Mostrando las entradas con la etiqueta EL MEDIO ES EL MENSAJE Y OPINIÓN. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta EL MEDIO ES EL MENSAJE Y OPINIÓN. Mostrar todas las entradas

domingo, 8 de diciembre de 2024

EL MEDIO ES EL MENSAJE Y OPINIÓN


Cristina y la vice, pelean por Kueider y el Mundial ‘78
La ex ponderó la producción de Disney sobre ese campeonato; Villarruel furiosa por Firmenich; ambas se tiran el senador contrabadista por la cabeza

Pablo Sirvén
Cristina Kirchner y Victoria Villarruel le hacen un lugarcito al tema de la semana, el escándalo del senador que quiso pasar la frontera con 200.000 dólares, pero se lo imputan al bando contrario.
Prefieren, en cambio, pelear más a fondo, cual vecinas malavenidas, porque a la primera le encantó Argentina ‘78 y a la otra la disgustó. Riña de vices por hechos sucedidos hace 46 años. Créase o no.
El disparador fue la miniserie de Disney que en cuatro capítulos pasa revista al primero de los tres mundiales de fútbol conquistados por nuestro país. Con gran despliegue de archivos, testimonios y recreaciones, se muestra la titánica labor de la selección local durante los siete partidos que la llevaron a la gloria. También explora el inquietante entorno político, con una dictadura militar obsesionada por mostrar al mundo que aquí no pasaba nada, mediante un férreo cerco informativo que invisibilizaba las cruentas violaciones a los derechos humanos.
A Cristina Kirchner, de vez en cuando, le gusta autopercibirse sommelier de algunas producciones audiovisuales y, en tal condición, no dudó en catalogar a Argentina ‘78 de “imperdible”. Afirmó, además, que “la pasión del fútbol como texto y la tragedia de la dictadura cívico-militar como contexto hacen de este documental una pieza única para saber y entender”. La réplica de la actual titular del Senado sonó destemplada. “Cristina, ¿por qué no te vas a ver esta serie de cuarta, pero presa en Ezeiza?”, chisporroteó en X.
La serie tiene grandes momentos, es llevadera y está lejos de ser una “serie de mierda”, como se desmadra Villarruel en sus redes sociales. Una pena y una gran paradoja que justo cuando los hermanos Milei la ponen en el freezer, la vice, que se había caracterizado por la moderación en su manera de expresarse, ahora empieza a contagiarse de los modos escatológicos que tiene el Presidente cuando algo le molesta.
¿De dónde le viene tanta furia a Villarruel? Claramente del desmedido protagonismo que en esta producción tiene Mario Firmenich.
¿Está justificado que aparezca? Hasta cierto punto. Montoneros llevó a cabo acciones violentas mientras transcurría el campeonato y podía resultar interesante escuchar a su jefe máximo explicar sus razones. Pero como responde con cinismo y con cero autocrítica sobre el daño provocado por su organización terrorista, que asesinó a mansalva y contribuyó al fin de la frágil democracia reconquistada entre 1973 y 1976, su testimonio resulta revulsivo y puede herir la sensibilidad de no pocos televidentes.
Entre los créditos finales se lee la siguiente leyenda: “Ningún miembro de la dictadura militar aceptó la invitación a participar en este documental”.
De haber conseguido un testimonio de ese sector, no sabemos si los realizadores habrían tenido las mismas deferencias que concedieron a Firmenich, a quien no relacionan cuando mencionan el Centro Piloto en París que había ordenado montar el almirante Emilio Massera para neutralizar la campaña antiargentina en el mundo. Siempre se habló de una reunión cumbre allí entre el jefe montonero y el titular de la Armada. Elena Holmberg, diplomática de la embajada argentina en Francia, pagó con su vida haberse enterado de ese encuentro. Pero es un tema que pasa olímpicamente de largo en Argentina ‘78. También cabía preguntarle a Firmenich si es verdad que habría recibido un millón de dólares para que la organización terrorista a su cargo cesara con sus atentados durante el Mundial. En cambio, en la miniserie, Firmenich cuenta desfachatadamente que durante los partidos se habían comprometido a no cometerlos a menos de 600 metros de los estadios. Y califica dicha “gentileza” como “tregua unilateral”.
Miguel Bonasso, jefe de prensa de la organización subversiva, cuenta como lo más natural del mundo que le habían tirado “unos cuantos bazookazos” a las letras del frontispicio de la ESMA, que funcionaba entonces como un centro clandestino de detención de muchos desaparecidos.
Política y deporte han sido, son y serán siempre un clásico de toda la vida. En la semana que pasó, el presidente Javier Milei recibió al aclamado tenista Novak Djokovic, que quería conocerlo. Diego Maradona fue la cara del operativo Sol sin Droga del menemismo y del Fútbol para Todos del kirchnerismo. Fidel Castro y Nicolás Maduro también le rendían pleitesía. Los gobernantes suponen que les sube la imagen positiva cuando se pegan a astros amados por multitudes. Alberto Fernández, en cambio, no pudo conseguir su ansiada foto con el seleccionado ganador de la tercera copa del mundo.
El fútbol puede anestesiar, ser un eficaz distractivo de los malos ratos que la política depara a la gente, pero el fervor popular no es transferible al gobernante de turno.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Un menemismo del Siglo XXI en pie de guerra contra todos

Jorge Fernández Díaz
“El pueblo no es una población, sino una construcción política –sostiene Chantal Mouffe–. El pueblo no está dado, hay que construirlo”. La viuda de Laclau aconseja crear un líder redentor, trazar una frontera entre buenos y malos, y encarnar un pueblo que necesariamente es un recorte ficcional y mítico, y por cierto siempre funcional a la estrategia de poder. Los libros de Mouffe y Laclau han sido cuidadosamente estudiados por algunos intelectuales del oficialismo, que todo este año han confeccionado un eficaz juego en espejo con el populismo de izquierda: el pueblo no es un colectivo empírico u objetivo sino una subjetividad provechosa y antojadiza; una invención, una retórica.
La arquitecta egipcia parece suponer que kirchneristas y libertarios están virtualmente empatados, y que un cardumen al que le sigue negando su denominación de origen -republicanos- fue el factor clave en el éxito final
La disputa que hoy se entabla de manera tajante entre dos populismos de signo opuesto tiene su manifestación más evidente en el cántico central que unos les dedican a los otros. El kirchnerismo recurre al mismo que en su momento le propinaban a Raúl Alfonsín y a Mauricio Macri: “Traigan al gorila de Milei, para que vea que este pueblo no cambia de idea, sigue las banderas de Evita y Perón”. Milei no se considera “gorila”. Y entonces sus acólitos, con la misma melodía, les responden a sus archienemigos: “Saquen al Pingüino del cajón para que vea que los pibes cambiaron de idea, llevan las banderas que trajo el León”. El duelo muestra la necesidad kirchnerista de reafirmar desesperadamente que, aunque las “grandes mayorías” los abandonaron en las urnas, el “pueblo” sigue estando de su lado. Y en la otra trinchera se evidencia el propósito libertario de sugerir que los jóvenes y los pobres les han sido arrebatados al peronismo y que hay un nuevo “pueblo”, refractario a los antiguos tópicos de un modelo detonado. Cada uno dibuja los contornos móviles de su propio pueblo, según la conveniencia. Y lo que más perturba a los soldados de la dinastía Kirchner no es la ideología del general Ancap sino el coincidente desdén institucional, el similar rasgo agonal y plebeyo que irradia y los sectores sociales bajos –antes “nacionales y populares”–, que ahora lo sustentan.
¿Acabó la vieja dicotomía “populismo versus república” y estamos en presencia de una nueva grieta todavía innominada?
Contradiciendo su afirmación de que el pueblo “no cambió de idea”, los cristinistas se preguntan puertas adentro si no se habrá modificado definitivamente el subsuelo sociológico de la patria, aquel que dio cimientos y sentido al movimiento justicialista, y los inquieta hasta el desconcierto que además estos anarcocapitalistas se autoperciban como el “menemismo del siglo XXI”, puesto que al fin y al cabo esa apuesta no deja de ser peronista. Un peronismo de mercado que se asienta en el territorio, que obtura cualquier metamorfosis interna en esa dirección y que contiene, por paradoja, a sectores frecuentemente adversos a toda esa familia política. Digamos que el menemismo es el padre y hasta el abuelo de la “casta”, y que presentarse todo el tiempo como impolutos verdugos de esta entidad demonizada mientras le rezan a Carlos Menem constituye una risible contradicción flagrante, con consecuencias en materia de un pragmatismo sucio que cada tanto emergen, y que desbaratan el relato de la “pureza”, aunque los fanáticos las justifiquen o no las quieran ver.
Es en este contexto de intensa desorientación donde Cristina Kirchner busca ordenar la cancha: Milei gana por el fracaso primero de la gran apuesta del “no peronismo y del antiperonismo” (sic) por Macri –dijo ella esta semana–. Y después, gana porque la expectativa de reeditar lo que pasó durante “década ganada” también fracasó (Alberto Fernández): “Si ves los resultados de la elección, Milei saca el 30% en las PASO y un poquito menos en las generales. Es un tercio perfecto. Nosotros llegamos a un 37%. Después el antiperonismo se desplazó y le dio el triunfo a Milei”. La arquitecta egipcia parece suponer que kirchneristas y libertarios están virtualmente empatados, y que un cardumen al que le sigue negando su denominación de origen –republicanos– fue el factor clave en el éxito final. Su análisis resalta, tal vez sin quererlo, la relevancia y el peso específico de algo que alguna se vez se llamó el “campo republicano” y que hoy parece cerrado por derribo. Fue a los republicanos –”imbéciles centristas biempensantes” (Milei dixit)– a quienes más munición gruesa les descargó el Presidente a lo largo de su primer año de gestión. En el foro de la internacional derechista que se celebró estos días en Buenos Aires, el Topo del Estado demostró más encono con ellos que incluso con la izquierda populista. ¿Descuenta que los republicanos ya no existen y jubilaron sus viejas convicciones, y que solo basta “domar” al republicanismo de superficie para cooptarlos de manera definitiva? ¿Pensarán los muchachos del Instituto Patria, hoy la mancha venenosa de la política, ponerles anzuelos a los republicanos disconformes para inclinar la balanza y derrotar al derechista irredento? ¿Acabó la vieja dicotomía “populismo versus república” y estamos en presencia de una nueva grieta todavía innominada? ¿Es posible una democracia entre dos extremos? Esta última pregunta es la menos formulada y la más inquietante. Imaginemos que la cadena infinita de desregulaciones operadas por Federico Sturzenegger continúan siete años más, y que al ganar alguna vez la oposición a Milei sobreviene una sistemática y larga regulación puntual en sentido contrario. ¿Es viable un país pendular y refundacional que viene cada tanto a modificar de raíz el disco rígido? Para que no queden dudas Milei dejó sentada su posición en la Conferencia de Acción Política Conservadora: “No hay lugar para quienes reclaman consenso, formas y buenos modales. Las formas son los medios, se las evalúa según su efectividad para alcanzar determinados fines. Y hoy someternos a la exigencia de las formas es levantar una bandera blanca frente a un enemigo inclemente. El fuego se combate con el fuego, y si nos acusan de violentos les recuerdo que nosotros somos la reacción a cien años de atropellos”. Las llamadas formas son las reglas democráticas y el lenguaje de la convivencia; de nuevo el fin justifica los medios, y la política es una guerra entre ángeles y demonios. Los reaccionarios lo ovacionaban de pie. Técnicamente, Chantal Mouffe lo habría aprobado. Guste o no guste, en este primer round esa táctica resultó exitosa.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

