Mostrando las entradas con la etiqueta HUMOR. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta HUMOR. Mostrar todas las entradas

jueves, 15 de marzo de 2018

DISFRUTÁ Y REITE CON EL ARTE DE EDGARDO GIMÉNEZ


Edgardo Giménez: "El mundo está complicado, por eso yo apuesto a lo que falta: la alegría"
Giménez y sus criaturas, una celebración de "monerías"
El artista inaugura hoy una muestra en la galería María Calcaterra, en la que dominan el ánimo festivo y el pop como marcas de estilo; "no me gusta el drama ni lo quiero pintar", dice
"Ami edad, no conozco todavía qué es estar deprimido. Cuando uno descubre cómo es estar bien, no se casa más con los otros estados". Más que una confesión vital, la frase de Edgardo Giménez constituye la declaración de una poética. "Alegría" podría ser la divisa del artista, y en cierto modo esa palabra resume bastante bien el corazón del pop, que Giménez reivindica orgullosamente.

Imparable, Giménez inaugura hoy una nueva muestra, "Edgardo Giménez. Holidays", en la galería María Calcaterra Moderno & Contemporáneo, que incluye pinturas, esculturas y serigrafías de distintas épocas. No es todo: el 26 de abril, tendrá otra muestra en el Museo de Arte de Tigre, con el nombre "Donde los sueños se hacen realidad", una especie de homenaje a Walt Disney.
-¿Tan importante fue Disney?
-El detonante principal para que yo haga lo que hago fue Disney. Fue un mago excepcional que me brindó una fantasía que enriqueció mi mundo. Y a eso hay que sumarle la curiosidad que yo tenía respecto de ese tipo de cosas. No te olvides de que a los cinco años yo ya dibujaba, y muy bien. Pero en la revista Patoruzito había un personaje que se llamaba Gnomo Pimentón, que tenía un máquina para hechizar las maldades que había en el bosque. Yo era muy perfeccionista, y sigo siéndolo, y como el dibujo no me gustaba, se lo dije a mi madre, porque pensé que los grandes podían hacer algo mejor. Me devolvió una cosa horrible. Fue mi primera gran decepción con respecto a los grandes: me di cuenta de que saben algo, pero no todo.
-¿La vida es para vos una variedad de la obra de arte?

-El arte es algo que te salva. En mi caso, me permitió encauzar toda mi fantasía. Vengo de una familia en la que el hecho artístico no importaba en lo más mínimo. Y eso fue una ventaja: no tener un plan. Entonces me dejaron librado a mis ganas y a mis deseos. Empecé a dibujar, pero no me daba cuenta de cómo iba a hacer para vivir de eso. Yo vivía en Caballito y cerca de mi casa había una ferretería. Y el ferretero, como se había enterado de que yo sabía dibujar, me encargó una vidriera sobre insecticidas. Yo tenía 9 años. Hice un rosal con rosas de papel crêpe y hormigas de cartón y patas de alambre. Al día siguiente, las doñas que pasaban con las bolsas de las compras se quedaron hechizadas por la vidriera. El ferretero me presentaba a mí como el "autor". Esa aceptación fue muy importante porque me di cuenta de que me gustaba gustar.

-En su libro sobre el arte pop, Oscar Masotta decía que si bien todos los artistas pop comparten supuestos comunes, cada cual sigue su propio camino. ¿Cuál fue el tuyo?
-Yo estaba fascinado con la época de oro de Hollywood y con todas esas producciones y esa fantasía. Estaba en el mejor de los mundos. Me di cuenta de que eso me acompaña hasta ahora. No creo que el arte tenga que tener un reflejo de la realidad. La realidad se expresa a través de los medios: te dicen dónde pusieron una bomba, cuánta gente murió y todas las desgracias que van con esa noticia. Yo ofrezco otra cosa. Por ejemplo, el Museo Nacional de Bellas Artes, por medio de la Asociación de Amigos, compró una obra mía, El chimpancé blanco encima de las escalinatas. La gente llega a esa sala y empieza a reírse. Ese es el éxito de mi obra: que los visitantes cambien su actitud. Hace muchísimos años que existe el pop. Y pasa una cosa muy curiosa: no se va ni se quiere ir.
-En Calcaterra vuelven los monos, ¿no?
-Pero el del Bellas Artes es un chimpancé serio, pensativo. Estos son mucho más festivos: bailan, tienen maracas, se miran en espejos, otra juega al hula-hula, así que te digo que los monos empiezan a hacer monerías.

-¿Es eso lo que te atrae de los monos, esa versión más primitiva de nosotros?
-Por supuesto, y por lo tanto también mucho más divertidos que nosotros. Yo creo que el mundo está muy complicado y por eso yo siempre apuesto a ese gran faltante que es la alegría.

