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jueves, 28 de marzo de 2024

MEMORIA, FUERZA AÉREA ,FUERTE AUMENTO DE GAS


Golpe: la Iglesia dijo que hay miradas “ideologizadas”

El obispo castrense pidió por los militares enfermos que se mantienen en prisión
Dos días después de la polémica por las visiones encontradas entre el Gobierno y las organizaciones de derechos humanos, a 48 años del golpe de 1976, el obispo castrense, monseñor Santiago Olivera, pidió por los militares “enfermos y con años de prisiones preventivas”, que “siguen sufriendo la cárcel y, lo que es peor, siguen sufriendo por causa de miradas parciales e ideologizadas”. Y advirtió que muchos años después se sigue “silenciando o etiquetando” a muchas familias.
En una misa oficiada en la Iglesia Catedral Stella Maris, de Retiro, como parte de la Semana Santa, el obispo se refirió a los militares que permanecen detenidos sin sentencia en causas por delitos de lesa humanidad y señaló que se constatan “muchas injusticias, y sin duda, lo más parecido a la venganza”.
Se trata de la primera reacción de la Iglesia frente al impacto que produjo el spot oficial del Gobierno presentado para recordar el Día de la Memoria, en la que reclamó una “mirada completa” sobre la violencia de los años 70. Varias organizaciones políticas y de derechos humanos acusaron, a su vez, al Gobierno de “ofrecer una visión parcial”.
Monseñor Olivera recordó que el papa Francisco enseña “a no dejarnos ganar por la ideología de un lado y de otro” y que “estar privado de libertad no es estar privado de dignidad”, en referencia a las condiciones de detención impuestas a los militares detenidos.
“No podemos dejar de pensar en tantas familias que sufren estas dolorosas situaciones. No podemos dejar de pensar en tantas familias que, sufriendo en tiempos de democracia, violencias y atentados, hoy se los sigue silenciando o etiquetando, sin recibir ningún reconocimiento”, advirtió el obispo castrense.
Y pidió “renovar con esperanza la certeza de que otro modo de vivir es posible en nuestra patria”. En ese sentido, consideró “providencial” las palabras de Francisco en la encíclica Fratelli tutti, acerca de la violencia de grupos particulares y el poder del Estado.
“Cuando hubo injusticias mutuas, cabe reconocer con claridad que pueden no haber tenido la misma gravedad o que no son comparables. La violencia ejercida desde las estructuras y el poder del Estado no está en el mismo nivel de la violencia de grupos particulares. De todos modos, no se puede pretender que solo se recuerden los sufrimientos injustos de una sola de las partes”.
Como informó según datos de la Unión de Promociones, aún permanecen encarcelados en unidades penales 115 militares y efectivos de fuerzas de seguridad y policiales, y otros 739 que cumplen prisiones domiciliarias. El total asciende a 854 presos, incluidos civiles. Los procesados en los juicios son 812 y hay 1038 condenados.
La memoria y la historia
El obispo Olivera transmitió la necesidad de que “el Evangelio que sana y libera se encarne más en nuestra nación”. Y agregó: “Una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad. ¡Qué bien nos hará la verdad!”.
Finalmente, expresó su confianza en que “en estos nuevos tiempos, todos los poderes del Estado busquen con sincero esfuerzo los caminos de la verdad, en la justicia y en el amor. Que sean tiempos de verdadero encuentro para que busquemos caminos a transitar que no nos avergüencen en el hoy y en el futuro”.
“Que la memoria no opaque la verdadera historia, ni aún desde aquellos que han tenido en nuestra patria mayores responsabilidades, pues nunca se deben silenciar o negar situaciones violentas y dramáticas que hemos vivido de uno u otro lado, insisto, aunque haya mayor responsabilidad por parte de quienes nos gobiernan”, prosiguió.
Y, al concluir su mensaje, recordó que “la impunidad de donde venga siempre prepara nuevos delitos”

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El Gobierno firmó un acuerdo para comprar aviones F-16
Fueron adquiridos a Dinamarca, pero tiene tecnología de los Estados Unidos; Petri se reunió con su par Lund Pousen
Luis Petri ministro de defensa
El ministro de Defensa, Luis Petri, firmó ayer una carta con su par de Dinamarca, Troels Lund Pousen, para avanzar con la compra de 24 aviones de combate F-16 estadounidenses al gobierno europeo, según anunciaron desde el Gobierno por redes sociales
“El ministro Luis Petri y su par de Dinamarca, Troels Lund Pousen, firmaron una carta de intención para avanzar en la compra de las aeronaves F-16. La inversión en defensa vuelve a ser una prioridad. Estamos equipando a nuestras Fuerzas y recuperando la capacidad supersónica del país”, anticiparon desde la cartera de Defensa por X.
Según aclararon desde el ministerio que conduce Petri, el convenio entre ambos funcionarios se selló con la firma de una carta de cooperación bilateral “que facilitará sentar las bases para futuros proyectos” entre los dos países.
“Con la adquisición de estos aviones, indispensables para recuperar la capacidad supersónica de la Fuerza Aérea Argentina, se inicia la etapa final de un proceso cuyo objetivo es fortalecer las capacidades del instrumento militar”, destacaron desde el ministerio a través de un comunicado.
Publicó a fines de octubre que Estados Unidos había autori“desde hace 30 años que la argentina –el octavo país más extenso a nivel mundial, con enormes cantidades de recursos naturales y extensas fronteras– no realiza una compra de estas características” zado la venta de 24 aviones caza F-16 equipados con misiles aireaire de Dinamarca al país y estaba trabajando en un paquete de financiamiento por 40 millones de dólares para facilitar la compra por parte del gobierno argentino, una operación de enorme impacto geopolítico en la cual Washington compite directamente con China, que ha ofrecido la venta de aviones JF-17 de Pakistán.
En aquella oportunidad el gobierno de Alberto Fernández debía evaluar qué decisión tomar entre sus diferentes opciones.
A mediados de octubre, la vicesecretaria adjunta de Seguridad Regional del Departamento de Estado, Mira Resnick, dijo en una llamada con periodistas en la que participó que el Departamento de Estado aprobó la transferencia de aviones a la Argentina luego de haber informado al Congreso, donde no se levantaron objeciones a la operación.
Resnick remarcó que la transferencia es “de interés nacional para EE,UU.”, y si bien afirmó que la decisión final es de la Argentina, insistió en que la oferta norteamericana es “superior” a la de China, y que, de concretarse, servirá para profundizar la relación a largo plazo entre ambos países.

