The Dynamic. La cruzada periodística de dos románticos galeses, en los ojos de un argentino
"Si la persona promedio sólo se informara con tuits de Donald Trump, ¿cómo diablos creen que acabaría el mundo?”, señalan con palpable fervor los editores Julian y Tony en los primeros párrafos del fotolibro The Dynamic© Sebastian Bruno
El trajín cotidiano de los creadores de un periódico en un antiguo pueblo minero de los valles del sur Gales, quedó inmortalizado en un fotolibro de Sebastián Bruno
Guadalupe Treibel
En la barra de un colmado pub de Abertillery, antiguo pueblo minero de los valles del sur de Gales, el fotógrafo argentino Sebastián Bruno encontró un periódico que llamó su atención: The Abertillery and Ebbw Valleys Dynamic Newspaper. Empezó a pasar sus páginas. “No quedaba del todo claro dónde terminaba un artículo y dónde comenzaba el siguiente”, recuerda. Era septiembre de 2015. Aunque mal diagramadas, las notas estaban tan bien escritas que daban color y relieve a los más variados tópicos, ya se tratara de la reseña de un film de Ken Loach, una columna en defensa de los teléfonos públicos, la cobertura de una huelga sindical o una entrevista al histórico repartidor de leche de la zona, ya jubilado.
Hasta los temas en apariencia insignificantes eran tratados con dignidad, “con el mismo nivel de seriedad que podía tener un gran suceso nacional”, detalla a La Nacion. Una sección en particular terminó por conquistarlo: Sheep of the Week, es decir, “La oveja de la semana”, un curioso mix de actualidad geopolítica con agricultura, humor delirante mediante. “Jamás había leído algo similar”, se sonríe este artista que, tras emigrar a Reino Unido en 2010, estudió fotografía documental en la University of South Wales; y luego de devorar las 16 páginas de The Dynamic –como le dicen coloquialmente– corrió raudo hasta la redacción para ofrecer sus servicios como fotógrafo, sin imaginar que allí se toparía con un dúo insólito en medio de anacrónica escenografía.
Detrás de una montaña de notas arrugadas, libros y colillas de cigarrillo, dormitaba Julian Meek, el editor en jefe, que junto con Tony Flatman, también presente pero despierto, especialista en deportes y negocios, habían fundado este periódico quincenal unos meses antes, en mayo de 2015, creyendo que había un nicho ávido de noticias regionales, una comunidad que no se veía reflejada en los grandes diarios de Gales. No sólo la gente de Abertillery, sino de otras aldeas aledañas, un total de 10 mil personas que componen “esta zona postinsdustrial donde el nivel de desempleo es muy alto y el abandono estatal, marcado. Prácticamente quedaron a la deriva cuando, en la década del 80, se cerraron las minas sin que existiesen planes de reemplazar esa industria”.
La oficina de The Dynamic constaba de dos escritorios, un teléfono fijo y un reloj que no daba la hora, aunque sí tenía agujas; hasta en el baño había montones de viejos ejemplares desperdigados. Meek tenía alguna experiencia en periodismo; Flatman venía de otro palo. Se habían conocido en la biblioteca del pueblo y ambos escribían por gusto. En la era de la posverdad, creían genuinamente en el poder de la palabra fidedigna, del dato chequeado. A contracorriente de la revolución digital, confiaban en el papel, algo que algunos definirán como gesto romántico y otros llamarán arcaico. En efecto, su periódico vivió (¿vive?) exclusivamente en formato físico, en los 5 mil ejemplares por tirada que ellos mismos escribían, ilustraban, diseñaban, repartían con una camioneta, incluso financiaban. Con más ganas que sentido práctico, en más de una ocasión, la imprenta tuvo que llamarlos porque se habían pasado de los márgenes de la hoja.
Sobre esta peculiar dupla y los avatares de su aventura periodística se trata The Dynamic, ensayo visual de Sebastián Bruno, que durante dos años fue parte del staff en calidad de fotógrafo ad honorem. Y no por tacañería del dúo, cabe aclarar: el periódico, de circulación gratuita, siempre fue a pérdida. El rato que sobrevivió fue gracias a los ahorros de Tony.
Recientemente lanzado por el sello inglés IC Visual Lab, el fotolibro ya figuró entre los precandidatos para el premio a Mejor Libro de Autor en la corriente edición del muy prestigioso festival francés de fotografía Les Rencontres d’Arlès. Además, las imágenes pudieron verse en una homónima exhibición en la Martin Parr Foundation, en Bristol, muestra tan elogiada por la crítica como visitada por el público. “El año que viene se va a presentar en el Museo Nacional de Gales”, adelanta quien actualmente vive a caballo entre este país británico y Francia.
Ovejas que pastan a la vera de un megasupermercado. Comercios de la calle principal de Abertillery, que se recorre de punta a punta en 7 minutos cronometrados. Un canario suelto en la redacción. Julian parado sobre el escritorio con la mirada perdida. Tony tomándose la cabeza, visiblemente agobiado... Tales son algunas de las tantas postales capturadas por Bruno para este proyecto que empezó casi por azar. “Si bien el periódico salía cada dos semanas, armaban todo en el último momento, de un tirón, 72 horas antes del deadline. Una locura, ¡y muchísimo trabajo! En semejante caos, la mayor parte del tiempo no me daban encargos, entonces empecé a enfocarme en ellos: a fotografiarlos, a filmarlos, también a entrevistarlos”, comparte Bruno sobre estos socios en permanente “fricción creativa”, en palabras de Meek (un tipo noctámbulo y sumamente desorganizado, a diferencia de su socio Flatman, fan de las mañanas y del orden).
