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viernes, 5 de junio de 2020

EL CORDOBAZO..HISTORIA DE NUESTRA PATRIA,


El Cordobazo, un símbolo de la protesta obrera
Pablo Mendelevich | Planeta de Libros
Pablo Mendelevich


Para quienes lo vivieron, recordar el lejano 1969 es fácil. Casi nadie en este planeta olvidó qué hacía, dónde estaba, cómo se sintió impactado aquel lunes de julio en el instante en que Neil Armstrong pisaba la Luna. Sin embargo, los nativos que entonces tenían edad como para manipular dinero pueden aprovechar un recuerdo vivencial extra que enseguida les arrancará una exclamación: 1969 fue el año en el que quedaron sepultados los pesos moneda nacional. La plata que corría desde la primera presidencia de Roca. ¿Cómo olvidar los "pesos ley 18.188" de Onganía con los que se esfumaron dos ceros y cundió el desconcierto por la cohabitación de billetes nuevos, billetes viejos y billetes resellados?
Había una dictadura, hasta el pelo largo estaba prohibido, el Congreso se hallaba clausurado desde hacía más de tres años, la vida intelectual y cultural era burdamente acallada, pero por cada peso hasta para ir a comprar un chicle se debía decir "ley". A los argentinos, que eran por entonces 23 millones y medio, muy poco más que la mitad que ahora, lo de reformular la moneda para lidiar con los estragos de la inflación acumulada les resultaba una novedad inquietante.
El Cordobazo fue la mayor protesta obrera latinoamericana de la historia; entre otras cosas, provocó la salida del ministro de Economía
Después se hizo costumbre. Cuando terminaba la siguiente dictadura, Bignone dispuso que 10 mil pesos ley 18.188 se transformaran en un peso argentino, luego Alfonsín creó el austral, que equivalía a 1000 argentinos, Menem inventó con cada 10 mil australes un peso-dólar y en el colapso de 2001 tuvimos cuasimonedas y repusimos el trueque por algunos meses.
La inflación es anterior a 1969 (ya el primer Perón había tenido un promedio de 18,7% anual), pero en estos 50 años solo paró de subir por un tiempo considerable durante la convertibilidad de Menem. De los 16 presidentes civiles y militares que hubo entre Onganía y Macri (exceptuados del registro Cámpora, Lastiri y Rodríguez Saá, por breves) nueve tuvieron promedios anuales de aumento del Índice de Precios al Consumidor de dos dígitos. Otros seis presidentes registraron variaciones promedio de tres dígitos (sólo uno, De la Rúa, exhibe una marca negativa, de 1,1, atribuible a la recesión).
Lo llamativo de aquel primer cambio de nominación, visto con ojos de hoy, es que no provino de una hecatombe hiperinflacionaria, sino todo lo contrario. Quien tuvo la idea, Adalbert Krieger Vasena, un ministro de Economía de alta calificación técnica, quiso consolidar la estabilidad, lograda en gran parte, claro, con un estricto congelamiento de salarios y de tarifas públicas. En todo 1969, la inflación fue de 7,6%. El PBI creció ese año 6,9. El dólar estaba quieto en 350; después, 3 y medio. Y esto duele decirlo, la pobreza era del 3%.
El billete de 10.000 pesos: en Argentina se empezó a hacer costumbre reformular la moneda para lidiar con los estragos de la inflación
Al mes siguiente de que se dictase la "ley" 18.188, se produjo lo que algunos autores han llegado a llamar la mayor protesta obrera en la historia latinoamericana de la posguerra: el Cordobazo . Que entre otras cosas provocó la inmediata salida de Krieger Vasena. Suceso complejo, marcó el ingreso en una era de política revolucionaria que de algún modo incentivaba esa dictadura tosca, autoritaria, paternalista, paradójicamente bautizada "Revolución Argentina". Su efecto más dañino: se le atribuye haber ayudado a fraguar en vastos sectores juveniles recién asomados a la cosa pública la idea de que la lucha armada era un camino excluyente para lograr una transformación.
Quizá lo más difícil de entender hoy de esa época para los hijos de la era digital no sea la alta politización o la fuerte ideologización que se incubaba entonces con surtidas preferencias marxistas, trotskistas, maoístas, tercermundistas o, especialmente, peronistas combativas, sino el dato de que la democracia no era un objetivo corriente. Más aún, la palabra democracia, a la que los grupos radicalizados y parte del peronismo engarzaban con el adjetivo liberal y despreciaban, no se usaba demasiado como no fuera en ámbitos tradicionales, entre adultos.
Es un anacronismo o una versión algo Billiken de la historia decir que hace 50 años la contradicción democracia-dictadura atravesaba la cotidianeidad de los argentinos. Entre otras cosas porque las ilusiones juveniles prevalecientes, sin ningún modelo democrático a la vista, no pasaban por hacer frente a los militares para imponer un sistema ecuánime de partidos políticos. Bajo el influjo de la Revolución Cubana, de los curas tercermundistas y de la canonización laica del Che Guevara, muerto dos años antes en Bolivia, aquellas ilusiones eran bastante más fogosas. Algo en gran medida ajustado a las radicalizaciones juveniles de afuera, que ya habían producido el Mayo Francés o la resistencia norteamericana a la Guerra de Vietnam.
A muchos argentinos hoy indignados con los sindicalistas enriquecidos les resultaría impactante saber que todo eso viene de Onganía
Juan Carlos Onganía (1914-1995), un general nacionalista católico muy anticomunista, cuyos sobresalientes bigotes le valieron el apelativo de Morsa , había disfrutado de considerable consenso en 1966 al derrocar al médico Arturo Illia. Además de la Sociedad Rural, la UIA, la CGE y buena parte de la prensa (sobre todo las revistas Primera Plana y Confirmado , que habían socavado al gobierno radical), estuvo el apoyo de Perón al golpe, dato esquivo en la historiografía peronista. Desde Madrid, en declaraciones al periodista Tomás Eloy Martínez, Perón saludó la llegada de Onganía, lo elogió como camarada y celebró que con la caída de Illia se hubiera puesto fin a "una etapa de verdadera corrupción".
El sindicalismo peronista más enjundioso, que respondía al metalúrgico Augusto Vandor y al representante del vestido José Alonso, directamente se puso corbata y participó de la jura de Onganía. Los planes de lucha quedaron suspendidos. Merodeaba la expectativa de recrear un eje gremial-militar como en 1945. Más tarde vendría la partición de la CGT (una negociadora, otra combativa) y un hecho trágico que también le sumó a 1969 carácter de año bisagra, el asesinato de Vandor, lo cual pulverizó el ensayo más importante que haya habido de un peronismo sin Perón.
A muchos argentinos hoy indignados con los sindicalistas enriquecidos y con la desvirtuación que el formidable poder económico de determinados sindicatos causa en la vida política tal vez les resultaría impactante saber que todo eso viene de Onganía. En 1970, necesitado de entendimientos con el sindicalismo peronista, sin visión futura alguna dictó una " ley " que universalizó las obras sociales y puso a disposición de sindicatos únicos la cobertura de salud de los trabajadores. En medio siglo, ningún gobierno, del color político que fuere, pudo replantear el poder sindical sobre el sistema de salud.
Un hecho trágico también le sumó carácter de año bisagra, el asesinato de Vandor, que pulverizó el ensayo más importante que haya habido de un peronismo sin Perón
Onganía se pretendía sinónimo del orden. Pero ese orden se desmoronó con el Cordobazo . El general de los bigotes poblados, rasgo caricaturesco que a Landrú le costó la clausura de Tía Vicenta , sobrevivió un año más. Lo terminó desalojando un golpe palaciego después del secuestro y asesinato del general Pedro Aramburu, la presentación de los Montoneros. En total estuvo en la Casa Rosada 1440 días, menos tiempo que Videla, pero más que todos los otros dictadores. Su idea inicial de permanencia indefinida, armónica con la inauguración de la Rural en el viejo carruaje que había usado la Infanta Isabel en 1910, hablaba de los "tres tiempos", uno económico, otro social y otro político, un caso de humor involuntario. Los tiempos se precipitaron cuando el generalato entendió que Onganía pensaba quedarse 20 años.
Último caudillo del Ejército con aspiraciones políticas, Lanusse, quien asumió la presidencia después de sacarlo a Levingston, fue artífice de un giro histórico, disruptivo, aunque acotado: el levantamiento de la proscripción al peronismo. A él mismo le tocó ponerle la banda a Héctor Cámpora, tras reconquistar el poder el peronismo con la mitad de los votos. El ineficaz modelo proscriptivo creado por la Revolución Libertadora se había derrumbado.
La vuelta de Perón al gobierno tras 17 años de exilio fue, claro, un suceso extraordinario. Al cabo, el tercer gobierno peronista, dos años y diez meses en los que gobernaron cuatro presidentes, resultaría un entretiempo entre dos dictaduras. Con la última, se sabe bien, la escala histórica se destruyó debido al carácter y la magnitud monstruosos de la represión ilegal, lo que acabó estandarizando a las cinco anteriores como mansas. El "Proceso" significó para el país un enorme atraso en todos los órdenes. La Guerra de las Malvinas, frustración mayúscula con secuelas muy traumáticas, convenció a los militares de volver a los cuarteles.
El Cordobazo fue la mayor protesta obrera latinoamericana de la historia; entre otras cosas, provocó la salida del ministro de Economía
Por fin en 1983 todas las dictaduras se terminaron. Se abrió el período democrático más largo que haya habido, ahora en curso, progreso ostensible. Tantas décadas pendulares, tantas botas en vez de votos, sobreestimaron, tal vez, el remedio de la democracia continuada, que aportó grandes beneficios pero todavía no consiguió engendrar tres presidentes seguidos con mandatos ajustados al reloj constitucional, crecer en forma sostenida, erradicar el hambre en un país productor de alimentos, controlar la inflación ni bajar la pobreza. Al país cuyo PBI pasó en 50 años de 31.256 a 637.000 millones de dólares (2017, Banco Mundial) para ubicarse como la economía 21ª. del mundo, no le alcanzó con una nueva Constitución para robustecerse institucionalmente, gran deuda pendiente. Aunque sí consiguió que la democracia desalentara y casi extirpara la violencia política.