-Aunque finalmente no se hará, sé que habías planeado para la muestra en Tigre una Coca Sarli que flotaba en el agua. ¿Por qué?
-Es una figura pop en estado puro. Me divierte lo que a ella le pasa por ser como es. Una vez estuvimos en su casa y era una señora formal; no se hace la sexy en su casa.
-¿Va a haber obra nueva también?
-Sí. Estoy en una etapa en que trabajo con elementos festivos. No soy un artista al que le guste el drama ni lo quiero pintar. Quiero tocar esa cuerda que nadie toca.
Fiel a un estilo
Hoy, a las 19
En la galería María Calcaterra (Av. Figueroa Alcorta 3032) Edgardo Giménez inaugura "Holidays", muestra de una serie reciente de esculturas, pinturas, y serigrafías

26 de abril, en el MAT ( MUSEO DE ARTE DEL TIGRE )
"Donde los sueños se hacen realidad", homenaje a Disney, se parecerá bastante a una retrospectiva
P. G. 

lunes, 23 de octubre de 2017

INTELIGENCIA Y HUMOR

Todos los años desde 1991, a principios de octubre, se entregan en el Sanders Theatre de la Universidad de Harvard los premios Ig Nobel (un juego de palabras entre Nobel e ignoble, en castellano: innoble, bajo o mezquino). Distinguen diez trabajos que "primero hacen reír y después, pensar", según su fundador, Marc Abrahams, también creador y editor de la revista de humor científico Annals of Improbable Research, experimentos aparentemente grotescos, como preguntarse dónde hace más calor, si en el paraíso o en el infierno (según las pistas que da la Biblia, ¡en el paraíso!). Es una ceremonia desopilante, en la que en ocasiones intervienen como presentadores auténticos premios Nobel. Los nominados acuden disfrazados, hacen monerías en el escenario, vuelan globos y papelitos y todo el mundo se divierte en grande. Pero tras el supuesto despropósito las investigaciones a veces ocultan estudios rigurosos y el premio pretende honrar la creatividad y "estimular el interés por la ciencia".


"Queremos promover la curiosidad y cuestionar cómo se decide qué es importante y qué no, qué es real y qué no, en la ciencia y en todas las esferas de la vida", explican Abrahams y sus socios.


Bastan unos instantes para comprender que el objetivo no es nada banal. De hecho, quienes reciben la distinción se sienten orgullosos. Como nuestro célebre divulgador científico y reciente ganador del premio internacional Unesco-Kalinga por su tarea periodística y literaria como editor de la colección Ciencia que Ladra y en la TV, Diego Golombek, que lo obtuvo por su investigación en hámsteres sobre los efectos del Viagra (sildenafil) en el jet lag. Fue en 2007 y ese mismo año se premiaron trabajos que exploraron cómo se arrugan las sábanas, o cuáles son los efectos secundarios de tragar sables, entre otras insólitas propuestas.


Lo cierto es que, en pos del conocimiento, científicos de todo el mundo alumbran cada año investigaciones disparatadas. Pierre Barthélémy, periodista francés y creador del suplemento Planète, de Le Monde, reunió varias de ellas en el delicioso Crónicas de ciencia improbable (editado en 2014 por Blackie Books). Al correr de sus páginas, uno se entera de que un artículo publicado en Current Zoology se preguntó si era contagioso el bostezo en las tortugas (y, después de varios meses de intentos, constató que... no); otro en el European Journal of Physics demostró que el universo no está en contra de nosotros y que la culpa de que las tostadas con mermelada siempre aterricen del lado "malo" la tienen las leyes de la física, y que, en ciertas condiciones, sortear los cargos para diputados, como se mostró en la revista de prepublicaciones científicas ArXiv, puede mejorar la tarea legislativa.
En 2011, por ejemplo, un equipo de psicólogos de los Países Bajos se propuso confirmar si "las mujeres vuelven locos a los hombres" partiendo de que ciertas pruebas cognitivas mostraban que los caballeros heterosexuales obtenían peores resultados después de haber discutido con una dama y que lo inverso no era cierto. Aparentemente, según los biólogos, esto ocurre porque los señores tienen más capacidad para sexualizar o sobreinterpretar señales que envían las personas del otro género en la vida cotidiana. Pero esto tiene un costo: ellos consumen sus recursos cognitivos "evaluando sin cesar a su compañera para determinar su valor como reproductora", controlando sus emociones y concentrándose en la imagen que desean ofrecer. El experimento, que se publicó en Archives of Sexual Behavior, consistió en una prueba lingüística y confirmó la hipótesis: aunque el ejercicio estaba automatizado, los que creyeron que la evaluadora era mujer obtuvieron peores puntajes.
Ya lo decía Isaac Asimov: "La frase más emocionante que uno puede escuchar en ciencia, la que precede nuevos hallazgos, no es «¡eureka!», sino «¡qué gracioso!»".
N. B. 