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Llegan fuertes aumentos del gas desde la semana próxima
La resolución se firmará la semana próxima; es por la quita de subsidios a hogares, industrias y comercios
Ya está definido. El Gobierno firmará la semana que viene las resoluciones que habilitan el aumento en las tarifas de gas, que impactará desde abril próximo, según confirmaron a altas fuentes del Ministerio de Economía. Este ajuste es parte del recorte de subsidios que está dispuesto a hacer para equilibrar las cuentas fiscales.
Bajo este concepto, la Secretaría de Energía busca reducir al mínimo los subsidios económicos y que los hogares paguen el costo pleno de la energía. En el caso específico del gas, el secretario Eduardo Rodríguez Chirillo había dicho hace solo dos semanas, durante la audiencia pública que, en promedio, los usuarios actualmente pagan solo el 17,5% del costo de producción.
En realidad, esta actualización ya estaba lista para aplicarse hace dos meses, con el visto bueno de la Secretaría de Energía y el Ente Nacional de Regulación del Gas (Enargas), pero todo se pospuso a pedido del ministro de Economía, Luis Caputo, que quería evitar que esos aumentos hicieran saltar la inflación durante ese período.
Pero ahora parece que ya no hay más demoras y que las boletas empezarán a llegar con los nuevos importes recargados. Días más, días menos, fuentes privadas consultadas por este medio afirmaron que la firma de las resoluciones pertinentes se publicarían entre lunes y martes de la semana próxima.
¿De cuánto será el aumento? La consultora Economía & Energía dio precisiones acerca de qué porcentaje cubren con las boletas los distintos usuarios: los hogares considerados de altos ingresos pagan el 22% del total de costo de producción; los de bajos ingresos, el 6,5%, y los de ingresos medios, el 8%. Por lo tanto, el aumento de tarifas sería mayor para los usuarios de menor poder adquisitivo.
Bajo el supuesto de que se quita el 100% de los subsidios, los usuarios de ingresos altos de Metrogas en la ciudad de Buenos Aires (CABA), que consumen alrededor de 662 m3 anuales, pasarían de pagar la boleta final con impuestos de $4558, en enero, a $7847, en febrero (72%); $11.137, en marzo (42%), y $14.426 en abril (30%). Esto significaría una suba en la boleta total de 217% en apenas tres meses, según la consultora que dirige el economista Nicolás Arceo.
Los usuarios de ingresos medios, en tanto, pasarían de pagar $3104, en enero, a $8712, en febrero (181%); $12.698, en marzo (46%), y $14.426 en abril (14%). Esto significaría un aumento de 365%.
Para los usuarios de ingresos bajos, la consultora hizo el supuesto de que se subsidiará el 50% del costo de abastecimiento. De esta forma, se pasaría de pagar $2179, en enero, a $5285, en febrero (143%); $6811, en marzo (29%), y $7800 en abril (15%). Esto significaría una suba de 258%.
Transporte y distribución
Aún con estos ajustes, seguirían faltando otros incrementos en la tarifa de gas. Esto se debe a que aún resta que la Secretaría de Energía decrete además alzas en los servicios de transporte de gas y de distribución, que también están incluidos en el precio final de las boletas.
En la audiencia pública, las empresas transportistas (TGN y TGS) pidieron recomponer sus ingresos con aumentos de 524%, mientras que las distribuidoras (Metrogas, Naturgy y Camuzzi, entre otras) solicitaron subas de 462%.

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jueves, 9 de marzo de 2023

MEMORIA


Mujeres a quienes recordar este 8 de marzo
Patricia Bullrich
Aquel 8 de marzo de 1908, Nueva York se cubrió de un espeso humo que lentamente desplegó olores profundos de muerte.
Pasó casi inadvertido en el momento, pero sus efectos llegaron hasta hoy y la memoria de las 129 obreras textiles y los 25 hombres que murieron encerrados en la fábrica textil Cotton se transformaron en un día de conmemoración perpetua a favor de los derechos de la mujer.
Derechos ignorados de las mujeres, niñas y adolescentes que a lo largo de la historia han sufrido y siguen sufriendo la violación no solo de sus derechos, pues en una gran cantidad de casos el maltrato, la violencia y hasta la muerte se enseñorean sobre sus vidas transformándolas en un calvario brutal.
Hago aquí un pequeño homenaje a todas, recordando a algunas de ellas, a quienes la brutalidad o la desidia las marcó de manera definitiva, y entonces sucedió que se fueron, pero nos dejaron inmensas enseñanzas.
Rememoro el asesinato de la policía de la ciudad Maribel Zalazar, quien nos interpela con su muerte, haciéndonos ver que las ideologías obtusas o la falta de convicción para tomar decisiones de gobierno la mandaron a las calles sin la debida protección.
Recuerdo aquellos días de marzo de 2021, en pleno “quedate en casa”, mientras ellos hacían sus fiestas clandestinas en la quinta presidencial de olivos, la dignidad hecha mujer enfrentando en Formosa a Insfrán, quien estableció una verdadera cárcel social en Clorinda, cuando tuve el honor de acompañar a esas valientes mujeres que se manifestaron pacíficamente vestidas de presidiarias para decirles a la Argentina y al mundo el sufrimiento que soportaron por 190 días, y que comparé entonces al sitio de Leningrado en la Segunda Guerra Mundial, o el inmenso dolor de Zunilda, que entró sana a un centro de aislamiento formoseño y perdió su embarazo de tres meses.
Pienso también en las palabras de Solange Musse, la joven mujer de 35 años que fue privada del último abrazo de su tía y su papá frente a lo inevitable de su partida, quien en respuesta a la barbarie dejó testimonio en una carta estremecedora. Preocupada no por ella, cuando escribe: “Lo que les han hecho a mi padre y a mi tía es inhumano ”. Ella, que tenía plena conciencia del final, pensaba en los dolores en el alma que sufrían sus afectos. Dolores indelebles que les produjo el encierro irracional.
Musse se fue de pie, dejando de rodillas a la infamia que la privó del último abrazo. Dejando al desnudo los pesados monumentos de la inoperancia y del gasto público inmoral que son hoy el Ministerio de la Mujer o el instituto antidiscriminatorio, y todas esas estructuras vacías de respuestas para las ciudadanas y repletas de acomodados que despilfarran recursos estatales sin hacer nada de lo que dicen hacer.
Este 8 de marzo recuerdo las palabras de Solange y las asumo como un compromiso: “Acuérdense, hasta mi último suspiro tengo mis derechos, nadie va a arrebatar eso en mi persona”.
Solange, Zunilda, Maribel son mujeres a las que quiero recordar este 8 de marzo.
Presidenta de PRO

