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lunes, 4 de marzo de 2024

HISTORIA DE VIDA




“¿Los adoptarías?”. El mensaje viral de WhatsApp que cambió la vida del director de Google y lo llevó a formar una familia
Víctor Manuel Valle, director general de Google Argentina y su señora María Madero, en el living de su casa
Víctor Manuel Valle y María Madero cuentan cómo lograron cumplir su sueño de tener una familia numerosa: “Nos había pegado la frase de ‘dale la posibilidad a un grupo de hermanos de crecer juntos’, eso nos explotó la cabeza”, aseguran
Constanza Bengochea
Su carrera siempre fue ascenso, a puro vértigo. A los 36 años se convirtió en el primer empleado de Google en la Argentina y, luego de recorrer media docena de cargos, hoy es el número uno de la compañía en el país. “Country Managing Director”, dice su tarjeta de presentación. Sin embargo, en medio de semejante vorágine, Víctor Manuel Valle (53) descubrió que había relegado su vida sentimental e iba camino a convertirse en “el solterón de la familia”. Cada vez parecía más lejano, fuera de su alcance, el sueño de formar una familia. ¿Era el precio que debía pagar por su éxito profesional? Sin embargo, ya pasados los 40, conoció al amor de su vida: María Madero.
Tras un breve noviazgo, de un año y medio, se casaron. Y se concentraron en concretar el sueño, ahora compartido, de formar una familia. “Pero no tuvimos éxito”, dirán más adelante. Fue entonces cuando un mensaje viral de WhatsApp los impulsó a tomar una decisión que cambiaría sus vidas para siempre.
Víctor actualmente es el CEO de Google Argentina

“Este trabajo no me lo puedo perder”
Víctor Manuel Valle se recibió de Administrador de Empresas y Contador en la Universidad Católica Argentina. Luego hizo un MBA en el IAE y completó otros cursos que definieron su formación académica. Trabajaba como CFO en Sony cuando, en abril de 2006, recibió un mensaje que los sorprendió.
“Siempre digo que me cayó del cielo, que entré a Google de casualidad. Yo estaba tranquilo en Sony cuando recibí un mail que decía que tenía un mensaje en Linkedin. En ese momento, muy poca gente usaba Linkedin. De hecho, yo me había sumado a esa red porque un amigo que había emigrado a Europa me mandó la invitación. Apenas había puesto lo básico, unos pocos datos sobre mi carrera, no le había dedicado mucho tiempo a mi perfil. Ni siquiera recordaba la clave para entrar, así que tuve que recuperarla. Lo veía como algo irrelevante, y hoy entiendo que no podés no estar”, cuenta Víctor.
-¿Qué decía el mensaje?
-Me contactaban de Google porque estaban buscando a una persona para abrir su oficina en la Argentina. Y me invitaban, en el caso de estar interesado, a que les enviase mi currículum.
-Y lo enviaste.
-Yo soy muy curioso y lo primero que hice fue investigar más sobre la empresa. Y quedé maravillado. Me acuerdo que le pregunté a mi equipo de trabajo ‘¿saben cuánto vale Google?’ En ese tiempo valía 90 mil millones de dólares y me parecía increíble. ¡Hoy vale casi dos trillones de dólares! Ese dato es importe porque el valor empresa es un reflejo de lo que la empresa es. Investigué mucho. El mundo del Internet y la tecnología me atraían muchísimo y concluí que no podía perderme ese trabajo.
-¿Qué pasó después?
-Me preparé para las entrevistas. En ese momento era muy común tener muchas, una tras otra. Conozco gente que llegó a tener 20 entrevistas... ¡Una barbaridad! Ahora no es así, nos dimos cuenta de que no tiene sentido tener tantas y las redujimos. Pero fue un proceso largo, siempre había una entrevista más... Tuve 13 en total, todas fueron por teléfono o videollamada, salvo la última: vino una persona de los Estados Unidos a conocerme. En agosto de ese año me dijeron “quedaste vos”. Entré como CFO, director financiero para la Argentina, y enseguida se amplió para Hispanoamérica.
Víctor Valle en su primer día de trabajo en Google Argentina
-¿Cómo fue el proceso de fundar Google en Argentina?
-El 11 de septiembre de 2006 empecé mi trabajo en los headquarters de Mountain View, en California, Estados Unidos, con el fin de entender el plan de Google para la región. Éramos un grupo de 100 personas de distintos lugares del mundo que fuimos a conocer la empresa. Estuve allí 15 días y lo que más me sorprendió fue que el primer día se sentó a mi lado un ingeniero que tenía 70 años y lo habían contratado. Eso me impactó, me pareció muy lindo ver que la gente que me rodeaba era muy diversa: algunos venían de la política, otros de un palo más técnico y otros habían estudiado negocios. Cuando regresé alquilamos una oficina en el edificio donde estaba  en Bouchard, en el piso 20. Empecé solo, hasta que se formó el equipo. Fue una etapa muy entretenida. Hoy somos alrededor de 350 personas las que trabajamos en Google Argentina.
Victor junto a los primer "googlers" de Argentina
“Pintaba para ser el tío soltero”
Durante aquellos años fundacionales, Víctor Manuel Valle se concentró en el desarrollo de la empresa. “Tenía 42 años y pintaba para ser el tío soltero. Mi caso estaba más allá del bien y del mal [risas]. Lo más curioso es que yo estaba seguro de que quería casarme y formar una familia, pero no se había dado hasta ese momento... ¡Tenía que aparecer María!”, dice.
-¿Cómo se conocieron?
-María es prima de la mujer de un muy amigo mío. Un día ella me dijo que tenía alguien para presentarme. Me dio su teléfono y la llamé. Fui directo. Por suerte, no era la época de las apps de citas, zafé porque no sé cómo hubiese hecho. En la primera salida fuimos a ver a un primo mío que toca jazz y fue un papelón porque estaba toda la familia. Cuando me vieron todos pusieron muy contentos [risas].
-Sin quererlo, hubo presentación familiar en la primera cita.
-Sí (ríe). De María me enamoró su mirada, que es muy profunda y me trasmite mucha paz. Es una mujer inteligente y divertida. Empezamos a salir y al año y pico nos casamos, el 17 de mayo de 2014.
María Madero es pintora y profesora de Bellas Artes. “Tuvo un emprendimiento muy exitoso, La Dulce Compañía, una santería infantil que fue muy innovadora, con un estilo bien latinoamericano... Pero cuando adoptamos a los chicos decidió dejar”, explica Víctor. Ella, que está sentada a su lado, asiente.
Victor Valle y María Madero se casaron el 17 de mayo de 2014
-¿Cómo surgió la idea de adoptar un grupo de hermanos?
-Con María nos casamos grandes, conscientes de nuestra edad: ella tenía 44 años y yo 43. Durante un tiempo intentamos convertirnos en padres, pero no tuvimos éxito. Para mí ser papá siempre fue un sueño, me encantan los niños. De joven, en Acción Católica, dirigí grupos de chicos... El deseo de ser padres estaba, pero también hay que aceptar que a veces no se puede. Soy muy creyente y empecé a rezar todos los días pidiéndole a Dios por un hijo. Muy intensamente. También le pedía que si no tenía que ser, me ayudase a aceptarlo. No quería vivir lamentándome. La adopción nunca había sido un plan B, yo tenía un montón de prejuicios...
-¿Qué te hizo cambiar de idea?
-Yo siempre estoy abierto a lo que la vida me trae. Un día de marzo de 2017 recibí un mensaje en el celular, de esos virales, que decía que un juzgado estaba buscando una familia para cinco hermanitos. Nosotros no estábamos en lista de adopción, ni siquiera era un tema que estaba en la mesa. Pero cuando vi el mensaje pensé “esto es para mí, yo quiero ser el papá de esos chicos”. Lo sentí como una verdad profunda. Pensaba hablarlo luego con María, pero a los 45 minutos recibí un mensaje de ella, que había recibido por otro lado el mismo WhatsApp y me lo reenviaba con la pregunta “¿los adoptarías?”. Yo le contesté: “Sí, tiene sus pros y contras”
-Un análisis racional de la situación.
-Es que ese es mi enfoque para todo. En Google cuando llegan estas noticias de cambios organizacionales siempre hago un documento y analizo los pros y contras.
-Entiendo que el resultado del análisis, en el caso de la adopción, fue favorable.
-Hay una frase que dice que “cuando el alumno está listo aparece el maestro”. Bueno en nuestro caso fue así, cuando estuvimos listos apareció la adopción. Pensamos: ‘Vamos a jugárnosla y que sea lo que Dios quiera’. También nos animamos porque María se crió en una familia numerosa, de doce hermanos, y sabe lidiar con eso.
“Ese día nos cambió la vida”
Pocos días después de recibir el mensaje viral, todavía corría el mes de marzo, María y Víctor fueron al juzgado. Estaban decididos: “Queríamos adoptar a esos cinco hermanitos, pero no pudimos hacerlo porque no habíamos presentado la documentación necesaria. Aprovechamos los días de Semana Santa para completar todos los papeles y el lunes, después del Domingo de Pascua, presentamos nuestro legajo. A los 15 días nos llamaron del juzgado y en septiembre nuestros hijos estaban con nosotros”, explica.
-Fue muy rápido, en menos de un año.
Víctor: -Es que muy pocos se anotan para adoptar a un grupo de hermanos. Nosotros pusimos que estábamos dispuestos “hasta cinco hermanos”. En el juzgado nos repreguntaron varias veces si estábamos seguros.
María: -Pero nos había pegado la frase de “dale la posibilidad a un grupo de hermanos de crecer juntos”. Eso nos explotó la cabeza. Y nosotros podíamos dar esa posibilidad, porque teníamos la edad, la madurez, las ganas, la posibilidad de hacer frente a esa situación. Nosotros tuvimos la suerte de recibir mucho y, tal vez por eso, sentíamos que teníamos mucho para dar.
-Presentaron el legajo e ingresaron al sistema, ¿qué pasó luego?
María: -Cuando nos dieron el alta en el registro, a la semana siguiente, nos acribillaron a llamados. Fue abrumador. Muchos de los llamados eran por uno o dos niños, y nosotros les decíamos que nos habíamos anotado para un grupo, que no nos desperdicien, porque no todo el mundo se anota para grupo.
Víctor: -Un viernes nos llamaron para ofrecernos un grupo de cinco hermanos y nos asustamos por la rapidez. Con una excusa tonta dijimos que no. Pero nos quedamos mal y ese fin de semana acordamos que al próximo grupo le íbamos a decir que sí. El lunes nos llamaron por cuatro hermanos. En ese momento, los dos tuvimos la sensación de que eran ellos.
Los Valle Madero cuentan que la adopción tiene varios pasos: “Primero tiene que salir la adoptabilidad del niño. Para eso tienen que ver si alguien en su familia biológica quiere al niño. Luego comienza la vinculación con los adoptantes, le siguen la guarda y, finalmente, la adopción”, asegura Víctor.
En junio de 2017, María y Víctor se presentaron en el juzgado para comenzar el proceso de adopción de cuatro hermanos que tenían entre 5 y 10 años. “Ellos estuvieron tres años en el sistema. Parece mucho, pero para la realidad del sistema fue rapidísimo. Hay chicos que están mucho más tiempo esperando una familia que los adopte. En el juzgado te cuentan las historias de los chicos, que suelen ser muy duras. Ellos vienen con una vida que arrancó antes de conocernos a nosotros y nosotros tenemos que adoptarla y valorarla”, dice María.
-¿Cómo fue el primer encuentro?
Víctor: -Ese día nos cambió la vida. Fuimos a verlos al hogar donde estaban y cuando María tocó el timbre...
María: -(interrumpe) Empezamos una nueva etapa como padres. Recuerdo que fue uno de los chicos el que abrió la puerta con una sonrisa de oreja a oreja y la más chiquita vino corriendo hacía mí y me abrazó muy fuerte, no me soltaba... fue muy emocionante. Durante nuestra primera visita ellos estaban contentos pero serios, no sonreían. Es de libro, pero tenían mucho temor al abandono.
Hace seis años, Víctor y María adoptaron cuatro hermanitos para darles la posibilidad de crecer juntos
-Imagino que no debe haber sido sencillo generar el vínculo.
Víctor: -Hubo un período de prueba que nos llevaron al límite de nuestra capacidad emocional.
María: -La maternidad se construye. De a poco, me convertí en su mamá. De los dos lados había que hacer un esfuerzo. Por suerte contamos con el acompañamiento del equipo del juzgado y la psicóloga.
-¿Alguna vez dudaron de poder lograrlo?
Víctor: -Al principio ellos manifestaban en su vínculo con nosotros el enojo que traían. Es lo usual que sucede en estos casos porque los chicos vienen de procesos muy demandantes para ellos, y uno se adapta a ese enojo y no se da cuenta. Cuando vinieron a vivir con nosotros, hicimos un encuentro con toda la familia, había muchos primitos de su misma edad y nos dimos cuenta de lo enojados que ellos estaban y de lo lejos que nosotros estábamos de tener niños con una afectividad sana.
María: -Ese día Víctor se levantó y se fue a llorar al baño.
Víctor: -Me sentía muy mal, muy angustiado. Nos parecía que la situación era irremontable.
-¿Y cómo salieron adelante?
María: -Pedimos ayuda y trabajamos en el día a día. Había mucho que organizar, además de las emociones: desde las vacunas hasta el proceso escolar, porque llegaron a casa y a los 15 días empezaron el colegio. ¡De la noche a la mañana estaba en cuatro chats de mamis! [risas]
-Comentaban que la paternidad se construye, ¿cómo es eso?
Víctor: -La paternidad adoptiva es una paternidad terapéutica: sabés que tenés una herida que restaurar. Un niño que es adoptado se mira en el espejo y está fragmentado, trata de juntar pedazos para armar una imagen pero lleva un tiempo obtener una imagen nítida, sin rajaduras. Durante mucho tiempo, como familia nos mirábamos al espejo y veíamos esas rajaduras, algo que aún no fluía. Nos vino muy bien la pandemia para reforzar los vínculos.
María: -Hoy siento que los parí... [risas] que los parí de la cabeza y con el alma porque no siempre fue fácil. Después de un tiempo, en unas vacaciones, de repente sentí que estaba todo bien, que funcionaba. Que teníamos unos hijos increíbles, valientes y que, a pesar de todo lo que habían pasado, mantenían un lazo muy fuerte entre ellos como hermanos.
Víctor Valle junto a sus hijos, los cuatro hermanos que con su mujer adoptaron en 2017