martes, 9 de octubre de 2018

HISTORIA DE NUESTRA PATRIA,


El golpe de los cadetes
El 6 de septiembre de 1930, el general José Félix Uriburu al frente de un centenar de cadetes marchó hacia Buenos Aires para deponer al presidente Hipólito Yrigoyen. En el camino se le sumaron otros 800 soldados y civiles armados. Aviones sobrevolaron la ciudad, arrojando volantes que incitaban a la sublevación. Salvo una refriega en la Plaza de los Dos Congresos, que les costó la vida a dos cadetes, no hubo resistencia. Yrigoyen, enfermo y sin apoyo, firmó su renuncia. Este fue el primer golpe militar para derrotar a un gobierno democráticamente elegido que logró su cometido.

Hipólito Yrigoyen había ganado holgadamente la elección de 1928 (con un 68 % de los votos), pero en poco tiempo la situación pujante del país había entrado en crisis. Menos exportaciones, más gasto del Estado y la funesta crisis del ’29 habían obligado a interrumpir la convertibilidad del peso argentino. El viejo caudillo Radical, en búsqueda de medios para afrontar la deteriorada economía argentina, envió una comitiva a Inglaterra para negociar la compra de insumos ferroviarios a cambio de las carnes argentinas (Es bueno recordar este negocio, porque sirvió de marco al tan denostado Pacto Roca-Runciman).
La imagen de Yrigoyen se deterioraba a ojos vista. No solo incidía la economía trastabillante por la caída de los precios de los commoditiespor el crack del ’29 (más la sequía que azotó al país) sino que pesaban los múltiples problemas políticos que lo llevaron a intervenir varias provincias (como Mendoza, Corrientes, Santa Fe y San Juan) y afrontar reclamos sindicales, más un aumento de la inflación, y las medidas destinadas a frenar el gasto público.