domingo, 1 de diciembre de 2024

EL MEDIO ES EL MENSAJE Y OPINIÓN


Larreta quiere “educar” a Milei en sus ratos libres
La áspera táctica del Presidente para disciplinar y acallar a los díscolos inquieta al exprecandidato presidencial; en el Gobierno lo ignoran

Pablo Sirvén
Con motivo del 80° aniversario del natalicio de ese increíble dibujante y cuentista de refinado humor que fue (y sigue siendo) Roberto Fontanarrosa, su amada ciudad natal, Rosario, se vistió de fiesta para homenajearlo con un festival de tres días, que contó con un invitado muy especial como Joan Manuel Serrat. Como además se cumplieron veinte años exactos del Congreso Internacional de la Lengua Española, en el que el negro Fontanarrosa tuvo una participación memorable y desopilante, en los últimos días fue muy recordada su intervención en defensa de las malas palabras, “que las vamos a necesitar”, predijo. Y no se equivocó.
En la semana que pasó, el exjefe de gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta tuvo actividades eclécticas y acaso contradictorias: viajó a Paraguay para ver a su Racing querido consagrarse campeón de la Copa Sudamericana, pasó por el Registro Civil para contraer enlace con Milagros Maylin y anoche fue su fiesta de casamiento, en Reserva Cardales, para 350 invitados; pero entremedio de tanto brindis por el fútbol y el amor se dio tiempo para dar a conocer, desde su Movimiento al Desarrollo, el documento “Las palabras importan: la violencia verbal del presidente Milei”.
En días tan festivos en lo personal, tal vez no era el momento más oportuno para romper el silencio y salir con los tapones de punta contra el Gobierno. Repite un patrón muy notable en dirigentes actuales o ya emigrados de Juntos por el Cambio: irrupciones espasmódicas en la vidriera pública, alternadas con actividades dispersas de tenor más ligero, que dejan flotando la sensación de que, para esa ideología, la política es una ocupación part-time. La gente así lo percibe y como no le llega claro el mensaje, o sus prioridades son diferentes, prefiere desviar su voto hacia una opción más drástica.
El informe larretiano abarca el período que va del 11 de diciembre de 2023 al 13 de noviembre de 2024. Consiste en un análisis exhaustivo de la cuenta del jefe del Estado en la red social X. Larreta afirma que se identificaron los 32 agravios más utilizados allí por Milei, para insultar, humillar y descalificar a personas y organizaciones en 2200 ocasiones, a un promedio de 6,5 veces por día.
No es ninguna novedad para nadie que la Argentina está presidida por alguien que habitualmente insulta, usa metáforas soeces, rotula a los legisladores como ratas e incluye giros vulgares con sórdidas connotaciones sexuales. Si la disyuntiva fuese elegir entre que el Presidente no sea grosero o que solucione los principales problemas del país, no hay dudas de que una abrumadora mayoría nos inclinaríamos por lo segundo. La pregunta es por qué habría que optar por una cosa o por la otra. Peor escenario todavía sería que tengamos un malhablado a cargo y que termine complicándonos más de lo que estamos.
Los exégetas gubernamentales quitan importancia al tema con tal de no irritar al gran jefe boca sucia. O tratan de emularlo. “Váyanse a cagar”, saludó José Luis Espert a la UIA desde su cuenta en X.
Por medio de distintos voceros, el Gobierno no se perdió la oportunidad de subrayar con ironía que para Larreta “zurdo” es una mala palabra. La misma figura al tope del ranking que confeccionó el precandidato presidencial derrotado por Patricia Bullrich en las PASO como la más usada por Milei. Es un vocablo que cayó en desuso tras su utilización bélica en los setenta y que los libertarios adoran. Santiago Oría, el documentalista que sigue a sol y a sombra al primer mandatario, lo explica sin medias tintas en sus redes sociales: “Cada expresión de ‘zurdos hijos de puta’ fue quirúrgicamente necesaria para combatir la opresión izquierdista y producir la revolución liberal”. Y suma otro argumento: “La expresión ‘políticos de mierda’ fue irreemplazable para quebrar el estatus de una dirigencia que nos arruinó veinte años”.
Justo hace dos décadas, Fontanarrosa decía en aquel Congreso de la Lengua que “hay malas palabras que son irreemplazables por sonoridad, por fuerza, por contextura física”. Y hacía un ruego muy especial: “Pido una amnistía para la mayoría de ellas”.
La contundencia de los exabruptos destacados por Oría penetra en sectores populares que celebran ese desparpajo y meten miedo o mayor cautela en los adversarios. Además de una forma de ser (colérico con quienes lo contradicen), termina siendo una táctica rendidora en contraste con el laberinto de los argumentos intelectuales elitistas poco claros. En su lugar, empuja y golpea verbalmente para incentivar el fenómeno de la hinchada a favor y en contra, con sus respectivas viralizaciones, sabiendo que la importancia de las brusquedades es inversamente proporcional a los logros. Por ahora no hay matices ni tiempo para las disquisiciones. Se está de un lado o del otro. Punto.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

El León triunfa y construye un criadero de fanáticos

Jorge Fernández Díaz
Masticando bronca, resignación o miedo, y apuntando dudas razonables de mediano y largo plazo, las usinas mediáticas e intelectuales del llamado “progresismo” –colectivo de gradaciones cada vez más copiosas y difusas– se anticiparon esta semana al balance del año de gestión y dictaminaron, a grandes rasgos y casi por unanimidad, que el gobierno de Javier Milei había triunfado. Tienen razón, y su dolorida admisión es relevante porque proviene precisamente de una trinchera donde consideran al mileísmo poco menos que una maldición bíblica. Es lo único que le faltaba al León para sonreír con todos los dientes, puesto que aun hasta sus contendientes más enconados reconocen su pericia macroeconómica, una gobernabilidad a la bartola pero hasta ahora eficaz y una imagen pública altísima a pesar de todos los pesares.
No es cierto que solo el libre mercado enriqueció a las naciones, como sostiene Milei; fue también la democracia representativa la que le dio marco jurídico y social e hizo posible al Occidente más próspero
Como el oficialismo tiene tantos propagandistas de buena o mala fe, este articulista no abundará en los logros, sino que intentará cumplir con su misión de lanzar “alertas tempranas” acerca del lado oscuro del fenómeno y sobre los riesgos de la ebriedad del éxito. Comencemos por la gran paradoja del momento: el Presidente de la Nación acomete, con financiamiento empresario (hay un nuevo capitalismo de amigos de Milei) la construcción de un curioso criadero de fanáticos, que le respondan ciegamente y que desde la “pureza ideológica” ya mismo patrullan la zona y cancelan a cualquiera que se aparte un centímetro de su “doctrina”. Esos mismos guerrilleros digitales estuvieron toda la semana levantando el dedito, marcando detalles y estupideces en las redes y erigiéndose como comisarios políticos de la moral, mientras sus ministros y legisladores les hacían favores fabulosos a los sindicalistas megamillonarios de la CGT y a los principales caciques del kirchnerismo a través de “ficha sucia”. Más significativo e indignante todavía que el hundimiento de estos proyectos nobles –doble boicot ordenado desde el Triángulo de Hierro– es la inmensa hipocresía que denota todo el episodio y el carácter farsesco que revela. La críptica respuesta del general Ancap –si es que la decodificamos bien– estuvo destinada a aquellos republicanos honestos que le recriminaban esta infamia, y consistió en hacerles saber que prefiere a un “malvado” que a quien “se comporta como bueno, y no sabemos nunca cuáles son sus actitudes y sus intenciones nefastas”. Cualquiera que no lo acompañe aun en sus decisiones más aberrantes es un traidor y, en el fondo, es preferible un kirchnerista. Exige obediencia castrense el Topo del Estado. Pero esa concepción tiene una dimensión más amplia: el “centro es el enemigo más peligroso” porque anestesia el voto de la “reacción”, declararon esta semana algunos de sus pensadores y amigos, que por cierto reivindican esa palabrita: no sería de extrañar, homofóbicos como son y con una sobredosis de testosterona –llaman a combatir a la izquierda “virilmente” y con “la máxima brutalidad”–, que en cualquier momento convoquen a la Marcha del Orgullo Reaccionario. Esos entusiastas militantes del libertario acusan a los liberales de “pusilánimes” y de practicar “diálogos claudicantes”, y señalan a Luis Lacalle Pou como un emblema de ese mal. ¿Qué se supone que debería haber hecho el presidente uruguayo para impedir la alternancia clásica de su país? Es una pregunta simple pero inquietante, puesto que sugiere la opción de una radicalización violenta en pos de una hegemonía a suerte y verdad. No es cierto que solo el libre mercado enriqueció a las naciones, como sostiene Milei; fue también la democracia representativa la que le dio marco jurídico y social e hizo posible al Occidente más próspero. La izquierda siempre detestó la “democracia burguesa”, pero quizá sea finalmente la derecha populista –aquella que desdeña las “instituciones de la casta” y el juego de los acuerdos, equilibrios y contrapesos– la que le gatille su tiro de gracia. El grupo que se encuentra en el poder busca crear un Nuevo Orden, basado en una filosofía según la cual los derechistas son “objetivamente superiores” y la derecha encarna el bien, la verdad, la belleza, la vida, Dios, la patria y la familia (sic). Entregar al fin del mandato constitucional los atributos presidenciales a cualquier opositor –es decir, a un malo, un mentiroso, un feo, un apóstata, un ateo, un apátrida o un verdugo de la vida y la familia– resulta de nuevo una escena impensable. Los arcángeles de las Fuerzas del Cielo, enredados en sus propias hipérboles, verían esa simple acción institucional como una capitulación. También en eso se parecen a Cristina Kirchner.
El arte y la historia nos han demostrado cómo grandes canallas han consumado hechos heroicos y cómo grandes héroes perpetraron canalladas
El más destacado ensayista de toda esta corriente, Agustín Laje, lo dijo con toda contundencia en la Fundación Faro: “La Argentina está partida entre los buenos y los malos. Podemos identificar perfectamente a la gente de bien y a la gente de mal; sabemos quién está en cada bando por primera vez en la historia. De un lado estamos los que defendemos la vida y la dignidad humana; y del otro lado están los zurdos hijos de puta”. Es una suerte que en el nuevo think tank libertario hayan descubierto la fórmula mágica de la existencia; deberían patentarla e incluso armar un sitio interactivo donde uno pueda preguntar por el bien y por el mal, y obtener una respuesta asertiva: sería un servicio invalorable a la Humanidad y hasta podrían extendernos, si nos portamos bien, un certificado de buena conducta. El arte y la historia nos han demostrado a través de los siglos cómo grandes canallas han consumado hechos heroicos y cómo grandes héroes perpetraron canalladas, y también cómo muchas verdades tienen la mala costumbre de ser ambiguas y grises, y los hombres y sus circunstancias no pueden medirse con varas tan maniqueas. Caer en esta clase de caricaturas, negar el carácter poliédrico de las cosas, instruir en burdas y agresivas simplificaciones a los cuadros de las Juventudes Mileístas no tendrá resultados inocuos para la política argentina de los próximos años. Decía Keats que los fanáticos crean un ensueño y lo convierten en el paraíso de su secta, pero advertía Yourcenar que en todo combate entre el fanatismo y el sentido común, muy pocas veces logra imponerse este último. Es por eso que, en los próximos tiempos, solo la sensatez será revolucionaria.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