Víctor: -Hubo momentos muy difíciles. Uno de mis hijos, cuando no le gustaba o dudaba de mi respuesta, me decía “a ver, buscálo en Google”. Un día se enojó mucho por una pavada en la mesa. Me acuerdo que despotricaba contra nosotros y decía que iba a llamar a la jueza, que iba a pedir estar otra familia. “Con una familia mejor”, decía. Entonces le pregunté cómo tendría que ser esa familia para que él estuviese contento y lo primero que me respondió fue “millonaria”. Entonces le propuse que buscásemos en Google cuál era la mejor familia del mundo. Le encantó. Agarró el teléfono y el primer resultado que apareció (hoy ya no es el primero, aclaro) fue un video, un dibujo animado de una chiquita que está en un hogar de niños y al día siguiente va a conocer a sus padres adoptivos. Ella sueña cómo va a ser su familia: fantasea con que sus padres van a ser domadores de circo, astronautas, dueños de una fábrica de dulces... Pero al día siguiente, cuando llegan los padres adoptivos, descubre que eran totalmente normales, laburantes. El video termina con la chiquita feliz porque si bien su madre no tenía una fábrica de dulces le compraba siempre un chocolate. Y aunque su padre no era astronauta, le fabricaba los mejores cohetes con papel. Además tenían gato, que podía imaginar que era un león... La chica era feliz y tenía la mejor familia del mundo. Mi hijo se quedó mudo.
Los hijos de Víctor y María hoy tienen entre 11 y 16 años. “No imagino una paternidad de otra forma... el esfuerzo valió la pena”, concluye Víctor.

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lunes, 25 de septiembre de 2023

HISTORIA DE VIDA


Tejer el miedo.
Una trama hecha de la tela más suntuosa y el temor más profundo
por Carola Gil–La capa color azafranado fue realizada con seda de arañas doradas de Madagasca
Escucho un alarido desde la otra punta de la casa. Levanto la vista de mi libro y miro fijo la pared frente a mi cama. Algo terrible tiene que haber sucedido. Cuando estoy por incorporarme y buscar a mi madre, ella ya viene corriendo por el pasillo, me agarra de la mano e intenta arrastrarme escaleras abajo.
–Nos tenemos que ir. Hay que buscarlo a Sosa
Se refiere a don Sosa, el portero del departamento de al lado. Mientras bajamos, mi madre me explica que acaba de ver una araña (gigante, según sus propias palabras). Le suelto la mano y aún cuando me dan el mismo terror que a ella, simplemente tengo que subir a verla. Cruzo la puerta de su cuarto, por suerte la luz sigue encendida y en milisegundos mis ojos la encuentran. Es grande, muy, y está quieta junto a la puerta que da al balcón.
Tengo la capacidad, intacta hasta el día de hoy, de detectar la presencia de una araña al entrar a cualquier lugar. Siempre será lo primero que vea, sin importar las dimensiones del espacio. La Enciclopedia Británica tuvo que desmentirme la estadística ficticia, más bien un mito, de que nos tragamos unas ocho arañas al año durante el sueño.
–Voy a buscar a Sosa. Vos quédate vigiarañas lándola y asegúrate de que no aparezca otra. Suelen venir de a dos.
Mi madre me deja sola con la araña. Le clavo la vista confiando en el poder hipnótico de la mirada. Me sacude el mero roce de mi pelo sobre la espalda y debo asegurarme de que mis pies (ambos) estén a resguardo, sobre la cama.
Dos hombres de apellido Godley y Peers se encuentran en Madagascar; uno de ellos es un diseñador y emprendedor, el otro, un historiador del arte y experto textil. El último tiene en su estudio una máquina para hilar seda de araña y juntos se empecinan en recrear una técnica no practicada durante más de un siglo.
Si bien todas las arañas producen seda, elegirán para la tarea a las hembras de orbe dorada. Del tamaño de la palma de un niño, son oriundas de Madagascar y su hilo de seda color dorado no se compara a nada que pueda verse sobre la Tierra
Fue un francés, François Xavier Bon de Saint Hilaire, quien en 1710 mostró por primera vez que podía hilarse la seda de la araña: después de hervir los capullos peinó los hilos y usó el hilado en medias y guantes. Un jesuita en el siglo 19 descubrió que extrayendo la seda directamente de las arañas el resultado era de una calidad aún mayor.
Durante cuatro años, más de un millón de arañas doradas de Madagascar tejieron un hilo de seda tan perfecto que parece salido de un extraño cuento de hadas. Las arañas eran tomadas prestadas del bosque por una noche y devueltas al día siguiente. Con la seda de que se extrajo, un grupo de operarias de telares manuales urdieron una tela de seda lo suficientemente grande para diseñar dos prendas. Hacerlo llevó otros cuatro años más.
¿El resultado? Un chal y una suntuosa capa de seda en su color azafranado natural con unos tintes rosados casi imperceptibles. Quienes la han tocado dicen que la capa se ve como oro líquido pero es tan liviana como una tela de araña en el viento, tanto que si alguien nos vendara los ojos y apoyara un trozo del material sobre una de nuestras manos, no podríamos decir a ciencia cierta en cuál está.
“Si no hubiésemos hecho la capa –dice Peers–, esta seda sería telarañas perdidas en el viento. Esa es parte de la magia. Es algo muy efímero y, sin embargo, de alguna manera hemos logrado capturarlo”. En 2012 la capa fue exhibida en el Museo Victoria & Albert de Londres.
De solo pensar en mi cuerpo desnudo cubierto con la telaraña que han tejido pacientemente cientos de miles de lejos de entusiasmarme me deja esa sensación en la boca del estómago como la montaña rusa del Italpark a la que (después de una vez) juré nunca más volver a subirme. A la vez, se manifiesta la extraña fascinación que tienen nuestros miedos, el impulso de abrir esa puerta cerrada, o de caminar descalza por ese rincón oscuro en el que seguro se esconde alguna criatura peluda de ocho patas, con ese andar tan particular que no tienen los bichos de seis. Solo dejo de temerles cuando tienen el exorbitante tamaño de las esculturas de Louise Bourgeois. Ahí ya podrán devorarme entera de un solo bocado, sin el padecimiento de sentirlas trepando por mi pierna.
Un rato después don Sosa aparecerá en la escena armado con un escobillón. Mi madre se mantiene alejada y hace señas para que vaya con ella. Don Sosa le da escobazos y la araña corre desesperada por la habitación. Nosotras acompañamos la situación con más gritos. Verla moverse me da la misma sensación de vértigo que asomarme a un balcón.
Don Sosa finalmente opta por un frasco vacío de mermelada y un papel, y la conduce hábilmente a su jaula de cristal. Mi madre y yo vemos pasar nuestros miedos en un tarrito. Esto también será parte de mi herencia emocional