Hipólito Yrigoyen.
El asesinato del dirigente Carlos Washington Lencinas no asistió a mejorar su imagen, más cuando en las elecciones de 1930 hubo maniobras, que, según la oposición, eran fraudulentas, especialmente en las provincias intervenidas, Mendoza y San Juan.
En las elecciones de la ciudad de Buenos Aires, el Partido Radical salió tercero, detrás del Socialismo.
La oposición en la Cámara de Senadores complicó la votación de las leyes que el gobierno necesitaba para manejar la situación económica.
A todo esto, el deterioro de la salud del presidente no ayudaba en el contexto político, donde los rumores de la senilidad del mandatario crearon el mítico Diario de Yrigoyen, la construcción histórica del entorno del caudillo que lo mantenía con mentiras alejado de la realidad acuciante del país.
Si bien la posibilidad de un golpe era un secreto a voces y algunos miembros del gabinete proponían un drástico accionar para evitar que se concretase, la mayoría de los ministros (como Elpidio González y Horacio Oyhanarte) preferían permanecer ajenos al problema para no irritar los ánimos.
No solo José Félix Uriburu conspiraba, el ex ministro y general, Agustín P. Justo también lo hacía, con la intención de desplazar a Yrigoyen.

José Félix Uriburu y Agustín Pedro Justo.
Las ideas de Uriburu, por su lado, estaban más acordes con la figura de Musolini y la instauración de un gobierno autoritario de corte fascista. Si bien Justo y Uriburu unieron sus fuerzas, la imposición de Justo terminó por evitar el vuelco hacia un régimen nacionalista.
Para agosto la revolución estaba en marcha con el accionar de la Liga Patriótica, manifestaciones estudiantiles y la oposición de varios medios, entre los que se destacaba el discurso del diario Crítica, que en su titular del 3 de septiembre calificaba la situación del país como el de “una bomba a punto de estallar”.
Efectivamente, esa bomba estalló cuando el 4 de septiembre, durante una manifestación se produjo un tiroteo en las vecindades de la Casa Rosada. Un joven murió en la refriega, si bien, éste era un bancario de origen Radical, los medios lo consagraron como un “mártir”, e instaron a vengar “la sangre derramada”.
Yrigoyen se encontraba enfermo, había delegado su cargo en el vice, Enrique Martínez. Aprovechando el descontento popular y la inercia del gobierno, el general Uriburu partió desde Campo de Mayo al frente de un grupo de cadetes que inició un profundo cambio institucional en la Argentina, con la instauración de un partido militar que distorsionó por 50 años la vida democrática del país.
O. L. M. 

viernes, 31 de agosto de 2018

HISTORIAS DE LA PATRIA

El negro Falucho (soldado Antonio Ruíz fusilado en febrero de 1824)


Este hermoso poema, cuyo autor es Rafael Obligado. En este mes de tributo al General José de San Martín, por el aniversario de su fallecimiento, consideramos oportuno compartirlo con nuestros lectores.

La pequeña plazoleta triangular de Fitz Roy, Santa Fe y Luis María Campos, en Palermo. Está allí desde el 23 de mayo de 1923 y es la primera obra íntegramente realizada por artistas argentinos. Hecha en bronce fundido también en talleres argentinos, la obra fue iniciada por Francisco Cafferata (1861-1890), quien se suicidó a los 29 años. La continuó su discípulo Lucio Correa Morales y después de estar instalada un tiempo en el cruce de Florida y Marcelo T. de Alvear, junto a la plaza San Martín, fue trasladada a su actual ubicación. Pero lo más curioso de la obra no es esa imagen heroica de un soldado abrazado a su bandera, sino el personaje al que evoca. Según la historia recopilada por Bartolomé Mitre en su libro sobre San Martín y la emancipación sudamericana, recuerda la heroica gesta de Antonio Ruiz, un soldado negro que había nacido en Buenos Aires y que en el momento del acto que le costó la vida integraba el Regimiento del Río de la Plata, que se encontraba en Perú como parte de la campaña libertadora. Pero lo más curioso de la obra no es esa imagen heroica de un soldado abrazado a su bandera, sino el personaje al que evoca. Según la historia recopilada por Bartolomé Mitre en su libro sobre San Martín y la emancipación sudamericana, recuerda la heroica gesta de Antonio Ruiz, un soldado negro que había nacido en Buenos Aires y que en el momento del acto que le costó la vida integraba el Regimiento del Río de la Plata, que se encontraba en Perú como parte de la campaña libertadora.


Duerme el Callao / ronco son hace del mar la resaca / y en la sombra se destaca / del real Felipe el torreón.
En él está de facción porque alejarle quisieron, un negro de los que fueron con San Martín de los grandes, que en la pampa y en los Andes batallaron y vencieron.
Por la pequeña azotea Falucho, erguido y gentil, echado al hombro el fusil lentamente se pasea. Piensa en la patria, en la aldea donde dejó el hijo amado donde su dueña adorada lo aguarda triste y llorosa y en Buenos Aires, la hermosa que es su pasión de soldado.
Llega del fuerte a su oído, rumor de voces no usadas de bayonetas y espadas agrio y áspero ruido Un ¡Viva España! seguido de un otro ¡Viva Fernando! y está Falucho dudando si dan los gritos que escucha sus compañeros de lucha o si está loco o soñando.
Abierta el ala luciente hacia los mares batía cuando Falucho que ansía dar un viva a su manera izó nervioso a tirones la azul y blanca bandera.
Por mi cuenta te despliego dijo airado, y de esta suerte, si a tus pies está la muerte, a tu sombra muera luego. Nació el sol. Besos de fuego dióla en rayas de carmín. Rodó el mar desde el confín un instante estremecido y en la torre quedó erguido el negro de San Martín.
No bien así desplegados / nuestros colores lucían, / por la escalera subían / tropel los sublevados. / Ven a Falucho y airados / hacia él se precipitan.
¡Baja ese trapo! le gritan ¡y nuestra enseña enarbola! ¡Y es la bandera española a que los criollos agitan!
Dobló Falucho entretanto la oscura faz sin sonrojos y ante aquel crimen sus ojos se estremecieron en llanto. Vencido al punto el quebranto con fiero arranque exclamó: ¿Enarbolar esa yo, cuando está aquella en su puesto? Y un juramento fue el gesto con que el negro dijo: ¡No!
Con un acento glacial en que la muerte predicen, ¡Presenta el arma! le dicen ¡al estandarte real! Rotos por la orden fatal de la obediencia los lazos, alzó el fusil en sus brazos con un rugido de fiera y contra el asta bandera lo hizo de un golpe pedazos.
Ante tamaña insolencia de una acción inesperada la infame turba exitada clamó: ¡Muera el insurgente! y asestados al valiente cuatro fusiles brillaron. ¡Ríndete al Rey! le intimaron mas como el negro exclamó: ¡Viva la Patria y no yo! los cuatro tiros sonaron.
Uno, el más vil, corre y baja el estandarte sagrado que cayó sobre el soldado como gloriosa mortaja. Alegre diana la caja de los traidores batía. El Pacífico gemía melancólico y desierto y en la bandera del muerto nuestro sol resplandecía.