domingo, 24 de noviembre de 2024

EL MEDIO ES EL MENSAJE Y OPINIÓN


La derecha estudia a Gramsci y lo pone en práctica
Como el peronismo y el kirchnerismo antes, ahora los libertarios quieren borrar esos vestigios para imponer su propio relato

Pablo Sirvén
El Gobierno acelera al mismo tiempo en los tres campos de batalla que considera esenciales: la primera es la económica, la madre de todas las batallas, prioridad absoluta del Presidente; la segunda es la batalla política (tironeos e intenciones de domar y volver cada vez más dóciles a sus aliados o, directamente, deglutirlos) más la conformación de La Libertad Avanza como partido nacional (con Karina Milei a la cabeza, apuntalada por la escudería Menem). Ahora llegó el turno de librar otra batalla crucial: la cultural. La derecha, finalmente, no solo se decidió a mirar con más cariño las enseñanzas de Antonio Gramsci (por años despreciado desde esa vertiente ideológica por haber sido un teórico marxista), sino que se ha propuesto convertirse en su mejor alumna.
Gramsci decía que para dominar a una sociedad no era suficiente tener el monopolio de la represión. Que más importante era el control del sistema educativo, las instituciones religiosas y los medios de comunicación. El célebre intelectual italiano, entre otras cosas, fue periodista y sociólogo. Por eso entendió rápido y cabalmente, como gran observador que era, que para imponer una hegemonía se vuelve imprescindible impregnar a los distintos actores sociales con una prédica constante, que al mismo tiempo parezca novedosa y atractiva. Y que progresivamente vaya envolviendo a la mayoría de la población para que se haga carne en ella y la milite o, por lo menos, la anestesie y se entregue acríticamente a sus designios.
Quien mejor entendió y puso en práctica este dispositivo exitosamente en la Argentina contemporánea fue el primer peronismo (1946-55). El intento abrupto y violento de desmontar ese relato (el bombardeo de Plaza de Mayo; el decreto 4161 de la Revolución Libertadora, que prohibía sus símbolos; más el secuestro del cadáver de Eva Perón, sin conocerse su paradero durante 16 años) resultó contraproducente y agigantó el fenómeno.
Como ya se había hecho en 1899, cuando se demolió la casona de Juan Manuel de Rosas en Palermo, para aniquilar todo vestigio de su dictadura, se procedió de la misma manera, en 1956, para borrar del mapa al Palacio Unzué, donde habían residido Juan Domingo Perón y su esposa, que murió allí (solar que hoy ocupa la Biblioteca Nacional). Tampoco sirvió de mucho.
El kirchnerismo replicó y potenció durante veinte años (2003-23), aun durante los cuatro que estuvo fuera del poder mientras gobernó Mauricio Macri (2015-19), aquella obsesiva estrategia de hegemónico dominio cultural de su precursor.
El mileísmo ya empezó a barrer esos símbolos: el CCK ahora se llama Palacio Libertad Domingo Faustino Sarmiento; retiran un busto de Néstor Kirchner de una sede de la Anses (ya había hecho otro tanto en el Senado la cada vez más cuestionada vicepresidenta Victoria Villarruel); remueven posters y pegatinas de Eva Perón en oficinas públicas; se estudia sacar las gigantografías en hierro de la “abanderada de los humildes”) de sendos lados del edificio que ocuparan distintos ministerios, en la 9 de Julio (inclusive se habla de demolerlo); pasaron pintura blanca por encima de un mural que homenajeaba a Kirchner, en una sede del Correo Argentino, en Retiro, y así sucesivamente. Si el Gobierno pretende borrar todo vestigio del kirchnerismo le va a llevar un tiempo largo. Son tantos los lugares bautizados con el nombre del santacruceño que en su momento inspiró al periodista Leonardo Mindez a inventariarlos en un sitio en la web, que bautizó “Ponele Néstor a todo”.
¿Puede pasar que en vez de sumir en el olvido todo rastro de la cultura K ocurra lo mismo que sucedió después de 1955, que, lejos de desaparecer, el peronismo se agigantó?
Hay diferencias importantes. El kirchnerismo no fue desalojado del poder por la fuerza. Fue derrotado electoralmente. Esta vez no se trata de un gobierno de facto que procede con violencia e impone una prohibición general, sino de una gestión elegida por el pueblo que no impide que esos homenajes puedan continuar en la esfera privada, pero sí los saca de circulación de ámbitos oficiales para “garantizar la neutralidad partidaria y evitar la propaganda política”, según informó el Ministerio de Capital Humano.
El Gobierno avanza en ese peculiar “operativo limpieza” en coincidencia con la segunda condena a Cristina Kirchner en la causa Vialidad, a quien se le retira su jubilación de privilegio (también a Amado Boudou), que ascendía a la astronómica cifra de 35 millones de pesos (los jubilados de a pie cobran una mínima de $252.798 y una máxima de $1.701.09). ¿Qué hace el gobierno actual con esos espacios que van quedando limpios de polución K? Simple: derramar el folklore de su propio relato libertario.
Ya lo dice el dicho: “El mismo perro, pero con otro collar”.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