martes, 17 de octubre de 2017

SE LLAMABA "CAPREX"....CAGAZO PRE EXAMEN....JA JA



Todos lo hemos hecho alguna vez: inventar una enfermedad, velar una mascota querida o. matar a una abuelita. Sí: tan viejas como los exámenes son las excusas para no poder estudiar o para justificar una falta a la escuela (o, ya que estamos, a la universidad o la oficina). Por algún motivo, la semana anterior a los exámenes es particularmente peligrosa para los familiares de los estudiantes, lo que se ha dado en llamar formalmente como el síndrome de la abuelita. Y era cuestión de estudiarlo científicamente, como hizo hace ya muchos años el profesor Mike Adams, del departamento de biología de la Universidad de Eastern Connecticut, en su célebre artículo El síndrome de la abuela muerta en el examen y la potencial caída de la sociedad americana. La hipótesis es muy sencilla: las probabilidades de que se muera una abuela son mucho más altas alrededor de las fechas de examen que en cualquier otro momento del año.
Así fue como Adams analizó 20 años de exámenes y de excusas en su universidad para llegar a la terrorífica conclusión de que la tasa de muertes familiares o TMF (incluyendo, sobre todo, abuelas) pasa de aproximadamente 0,05 muertes por cada 100 estudiantes a 0,5 cerca de los exámenes parciales y hasta más de 1 en los finales. Sí: ¡un aumento de 10 y 20 veces! Y si al estudiante no le está yendo muy bien., la tasa aumenta hasta 50 veces.


El profesor se pregunta si esto se debe a que los familiares se estresan muchísimo cerca de los exámenes, lo que llevaría a aumentos en la presión arterial y a un desenlace fatal, sobre todo en los de mayor edad, abuelitas incluidas. Aun así, es curioso el efecto de género, ya que los abuelitos no parecen ser tan susceptibles al efecto examen (las abuelas son unas 24 veces más propensas a este síndrome). También es interesante que la TMF no aumenta en familias más numerosas, sugiriendo que la responsabilidad del sufrimiento recae en miembros específicos del grupo.


Algunos profesores han notado el efecto creciente del síndrome abuelístico a través de los años. Un modelo estadístico predice que en unos 100 años la TMF será de 644 muertes por cada 100 estudiantes, lo cual implica una epidemia devastadora sobre la humanidad. Adams propone algunas soluciones para evitar tal catástrofe. Por un lado, eliminar los exámenes por completo, lo cual no parece ser muy practicable. Otra posibilidad es admitir sólo huérfanos de abuelos a las universidades. O, de manera quizá más realista, que los estudiantes no les digan a sus familias que están en la universidad ni, mucho menos, que tienen exámenes.
Ha habido extremos inexplicables en esta y otras investigaciones. Por ejemplo, un estudiante que tuvo que lamentar la muerte de siete abuelas. Otro, más misterioso aún, es el de una abuela que sufrió tres mastectomías consecutivas.
En fin, este fenómeno tan importante, aunque poco estudiado, merece la mayor de las atenciones. Es cierto: el artículo de Adams no es sino una broma, con datos inventados sobre la experiencia de tantos familiares en situaciones trágicas en época de pruebas, pero también llama la atención de nuestra capacidad humana de engañar, buscar excusas, mentir de todos los colores y tamaños. Hay toda una rama de la psicología que se dedica a investigar el engaño, sobre todo el que nos hacemos a nosotros mismos, justificando esas pequeñas mentiras con que andamos por la vida. Y esas justificaciones luego se convierten en las excusas que ofrecemos al mundo por nuestro (des)comportamiento. En un trabajo clásico de 1968, los sociólogos Scott y Lyman definen a las excusas como el reconocimiento de un comportamiento incorrecto para el que se puede brindar una explicación racional que nos inhibe de la culpa. Incluso clasifican las excusas en cuatro modos principales: debidas a accidentes, a fenómenos irreversibles, a cuestiones biológicas o a la búsqueda de chivos expiatorios.
Como sea, lo mínimo que podemos hacer es aconsejar a las abuelas que se cuiden, y mucho, en época de examen de los nietos

D. G.

jueves, 9 de marzo de 2017

RISAS Y CARCAJADAS...SÓLO LOS VIERNES


Los Trento, el dúo de humor musical del que todos hablan
El premiado grupo cordobés posee un estilo único donde combina el gag físico con recursos musicales... y el buen vino
Dicen que empezaron como dupla por "puro guapos". Que estaban estudiando en Buenos Aires y necesitaban ingresos. Que dijeron "armemos algo" y fueron a un casting de payasos sin ser payasos. Sin embargo, a veces, de lo improvisado surge algo que perdura. Desde esa audición para el Parque de la Costa, Maximiliano y Leonardo Trento -la dupla teatral Los Trento- creó sin interrupciones a través del humor, la música y la autogestión. Por eso, celebran sus veinte años con funciones de dos de sus obras, Chiflete y Varietales de humor y vino, los viernes de marzo a las 23 en Belisario (Corrientes 1624).


