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miércoles, 27 de marzo de 2019

MARCELO LARRAQUY, ...SU ARTÍCULO


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Tribulaciones y ocaso de una reina peronista
Un artículo del historiador y periodista Marcelo Larraquy que relata el largo ocaso de Isabel Perón.
Un avión Fokker la condujo al sur en el frío de la madrugada. La acompañaban su mucama y dos caniches. Isabel Perón comenzaba sus horas como prisionera política de la dictadura militar.
Llegó a la residencia presidencial de El Messidor de Neuquén al clarear la mañana. Quedó incomunicada. Sin teléfono, sin revistas. Le rezaba rosarios a todos los santos. Tenía 45 años.
Hacía apenas 20 años que había conocido a Juan Domingo Perón en una playa de Panamá. Nunca hubiera imaginado, a partir de ese encuentro, que llegaría a ser presidenta de los argentinos y, mucho menos, que su incursión en la vida política terminaría así, detenida, prisionera de un grupo de militares que usurparon el poder del Estado.
Isabel, prisionera política, indagada por la Justicia
La Justicia comenzó a demandarla a los pocos días de reclusión. Las audiencias se realizaban en el comedor. En una de ellas, indagada por el juez Tulio García Moritán, Isabel subió corriendo a su habitación y se tiró a llorar a la cama.
La acusaban por el destino de los cheques de la fundación benéfica “Cruzada de la Solidaridad”, que ella presidía. Isabel deslindó responsabilidades.
Dijo que José López Rega, como presidente de la Fundación, el funcionario del Ministerio de Bienestar Social Carlos Villone o el gerente Santiago Cousido le traían los cheques y, dado la confianza que les tenía y ante la certeza de que las decisiones habían sido aprobadas por el Consejo de Administración de la “Cruzada de la Solidaridad”, ella los firmaba.
Pero era ajena a todo los trámites y papeles.
El cheque que más la comprometía era uno de 9 millones de dólares, producto de donaciones de distintos empresarios, que se había depositado en su cuenta personal del Banco Santander. Isabel dijo que de ese tema no sabía nada.
A menos de dos meses del golpe militar, el juez García Moritán la procesó.
Las visitas judiciales continuarían. El primero de mayo llegó a El Messidor el fiscal general Conrado Sadi Massüe por la investigación del destino de los fondos reservados.
Isabel argumentó que podía disponer de ellos y que no debía revelar en qué los usaba, precisamente porque eran “reservados”, y eso alcanzaba para justificar las joyas que había comprado en “Ricciardi” para las esposas de los comandantes militares que luego la derrocarían o el departamento que adquirió para su secretaria Dolores Ayerbe, “que lo necesitaba”, según indicó en la declaración judicial.
Isabel se sentía asfixiada por los funcionarios judiciales que la indagaban en su reclusión. Solía pasar las horas de su cautiverio encendiendo velas, rezando oraciones en su habitación y por las tardes recogía su pelo bajo una boina verde oliva y salía a pasear por Villa La Angostura, junto a su mucama Rosario, tirando flores al lago como un acto de fe, bajo estricta vigilancia militar.
Pero no soportaba el momento que vivía.
A los pocos meses de su cautiverio, el almirante Eduardo Massera -que tenía responsabilidad sobre la vida de miles de detenidos ilegales secuestrados en la ESMA-, decidió tomar el control de la detención de Isabel y la alojó en el Arsenal Naval de Azul, en la provincia de Buenos Aires.
Fue en esa dependencia en la que Isabel intentó suicidarse.
La ex presidente continuaba al cuidado de su mucama española Rosario Álvarez Espinosa y los caniches, que marcaban una presencia constante en la vida de las dos mujeres. Incluso en una oportunidad uno de ellos se perdió en la Base y todos los oficiales salieron en su búsqueda.
Cautiva en Azul, Isabel dedicaba las mañanas a trabajos de jardinería, con una pala y una tijera, o también se ocupaba de pintar las sillas, alguna mesa, o puerta que veía en mal estado.
Por las tardes solía pasar la biblioteca para dedicarse a la encuadernación, o tejía pulóveres y bufandas. También escribía poesías de tono espiritual y se entretenía con las novelas de Morris West. Se complacía con la apariencia de esa vida serena. Al poco tiempo el jardín floreció.
El intento de suicid
Sin embargo la paz aparente de la vida cotidiana se deshizo cuando el 14 de junio de 1977 llegó una citación judicial. Le anticipaban que al día siguiente sería indagada.
La citación afectó a Isabel, porque entendía que la justicia jamás volvería a molestara. Esa tarde lloró. Estaba muy nerviosa.
Le pidió a Rosario, su mucama, que le llevara el rosario de oro, el mismo que le había dado el Papa XII a Evita, y le pidió que se fuera, que la dejara sola.
La mucama la encontraría al cabo de un rato del salón de la casa donde vivían, en la base naval. Tenía entre sus manos temblorosas el rosario.