jueves, 21 de junio de 2018

HISTORIA DE NUESTRA PATRIA


Campo 86: en busca de Eva Perón por el cementerio de Milán
En este cementerio de Milán, Evita estuvo sepultada durante años bajo otro nombre
En este cementerio de Milán, Evita estuvo sepultada durante años bajo otro nombre
El siguiente relato fue enviado por Alejo Nicolás Larocca.
Cuando llegamos a la magnífica Milán lo primero que pensamos es en conocer el famoso Duomo, el increíble Palazzo de los Sforza o más aún poder admirar la obra de Leonardo da Vinci, La última cena, en el museo ubicado junto a la iglesia Santa Maria delle Grazie.
Pero pocas veces recordamos que Eva Perón estuvo sepultada en un cementerio de esta ciudad bajo otro nombre durante más de una década.
En mi última visita a esta ciudad italiana me propuse encontrar el lugar donde María Eva Duarte de Perón había estado sepultada o, mejor dicho, escondida durante catorce años. Porque así fue cuando, en 1957, el gobierno militar del momento decidió, con la ayuda de la Iglesia Católica, sacar el cuerpo embalsamado de Eva y llevarlo a un cementerio comunal de la ciudad de Milán.
Un cenotafio marca hoy el lugar donde Eva Perón estuvo sepultada
Un cenotafio marca hoy el lugar donde Eva Perón estuvo sepultada
Obviamente, no se podía colocar una placa con el nombre de la verdadera difunta ya que se temían grandes peregrinaciones y hasta acciones políticas; así que se optó por sepultarla en el Cimitero Maggiore de Milan, ubicado en el barrio de Musocco, bajo el nombre de Maria Maggi de Magistris.
Gracias al Google Map y a mis ganas de estar en ese lugar, que muchos saben que existe, pero que pocos acceden a conocer, decidí emprender mi caminata desde la Estación Central hasta el cementerio recorriendo casi cinco kilometros a pie, disfrutando de cada metro por los barrios de las afueras, más allá del centro.
Arte funerario
La soleada mañana me acompañó durante más de dos horas de andar hasta llegar al magnífico portal del cementerio, desde donde me dirigí al sector de informes para preguntar por el famoso campo 86, fosa 41, lugar de sepultura de Eva, donde hoy se encuentra un pequeño monumento en su honor.
Muy amablemente me dieron una fotocopia con el plano del cementerio y me indicaron cómo llegar, ya sea tomando un colectivo que funciona dentro del cementerio o caminando.
Elegí la segunda opción para admirar durante el paseo las obras de arte realizadas tanto en las tumbas como en las bóvedas que me trasportaban a los cementerios nuestros de la Recoleta, Chacarita y Flores, donde una vez más sentí la gran influencia italiana en nuestra arquitectura funeraria.
Mientras caminaba no podía dejar de admirar la limpieza, el orden y el buen estado con el que cada monumento u obra de arte se mantiene al día, además de la seguridad y calma que se siente al caminar por este inmenso museo abierto o campo santo.
Desde la puerta central, ubicada junto al Viale Certosa, recorrí los quinientos metros en línea recta hacia la Porta Norte. Al estar todo tan impecablemente señalizado encontré enseguida el campo 86. Para mi sorpresa, se trataba de un sector cubierto por un césped maravilloso y sin ninguna tumba alrededor, dándole exclusividad al cenotafio (tumba vacía o monumento funerario erigido en honor de una persona) de Eva.
Santa Evita
In questo luogo, ricivette sepoltora il 13 maggio 1957 La Portabandiera degli Umili Maria Eva Duarte de Peron (En este lugar recibió sepultura el 13 de mayo de 1957 La Abanderada de los Humildes...)
La Placa continúa explicando que el 1° de septiembre de 1971 el cuerpo fue restituido al Presidente Constitucional Argentino Juan Domingo Perón en su residencia Puerta de Hierro, en Madrid.
El cenotafio de Eva fue donado al Cimitero Maggiore por la Fundacion Por La Paz y La Amistad de Los Pueblos de Italia el 26 de julio de 2005.

Al haber leído, más de una vez, la obra de Tomás Eloy Martínez, Santa Evita, fue muy importante para mí conocer en directo una perla poco conocida de la historia de mi país.
Para regresar al centro decidí tomar el tren, caminando hasta la estación de Certosa, donde el servicio local me dejó tres estaciones más tarde en la estación Porta Garibaldi. Un recorrido que aconsejo a todo argentino que decida visitar la magnífica Milán.

miércoles, 7 de marzo de 2018

HISTORIAS DE NUESTRA PATRIA

UNA HISTORIA PARA TENER SIEMPRE PRESENTE
¿Porque son 7 los granaderos que cuidan el mausoleo del Padre de la Patria?
En 1826 regresaban a Buenos Aires los últimos 78 granaderos del Ejército de Los Andes.
Lo hacían después de 10 años sin ver a su familia, cansados, varios enfermos y andrajosos.
Eran verdaderos héroes de la Patria pero nadie salió a recibirlos, nadie los vitoreó en esa entrada que debió ser triunfal.
Como si esto fuera poco, días después, la unidad fue disuelta por el presidente Rivadavia y su personal distribuido entre los diferentes cuerpos del ejército.
54 años mas tarde, el 28 de mayo de 1880, llegaban a Buenos Aires, a bordo del vapor Villarino, los restos del Gral. José de San Martin. 