El regreso de los dinosaurios a la política argentina

Jorge Fernández Díaz
La superstición de la novedad domina y atonta a la opinión pública. Se nos asegura con énfasis que estamos en presencia de un fenómeno nuevo y original, pero como en “Jurasic Park” solo el desarrollo tecnológico y la intervención personal e interesada de los tecno-ricos representan de verdad algo moderno e innovador; el resultado, por el contrario, no es precisamente un viaje al futuro, sino un inquietante regreso a la prehistoria y un resurgir no de criaturas de gran originalidad, sino de los rancios y trillados dinosaurios. Que están de vuelta, a pesar de que Charly García en los albores de nuestra democracia sugería que iban a desaparecer porque supuestamente serían derrotados por el progreso colectivo y la libertad individual. Se equivocaba, y lo que hoy se presenta como nuevo no es otra cosa que lo más viejo del mundo: tiranosaurios, velocirraptores, darwinismo salvaje y un pensamiento jurásico con packaging de época. Tenía razón Michael Crichton, que poseía una cabeza científica y especulativa como Verne, pero que era un lector muy atento de Conan Doyle: “La historia siempre se repite; la gente cae en las mismas trampas y comete los mismos errores una y otra vez”.
Amparado en su indudable éxito macroeconómico (chapeau de nuevo) y en un optimismo social que es provisorio y que únicamente se referencia en ese factor puntual y decisivo, el gobierno libertario –corresponsal argento de una liga internacional de populistas de derecha– ha resuelto avanzar aquí con una agenda reaccionaria recalcitrante. Esto le permite generar nuevos enemigos a quienes “domar” y mantener por un tiempo la iniciativa política, eso sí: con el riesgo de confundir una estrategia de salón con el sentido común de la calle, y un microclima ultramontano con la conciencia de una sociedad abierta y sensata que no está a la derecha de Milei (allí solo se levanta una pared) sino mayormente cerca del centro, con perdón de esta última palabra que tanto repugna al señor Presidente.
La nueva Orga libertaria, después de una tenebrosa retórica bélica, bajó un cambio: una cosa es el juego y otra la realidad, donde los talibanes y las promesas violentas pueden ser piantavotos a la luz del día
Jóvenes oscurantistas con ideas antiguas, que son admiradores indisimulables de Pinochet y justifican el macartismo, se han lanzado con entusiasmo a esta cruzada; el imperio romano es su inspiración y la necesidad de entronizar un emperador, su máxima aspiración inconfesa. Es en este contexto triunfalista donde irrumpió la Organización Fuerzas del Cielo, que se presenta como “el brazo armado” del León. El episodio no resultó muy afortunado y hubo que retroceder en chancletas. Sucedió hace unos años algo similar con La Cámpora, que ebria de poder y fanatismo, jugaba puertas adentro con el folclore setentista. Cuando este articulista narró en detalle esa trastienda de épica frívola, tuvieron a bien enviar a un ministro a esta redacción para explicar, muy preocupados, que ellos solo eran “herederos simbólicos” de Montoneros, pero que repudiaban sus crímenes. La nueva Orga libertaria, después de una tenebrosa retórica bélica, bajó también un cambio: una cosa es el juego y otra la realidad, donde los talibanes y las promesas violentas pueden ser piantavotos a la luz del día. Anida en ese universo de falsos “militantes sacrificiales”, por otra parte, la idea de que experimentamos “un cambio cultural irreversible”. Hemos escuchado varias veces esta prematura aseveración: la pronunció en su momento con grandilocuencia el kirchnerismo y luego la replicaron equivocadamente los republicanos de Cambiemos. En cada caso, la gente los bajó a bofetadas de esos sucesivos pedestales: el electorado cambia cada vez más rápido de opinión, y convierte a los victimarios de las redes sociales en víctimas acorraladas, y viceversa. Los nuevos tiempos son electrizantes, pendulares y de doble vía, compañeros, y hay que tener mucho cuidado con que el tren no te sorprenda en el carril incorrecto y te lleve por delante.
El electorado cambia cada vez más rápido de opinión, y convierte a los victimarios de las redes sociales en víctimas acorraladas, y viceversa
Los jurásicos de esta hora son alegres inquisidores por vocación, y usan un lenguaje sexualizado y sodomizador mientras claman por cancelaciones al sexo en la literatura: esta semana se escandalizaron por dos párrafos eróticos en una novela a la que convirtieron involuntariamente en un mega best seller. Puede que desde el punto de vista pedagógico Cometierra no sea adecuada para un secundario –lo ignoro–, pero la campaña que le armaron a su autora fue infame y preanuncia una vocación censuradora: recordemos que sus primos hermanos de España, los dinosaurios de Vox, intentaron algo parecido con Orlando, obra maestra de Virginia Woolf. Es necesario que el periodismo realice “alertas tempranas” acerca de estos hábitos y compulsiones: estaría renunciando a una de sus obligaciones centrales si se dejara acobardar por las amenazas públicas y si se sintiera intimidado por el clima de época: si es necesario resultará imperioso contrariar incluso a las propias audiencias. A veces se gana y a veces se pierde. Tocó enfrentarse a la tiranía woke y tocan ahora estas advertencias, más cuando en el poder han elegido a la prensa como enemigo fácil. Con el mismo lenguaje burdo con que se denomina “comunista” a cualquier disidente –volvemos a las modulaciones zafias de la Triple A y de Videla–, se intenta desacreditar al periodismo, olvidando que fue gracias a ese “oficio maldito” que los corruptos desfilaron por tribunales mientras el líder hacía campaña electoral para Scioli y luego limaba a Macri. Adicto al autobombo y a la obediencia boba, el general Ancap quiere bajarle el precio a quienes pueden denunciar los enjuagues de sus muchachos y triturar a los que cuestionan el relato escrito cada día por el Triángulo de Hierro y difundido con ferocidad por sus guerrilleros digitales, y solo tolera chupamedias y propagandistas en los medios de comunicación. Los demás son “torturadores profesionales”, a quienes perseguir y lastimar: “el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo” te lo debo. Porque su libertad, como dice Loris Zanatta, “es la libertad de pensar como él”. Nada sorprendente: los emperadores sueñan con un mundo sin objetores y los dinosaurios son inseguros, siempre temen extinguirse. Y toda esa aprensión íntima, ese pánico congénito y secreto, se conjura de una sola manera: impartiendo miedo. Eso ya era viejo en el salvaje período jurásico.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

domingo, 3 de noviembre de 2024

EL MEDIO ES EL MENSAJE Y OPINIÓN


Sebreli, un influencer culto y popular

Pablo Sirvén
Un pequeño grupo de astronautas terrícolas exploran por primera vez el planeta Marte. Propala esa historia de ciencia ficción el parlante del combinado marca Crosley. El radioteatro se llama 500 años en blanco y lo transmite la popular Radio Belgrano. El adolescente de catorce años identifica entre las voces que dan vida a los personajes la de Eva Duarte. Pero será por poco tiempo.
Son cerca de las siete de la tarde del 9 de octubre de 1945 y un locutor interrumpe la emisión para anunciar que el coronel Juan Domingo Perón, vicepresidente de la Nación, ministro de Guerra y secretario de Trabajo y Previsión, se ha visto obligado a renunciar. A continuación, vuelven las voces del radioteatro, pero por última vez. La historia quedará trunca porque al día siguiente ya no estará en el aire.
Una semilla queda sembrada en la cabeza y en el corazón de ese jovencito, que es Juan José Sebreli, peculiarmente atraído por las “malas interpretaciones”, según su criterio, de esa actriz hasta no hacía mucho secundaria que ganaba terreno con su interpretación de mujeres trascendentales de la historia, como Catalina la Grande, Josefina Bonaparte y Eugenia de Montijo, entre otras.
Sin darse cuenta, Juan José había empezado a estudiar a la que en poco tiempo entraría a la historia gracias a su marido y a ella misma como Eva Perón. Curioso derrotero anticipatorio de “esa mujer” que prestaba su voz a personalidades femeninas célebres y que en La pródiga, película dirigida por Mario Soffici (que tardó más de cuarenta años en estrenarse), hacía de “una mujer que purga su turbio pasado dedicándose a la protección de pobres y desvalidos, premonición de su destino”, escribirá décadas más tarde Sebreli.
Esa combinación inesperada de factores irreconciliables –hija natural, infancia muy pobre y ascenso sórdido por los suburbios del espectáculo que desemboca en una indestructible sociedad conyugal y política con el dirigente argentino más influyente del siglo XX, muerte joven y mito para siempre– funcionó como tierra fértil para que J. J. S. se sintiera interpelado y a gusto con cruces a los que los académicos, por rígidos prejuicios, nunca se sentían llamados (el melodrama, la huella iconográfica del personaje, la sexualidad y su incorrección, todo ello en su interacción con las audiencias).
Producto de esa fascinación fue uno de sus primeros éxitos editoriales –Eva Perón, ¿aventurera o militante? (1966)–, en una aproximación muy admirativa, que irá corrigiendo con el tiempo, en Los deseos imaginarios del peronismo (1983) y, fundamentalmente, en el ya hipercrítico Comediantes y mártires. Ensayo contra los mitos (2008).
Sebreli opina que el peronismo es un “melodrama pleno de sensiblería y truculencia” y que “la vida imita el argumento de la novela por entregas, el radioteatro y el cine en blanco y negro”.
La palabra que más le gustaba a Juan José para definirse, y que utilizaba con frecuencia, era flâneur, que significa paseante o callejero. Le encantaba caminar por la ciudad y, más todavía, buscar una mesa en un bar junto a una ventana para leer, escribir o entregarse a amistosas tertulias. Pero también era un flâneur de la cinematografía relevante y un agudo observador de la sociedad en la que vivía. Desde Buenos Aires, vida cotidiana y alienación (1964) impone una nueva manera sociológica de mirar, que une el saber intelectual, sin soberbia y sin sobreabundar, con el apunte más de color, y menos teórico. Esa sensibilidad para detectar fenómenos sociales y culturales, más parecida a la del ciudadano de a pie, fue la que le garantizó ser un habitué en las listas de best sellers.
Con sus matices, las incursiones mediáticas en los años sesenta del siglo pasado de personajes importantes de la cultura tenían una impronta similar, que sabía combinar conocimientos, sin apabullar, con el sentido común de la calle. Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato, María Elena Walsh, Antonio Berni y varios más eran influencers nutritivos y no huecos, muy presentes en la comunicación masiva, pero no por vía del escándalo o del burdo chacoteo, sino con lúcidos conceptos, mas no elitistas, que enriquecían el debate público y servían como ejemplos a imitar, sin ser aburridos. Al contrario: sabían ser lúdicos y hasta graciosos, pero sin caer de nivel.
La degradación en ese campo se constata comparando la primera tapa de los personajes del año de la revista Gente, en 1966, en la que posan tres de la alta cultura (el poeta y escritor Leopoldo Marechal, el pintor Raúl Soldi y el músico Alberto Ginastera), con las de los últimos años, superpobladas con una mescolanza absoluta de figuras importantes con otras intrascendentes salidas de reality shows, escándalos al paso y frivolidades de baja estofa.
Sebreli era un sobreviviente de aquella época dorada. Nunca dado a complacer, sino a cuestionar (como corresponde a un verdadero intelectual), pero con base en una vastísima cultura, que le permitía explayarse con enjundia sobre los temas más disímiles, desde el arte, en Las aventuras de las vanguardias (2000), hasta las religiones, en el monumental Dios en el laberinto (2016).
En los últimos años se había vuelto más monotemático y lineal en su batalla dialéctica contra el kirchnerismo, lo que le granjeó no pocos enemigos, que ni siquiera se tomaron el trabajo de leer una sola línea de su abundantísima y valiosa bibliografía.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&