Isabel acababa de volcar un frasco entero de pastillas Valium 10 mg hacia su estómago. La mujer alertó a la guardia de urgencia y los médicos le hicieron un lavaje a Isabel y le salvaron la vida.
Los días que siguieron trataron de que volviera a la calma. Pero los llamados a indagatorias judiciales le provocaban constantes crisis nervios, atacaban el aparato intestinal y le irritaban el colón. También su columna vertebral le provocaba dolores. Los médicos le recomendaron tratamientos kinesiológicos.
Isabel en libertad: el peronismo en busca de su bendición
El día que cumplió 52 años, el 4 de febrero de 1981, el juez Martín Anzoátegui la sobreseyó por la causa de “fondos reservados”.
Con esta resolución, Anzoátegui revertía el fallo del juez Sarmiento, quien decía haber encontrado “indicios vehementes” que probarían que Isabel enviaba dinero de “fondos reservados” a sus cuentas personales. El magistrado entendió que al tratarse de “fondos reservados” Isabel no tenía que rendir cuentas de su destino.
Sin embargo, a esas alturas, todavía le quedaba por cumplir la condena por la causa de la “Cruzada de la Solidaridad”. En ese expediente pesaba la acusación de haber transferido nueve millones de dólares a su cuenta del Banco Santander.
Seis meses después, en julio de 1981, cuando cumplió dos terceras partes de la condena de siete años y medio -la Cámara le redujo seis meses a último momento-, Isabel quedó en libertad luego de cinco años de prisión.
Apenas pudo viajó y se desligó de la mucama que la había acompañado durante 21 años -que la había acompañado voluntariamente incluso en sus años de prisión en la dictadura- y se recluyó en Madrid.
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El criminal de guerra Milo de Bogetich se convirtió en su asistente y mayordomo. De algún modo, Bogetich reemplazó a López Rega en sus tareas de 25 años atrás, cuando lo había llevado Madrid y lo había hospedado en en su residencia de Puerta de Hierro, junto a Perón.
Ahora, en 1981, Isabel no quería saber nada de López Rega. Sentía que toda la pesadilla que había vivido en su gobierno había sido ocasionada por su ex secretario.
Se preocupó por recobrar un anillo de diamantes, el dinero atesorado en un banco suizo, a nombre de los dos, y también por recuperar los fondos –originalmente eran 8.400.000 millones de dólares– que Perón había recibido en concepto de restitución de bienes.
Fueron las misiones que Isabel encargó a sus apoderados Julio Arriola, Ricardo Fabbris y “Cacho” Bustos apenas fue liberada.
Después de la derrota en la guerra por las islas Malvinas y con la apertura democrática, los dirigentes justicialistas volverían a cortejarla.
Algunos de ellos pasaban días enteros merodeando por Madrid, a la espera de ser recibidos por la ex presidenta en su departamento.
Si veinte años antes La Meca del peronismo había sido Puerta de Hierro, ahora, en menor escala, lo era el piso de Isabel en Moreto 3, Madrid.
Carlos Menem, ex gobernador de La Rioja, también prisionero de la dictadura, había sido uno de ellos. Interesado en una entrevista con la ex presidenta, se acercó hasta allí y dejó un ramo de rosas. Sin embargo, Isabel ordenó tirar el presente del riojano al pie de un árbol, en la calle.
El peronismo retomaba la actividad política con el mismo desorden interno que había exhibido tras la muerte de Perón.
La muerte de su líder histórico había agravado la violencia entre las facciones del Movimiento y después la dictadura aplastó a su militancia con la metodología de secuestros y desapariciones.
Ahora el peronismo emergía con los mismos dirigentes de antaño -los mismos jefes sindicales, los mismos caudillos provinciales-, y sin una figura que lograra concentrar consensos adentro y afuera de sus filas.
De la izquierda peronista sólo habían sobrevivido algunas voces testimoniales. El peronismo no se había reinventado. La estructura partidaria había quedado a manos del metalúrgico Lorenzo Miguel.
Aunque la presidenta continuó siendo Isabel Perón, la influencia de Lorenzo Miguel y del sindicalismo fue decisiva en el armado político.
Aún en su incertidumbre, el Partido Justicialista buscó reorganizar su estructura, abrir el proceso de afiliaciones y buscar una candidatura que culminaría con la elección del ex senador Ítalo Luder, una figura moderada, sin carisma personal, que intentaba presentarse como “un continuador de la obra de Perón”.
Sin embargo, la posibilidad del regreso de Isabel al país se mantuvo latente.
Incluso pocos meses antes de las elecciones del 30 de octubre de 1983, se afirmó que regresaría al país y encabezaría un acto multitudinario en el estadio de River Plate. Pero la especulación acabaría sólo como especulación.
Durante todo el proceso electoral, Isabel no envió señales al peronismo e Ítalo Luder, que además era su abogado, esperó en vano una declaración o al menos un telegrama de respaldo a su candidatura presidencial. Nunca llegó.
El pacto Alfonsín-Isabel, la versión local de “La Moncloa”
Isabel volvería a la Argentina en diciembre de 1983, para participar de los festejos de la asunción de Raúl Alfonsín.