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lunes, 4 de septiembre de 2023

HISTORIA DE VIDA


“Internet, ¿qué es?”. La trashumante que cumple un ancestral rito con sus chivas
Marcelina Aguilera tiene 77 años y toda su vida transcurrió en la soledad del norte neuquino; cuenta que una sola vez fue al cine y visitó una gran ciudad; el desafío de pasar inviernos crudos
Texto Leandro Vesco | Foto Hernán ZentenoMarcelina Aguilera vive sola con sus 200 chivas en una zona más que inhóspita
“¿ Cuál es el secreto de la vida? Caminar y estar viva”, dispara Marcelina Aguilera, de 77 años, desde lo alto de un cerro en el paraje Colo Michi Co, en el norte olvidado neuquino, a diez kilómetros de Varvarco. Es una de las pocas crianceras trashumantes: vive sola en un rancho con sus 200 chivas y en noviembre próximo caminará cuatro días entre valles, arroyos y montañas para acercarse a la cordillera y pasar la veranada con pasto fértil y agua dulce.
No tiene televisión ni teléfono y depende de la leña para pasar el invierno, cuando la temperatura suele bajar a 15 grados bajo cero. “Vivo en la soledad más extrema”, cuenta.
“Hago todo sola”, dice Aguilera, mientras acomoda unas leñas en su hogar y cocina a las brasas unas tortas fritas; ahumadas y crujientes, acompañan al mate. La pava está al rescoldo y una fuente con charqui se entibia a un costado. “Acá se vive con muy poco, tampoco necesito mucho”, afirma.
Su dieta es básica: carne de chivo mañana y noche. “Te da fuerza. Me dicen que hay gente que no come carne, no puedo entender eso”, agrega sorprendida Marcelina. El viento que baja del volcán Domuyo (de 4700 metros de altura) hace temblar la casa. La nieve se acerca.
El paraje tiene 60 habitantes, todos trashumantes. Varvarco es el pueblo más cercano. Por un camino de montaña, cuando le falta algo Marcelina camina cuatro horas, hace allí sus compras y regresa. Sus hijos no pueden convencerla de que haga el trayecto en auto.
Los trashumantes hacen todo caminando. “Cuido a mis chivas, les hablo mucho”, explica. Al comienzo del día, las suelta y al caer la tarde sube el cerro y las acarrea. Un viejo perro cuzco la sigue, fiel escudero. “No me acuerdo su nombre”, admite Aguilera.
El invierno quema los pastos y la nieve augura hambre para las chivas. No pueden dejar de comer ni un solo día. Entonces hay que recurrir a los fardos, cada uno sale $2000; para todo el invierno, Marcelina necesitará por lo menos 100. ¿De dónde sale el dinero? “Dios verá de dónde”, expresa.
Ella cobra una jubilación mínima. Sus animales lo son todo en su vida. Habla de su infancia en una escuela en Andacollo, a 50 kilómetros del paraje Colo Michi Co. No pudo terminar sus estudios por el fallecimiento de una hermana. “Pero alcancé a aprender a leer, escribir sé poco”, comenta.
“Ella lee todo lo que le llega”, agrega Mariano Aguilera, su hijo, que vive en Varvarco. Por ejemplo, viejas revistas Billiken y la Biblia. “También El Gráfico”, añade. Viejas revistas le muestran un mundo en donde el hombre aún no llegó a la Luna.
Una radio la comunica con el mundo actual. Un hijo suyo en Andacollo tiene un programa, que es lo único que escucha. Luego, los silencios. “La gente de la ciudad necesita muchas cosas para vivir”, reflexiona Marcelina.
En su rancho, ordena sus recuerdos. Una ventana le devuelve una postal que es todo el mundo que quiere: la Cordillera del Viento, cargada de nieve, y sus chivas, pastando a mil metros en un cerro. “Acá estamos olvidados”, reconoce. Dice que nunca vienen médicos a verla. “No me gustan, las pastillas me hacen mal”, comenta. Igual sucede con los políticos. “Se acercan cuando hay elecciones”, reconoce Marcelina. “Pero yo voy a votar”, confiesa.
“Veda climática”
Varvarco abarca cuatro parajes: Invernada Vieja, Matancilla, Ranquileo y Colo Michi Co, en los que viven alrededor de 800 habitantes en total. Una comisión de fomento es el principal empleador y en época invernal se establece la “veda climática” y los empleados tienen hasta un mes de licencia. “Hay poco que hacer, pero estamos alertas”, dice Mariano.
Es una zona muy “nevadora” y los caminos quedan congelados y con varios metros de nieve encima. De casas bajas y calles de tierra, está rodeado de montañas. El área suele quedar incomunicada cuando el río Neuquén arrastra mucha agua desde las altas cumbres.
Un puente es la única conexión con la ruta 43, la única salida. A mediados de junio pasado, el puente quedó bajo el agua. “Cuando el río se enoja, lleva todo por delante”, describe Mariano las inclemencias que pueden tener que enfrentar sobre todo en los meses más fríos.
Todos los poblados a un costado de la ruta viven de la cría de animales: Piche Neuquén, Butalón Norte, Las Ovejas, Manzano Amargo. El turismo muy lentamente amaga con aportar puntos a estas microeconomías. Pero el principal obstáculo son los caminos, que sufren regulares desprendimientos de roca, y la conectividad.
“Para nosotros es el acarreo, para los demás es trashumancia”, aclara Mariano. Este sistema de cría de ganado es ancestral y básicamente se explica de esta manera: en verano los pastos están en los valles cordilleranos y en el invierno, cuando la nieve lo cubre todo, deben volver a sus casas, más abajo. El traslado de chivas y demás hacienda se realiza a pie, como hace miles de años.
“Dormimos a campo nomás”, relata Marcelina. Los primeros días de noviembre sale con todas sus chivas, algunos de sus hijos y se va hacia la zona de la veranada. La hace en un lugar llamado “El Cajón de Navarrete”, donde hay agua y buenos pastos.
Tardan cuatro días en alcanzar este rincón deshabitado de la Patagonia y alejado del mundo, en una caminata larga y fatigosa. Van parando cada 20 kilómetros, las chivas no pueden hacer más trayecto por día. Hacen una fogata, entre las piedras montan una parrilla, amasan tortas fritas, calientan agua y comen algún asado. De noche, los propios animales se arriman al calor, y Marcelina y los suyos duermen sobre sus monturas, bajo los ñires y el cielo más estrellado.
Durante la veranada están incomunicados hasta abril. Las únicas radios que llegan son chilenas. Es una época en la que cobra valor el cuidado de las pilas, que se tratan de dejar cerca del fuego para que no pierdan carga.
La relación con Chile es muy estrecha. Las fronteras en estos rincones son difusas. “Todos en esta parte de la Patagonia tenemos raíces chilenas”, sostiene Mariano. Su abuelo lo era.
Sobre el número de trashumantes que todavía quedan en la zona norte de Neuquén, Mariano responde que son “1000 más o menos”.
A ellos les toca cuatro días, pero los crianceros que están del otro lado de la estepa, en Añelo, tardan un mes caminando, cruzando toda la provincia en busca del anhelado pasto fresco del verano.
“Muchas chivas mueren”, admite Mariano. A la veranada las chivas llegan flacas por el invierno y regresan gordas. “Muchas quedan en el camino”, repite. Durante el resto del año, la premisa es pasar el frío lo mejor que se pueda.
“El encastronamiento es crucial”, aclara Mariano. Es la palabra que define la reproducción de estos animales. Se hace en mayo. Para las 200 chivas de Marcelina, llevan cinco chivatos que sirven a las hembras que tengan más de una primavera. En octubre, comienzan las pariciones.
El rancho de Marcelina se mimetiza con la agrietada tierra. Este invierno ha venido duro. Dos veces fueron a filmarla para documentales. Una sola vez en su vida fue al cine, en Huinganco, un pueblo montañés a pocos kilómetros del paraje Colo Michi Co. Y una vez fue a una ciudad grande, Neuquén. Jamás fue a Buenos Aires.
“Dios está conmigo”
“No quiero ir a otro lugar, soy feliz acá, aunque a veces me siento muy sola”, argumenta. En un improvisado altar, se ve a San Martín, una bandera chilena, una cruz y una foto de la Madre Teresa de Calcuta. Alguna vez las paredes de su hogar tuvieron color, luego el tiempo se encargó de patinarlas de un tono melancólico.
Hace apenas cinco años llegó la electricidad, pero suele cortarse. En esas ocasiones, para iluminarse usa un candil con grasa. Una vieja televisión descansa en una habitación, ya nadie recuerda cuándo funcionó. No parece corresponder al mundo de la criancera.
“No uso teléfono, me produce una descarga de ruido en el oído”, relata Marcelina. La idea de un dispositivo es fundante de un malestar que se refleja muy claro en su rostro. “No, no me gusta, ni siquiera los puedo tener cerca”, ahonda. “Es verdad, no le gustan”, confirma su hijo. Para hablar con ella, hay que visitarla.
“Internet, ¿qué es eso?”, se pregunta y mira desorientada a Mariano. “No, no conoce internet”, contesta. Mientras, acaricia la Biblia y pronuncia un rezo indescifrable. Ofrece una torta frita asada, mientras que una de sus chivas se acerca a la ventana y come una hoja de lavanda. “Dios está conmigo, lo siento en el aire y hablamos”, comenta Marcelina. Se sienta en su silla al lado del fuego. La madera cruje, como las arrugas de su rostro cuando recuerda que está anunciada una nueva nevada. “Me voy quedando triste y solitaria”, confiesa, al cerrar el día.