Maxi y Leo son cordobeses y son primos. Dúo profesional desde 1997 cuando entraron al Parque de la Costa, crean, quizá sin darse cuenta, desde la infancia a través de juegos. Les gustaba ver a Carlitos Balá, Luis Sandrini, Chaplin y El gordo y el flaco. Sin embargo, no tenían un referente en particular. Lo que hacen no es lo que suele verse en televisión o en cualquier sala teatral: su humor es más ingenuo y está atravesado por la música. "Nos gusta el humor de gags, físico. Nosotros fuimos por ese lado que no tiene que ver tanto con el chiste si no con la situación absurda", dice Maximiliano. Quizás esa inocencia los llevó a, en un principio, hacer reír a los más chicos en el Parque y en el programa televisivo Verebó TV, por la pantalla de Canal 7.
Aunque su formación es fundamentalmente actoral -Maximiliano estudió en la escuela de Alejandra Boero y Leonardo con Omar Pacheco y Adrián Canale, entre otros- la música está muy presente en sus espectáculos: para ellos es un recurso y aparece a la hora de jugar y crear. "La música y la actuación vinieron juntos como un paquete", dice Leonardo. "Antes de empezar a estudiar teatro, cuando éramos preadolescentes, jugábamos e incluíamos música clásica o pop. Imitábamos las voces arriba de las grabaciones". En Chiflete la estética es folklórica, y la guitarra y el bombo son los instrumentos principales. En Varietales de humor y vino, el dúo viste traje y canta también folklore, pero además pasa por la cumbia, el tango y el bolero. "Siempre nos surgió crear con instrumentos al lado, por más de que después no los usemos. Cuando empezamos no sabemos qué va salir o qué va a quedar, pero siempre partimos desde lo sonoro", agrega Leonardo.
¿Cuándo miran para atrás, qué ven? Aprendizaje. Durante los diez años en el Parque de la Costa, aprendieron el oficio y los tiempos del humor, además de conocer a muchos profesionales. Cuando en la entrega de los Premios Hugo al Teatro Musical de 2013 ganaron las estatuillas a la mejor actuación en music hall, café concert o varieté y a mejor music hall (venciendo a Stravaganza y a Fátima Florez), también es aprendizaje la palabra que usan para describirlo. "Está bueno el reconocimiento y lo que te deja, como la posibilidad de mostrarse. Lo más lindo que tienen los premios son las personas que quedan y con las que te cruzás en el camino", dice Leonardo. "Por otro lado, hay que saber que ese momento pasa y se continúa, que hay que seguir trabajando", agrega su primo.
A Maximiliano le alegra haber sostenido en el tiempo el proyecto independiente en una época en la que la fugacidad reina, y hoy poder hacer estas funciones y mirar el recorrido. Las obras en este ciclo de celebración son esencialmente las mismas. El único cambio, cuentan, es que habrá artistas invitados en las funciones de Varietales de humor y vino. "Ese es el único permiso fuera de lo pautado que vamos a tener, invitar a amigos que admiramos y con quienes en algún momento nos cruzamos en alguna varieté o teatro". La excusa de celebrar y volver a hacer las obras, funciona tanto para quien todavía no las vio y para quienes volverán a verlas.

El público y sus respuestas son fundamentales para Los Trento. Varietales de humor y vino fue creada y probada con público: armaban partes e iban a varietés a probarlas. "En el humor es muy importante la aprobación, son necesarios los silencios, la risa y la carcajada", coinciden. Aseguran que el humor es algo que les surge de manera natural, pero no descartan hacer algo dramático en algún momento.
Ambos tienen búsquedas más allá del dúo. Eso, aseguran, es la clave para seguir como grupo después de tanto tiempo. "Nos pone contentos seguir con caminos diferentes en donde cada uno puede crecer, y después juntarnos y encontrarnos", asegura Maximiliano. "Nuestro horizonte hoy está muy inmediato. Aprendimos a dejarnos llevar por las ganas sinceras de encontrarnos. No tenemos grandes proyectos en este momento porque le hemos dado lugar a los proyectos personales", dice Leonardo, que por estos días está ensayando el musical Sugar y viene de ganar un premio Hugo por su trabajo en Rufianes.
En Villa María, Córdoba, los primos Maxi y Leo jugaban juntos. Cerraban la puerta de la habitación y hacían la puesta en escena de situaciones radiales: imitaban a los músicos pop del momento que sonaban en casetes y hacían llamadas ficticias a su dial de fantasía. Esos momentos lúdicos, aseguran, fueron el caldo de cultivo de lo que vendría después. Hoy, sobre escenarios de todo el país, los primos Maxi y Leo actúan juntos. Se suben a las tablas para hacer reír a través del humor y la música y, por supuesto, siguen jugando.
Los Trento, 20 años
Viernes de marzo, a las 23
En Belisario, Corrientes 1624