Los últimos 7 Granaderos a Caballo que aun vivían, viejos ya, por su propia cuenta y determinación se reunieron. Vestidos con los restos de sus antiguos uniformes, marcharon a caballo al puerto a recibir a su jefe, escoltaron el féretro hasta la catedral y allí montaron guardia a la entrada del mausoleo durante toda la noche, al amanecer se despidieron y se perdieron en la historia.
Pasaron otros 23 años y el 29 de mayo de 1903 el presidente Roca firmó el decreto que determinó la recreación del Regimiento de Granaderos a Caballo sobre la base del mejor regimiento de caballería de línea, usando como uniforme de parada el histórico que diseñara el Gral. San Martin.

Cuatro años mas tarde, el presidente Figueroa Alcorta designa a este cuerpo como Escolta Presidencial y desde entonces, cada mañana, puede verse a un grupo de 7 granaderos marchar desde la casa de gobierno a la Catedral de Buenos Aires, donde dos de ellos quedan montando guardia a la entrada del mausoleo del Padre de la Patria. Cada dos horas regresan los otros cinco y se efectúa el cambio de guardia, hasta el final del día en que los 7 regresan a la Casa Rosada.
Así, cada día hábil, bajo el sol o la lluvia, los 7 granaderos custodian los restos de su jefe. La pregunta es: ¿Por qué siete?. ¿Por que no 10 ó 12?. La respuesta no reviste demasiados cuestionamientos. Es en memoria de aquellos últimos 7 granaderos.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

BELLÍSIMOS EDIFICIOS DE BUENOS AIRES


Un edificio que primero fue un gran palacio
Fue construido por los arquitectos Bassett Smith y Hawkins Collcutt
La historia de la embajada británica en la Argentina está íntimamente ligada a la vida de la familia Madero Unzué y a las celebridades mundiales que la visitaron, explicó el arquitecto Jorge Tartarini, autor del libro Residencia británica, 1917-2017.
A fines del siglo XIX se casaron en Buenos Aires Carlos María Madero y Sara Unzué Baudrix, fieles representantes de la high society porteña de aquel entonces. Integrantes de estas dos familias habían participado de gobiernos locales y eran poseedores de vastas extensiones de tierras y numerosos establecimientos ganaderos. Para el proyecto de su futura residencia, Madero contrató a los arquitectos Walter B. Bassett Smith y Bertie Hawkins Collcutt, autores de importantes obras en Mar del Plata, Hurlingham y Temperley, y también en Uruguay. La intención fue construir un hôtel particulier que albergara a su familia, tanto a los hijos solteros como casados.
La residencia fue inaugurada en 1917 pero sin festejos especiales, porque aún se estaba viviendo la Primera Guerra Mundial. Posteriormente, fue el punto de reunión con personalidades destacadas como el presidente Marcelo T. de Alvear, amigo personal del dueño de casa.
Desde 1947, ya establecida como residencia diplomática, recibió a representantes de diversos sectores del gobierno británico, entre ellos al príncipe Felipe, duque de Edimburgo, esposo de la reina Isabel II.
Durante la guerra de Malvinas, con la suspensión en 1982 de las relaciones diplomáticas, pasó a desempeñar funciones en la residencia el consejero David Joy, jefe de la Sección de Intereses Británicos de la Embajada de Suiza. Las relaciones se reanudaron en 1990, y el edificio recuperó su función original.
Anteayer, el embajador británico Mark Kent ofreció un cóctel para celebrar los 100 años de la residencia en Buenos Aires. Entre los invitados se vieron a Martín Lousteau, Jorge Asís, Américo Castilla, Daniel Sabsay, Martín Cabales y Guillermo Stanley.
Embajada británica: un ícono porteño que cumplió 100 años
La residencia, ubicada en Recoleta, está catalogada como Monumento Histórico Nacional; las anécdotas que esconde
"La princesa Diana nos impactó a todos: era muy simpática. Estuvo varios días en la residencia. Le gustaba mucho disfrutar del jardín y de la pileta. Me comentó que nunca había visto un cielo tan celeste como el de aquí. Le gustaba caminar por estos jardines". El que habla sobre aquella visita de Lady Di a la Argentina, en 1995, es el mayordomo Samuel Victoria, un engranaje del funcionamiento de un edificio emblemático de Buenos Aires, un monumento histórico nacional: la residencia de la embajada británica que, anteayer, cumplió 100 años.
La construcción, además de haber albergado a celebridades como los integrantes de los Rolling Stones y el músico Roger Waters, es uno de los edificios mejor conservados de la Capital. De hecho, el ex palacio Madero Unzué es uno de los pocos exponentes del estilo eduardiano en el país. Una obra de líneas simples, que está rodeada por una barranca con vista a la Avenida del Libertador. Es la actual vivienda del embajador Mark Kent, ubicada en la zona más exclusiva de Recoleta, La Isla, un micromundo de calles cortadas, con diagonales y escaleras con reminiscencias parisinas.
La embajada como tal funciona en un edifico anexo, en Luis Agote 2412 , mientras que la residencia se ubica en Gelly y Obes 2333. Es un complejo con pileta, solárium y cancha de tenis, en un típico jardín inglés, que tiene una superficie total de 7000 metros cuadrados.
En los 3500 metros cuadrados de la residencia, basada en el modelo de hôtel particulierfrancés, hay cuatro plantas.
"El edificio contiene una selección de obras de arte y mobiliario de época perteneciente a la colección del gobierno británico, entre ellas piezas prestadas por el Museo Victoria & Albert de Londres. Esto fue complementado con obras traídas de las sedes anteriores de la residencia en Buenos Aires. Así se fue conformando una de las colecciones más importantes de mobiliario inglés de la ciudad, con piezas de arte que van desde el siglo XVII hasta el XX", explicó, en un recorrido por el edificio, el arquitecto Jorge Tartarini, autor del libro Residencia británica, 1917-2017.
"Es un verdadero placer ser el inquilino de turno de una de las joyas arquitectónicas de Buenos Aires. Pero debo aclarar que es también una gran responsabilidad. Vivo en un edificio que está catalogado como Monumento Histórico Nacional y todo el equipo de la embajada es muy consciente de lo importante que es mantenerla y preservarla para las generaciones futuras", dijo Kent.
Victoria, el mayordomo de la residencia, contó: "Estuve junto a todos los embajadores ingleses que pasaron por Buenos Aires y sus familias. Mis tareas van desde acercarles a los funcionarios los papeles con los discursos que deberán leer hasta ayudarlos en las tareas cotidianas. Con todos ellos he tenido y tengo un trato cercano. No es verdad eso que dicen que los ingleses son fríos".
Victoria llegó a la ciudad desde su Tucumán natal para trabajar como personal de seguridad, pero al poco tiempo, debido a su trato respetuoso y amable, empezó a desempeñarse como mayordomo. Una tarea que realiza desde hace 30 años.
Con orgullo, también recordó haber tenido contacto con otros miembros de la familia real, como el príncipe Carlos cuando visitó la Argentina en 1999. "Le gustó mucho la arquitectura de la casa y también los espacios verdes, en donde plantó un ceibo e inauguró un jardín orgánico, cuyas especias seguimos usando en nuestra cocina. A solicitud del príncipe, tuve el privilegio de atenderlo personalmente, a pesar de haber viajado hasta aquí con sus propios mayordomos", contó. Pero además recibió al príncipe Harry, hijo menor de Carlos y Diana. "Él también quedó impactado con nuestro buen clima en comparación con el lluvioso de Londres", agregó.
La ciudad cuenta con varias embajadas que originalmente fueron palacios y que fueron adquiridas por el Estado: el Pereda (embajada de Brasil), el Ortiz Basualdo (Francia), el Alvear (Italia) y la residencia Acevedo (Arabia Saudita).
El edificio fue proyectado por los arquitectos e ingenieros británicos residentes en nuestro país, Walter Bassett Smith y Bertie Hawkins Collcutt, autores de numerosas construcciones en el país, como templos, bancos y estancias, entre otras.
La familia Madero Unzué vivió allí desde 1917 hasta 1945, cuando el gobierno británico decidió su adquisición. La zona, ubicada en los terrenos de la antigua Quinta de Hale Pearson, próxima a la Biblioteca Nacional, es un rincón elevado que cuenta con la particularidad de tener escalinatas, fuentes, y monumentos.
V. M 