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martes, 12 de junio de 2018

MEMORIA, INTELIGENCIA, IMAGINACIÓN...SOMOS HUMANOS.....AÚN

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De un tiempo a esta parte se ha ido imponiendo la idea de que memorizar datos es algo ocioso; ahora está todo en Internet. Se ha venido a sumar a este disparate un hábito oprobioso, el de enorgullecerse de la propia ignorancia. Muy suelto de cuerpo un sujeto puede declarar, casi con petulancia, que es un cero a la izquierda en todo lo relacionado con la huerta, las centrales atómicas, la cosmética o el cálculo infinitesimal. La combinación es catastrófica.
Internet está muy bien, y soy un defensor incansable, casi un cruzado, de la Wikipedia. Pero cuando le restamos peso a la memoria -nuestra memoria- empezamos a equivocarnos. En primer lugar, porque no sabemos exactamente qué es la memoria. Borges imaginó a Funes, pero somos incapaces de figurarnos una memoria por completo desierta.
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¿Dónde exactamente se terminan mis recuerdos -y esos recuerdos a los que llamamos conocimiento- y empieza mi identidad? ¿Cómo influye lo que tengo en mi memoria sobre la forma en que interpreto el mundo? La segregación -no importa el pretexto- se basa en una ignorancia que se ufana de sí.
Existe, por ejemplo, una memoria del cuerpo. Sería imposible al mismo tiempo existir, ser conscientes y no sembrar recuerdos y reflejos.
Dejemos de lado los extremos; ni Funes ni memoria cero. Aún así, hay todavía varios otros sofismas en esto de que todo está en Internet. Primero, que es falso. No está todo. Segundo, y todavía más importante, ¿qué le preguntaríamos a esta red que lo sabe todo si no supiéramos casi nada? ¿Por dónde empezaríamos?
El dilema es antiguo. Dicen que Sócrates se reía, cuando lo llamaban sabio, y afirmaba que solo sabía que no sabía nada. Es así. Más aprende uno (más se maravilla, de paso), más se da cuenta de la inmensidad de lo que ignora. Esto despierta un escozor que nunca se termina de calmar.
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En este amanecer perpetuo al que llamamos curiosidad, vamos memorizando cosas. Cierto, lo hacemos con la fragilidad de las neuronas y en los anaqueles siempre cambiantes de la mente, que en ocasiones cree recordar algo que nunca ocurrió. O que es capaz de unir, en extravagante y falaz sincretismo, varios datos solo vagamente relacionados. Pero incluso cuando nuestra memoria es falible y blanda, elástica y emotiva, tenaz pero caprichosa, no tenemos ningún otro recurso para salir de la oscuridad. Porque no es lo mismo dato que conocimiento; esa alquimia arde con lentitud en nuestras mentes desde que memorizamos las primeras palabras, e incluso desde antes. Pero hay algo más.
Me explicaba hace unos años Rodrigo Quian Quiroga, científico argentino que estudia la memoria, que recordar no es simplemente pasar una película que está almacenada en el cerebro. Es más bien como reconstruirla.
"El cerebro guarda conceptos, generaliza, tiende a olvidar los detalles -me dijo-. La memoria es, además, un proceso creativo". Marcel Proust lo demostró cabalmente.
Comparar nuestro memorizar laberíntico con el estibar bits en rectos circuitos de silicio es, por lo menos, degradante. No somos máquinas. No queremos ser máquinas. No podemos ser máquinas.
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Nos gusta creer que es posible desconectar la creatividad de la razón, la intuición de las emociones, los recuerdos de la percepción, los sueños de la experiencia. No funciona así. J. R. R. Tolkien, el autor de El Señor de los Anillos, sostenía que todo lo que hemos leído y experimentado forma el humus del que surgirá nuestra obra. Germinarán también ideas, relaciones y más preguntas. Acaso la imperfecta memoria sea tan fértil como su hermana, la imaginación.
En semejante contexto, memorizar datos (esa es una madreselva; Constantinopla cayó en 1453; el hidrógeno es el primer elemento de la tabla periódica) es algo así como el grado cero de nuestra humanidad. Porque no está todo en Internet. Todo está en la mente.

A. T.

martes, 10 de abril de 2018

ENCUENTRO DE HISTORIA....MALVINAS

Encuentro: Malvinas en la memoria. El trauma de la guerra.
https://www.eventbrite.com.ar/e/malvinas-en-la-memoria-el-trauma-de-la-guerra-tickets-44844419867

viernes, 6 de abril de 2018

¿INTERNET MATA A NUESTRA MEMORIA?

Los dispositivos digitales, en particular Google, nos eximen del ejercicio de la repetición y la retención de datos. La gran pregunta es si esto significa una liberación o la pérdida de un recurso valioso
¿Cómo se llamaba la película por la que le dieron el Oscar a Tom Cruise? ¿Y ese delantero que jugaba en Camerún en el Mundial de 1990? ¿Y el candidato a presidente de la nación en 2001 por la izquierda? ¿Cómo que no hubo elecciones presidenciales en 2001? "No te acordás, no importa", podría decir alguien mientras desenfunda el teléfono de su bolsillo derecho, "pará que lo googleo".
Desde hace un tiempo (¿5, 10, 15 años?; como sea, fue algo progresivo), muchas disputas y debates de café se resuelven con una ayudita del pequeño amigo inteligente al que solo hay que desbloquear y dotar de conectividad. De hecho, la neurociencia habla del "efecto Google" para describir esa tendencia a no retener aquello que sabemos que se puede recuperar relativa y electrónicamente fácil. "Uno transfiere parte de la memoria a repositorios digitales y se borran límites entre la memoria que está en el cerebro y la que está en los dispositivos, entre lo digital y lo cerebral. A las personas les cuesta diferenciar qué cosas sabe uno y cuáles están en un lugar donde uno puede ir a buscarlo", dice Pedro Bekinschtein, neurocientífico investigador del Conicet y la UBA.
El fenómeno es relativamente nuevo, pero se ancla en un concepto previo a la era digital total, el de "memorias transactivas", por el cual alguien de un grupo determinado, por ejemplo un jefe, se permite olvidar ciertas cosas en particular que forman parte de la pericia de otro. "Vos que sabés todo de cine, vení y contanos cuáles fueron las películas argentinas nominadas". El jefe, el amigo, no tiene esa memoria, pero sabe dónde ir a buscarla. Ni hablar de las implicancias que puede tener en la educación: para qué pedirle al niño que conozca los nombres de las capitales de Europa o los grandes ríos africanos si puede encontrarlos en el buscador con solo apretar enter.