A pesar de la tiranteces, escribían muchas de las notas a cuatro manos, enriqueciéndose mutuamente con el punto de vista del otro. Y así, número tras número, The Dynamic fue ganando predicamento, volviéndose una pieza que interesaba vivamente a cierto público más allá de las fronteras del valle… “Efectivamente se ha creado un pequeño culto alrededor de la publicación”, reconoce Bruno, que bastante tuvo que ver en que esto sucediera. Hace unos años, sin más, codirigió junto con el cineasta David Barnes el documental The Dynamic Duo, que se emitió por la BBC de Gales y recibió un premio BAFTA. El film va, obvio es decirlo, sobre estos “improbables varones de la prensa, cuyo enfoque del periodismo de la vieja escuela choca contra el mundo moderno”, según reza la sinopsis del film, que la revista cultural Wales Art Review definiera como una tragicomedia beckettiana que, en una hora, consigue retratar la importancia y a la vez la irrelevancia de las noticias.
Pero, ¿tan especial es este par de personajes? Veamos: Julian, de 50 años, es poeta, autor de versos que Bruno dice no comprender, aunque rescata su excelente habilidad para el recitado. Tiene varios libros publicados en forma independiente y, hace unos años, fue nombrado alcalde de Abertillery, “una figura más bien ceremonial, que ni maneja grandes presupuestos ni toma grandes decisiones, pero sí lleva ciertas cadenas, una suerte de disfraz”. Aunque fue criado en el anglicanismo, “hace un tiempo le ofrecieron ser parte de una fracción de la iglesia católica que no está reconocida por el Vaticano. Y Julian no sólo agarró viaje: fue ordenado sacerdote”. Efectivamente en alguna foto el aludido se muestra vistiendo cuello clerical.
Por su parte, Tony –hoy de 73– “se formó en matemáticas, y entre las décadas del 70 y del 90, trabajó como consultor para la compañía de ferrocarriles de Reino Unido, British Railways, diagramando líneas, conexiones, horarios de trenes”. Cuando se cansó, abrió un pub en Oxford, que mantuvo por 10 años hasta que, en 2007, durante el boom inmobiliario, le hicieron una oferta por el terreno y lo terminó vendiendo. Con esa plata, pagó al contado una casita en Abertillery. Parte del cash restante lo invertiría en hacer posible The Dynamic, un periódico que él mismo define como “un éxito cultural, pero un desastre financiero”.
“No soy un entrepreneur nato, pero no me importa tomar riesgos”, reconoce Flatman en el libro, previo a contar que, hace un tiempo, compró unos metros cuadrados en el centro de Groenlandia, vaya uno a saber por qué razón. “Ese es el tipo de inversiones que hace Tony, el tipo más libre que he conocido”, afirma Sebastián, acentuando cuán generosa es su disposición. “Lee tres diarios por día, en papel. Y le gustan tanto los deportes como caminar por la montaña. Lleva un diario personal que actualiza poco a poco, a partir de viejos apuntes y recortes. Va por el año 2010″.
“La existencia misma de la prensa se basa en dar noticias de manera reflexiva y equilibrada, sabiéndonos responsables de cada palabra que publicamos. Si la persona promedio sólo se informara con tuits de Donald Trump, ¿cómo diablos creen que acabaría el mundo?”, señalan con palpable fervor los vocacionales Julian y Tony en los primeros párrafos del fotolibro The Dynamic, donde Bruno va mechando declaraciones de los protagonistas entre las imágenes.
“La historia del periódico corre en paralelo a las políticas de austeridad de los gobiernos conservadores que empezaron en 2010 y persisten hasta la actualidad; en paralelo a la explosión de la fake news; en paralelo a los turbulentos años del Brexit…”, explica Sebastián, y pronto aclara que, si bien una mayoría abrumadora de esta región galesa estaba a favor de abandonar la Unión Europea, no es ese el caso de los fundadores de The Dynamic, que intentaron empeñosa e infructuosamente virar la opinión pública. Del mismo modo trataron también de mantener a flote esta publicación, activa entre 2015 y 2017, para luego retornar en 2019 “gracias a un granjero de la zona que financió los costos de producción; un criador de ovejas con un costado filantrópico que apoya causas nobles de vez en cuando”, revela Bruno. Por esos días, añade, ya habían cerrado la oficina: la redacción era la cocina de Tony, donde lo habitual era ver a Julian instalado en una esquina revisando e-mails y mirando series viejas por YouTube. Algo que siguió haciendo aún cuando el periódico dejó de editarse porque la pandemia pausó nuevamente el trabajo, aunque Julian y Tony nunca han hablado de ponerle fin a The Dynamic.
“Bueno, acaban de sacar un nuevo número”, dice como si tal cosa Bruno, revelando que –¡extra, extra!– habemus flamante The Abertillery y Ebbw Valleys Dynamic, edición deportes, de mayo 2023. Dice además que probablemente salga otra edición en septiembre. “Ya no los fotografío, pero de vez en cuando cenamos y conversamos. De hecho, les diagramé este último número a distancia. Y estuvimos hablando mucho a raíz del lanzamiento del fotolibro. Vinieron a la inauguración de la muestra en Bristol”. Sucede que, para esa ocasión especial, invitaron al coro de Abertillery, que se despachó con uno de los temas de su repertorio, muy atinado para el momento: cantaron “Always Look on the Bright Side of Life”, de los Monty Python, el mismo que canturrean los crucificados en esa hilarante, absurda escena de La vida de Brian.
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