lunes, 27 de noviembre de 2017

HISTORIAS DE NUESTRA PATRIA


EL MANCO DE CURUPAYTÍ
A las 8 de la mañana de ese 22 de septiembre de 1866, la flota imperial brasilera compuesta por 16 barcos entre acorazados y naves menores, inició desde el río Paraguay un intenso cañoneo sobre el fuerte de Curupaytí. La marina de Brasil debía realizar un bombardeo de desgaste sobre el objetivo, seguido del ataque por tierra del ejército argentino apoyado por fuerzas brasileras. La estrategia era tomar por asalto el bastión paraguayo. La táctica parecía relativamente simple, la práctica demostró la impericia y torpeza del general Bartolomé Mitre, comandante de las fuerzas de la Triple Alianza.

Vista del fuerte de Curupaytí según Cándido López. Barreras de plantas espinosas y fosos hacían imposible que las fuerzas argentinas pudieran atravesarlo, siendo fáciles blancos para los paraguayos.
Mitre distaba de ser un estratega apto para el difícil cargo que había asumido. Incapaz de evaluar las condiciones del terreno y el desplazamiento de sus fuerzas en zona descampada al fuego de un enemigo oculto y parapetado, estaba dispuesto a lanzar varias columnas de asalto una vez que el almirante Tamandaré cesara el fuego de su flota.
Durante el bombardeo naval el comandante paraguayo hizo incendiar parvas de pasto seco que produjeron una densa cortina de humo e hicieron imposible a los artilleros de los barcos realizar un bombardeo de mayor precisión. Esto determinó que al mediodía cuando Tamandaré ordenó el cese del fuego, la fortaleza de Curupaytí permaneciera intacta.
Entonces llegó el momento del ataque terrestre y cuatro columnas con miles de soldados se dirigieron hacia el fuerte. Probablemente este ataque quede en los anales como el peor ejemplo entre las tácticas de guerra. El terreno estaba anegado y pantanoso debido a tres días previos de intensas lluvias, los soldados avanzaban lentamente hundiéndose en el barro, tropezando y en algunas partes con el agua cerca de la cintura. Pronto estuvieron a tiro de la artillería paraguaya que comenzó a diezmarlos, mientras que las avanzadas patriotas jamás alcanzaron a ver al enemigo parapetado y perfectamente camuflado.