Dice Andrea Goldin, del Laboratorio de Neurociencia de la Universidad Torcuato Di Tella y también investigadora del Conicet: "El efecto Google nos libera la mente para otras cuestiones, pero tiene inconvenientes potenciales: ¿qué hacen los docentes?, ¿son buenos o malos los exámenes a libro abierto? Bueno, depende qué evalúes. Si son datos enciclopédicos, no; si pensar es relacionar, en ese caso no importa. Pero no hay que perder de vista que es menos probable que recordemos esos datos concretos si sabemos que están en otro lado. Saber que existen fuentes externas de memorias disminuye nuestros esfuerzos de aprendizaje". Hay muchos trabajos experimentales que avalan esas afirmaciones, cuenta Goldin. En uno, a los sujetos se les dieron datos que pueden ser respuestas a preguntas de trivia y se los hacen escribir. A la mitad de ellos les dicen que la computadora guardó la información; a la otra mitad, que fue borrada. ¿Resultado? A la hora de evaluarlos, los investigadores encontraron que aquellas oraciones que habían sido informadas como borradas eran más recordadas que las que se comentaban como guardadas por la máquina. 
"Pareciera que saber que la información no estará accesible mejora la memoria", dice Goldin. En otra serie de experimentos se mostró que se recuerda mejor dónde está guardada esa información que la información en sí. Y más: cuando las personas se ponen a resolver cuestionarios con ayuda de Internet y obtienen mejores resultados, también mejoran su autoestima. "Es loco -dice Goldin-, el uso de Internet se va metiendo demasiado adentro de nuestras cabezas y nos confunde". Lo cierto es que los científicos ya afirman que Google (e Internet en general) cambia el modo en que pensamos; afecta al cerebro, por decirlo de una manera más drástica.
Ahora bien, desde el punto de vista social, ¿es cierto que ya no queda lugar para la virtud de recordar datos, fechas, películas y delanteros cameruneses en una época en la que cualquier duda se zanja rápidamente con el buscador? ¿Está verdaderamente en peligro de extinción o puede resurgir aquello que era una virtud escolar (repita la lección, alumno González) y hoy parece despreciarse? 

El campeón de memorización de Francia -porque existen estos campeonatos- Sébastien Martinez, está convencido de que sí. Martinez, un ingeniero de minas, acaba de publicar en español su libro Una memoria infalible (Paidós) en el que da algunas claves y presenta su método. Si bien está escrito en modo autoayuda (lo que quizá no signifique demasiado en una era donde todo está escrito en esa clave, desde la divulgación científica a ciertas novelas), cada tanto desliza algún concepto que avanza sobre el nudo teórico: "Se puede aprender a seleccionar las informaciones que realmente se necesitan, que estructuran un razonamiento, una sucesión de informaciones". Es decir, se puede saber mucho de lo particular y nunca acceder al panorama general, pero es virtualmente imposible tener el concepto sin un solo ejemplo. Pensar es abstraer lo general de lo particular, diría Aristóteles; u olvidar los detalles, dicen hoy los neurocientíficos, tal como sabía aquel narrador borgeano que conoció a un muchacho uruguayo de 18 años llamado Funes.
Uno de los sistemas usado por Martinez es el conocido como "palacio de la memoria", en el que cada espacio o habitación está asociado a uno de los elementos a recordar y se genera un entramado que permite rápidas memorizaciones. Es el método más popular y es, también, el método de Andrés Rieznik, físico y divulgador argentino, coconductor del programa de TV La liga de la ciencia, y autor de una versión local y previa del libro francés que se llama Atletismo mental (Sudamericana, 2016). En sus presentaciones y entrevistas, Rieznik sorprende con cálculos y multiplicaciones instantáneas, como elevar números de tres y cuatro dígitos al cuadrado. Sin embargo, no le ve porvenir popular a la causa de la autoayuda memorística. "El atleta mental es paralelo al atleta convencional y no sirve para la vida cotidiana. No va a volver a ser algo necesario en la supervivencia. Usain Bolt no usa su capacidad para tomar el ?bondi' ni para cazar un venado. Solo es interesante verlo; es más una demostración artística y de varieté que otra cosa. En la enseñanza se exige cada vez más el razonamiento y la abstracción", señala.
La posible excepción es aprender alguna técnica y aplicarla a un contexto tan restringido para la supervivencia como el casino: por batir así al sistema, el británico Dominic O'Brien -ocho veces campeón del mundo de la memoria- tiene la entrada restringida a estos lugares de apuestas. Su capacidad para recordar cada una de las cartas salidas en el Black Jack le daba una ventaja que las bancas no están en condiciones de tolerar.

Final abierto
Entonces, aunque de momento nos parezca fundamental, ¿es que, como especie, estamos cediendo recursos mentales que no volverán y que, eventualmente, nos pueden perjudicar incluso a la hora de razonar? ¿Descansamos al dejar buena cantidad de datos en aparatitos que pueden fallar, romperse, equivocarse o mentirnos?
Mejor no ir tan rápido en busca de conclusiones. Responde Bekinschtein: "Las consecuencias de todo esto no se saben. Hacen falta estudios longitudinales para saber si hay deterioro cognitivo. Hay un trabajo respecto de qué pasa cuando uno usa GPS y qué pasa cuando uno no lo usa: se apagan las áreas que tienen que ver con la planificación, como la corteza frontal. Delegamos procesos cognitivos en dispositivos. Pero no sé si eso, finalmente, no podría derivar en algo positivo, si no queda alguna parte del cerebro liberada, apta para usarse con otro fin. Yo suelo ser optimista, pero hasta no tener estudios más amplios no sé si vamos a poder tener certezas", agrega el autor de libros como 100% cerebro (Ediciones B).
Hay otra opción que va un paso más allá y propone subir enteramente las conexiones de un cerebro ("conectoma" en la jerga) a un entorno digital. ¿Ficción científica? De ningún modo: se trata de las indagaciones de una promisoria startup de científicos del MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts) bautizada Nectome que busca "archivar tu mente", con "la última ambición de mantener las memorias intactas en el futuro", según dice su página web ( nectome.com). Pero esa es otra historia.

M. D. A.

jueves, 31 de agosto de 2017

PARA ALGUNOS LA MUERTE NO EXISTE...JERRY LEWIS EN LA MEMORIA Y EL PENSAMIENTO



La memoria es el vasto territorio de lo que aún no recordamos. Resulta difícil no estar de acuerdo con esta idea del poeta español José Ángel Valente. Vista de esta manera -que es como debe ser vista-, la memoria es un colosal reservorio de evocaciones desconocidas hasta que algo las saca finalmente a la luz y pensamos entonces en ellas. Por ejemplo, yo no había pensado mucho en Jerry Lewis, hasta que se murió, el domingo pasado.
Pero eso no quiere decir que también Jerry Lewis no habitara ese vasto territorio del que hablaba Valente, y que en cada uno de nosotros es diferente. Podemos ser iguales a los demás en casi todo menos en dos cosas: en las lecturas que nos hicieron quienes somos y en la memoria.