Lograr un país normal con una política de manicomio

Jorge Fernández Díaz
Sebreli nos ha enseñado principalmente a desconfiar de las súbitas y cambiantes euforias argentinas. Acerca de su muerte, el biógrafo oficial e íntimo amigo de Javier Milei ha elogiado su prosa y su ironía, pero no se ha privado de repudiar al legendario autor de Los deseos imaginarios del peronismo por ser “enemigo declarado de la Cristiandad, promotor acérrimo del genocidio prenatal del aborto”, fundador del Frente de Liberación Homosexual, acólito del “satanismo marxista” en su juventud y luego “macrista”, lo que implicaría que a la postre Sebreli “suavizó sus perversiones doctrinarias un poco” (sic). El escritor Nicolás Márquez remata su responso diciendo: “Dios sabrá qué hacer con él”.
Unos días antes, Demian Reidel, jefe de asesores del presidente de la Nación, dio a conocer en las redes sociales –como si realmente fuera una novedad– un viejo y profético manifiesto político de Murray Rothbard, donde el máximo ideólogo del León aseveraba que la estrategia adecuada era el “populismo de derecha”, y señalaba como enemigos a las “élites intelectuales y mediáticas” por ser todas “liberales-conservadoras del establishment” y, por lo tanto, una mera “variedad” de la socialdemocracia. Allí abogaba, a su vez, por un líder carismático que despertara a las masas: Milei se sintió aludido y representado y reposteó el tuit de Reidel, y también el texto antológico de Rothbard, que más adelante reivindicaba a Joseph McCarthy y su tristemente célebre “caza de brujas” en Hollywood. Quizá el macartismo que ejercerán en el cuerpo diplomático y la purga operada en el Estado argentino no sean entonces tan extraños ni sacrílegos: hay base teórica, como verán, para realizarlos sin remilgos ni escrúpulos de ninguna clase, compañeros. Ya lo advirtió esta semana el Gordo Dan, simpático jefe de las brigadas digitales de las Fuerzas del Cielo: la administración pública está llena de sobrevivientes kirchneristas, radicales y macristas –es decir: “comunistas”– y todavía no se ha llegado a “barrer” con ellos para poner a los propios: “Los propios a veces son un amigo o un conocido que posean la ideología adecuada –dijo–. Tiene que haber idoneidad, pero también selección ideológica para que no te hagan microgolpismo. No hay que temer a las críticas. Primero hay que poner a los propios”. Por esas mismas horas, el General Ancap en persona buscaba desacreditar a Raúl Alfonsín, a quien odia con toda su alma, quizá no solo para incomodar al radicalismo sino para cuestionar veladamente toda la democracia moderna. Ya sabemos que Milei no tiene ninguna simpatía por “el consenso alfonsinista”, que es básicamente el acuerdo republicano sobre el cual se cimentó este sistema institucional de libertad y participación. Prefiere sugerir que su régimen modélico se encuentra mucho más atrás, en los años anteriores a 1916: el problema es que Mitre, Sarmiento y Roca venían a fundar el Estado y no a ser topos aviesos con la misión autoimpuesta de destruirlo.
Casi nadie quiere regresar al desastre anterior, pero de ahí a convertirnos en zombis, autómatas y lamesuelas hay un trecho grande
Los amigos y admiradores de Sebreli, los radicales en general –Jesús Rodríguez, Martín Tetaz y unos pocos más fueron la excepción–, y otros muchos aludidos por esta amplia batería de signos, amenazas y ataques se han mantenido insólitamente callados. Y esto demuestra que han triunfado el miedo, el oportunismo y la relativización moral, entendiendo esta última como el acto de fingir demencia frente a la demencia. Cuando nos adentramos en el terreno de la locura imperante, la frase que se repite en los sondeos cualitativos es aterradora: “Se ve que hacía falta un loco para arreglar este país”. Es cierto que las toses desestabilizadoras que denuncia Milei hacen pensar en algún tipo de perturbación psíquica, pero este articulista prefiere concluir que rinde mucho más “hacerse el loco” que serlo y que por eso hay que pensar más en astucia que en simple enajenación. La respuesta popular que se escucha es inquietante más allá de ser cierta: denota que el fin justifica los medios y que flota en el aire un nuevo pensamiento mágico según el cual “el país normal” será alcanzado gracias a una terapia de manicomio.
El General Ancap en persona buscó desacreditar a Raúl Alfonsín, a quien odia con toda su alma, quizá no solo para incomodar al radicalismo sino para cuestionar veladamente toda la democracia moderna
Otra frase justificadora podría resumirse así: “¿Y qué querés? Por las buenas no se podía. Había que hacerlo por las malas”. La pronuncian quienes luego de denunciar durante veinte años las formas bárbaras y violentas del kirchnerismo y su violación sistemática de las reglas y la convivencia democrática, hoy no solo consideran aceptables similares prácticas, sino que piden al periodismo libre que las ampare. Felipe González explicó alguna vez que la democracia suele ser fiel al capitalismo, pero que este no suele responderle con la misma lealtad. Es que a muchos empresarios y financistas les cuesta congeniar la libertad económica con el sistema republicano, y si tienen que elegir colocan el primero muy por encima del segundo. Otra frase del momento: “No digamos nada, porque si no vuelve el cuco”. Esto supone que el espíritu crítico –como un viejo smoking– debería guardarse en un baúl del desván, que debemos tragarnos todos los sapos y ser indolentes frente a mentiras y degradaciones, y que no conviene hacer ruido para no importunar al nuevo salvador de la patria. Este chantaje es muy efectivo: casi nadie quiere regresar al desastre anterior, pero de ahí a convertirnos en zombis, autómatas y lamesuelas hay un trecho grande, ¿no? ¿O debemos cancelar el pensamiento y adherir sin pedir explicaciones a un grupo inspirado en una secta ideológica que pretende una ideología única? Recordemos que no existe un gobierno libertario en toda la historia de la Humanidad, que esta experiencia tan original nunca se probó en el terreno y que este nuevo animal político no puede ser examinado con las categorías tradicionales, por más que usurpe la palabra “liberal”. Entre un proyecto de poder que, apalancado en sus buenos resultados macroeconómicos, imita los peores trucos del peronismo y busca una hegemonía, y un ecosistema que está anestesiado y le perdona lo imperdonable, la Argentina vive una vez más esa ebriedad de fe trucha, esa clase de euforia que Sebreli tantas veces cuestionó. Al final Juan José solía tener razón, pero mientras tanto lo pagó caro. Carísimo.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

domingo, 27 de octubre de 2024

EL MEDIO ES EL MENSAJE Y OPINIÓN


Políticos actores y actores políticos, equívoco nacional
Milei y CFK, un dúo Pimpinela que ya cansa, y actores como Norman Briski, infelizmente ocurrente con el drama de Medio Oriente

Pablo Sirvén
Muy sabiamente, ya lo dice el dicho: “Zapatero, a tus zapatos”. Políticos histriones que protagonizan berretísimas peleas de vedettes (por caso, el presidente Javier Milei y la expresidenta Cristina Kirchner, con sus reiterados numeritos pimpinilescos), en vez de resolver las difíciles problemáticas que implican administrar eficientemente el Estado y actores que, en vez de concentrar todo su potencial en dar lo mejor de sí mismos sobre un escenario, se ponen a discutir en voz alta, cual si fuesen estadistas, que hay qué hacer desde la política, sin contar con el más mínimo expertise, demuestran que el cambio de roles a veces puede resultar un equívoco con costos demasiado altos para el país. Por de pronto, ambos travestismos contribuyen en primer lugar a descentrar y desasosegar el necesario debate de los temas en el ágora pública, no genera buenos intercambios, confunde y termina provocando sentimientos negativos.
El paso de comedia malograda en el que persisten, aparentemente sin tener conciencia de la vergüenza ajena que provocan, empieza a convertirse en un vicio malsano, tanto en Milei como en CFK. Además de ufanarse ambos de lo maleducados que son, los adjetivos mutuamente peyorativos con que intentan repelerse y repelearse, no conducen a nada que no sea la degradación de la palabra y el desprestigio de la institución presidencial. Cual barrabravas parecen disfrutar en esos chapoteos en el barro que solo pueden alimentar sus respectivos narcisismos extremos y tóxicos. No son conscientes que, siendo así, solo deleitan a sus respectivos círculos de fanatizados seguidores, en tanto que a los demás les produce perplejidad y rechazo. Generan un pésimo ejemplo porque contribuyen a difundir la errónea idea de que los problemas se solucionan a los gritos y a los empujones cuando es sabido que ese tipo de comportamientos no solo no resuelven absolutamente nada, sino que tienden a empeorarlos. Solo les sirve (a ellos) para la vanidad de una pasajera viralización en las redes sociales, con los consabidos aplausos virtuales de sus fanáticos y algunos títulos periodísticos que hacen ruido y que no producen nada significativo.
Lo peor es que esa enfermiza manera de relacionarse que tienen las principales cúpulas dirigenciales, en donde se destaca principalmente la ausencia absoluta de autocrítica para analizar cada tema, termina haciendo escuela y contagia sus procedimientos a otros colectivos sociales.
Es lo que se vio en la reciente ceremonia de los Martín Fierro del cine. La entendible defensa del sector por parte de sus jugadores principales (actores, productores y demás representantes de esa fuerza laboral) careció de los necesarios matices para reconocer que a la sombra del apoyo estatal al sector hubo demasiados abusos (sobredimensionamiento de personal en el Instituto del Cine, camarillas que seleccionaban proyectos solo por afinidad ideológica o por amiguismo, una burocratización excesiva que se tragaba gran parte del apoyo estatal y una dispendiosa política de viáticos en materia de viajes “festivaleros” y gastos de representación, etcetera). Y comprender que entre seguir manteniendo el ineficiente esquema anterior o abolir todo tipo de respaldo estatal a la actividad, hay muchas alternativas razonables que merecen ser estudiadas, sin exaltaciones partidarias para un lado o para el otro.
Más grave y extemporáneo resultó en ese mismo ámbito, el discurso de barricada en apoyo al terrorismo palestino que realizó Norman Briski. Tuvo que pronunciar más de una vez la palabra “Gaza” ante el silencio de la concurrencia en la sala principal de La Usina del Arte. “Gaza jamás será vencido” podía llegar a resultar una burda ocurrencia para algún sótano teatral con público acotado e irreverente, pero no para ser pronunciada ante cámaras de televisión que transmitían ese acto a todo el país, y visto por cientos de miles de personas.
Briski, actor talentoso y ocurrente, siempre se caracterizó por ser políticamente incorrecto y armar actings muy border para sacudir con humor corrosivo cualquier tipo de statu quo. De paso, eso siempre le garantizó una gran repercusión. En este caso cruzó un límite, con el agravante que arrastró en su imprudencia al resto de sus colegas. El desgraciado juego de palabras con el nombre de la organización terrorista que llevó adelante la masacre del 7 de octubre de 2023 en Israel incitó a un cerrado aplauso que terminó avalando tal despropósito. La actual tragedia en Medio Oriente, con excesos y salvajismos por parte de los bandos en pugna exige un tratamiento más cuidadoso y mesurado. El aplauso irreflexivo y frívolo de los artistas se pareció al de los legisladores cuando Adolfo Rodríguez Saá anunció la suspensión del pago de la deuda externa.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Si vamos a ser peronistas, que no se note tanto, compañeros