M. B.

miércoles, 15 de febrero de 2017

FRANCISCO Y EL HUMOR BIEN ARGENTO



Las instrucciones que habían llegado por mail eran claras, clarísimas: ir al Vaticano antes de las nueve de la mañana y esperar en la Puerta de Santa Ana con un documento válido.
Claras, clarísimas... No para todos.
"Tengo la American Express. ¿No sirve?"


La señora repartida entre dos estados -tiene literalmente un pie en el Vaticano y otro en Italia- no parece conmoverse con el gesto de horror trufado de incredulidad que le dedica el grandote rubio de unos 30 años, estoico en su misión de organizar a los 200 y pico de visitantes que pretenden ver esa mañana al papa Francisco. Los visitantes del día son muchos más, miles y miles de todo el mundo, pero este grupo es especial.
Pelo muy corto y piel rosa tímido, el encargado es una especie de guardia y es suizo, pero no es un guardia suizo. Una pena, porque cualquiera que observase la escena en esa calle abarrotada de gente podía llegar tranquilamente a la conclusión de que lo adecuado sería destinar un pequeño regimiento de ese cuerpo fundado en 1506. Se trata, al fin y al cabo, de organizar y dirigir -por momentos incluso amansar- a decenas de compatriotas de Diego Maradona. Los argentinos son -lo eran ya en esa mañana de mayo de 2014- los nuevos "dueños" de San Pedro cada miércoles, el día de la audiencia pública papal.
"Je", es lo único que dice el suizo cuando se le comenta la dura reconversión a la que lo obliga ahora su trabajo. No se sabe si cumplía la misma función en los tiempos de Benedicto XVI, pero seguro que le hubiera sido más sencillo ordenar a esos visitantes. Enarca las cejas, resopla y deja una sonrisa tan resignada como fugaz. No tiene tiempo para perder cuando se trata de resolver en menos de una hora los mil y un planteos, muchos altamente insólitos, con que llegan los argentinos.
Como el de la señora a la que le pregunta que cómo es posible que no tenga en la cartera un documento original que la identifique. La reacción de la dama, que está más cerca de los 70 que de los 60, es fulminante: "¡No! Yo no salgo nunca a la calle con el documento... ¿Y si me lo roban?"
Irrebatible argumento. Por eso, la dama blande ante el helvético la fotocopia plastificada de su DNI. Por eso, como refuerzo, le sacude en la cara el carnet de jubilada.
La mañana de primavera es pegajosa, con amenaza de lluvias, y Jorge Bergoglio, desde hace un tiempo Francisco, cuenta una anécdota a los miles y miles de fieles -y miles y miles de curiosos- en la Plaza San Pedro. La anécdota remite a su país, los lleva a la ciudad de Luján, a su enorme basílica y a la virgen que allí se venera.
"Recuerdo una vez en Luján. Se me acercó un muchacho que tenía todo: aros, todo tatuado... Tenía un problema verdaderamente grave. Le pregunté qué le había dicho su madre: lo que le dijo fue que no sabía qué aconsejarle, pero que fuera a la virgen y rezara".
Francisco se entusiasma. "¡Ése es un consejo de madre! Humilde, no tenía claro qué decirle a su hijo, pero le dio el mejor consejo: abrirse al Espíritu Santo".
Contra una de las dos pantallas gigantes que flanquean las escaleras que conducen al altar, se recorta un chico joven vistiendo la camiseta de la selección argentina. En la espalda, el número 10, el de Leo Messi. Probablemete no entró blandiendo la American Express.


Los niños suelen ser sencillos. Son mucho más complejos los señores entrados en canas y las señoras entradas en años. A estas alturas, lo que el guardia suizo que no es guardia suizo tiene bien claro es que no está en Suiza. La masa de argentinos se arremolina en torno a él en la acera, sus integrantes lo van presionando, primero sutilmente, luego con brío. Lo empujan hasta que hace equilibrio sobre el cordón de la acera intentando no terminar en la calle. Rápido, da un paso al frente para volver a afirmarse. Se aleja del peligro del tráfico romano, pero se sumerge nuevamente en el de los argentinos.
Un rato después debe lidiar con otro sexagenario convencido de que salir a la calle en Roma con el documento en el bolsillo es tentar a los ladrones. Él prefiere llevar dos Amex Platinum. El sol mañanero les roba destellos plateados a los rectangulitos plásticos y todos son obligados testigos de que el señor tiene un buen pasar.
El suizo, que cada miércoles que pasa se argentiniza un poco más, lo deja entrar en el Vaticano. El dueño de la tarjeta platino sonríe. Batalla ganada.