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martes, 8 de agosto de 2023

KITTY SANDERS, HISTORIA DE VIDA


Kitty Sanders. “Nunca más tuve miedo; sí, asco de los proxenetas”, dice la periodista que desafió las redes de trata
Nacida en San Petersburgo, como periodista se infiltró en burdeles de Europa durante ocho años para investigar el tráfico de personas; en 2013 se instaló en la Argentina y colabora como voluntaria para desbaratar maniobras de explotación sexual de mujeres
Miguel Braillard
Entrevista a Kitty Sanders, víctima e investigadora de redes de trata
“Muchas veces, quienes pueden pervertir a niñas, niños y jóvenes están dentro de nuestras propias familias, bastante más cerca de lo que creemos o tenemos conciencia”, advierte Kitty Sanders, periodista y escritora especializada en investigación de casos relacionados con la trata y el tráfico de personas.
Nacida en San Petersburgo hace 35 años y nacionalizada argentina, afirma: “Llegué a este querido país por primera vez en 2010, y regresé tres años después para continuar mi investigación. Me atrajo por la buena predisposición de la gente. Cuando me acercaba a los burdeles, las mujeres que trabajaban allí me demostraron su valentía para denunciar a los proxenetas. Querían salir de esos antros, confiaron en mí, se arriesgaron, y eso me conmovió, no me pasó en otros lugares del mundo. Y mirá que recorrí muchos, eh”, describe, en charla en el contexto del Día Mundial contra la Trata de Personas, que se conmemoró el 30 de julio.
Su compromiso con el tema de la explotación sexual comenzó cuando decidió estudiar periodismo y le propuso al profesor realizar un informe sobre el tema. Recibió como respuesta que mejor se metiera con cuestiones más “livianas”. Eso en lugar de darle temor potenció aún más sus intenciones. Empezó a concurrir a cabarets para hacer contacto con prostitutas y que le contaran sus historias.
Como se dio cuenta de que obtenía escasos resultados porque las mujeres desconfiaban, ya que no era “una par”, decidió ser una más de ellas y, así, tener acceso a ese ambiente del crimen. Se mantuvo durante ocho años trabajando en burdeles de Europa donde los proxenetas decidían trasladarla en forma permanente de un sitio a otro, siempre sometida y bajo amenazas de muerte. Finalmente pudo escapar de Rusia y, luego, de Ucrania en el baúl de un auto, perseguida por la mafia que pedía su cabeza luego de que hubiese denunciado a sus integrantes, que se dedicaban a secuestrar, someter y explotar chicas como negocio. “A partir de ahí nunca más tuve miedo, sí asco por los proxenetas y traficantes”, asegura.
Entrevista a Kitty Sanders, víctima e investigadora de redes de trataS
Huyendo, llegó a América latina. Primero, a Brasil, después pasó por Chile y otros países de la región. En la Argentina potenció sus investigaciones, incluyendo víctimas menores de edad, sometidas no solo a comercio de tipo sexual, sino también al tráfico de órganos, dice.
“Me afinqué acá hace diez años y terminé haciéndome ciudadana de esta hermosa Argentina en la que encontré mi lugar para trabajar –describe la periodista de 35 años, y agrega–: “Antes también estuve en Guatemala, Perú, Colombia, República Dominicana y México. Se repite ‘por arriba’ que el tema del tráfico de personas afecta a todos los países; parece un título de una nota y queda ahí. Yo sostengo que afecta a cada familia y que debemos estar más que alertas, en especial con chicas, chicos y jóvenes, que son los más pretendidos a nivel mundial, no solo para prostituirlos, sino también para vender sus órganos. Muchos subestiman el tema y dicen ‘eso solo pasa en México y en lugares marginales de Europa’. Les respondo que precisamente muchos pedófilos, pederastas y traficantes de órganos viajan de Europa a Sudamérica para concretar sus propósitos”.
Amplía: “Dediqué casi una década a estar encubierta en redes de trata, sé de lo que hablo. Investigué en Rusia, Ucrania, Francia, Alemania, Inglaterra y los países que te nombré de estas latitudes. Todos tienen gente del hampa, peligrosa; siempre hay que estar en guardia con ellos. Me encontré con más gente buena que mala en mi vida y mi trabajo. El problema es que los malos son más inquietos y no paran un minuto de pensar en cómo hacer daño”.
Kitty Sanders, en sus años de estar infiltrada en burdeles de Europa para develar cómo funcionaban las redes de trata y denunciarlas "desde adentro"
Claves de la captación
Como investigadora, Sanders cuenta su experiencia en la Argentina: “Soy voluntaria, me aceptan porque tengo información precisa, calificada. Me ofrecieron ser parte de alguna fuerza, pero preferí que no, porque tendría límites. Y si los afectados no te ven como un par, desconfían y no te dan información. Muchas veces me piden de comisarías que hable con chicas prostituidas para así llegar a los proxenetas. Generalmente coinciden en sus testimonios: ‘Si hablamos nos matan o desaparecen a nuestras familias’. Lo que sí es muy positivo es que la Argentina tenga una ley contra la trata de personas desde 2008, porque así las víctimas tienen acceso a recibir asesoramiento, asistencia, representación, protección, acceso a la Justicia. No hay que ser indiferente, al que no le pasa quizás no le importe, pero cuidado, que a cualquiera le puede suceder. Viajo a las provincias para hablar con los jóvenes y alertarlos de este flagelo que hoy se combina con redes sociales y puede convertirse en una trampa mortal”, advierte.
Kitty insiste con que los padres, amigos y personas de confianza deben estar muy alertas acerca de con quiénes tienen contacto tanto chicas como chicos: “Cuidado con las agencias de modelos, que muchas veces son solo fachadas. Los tientan ofreciéndoles books de fotos, les prometen mejorar sus vidas a corto plazo, van a la carga con el discurso de que se sientan libres y no dependan de sus padres, los seducen con contratos que nunca se cumplen. Esto continúa con el suministro de droga, les hacen videos e imágenes provocativas, desnudos y luego los chantajean. Como a los jóvenes les agarra miedo y culpa acceden a viajar, y cuando se enteran sus familias ya es tarde. Varias veces rescatamos chicos y chicas que ya estaban en el Aeropuerto de Ezeiza, a punto de partir”, explica.
Kitty Sanders, durante la presentación de su libro, en el Senado
Como reconocida experta en estos temas, el 23 de setiembre de 2022 Kitty Sanders habló en el Senado de la Nación en el Primer Conversatorio Internacional “Fortaleciendo Lazos de Prevención contra la Trata y el Tráfico de Personas”, realizado en conmemoración del Día Internacional contra el Tráfico de Mujeres y la Explotación Sexual de Niños, Niñas y Adolescentes: “Fue un honor para mí, como me ocurrió en 2019 cuando mi libro “Prolegómenos al libro Carne” [lleva tres escritos] fue oficialmente declarado de Interés Social por mi trabajo realizado en la lucha contra la esclavitud sexual, a través del diputado Daniel Del Sol en la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires”.
Hoy, la periodista recorre las provincias dando charlas de concientización y prevención en escuelas, municipalidades, pueblos originarios y fuerzas de seguridad, como la Policía Federal y la Gendarmería. “Tengo muchos voluntarios que me acompañan, psicólogos, abogados, estudiantes, médicos. Cuando ayudamos a rescatar chicas damos asistencia psicológica y refugio. Por ejemplo, tengo abuelas que las reciben en varios lugares del país. La red se llama Trata Zero Tolerancia. Los vecinos me pasan información y doy aviso a personas de confianza de la policía o la Gendarmería. Recorro barrios como la villa 31, la 1-11-14. Los proxenetas se van cambiando de lugar. Las víctimas son cada día más chicas. Durante un año rescatamos muchas que dieron testimonios que sirvieron para desbaratar bandas. Lo que sucede es que, por terror, gran parte no habla y se pierde todo el esfuerzo. Tienen pánico de que ataquen a sus familias”.
Kitty Sanders, tras una capacitación a personal de la Gendarmería
Derribando mitos
A medida que avanza en las descripciones, Sanders explica que hay varios mitos instalados que se repiten en la temática del tráfico de personas: “Uno es que los proxenetas en su mayoría son hombres y no es así. Las redes de trata tienen una estructura piramidal: en la parte de abajo trabajan mujeres y en la cima sí están los hombres. Las que reclutan son chicas, en especial en los boliches; muchas son adolescentes, para generar confianza entre pares. Les hablan de tener libertad, dinero, les venden un mundo que nunca van a conocer porque, luego las prostituyen. Les dicen que van a ser libres y las convierten en esclavas. Las tienen amenazadas. Y a la vez siempre les dan esperanzas. Las reclutadoras son cada vez más jóvenes. Yo digo que el o la proxeneta no tiene género: solo respeta su código mafioso”.
Otro mito que, según Kitty, las mafias de trata de personas buscan que se repita para desmoralizar es eso de “todos son corruptos, no vale la pena denunciar”. Al respecto, aclara: “Si bien los que desvían y perjudican están, también hay mucha gente buena que combate esto en las fuerzas de seguridad. Existen personas que pagan el combustible de su bolsillo para trabajar contra los proxenetas, doy fe. No hay que olvidar que está la línea gratuita 145 que funciona las 24 horas para recibir información, solicitar asistencia y denunciar casos de trata y explotación de personas, también de forma anónima”.
Kitty Sanders, en sus años de estar infiltrada en burdeles de Europa para develar cómo funcionaban las redes de trata y denunciarlas "desde adentro"
Más acerca de este tema: “Otra habladuría que se repite es que la mayoría de las víctimas son mujeres. Hoy a los proxenetas les da lo mismo. Lo que les importa es su inmadurez, cuanto más jóvenes mejor, no solo para prostituirlas, sino para utilizarlas como ‘mulas’ para que transporten drogas dentro de su cuerpo”, relata Sanders y lanza un mensaje de prevención acerca de las redes sociales: “¡Cuidado!. No publiquen fotos con niños en sus hogares porque hacen geolocalización y descubren dónde viven. No los expongan. No digan dónde están. Tengan en cuenta que se debe respetar la privacidad de los chicos. Los perversos analizan a fondo los textos para dar con los niños”.
Kitty Sanders, en sus años de estar infiltrada en burdeles de Europa para develar cómo funcionaban las redes de trata y denunciarlas "desde adentro"
Volviendo a la frase que da inicio a esta nota, Kitty busca prevenir: “No se deben dar concesiones cuando hay menores de por medio. Los malos pueden estar en cualquier familia, no se debe pensar que solo van a venir de afuera. ¡Atención!: hay padres que vendieron a sus hijos a proxenetas sin que la madre lo supiera. En pueblos alejados y olvidados eso se da mucho más. Otro detalle que deben detectar las mujeres antes de que sea tarde: cuando los hombres se les acercan, las seducen, pero lo que buscan es ir por sus hijos. Ellos no tienen por qué compartir sus vidas con un desconocido que los puede poner en peligro. Nunca olvidar que los proxenetas y traficantes son encantadores de serpientes que se mueven como nadie en el terreno de las sombras y el engaño”.