Lewis está en la memoria de muchos de nosotros, es cierto, pero no del mismo modo. Todos los sábados de la infancia (¿a la tarde?) pasaban por televisión películas suyas (películas en las que actuaba o que había dirigido). Yo las veía en los años ochenta, 20 o 30 años después de su estreno, pero en cualquier caso eran un estreno para mí. De todas esas películas que vi, saltó repentinamente una de ellas, y sin duda salió de la memoria esa y no otra (ninguna otra), porque también allí el problema de la memoria, el recuerdo y el olvido se ponían en escena.
Esa película era y sigue siendo Living It Up (que en la Argentina se conoció como Más vivos que muertos), y se estrenó en 1954. La trama entera apareció de golpe. Lewis (Homer Flagg en la ficción) es un trabajador ferroviario que vive en Nueva México y quiere conocer Nueva York. Un día -por una peripecia que olvidé para siempre- descubre un auto abandonado en un campo de pruebas atómicas. Le diagnostican contaminación radiactiva y le dan un pronóstico (equivocado) de tres semanas de vida. Luego, una periodista de un diario neoyorquino convence al editor de cumplirle a Homer el último deseo (el viaje a Nueva York) y tener una cobertura entonces exclusiva del caso para el diario. Cuentan para eso con la complicidad de Dean Martin, aquí un médico de pueblo, que sabe que el otro es un enfermo imaginario, pero quiere sacar partido del viaje y de un eventual amorío con la cronista.



Como sea, ya en Nueva York pasan las semanas y Homer no muere. El editor se impacienta porque los gastos aumentan y la noticia (la muerte siempre es noticia, como lo prueba el hecho de que activara de pronto la memoria) no llega. Por fin deciden darlo por muerto aunque no muera. Hay en Nueva York exequias masivas y con honores: multitudes conmovidas por ese joven de provincia víctima de la radiactividad. Caen papelitos. Dos barrenderos se ocupan de barrerlos. Son Jerry Lewis y Dean Martin que, con anteojos oscuros, encontraron ese nuevo trabajo de barrenderos. Siguen con los anteojos oscuros. Por fin, uno le dice al otro (¿quién a quién?) que ya no necesitan los anteojos. Un minuto después de concluidas las exequias, Nueva York había olvidado para siempre a su protegido desprotegido.



Ben Hecht, el guionista, sabía lo que hacía. En la superficie, la comedia parece una farsa acerca de la tragedia de la fama, de ese olvido irremediable que corroe la fama. Pero en el fondo es otra cosa: una consideración sobre la mercadería cotidiana que nos colma de recuerdos que, como no llegan a precipitar en la experiencia que implica toda memoria, se pierden para siempre. Las películas son para mí casi una cosa del pasado. Sin embargo, a diferencia del recuerdo, que manejamos a discreción, la memoria es impiadosa. Tendré qué pensar por qué la memoria me trajo ese objeto, suvenirdel tiempo ido, del tiempo perdido para siempre de la infancia, ese tiempo en que el todo era posible, y emblema además del poderío incorruptible del olvido.

P. G. 

miércoles, 30 de agosto de 2017

MEMORIAS DE LA VIDA Y EL AMOR...QUE SON MÁS O MENOS LO MISMO


Confieso, ya es de noche, estoy sentado otra vez en el asiento de un avión, pienso en mis valijas que viajan conmigo, en las cosas que llevo; lapicera, mi costurero con los retazos de parches y una colección nueva de agujas espléndidas para cuero, mis acuarelas y cuaderno con una decena de desnudos, un saco nuevo, tres libros para Heloisa: dragones, Egipto y los dioses griegos. Recorro las esquinas y los llanos de mi memoria. Hay lugares con sol. También sombras. Me veo caminando por Roma mientras miro fuentes, esquiando por los bosques silenciosos de lengas de Chubut, sumergido debajo de las olas con mis hijos y mi amor en Brasil. Cantando y grabando La Paloma, boca con boca, los labios tocándose, en un estudio de grabación en Nueva York, somos amantes, sentados en el piso con nuestras piernas en roces, entrelazadas, tan cerca, los técnicos absortos por la proximidad, por horas. Sirviéndole y trozando con mi cuchillo un pedazo de lomo al primer ministro de China, los dos agazapados debajo de una vaca entera con cuero, caminado sobre las cenizas, mirándonos a los ojos.
Recuerdo: hace mas de cuarenta años una francesa que amé en un tren que iba a paso de hombre por la campiña francesa, alborotadamente juntos sin hablar, colgados de los peldaños del vagón en una noche muy oscura. A la mañana siguiente la busqué por todos los vagones; nunca más la vi. Jamás supe su nombre, pero recuerdo nuestro amor y olor como un grito de soledad y me viene a los labios la poetisa uruguaya Idea Vilariño: "Ya no será/ya no viviremos juntos, no criaré a tu hijo/no coseré tu ropa, no te tendré de noche/no te besaré al irme, nunca sabrás quién fui/por qué me amaron otros. (...) No me abrazarás nunca como esta noche, nunca./No volveré a tocarte. No te veré morir".


En mi corazón, sin poder medir o cuantificar la vida, lo más lindo que tengo es la posibilidad de amar, aquella luz dada que guardamos y cuidamos en cada uno de nuestros bolsillos como un tesoro, como si fuera nuestra, sin imaginar que quizás un día se pueda apagar. Hay amores que duran un día y otros añares, pero todos nos van formando. Sí, somos un conjunto de fragmentos de pasiones, porque, aunque con finales estrepitosos, no debemos olvidar que fuimos felices.


Nos enseñan que el amor es puro, que el amor es esto y lo otro. Pero de verdad nadie puede enseñar sobre el amor porque es tan único como puro. O sucio. Es en verdad el motor del mundo. A veces todo parece parar como si nada o nadie creciera, y de pronto un gesto de amor da aquel empujón y nos encontramos otra vez caminando sin vacilar, con fuegos en los pies, construyendo en porfias los más hermosos castillos donde se vive de a dos. Como las enormes mariposas del noreste de Brasil. Se columpian entre los ipés en flor en las colinas que dan al mar entre rituales y aguas de coco.


