hasta hoy está vigente el dólar agro y el lunes comenzaría a funcionar el dólar Vaca Muerta.
Ambas medidas del Gobierno buscan tranquilizar a los dólares financieros, ya que suman oferta de divisas a la plaza. Tanto los exportadores del agro como los petroleros tienen la opción de vender el 25% de lo liquidado al valor del CCL, siempre y cuando el 75% restante se canalice por el dólar oficial (estable en $350 tras la devaluación post-PASO).
En paralelo, las iniciativas le permiten al Banco Central (BCRA) sumar reservas y aumentar su “poder de fuego” para intervenir sobre el dólar MEP a través del mercado de bonos. Fue así como ayer esa cotización cerró en $694,89, una suba de $5 (+0,7%), pese a haber tocado picos de hasta $714 a lo largo de la rueda.
“El dólar Vaca Muerta tendrá un esquema similar al dólar soja 4, medida que le quitó algo de presión al mercado en septiembre. Sin embargo, el Banco Central no pudo acumular divisas y hacer que las reservas netas aumenten: actualmente se encuentran en terreno negativo por unos US$5000 millones. Esta situación se debe a las magras compras que tiene el BCRA en el sistema oficial de cambios, mientras que luego se da vuelta e interviene. Ayer, [por anteayer] por ejemplo, estimamos que destinó US$52 millones a intentar contener al MEP. La situación cambiaria sigue frágil y lo va a seguir estando. El dólar Vaca Muerta permitirá quitar la cabeza de abajo del agua, pero no mucho más. Otros factores, como la presión dolarizadora, sopesan sobre el CCL”, agregó Vitelli.
En el otro extremo del mercado cambiario se ubicó el tipo de cambio mayorista, estable en los $350 desde el lunes post-PASO. Aquel día, el Banco Central convalidó una devaluación del 17%. Y, a pesar de que los precios de la economía siguen avanzando, desde el Gobierno afirman que se mantendrá en ese valor hasta mediados de noviembre. La brecha frente al blue es del 125%.
Bonos y acciones
En cuanto a bonos y acciones, por segunda rueda consecutiva, el principal índice bursátil argentino operó al alza e intentó compensar las bajas que registró a lo largo de septiembre. Ayer, el S&P Merval presentó una suba del 4,4% y se posicionó en las 581.468 puntos, aunque al observar el recorrido que hizo en el mes continúa un 11% abajo.
En el panel principal, Central Puerto lideró la rueda con una escalada del 10,2%, seguida por Cresud (+6,8%), el BBVA (+6,6%), el Banco Supervielle (+6%), Ternium (+5,3%), Aluar (+5,2%) y Loma Negra (+4,9%).
En cambio, los bonos del último canje de deuda se tiñeron de rojo en el exterior. Los Bonares se hundieron hasta un 1,84% (AL30D) y los Globales, un 5,99% (GD46D). En consecuencia, el riesgo país trepó 87 unidades y se posicionó en los 2486 puntos básicos, el valor más alto desde junio.

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El Banco Central remueve una traba y abre el camino a un desdoblamiento
Quitó una penalización que regía para las empresas que trajeran aportes de capital o divisas conseguidas vía deuda por el contado con liquidación (CCL)
Javier BlancoEl BCRA quiere bajarles la fiebre a los dólares financieros
El Banco Central (BCRA) modificó una norma que trababa a las empresas el ingreso de divisas desde el exterior por el mercado bursátil, al dejar habilitado ese canal para transferencias vinculadas a aportes de capital o con colocaciones de deuda en el mercado de capitales desde octubre, es decir, el lunes.
“Según el esquema vigente hasta hoy, a la empresa que ingresaba fondos por el contado con liquidación (CCL) le quedaba bloqueado el acceso al Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) por 90 o 180 días, según el instrumento”, explicaron a
desde la entidad. la nacion “Con la adaptación dispuesta hoy [por ayer], los dólares podrán llegar por esa vía sin que les quede vedado el acceso al mercado oficial para el pago de importaciones. La única condición es que lo que llegó por ese canal debe ser luego cancelado por el mismo canal”, prosiguieron.
Claro que pueden hacerlo un tiempo después.
En concreto, según la norma, la empresa que se “tiente” con la posibilidad de hacer rendir hasta $804 (el valor de cierre promedio de ayer) cada dólar que ingrese al país por esa vía asumirá el compromiso –si no cambia el esquema cambiario tras la asunción del nuevo gobierno– de devolverlos por esa vía, aunque un año después.
Es decir, deja abierto el camino para que algunas empresas puedan cobrar por los dólares que traigan al país hasta 230% más (a valores de hoy) de lo que percibirían si lo liquidan por el mercado oficial.
Esto es porque, según el comunicado oficial, “las empresas que usen esta forma de ingreso deberán hacerlo con la condición de que los pagos de capital o el repago de los aportes sean como mínimo a un año de plazo y, en el caso de obligaciones negociables (ON) colocadas en el mercado local, tengan dos años de gracia”.
Un dólar financiero oficializado
Los analistas vinculan esta medida con la desesperación oficial por bajarles la fiebre a los denominados “dólares financieros” –y consecuentemente a la brecha– en las próximas semanas sin tener que dilapidar en ello tantas reservas en un nuevo intento de llegar a las elecciones con mayor calma financiera.
En especial porque se hizo notar nuevamente en las últimas semanas que las liquidaciones por la plaza oficial (a pesar de las concesiones realizadas al sector sojero y anunciadas para las empresas petroleras con operaciones en Vaca Muerta) tienden a mermar cuando la brecha cambiaria mantiene una sostenida tendencia al alza, como se está viendo por estos días.
Otros lo consideran “el comienzo de un proceso de desdoblamiento cambiario formal”, tal como advirtió el economista y asesor financiero Alejandro henke, director de Proficio Investment, aludiendo al surgimiento de hecho de una especie de “dólar financiero” diferente y más caro que el “dólar comercial”, representado en este caso por el oficial, hoy congelado en $350.
“Esto puede facilitar mucho los aportes de capital a empresas con plata captada del exterior o proveniente de casas matrices para capitalizar a sus filiales”, evaluó por su parte Gustavo Neffa, economista y analista de Research for Traders.
La medida aprobada ayer por el directorio del Banco Central (BCRA) alcanza a “la liquidación de bonos, obligaciones negociables y repatriaciones de capital y rentas asociadas a las inversiones directas” que se ingresen a partir de octubre, según aclara el comunicado oficial