Batalla de Curupaytí por Cándido López. Las fuerzas de la Triple Alianza fueron lanzadas a tomar el fuerte. Debieron atravesar un extenso espacio pantanoso bajo intenso fuego enemigo. Ningún soldado pudo alcanzar las defensas paraguayas. Museo Nacional de Bellas Artes.
Cándido López formaba parte de la tercera columna de asalto a Curupaytí, se había incorporado a las fuerzas de la Triple Alianza atraído por la proclama de falso triunfalismo y disparatada de Mitre: “En veinticuatro horas en los cuarteles. En tres semanas en la frontera. ¡En tres meses en Asunción!”. Pero la guerra duraría 5 largos años.
A López le habían otorgado el grado de teniente segundo, pero él, como otros miles que se enrolaron, no era militar, amaba el arte y se había dedicado a la pintura y trabajaba como retratista. Era el único soldado que llevaba en su mochila elementos para dibujar, porque se había propuesto recrear las escenas de la guerra.
Es probable que mientras avanzaba penosamente a través de los pantanos y bajo fuego enemigo, estaría maldiciendo el momento en que se incorporó a las filas. Súbitamente sintió un terrible dolor en la mano derecha y al mirarla comprobó que una esquirla de cañón se la había destrozado. Se sentó al pie de un tronco y con un pañuelo comenzó a vendarse la herida. De regreso al campamento aliado los cirujanos le amputaron la mano antes de que se gangrenara.
Al anochecer, cuando terminó el enfrentamiento, en el escenario quedaron los cuerpos de cuatro mil soldados argentinos y brasileros, mientras que del lado paraguayo hubo solo 90 bajas. La batalla de Curupaytí fue el peor desastre que sufrió la Triple Alianza y Mitre tomó la sabia decisión de delegar el mando y retirarse a Buenos Aires, donde se dedicó a lo que mejor sabía hacer: las intrigas y enredos políticos. La Nación, su diario, se encargó de ocultar para las generaciones venideras aquella derrota. Por el contrario ensalzó la figura de Mitre que logró derrotar al tirano paraguayo Francisco Solano López.
Una vez que el muñón cicatrizó, proceso que le llevó semanas de angustia y dolor, Cándido López comenzó a ejercitar su mano izquierda. Se había determinado que la pérdida de la otra, no iba a impedirle proseguir con su mayor placer: la pintura. También se había propuesto recrear los escenarios de las batallas, los campamentos, el cruce de los ríos por la tropa y cuanto detalle había quedado fijado en su prodigiosa memoria.

Cándido López (1840-1902). Autorretrato
Con tesón y perseverancia adiestró la mano hasta que logró la misma habilidad que había tenido con la derecha y su primer cuadro bien elaborado fue “Rancho en que vivía el Dr. Lucio del Castillo en el campamento de Tuyutí”. Se lo obsequió a su médico y actualmente se encuentra en el Museo Enrique Udaondo de Luján.
En 1872 se casó con Emilia Magallanes con quien tuvo doce hijos y para mantener a esta extensa prole trabajó como puestero en las distintas estancias de la familia de su esposa en San Antonio de Areco y Baradero.
En 1885 decidió exhibir sus 29 óleos de la guerra del Paraguay y allí, la comisión de arte designada para evaluar su obra dictaminó que: “…además de sus buenas condiciones artísticas tienen un elevado e indisputable valor histórico”.
A partir de entonces, Cándido López inició una larga y fatigosa gestión para que el Estado argentino le comprara sus obras. Hasta que el 22 de septiembre de 1887 se autorizó al Poder Ejecutivo a pagar la suma de once mil pesos por la adquisición de los veintinueve óleos.
Sus pinturas han sido consultadas por historiadores, escuelas de guerra y analistas del conflicto de la Triple Alianza, debido a que tienen valor documental y sus títulos mencionan las fechas de los acontecimientos. En sus obras predomina la visión aérea a fin de obtener una mayor profundidad de la perspectiva. Volcó en los lienzos todo lo que vio, sin que nada escapara al campo visual de sus observaciones, reconstruyendo los hechos hasta en los detalles más insignificantes. Los momentos de las batallas, los desembarcos y los desplazamientos terrestres de los soldados, están desplegados en formatos horizontales en una proporción de uno a tres que permite abarcar varios escenarios.
Cada vez que tengo oportunidad de visitar el Museo Nacional de Bellas Artes, ingreso siempre en la sala donde, desde 1968, fueron incorporados como exhibición estable los cuadros de la guerra de Cándido López. Siempre encuentro detalles nuevos y cuando miro los pequeños lienzos, cierro los ojos, me traslado en el tiempo y me introduzco en aquellas escenas.
Se dice que el verdadero artista es aquel que logra mantener intacta la emoción original, para revivirla después, cualquiera sea el lapso que la distancia temporal tenga, y recrearla con la misma intensidad. Cándido López era uno de esos.

Helena Menini. Cuando la historia se convierte en arte. Cándido López. Fratelli Menini Art. 20/01/2011.
Cándido Lopez y Curupayty
https://www.bellasartes.gob.ar/coleccion/obra/7122
Relato de CL sobre la batalla
http://www.lagazeta.com.ar/candidolopez.htm
María Luque La mano del pintor.
Candido Lopez biografía
http://cvaa.com.ar/03biografias/lopez_candido.php
Detalles de la técnica
https://www.artexpertswebsite.com/es/artistas/lopez.php
Batalla de Curupayty
https://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Curupayt%C3%AD
R. E. M. 

viernes, 3 de noviembre de 2017

CONOCER LO INTERESANTE DE LA MANO DEL PROF. LAZZARI





Un té con nuestra historia
“Amores conocidos (y no tanto) de los Presidentes Argentinos”. Sábado 11 de noviembre en el Centro Naval, Av. Córdoba 599 (esq. Florida). ¡Ya se encuentra abierta la inscripción!
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¡Actividades de este fin de semana!

Sábado 4 de Noviembre, 12 y 16 hs. Visitas Guiadas al Centro Naval
Un recorrido extraordinario por el edificio de arquitectura francesa más bello de Buenos Aires. Sin reserva previa.
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Domingo 5 de Noviembre, 16 hs. Grandes Presidentes Argentinos en Recoleta
Visita guiada al Cementerio de la Recoleta. A cargo del historiador Eduardo Lazzari. Encuentro a las 15:30 hs.
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Domingo 5 de Noviembre, de 12 a 20 hs. Visitas Guiadas al Palacio Barolo
Un encuentro fascinante con el edificio más emblemático de Buenos Aires. Sus historias, sus espacios y sus curiosidades.
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Eduardo Lazzari en TN. Todos los domingos de 18 a 20 hs.
Todos los domingos de 18 a 20 hs. comentando sobre distintos temas en el programa emitido por el canal de noticias.
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Todos los miércoles, 19.30 hs. "Maravillas Porteñas". Canal de la Ciudad
También podrás ver su repetición, los viernes a las 12 hs y los sábados a las 14.30 hs, siempre en el Canal de la Ciudad.
Más info →
Eduardo Lazzari - El Historiador de Buenos Aires
011-4382-9989
 www.eduardolazzari.com.ar



jueves, 19 de octubre de 2017

HISTORIA DE NUESTRA PATRIA


El muerto que resucitó y embarazó a su viuda
Alfredo, hoy te voy a contar una historia apasionante, emocionante, esas historias que ocurren en circunstancias extremas, como es la guerra. Josefa Valle estaba casada con José María Salvadores, un primo de Mariano Moreno.