Puedo contar casi todo de cada uno de mis autos, en cincuenta años. Que me llevaron por distintos caminos: autopistas, ripios, senderos de nieve, de arena, mis hijos apilados atrás cantando, comiendo, durmiendo. Quizás algunos de los aviones que me dejaron como una semilla sin germinar fueran hermosos puentes, en países distantes y remotos: Bután, Malasia, Indonesia, Vietnam, África. Algunas de las casas donde viví con ganas, en París, Buenos Aires, Bariloche, Nueva York, San Pablo, California, Trancoso, Mendoza o Uruguay, entre otros lugares. Cuántas miles de veces metí mis manos en la harina para hacer pan. Un amor que resume esperanza.
"Sólo puedo abrazarte, tomar tu mano, buscar tus labios, levantar tu pollera y ser aquel demonio que deseas y también el ángel que te cuida. Sólo puedo ser este fragmento que te ofrezco, no es pereza o desinterés son tan sólo mis años que me han hecho esto que soy."

F. M.

miércoles, 11 de enero de 2017

NUESTRO CEREBRO


Memoria de 7 segundos 



El músico inglés Clive Wearing, nacido en 1938, estaba en 1985 en el pico de su carrera como intérprete y director de orquesta. Pero ese año fue afectado por lo que parecía ser una simple fiebre. Los días pasaban y Clive no sólo no se recuperaba sino que empeoraba. Finalmente, fue diagnosticado con el virus de herpes simple, el cual raramente puede cruzar la barrera hematoencefálica (una especie de protección que tiene nuestro cerebro) y causar, como en su caso, encefalitis en el paciente. Como consecuencia de la inflamación, Clive sufrió un importante daño en su cerebro, que afectó varias estructuras y especialmente el hipocampo, área clave para el aprendizaje y el almacenamiento de los recuerdos. Clive quedó con una “amnesia anterógrada” que no le permitía formar nuevos recuerdos, presentando un período de conciencia de unos pocos segundos a minutos. Luego de esos instantes, todo parecía volver a comenzar (hace unos años se rodó un documental sobre el caso que se llamó The man with 7 seconds memory). Su esposa Deborah cuenta, en su libro Forever Today – A Memoir of Love and Amnesia, cómo Clive anotaba en su cuaderno entradas de memoria de este tipo: “12.17: en este momento estoy despierto, acabo de recobrar la conciencia”; luego tacharía esto, y pondría “12.25: ahora estoy perfectamente despierto”; tacharía nuevamente y, luego de unos minutos, consignaría: “12.30: en este momento estoy despierto”. Además, la amnesia de Clive afectó su capacidad de recordar hechos y sucesos vividos (amnesia retrógada), pudiendo evocar unos pocos eventos y/o personas de su pasado. La única persona a la que reconocía era a su mujer. Sorprendentemente, más allá de haber perdido la capacidad de generar nuevos recuerdos y de no recordar parte de su vida, su memoria y habilidad musical permanecieron casi intactas: podía tocar el piano, leer partituras o dirigir su coro con la misma facilidad que antes, aunque no pudiera recordar cuándo ni dónde aprendió a hacerlo, ni aprender de memoria nuevas partituras.

 ¿Cómo era posible esto? Si bien los lóbulos temporales mediales, donde están ambos hipocampos, son fundamentales en la memoria episódica (aquella que uno puede identificar “adónde y cuándo” la aprendió), pareciera que la “memoria musical” es independiente del daño en dichas estructuras. El hecho de componer o interpretar música involucra estructuras y vías del cerebro distintas de las que son necesarias para la memoria de eventos. La memoria no es un sistema unitario, sino un conjunto de sistemas que interactúan. En el caso de muchos pacientes amnésicos, su memoria episódica y semántica (las palabras y sus significados) puede estar devastada, pero tienen intacta la capacidad de aprender o recordar información procedural, como tipear o andar en bicicleta, por más que frente a una pregunta respondan que no lo saben. Es por esto que disciplinas como la musicoterapia resultan una herramienta útil para la rehabilitación o estimulación de ciertos pacientes neurológicos. 
A partir de casos como el de Wearing es que la ciencia también logra un mejor entendimiento sobre cómo funciona nuestro cerebro. Clive vivía el mismo momento una y otra vez, rodeado de personas extrañas en un contexto extraño, sin saber de su pasado ni mucho de lo que ocurría en su presente. Cada momento, para él, es el puro presente sumergido en un mundo raro. Pero, como una metáfora de las pasiones más intensas, nunca olvidó el amor por Deborah y por la música

sábado, 3 de septiembre de 2016

OTROS ESPACIOS PARA LA MEMORIA EN LA CIUDAD


Ex Club Atlético
Av. Paseo Colón 1200

Funcionó como centro clandestino de detención en el sótano de una dependencia de la Policía Federal, desde fines de 1976 a diciembre de 1977.


Ex Virrey Cevallos
Virrey Cevallos 628


Este centro clandestino de detención, tortura y exterminio, en el barrio de Montserrat, fue la casa operativa de la Fuerza Aérea entre los años 1976 y 1977.
Ex el Olimpo
Ramón Falcón 4250

Este centro clandestino funcionó entre agosto de 1978 y enero de 1979 en el predio de la División de Automotores de la Policía Federal.
Ex automotores Orletti
Venancio Flores 3519/21

Situado en el barrio de Floresta, funcionó como centro clandestino de detención, tortura y exterminio durante la última dictadura.
Parque de la Memoria
Av. Rafael Obligado 6745

El Parque de la Memoria-Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado es un espacio público de 14 hectáreas frente al Río de la Plata.
Iglesia de la Santa Cruz
Estados Unidos 3150
Aquí fueron secuestradas diez personas que buscaban a sus familiares desaparecidos y dos religiosas que colaboraban con ellos.

sábado, 16 de julio de 2016

DR. RENÉ FAVAROLO....Y LA MENTIRA CONTINUA

René Favaloro: Un suicidio que retrató una época. Lo que nadie parece recordar

He escuchado en el día ayer innumerable recordatorios al prestigioso cardiocirujano René Favaloro que se suicidó al dispararse en el corazón. Agobiado por la crisis que atravesaba su fundación y decepcionado ante la falta de respuestas por parte de las autoridades y de los empresarios. Argentina es un país ingrato, que se fagocita a sus mejores hombres. A él lo abandonaron. Desde el inepto presidente De la Rua al entonces interventor del PAMI, Horacio Rodriguez Larreta. Con excusas procedimentales, los empresarios, los periodistas incapaces de hacer un mea culpa y la sociedad en general, que siempre parece estar mirando hacia otro lado. En síntesis todos somos un buenos turros que nos rasgamos las vestiduras después que el personaje esta muerto. Para quienes tienen memoria floja les ayudo a recordar cómo fueron los hechos. 