La nobleza de su gesto sería compensada por el presidente radical con un decreto presidencial -el decreto 1301-, fundado en la intención de “lograr la unión de todos los argentinos”
Mediante el decreto, el Estado desistía del cobro de nueve millones de dólares que Isabel Perón había sido obligada a restituir por la condena civil de la causa de la Cruzada de la Solidaridad, en la que había apropiado fondos públicos de una recaudación solidaria y derivados a una cuenta personal.
El decreto se había sido gestado luego de un acuerdo entre el procurador general del Tesoro de la Nación Héctor Fassi y el apoderado de Isabel, Manuel Arauz Castex.
Su alcance político era indisimulable, y sería puesto en evidencia cuando el Presidente promovió un diálogo para la “consolidación democrática” con distintos partidos.
La convocatoria debía incluir en forma obligada al Justicialismo, pero Alfonsín prefería evitar las negociaciones con Lorenzo Miguel, vicepresidente del partido, al que había denunciado en la campaña electoral por su “pacto con los militares”.
Entonces, el nombre de Isabel volvió a rondar la Casa Rosada. Se requería un viaje a Madrid para sondear su temperamento ante un posible acuerdo para la “unidad”.
En mayo de 1984, Dante Caputo fue recibido en el departamento de Moreto 3. El canciller le ofreció a la ex presidenta todas las garantías políticas y económicas para que aceptara la invitación presidencial a un diálogo político y se trasladara a la Argentina.
El acuerdo incluía la promesa del juez José Nicasio Dibur de no convocarla como testigo en la causa de la Triple A. Se presumía que la viuda de Perón podría dar alguna información al respecto, dado que la organización terrorista paraestatal había mostrado su esplendor durante su gobierno, y uno de sus jefes era su ex secretario, el ahora prófugo López Rega.
Los gestos del radicalismo hacia Isabel no terminarían en el decreto presidencial.
En el Parlamento, el bloque radical presentó un proyecto conjunto con el peronismo para sancionar la ley 23.062, de “reparación histórica” que en su primer artículo establecía que “carecen de validez jurídica las normas y los actos administrativos emanados de las autoridades de facto surgidas por un acto de rebelión y los procesos judiciales y sus sentencias, que tengan por objeto el juzgamiento o la imposición de sanciones a los integrantes de los poderes constitucionales”.
Y para que no hubiese más dudas sobre la motivación última de la ley, la hacía señalaba: “Declárase comprendida en las previsiones de los artículos precedentes la situación de la ex presidente de la Nación doña María Estela Martinez de Perón”.
El radicalismo y el justicialismo se unían para reivindicar a Isabel en términos históricos, políticos y jurídicos. Pero el debate parlamentario previo a la aprobación de la “Ley de Reparación Histórica” agitó algunos fantasmas.
¿Qué sucedería si luego se acogía a la ley López Rega, que estaba siendo juzgado por el mismo delito en la misma causa de la “Cruzada de la Solidaridad” que Isabel Perón ?
Pero el Parlamento entendió que si la ley presentaba fallas jurídicas, su espíritu en favor de la “consolidación de la democracia” estaba por encima de ellas.
Una semana después de sancionada la “Ley de Reparación Histórica”, Isabel regresó al país, y como presidenta del PJ firmó el “Acta de Coincidencias”, una versión local de “El Pacto de La Moncloa” español, para estabilizar el proceso de transición democrática.
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Entre otros aspectos el Acta rechazaba “cualquier intento de derrocamiento por la fuerza de las autoridades legítimamente constituidas” y también se comprometía a aceptar la resolución de la Santa Sede por el diferendo de las islas del Canal de Beagle con Chile.
El Acta de Coincidencias fue firmado por 16 partidos políticos -además del PJ, se sumaron la UCR, Democracia Cristiana, el MID, el Socialismo Popular, entre otros-, y fue rechazado por el PI, la UCD, el PC y el FIP.
Para entonces, Alfonsín, que había ordenado la constitución de la CONADEP para iniciar el juzgamiento a las Juntas Militares, ya había excluido de las investigaciones a los responsables de las desapariciones forzadas y los crímenes del aparato paraestatal de los gobiernos de Perón y de Isabel Perón.
Los crímenes del Estado se investigarían desde el 24 de marzo de 1976 en adelante. Después de la firma del Acta, Isabel regresaría a Madrid y jamás volvería a intervenir en la política argentina

domingo, 11 de marzo de 2018

MARCELO LARRAQUY...ENTREVISTÓ JORGE FERNÁNDEZ DÍAZ


Marcelo Larraquy, la compleja relación del Papa con Macri: "Francisco se presenta como un líder antisistema"
Su obra está inaugurando un perturbador pero necesario revisionismo histórico sobre los años 70, un período que fue largamente manipulado por la política. Pero además se ha hecho un experto en la vida y en la obra del papa Francisco , al que le ha dedicado dos libros muy interesantes. Se llama Marcelo Larraquy y a su vasta experiencia como periodista le añade ahora su oficio como historiador. En esta entrevista, que se realizó antes de la resonante discusión por la despenalización del aborto, asegura que el papa Francisco es un líder antisistema y analiza las equivocaciones tácticas del Gobierno para con el Vaticano.