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El FMI criticó el “plan platita” y la dolarización de Milei
Dijo que las medidas de Massa pueden complicar la economía; pidió compensarlas.
Rafael Mathus RuizJulie Kozack, directora de Comunicaciones del FMI, en Washington
WASHINGTON.– El Fondo Monetario Internacional (FMI) criticó con bisturí el “plan platita” del ministro de Economía y candidato presidencial del oficialismo, Sergio Massa, al señalar que los anuncios “suman a los desafíos” que enfrenta la Argentina y será necesario compensar su impacto fiscal en pos de la estabilidad. Además de ese cuestionamiento, el Fondo alertó que la dolarización que propone Javier Milei requiere tiempo y preparación y “no es un sustituto de políticas macroeconómicas sólidas”.
La directora de Comunicaciones del FMI, Julie Kozack, hizo una extensa y puntillosamente calculada declaración sobre la Argentina al responder preguntas sobre el país en su habitual conferencia de prensa en Washington, la primera vez desde las primarias presidenciales y desde la aprobación de la última revisión del programa argentino, a fines de agosto, que el organismo expresa su visión sobre la economía, las últimas decisiones adoptadas por el gobierno de Alberto Fernández y las propuestas de los candidatos.
Kozack ofreció primero un duro diagnóstico sobre la economía, al indicar que la inflación “es muy alta y está aumentando”; defendió el paquete de políticas acordado con el Fondo, incluida la devaluación, y luego cuestionó cuidadosamente las últimas medidas anunciadas por Massa en la campaña presidencial, bautizadas “plan platita”, al señalar que deterioran aún más la ya de por sí frágil coyuntura que atraviesa el país. Kozack además dio a entender que se deberán tomar medidas para compensar el impacto fiscal de esas medidas, calculado en alrededor del 1,1% del producto bruto interno (PBI), según estimaciones privadas.
“La situación económica sigue siendo muy desafiante y compleja. La inflación es muy alta y está aumentando, las reservas son bajas y las condiciones sociales son frágiles”, describió Kozack, al inicio de su declaración sobre la Argentina.
“Las medidas de políticas adoptadas recientemente y los anuncios suman a los desafíos de la Argentina. Estamos trabajando para entender mejor y evaluar el impacto de las medidas recientes y la necesidad de compensarlas para fortalecer la estabilidad y proteger las metas del programa sin sumar a vulnerabilidades futuras”, definió luego, respondiendo una de las preguntas de la prensa argentina.
El FMI ha hecho especial hincapié en la necesidad de acelerar la reducción del déficit fiscal para bajar la inflación y encarrilar la economía argentina, una meta que quedó plasmada de manera muy nítida en las últimas declaraciones de la directora gerente, Kristalina Georgieva, y del staff del organismo.
El último informe de los funcionarios del Fondo, difundido luego de la aprobación de la última revisión del programa vigente, a fines de agosto, remarcó la necesidad de “acelerar los esfuerzos de consolidación fiscal”, una tarea que, en la visión del Fondo, aparece como un requisito ineludible en la ardua misión de arreglar la economía. Massa, indicó el Fondo, se comprometió además a avanzar en esa dirección, pero el llamado “plan platita” va en la dirección contraria. La importancia que el Fondo le asigna al equilibrio fiscal –una de sus recetas históricas– quedó también en boca de Georgieva, quien le dedicó un apartado especial en su comunicado que acompañó la difusión del informe.
“Más allá de este año, se acordó que la consolidación fiscal se aceleraría mediante medidas de ingresos y gastos de alta calidad. Esto ayudará a eliminar la financiación monetaria del déficit, apoyará la desinflación y fortalecerá el balance del Banco Central”, dijo la funcionaria en el comunicado que acompañó el último informe del staff.
Defensa de la devaluación
Luego de las críticas al “plan platita” de Massa, quien ha culpado en reiteradas oportunidades al Fondo de forzar la última devaluación que provocó un salto inflacionario, Kozack defendió el paquete acordado por el ministro y su equipo con el staff del organismo durante la última negociación, al indicar que el “realineamiento” del dólar oficial más las políticas monetaria y fiscal “estrictas” son “componentes esenciales” del programa.
Además de ese mensaje, y ante una pregunta acerca de si la próxima revisión, prevista para noviembre, se llevará a cabo o no ante el visible distanciamiento entre el Fondo y el Gobierno, Kozack dijo que es “demasiado pronto para especular” sobre la fecha precisa de esa auditoría. Kozack tampoco dijo si está prevista una misión de funcionarios del organismo a Buenos Aires, pero sí se preocupó por remarcar que “es interés” del Fondo y de sus miembros seguir trabajando con el país.
“Es interés del Fondo y de sus miembros seguir trabajando junto con la Argentina con el mayor consenso político y social posible para ayudar a asegurar la estabilidad y la prosperidad compartida para el país”, afirmó.
Kozack también se refirió a la propuesta de dolarización del candidato de La Libertad Avanza, Javier Milei, ganador de las primarias presidenciales. Milei y su equipo tuvieron luego de las elecciones una reunión con el staff del Fondo para hablar sobre sus propuestas. Kozack dijo que la principal preocupación del Fondo “es asegurar que las políticas macroeconómicas sean coherentes con una transición ordenada”.
“La dolarización requiere importantes pasos preparatorios y no es un sustituto de políticas macroeconómicas sólidas”, afirmó Kozack, al analizar la propuesta de los libertarios.
El director para el Hemisferio Occidental del Fondo, rodrigo Valdés, quien asumió hace poco y se puso al frente de las negociaciones con la Argentina, había dejado un mensaje similar en una reciente entrevista con El País, en la cual afirmó que la dolarización no sustituye el planteo de ir hacia una política fiscal sostenible, e incluso reveló que desde el espacio libertario manifestaron que este proceso no se haría “al día siguiente” de ganar la elección. Valdés había indicado además que el plan requiere de mucho respaldo político.
“El señor Milei tocó este tema y ellos tienen un plan que están trabajando todavía, y yo no me adelantaría en la discusión. Es algo que toma su tiempo. Ellos han hablado de que esto no se haría al día siguiente si es que ganan la elección. Y es algo además que requiere mucho apoyo político, que van a tener que buscar”.