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miércoles, 26 de julio de 2023

HISTORIA DE VIDA




The Dynamic. La cruzada periodística de dos románticos galeses, en los ojos de un argentino
"Si la persona promedio sólo se informara con tuits de Donald Trump, ¿cómo diablos creen que acabaría el mundo?”, señalan con palpable fervor los editores Julian y Tony en los primeros párrafos del fotolibro The Dynamic© Sebastian Bruno
El trajín cotidiano de los creadores de un periódico en un antiguo pueblo minero de los valles del sur Gales, quedó inmortalizado en un fotolibro de Sebastián Bruno
Guadalupe Treibel
En la barra de un colmado pub de Abertillery, antiguo pueblo minero de los valles del sur de Gales, el fotógrafo argentino Sebastián Bruno encontró un periódico que llamó su atención: The Abertillery and Ebbw Valleys Dynamic Newspaper. Empezó a pasar sus páginas. “No quedaba del todo claro dónde terminaba un artículo y dónde comenzaba el siguiente”, recuerda. Era septiembre de 2015. Aunque mal diagramadas, las notas estaban tan bien escritas que daban color y relieve a los más variados tópicos, ya se tratara de la reseña de un film de Ken Loach, una columna en defensa de los teléfonos públicos, la cobertura de una huelga sindical o una entrevista al histórico repartidor de leche de la zona, ya jubilado.
Hasta los temas en apariencia insignificantes eran tratados con dignidad, “con el mismo nivel de seriedad que podía tener un gran suceso nacional”, detalla a La Nacion. Una sección en particular terminó por conquistarlo: Sheep of the Week, es decir, “La oveja de la semana”, un curioso mix de actualidad geopolítica con agricultura, humor delirante mediante. “Jamás había leído algo similar”, se sonríe este artista que, tras emigrar a Reino Unido en 2010, estudió fotografía documental en la University of South Wales; y luego de devorar las 16 páginas de The Dynamic –como le dicen coloquialmente– corrió raudo hasta la redacción para ofrecer sus servicios como fotógrafo, sin imaginar que allí se toparía con un dúo insólito en medio de anacrónica escenografía.
Julian Meek, el editor en jefe, que junto con Tony Flatman, fundó el periódico quincenal, en mayo de 2015© Sebastian Bruno
Detrás de una montaña de notas arrugadas, libros y colillas de cigarrillo, dormitaba Julian Meek, el editor en jefe, que junto con Tony Flatman, también presente pero despierto, especialista en deportes y negocios, habían fundado este periódico quincenal unos meses antes, en mayo de 2015, creyendo que había un nicho ávido de noticias regionales, una comunidad que no se veía reflejada en los grandes diarios de Gales. No sólo la gente de Abertillery, sino de otras aldeas aledañas, un total de 10 mil personas que componen “esta zona postinsdustrial donde el nivel de desempleo es muy alto y el abandono estatal, marcado. Prácticamente quedaron a la deriva cuando, en la década del 80, se cerraron las minas sin que existiesen planes de reemplazar esa industria”.
La oficina de The Dynamic constaba de dos escritorios, un teléfono fijo y un reloj que no daba la hora, aunque sí tenía agujas; hasta en el baño había montones de viejos ejemplares desperdigados. Meek tenía alguna experiencia en periodismo; Flatman venía de otro palo. Se habían conocido en la biblioteca del pueblo y ambos escribían por gusto. En la era de la posverdad, creían genuinamente en el poder de la palabra fidedigna, del dato chequeado. A contracorriente de la revolución digital, confiaban en el papel, algo que algunos definirán como gesto romántico y otros llamarán arcaico. En efecto, su periódico vivió (¿vive?) exclusivamente en formato físico, en los 5 mil ejemplares por tirada que ellos mismos escribían, ilustraban, diseñaban, repartían con una camioneta, incluso financiaban. Con más ganas que sentido práctico, en más de una ocasión, la imprenta tuvo que llamarlos porque se habían pasado de los márgenes de la hoja.
Tony, se formó en matemáticas, y entre las décadas del 70 y del 90, trabajó como consultor para la compañía de ferrocarriles de Reino Unido. Durante el boom inmobiliario, pagó al contado una casita en Abertillery© Sebastian Bruno
Sobre esta peculiar dupla y los avatares de su aventura periodística se trata The Dynamic, ensayo visual de Sebastián Bruno, que durante dos años fue parte del staff en calidad de fotógrafo ad honorem. Y no por tacañería del dúo, cabe aclarar: el periódico, de circulación gratuita, siempre fue a pérdida. El rato que sobrevivió fue gracias a los ahorros de Tony.
Recientemente lanzado por el sello inglés IC Visual Lab, el fotolibro ya figuró entre los precandidatos para el premio a Mejor Libro de Autor en la corriente edición del muy prestigioso festival francés de fotografía Les Rencontres d’Arlès. Además, las imágenes pudieron verse en una homónima exhibición en la Martin Parr Foundation, en Bristol, muestra tan elogiada por la crítica como visitada por el público. “El año que viene se va a presentar en el Museo Nacional de Gales”, adelanta quien actualmente vive a caballo entre este país británico y Francia.
Ovejas que pastan a la vera de un megasupermercado. Comercios de la calle principal de Abertillery, que se recorre de punta a punta en 7 minutos cronometrados. Un canario suelto en la redacción. Julian parado sobre el escritorio con la mirada perdida. Tony tomándose la cabeza, visiblemente agobiado... Tales son algunas de las tantas postales capturadas por Bruno para este proyecto que empezó casi por azar. “Si bien el periódico salía cada dos semanas, armaban todo en el último momento, de un tirón, 72 horas antes del deadline. Una locura, ¡y muchísimo trabajo! En semejante caos, la mayor parte del tiempo no me daban encargos, entonces empecé a enfocarme en ellos: a fotografiarlos, a filmarlos, también a entrevistarlos”, comparte Bruno sobre estos socios en permanente “fricción creativa”, en palabras de Meek (un tipo noctámbulo y sumamente desorganizado, a diferencia de su socio Flatman, fan de las mañanas y del orden).
“El timbre de este teléfono fue el único sonido que no haría saltar a Julian de su silla”, comenta Tony Flatman.© Sebastian Bruno
A pesar de la tiranteces, escribían muchas de las notas a cuatro manos, enriqueciéndose mutuamente con el punto de vista del otro. Y así, número tras número, The Dynamic fue ganando predicamento, volviéndose una pieza que interesaba vivamente a cierto público más allá de las fronteras del valle… “Efectivamente se ha creado un pequeño culto alrededor de la publicación”, reconoce Bruno, que bastante tuvo que ver en que esto sucediera. Hace unos años, sin más, codirigió junto con el cineasta David Barnes el documental The Dynamic Duo, que se emitió por la BBC de Gales y recibió un premio BAFTA. El film va, obvio es decirlo, sobre estos “improbables varones de la prensa, cuyo enfoque del periodismo de la vieja escuela choca contra el mundo moderno”, según reza la sinopsis del film, que la revista cultural Wales Art Review definiera como una tragicomedia beckettiana que, en una hora, consigue retratar la importancia y a la vez la irrelevancia de las noticias.
Pero, ¿tan especial es este par de personajes? Veamos: Julian, de 50 años, es poeta, autor de versos que Bruno dice no comprender, aunque rescata su excelente habilidad para el recitado. Tiene varios libros publicados en forma independiente y, hace unos años, fue nombrado alcalde de Abertillery, “una figura más bien ceremonial, que ni maneja grandes presupuestos ni toma grandes decisiones, pero sí lleva ciertas cadenas, una suerte de disfraz”. Aunque fue criado en el anglicanismo, “hace un tiempo le ofrecieron ser parte de una fracción de la iglesia católica que no está reconocida por el Vaticano. Y Julian no sólo agarró viaje: fue ordenado sacerdote”. Efectivamente en alguna foto el aludido se muestra vistiendo cuello clerical.
El dúo dinámico en las oficinas del diario.© Sebastian Bruno
Por su parte, Tony –hoy de 73– “se formó en matemáticas, y entre las décadas del 70 y del 90, trabajó como consultor para la compañía de ferrocarriles de Reino Unido, British Railways, diagramando líneas, conexiones, horarios de trenes”. Cuando se cansó, abrió un pub en Oxford, que mantuvo por 10 años hasta que, en 2007, durante el boom inmobiliario, le hicieron una oferta por el terreno y lo terminó vendiendo. Con esa plata, pagó al contado una casita en Abertillery. Parte del cash restante lo invertiría en hacer posible The Dynamic, un periódico que él mismo define como “un éxito cultural, pero un desastre financiero”.
“No soy un entrepreneur nato, pero no me importa tomar riesgos”, reconoce Flatman en el libro, previo a contar que, hace un tiempo, compró unos metros cuadrados en el centro de Groenlandia, vaya uno a saber por qué razón. “Ese es el tipo de inversiones que hace Tony, el tipo más libre que he conocido”, afirma Sebastián, acentuando cuán generosa es su disposición. “Lee tres diarios por día, en papel. Y le gustan tanto los deportes como caminar por la montaña. Lleva un diario personal que actualiza poco a poco, a partir de viejos apuntes y recortes. Va por el año 2010″.
“La existencia misma de la prensa se basa en dar noticias de manera reflexiva y equilibrada, sabiéndonos responsables de cada palabra que publicamos. Si la persona promedio sólo se informara con tuits de Donald Trump, ¿cómo diablos creen que acabaría el mundo?”, señalan con palpable fervor los vocacionales Julian y Tony en los primeros párrafos del fotolibro The Dynamic, donde Bruno va mechando declaraciones de los protagonistas entre las imágenes.
Sheep of the Week, es decir, “La oveja de la semana”, es una de las secciones del particular The Dynamic.© Sebastian Bruno
“La historia del periódico corre en paralelo a las políticas de austeridad de los gobiernos conservadores que empezaron en 2010 y persisten hasta la actualidad; en paralelo a la explosión de la fake news; en paralelo a los turbulentos años del Brexit…”, explica Sebastián, y pronto aclara que, si bien una mayoría abrumadora de esta región galesa estaba a favor de abandonar la Unión Europea, no es ese el caso de los fundadores de The Dynamic, que intentaron empeñosa e infructuosamente virar la opinión pública. Del mismo modo trataron también de mantener a flote esta publicación, activa entre 2015 y 2017, para luego retornar en 2019 “gracias a un granjero de la zona que financió los costos de producción; un criador de ovejas con un costado filantrópico que apoya causas nobles de vez en cuando”, revela Bruno. Por esos días, añade, ya habían cerrado la oficina: la redacción era la cocina de Tony, donde lo habitual era ver a Julian instalado en una esquina revisando e-mails y mirando series viejas por YouTube. Algo que siguió haciendo aún cuando el periódico dejó de editarse porque la pandemia pausó nuevamente el trabajo, aunque Julian y Tony nunca han hablado de ponerle fin a The Dynamic.
Tony Flatman feliz con la continuidad del diario papel© Sebastian Bruno
“Bueno, acaban de sacar un nuevo número”, dice como si tal cosa Bruno, revelando que –¡extra, extra!– habemus flamante The Abertillery y Ebbw Valleys Dynamic, edición deportes, de mayo 2023. Dice además que probablemente salga otra edición en septiembre. “Ya no los fotografío, pero de vez en cuando cenamos y conversamos. De hecho, les diagramé este último número a distancia. Y estuvimos hablando mucho a raíz del lanzamiento del fotolibro. Vinieron a la inauguración de la muestra en Bristol”. Sucede que, para esa ocasión especial, invitaron al coro de Abertillery, que se despachó con uno de los temas de su repertorio, muy atinado para el momento: cantaron “Always Look on the Bright Side of Life”, de los Monty Python, el mismo que canturrean los crucificados en esa hilarante, absurda escena de La vida de Brian.