-Sigue el tema del Papa produciendo grandes controversias y misterios.
-Bergoglio siempre confrontó con todos los líderes políticos del país: De la Rúa, Duhalde, Kirchner, Cristina y, ahora, con Macri . Antes la pelea discursiva era mucho más profunda porque él estaba en la Catedral; entonces en cada homilía hacía comentarios y era crítico de la crispación social, la tendencia de homogeneización del kirchnerismo, etc. De hecho, los Kirchner lo consideraban una figura política de la oposición. Ahora se da una situación distinta: el Papa se instala en Roma, y si bien no habla expresamente del Gobierno, tiene algunas líneas que marcan una diferencia conceptual con Mauricio Macri. Es un problema de mensaje y también de formación. Porque Francisco es un papa que proviene de la "teología del pueblo", ligada al peronismo. El grupo de curas que lo elige a él provincial de los jesuitas, como titular de esa orden, apoyó el regreso del general Perón. El único límite que impone Bergoglio con este tema es la guerrilla. Pero después comparte la búsqueda de un peronismo más clásico con esta idea de sociedad organizada. Es un papa que creció, vivió y sintió mundos distintos de los de Macri. Y además tampoco tenían una empatía personal cuando los dos estaban en Buenos Aires...

-Ni siquiera los unía el común hostigamiento del kirchnerismo...
-Fijate que tampoco era Macri en ese momento el hombre de referencia del cardenal. En todo caso, eran Lilita Carrió y Gabriela Michetti. Pero no Macri. Los mensajes son tan opuestos que una visita del Papa a la Argentina supone riesgos para los dos. ¿Por qué lo digo? Primero, las clases urbanas que votan a Cambiemos son cada vez más secularizadas, cada vez más críticas, y esto hace creer que siguen siendo católicos, pero alejados de la Iglesia. El mensaje de Bergoglio no les llega y ponen al Papa como una facción política identificada, en el imaginario, como el peronismo. Luego está lo que llaman el "pueblo de Dios", que son las clases más pobres, adonde sí llega el mensaje papal; allí, mayormente son críticos del macrismo. Lo vi hace unas semanas en una iglesia de Jujuy: Macri fue silbado por doscientas personas y eran feligreses muy humildes que le decían -con mucho respeto, no era que estaban con bombos ni eran kirchneristas- que se vaya: "Es nuestra iglesia". Eso es la religiosidad popular. Ahí Bergoglio hubiera sido adorado y a Macri lo rechazan. Veo una dicotomía de ambas partes: de las clases medias urbanas refractarias al discurso del Papa, básicamente al mensaje social o a la manipulación carismática devenida en populismo de ese mensaje, y por el otro lado veo también que la dialéctica que tiene Bergoglio en las clases populares es a la vez crítica de las políticas sociales de Macri. Acá creo que falla, a su vez, la diplomacia, porque no hay un punto de unión entre el Gobierno y el Vaticano para ver cómo resolver esta problemática.
-¿Qué pensás de todos los que operan en nombre del Papa?
-Los mensajeros son un problema. Porque Francisco deja hacer. La Iglesia siempre se manejó con silencios, con medias palabras, con gestos... entonces hay que analizar y observar. En el caso de Bergoglio, nunca vertió una palabra clara sobre la gestión de Macri. No hubo un mensaje del Papa que dijera concretamente algo. No lo menciona en las homilías. Todo lo que sabemos es porque Bergoglio se reúne en su escritorio con alguien, le dice alguna cosa, le manda un rosario para una persona, se hace una foto o escribe una carta... Y entonces el mensaje papal es asumido individualmente por cada uno de la manera que quiere. Bergoglio no lo va a salir a desmentir por radio. Hay que entender que es un líder religioso y político. Tampoco va a ir al Coloquio de IDEA y decir que hay que bajar los costos laborales. Los que miran al Papa con la lupa política tienen que entender que él representa a una cantidad de feligreses que también piensan de una manera diferente, aunque Bergoglio hace hincapié en los humildes. Ese siempre fue su estilo. Insisto: es un papa de la teología del pueblo. La Argentina desaprovecha una oportunidad mostrándose distante del Papa. Francisco es un líder global y una buena relación con él también puede llevar a la Argentina al mundo. El mundo ya registra un papa distante de su país. Habría que tener una política de Estado más clara con el Vaticano y con el Papa para llegar a un tipo de acuerdo que beneficie a las dos partes.
-José María Poirier, el director de Criterio, la revista católica por excelencia, escribió que Bergoglio está detenido ideológicamente en los años 60. ¿Coincidís?