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viernes, 2 de septiembre de 2022

PARCHES, CAMPO, DÓLAR


Parches para ganar tiempo y amortiguar las expectativas de devaluación
El ministerio de Economía evalúa una posibilidad de un nuevo mecanismo para mejorar las ventas de granos y sumar más reservas a las alicaídas reservas internacionales
Francisco Jueguen
Sergio Massa en el Council of Américas
Cerca de Sergio Massa hacen silencio. “Hasta que no termine la rueda de mañana [por hoy], ni mira el tema”, exageran sobre el esquema cambiario que el ministro de Economía tiene en la cabeza para el campo. Será un parche, no una solución definitiva para el principal problema de la economía, que es la brecha cambiaria y, su consecuencia, la escasez de reservas. Más adelante, saben en el equipo que lidera el tigrense, será la hora del shock si Cristina Kirchner lo habilita.
Sin anclas, la devaluación –pese al viejo informe de Gabriel Rubinstein– no surge como una opción, por lo menos, este 1° de septiembre. Massa cree que el corrimiento del tipo de cambio de golpe y sin anclas genera transferencias de ingreso en las cadenas de valor y empobrecimiento general. A mediano plazo, esa opción es más brumosa.
El Banco Central (BCRA) viene de un “veranito” de acumulación de reservas, pero su tenencia neta es aún pobre. Economistas de la oposición creen que deberá haber una decisión inminente para cambiar el clima. Dicen que la opción será un parche.
Antes del actual escenario cambiario, Economía ya había dejado trascender que mejoraría el tipo de cambio al campo para incentivar la venta de los productores y la llegada de más dólares. Esa definición calmó a los “dólares libres”, por un tiempo. Viendo el contexto actual –el “veranito”– en el equipo de Massa hubieran preferido no prometer nada. Pero ahora la idea de que se devaluará –el informe Rubinstein– o de que aparecerá un esquema más conveniente al sector comenzaron a contaminar las expectativas. La tardanza sobre esa decisión sólo generará más nerviosismo sobre la brecha. En Economía lo saben.
El nuevo esquema –como el limitado “dólar soja” de Miguel Pesce– tendrá beneficios de corto alcance. Pero ganar tiempo es un paréntesis para reconstruir anclas y evaluar shocks de mediano plazo. Esos tiempos deberán maridar con el fin de la compra de energía –que ya termina–, un brote de confianza que contenga a los dólares financieros y, claro, el calendario electoral.
La evaluación de distintos proyectos
Massa recibió muchos proyectos y evalúa pro y contras desde hace tiempo. La semana pasada la usó para limitar importaciones y el fin de semana para pelotear las, por lo menos, cuatro propuestas que llegaron (cerealeras, productores, Bolsa de Rosario y acopiadores), contaron. En el camino, suma opciones acotadas a su “fábrica de dólares”. Suelen ser esquemas fiscales –de bajo costo– porque, a fin de cuentas, hay que cumplir con el FMI la semana que viene.
Entre las posibilidades para el parche está el llamado Refinoplus bis, que implicaría reconocerle una mejora del 30% del precio a los productores a través de la emisión de un certificado de crédito fiscal aplicable al pago de las retenciones de soja por el 30%. El certificado se gatilla por cada liquidación primaria de granos que cada productor emita durante septiembre y se vende a cerealeras. El pro: es simple y no necesita ley. La contra: golpea la recaudación (salvo que el bono se cobre en 2023).
Las cerealeras promueven un tipo de cambio a $200, pero esto requiere cambiar la ley que rige el MULC y el mayor circulante, a su vez, exigiría una nueva absorción de pesos vía tasas (canje de actividad por dólares). El BCRA prefiere que la solución temporal de Massa sea fiscal. Todas las posibilidades son una manta corta –afectan otras variables– y todas tienen un beneficio limitado. “No voy a resolver hasta que mañana [por hoy] termine la rueda”, cuentan que dice, misterioso, Massa.