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lunes, 22 de mayo de 2023

HISTORIA DE VIDA


“Quería una vida normal”. Sufría violencia en su casa, no tenía DNI y recién empezó la escuela a los 20 años
Elena Pera vive junto a su mamá y sus nueve hermanos en Gobernador Virasoro; como van en distintos turnos, comparten las mochilas porque no les alcanza para todos
Elena (a la izq. detrás de la mesa) hace alfombras junto a sus hermanos Milagros y Miguel
Es la mayor de 10 hermanos con una historia tan dolorosa que es difícil de contar. Fueron años de ser invisibles. De pasar por debajo del radar de cualquier institución del Estado. A la pobreza estructural se le sumaron situaciones de violencia y de vulneración de derechos. Elena Pera, que hoy tiene 22 años, se había resignado a pasar su adolescencia encerrada en su casa. No tenía DNI, no iba a la escuela y, junto a su mamá, se encargaba de cuidar a sus hermanos menores.
“Yo soñaba con tener amigos, una vida normal. En cuanto pude salí como una liebre”, cuenta hoy sentada en el jardín de la casilla que alquilan por $15.000, con solo dos habitaciones, en el barrio Narciso Vega, en Gobernador Virasoro, Corrientes. Gracias a la intervención de la institución Conin Virasoro, ella y su familia pudieron mejorar su alimentación, tramitar su DNI, recibir atención médica, escolarizarse y aprender un oficio. “Nos cambió mucho la vida. De cero al millón. Ahí te enseñan a valorarte”, agrega Elena.
Su mamá, Mariela, hacía lo que podía para darles de comer a sus hijos. Su papá –que hoy está preso por abuso sexual– no quería que sus hijos interactuaran con nadie. Eso llevó a que cinco de ellos estuvieran indocumentados y, por ende, tampoco fueran a la escuela.
“Con mi marido fue descubrir una mentira tras otra. Yo era sola pero no bajé los brazos”, dice Mariela, una madre luchadora que solo pudo terminar la primaria y tuvo a su primer hijo a los 20 años. Fueron 14 en total. Diez viven todavía con ella, y también su nieta Aurora. Con los cuatro más grandes, no tiene vínculo.
Un antes y un después
“Vivimos muchas cosas, de lo peor. Mi rutina era preparar a los que sí iban a la escuela, que estuvieran listos y que la casa estuviera linda”, recuerda Elena. Su deseo siempre fue aprender, y cuando sus hermanos arrancaron primer grado, ella copiaba lo que hacían y así empezó a leer y a escribir sola.
El punto de inflexión fue el nacimiento de su sobrina Aurora, que hoy tiene 4 años, hija de su hermana Milagros. Como la nena tenía un cuadro de desnutrición, desde el centro de salud la derivaron a Conin para que le hicieran un tratamiento integral.
“Cuando nos enteramos de que esas chicas no salían de la casa, no tenían DNI y no iban a la escuela, nos dimos cuenta de que algo pasaba en ese hogar. Al no socializar ni tener vínculos con nadie, no podían identificar que lo que estaba pasando era malo, estaba naturalizado”, cuenta Lorena Ramírez, trabajadora social y coordinadora del Centro Conin Virasoro, que atiende a niños con riesgo de desnutrición hasta los 5 años.
Al fin alguien los miraba. Había tantos incendios que no sabían cuál empezar a apagar. La que pudo entrar al programa de Conin fue Milagros porque Aurora tenía bajo peso pero se atendió de forma integral a todo el grupo familiar.
“Aurora y Miguel, otro de los hermanos, necesitaban una cirugía porque tenían labio leporino. Empezamos a hacer los DNI para poder ingresarlos al sistema de salud y a alfabetizarlos”, agrega Ramírez. El año pasado ambos tuvieron su primera operación y están a la espera de la segunda.
A Elena y sus hermanos se les abrió un mundo de posibilidades. Su mamá pudo dejar de ir al basural a buscar comida, ropa y latitas y cobre para vender. Empezó a cobrar la AUH y recibían un bolsón con mercadería que Milagros aprendió a cocinar de forma nutritiva. “Desde Conin le dieron una gran ayuda a mi hermana con su nena y enseguida subió de peso. Cuando la tuvo no sabía cómo alimentarla”, recuerda.
Elena empezó a conocer a otra gente. Primero en las clases de alfabetización en Conin (gracias a un convenio con una escuela para adultos) y después directamente en la escuela nocturna a la que asiste. “Estamos en la fase integral 2. A fin de este año voy a poder recibir el diploma que muestra que terminé la primaria. Lo más lindo es que me enseñan muchas cosas y a no ser pava frente a las otras personas. Algunos te ven ignorante y creen que te pueden ganar. El estudio es una herramienta para poder defenderme”, agrega Elena, que arrancó la primaria a los 20 años. Milagros, a los 18.
Como ya estaban desfasadas en edad, están haciendo un curso acelerado en una escuela para adultos que comparten con compañeros de todas las edades. “El año pasado cursamos con un señor que tenía 86 años. Si él se animó, ¿por qué nosotros nos vamos a sentir mal por lo que diga la gente? Porque hay mucha discriminación. Dicen ‘ahí van las burras que tienen que terminar a la noche’. Si a él no le dio vergüenza, a nosotras tampoco”, dice Elena, que tiene facilidad para las matemáticas.
La dinámica escolar de la familia es escalonada. Tres van al turno mañana, dos al turno tarde y cinco a la nocturna. Como el bolsillo no les alcanza para que cada uno tenga sus útiles escolares, los hermanos comparten las mochilas.
“Vamos comprando de a poco. Les faltan mochilas a las tres guainas grandes, cuadernos y carpetas. De a poco uno se va acomodando. Miguel comparte con Ángel, Cecilia con Marianela, y Elena comparte con Franco. Me siento en paz porque ahora sí pueden cumplir el sueño de ir a la escuela, no importa quién se burle”, cuenta Mariela.
Vivir de hacer alfombras
Una de las apuestas de Conin es que las madres aprendan algún oficio que les sirva para reforzar su autoestima y que también las ayude a generar ingresos extras. Así fue como Milagros y Elena aprendieron a hacer crochet, les enseñaron a sus hermanos y hoy tienen un emprendimiento de venta de alfombras y gomitas de pelo hechas con retazos de telas.
“Con las alfombras vamos tirando. Yo me ocupo de los números”, cuenta la hermana mayor.
Elena no tiene límites. Quiere seguir estudiando y hacer crecer el emprendimiento. Si pudiera pedir tres deseos serían tener una máquina de coser, que a sus hermanos nunca les falte para comer y que tengan un buen futuro. “Milagros quiere ser modista y yo quiero vender todo lo que tengo para comprarle la máquina para ella”, dice con una sonrisa.
Ramírez se ilumina cuando habla de Elena y de sus hermanos. “Notar que van con un entusiasmo a la escuela y no quieren soltar es muy emocionante”, dice conmovida.