-El papa Francisco se presenta como un líder antisistema. Es el primer líder mundial del siglo XXI que presenta la cuestión humanitaria en primer plano. Quizás el Papa recoja ideologías sesentistas y setentistas que habían quedado postergadas por el poder mundial. Desde el Mayo francés en adelante, todo ese tipo de ideas fueron derrotadas. Estas ideas también condujeron a la violencia armada. Hoy en día Francisco recoge una tradición que ya empieza a observar Juan Pablo II tras la caída del Muro de Berlín, que consiste en decir: "Como no existe ya una contraparte, hay que tener cuidado de lo que hace el capitalismo con la concentración económica y de poder". Entonces el Papa se ubica en esa posición. En su crítica contra Trump, en su defensa del medioambiente, contra la deforestación y el extractivismo. Sí, es cierto, desde ese punto de vista puede parecer de otra época, pero hay un líder mundial que juega ese rol. Alguna voz tiene que hablar del tráfico y la trata de personas, de los que mueren en el Mediterráneo, de los que caen en las guerras... Es un papa que advierte todo este tipo de cosas y que ningún líder mundial ponía en escena desde 2013 en adelante, ni siquiera Benedicto XVI, que era mucho más doctrinario. Este no es un papa que enfatice los principios doctrinarios de la Iglesia, sino los principios sociales. Que son incómodos para los gobiernos. Para todos. No busca ser confortable en el escenario del poder. Y me parece que esa es su riqueza política y su legado.
-¿Pero él cree en la democracia republicana? Porque parecería tener mucha discrepancia con Europa, donde ese sistema fue la clave de la prosperidad. No se lo ve muy preocupado por el republicanismo a Francisco...
-Él fue al Parlamento Europeo y dio este mismo discurso humanitario, este discurso de las periferias. Es cierto que así como no enfatiza la doctrina no enfatiza el republicanismo. Es cierto que es un líder carismático que cree también en la organización popular: el movimiento de Juan Grabois (Movimiento de Trabajadores Excluidos y Confederación de Trabajadores de la Economía Popular), los pueblos originarios. Ahora bien: hay una misa dada a los mapuches donde dice que no se debe entrar por la violencia sino por el diálogo. Todo ese tipo de gente que casi no participa del mercado también existe. Y, además, se trata del "mercado" religioso del catolicismo.
-Mercado religioso...
-Claro, es la gente que ya se evangelizó y el Papa no quiere abandonar. En esos segmentos Dios es mucho más potente que en las clases medias urbanas, donde el domingo les resulta más entretenido ir al supermercado que ir a la Iglesia. Esto también es lo que pasa en Europa, que está cada vez más secularizada, y el Papa tiene que ir a Rumania o a Croacia o a Albania a hablar del cristianismo. Creo que la gran pelea de Francisco a nivel geopolítico es China: si el Papa llegara a ir a Pekín, cosa que nadie logró nunca hasta ahora, sería una tarea evangelizadora de primera magnitud. Nosotros lo vemos desde una lupa argentina, republicana, pero no estamos viendo todo el tablero del mundo que el Papa sí debe observar...
-Hablemos entonces de Grabois, el favorito de Bergoglio. ¿Cómo es la relación y por qué surge?
-El padre de Grabois estaba ligado a Guardia de Hierro y al Gallego Álvarez. Era del Frente Estudiantil Nacional (FEN), la facción más de izquierda de todas las que luego entraron en Guardia de Hierro. Guardia se opone a la lucha armada, no es un grupo de choque como podía ser el Comando de Organización (CdO). Una de las filósofas del Papa, Amelia Podetti, es la que le da la idea de la periferia, de la búsqueda del cristianismo allí, un concepto que ya estaba en los jesuitas en el siglo XVI, cuando ellos van precisamente a China. A Juan Grabois hay que verlo como una especie de cura villero laico y seguirlo desde esa perspectiva. Obviamente su juventud, su organización, su exceso verbal pueden llegar a incomodar, pero Francisco dice que alguien tiene que hacer algo por los de abajo cuando el Estado no llega. Muchas veces decimos "república", pero no decimos "contención social".
-Es curioso, porque hoy muchos sectores populares votan a Cambiemos, familias humildes que quieren ir progresando...
-Tampoco el Papa es Aníbal Fernández. No se puso de candidato. Y es real que la figura de María Eugenia Vidal levantó sectores populares. Entonces Pro, en vez de perder por 20 puntos en La Matanza, perdió por 10. Si bien el kirchnerismo tiró plata y asfalto en el conurbano bonaerense, después sus gobiernos fueron malos porque no bajaron las líneas de pobreza. La esperanza de un cambio, básicamente en Vidal y también en Carrió, ayudó a Macri a ser presidente. Creo que hay gente que es de la religiosidad popular o muy cercana al Papa que también votó por Vidal. La cosa no es tan estricta: "Votás a Vidal o te gusta el Papa". De todos modos, ahora me parece que el escenario político cambió y el Gobierno está más ahogado después de su victoria. Admito que Francisco no es una personalidad fácil tampoco. No es un hombre que juega siempre con las mismas piezas. Pero la Argentina es uno de los países en los que su mensaje es menos entendido; muchos lo consideran parte de una facción política del pasado, como podía ser el kirchnerismo. Se olvidan de esto que hemos hablado: el Papa enfrentó durante siete años al kirchnerismo, durante las elecciones de 2015 mantuvo a Cristina a distancia y con saludos fríos en Paraguay y en Cuba. Se olvidan de que no recibió en Roma a Daniel Scioli después de que el entonces gobernador ganó las PASO y la provincia de Buenos Aires se inundó. Scioli viajó especialmente para verlo y sacarse una foto. Creo que Macri tendría que tener más ingenio, más cintura política y más empatía personal para buscar algún tipo de paz con el Vaticano, porque el gobierno argentino no puede tomar al Papa como si fuera Moyano.