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domingo, 1 de octubre de 2017

EN "EL ESPACIO MENTE ABIERTA"; VÍCTOR BECKER Y EL DÓLAR


El dólar y la inflación, ¿un matrimonio indisoluble?
Víctor A. Beker


-¿Qué análisis hace de la relación entre valor del dólar y precios?
-El reciente incremento del dólar reavivó la polémica acerca de los efectos de la variación de su cotización sobre la inflación. En un extremo se ubican quienes niegan la existencia de tal vinculación. En el extremo opuesto están quienes alegan que toda suba en la cotización de la divisa se traduce en un alza equivalente en el nivel de precios. Los primeros argumentan que en otros países de la región, las fluctuaciones en el tipo de cambio no tienen efecto sobre los precios internos. Un ejemplo que esgrimen es el de Chile donde, pese a las oscilaciones del tipo de cambio, la inflación permanece relativamente constante en torno del 2-3% anual. Los otros arguyen que los formadores de precios los fijan tomando como referencia el tipo de cambio; de ahí que toda alza en el dólar desencadena movimientos alcistas en la mayoría de los precios. La realidad es un poco más compleja que lo que indican estas dos versiones simplistas.
-¿Qué diferencia a nuestro país de otros sin traslado a precios?
-La diferencia es que los productos principales de la canasta de consumo de la población usan como materia prima primordial bienes de exportación. El trigo, el maíz, el girasol, la carne, etcétera, se exportan, pero al mismo tiempo se utilizan domésticamente para la producción de pan, aceite, polenta, etcétera. Cuando sube el dólar aumenta el precio en pesos de los bienes exportados. Y el precio es el mismo para el exportador que para el molino, la aceitera o el frigorífico en el mercado interno. Toda devaluación del peso se traduce en un mayor precio en los productos críticos de la canasta de consumo. No hay misterio en ello. No ocurre en otros países porque no hay tal coincidencia. Cuando en Chile se devalúa aumenta el precio de su principal exportación -el cobre-, pero eso no afecta el costo de vida porque no se come cobre. La otra vía por la que los precios reciben el impacto de una devaluación del peso es porque se encarecen las importaciones; aumentan los bienes de consumo importados y las materias primas y los combustibles comprados en el exterior, y por lo tanto, los bienes hechos con ellos. No hay mucho misterio. No es una particular idiosincrasia de los argentinos, sino la particular idiosincrasia de la economía local, cuyos principales bienes de consumo son transables.
-¿No suben también otros precios?
-La experiencia de los argentinos hace que muchos, aunque producen bienes no vinculados al comercio internacional, se adelanten a aumentar sus precios si el dólar se dispara, porque más tarde o más temprano sus costos se incrementarán. Así, por las características de la economía argentina, no puede haber estabilidad de precios sin estabilidad cambiaria. Pero eso no se enseña ni en Chicago ni en Harvard, sino repasando la experiencia argentina.
Profesor de la Universidad de Belgrano y de la Universidad de Buenos Aires

jueves, 10 de agosto de 2017

ECONOMÍA; MARTÍN TETAZ Y EL DÓLAR

¿El dólar ya es mayor de edad?