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miércoles, 17 de mayo de 2023

HISTORIA DE VIDA


Experiencias que invitan a un viaje interior en el agua
La historia de dos hermanas mellizas que dieron un giro en su vida para dedicarse a su pasión; arriba de un velero, crearon una vivencia sensorial que ayuda a superar crisis
Iván Mazorco Noelia y Sol  emprendieron un proyecto que busca que las personas conecten con el “sentir”
El pasado 5 de mayo hubo luna llena. Para muchos pasó desapercibido; otros tantos ni se dieron cuenta y varios se percataron recién al leer estas líneas. Pero para las hermanas Noelia y Sol  ese dato no se les escapa. Hace unos años, hubieran presenciado el fenómeno desde un estudio de arquitectura o rodeadas de papeles, archivos y balances trimestrales. Hoy, lo hacen arriba de un barco que compraron juntas y, en medio del río, comparten con otras personas la pasión de navegar y “soltar amarras”. Así nació el emprendimiento de experiencias que invitan a “soltar” en un momento en el que la humanidad según la escritora Pilar Sordo, se enfrenta a un dilema: la pérdida del sentido de la vida. La propuesta es desconectar para conectar. Hacer culto al significado del término que según la Real Academia Española. implica “dar salida a lo que estaba detenido o confinado”.
Pero ¿qué quiere decir verdaderamente “soltar amarras”? Las emprendedoras responden en la misma línea: “soltar algo que no los está haciendo felices. “Puede ser desde un trabajo a una relación, alguna memoria dolorosa, de angustia, de estrés, algo que genera ansiedad. También nos ha pasado que gente que está por irse a vivir afuera viene a descubrir si lo quieren por el corazón o como impulso, de personas que vienen a despedir seres queridos, a proponerse casamiento”, relatan las hermanas, aún sorprendidas por el crecimiento del proyecto .
Acomodan la cámara, saludan con alegría y empiezan a contar su historia. El camino de Sol al mundo de la navegación tuvo varios capítulos. Estudiaba licenciatura en Turismo cuando gracias a una materia y a una amiga se acercó a un velero por primera vez.
En primera persona
Era chica, por lo que no se le permitía tramitar el carnet. “Conocí lo que era navegar a vela y fue un antes y un después en mi vida.
Realmente me marcó”, reconoce. Terminada la carrera de Turismo quiso más. “No me terminaba de llenar así que ingresé en la Facultad de Arquitectura”, cuenta. Posgrado, currículum, estudio reconocido, planos, obras. Pero algo faltaba. Y paradójicamente era “soltar lo que no la completaba”.
Noelia, sin embargo, siguió una ruta más “lineal”. Terminó el colegio, estudió Contabilidad, se recibió y se metió en el mundo de las auditorías. Vivía de viaje. Recorría la Argentina de punta a punta y pasaba más tiempo a bordo de un avión o micro que el tiempo que permanecía en su casa. Las distancias y los tiempos en ruta empezaban a marcarla. La lejanía con sus seres queridos, también.
Había algo en Noelia al igual que en Sol que no las terminaba de convencer. La búsqueda de nuevas emociones las hizo reencontrarse con la navegación. Sol ya había tenido un pantallazo de ese mundo y a Noelia la enamoró la “sensación de paz y libertad” que las imágenes del río y sus navegantes transmitían. Juntas –y ahora sí con la posibilidad legal de ser timonel– comenzaron el curso para aprender a navegar.
“Los domingos estábamos con esa sensación de libertad pero los lunes encerradas en unas oficinas del microcentro”, comentan. Durante el fin de semana, se rodeaban del silencio de un río calmo, el sonido del viento empujando las velas y los olores típicos de un puerto. En la semana, volvían a los bocinazos, el tránsito, los lugares pequeños y la comida por peso. “Sentía que me estaba apagando de a poco y veía que Sol estaba viviendo lo mismo”, reconoce Noelia.
Aquellas personas que están conectadas con el agua viven de una manera distinta. En los puertos y los amarres, las voces se sintonizan en un volumen medio y las palabras se toman el tiempo para salir de manera adecuada. No hay prisas. El curso llegaba a su fin y junto con él, la excusa para acercarse a ese mundo, al menos, un fin de semana. “No teníamos con quien seguir navegando hasta que un profe sor nos sugirió que compráramos un barco chiquito, de 24 pies”, recuerdan.
La angustia en la cotidianidad que atravesaban las hermanas no era aleatoria. Hay estudios científicos que prueban “la resistencia” que tiene el ser humano a conectar con lo que les hace bien. Sin ir más lejos, Loretta Breuning, fundadora del Inner Mammal Institute de California-centro que ayuda a las personas a crear nuevas conexiones cerebrales para ser más optimistas- reconoce que el cerebro no está diseñado para crear felicidad como uno quisiera. “El cerebro evolucionó con el fin de sobrevivir, se guarda los químicos “felices” (dopamina, serotonina y oxitocina) para situaciones en las que advierte riesgo y de a poco se acostumbra a repetir esas ocasiones para obtener las dosis de esos químicos”, dice Breuning en una de sus publicaciones.
Meditar y navegar
Mezclar la navegación con la meditación es una idea reservada para unos pocos. Y tal vez uno de los aciertos de estas emprendedoras. Primero lo hacían juntas, también con amigas. Hasta que una de ellas les sugirió que abrieran la convocatoria. La primera vez fue un anuncio hecho a voces a través de Whatsapp y al encuentro asistieron solo dos personas. Pero gustó, convenció y, sobre todo, inspiró. Lo que empezó en 2017 como hobby, se transformó para 2018 en un negocio reservado para fines de semana y vacaciones. En 2019, había tantos pedidos para hacer los viajes que decidieron renunciar definitivamente a sus trabajos y volcarse de lleno a su emprendimiento. Viajaron por el Delta, el Río de La Plata e incluso Brasil. Ofrecieron experiencias de meditación y autoconocimiento. Sobrevivieron a la pandemia y van por más: preparan dos experiencias fuera del país. Una en Brasil que realizarán en junio y tendrá hasta “constelación a bordo”. La otra, en Formentera, España, en septiembre.
Soltar, conectar con lo que hace bien y animarse a salir de la zona de confort, la propuesta es clara: animarse a replantearse casi a diario si uno vive la vida que desea. Un proceso en el que el “soltar” es eje central.
“El desapego nos da libertad y esta es la única condición para conseguir la felicidad. Si en el fondo de nuestro corazón todavía nos asimos a algo -la ira, la ansiedad o las posesiones, no podemos ser libres”. La reflexión es del monje budista Thich Nhat Hanh, considerado el padre del mindfulness.

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lunes, 24 de abril de 2023

HISTORIA DE VIDA


En Buenos Aires. El trágico final de la hermana de Coco Chanel
Antoinette Chanel vino al país persiguiendo a un amor; murió en el Hotel Majestic, entre muchas intrigas
Paula IkedaUno de los pocos retratos que existen de Antoinette, tomado en Biarritz, en 1915
Para lograr el éxito y poder codearse con personas influyentes de la alta sociedad, Coco Chanel entendió el poder del “qué dirán”. Celosa de un pasado que la atormentaba, creó una mística sobre su origen. Inventó sucesos que jamás ocurrieron y ocultó detalles dolorosos de su infancia: los días en el orfanato, el abandono de su padre y la relación con sus dos hermanos varones, a quienes dejó de ver cuando eran chicos. Sin embargo, entre otras omisiones, Gabrielle Bonheur –tal era su verdadero nombre– tampoco dio crédito a la persona que la ayudó a crear su imperio: jamás mencionó el aporte que hizo Antoinette Chanel, su hermana menor, en el comienzo de la maison.
Las hermanas Chanel crecieron en la pobreza. Su madre, lavandera, murió joven, a los 31 años. Albert Chanel, viajante de comercio, quedó viudo con cinco hijos. Envió a los dos varones, Alphonse y Lucien, a trabajar en una granja. Y, al mismo tiempo, abandonó a las tres mujeres, Juliaberthe, Gabrielle Bonheur y Antoinette, en el orfanato de la Abadía de Aubazine. Al cumplir los 18, Gabrielle Bonheur fue enviada a un internado religioso de la ciudad de Moulins, donde aprendió el arte de la costura y ganó su primer dinero como cantante en el cabaret La Rotonde.
Allí adoptó su nombre definitivo: Coco Chanel. Cuando Coco abrió su primera boutique de sombreros en París, convocó a su hermana menor. Antoinette se convirtió en su pilar y confidente. También fue una de sus primeras modelos. En los libros contables de Chanel de 1910, figura como “vendedora”. “Antoinette era una adelantada a su tiempo como empresaria y emprendedora. Atendía a los clientes de la más alta sociedad con encanto y perspicacia. Antoinette dirigió la más exitosa boutique Chanel, en Biarritz, y fue la primera en vender alta costura”, detalló la escritora británica Jodith Little en su best seller Las hermanas Chanel. A través de los años, distintos biógrafos de Coco Chanel siguieron la pista de sus hermanas.
Sobre la mayor, Julia-Berthe, se sabe que murió en 1912, a los 30 años. Su acta de defunción dice que fue víctima de la tuberculosis. Sin embargo, la escritora Lisa Chaney, autora de Coco Chanel, an intimate life, apunta a que se habría suicidado. Fue madre soltera y su hijo, André Palasse, resultó el único vínculo sanguíneo que la diseñadora mantuvo durante toda su vida: lo cuidó como a un hijo y lo convirtió en el gran beneficiado de su herencia. El rastro de Antoinette se vuelve difuso a partir de 1919, cuando dejó de trabajar en la tienda de Biarritz y se casó con Oscar Fleming, un piloto canadiense que sirvió en la Royal Air Force durante la Primera Guerra Mundial.
Recién casados, Antoinette y Oscar se radicaron en Canadá. Las hermanas Chanel mantuvieron el vínculo a través del correo. En La guerra secreta de Coco Chanel, el escritor Hal Vaughan asegura: “En una carta desde Canadá, su hermana pequeña volcaba la agria tristeza de su matrimonio fracasado con un atractivo oficial canadiense. Aquel hombre había llevado a Antoinette desde Francia hasta una vida desgraciada en el interior de Ontario (...) Adorada por Chanel, la encantadora y frágil Antoinette le pedía dinero para volver a París. A pesar de la infelicidad de Antoinette, Chanel insistió en que su hermana no rompiera su matrimonio”. Aburrida de esa vida y defraudada por la falta de apoyo de su hermana, Antoinette decidió escapar: dejó a su marido y, según escribió Vaughan, “se fugó con un joven y apuesto argentino que Coco Chanel había conocido en París, un amigo que la pareja recibió en su hogar canadiense”.
Así como Coco Chanel vivía en el Ritz Carlton de París, Antoinette decidió alojarse en el Hotel Majestic, el más caro de Buenos Aires. Ubicado en la intersección de Avenida de Mayo y Santiago del Estero, el Majestic era un símbolo de lujo y esplendor. Hay pocos registros de la estadía de Antoinette en el país. Nadie sabe qué hizo, a quiénes visitó. En 1922, la muerte la sorprendió en su habitación de hotel. Tenía 33 años.
En el certificado de defunción quedó registrada como Antonieta Chanel de Fleming. La causa oficial de su muerte es “intoxicación”, aunque Little y otros historiadores aseguran que Antoinette se suicidó “con una sobredosis de drogas”. Después de la tragedia, Coco Chanel no volvió a mencionar el nombre de su hermana menor. Durante años erradicó los vestidos de novia de sus desfiles, un acto que muchos interpretaron como único reflejo de su luto.