El 28 de julio de 2000, un día antes de su muerte, Favaloro le envió una carta al entonces presidente Fernando de la Rúa en la que le pedía ayuda para obtener fondos de salvataje por la crítica situación financiera de su fundación. Según confió después el propio De la Rúa, el cardiocirujano concluyó la misiva con una frase lapidaria: "Estoy desesperado". Entre otras dificultades, la Fundación reclamaba cerca de dos millones de pesos/dólares adeudados por el PAMI, el organismo previsional entonces encabezado por Horacio Rodríguez Larreta, actual Jefe de Gobierno porteño. "La carta llegó el viernes y me enteré ayer (lunes)”, confesó De la Rúa ante las cámaras de América TV. “Él me pedía si podía interceder ante empresarios para obtener una donación de seis millones de pesos", dijo el primer mandatario. En otra de las siete cartas que dejó antes de quitarse la vida,a los 77 años, Favaloro condenó la corrupción de médicos, sindicalistas y prestadores. “Valga un solo ejemplo: el PAMI tiene una vieja deuda con nosotros (creo desde el año 94 o 95) de 1.900.000 pesos; la hubiéramos cobrado en 48 horas si hubiéramos aceptado los retornos que se nos pedían (como es lógico no a mí directamente)”, explicaba. 
Sin embargo, Rodríguez Larreta, entonces interventor del PAMI, aseguraba que no tenía “una deuda verificada con la Fundación”, y los únicos incumplimientos que existían “eran unas facturas vencidas correspondientes a los años 1993 y 1995, que no figuraban en los libros contables de la obra social”. Fue alli cuando Rodríguez Larreta, propuso una conciliación obligatoria y revisar todas las historias clínicas asignadas a las facturas para verificar si existía esa deuda de casi dos millones de dólares del PAMI con la Fundación. “Estoy pasando uno de los momentos más difíciles de mi vida, la fundación tiene graves problemas financieros. En este último tiempo me he transformado en un mendigo. Mi tarea es llamar, llamar y golpear puertas para recaudar algún dinero que nos permita seguir”, escribió Favaloro en una de las cartas que dejó a modo de despedida. Nacido el 12 de julio de 1923 en el barrio “El Mondongo” de La Plata, e hijo de un carpintero –Manuel— y de una modista –Ida Raffaelli--, Favaloro ingresó a la Facultad de Medicina de Universidad Nacional de La Plata a fines de los años 30. Realizó su residencia en el Hospital Policlínico de la capital bonaerense, donde vivió durante dos años de forma muy austera entre los pacientes que atendía, hasta que se recibió en 1949. A poco de graduarse, le llegó una carta de un tío, quien vivía en la localidad de Jancito Aráuz, en la zona desértica de La Pampa, en la cual le contaba que en se pueblo de 3500 habitantes se necesitaban médicos. Junto con su hermano Juan José puso en marcha un centro asistencial y logró reducir la mortalidad infantil en la zona, al igual que las infecciones en los partos y la desnutrición, todo gracias a campañas de difusión sanitarias que realizaba con la ayuda de las Iglesias, las escuelas y las instituciones intermedias. En ese entones, Favaloro volvía una vez por año a La Plata, donde además de presenciar algún partido de Gimnasia, el club de sus amores, aprovechaba sus visitas para ponerse al día en materia de conocimientos médicos. La cirugía toráxica era uno de los temas que más le interesaban, y lo entusiasmaba la idea de viajar a Estados Unidos con el propósito de nutrirse de los últimos avances en materia de intervenciones cardíacas. Tras 12 años como médico rural, se traslada a Cleveland, y tras trabajar en el tratamiento de las afecciones vasculares comienza a interesarse, en 1967, por la utilización de la vena safena en las intervenciones coronarias. La estandarización de esa técnica sería conocida como bypass, y sus especificidades serían publicadas en 1970 en revistas especializadas de los Estados Unidos. En 1971, Favaloro retorna al país con el deseo de crear una clínica de alta complejidad similar a los centros asistenciales en los que había trabajado en el exterior. Cuatro años más tarde nace la Fundación Favaloro, donde se formaron más de 450 residentes provenientes de las provincias argentinas y de los países de Latinoamérica. En 1980, creo el laboratorio de Investigación Básica, dependiente del área de formación de la Fundación, y sobre la base de esta experiencia se creó en 1998, la Universidad Favaloro. La Fundación atendía afecciones que iban más allá de lo cardivosaculares, y recibía pacientes que eran derivados desde diversas obras sociales.
 En 2000, ese emprendimiento médico de excelencia que había creado ese doctor formado en el campo y nacido en los barrios más postergados de su ciudad, acarreaba una deuda de 18 millones de dólares. El 29 de julio de ese año, se encerró en el baño de su casa y se pegó un tiro en el corazón, hundido en una profunda depresión y “cansado de luchar y galopar contra el viento, como decía Don Ata (en referencia a Atahualpa Yupanqui)”, decía en una de las siete cartas en las que intentaba explicar su decisión. 
D. M.

sábado, 25 de junio de 2016

LOS INSTANTES DONDE LA MEMORIA ES BELLA


Hace pocos días Salman Rushdie expresó en voz alta una idea simplísima. Sugirió que se debería volver a enseñar a los chicos en las escuelas "el arte perdido" de memorizar poesías, una actividad que, en su opinión, enriquece de por vida la relación cotidiana que una persona establece con el idioma.

 La propuesta, a pesar de su aparente inocencia, produjo escozor, como si implicara un retorno al pasado y no el desarrollo de una habilidad tan elemental y productiva como el aprendizaje de la música, el dibujo o las matemáticas. La práctica cayó en desuso hace décadas, tal vez porque sobre la repetición en general -no sólo de poesía, también de fechas históricas- pesa la sospecha de mecanicismo, además del temible fantasma de lo obligatorio. Rushdie no parece promover, de todas maneras, que los chicos se conviertan en loros parlanchines. Más bien apunta a que se enseñe la manera de apropiarse de los poemas que por alguna razón personal nos conmueven. La posesión intangible de unas cuantas palabras, en un mundo que nos quiere convencer, con la fuerza de las profecías autocumplidas, que la intimidad no existe, se parece bastante a una forma de resistencia.

El aprendizaje de poemas puede ayudar a postergar la inevitable erosión de la memoria, pero, más allá de esa beneficiosa coartada, resulta -al menos en mi experiencia- una vía de acceso a toda clase de felicidades. Hace algunos años, para recuperarme de una vulgar lesión muscular, me vi conminado a dar largos paseos. Las caminatas como paseante solitario por el barrio pueden volverse tediosas y, casi de casualidad -mucho antes de los consejos de Rushdie-, se me ocurrió optimizarlas repasando algunos versos. El pasatiempo se volvió hábito y el hábito llevó a descubrir que la memoria también se ejercita como un músculo : una vez puesto en forma, reclama más entrenamiento. La música de los poemas se ajusta por lo demás como pocas cosas al acento y cadencia de los pasos, la respiración y el ritmo cardíaco. Sólo hace falta un mínimo de concentración.
El procedimiento da por el suelo, además, con un lugar común. La repetición, lejos de ser instintiva y maquinal, permite "leer" los poemas con mayor profundidad que sobre el papel, hace saltar toda clase de conexiones.