El cuento de la rana y el agua caliente es un clásico en psicología de la percepción. Si se mete uno de esos animalitos en una olla y se la pone al fuego, la pobre anfibia muere porque su cuerpo se va habituando a los cambios graduales en la temperatura. Si, en cambio, se calienta el agua primero y se trata de introducir al animal, lo que sucede es que la rana salta y salva su vida. La moraleja es que la percepción es un fenómeno de contrastes y que la selección natural nos diseñó favoreciendo nuestra reacción ante cambios bruscos, pero sin premiar nuestra capacidad para notar diferencias apenas perceptibles, incluso cuando estas se acumulen con el tiempo.
Esta semana quedó demostrado con el precio del dólar, que, aunque subió en el año lo mismo que la inflación, tiene a muchos en vilo porque, aunque había estado calmo, e incluso bajando en los primeros meses del año, subió de golpe y acumula una escalada del 15% desde mediados de abril.
La verdad, que desde la planilla del Excel no hay nada de qué preocuparse. Es normal y deseable que el dólar no sufra cambios en términos reales; esto es: que no suba ni baje demasiado en relación al resto de los precios de la economía, salvo que se produzca un cambio en los factores fundamentales que determinan la escasez de divisas de la economía. 


Pero eso en el Excel. En la realidad la gente se pone nerviosa porque en la memoria episódica de los argentinos siempre que el dólar sube de golpe es causa o consecuencia de una crisis. Y aunque es probable que en términos relativos el dólar todavía esté barato, sobre todo en comparación con el resto de los bienes, la percepción de esos $18 no es la misma si se llega despacito, pasito a pasito, que si se arriba a ese valor en poco tiempo. Y en economía lo que importa son las percepciones, no la realidad.
¿CAMBIAMOS?
Hay dos sentencias que están grabadas a fuego en el imaginario popular; la primera de ellas sostiene que “toda devaluación se traslada a precios” y la segunda reza que “gobierno que devalúa pierde las elecciones”.
Respecto al efecto inflacionario hay que recordar que en las devaluaciones del 2002, 2009 y 2016 el traslado a precios fue más bien moderado. Es cierto que en la salida de la Convertibilidad hubo 42% de aumento del IPC, pero el dólar había subido un 300%. Lo mismo puede decirse del episodio más reciente; es verdad que hubo 41% de inflación en 2016, pero la inflación tenía un piso inercial del 25% y hubo 6 puntos adicionales del tarifazo, de modo que solo 10% puede ser atribuido a la devaluación del 60% que se produjo como consecuencia de la salida del cepo, en un contexto en el que también se bajaron retenciones de materias primas alimenticias. Por otro lado, el traslado a precios depende mucho de la inflación que existe al momento de la devaluación y todos los países de Latinoamérica que bajaron la inflación desacoplaron los precios de las peripecias del dólar. 



Lo concreto es que, aunque el dólar viene subiendo sin prisas, pero sin pausas desde mediados de abril pasado, los precios no están acusando recibo y de hecho la inflación de los últimos dos meses fue de 1,3 y 1,2% respectivamente. Esa es una de las razones fundamentales por las que el Banco Central insiste en su tesitura de no intervenir en el mercado de cambios, aún contra la súplica de toda el ala política del gobierno. Si logra demostrar que desacopló los precios internos del dólar, la autoridad monetaria obtendría un triunfo espectacular y el gobierno podrá adjudicarse el mérito de haber producido un cambio estructural clave para recuperar la moneda y bajar la inflación.
Una cosa similar ocurre en materia política. Si a pesar de la trepada del billete verde a Cambiemos le fuera relativamente bien en las elecciones, quedaría demostrado que la política monetaria y cambiaria puede ser absolutamente independiente del ciclo político, lo cual sentaría un gran precedente en contra de la manipulación electoral del tipo de cambio.
Mi sensación es que es más probable que el Central se anote un punto en el desacople inflacionario y no en el político. No obstante, el viernes sometí estas sentencias en la forma de interrogantes, en una encuesta por Twitter y los resultados fueron exactamente opuestos a mis creencias. Un 67% de los 3.879 respondentes dijeron que creían que la devaluación se iría al menos parcialmente a los precios, mientras que un 62% pensaba que un gobierno podía ganar de todos modos una elección a pesar de los aumentos del dólar.


¿COMO SIGUE LA PELICULA?
Lamentablemente no hay modo de saber lo que ocurrirá con el dólar luego de las elecciones. Si los economistas tuviéramos la capacidad de ver el futuro seríamos todos millonarios. En la medida que el billete habite el vecindario de los 18 pesos no imagino tampoco intervenciones de la autoridad monetaria, porque después de todo ese es el valor que el propio Gobierno preveía en su proyecto de presupuesto para este año.
La gran incógnita es que pasaría si el oficialismo sufre un fuerte revés electoral en agosto y la incertidumbre se apodera de la calle. El Banco Central tiene 47.513 millones de balas para enfrentar cualquier corrida y poner el dólar donde tenga ganas. Si no interviene es porque entiende que lo mejor es que el precio refleje todas las expectativas. Veremos si sostiene su prescindencia.