Bio
Nacimiento: 23 de julio de 1965
Lugar: Buenos Aires
Es historiador -egresado de la Universidad de Buenos Aires-, profesor, periodista y escritor. En los medios, fue jefe de la sección de investigaciones en Clarín y subeditor en la revista Noticias. Ganó el Diploma al Mérito de la Fundación Konex en 2007 y en 2017. Ejerció la docencia en el campo del periodismo en la Universidad de Belgrano, la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Di Tella. Escribió, entre otros, los libros Argentina. Un siglo de violencia política; Fuimos soldados; Primavera sangrienta; López Rega, el peronismo y la Triple A; Recen por él, y Código Francisco. Y junto con Roberto Caballero, un clásico del periodismo político: Galimberti. De Perón a Susana, de Montoneros a la CIA.
¿Qué está haciendo? Desarrolla con éxito un curioso proyecto: convertirse en el gran articulista histórico de los años 70. Lo hace cada semana en Infobae, mientras prepara una nueva investigación desmitificadora sobre aquellos años tan manipulados por la política.
¿Por qué nos importa? Es el historiador moderno que mejor examina el lado más oscuro de aquellos años de plomo, creando un nuevo revisionismo. Y además, ha escrito libros fundamentales sobre el papa Francisco.

jueves, 11 de enero de 2018

EN "EL ESPACIO MENTE ABIERTA"; MARCELO LARRAQUY


Marcelo Larraquy: "El Gobierno debe aislar a los violentos de modo quirúrgico, y no al voleo"
Señal de alerta. El autor de Primavera sangrienta afirma que la reciente irrupción de la violencia en los alrededores del Congreso es un fenómeno callejero que debe ser reprimido sin abusos policiales
Hijo de la cultura democrática de los años 80, a la que se referirá repetidas veces en la entrevista, el periodista e historiador Marcelo Larraquy podría ser catalogado como un "setentólogo", alguien que hilvana libros como capítulos de una serie sobre una década clavada en el imaginario argentino por su violencia. Sus investigaciones exponen las complejidades de una generación que decidió enfrentar el poder con las armas, por un lado, y las de un Estado que asumió formas clandestinas e ilegales para reprimir, por el otro.
En el reciente Primavera sangrienta (Sudamericana), Larraquy hace foco en los primeros años 70, con la salida de los presos políticos y los guerrilleros de la cárcel de Devoto, en mayo de 1973, como episodio nuclear. Si bien el racconto es conocido, lo que brilla en este trabajo son los testimonios, que permiten reconstruir no sólo la logística de las acciones guerrilleras sino también las fisuras hacia dentro de las organizaciones (ERP, Montoneros, FAR) y la descripción de prematuros ejercicios de tortura durante el gobierno de Lanusse.
El impacto de Primavera sangrienta acaso esté en que a pesar de que pasó casi medio siglo desde entonces, los episodios allí narrados resultan una suerte de alerta a la luz de las escenas violentas en torno al Congreso durante las sesiones legislativas por la ley de reforma previsional. Obsesivo, Larraquy ha llegado a la entrevista con anotaciones. Una especie de mapa al que, cada tanto, echa mano.
Hay un eco entre lo que se lee en su investigación sobre ese período y la actualidad. ¿Las recientes escenas en las afueras del Congreso permiten imaginar un regreso a esos días?
No hay elementos para pensar en el regreso de la guerrilla urbana. Lo que se vio es violencia callejera. Hubo piedras, pero no se ven organizaciones que enfrenten al gobierno elegido para provocar un cambio de poder revolucionario. El problema es que detrás de los doscientos que tiraron piedras hubo miles que salieron a manifestarse y fueron reprimidos. Hay que preocuparse por las piedras y por los abusos policiales; por las balas de goma a los fotógrafos y por la barbarie contra Julio Bazán. Si no se presta atención a los desbordes policiales, podría producirse un rápido deterioro institucional y de las libertades individuales. Lo que ganamos en la cultura democrática de los años 80 es la posibilidad de expresarnos pacíficamente en contra de determinadas medidas de gobierno. La violencia callejera existió, por cierto, pero es preocupante que se la agigante para tener un argumento a favor del disciplinamiento de la protesta. Esta fue la primera medida impopular de Macri y tuvo una respuesta social muy fuerte. Si vamos a juzgar las protestas sociales bajo el delito de sedición, estamos en problemas. Doscientos tipos tirando piedras no son eso, aunque es cierto que había líderes territoriales con sus bandas y hasta algunos partidos de izquierda. La misión de la democracia es aislarlos. No digo que Macri no sea un demócrata, sino que no se formó en la cultura democrática de los años 80.