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viernes, 24 de marzo de 2023

HISTORIA DE VIDA





A FONDO
Vida de película
El explorador argentino de National Geographic que llegó a una cumbre de líderes mundiales con 23 años

Nicolás Marín descubrió su pasión por los océanos casi por una casualidad, en plena crisis vocacional
Hoy, es un reconocido fotógrafo submarino que deslumbra al mundo con su trabajo en el fondo del mar
Artista y activista, las organizaciones más importantes del planeta lo quieren en su equipo
Texto de Florencia Fernández Blanco
La apasionante vida de Nicolás Marín era difícil de prever. Cuando era chico, recuerda con claridad, le tenía miedo al agua y no le gustaba el mar. Hoy, a los 23 años, es uno de los dos argentinos que integra la selecta lista de exploradores de National Geographic y pasa sus días en las profundidades de los océanos, entre corales y orcas. Su trabajo como fotógrafo submarino, que empezó casi por una casualidad, lo llevó a convertirse en una de las voces jóvenes más respetadas en temas ambientales. De hecho, se acaba de codear con líderes mundiales en una cumbre internacional sobre defensa de los océanos, a la que fue invitado por su tarea en la preservación de especies en peligro de extinción. “Nací en San Miguel, no tenía contacto con la naturaleza, lo más cercano era mirar los documentales de National Geographic mientras cenábamos con mi familia, cuando no había partidos de fútbol en la tele. Teníamos casa en Mar del Plata y no me gustaba meterme en el mar porque no se veía el fondo”, relata  A los 19 años, dejó el país para embarcarse en una aventura, lo que no sabía era que en realidad estaba empezando una vida de película. Después de terminar el colegio y de haber abandonado su carrera de tenista, sintió que el futuro se parecía bastante al abismo. “Estaba muy perdido, me anoté en un curso de creatividad e innovación, y después hice fotografía”, repasa. En 2019, vio un anuncio de una escuela de buceo en Cozumel que buscaba un fotógrafo y administrador de redes sociales. Se postuló sin demasiada expectativa y a los pocos días llegó la noticia que le devolvió el entusiasmo: había conseguido trabajo en el paraíso. “Yo hacía fotos de marcas, pero nunca debajo del agua. Me dijeron que tenía que hacer lo mismo que hacía en la tierra, pero en el fondo del mar. Tenía que aprender a bucear y me costaba mucho al principio asociarlo con la cámara”, recuerda. Pero la adaptación fue casi inmediata. Y la fascinación también: después de conocer el mundo submarino, se convenció de que ahí quería vivir para siempre.
SU LUGAR EN EL MUNDOA los 19 años, Nico dejó su casa de San Miguel para trabajar como fotógrafo en Cozumel y descubrió que quería pasar el resto de su vida en las profundidades de los océanos
De la fotografía al activismo “Lo que veía desde el sillón del living en la pantalla a través de National Geographic, estaba ahí. Me gustaba poder mostrar en fotos lo que encontraba debajo del mar. Además, me empecé a reunir con biólogos para entender más y poder reportar el comportamiento de las especies en peligro. Fue creciendo mi activismo, empecé a formar parte con limpiezas de playas o peticiones de leyes”, indica. Su interés por la naturaleza, su lucha por el cuidado de los océanos y sus increíbles retratos de la vida submarina hicieron que su nombre empezara a ganarse un lugar destacado, primero en redes sociales y después en ámbitos científicos. “Nunca había viajado solo, nunca me había lavado mi ropa ni me había cocinado. Todos pensaban que iba a volver al segundo, pero me quedé un año en Cozumel”, explica con orgullo y humildad a la vez.IMÁGENES FASCINANTESNico recibió premios internacionales por sus fotos submarinas
En 2020 regresó a la Argentina con la intención de pasar unos días en familia y seguir viaje. El próximo destino era Malasia. “Me habían convocado para monitorear los arrecifes de coral en la isla de Borneo, pero todo se frenó por la pandemia”, cuenta. Las restricciones por el Covid-19 lo encontraron lejos del océano y el encierro en su casa de San Miguel lo derrumbó. “No salía de mi cuarto. Llegué a pensar que iba a perder todo lo que había conseguido”, admite. Pero el destino le tenía reservadas más sorpresas. Fue en el verano de 2021, durante unas largas vacaciones en Chapadmalal, cuando sintió que comenzaba a retomar su eje. “El mar me volvió a conectar con la vida”, dice. Con ese impulso, se animó a escribir por Instagram al piloto Enrique Piñeyro, que había realizado un vuelo a la milla 200, donde termina la zona económica exclusiva de la Argentina, para evidenciar la enorme presencia de barcos pesqueros extranjeros en las cercanías de las costas. Nicolás sabía que su perfil era por demás atractivo, pero el mundo recién se estaba abriendo y las iniciativas eran muy acotadas. “Un día estaba saliendo de surfear y me llamaron del equipo de Enrique para viajar a documentar la pesca ilegal en Senegal”, recuerda. Aceptó antes de que terminaran de explicarle la propuesta. Cuando puso un pie en el avión de Piñeyro, volvió a sentir la adrenalina que la pandemia le había quitado.
APASIONADOEn pocos años, fotografió especies de todo tipo y un avión hundido en el fondo del mar
El llamado más inesperado La siguiente parada fue Aruba, donde se dedicó a registrar animales marinos durante varios meses y a participar de distintas campañas: fundaciones, organizaciones y empresas lo convocaban para impulsar mensajes vinculados al cuidado del medio ambiente. Las limpiezas de playas y las charlas de concientización pasaron a ser tareas habituales de su agenda en la superficie. Después de trabajar en acciones puntuales con National Geographic, recibió la oferta más inesperada. “Un día me llamó la directora y me dijo ‘Nico, te quiero conocer, me gustaría escuchar una propuesta tuya porque tenés perfil de explorador’”, repasa. Y se emociona como si lo estuviera contando por primera vez. Su iniciativa Migrantes del Pacífico fue seleccionada entre miles enviadas desde todo el mundo, y en diciembre de 2021 empezó oficialmente su travesía, con un primer tramo en Islas Galápagos, que ya completó, y una segunda fase en Baja California, donde vive actualmente. Todos los días registra con su cámara el comportamiento de ballenas grises, orcas y cachalotes, y además de las cápsulas que produce para Nat Geo, genera contenido para sus redes sociales.NÓMADE DE LOS MARESPasa más de ocho horas por día en el agua y recorre el mundo en función de las propuestas que recibe
“En la superficie busco por la respiración del animal o por un salto, y después me sumerjo”, describe. Puede pasar horas relatando lo que sigue después, cuando llega al fondo del mar. “Nunca tuve situaciones de riesgo, el océano es muy sabio. No es como en las películas, tenemos un concepto equivocado de los animales. Ellos interactúan y tienen distintos humores, como nosotros. Un día quizá juegan con vos y otro día pasan al lado tuyo y no quieren saber nada”, explica. Todas las tardes sale maravillado del agua y asegura que no pierde el asombro. “Me tocó ver cómo las orcas cazan, algo que podría parecer peligroso, pero no lo es. De hecho, me ofrecieron su comida... esos encuentros son únicos”, afirma.
ACTIVISTA“Me empecé a reunir con biólogos para entender más y poder reportar el comportamiento de las especies en peligro”, explica Nico
Joven líder Semanas atrás, fue el argentino más buscado en la conferencia Our Ocean, realizada en la ciudad de Panamá, donde participó como uno de los 100 jóvenes líderes del mundo por su carrera en ascenso y por su compromiso con el medio ambiente. Subió al mismo escenario que John Kerry, enviado especial para el clima de Estados Unidos, y desde allí pronunció un fuerte discurso para advertir sobre los daños alarmantes que provocan la pesca ilegal y la minería submarina. Nunca va olvidar el aplauso sostenido que recibió, pero mucho menos el abrazo que le dio minutos después la legendaria exploradora Sylvia Earle, de 87 años, conocida como la dama de los océanos por ser la primera mujer que se animó a las profundidades del mar. No disimula las lágrimas cuando mira la foto que obtuvo con ella.
MULTIFACÉTICOConocer a la prestigiosa exploradora Sylvia Earle fue otro sueño cumplido para este joven que no se queda quieto: además de su trabajo fotográfico, genera campañas para proteger los océanos y brinda charlas de concientización
Tiene una sensibilidad extrema. Y lo atribuye, en parte, a la manera en que fue criado por su mamá y por su abuela durante sus primeros años. Se quiebra cuando habla de ellas. Su papá biológico abandonó el hogar antes de que naciera Nico. De hecho, tiene un hermano de su misma edad al que no conoce todavía. Lo cuenta con dolor, pero con naturalidad: “Mi papá tuvo un hijo con la nueva pareja en el mismo momento en que me tuvo mi mamá”. Su vida ya giraba demasiado rápido en ese entonces y, al poco tiempo, todo cambió. Su mamá conoció a Pedro, a quien él llama papá, y llegó Julieta, su hermana (y su debilidad). La situación económica, que durante la crisis de 2001 había sido complicada, se encaminó. Nico nunca se privó de nada y se educó en un colegio privado italiano de San Miguel.
RESILIENCIA Pese a las turbulencias familiares durante su primera infancia y las crisis vocacionales en su adolescencia, salió adelante y llegó lejos
Su adolescencia también transcurrió por fuera del molde. Hasta los 17 años se dedicó al tenis, tenía sus sponsors y logró participar de torneos internacionales, a los que iba acompañado de su papá Pedro. Le quitó tiempo a las salidas con amigos y tuvo que faltar en varias oportunidades a clases por sus compromisos deportivos. “Llegan muy pocos a ser Nadal”, grafica cuando explica por qué prefirió dejar la raqueta y buscar por otros caminos. Hoy, no cambia por nada su vida nómade por los mares del mundo, pero asegura que extraña sus raíces: “Me gusta cada tanto volver a mi casa, volver al sillón desde el que veía los documentales de National Geographic”.

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