M. T. 

miércoles, 9 de agosto de 2017

ECONOMÍA; EL DÓLAR Y LOS ARGENTINOS


Esta es una historia que ya conté en muchas oportunidades, pero que en Argentina se repite cada vez que una vaca aparece en el campo visual, porque como reza el dicho, el que se quema con leche…
Durante muchos años el precio del dólar fue fijado, algunas veces por Ley, otras por la decisión política del presidente de turno, de suerte tal que su cotización no guardaba relación con los determinantes fundamentales de la oferta y demanda de divisas.
En estos casos, lo habitual era que la moneda externa se mantuviera estable o con micro devaluaciones, casi siempre por debajo de la inflación, hasta que los dólares se acababan y sobrevenía una fuerte devaluación. El proceso podía ser más o menos duradero, según los precios internacionales y/o los procesos de endeudamiento produjeran suficientes dólares, o la anemia de la actividad económica relajara la demanda por el lado de mayores importaciones.
El Economista Claudio Zuchovicky agrega a este panorama la variable política. Como la demanda de cualquier moneda, la de dólares no tiene solo fines transaccionales, sino que la gente además utiliza el dinero como depósito de su riqueza, como reserva de valor. Por supuesto, la competencia es grande; los bonos, las acciones y las propiedades, son tres de las alternativas que se disputan el destino de los fondos que no se desea consumir en cada momento del tiempo. Resulta lógico entonces que cuando cae la confianza en el gobierno cambie la composición del portafolio en el que se invierte el patrimonio de personas físicas y jurídicas. Si se espera que el próximo gobierno promueva las inversiones, baje impuestos, combata la inflación y facilite el comercio, pues es más probable que quienes tienen activos elijan convertirlos a la moneda local, mientras que, si se aguarda más emisión monetaria, más controles y menos oportunidades de ganar dinero, la fuga al dólar será inexorable y el shock de demanda se reflejará en los precios. Llegado el nuevo gobierno, los agentes re evaluarán hasta qué punto cumple con las expectativas; si las medias están en sintonía con lo esperado, mantendrán la distribución de sus fichas, pero en la eventualidad de que haya sorpresas habrá cambios en la demanda de moneda local y sus alternativas. 


Con este panorama a la vista la explicación es simple; el dólar subió en los últimos 15 días por una combinación de dos factores:
1) La Argentina fue bochada por Morgan Stanley, que le negó al país el ascenso a “emergente” condenándolo a permanecer al menos por un año más en la categoría de “fronterizo”
2) La confirmación de Cristina Kirchner como candidata aumento la percepción de reversibilidad de las políticas actuales.
FACTORES PSICOLOGICOS
Pero agreguemos a las hipótesis previas una idea más. Las investigaciones de la psicología cognitiva nos enseñan que la gente forma expectativas de corto plazo buscando patrones hacia atrás y proyectándolos hacia delante. Si así fuera, basta con una sucesión aleatoria de pocos días de subas (o bajas) en una cotización para que la gente se convenza de que existe una tendencia subyacente en el activo en cuestión. Este sesgo comportamental ocurre incluso en los eventos completamente fortuitos. La mirada sospechosa del jugador al croupier cuando la ruleta hace gala de su falta de memoria y arroja una racha de varios colorados al hilo, es evidencia. Lo mismo sucede con la proliferación de los mitos que postulan que aquel que tira la bola en el casino puede colocarla en el cuadrante del cilindro que se le plazca.
El problema es que, en los mercados, si mucha gente se convence de que ocurrirá una suba (o una baja) y actúan en consecuencia comprando (o vendiendo), puede producirse un fenómeno de profecía auto cumplida, que le da forma a una burbuja especulativa, porque la confianza en la capacidad de pronóstico se ve reforzada por la suba (o baja) que provoca la ola de compras (o ventas).
Por esta razón resulta fundamental que la autoridad monetaria le agregue volatilidad a la serie de precios, comprando y vendiendo al azar.
¿Y AHORA QUE? 


En la medida que los factores fundamentales y las expectativas políticas que empujaron la suba, dejan de ser una novedad, no hay combustible para que los aumentos continúen. Desde un punto de vista racional, todo lo que ocurrió en el pasado ya está incorporado en el precio actual y solo una sorpresa que vaya en contra de las previsiones puede generar cambios ulteriores. En castellano, solo si se modifica alguno de los determinantes de la oferta o la demanda de divisas, incluidas las expectativas, se alterará su precio, pero el hecho de que haya subido un peso en los últimos quince días no nos da ninguna información sobre lo que puede ocurrir la semana próxima.
Sin embargo, si la mayor cercanía a las elecciones aumenta la incertidumbre y disminuye la confianza en los pronósticos sobre el futuro de la economía, deteriorando el clima de negocios, es posible que veamos una nueva ola compradora y lo contrario ocurrirá si los indicadores económicos y las encuestas coquetean con el gobierno.
Será clave entonces la velocidad de respuesta del Banco Central para evitar que se forme una racha de subas que arme otra burbuja.