S. F. 

domingo, 8 de enero de 2017

HUMOR REALISTA

CARTA DE LECTORES
CON MUCHO HUMOR Y BASTANTE RAZÓN¿ SABEN CÓMO NOS RECONOCEN EN VARIOS PAISES DE EUROPA? POR EL "YO" QUE LO ANTEPONEMOS A TODO......Y NO CON i, SINO EL CHIRRIANTE YO,  YO

Un uruguayo aconseja

La agencia Télam enunció una serie de consejos a los argentinos que llegan a veranear al Uruguay. Son bastante discutibles, así que como uruguayo aquí les agrego otros cinco: 1) Disimulen el acento porteño, preferimos mil veces que nos hablen en taiwanés o afgano antes que oír ese acento porteño autosuficiente. 2) Caminen como Dios manda, no con ese pasito cortito y compadrón que tienen y que es inaguantable. Se los ve venir y hasta el barrio en que viven en Buenos Aires parece olerse de lejos. 3) Bajen el tono de voz, ya sabemos que hay porteños por acá, los venimos escuchando desde la Mansa. Hablen más bajo, no es necesario alardear a los gritos. 4) No hagan tantas preguntas al cuete, ésa es otra manera que tienen ustedes de hacerse ver. Preguntan hasta por las obviedades más grandes. Miren que los orientales no venimos al mundo con la misión de evacuarles sus consultas. 5) No nos elogien tanto, no precisamos que nos pasen a cada rato la mano por el lomo. Déjense de jorobar con que aman el Uruguay, nadie ama al Uruguay, ni siquiera nosotros mismos.
Habría más para decirles, pero esto es lo más importante. Disfruten de nuestras costas y vuelvan cuando quieran. Tampoco nos prometan nada, bastante tenemos con verlos llegar cada año y saberlos hermanos (pese a todo).
Enrique Alzugaray
CI 1.598.946-5