¿Por eso su relación con los organismos de derechos humanos es áspera?
Eso es porque ni Macri ni el macrismo terminan de vertebrar un discurso sobre la dictadura militar. Creo que fue arrastrado por el propio Obama a realizar un homenaje a los desaparecidos el 24 de marzo de 2016 y este año apenas puso un tuit y no hizo ninguna consideración sobre la resolución del juicio a la ESMA, donde hubo un campo de concentración.
Usted dice que no hay que avivar fantasmas de insurrección armada. ¿Por qué no podría surgir un nuevo grupo como el ERP? ¿Porque el contexto internacional cambió o porque el grado de aniquilamiento del Proceso hace impensable una nueva aventura de ese tipo?
No hay condiciones para que eso suceda porque estamos en un gobierno democrático y eso invalida cualquier legitimidad de un levantamiento en armas. La guerrilla urbana surgió como respuesta a gobiernos autoritarios y continuó sobre la base de la lucha interna del peronismo y, de manera macro, a la Guerra Fría, donde cualquier levantamiento social era visto como un ataque al hemisferio occidental. Fuera de eso, lo que me preocupa del macrismo es esa búsqueda constante de enemigos internos. Como lo de RAM. No se sabía qué era y ya no se habla más. Y hay un chico muerto por la espalda en un supuesto enfrentamiento que la Justicia no verificó.
Si se pueden crear grupos insurgentes sin sustento, ¿no podría eso habilitar una reversión de un plan Conintes (Conmoción Interna del Estado) como el que ejecutó Frondizi?
Yo desearía que no. Eso sería implementar violencia estatal con fines disciplinadores y a la larga va a erosionar la base de sustentación del propio Gobierno. El Gobierno tiene que comprometerse a defender siempre el Estado de Derecho y necesita ejercer de forma correcta la represión de los sectores violentos. No se le puede prohibir la entrada al país a un periodista noruego ni pegarle diez tiros de goma a un fotógrafo. Eso es tanto o más peligroso que el vandalismo en el Congreso. A las fuerzas del Estado tenemos que cuidarlas porque son las que tienen nuestras armas. Los argentinos estamos a merced de fuerzas federales que tienen que comprometerse con los protocolos de la democracia. El aislamiento de los grupos violentos debe ser quirúrgico, y no hecho al voleo. En ese caso, cualquier argentino está indefenso. Y eso puede llevar a lo peor de nosotros: el "por algo será".
En su investigación hay una pregunta-problema que cabe tanto a Lanusse como a la izquierda guevarista: ¿qué hacer con el peronismo? ¿Ese dilema también lo tiene Macri? ¿O el suyo es más bien qué hacer con Cristina Kirchner?
Al Gobierno le sirvió la oposición con el kirchnerismo. Macri llegó al poder basado en esa confrontación. Cristina ya no representa un desafío para el Gobierno, pero sí la protesta social a sus medidas. Aunque su influencia se va desgastando, ella puede subirse a esa protesta. El asunto es que es mucho más fácil enfrentar a Cristina que a los caceroleros que se manifestaron en los barrios de clase media. Ésta fue la primera fisura en la base electoral del Pro. El Gobierno lo advirtió y por eso se avivan enemigos internos, una forma de desteñir los cacerolazos.
Julio Bárbaro dice que "el guerrillero era el mito del momento", aludiendo a cierta fascinación romántica que ejercían sobre las capas medias altas de Buenos Aires. Libros como Primavera sangrienta suelen entrar entre los best sellers. ¿Sigue funcionando ese atractivo?
Yo creo que un libro como éste permite al que lo lee refrendar sus propias posiciones. Hay quienes pueden leer lo que cuento y sentir que la represión de la guerrilla era necesaria para tener un país en paz. Algunos lo harán de buena fe y otros para justificar el terrorismo de Estado. Otros encontrarán allí las historias de lucha de compañeros que después cayeron. Yo quise reflejar la atmósfera de un momento violento a causa de un enfrentamiento entre las Fuerzas Armadas y la guerrilla y, en otro nivel, entre Perón y las Fuerzas Armadas, todo en medio de la Guerra Fría. No le digo al lector lo que tiene que pensar, no bajo línea. No cuento una historia de buenos y malos. El registro de los hechos es la mejor opinión para contar que entonces estábamos viviendo el surgimiento de una violencia que terminó siendo masiva. No sólo por todo lo que movilizaba a Perón sino también porque las puertas de las organizaciones guerrilleras eran muy fáciles de abrir para gente que se sentía hostigada por el autoritarismo militar. Estudiantes, militantes y demás. Se interpreta que haber liberado a los presos políticos de Devoto el 25 de mayo de 1973 fue lo que después generó la violencia que terminó por imponer el golpe del 76. Ese análisis olvida el bombardeo del 55 y la proscripción de votar al peronismo, que está en el origen de la guerrilla. El germen estuvo en esa imposibilidad. Ésa es mi posición. En cuanto que los hechos sean leídos como episodios heroicos, creo que eso se corresponde más con una película o una ficción. Yo no presento modelos de acción. Podría ser peligroso.