M. T. 

jueves, 20 de abril de 2017

ECONOMÍA; DÓLAR

En un tramo de su conversación del 29 de junio del año pasado, la ex Presidenta dijo “Si la actividad economía se cae, no recaudas. Que mierda vas a hacer, viste. Ya tiene un tipo de cambio totalmente retrasado. Tendría que estar en 20 mangos el dólar. El dólar, para más o menos equiparar los costos internos, debería estar en $ 20”
La confesión la complica en primer lugar en el frente judicial, porque su Gobierno rifó dólar futuro a $10.50. Pero además la honestidad brutal de CFK resulta una especie de bumerang de la campaña del miedo. Uno se pregunta qué tipo de malabarismo puede lograr que la ex mandataria se despegue de sus propios dichos en una eventual campaña por el Senado Bonaerense, o peor aún, trabajando por su regreso en 2019. ¿Insistirá con que cree que el dólar tiene que estar a 20 o dirá que la tomaron fuera de contexto y negará rotundamente la devaluación que reclamaba a gritos en las escuchas? 


¿ESTÁ REALMENTE ATRASADO EL DÓLAR?
Más allá de la anécdota de los audios, la verdad es que la inflación erosiona la competitividad de nuestra moneda, y si para fines del 2015 el dólar realmente salía quince pesos no es descabellado sostener que 34% de inflación mediante, la cotización el billete verde debiera haber estado en el vecindario de las veinte unidades de moneda local, hacia mediados del 2016.
Sin embargo, también es cierto que Brasil, el principal socio comercial de la Argentina apreció mucho su moneda en el último año. Un Dólar costaba 4,10 Reales en enero del 2016 y cuesta hoy tan solo 3,16. Esto quiere decir que aun cuando el dólar en nuestro país esté relativamente barato, en Brasil está regalado y por lo tanto nuestra moneda comparada con la carioca es más competitiva.
Por otro lado, el precio de las divisas está fijado por la oferta y la demanda, de manera que no puede hablarse estrictamente de “atraso cambiario”, en el mismo sentido que cuando su valor se fijaba arbitrariamente desde el banco central, sino en todo caso de “dólar barato”, que es una cosa distinta.
Cuando hay atraso la situación es insostenible e ineluctablemente, tarde o temprano, sobreviene una devaluación. Si en cambio estamos en presencia de un peso más fuerte esto puede deberse al fluido ingreso de divisas por el comercio, la inversión o, como en nuestro caso, por el financiamiento del déficit con deuda externa. Del otro lado del mostrador, una tasa de interés alta como política antinflacionaria tiene como consecuencia un dólar más barato 


¿QUE CONVIENE MÁS?
Los que piden un dólar a 20 normalmente están pensando que de manera simultánea protegen a la industria que compite contra las importaciones, porque si el dólar sube resulta más caro para el consumidor comprar algo fabricado afuera y al mismo tiempo promueven las exportaciones porque cualquier cosa producida fronteras adentro en moneda local, queda más barata si se la convierte a moneda extranjera, cuando el cambio es muy costoso. Ambos efectos tienen un impacto positivo directo sobre el empleo en el sector transable de la economía.
El aspecto negativo es que, si se devalúa, la capacidad de compra de los salarios que se pagan en pesos, obviamente cae, por lo que los trabajadores que ya tienen empleo terminan perdiendo. Digámoslo en castellano; dólar más caro implica salarios reales más bajos. Además, tampoco resulta sostenible mantener un dólar alto de manera artificial, porque ante la competencia externa más cara los precios internos se disparan y la inflación se come la competitividad de la moneda, como ocurrió entre 2006 y 2011.
Parece natural entonces que los Gobiernos tengan una mayor predilección por el dólar barato, puesto que de ese modo se maximiza la potencia de los salarios. El problema es que, como ocurre con cualquier precio, si se fuerza por debajo de su valor de equilibrio generará un exceso de demanda de bienes con precios dolarizados, como autos, electrodomésticos, viajes y celulares, al mismo tiempo que restará incentivos para la generación genuina de dólares por la vía de las exportaciones. El resultado es que la economía se queda sin dólares abriendo las puertas a la devaluación. 


El equilibrio, entonces, está en un lugar intermedio, pero para llegar a un dólar competitivo sin la intervención del Banco Central es preciso eliminar primero el déficit fiscal, puesto que el aumento de la deuda externa pincha el precio de las divisas.
Sin déficit la economía puede abrirse al mundo de suerte tal que sea la propia demanda de importaciones la que se encargue de hacer subir el precio del dólar todo lo necesario para proteger a la industria nacional, de manera automática y no discrecional. Australia viene aplicando este modelo hace más de veinte años y tan mal no les va.