viernes, 2 de diciembre de 2016

¡¡HIJO E' TIGRE!!....HUMOR POLÍTICO


Humor político
 Alejando Borensztein


Sábanas, toallas, semáforos, veredas, desagües, ministros, secretarios, subsecretarios, ordenanzas, despachos, cafecito para los despachos, mate cocido, gasoductos, oleoductos, banquinas, aulas, pintura para las aulas, detergente, escobas, pizarrones, tizas, expedientes, juzgados, jueces honestos, jueces corruptos, fiscales, presos, celdas, comisarías, asesores, intereses de deuda, fotocopias, repavimentaciones, licitaciones, medios públicos, obras hidráulicas, subsidios, jubilaciones, médicos, enfermeros, material descartable, zondas, pistolas 9mm, patrulleros, repuestos para patrulleros, bomberos, mangueras para bomberos, ambulancias, personal de seguridad, espías, interceptores de celulares, maestros, maestras, presidentes, presidentas, vicepresidentes, legisladores, muelles, dragados, aduanas, gendarmes, aviones de guerra, lanchas de prefecturas, nafta para las lanchas de Prefectura, impresión de billetes, edictos judiciales, insecticidas, embajadores, limpieza de embajadas, recolección de basura, satélites y miles de cosas más se pagan con la guita que el Estado recauda en concepto de impuestos. Así es acá y en cualquier parte del mundo.
El hecho de que semejante montaña de guita sea administrada, en algunos casos por tipos como Konrad Adenauer y en otros por mojones inolvidables como Guillermo Moreno, es un problema que tiene que ver con la idiosincracia de cada país y sobre todo con la mala suerte.
Toda esta introducción es para tratar de explicarle, amigo lector, que la discusión a la que asistimos en estos días sobre el impuesto a las Ganancias, el mínimo no imponible y sus consiguientes escalas es una discusión absolutamente inútil.
Simplificando, cortito y al pie, todo el conflicto se reduce a una ecuación básica: si de cada 3 argentinos, uno no labura, otro labura pero lo hace en negro y sólo el tercero labura en blanco y paga impuestos, no hay país que aguante. No hay cuenta que cierre. No hay Estado que funcione. Esto es independiente del famoso déficit fiscal al que todo el mundo putea pero sobre el que nadie afloja nada.
No quiero ser grosero a esta hora de la mañana en la que usted y su jermu están tranquilos con el mate y los bizcochitos, pero cuando usted ve a gente haciendo cola para entrar a un baño en Retiro, piense que, de cada tres tipos que entran, sólo uno paga el papel higiénico.
Para colmo, cada media horita, entra un ñato que se chorea el rollo y no deja ni el palito, entre otras razones porque además de ser un turro, con lo que le sacan de impuesto a las Ganancias, no le alcanza ni para comprarse su propio papel higiénico.
En otras palabras: o todos los argentinos laburan en blanco y pagan su correspondiente y proporcional impuesto por habitar el suelo argentino y ser contenidos por el Estado, o esto no se arregla más. Esa es la verdad de la milanesa. Lo demás es pura pelea política basada en el famoso teorema de Baglini.
Para los que no lo saben, Raúl Baglini fue un gran dirigente y legislador de la UCR que en 1986 inmortalizó su famosa teoría: “El grado de responsabilidad de las propuestas de un partido o dirigente político es directamente proporcional a sus posibilidades de acceder al poder”.
Por ejemplo, el querido Nico del Caño del Frente de Izquierda, amigo de la casa, puede proponer tranquilamente que se elimine todo impuesto a las personas físicas porque sabe que sus posibilidades de ser presidente y de arreglárselas sin cobrar impuestos, no estarían muy cercanas. O sea, por ahora no tiene la responsabilidad de pagar ni una sola cuenta del Estado.
En cambio el Compañero Mauri, otro amigo de la casa, tiene que pagar las cuentas del Estado Nacional mañana lunes, a más tardar al mediodía. Si no, el martes le llenan la Plaza de Mayo de palomas molotov.
Por eso la propuesta de mínimo no imponible planteada por el Gobierno, o sea el monto por encima del cual empezás a pagar impuestos, es de aproximadamente 30 lucas por mes. Es decir, lo mínimo como para que él pueda seguir bancando los gastos del Estado sin que se le rajen todos los votantes.
Por su parte el Compañero Massa, se puede dar el lujo de proponer algo mucho más beneficioso para el bolsillo de los laburantes como decir que hasta 48.000 mangos no garpas nada. Genial. Total, las gasas, las enfermeras, el papagayo y las lamparitas de los quirófanos las tiene que pagar Macri. O sea, el famoso teorema de Baglini, nunca tan claramente demostrado.
Apuesto lo que quieran que si hoy el presidente fuera Massa, no te pone el mínimo no imponible en 48 lucas ni disfrazado de mono. Y posiblemente Macri, como opositor, estaría diciendo que si él fuera presidente ningún obrero pagaría impuesto a las Ganancias como al muy chambón se le escapó durante la campaña. Baglini, un maestro.
Como verá amigo lector, no considero en esta discusión la posición sobre el impuesto a las Ganancias de los kirchneristas que ahora se hacen los guapos diciendo que hasta 60.000 mangos por mes no hay que pagar impuestos.
Una propuesta buenísima si no fuera que estos mismos tipos se fueron el año pasado de la Casa Rosada cobrándole impuestos a cualquier laburante que ganara más de 15.552 mangos. Para colmo, manteniendo las mismas escalas tributarias que armó Machinea en el año 2000 sin ningún ajuste por inflación durante la famosa década ganada en la que tuvimos más de 1.000%. Parece complicado, pero en el fondo es muy simple: eran unos truchos.
Siguiendo el teorema de Baglini, que el FpV proponga 60 lucas de sueldo libre de impuestos, demuestra lo lejos que están del poder. Un par de videítos más de Ex Ella como el del viernes y van a terminar proponiendo un mínimo no imponible de un palo verde.
De hecho, esta semana el Compañero Massa con su propuesta de impuestos, le copó la parada a Ex Ella y la sacó de la tapa de los diarios. Se veía venir. Mucho derrape, últimamente.
Sin ir más lejos, el líder espiritual de La Cámpora, Máximo, declaró esta semana, en pleno siglo XXI, sobre un tema tan básico como la implementación de una simple boleta electrónica, que “votar no es ir a un Rapipago”. Flor de estadista.
Si los ingleses, en lugar de Churchill hubieran tenido a Máximo, los Rolling Stones hoy cantarían en alemán. 



Volviendo al punto, alguien podrá decir que el Compañero Mauri complicó la recaudación al sacarle las retenciones al campo. Un poco sí, y un poco no. Quizá, gracias a eso, es el único sector que le está poniendo garra en serio. Esta semana se supo que el auto más vendido del mercado es la pick up Toyota Hilux. A los bosteros les agarró una desesperación por homenajear la Toyota Libertadores que ganamos con Bianchi y Riquelme o algo groso está pasando con el campo.
No le demos mucha más vuelta al tema: mientras les sigan aumentando los impuestos a los únicos tipos que garpan no habrá solución y seguiremos bailando la misma milonga de siempre.
Ah, por las dudas, “I can´t get no, satisfaction” sería “Ich kann keine Zufriedenheit”. Ahora andá, cantalo, bailalo, grabate un videíto, subilo a Youtube y mandate un papelón. Como una que yo sé.

viernes, 17 de junio de 2016

LOS AMANTES DE LAS POSOLOGÍAS ( LA PÁGINA DE HUMOR)


No se necesita ningún estudio de ninguna universidad internacional para asegurar que cuanto más sepamos sobre algo, más oportunidades tendremos. El sentido común sugiere que saber da poder. Para todos menos para los hipocondríacos.