A partir de donde usted deja de contar la historia, en mayo de 1973, ¿las cosas se hubieran podido resolver de otra forma?
Hay dos factores para pensar eso. El peronismo tenía conflictos ideológicos internos que eran difíciles de resolver de manera pacífica porque Perón ya estaba muy lejos de esa problemática. Había allí una violencia muy aceitada que hizo que bajar las armas, aún durante un gobierno peronista, fuera imposible. Además había un interés de las Fuerzas Armadas, a partir de 1974, en que esta violencia creciera aún más, para llegar al golpe del 76. También había un interés muy fuerte de cambiar la estructura económica del país, de romper con el Estado de bienestar. Ahí también hubo violencia en las medidas de sinceramiento y ajuste que se llevaron adelante. Es un período en el que había mucha gente deseando sangre. Desde distintos sectores. ¿Se pudo haber evitado? Ojalá. Hubiéramos tenido con vida a miles y miles de personas. Pero es difícil de concebir. Tendría que haber sido posible un pacto, a partir de la asunción de Cámpora, para resolver los asuntos internos en forma pacífica. Pero eso no se advirtió en la profundización de la lucha entre los gremios y la izquierda peronista; no se advirtió en la aparición de nuevos grupos parapoliciales; no se advirtió con la decisión del ERP de seguir luchando contra las Fuerzas Armadas. Había una pulsión violenta que estaba impregnada de la dinámica de la política.
Y a nadie parecía importarle la democracia.
La democracia había dejado de ser un valor. Aun en la proscripción del peronismo, si votabas a Frondizi o a Illia los terminaba sacando de la Casa Rosada un militar. Y eso se daba naturalmente. Entonces el sistema no era confiable. El imaginario de la época decía que un guerrillero no podía confiar en el Congreso porque podía terminar legislando a espaldas del pueblo. Esto se arrastraba desde el año 30. Las Fuerzas Armadas eran vistas como el actor que venía a ordenar el desorden de los civiles. En el 76 hubo sectores que pensaron de buena fe, ilusoriamente, que las Fuerzas Armadas podían traer orden y no una escuela de horror. Cuando digo de buena fe me refiero a pensar que el caos de cada día podía ser ordenado. Las Fuerzas Armadas jugaron a ese juego: vamos a ser nosotros. Como historiador, es muy complejo trabajar sobre temas que no tienen consenso. Se puede tener una mirada desapasionada sobre lo que fueron Sarmiento o Rosas, pero es muy difícil tener todavía hoy una mirada serena sobre lo que pasó en los 70. Lo tenemos muy cerca y hay mucho dolor.
¿Por qué en su libro no hay testimonios de militares o policías comprometidos con los hechos?
Porque los delitos que cometieron no están prescriptos y su testimonio podría comprometerlos. Ésa es una dificultad más para trabajar el período. Sin embargo, encontré la mirada de un agente penitenciario de Devoto en un blog y decidí incluirla. En cambio, los guerrilleros que hablan en este libro por primera vez lo hacen porque sus delitos están prescriptos. Cumplieron la pena del gobierno de Isabel con nueve o diez años de prisión. De cierta forma, los salvó el mismo sistema penitenciario.
¿Qué vio en ese mano a mano con los ex guerrilleros que testimonian para su libro? ¿Nostálgicos? ¿Arrepentidos?
Es muy difícil generalizar, cada uno tiene su particularidad. Algunos sí se sentían arrepentidos por haber empujado la violencia posterior y lo que terminó sucediendo en la década. Otros creen que erraron el método pero actuaron con convicción y honestidad. Todos marcan que en ese momento era imposible no actuar así, que el contexto es irrepetible. La mayoría de ellos quedaron muy marginados del contexto político y volvieron a sus antiguos oficios u ocupaciones. Subrayan la improvisación e inexperiencia en no entender la potencia del enemigo. Creyeron que se estaban enfrentando al policía de la esquina y se midieron con un ejército que estaba por encima del sistema político y la Constitución, listo para reprimir. Y en ese fuera de foco se perdieron demasiadas vidas y se provocó la peor tragedia política de la historia argentina.
Biografía
Marcelo Larraquy nació en 1965 en Buenos Aires. Fue subeditor de la revista Noticias y escribió para los principales diarios del país. Periodista e historiador, hizo de los enfrentamientos entre la guerrilla y la última dictadura su tema principal, en libros como Galimberti, Fuimos soldados y Los 70. Una historia violenta.
"En ese tiempo tenía 23 años, vivía en Milán, Italia. Leía a Italo Svevo, a Hesse, trabajaba de lo que podía y soñaba, alguna vez, con escribir un libro", dice Larraquy. 
F. G.