Jorge Fernández Díaz
Los historiadores militares nos muestran cómo algunos de los mejores estrategas de todos los tiempos fueron quienes aprendieron con esmero y luego imitaron con eficacia las metodologías de sus enemigos. Se podría pensar que acaso por primera vez hay en el “campo del no-peronismo” un petit comité que ha resuelto estudiar las argucias del Movimiento, adaptarlas a sus objetivos ideológicos y practicarlas de un modo más o menos embozado. La osada táctica parece consistir en cosechar, en esta primera etapa, los votos republicanos de diferente pelaje, y con ellos destruir al “enemigo” con sus propias armas, para en una tercera fase directamente reemplazarlo en el territorio y en el imaginario.
“El nuevo peronismo somos nosotros”, ironizó alguna vez un miembro del círculo áulico. “No soy gorila”, advierte siempre el antiguo jefe económico de la campaña presidencial de Daniel Scioli. “Javier Milei juega con habilidad el juego, exactamente como lo haríamos nosotros”, susurra un ministro justicialista del gabinete de Axel Kicillof. La indisimulable admiración mileísta por el partido de Perón prescinde del “hecho aberrante” de que este ha sido frecuentemente la encarnación del estatismo, y se concentra solo en su praxis política. Tiene lógica: esa praxis le permitió una especie de hegemonía, mientras que sus distintos oponentes –dominados por los escrúpulos y la “tibieza”– nunca lograron hacer pie: son “perdedores natos”, para el alma libertaria. La consigna es copiarles entonces a los “ganadores” las astucias y picardías –incluso los pecados– para alcanzar y retener el poder: culto a la personalidad, aire mesiánico, verticalismo, batalla cultural, linchamientos simbólicos, industrialización del resentimiento, política polarizadora, hostigamiento a la prensa, pactos bajo la mesa, desprejuicio y transgresión, y el uso de personajes oscuros que actúen sin miedo y que sean capaces de infligírselo a los rebeldes, a los disidentes y a los incómodos; la “garra peronista”, su audacia sin límites, su capacidad para deshacerse de los reparos bienpensantes, su relativización de las reglas y su reconocida pericia para encantar y distraer con relato a la fiera más peligrosa de todas: la opinión pública.
Menem se auropercibía como un “pacificador” y un acuerdista que venía a proponer una “unidad nacional. Milei se presenta como un “destructor” con ansias bélicas y la voluntad de desunir para reinar
Esta pretensión viene de la mano de otra teoría: la fulminante aparición de Milei y la implosión consecuente del sistema político se parecen en parte a la irrupción prepotente y galvanizante de Juan Perón, que con su innovadora fuerza partidaria no sustituyó a nadie, más bien se devoró en un santiamén al laboralismo, los nacionalismos de entonces y el conservadurismo popular, y creó con todos ellos un nuevo lugar que no se parecía a nada. Ese razonamiento, su carácter refundacional, sus genes de populistas de derecha, y su necesidad de construir un kirchnerismo de mercado, acerca al general Ancap y a su estado mayor a la experiencia menemista, que conviene también a la narrativa para emparentar la baja de la inflación actual con la convertibilidad, y aquellas privatizaciones de los noventa con estas desregulaciones. Se trata, obviamente, de un simplismo: a “La Cámpora de Milei” la pueden bautizar “La Carlos Menem”, y los sobrinos de los riojanos pueden llevar las riendas de La Libertad Avanza, pero como dice el escritor Jorge Asís, el menemismo fue una experiencia interna del movimiento peronista, y esta es una apuesta externa de unos paracaidistas (outsiders y derechistas de distinto cuño) en la era de los algoritmos. Bien es cierto que los tiempos y los diseños partidarios cambiaron de manera abismal, que el mundo del trabajo hoy tiende al individualismo y que la revolución tecnológica obliga a pensarlo todo de nuevo. Pero también es cierto que Menem se autopercibía como un “pacificador” y un acuerdista que venía a proponer una “unidad nacional”, y que Milei se presenta como un “destructor” con ansias bélicas y la voluntad de desunir para reinar. No obstante, un gremialista que estuvo en la cocina del fenómeno Menem y que se acercó a Milei antes de que este ganara las elecciones, comenta que el León estaba obsesionado con comprender cómo había logrado el menemismo domar a la partidocracia y conseguir la gobernabilidad; la mayoría automática de la Corte y los jueces de la servilleta no fueron excesos de aquel modus operandi, sino sus rasgos esenciales.
Relanzar una campaña anticasta desde una suerte de menemismo del siglo XXI parece una contradicción evidente, deja demasiados flancos
Toda esta paradoja plantea varias revelaciones y problemas. Milei usó a Massa para ganarle a Massa, y luego a Macri para someter a Macri, y ahora piensa reunir voluntades antiperonistas para fundar una especie de peronismo antiestatal que le garantice su programa libertario. Para eso necesita, claro está, que la economía se recupere de manera consistente y vigorosa, algo que no está garantizado. Pero imaginando por un momento que lo logre y que no se trate de un mero repunte ni genere con ello un panorama desolador de desigualdad, parece razonable pensar que para toda esa operación de largo aliento a Milei ya no le alcance con el remanido argumento anticasta (así lo piensa también Agustín Laje), porque mientras opera ese marketing diario se va embarrando con el colectivo al que dice combatir. Relanzar una campaña anticasta desde una suerte de menemismo del siglo XXI parece una contradicción evidente, deja demasiados flancos. Se explica también, con todo eso, por qué los republicanos de cualquier oficio y signo político reciben a veces más palos que los propios peronistas, y cómo contradecir el canónico consejo de Marco Aurelio (“el verdadero modo de vengarse de un enemigo es no parecérsele”) puede abrir riesgos impensados. La idea de ordenar la cancha entre “el partido del Estado” y “el partido del mercado”, en este contexto se parece demasiado a un populismo de izquierda contra un populismo de derecha, y coloca a los ciudadanos de estómago delicado a elegir trinchera, morir en la intemperie o edificar una coalición para la que todavía no hay un mínimo clima en este país esquemático. Una cosa, sin embargo, es el sinuoso anarcocapitalismo y otra el conservadurismo sin ambages de Victoria Villarruel, que no disgusta al papa Francisco pero que mete la pata al revelar demasiado las cartas: Isabel Perón es too much, como diría la arquitecta egipcia. Si vamos a ser peronistas, que no se note tanto, compañeros.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA    

domingo, 20 de octubre de 2024

EL MEDIO ES EL MENSAJE Y OPINIÓN


Los K hundían a Mirtha y ahora es ídola universitaria

Pablo Sirvén
Chicos veinteañeros que se empiezan a asomar a los desafíos y problemáticas de la vida adulta y una leyenda viviente, casi centenaria, del espectáculo argentino confluyeron en un mismo ámbito, en otra jornada candente de las protestas universitarias. Aunque bien contrastantes por edades y formaciones, sin embargo, ambas partes armonizaron con una cordialidad inesperada, en medio de paros y tomas de facultades.
El milagro sucedió en el aula magna de la Facultad de Arquitectura, en la Ciudad Universitaria. “A los estudiantes de esta institución quiero decirles que ustedes y yo tenemos algo en común. Ambos trasnochamos estudiando. Durante 56 años estudié a mis invitados y preparé mis programas hasta las 3 de la mañana”, dijo Mirtha Legrand al agradecer el doctorado honoris causa que le otorgó la UBA.
Ni que hubiese sido planificado por quienes protestaban, la gran estrella de todos los tiempos pronunció una vehemente defensa de la universidad pública. “El mundo entero nos envidia la educación universitaria gratuita en la que se formaron los cinco premios Nobel que tiene la Argentina”, enfatizó Mirtha, y estallaron los aplausos. “En un momento histórico para las universidades públicas de mi amado país –remató la actriz y conductora–, no quiero dejar de expresar mi apoyo y orgullo a quienes hicieron grande a la universidad pública”.
Leyó su discurso cuidadosamente bordado porque debía ser muy precisa en ese estrado, sabedora de que sus palabras siempre rebotan en la prensa con inusitada fuerza. Bastó, hace unos meses, que expresara una mínima preocupación por la continuidad del cine Gaumont para que el presidente Javier Milei le lanzara indirectamente algún dardo y se armara una descomunal batahola.
En el día de la marcha de las velas, con efervescencia a tope en el debate abierto entre el Gobierno y las casas de altos estudios por la grave desfinanciación de la enseñanza terciaria (30% menos que el año pasado), la diva se asomó a la más observada vidriera de una jornada tan particular en la que la Universidad de Buenos Aires la distinguía por su amplísima y variada trayectoria cinematográfica.
Su paso por la pantalla grande incluye 36 títulos, entre comedias brillantes (La pequeña señora de Pérez y La pícara soñadora, entre otras) y producciones más jugadas y ásperas, como La patota, la película preferida de esta gran viajera por el tunel del tiempo. Piénsese que su debut en la pantalla grande (Hay que educar a Niní, junto a su hermana gemela, Silvia, en 1940) se produce apenas siete años después de la primera realización argentina sonora (Tango). Y la última que protagonizó fue Con gusto a rabia, en 1965. Tres años más tarde se abriría el capítulo más trascendental de su vida, y que continúa hasta el día de hoy: conducir almuerzos y cenas por TV, con comensales de los más diversos rubros e ideas, encuentros en los que siempre ha sobresalido su toma de posición, muchas veces tajante y hasta controvertida, lo que le ha valido amores y odios intensos.
Cuando con gran clarividencia, en 2003, les espetó en la cara a Néstor y Cristina Kirchner: “Se viene el zurdaje” (una manera peyorativa, pero efectiva, de bajarles el precio a las ideas de izquierda que supuestamente traía el matrimonio patagónico), nunca imaginó que la venganza del kirchnerismo iba a ser tan intensa: una gigantografía de su imagen fue colocada, junto con las de otras figuras, en la Plaza de Mayo, incitando a los chicos a que las escupieran. La militancia virtual y programas panfletarios, como 6,7,8, intentaron desde entonces embarrarla siempre. En la “década ganada”, su nombre era mala palabra para las juventudes más politizadas. Y como respuesta, Mirtha Legrand, lejos de arrugar, elevó el voltaje crítico de sus programas, que se volvieron más sectarios ante la deserción de muchas figuras que simpatizaban con el oficialismo de entonces.
“Esta doctora ya no quiere tango, quiere trap, rap y reggaeton”, dijo Legrand en la UBA, tan perceptiva y aggiornada a los cambios de clima de época, políticos y culturales, que ahora vuelven a favorecerla en esa franja etaria que tanto la denostaba. “Bienvenida Mirtha a la toma”, “Hoy nos visita Mirtha Legrand en la FADU [Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo] tomada”, se alegraban los estudiantes movilizados en las redes sociales y en pancartas. Página 12 destacó su conexión con la realidad, en contraste con “lo obsoleto del Coloquio de IDEA”.
Hubo aplausos muy intensos de los más jóvenes cuando en el homenaje que M. L. compartió con el director cinematográfico Héctor Olivera, quien también recibió su distinción honoris causa, se proyectaron imágenes de su película La noche de los lápices, sobre los alumnos desaparecidos de La Plata que reclamaban la implementación de un boleto estudiantil.
La bienvenida a la diva, por parte de la UBA, estuvo a cargo de Ricardo Alfonsín, nieto del expresidente, en su momento líder de la banda punk rock Boinas Blancas y ahora director general del festival internacional de cine que se está llevando a cabo en la FADU.
Mirtha Legrand nació durante el segundo gobierno de Hipólito Yrigoyen y surfeó todas las épocas tan encrespadas de este país. Por eso no es exagerado afirmar que ya constituye un verdadero patrimonio nacional y cultural de los argentinos, cuya idiosincrasia se refleja en sus propias luces y sombras.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