Donde la mayoría de las personas ve una fuente de consulta, ellos ven una sentencia de muerte. Google, el oráculo moderno que se define a sí mismo, es, para el hipocondríaco, su secuestrador: con el buscador padecen síndrome de Estocolmo. Googlear es tener terror a asomarse a un balcón... pero qué tentación. Vértigo, le dice Milan Kundera en La insoportable levedad del ser: "[...] El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados".
A un googleo del pánico: así vive el hipocondríaco. Un punto rojo en el brazo es el indicio de una enfermedad mortal y lo constatará en Internet, porque los resultados que digan que la piel tiene alteraciones y eso "es normal" no serán tenidos en cuenta. Sólo prestará atención a las páginas que sugieren enfermedades fulminantes. Así como un zumbido en el oído de seguro es algo muy malo y grande que se fagocita el cerebro, las manos temblorosas sólo tienen una respuesta, y es que algo falla neurológicamente.



Con el paso del tiempo, el hipocondríaco se perfecciona en el arte del googleo. Ya no buscará "dolor de cabeza + molestia luz", sino "dolor de cabeza + fotofobia". Con un autodiagnóstico de pronóstico de ataúd basado en el tipeo de síntomas irá al médico y cuando el doctor le diga que no hay razones para preocuparse, se calmará. Por unos minutos. Con suerte, días. ¿Hasta cuándo? Hasta que sienta que no está respirando "tan normal" o el estómago le haga "más ruido que el habitual" -¿cuán atento se debe estar a los sonidos de un estómago para poder establecer parámetros de normalidad? Pregúntele a un hipocondríaco-.
Como nunca alcanza con lo que dice el médico, buscará hacerse estudios. Orden en mano para hacer, por ejemplo, una ecografía, el hipocondríaco entrará en la siguiente fase, la del diagnóstico por imágenes. 

En esta etapa desarrolla una habilidad de incomprobable éxito que comienza apenas cruza la puerta del consultorio. Desde entonces y hasta que se vaya, hará un exhaustivo análisis del lenguaje corporal del técnico. Una mueca, un bufido o una levantada de ceja suya es claro indicio de una enfermedad letal. Aquí es donde aparece un grupo muy menor que podríamos llamar procrastinadores de la certeza. Ellos ensayan esa defensa de la que habla Kundera. Lo que hace a este hipocondríaco especial es, antes de siquiera saludar al técnico, le pide que, en caso de ver algo, no se lo diga. Aunque al instante se arrepiente: ¿y si estaba todo bien y ahora tiene que esperar al resultado?
Según un estudio, de la misma ninguna universidad de Wisconsin, hay consejos para mitigar la angustia del hipocondríaco. A saber:
Tiene prohibido ver la serie televisiva Dr. House. También Grey's Anatomy, porque no logrará conectar con las historias de amor ya que todo sucede en un hospital. -¿Cómo pueden besarse mientras hay un hombre sufriendo un paro cardíaco dos camillas más allá de la escena central?-



En caso de zapping, pase a velocidad de rayo los canales Discovery Home & Health.

En salidas sociales, evite quedarse a escuchar el final de un relato que comience "Se sentía muy bien, y de repente...". Huya. El narrador amante de la desgracia es su peor enemigo.
De los prospectos médicos sólo puede leer los apartados "Acción terapéutica" y "Posología". "Efectos adversos y contraindicaciones": contraindicado.
Si usted no es hipocondríaco pero ama a uno, nunca le diga que le recuerda a Woody Allen, aunque considere que es un halago. Allen es hipocondríaco y genial, pero sepa que de Allen los hipocondríacos sólo tienen una de las partes y es la peor: el tormento. Hacer de él una genialidad es un don de pocos. De Allen sólo quizás.



Recuerde, también, que ante la muerte de un enfermo, él hará como quien no quiere la cosa una sola pregunta: "¿Cómo empezó?" No responda. En caso de haber un silencio incómodo, eche mano al clima. Siempre en tono positivo; hable del sol, jamás de una gripe.

Pero por sobre todas las cosas jamás le diga qué es normal y qué no. El mayor deseo del hipocondríaco es razonar. Pero no puede, muy a su pesar. No le diga que lo que siente es una pavada; vivir con el constante miedo a morir no es una pavada.

E. P.