viernes, 31 de marzo de 2017

MARTÍN TETAZ Y EL DÓLAR

Contrariamente a lo que muchos creen, hubo momentos en la historia económica argentina en los que se cumplió el famoso vaticinio de Lorenzo Sigaut; “El que apuesta al dólar pierde”. Concretamente, quien compró billetes verdes en julio del 2002 perdió un 25% de su capital en pocos meses porque la divisa se desplomó desde los $3,96 por unidad que cotizara a mediados de ese año, a $2,90 para mayo del 2003. Desde entonces también fue mal negocio quedarse en moneda extranjera, puesto que el tipo de cambio se multiplicó prácticamente por cinco hasta el día de hoy, mientras que el mismo dinero depositado en un plazo fijo creció casi diez veces en el ínterin.
Pero claro, para el que tuvo la bola de cristal y compró dólares en diciembre del 2001, a fines del 2008, en diciembre del 2013 o en noviembre del 2015, la rentabilidad obtenida por cada una de las devaluaciones que siguieron fue espectacular. Más aún, visto desde el otro lado del mostrador, los que se quedaron en pesos en esas fechas sintieron que se les escapaba una notable oportunidad de hacer una diferencia y que sus ahorros medidos en moneda dura, sufrían una fuerte caída. 



NO COMPRAMOS PARA GANAR, SINO PARA NO PERDER

Hace semanas que vengo librando un debate desigual con mis compañeros de la radio. Les muestro que el mercado de futuros apuesta a un dólar de $17,65 para fines de diciembre, al mismo tiempo que les explico que el Banco Central, lejos de las intervenciones kirchneristas que limitaban la compra de divisas para frenar la escalada de la cotización, compra sistemáticamente dólares todos los meses, sosteniendo en realidad el tipo de cambio, puesto que sin esa participación en el mercado la moneda norteamericana estaría incluso mucho más barata. No hay caso; están convencidos que tarde o temprano sobrevendrá una nueva devaluación y prefieren estar parados en dólares para cuando ello ocurra.
Por supuesto, no hay modo de asegurar que las condiciones del balance cambiario argentino se mantengan indefinidamente y que en lo sucesivo el dólar nunca aumente. Pero claramente, en la medida que persista el déficit fiscal financiado con endeudamiento externo, que sigan cerradas las importaciones y que las tasas de interés se mantengan altas, será poco probable que la moneda local salga perdiendo, de modo que es posible ganar más dinero invirtiendo en un plazo fijo en pesos, que comprando dólares. 



Sin embargo, como demostró el Premio Nobel de Economía Daniel Kahneman, somos particularmente reluctantes a las pérdidas, que nos duelen hasta tres veces más que lo que disfrutamos las ganancias. Por esa razón es que el objetivo de las inversiones muchas veces está más dominado por un espíritu conservador, que busca evitar pérdidas, que por un apetito animal que busca multiplicar ganancias.

DÓLAR; LA OTRA CARA DE LA DESCONFIANZA
El análisis precedente viene a cuento de que esta semana el Banco Central publicó el balance cambiario de los dos primeros meses del año, en el que se puede observar que los argentinos compraron 6.517 millones de dólares con fines de ahorro; un récord incluso superior al del año 2011, en la previa del cepo.
La fuerte demanda de divisas por motivos precautorios esconde dos tipos de temores distintos; el primero es el riesgo de confiscación que se nutre de los diversos tipos de corralitos que la historia domestica registra. Aun cuando muchos reconocen que resultaría más conveniente hacer un depósito a plazo fijo en moneda autóctona, todavía está fresca la memoria emotiva del plan Bonex o de los bancos cerrados en 2001. El segundo temor, por supuesto, tiene que ver con las posibilidades de una nueva devaluación, fogoneadas por algunos economistas que como Lavagna, han sostenido que el sistema necesita un dólar de $26. 



El coctel del miedo esta a su vez potenciado por el riesgo político. Nadie sabe si este gobierno tendrá éxito en las próximas elecciones, mucho menos con que suerte llegará a las presidenciales del 2019. Y si no es Cambiemos el elegido para continuar guiando el timón de la economía, ¿quién será el que tome la posta? ¿Vendrá un Peronismo renovador y respetuoso de la propiedad privada y el derecho para elegir libremente el destino del dinero que cada uno gana, o volverá un Kirchnerismo fanático de los controles de cambios?
En última instancia, lo que esconde la demanda sostenida de dólares es la falta de confianza en el peso.

 Esto es sintomático porque las monedas fiduciarias actuales son una institución que sienta sus bases en la creencia compartida de que el dinero conservará su valor y podrá ser intercambiado libremente por otros bienes y servicios, cuando se desee. Si la gente no prefiere los pesos, cualquier exceso de medios de pagos en relación a los bienes que transa la economía, como el que se produce cuando el Banco Central le da a la maquinita para financiar el déficit fiscal, termina fugándose al dólar, produciendo una devaluación que solo se puede frenar transitoriamente por el ingreso de inversiones, las colocaciones de deuda o un crecimiento del superávit comercial.
Lo interesante de los mercados es que en ellos la gente opina con el bolsillo, de modo que el éxito o fracaso de la autoridad monetaria puede juzgarse por la demanda de divisas vis a vis la de moneda local. Solo cuando veamos que esa presión cede, podremos confirmar que el Banco Central logró dominar la inflación en la Argentina y convencer a la gente que el tipo de cambio realmente flota, encontrando su equilibrio a partir de las fuerzas que están detrás de la oferta y la demanda.