El discurso anticasta se desmorona y hay que buscar un nuevo relato

Jorge Fernández Díaz
“Todo lo que crece acrecienta su propia capacidad de autodestrucción”, escribe la novelista Amélie Nothomb. Y esa ley general vale muy especialmente para la política: sugiere el ensayista Giuliano Da Empoli que los outsiders de La Nueva Derecha llegan en un relámpago y al comienzo crecen exponencialmente en su popularidad, pero salvo excepciones que confirman la regla (Orbán se hizo autócrata, Meloni gobierna con doble discurso), estos agresivos líderes populistas caen al tiempo vencidos no por acción de rivales astutos u originales sino por culpa del mismo temperamento que los encumbró. Sus personalidades extravagantes y feroces –cruciales para el ascenso– les impiden detener luego la máquina incesante de generar y pulverizar enemigos. Y, en consecuencia, se les vuelve imposible alcanzar alianzas consistentes de gestión, gobernabilidad y supervivencia. Muchos han sido incapaces de cambiar en el poder, enamorados de su personaje proselitista y de la tentación de la campaña eterna, y con el paso de los años dejaron un tendal de personas resentidas frente a sus impericias variadas (hijas de un “decisionismo” caprichoso y volcánico) o de adherentes que acabaron indigestados por tragar muchos sapos y con tortícolis crónicas de tanto mirar para otro lado. Estos últimos ciudadanos pueden actuar como sucede en las relaciones románticas: quien se ha traicionado a sí mismo una y otra vez para adaptarse al otro, un día despierta y detesta con toda su alma a quien lo obligó consciente o inconscientemente a semejantes contorsiones y servidumbres. Es por eso que se pasa, como dicta el sabio refrán, del amor al odio en un segundo. Cuidado con ese peligro cierto, porque causas tan sensibles como los jubilados o la universidad pública suelen poner a prueba no la tórrida y ciega pasión del fanático, sino la lealtad del amante paciente, lúcido y rumiante.
Los teóricos de la hiperderecha saben que, para consolar a sus votantes más frustrados, deben “vengarlos”. Es decir, castigar a cualquier personaje de las elites políticas o del establishment y hacerlo culpable de sus padecimientos
Quizá Javier Milei sepa evitar este sino de autodestrucción del outsider. Por lo pronto, parece haber en su Triángulo de Hierro una conciencia secreta del riesgo que representa el conflicto abierto con los universitarios –Chile es un recuerdo fresco e inquietante–, y también la necesidad de resetear cuanto antes el relato libertario. Agustín Laje, acaso el mayor referente intelectual de La Libertad Avanza y un gran estudioso de Gramsci y de las tácticas de Laclau, admitió esta semana ante Perfil que el concepto “casta” se había desgastado y perdía fuerza, y que en la actual fase habría que “inventar un nuevo lenguaje: a mí me ha gustado mucho lo del Partido del Estado”, una ocurrencia al paso pronunciada por el León durante una conferencia. Según Laje, allí puede anidar la nueva cosmética del enemigo (para seguir con Nothomb), un colectivo lleno de “malos” con el cual polarizar en el segundo tiempo: el Partido del Estado mete en una misma bolsa a radicales, kirchneristas, justicialistas, algún segmento de Pro, Elisa Carrió, y también “al periodismo, el sindicalismo y una parte del sector educativo”. La definición del autor de “Globalismo” y “La batalla cultural” es importante por varios motivos. En principio, porque revela el modo en que esta hiperderecha piensa su literatura divisionista y sus argumentos agonales. Imitación especular de su némesis –el populismo de izquierda– se permite inventar a gusto y piacere una línea entre probos y réprobos –los argentinos de bien contra las lacras- para cohesionar, inhibir y demonizar, y para mantener vigente con este trazo grueso su épica. Esa burda metodología habilita a castigar al periodismo, pero solo al que no se aviene a ejercitar la más ampulosa o sibilina obsecuencia. Ya lo decía Diderot: “Aquellos que teman los hechos tratarán siempre de desacreditar a los buscadores de hechos”. Y Trump lo dejó muy claro en 2018: “¿Saben por qué los ataco? Para desacreditarlos, así cuando escriben historias negativas sobre mí, nadie les cree”. Uno de los grandes impulsores de las fake news dijo al fin una verdad del tamaño de una catedral. Los teóricos de la hiperderecha saben que, para consolar a sus votantes más frustrados, deben “vengarlos”. Es decir, castigar a cualquier personaje de las elites políticas o del establishment, y hacerlo culpable de sus padecimientos. Pueden tardar en sentirse los buenos resultados económicos, pero al menos esa “revancha” diaria calma la espera. Ajusta, pero vapulea. Aunque el general Ancap y la arquitecta egipcia, claro está, no necesitan corpus teóricos que avalen su natural deseo de insultar y deslegitimar a los medios de comunicación.
Los inversores a largo plazo temen que el outsider, como otros de su linaje, se empecine ciegamente en seguir acrecentando su capacidad de autodestrucción
La idea de reacomodar los contornos de la grieta para ingresar en la nueva campaña electoral muestra en la Argentina a un grupo iluminado y a una transversalidad que lo reconocería como tal, pero lo más relevante no es esa narrativa sino el reconocimiento implícito de que el discurso anticasta ya no es verosímil. Y no lo es porque el enemigo de todos los partidos nacionales acaba de fundar uno, porque el purista colocó a Daniel Scioli y a otros rancios dirigentes de la vieja política en su gabinete, porque el antagonista de los pactos espurios vive haciendo esos pactos, porque el oponente despiadado del kirchnerismo negocia favores bajo la mesa con los muchachos del Instituto Patria y porque el paladín que venía a destruir los privilegios otorgados por la Carta del Lavoro se niega a avalar en el Congreso la reforma de la ley de asociaciones sindicales.
Es interesante la reacción subterránea que hasta los empresarios más entusiasmados con la administración Milei tuvieron en el Coloquio de IDEA: allí primó la preocupación por la personalidad iracunda del Presidente, y por su incapacidad para avanzar un paso más allá del simple blindaje parlamentario a sus vetos. Quieren que su experimento macroeconómico salga bien, pero temen la ferocidad, el desdén por los consensos perennes y el desgano por fortalecer las instituciones. No es súbito amor republicano, sino pragmatismo de inversores a largo plazo, deseosos de reglas y de un clima menos tempestuoso. Temen, en realidad, que el outsider, como otros de su linaje, se empecine ciegamente en seguir acrecentando su capacidad de autodestrucción.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA   

domingo, 13 de octubre de 2024

EL MEDIO ES EL MENSAJE Y OPINIÓN


La escuelita K que forma cuadros para recuperar el poder
Se llama “Néstor Kirchner”, pretende ser universidad e imparte cursos y diplomaturas con perspectiva justicialista