 Un ejemplo entre tantos. Transité muchas veces "Sinfonía en gris mayor ", de Rubén Darío, pero sólo mientras caminaba entonándolo se hizo evidente la perfecta aliteración de uno de sus versos ("lejanas bandadas de pájaros manchan"), dominado de manera casi absoluta por una de sus vocales.
Más inesperado fue encontrar que un poema puede tener efectos terapéuticos. Leí "Aubade" ("Alborada"), de Philip Larkin, cuando pasaba por una inesperada seguidilla de días insomnes. El irónico inglés parece tener una pieza para cada ocasión, pero "Aubade" era lisa y llanamente una nota al pie de mi malestar de entonces. En el poema, también alguien se despertaba en medio de la noche. Inmerso en la oscuridad, en ese extraño estado de lucidez que produce la duermevela y mientras aguarda que aparezcan los primeros hilitos de luz de la mañana, se da cuenta que está un día más cerca de la muerte, que lo único que desconoce es el cómo, el dónde y el cuándo.

 No suena muy alentador, pero la poesía no tiene esas obligaciones. Me aprendí los primeros versos porque sí -en esa gratuidad está el verdadero encanto- para poco después reparar que, de tanto pronunciarlos como un mantra, la angustia del desvelo se había esfumado sin dejar rastros.
El regalo más importante de una memorización, contra todo, se produce cuando se abre a una emoción fulgurante.

 Arthur Rimbaud tiene muchos poemas que vale la pena recordar, pero "Ma Boheme" ("Mi bohemia") se destaca por un factor sentimental: lo leí por primera vez a la exacta edad en que él lo escribió. Gira alrededor de un adolescente, el propio Rimbaud, que, vestido con un sobretodo desastrado, sale a caminar bajo la gran bóveda celeste. En los últimos versos se sienta, levanta la pierna a la altura del corazón, estira los cordones de sus botas y empieza a rimar acompañándose con ese laúd improvisado.
 Los iba silabeando en mal francés para mis adentros cuando, en una esquina del montón, me di cuenta del más misterioso de los hechos. Casi un siglo y medio antes, un Rimbaud de dieciséis años iba diciéndose las mismas palabras mientras se dirigía a pie de su ciudad natal, Charleville, a la vecina Bélgica. No hacía falta que nadie me mandara el poema por WhatsApp. Era más simple: Rimbaud lo había lanzado desde su noche estrellada de hace un siglo y medio para que algún incauto lo retomara en cualquier tiempo y lugar. Por un instante -¿se referirá también Rushdie a epifanías inquietantes como esa?- me tocó el papel de médium: yo, para decirlo con el poeta adolescente, era otro.
P. B. R.

jueves, 5 de mayo de 2016

MEMORIAS RECARGABLES POR SANTIAGO BILINKIS


A través de la historia, la humanidad fue acumulando conocimiento de manera gradual y lenta. El ritmo al que el saber perdía vigencia era también lento y eso nos llevó a diseñar nuestra vida con una etapa inicial de aprendizaje que incluye unos 10 a 20 años de educación formal e informal, para luego dedicar el tiempo que nos quede a aplicar el saber adquirido en nuestra tarea profesional adulta. En esa segunda etapa, la mayoría dedicamos mucho menos tiempo a seguir estudiando, a actualizar lo que aprendimos, que en aquellos años formativos iniciales.


La aceleración del cambio de las últimas décadas está poniendo en jaque esta manera de encarar la vida. ¿En qué medida puede, por ejemplo, un médico formado hace 30 o 40 años ejercer su actividad de manera efectiva hoy? ¿Cuánto tiempo debería dedicar a ponerse (y luego mantenerse) al día al ritmo que se genera nuevo conocimiento? ¿Y cómo es posible compatibilizar esa gran inversión de horas con la alta demanda que ya implica su trabajo diario actual? La idea de estudiar una carrera durante 4 o 5 años de joven para adquirir el saber de nuestra profesión y luego trabajar de ella por el resto de nuestra vida empieza a resultar insostenible. Samuel Arbesman, en su libro La vida útil de los datos, estima que en la mayoría de las áreas la "fecha de expiración" del conocimiento no llega hoy a los 10 años.


Esta reciente necesidad de seguir actualizando nuestro saber a lo largo de toda la vida ha puesto en foco la atención de muchos investigadores en la dificultad creciente de aprender en la edad adulta. Sin embargo, para mí esta manera de ver el tema pasa por alto el aspecto más problemático. El nuevo desafío más difícil que enfrentamos como adultos no es aprender. Es desaprender.

Todo conocimiento nuevo que adquirimos debe integrarse conceptualmente con nuestros saberes previos. Algunas novedades encajan fácilmente con lo que ya sabíamos y nos resulta rápido y sencillo incorporarlas, porque refuerzan nuestras creencias. Pero otras novedades chocan con algunas de las certezas que el estudio y la experiencia previa nos llevaron a adquirir y entran en conflicto con nuestra manera de ver el mundo. En algún sentido, como niños éramos un recipiente vacío, listo para ser llenado. Como adultos, estamos ya llenos de convicciones y prejuicios. Agregar contenido implica en ocasiones desprendernos de lo previo, renunciar a la comodidad que ofrece el terreno conocido.
Es importante entender que en este proceso nuestras tendencias mentales no nos ayudan. El brillante psicólogo israelí Daniel Kahneman mostró con sus experimentos que la "resistencia al cambio" y la "preferencia por el statu quo" son dos sesgos cognitivos que están profundamente arraigados en el funcionamiento de nuestra mente. Una vez que sabemos algo, nos cuesta muchísimo revisarlo.




Si nos dejamos llevar por nuestras tendencias naturales será fácil disfrazar la resistencia al cambio con racionalizaciones que nos eviten el problema de desaprender. Pero como seres culturales que somos, tenemos el exclusivo privilegio de poder pelear contra nuestra naturaleza. Sólo a partir del esfuerzo consciente por volver a poner un signo de pregunta a nuestras certezas podemos encontrar el camino a desaprender y reaprender como modo de vida.
El desafío es grande, pero el premio también: en el plano social, la oportunidad de ser protagonistas del mundo que viene. En el plano personal, seguir creciendo y ampliando nuestros horizontes, cualquiera sea la edad que tengamos.

El autor es emprendedor y tecnólogo, autor del libro Pasaje al futuro (Sudamericana)