José María tenía doce hermanos y todos tuvieron una participación destacada en los conflictos político-militares de la época. Idealistas fervientes, los Salvadores estaban dispuestos a defender sus principios hasta con la vida. Tanto así, que seis de los hermanos murieron en la lucha por la Independencia en los campos de batalla de Chacabuco, Cancha Rayada y Maipú.
Viendo el fatídico destino de los Salvadores, Josefa accedió a casarse sólo si el hombre le prometía que renunciaría a la lucha. A sus diecinueve años, ella quería marido para rato. El hombre, que estaba realmente enamorado, accedió con resignación.
El matrimonio vivía el apasionado romance típico de los primeros tiempos; José María era funcionario y trabajaba en su despacho. Cuando al atardecer volvía a su casa, con el ímpetu de los jóvenes amantes, se abalanzaba sobre su pulposa mujer y, antes de que cayera la noche, ya estaban revolcándose entre las cobijas.
Todo transcurría en calma, hasta que Juan Manuel de Rosas se entronizó en el poder. Familia de reconocidos ideales unitarios, los Salvadores de pronto estaban en problemas. Los hermanos que sobrevivieron a las luchas independentistas, caían ahora combatiendo en el nuevo escenario: uno fue fusilado en Santos Lugares; otro murió peleando junto al general Paz y el último perdió la vida bajo las balas rosistas en Mendoza.
Sólo quedaba José María, quien fiel a la promesa que le hiciera a su mujer, asistía con espanto al exterminio de su familia.Y claro, ambos sabían que, más tarde o más temprano, la temible Mazorca iba a venir por él también. De manera que, ante tan sombrío panorama planeó fugarse al Uruguay. El 3 de mayo de 1840 José María Salvadores, junto con otros compañeros de lucha, pusieron en práctica el plan: fueron hasta un muelle de la Rivera de las Barracas de San Telmo, pero, en el mismo momento en que estaban por abordar el vapor rumbo a Montevideo, fueron interceptados por un escuadrón de la Mazorca: habían sido delatados.
El grupo fue salvajemente atacado y sus integrantes murieron degollados por la partida rosista. Los cadáveres fueron abandonados a la orilla del río para que quedara claro cuál era el destino de los opositores. Josefa Valle recibió la noticia de la muerte de su marido con una mezcla de desconsuelo e incredulidad.
A la medianoche, la mujer escuchó con pánico que alguien llamaba a la puerta; segura de que ahora venían por ella, abrió con resignación: sin su marido no valía la pena seguir viviendo. Pero… en el momento en que extendía sus brazos para entregarse, descubrió que quien estaba ahí parado, herido, tembloroso y casi sin poder sostenerse, era su esposo.
José María se había hecho pasar por muerto y, cuando los atacantes se fueron, se escondió en una barraca hasta que oscureció. Bien entrada la noche, partió furtivamente de regreso a su casa.
Si todo el mundo estaba convencido de su muerte, razonaron, mejor sería que siguieran creyéndolo muerto y así podrían continuar viviendo juntos. Esa misma noche, Josefa acondicionó el sótano de la casa convirtiéndolo en una acogedora y pequeña vivienda, guardó riguroso luto y a partir de entonces comenzó a interpretar la parodia de la viuda. Celosa como era, Josefa ahora tenía a su marido sólo para ella.. El secreto y la clandestinidad agregaban condimento a la relación.
Todos ignoraban que la mujer llevaba una peculiar doble vida. Como ahora la casa le quedaba grande, Josefa aprovechó el salón que daba a la calle para poner una sastrería y zapatería. Los clientes, cada vez más numerosos, veían con admiración cómo la mujer se daba maña para afrontar sola semejante trabajo. Nadie sabía que el “difunto”, oculto en el subsuelo, hacía la mitad de la tarea. La viuda y el muerto eran un matrimonio feliz, hasta que sucedió lo previsible: Josefa quedó embarazada.
Los vecinos notaban con estupor cómo el vientre de la mujer, que todavía guardaba luto, crecía día tras día. La respetable viudita se convirtió, de pronto, en una traidora de la memoria de su pobre esposo. Muchos le retiraron el saludo. Ella se refugiaba en el silencio, sin dar explicaciones.
La “viuda” crió a su hijo “sola” y llevó su indecorosa maternidad con orgullo. Prefería perder la reputación a que las huestes de Rosas descubrieran el secreto. Mientras tanto, entre pilas de zapatos y trajes para remendar, Josefa y José María continuaban con su romance clandestino.
Así llegó… ¡el segundo embarazo! La indignación de los vecinos empezaba a poner en riesgo el negocio: en castigo por su deshonra, a Josefa cada vez le llegaba menos trabajo. La tienda iba a la ruina cuando, providencialmente, llegó la batalla de Caseros y, por fin, cayó el gobierno de Juan Manuel de Rosas.
Todo el barrio salió a festejar; uno de los primeros y, tal vez el que más motivos tenía para celebrar, fue el difunto José María Salvadores, que salió corriendo escaleras arriba rumbo a la calle. La gente, alelada, miraba cómo el muerto, pálido y con el aspecto de ultratumba que le conferían los doce años de ocultamiento en el sótano, gritaba festejando la caída de Rosas. Josefa corrió junto a su esposo; elevó los ojos al cielo y alzando los brazos clamó: -¡Milagro, milagro!