Pablo Sirvén
La exvicepresidenta de Argentina Cristina Fernández en la inauguración de la Escuela Justicialista Néstor Kirchner en el Teatro de la Plata
Mientras el Congreso y la sociedad, indirectamente en las calles y en las redes sociales, debatieron con vehemencia sobre qué fondos públicos le corresponden a la universidad, la Escuela Justicialista Néstor Kirchner sueña con dar el estirón y acceder también al nivel terciario. Pero ¿es viable que consiga luz verde con el gobierno nacional en contra?
En la misma semana en que el Poder Ejecutivo volteó por decreto la denominación del centro cultural del mismo nombre y lo reemplazó por Palacio Libertad Domingo Faustino Sarmiento, la escuelita que pretende ser universidad revalidó fuertemente su ideario kirchnerista durante la convocatoria realizada por el peronismo bonaerense, que lidera Máximo Kirchner, en Monte Hermoso. Allí sus autoridades presentaron el proyecto académico en medio de una demostración de fuerzas afines a la candidatura de Cristina Kirchner como nueva jefa formal del Partido Justicialista, a partir del próximo 17 de noviembre. Las cartas sobre la mesa.
La ligazón de la EJNK con la expresidenta y exvice es innegable y viene desde su presentación en sociedad, cuando ella fue el plato fuerte, con una de sus típicas alocuciones de bajada de línea, en el Teatro Argentino, de La Plata, el 27 de abril de 2023. Entonces, CFK todavía era el factor dominante de la fuerza que gobernaba el país, en un trípode en el que los otros dos vértices estaban ocupados por el presidente Alberto Fernández y el empoderado ministro de Economía y candidato presidencial de Unión por la Patria, Sergio Massa, con sus planes “platita” para ganar la elección presidencial, en la que fue vencido en las PASO y en la segunda vuelta por el actual presidente Javier Milei.
En cambio, el principal referente del aula kirchnerista, Nicolás Trotta, había dejado su cargo de ministro de Educación en medio del cisma que provocó la anterior derrota electoral del oficialismo de entonces, en 2021, cuando fue reemplazado por Jaime Perczyk, en aquel momento rector de la Universidad Nacional de Hurlingham. Muchos pensaron que aquella era la circunstancia ideal para que Alberto Fernández se liberara del pesado lastre ultra-K que empeoraba su híbrido gobierno, pero no lo hizo. Sus intereses –y, especialmente, su libido– estaban puestos en otro lado.
“Militancia en formación; hagamos escuela”, es un eslogan de la casa de estudios virtual por la que ya han pasado en distintas “instancias formativas” nada menos que 15.645 estudiantes, a los que se les imparte “perspectiva ambiental, de género y multicultural”. En sus considerandos argumenta que “la construcción del conocimiento es inseparable de la militancia y la acción política” y que se pretende dotarla de la “filosofía justicialista”, porque “es nuestra identidad y el instrumento por excelencia para las grandes transformaciones”.
Fundir enseñanza con ideología, reconoce, es una prioridad. De allí el nombre Néstor Kirchner, “porque su coraje y creatividad en tiempos de crisis deben ser la inspiración que permita construir una nueva mayoría con protagonismo popular”, se sincera. Y subraya la idea de unir militancia con el sector de la educación formal, por ejemplo, con la Universidad Nacional de Moreno, y con gobiernos afines a su ideología, como el de México. Sinergia militante, ante todo.
En la misma semana en la que el vocero presidencial, Manuel Adorni, anunció que se tomarán pruebas de idoneidad a 40.000 empleados públicos, la EJNK pone el foco en la formación de funcionarios para los cargos electivos de gobiernos locales y el Poder Legislativo.
He aquí un punto interesante en el que la política rara vez repara. En tanto que para ejercer la medicina, la abogacía, la arquitectura o cualquier otra carrera tradicional hay que estudiar, recibirse y contar con un título habilitante, al máximo manejo de Estados municipales, provinciales y nacional accede cualquiera, en la gran mayoría de los casos sin la más mínima preparación previa. Hasta desde el periodismo hemos naturalizado esa ignorancia al justificar que los integrantes de un nuevo gobierno tardan un tiempo en familiarizarse con el “manejo de la botonera”. La ideología de cualquier color no puede resolver nada si al que le toca administrar no se ha formado previamente para ser idóneo en esa materia.
Financiada por organizaciones sindicales –Víctor Santa María y su poderoso Suterh a la cabeza–, varios PJ distritales y aportes individuales, la EJNK viene realizando cursos y diplomaturas. Confían en que la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (Coneau) la apruebe técnicamente, al procurar ser de gestión privada sin inversión gubernamental, más allá de que los vientos libertarios soplen en su contra. Nada desvía a los peronistas de su exclusivo foco de atención: recuperar el poder.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Milei atiza la fragmentación y solo hace alianzas líquidas

Jorge Fernández Díaz
“El campo de batalla es un escenario de caos constante. El ganador será quien controle ese caos, tanto el propio como el de los enemigos”. Hay muchos ingenieros del caos y teóricos de la fragmentación, pero conviene siempre volver a un verdadero baquiano: Napoleón Bonaparte. Le gusta al “Triángulo de Hierro” de la Casa Rosada industrializar el banco de enojos sociales, sobreexcitando los extremos, como diría Giuliano da Empoli, y administrar y profundizar el desorden de una clase política –la “casta”– que voló por los aires y que recién ahora se despereza entre los escombros de la historia con notable amnesia, confusión identitaria y profunda desorientación. Es por marketing –nosotros contra ellos, el León contra la partidocracia infame– pero también por oportunismo político que Javier Milei teje solo relaciones líquidas con aliados fugaces: deben cumplir funciones puntuales, no mancharlo con sus reputaciones y desapegarse hasta la próxima aventura. Juramentos firmes en mesas de arena y a merced de la intemperie y el viento del desierto. El libertario, su hermana y su estratega saben que a su alrededor todo el sistema quedó roto, y procuran que se siga rompiendo en más partes, atomizando así a toda la dirigencia, incluso a aquella que potencialmente pueda convertirse en su aliada. Seamos, en todo caso, un petiso, pero eso sí, en un mundo de liliputienses, y logremos, si el futuro nos sonríe, hasta convertirnos en un gigante. Ese juego líquido y maquiavélico del presente los condena, como contrapartida, a una gobernabilidad agónica. Todo su proyecto se pone en peligro hasta el último minuto, juegan a la ruleta rusa con el Congreso y su principal antídoto consiste en vetar sus decisiones y blindarse luego con la ayuda azarosa de amigos de circunstancia.
La cúpula del radicalismo, con sus cada vez más estrechas vecindades kirchneristas, no parece recordar qué es ni adónde se dirige
Despojándonos de sentimientos y convicciones cívicas, sopesando fríamente la batalla, uno se pregunta si esta táctica será su salvación o su debacle. Dependerá, en gran parte, de si el programa económico deja las inconsistencias y si la recuperación se palpa finalmente en los bolsillos, porque de nada servirá que Milei acaricie el sueño del reinado de Bukele –amplísimas mayorías parlamentarias le permiten gobernar a su gusto– sin ofrecer a la población un resultado contundente y espectacular en la economía que más o menos equivalga a lo que logró el salvadoreño en materia de seguridad.
Examinar a la oposición balcanizada puede ser un buen ejercicio mientras la economía dicta su veredicto, y habría que comenzar por los más próximos: los amarillos. En el mundo de la “derecha stone” consideran que es un gran malentendido que ellos sean “el Pro con huevos” (sic). Es curioso que una parte del “macrismo” haya acatado también ese error conceptual; la culpa y el interés obran milagros. La Libertad Avanza encarna, efectivamente, otra clase de ideología: un populismo de derecha con praxis gramsciana, y un fundamentalismo de mercado. La coalición de Cambiemos, para horror de Milei –dime con quién te asocias y te diré quién eres– protagonizó un intento de restauración republicana acompañado de liberales, desarrollistas, socialdemócratas, radicales, librepensadores y peronistas institucionalistas. Que la narrativa y la pericia macroeconómica –el gradualismo tiene esos riesgos– no hayan funcionado, no es culpa de la idea sino de la implementación puntual, y como prueba habría que revisar la prosperidad alcanzada con esas mismas metodologías por otras grandes naciones. También sería bueno recordar algo muy paradójico que ocurre en este particular contexto internacional: el nuevo derechismo, en nombre de Occidente y en ocasiones secuestrando la palabra “liberal”, comienza a socavar precisamente a las democracias liberales. Parece haber, en consecuencia, una contradicción flagrante entre los restauradores de siempre y los saboteadores de moda.
Cristina Kirchner pretende conducir la renovación antes de que la renueven a ella
La cúpula del radicalismo, con sus cada vez más estrechas vecindades kirchneristas, tampoco parece recordar qué es, ni adónde se dirige. A veces, en términos bélicos, para escapar de los peligros de un monstruo hay que aliarse con otro, pero esto no es una guerra, correligionarios, sino un ajedrez de representaciones políticas. Para una retórica nacional y popular la igualdad está muy por encima de la libertad; para el anarcocapitalismo solo existe esta última, pero los radicales se caracterizaron por defender parejamente eso dos valores, y por reivindicar otro maridaje decisivo: tanto mercado como se pueda, tanto Estado como sea necesario. Millones de ciudadanos fuera del partido acompañan esa sensatez. El radicalismo gestiona cinco provincias, ocupa el sillón de vicegobernador en otras dos y maneja 500 de las 1200 intendencias de todo el país. Pero carece de líderes nacionales creíbles y carismáticos, y de las ideas claras en momentos turbios: a veces ha permitido incluso que le arrebataran banderas que le pertenecían. En una dinámica de pura polarización, su centrismo sin lucidez corre el riesgo de descuartizamiento.
Miley es, hoy por hoy, el que maneja el caos ajeno, y el único que llena el traje en este triste baile de disfraces harapientos
No le va mejor al movimiento justicialista, por cierto: Cristina Kirchner pretende conducir la renovación antes de que la renueven a ella. Quien manda quiere hacer hasta lo imposible por reformar todo y seguir mandando, bajo la vieja consigna de Lampedusa: cambiar algo para que no cambie nada. El peronismo de izquierda es solo una de las dos almas del peronismo, y como enseña Lula –derrotó a Bolsonaro deshaciéndose de sus izquierdismo– se insinúa la idea de que podría ser el turno de un peronismo de derecha. No el peronismo neoliberal de Menem –allí está firme el León tratando de quedarse con ese cetro– sino el “peronismo del Papa”, para simplificarlo de algún modo. Ese peronismo es pobrista, pero no progre, y corporativo, pero no bolivariano. Tienen rating Moreno y Grabois porque podrían ser outsiders de esa añeja franquicia, pero sus imágenes son tan negativas que resulta difícil imaginar que cautiven a las masas y cobren consistencia. Cuando se llega hasta el final, por este camino de ruinas, se advierte la vacancia de personas con magia y credibilidad, y se recuerda la importancia menos de determinados ideales que de liderazgos efectivos y emblemáticos. A pesar de su violencia verbal y sus errores y políticas más controversiales, Milei es, hoy por hoy, el que maneja el caos ajeno, y el único que llena el traje en este triste baile de disfraces harapientos y máscaras cuarteadas.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA