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lunes, 4 de junio de 2018

BUENOS AIRES INFORMA....BELLEZA Y COMODIDAD PARA ALMAGRO


En el barrio de Almagro , con una inversión de 81 millones de pesos, 130 operarios del Gobierno de la Ciudad levantan un techo verde que se transformará en una plaza de 1.412 metros cuadrados, en una de las zonas más grises de Buenos Aires. Para ello se montaron 230 toneladas de vigas de hierro a siete metros de las vías del ferrocarril Sarmiento, a la altura del cruce de Medrano con Bartolomé Mitre, donde el tren corre en trinchera, bajo el nivel de la vereda.
"Estamos llevando a cabo la primera obra que se hace en el país cubriendo trinchera", señaló Lucas Molinero, el director de la obra. Según el especialista, ciudades como Nueva York cuentan con construcciones que se podrían asociar a la nueva plaza, como el Highline, un corredor por donde la gente pasea, encima de las viejas vías del ferrocarril. Aquí, para concretar el proyecto se intervino una superficie considerablemente menor, de 4.085 metros cuadrados, que será ocupada por 2635 metros cuadrados de espacio público y 380 de verde.
Así quedará la plaza
Así quedará la plaza
La plaza tendrá zonas parquizadas, patios de juegos, postas saludables, enormes bancos para descansar y bebederos. Gracias a que a su alrededor sólo hay casas y edificios bajos, de no más de 10 metros de altura, los vecinos podrán observar el cielo.
Obreros trabajan en la construcción de la plaza
Construyen una plaza sobre el tren Sarmiento
Al ser una obra en altura, se trabaja con estrictos procesos de calidad y control, explicó la ingeniera Mónica Prieto. En primer lugar, se colocaron las vigas cajón, de 28 toneladas cada una, ensambladas por 100 operarios en los talleres externos de Berazategui, luego la losa, las membranas, el contra piso, la impermeabilización, y finalmente la carpeta de nivelación.
Obreros trabajan en la construcción de la plaza
A los 30 operarios que trabajan arriba del cruce les resta instalar la tierra, el césped, las plantas y el mobiliario urbano. "Contra la medianera ubicaremos árboles, encima del lugar donde corre el tren, arbustos, y además pondremos un gran banco, similar al de Plaza Lavalle, donde la gente pueda pararse y observar cómo pasa por debajo el tren, algo que los padres hacen con los chicos habitualmente los fines de semana", comentaron los ingenieros.
Las tareas incluyeron además el cavado manual de dos pozos romanos, a 6 metros de profundidad, y bajo el nivel de las vías. Según los ingenieros, los trabajos se realizaron en horario nocturno, o los fines de semana, para no perjudicar a los usuarios del Sarmiento, una línea que transporta más de 2 millones pasajeros por día. El proyecto se inició a fines del 2016 y concluirá en el segundo semestre de 2018, informó el Ministerio de Ambiente y Espacio Público.
La plaza estará sobre las vías del Sarmiento
La plaza estará sobre las vías del Sarmiento
La plaza se construye en la Comuna 5, que engloba Almagro y Boedo, una de las áreas con menos naturaleza de la Ciudad, con apenas 0,2 metros cuadrados de verde por habitante. "Los espacios verdes son uno de los principales articuladores de la vida social como lugares de encuentro. De ahí que el 2016 y lo que va de 2018 generamos 10,8 hectáreas de espacios verdes nuevos", asegura Eduardo Macchiavelli, a cargo del Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad.
Para diseñar los nuevos espacios se llevó a cabo un proceso participativo, a través de reuniones con vecinos del barrio, quienes se acercan a diario a la obra para observar las tareas de montaje. "Con el tiempo van a mejorar todo el área, estamos contentos", aseguró Manuel Pérez, dueño del local de pastas Florencia, una negocio de más de 50 años de vida, frente al cruce. Ivana Garfunkel, otra vecina que caminaba junto a sus hijos, agregó: "Me parecen bien los trabajos, tengo chicos y voy a usar el nuevo espacio. Pero deben mejorar el tema de la seguridad, hay varios edificios tomados". Desde el Ministerio de Espacio Público respondieron que "las medidas de seguridad a tomar serán las habituales en todas las plazas".
Los obreros trabajan en la carpeta sobre la plaza
Los obreros trabajan en la carpeta sobre la plaza
El plan incluye ordenar el caos de tránsito. De ahí que, al techo verde, se suma otro proyecto que desarrolla el gobierno porteño en el lugar. Consiste en reordenar la gran cantidad de tránsito que viene por Bartolomé Mitre y se cruza con el de Medrano, en una de las esquinas de mayor desorden vehicular, donde los peatones se resguardan como pueden en la vereda, para intentar cruzar la calle.
El plan es rectificar Bartolomé Mitre, que hace una S, un martillo y vuelve, "para recuperar y transformar un área degradada, creando un área nueva en la que el tejido preexistente, el tránsito y los peatones convivan mejor", explican desde Ambiente. Además se renovarán y unificarán los solados, ampliando veredas, instalando rampas de acceso y reforzando la iluminación a nivel vial y peatonal, con tecnología LED. Además, la gente podrá acortar camino. Si se ingresa a la plaza a través de la nueva escalinata de Medrano, y se la atraviesa en diagonal hacia la punta de Bartolomé Mitre, las distancias serán menores.

V. M.

viernes, 30 de marzo de 2018

ARTE Y RESTAURACIÓN; LA BELLEZA DE LA CIUDAD


Artesanos de la construcción: con vitrales y esculturas, embellecen la ciudad
Tres empresas familiares producen desde hace más de 100 años ornamentos arquitectónicos; el Teatro Colón, el Café Tortoni y el edificio Estrugamou, entre otros, exhiben sus delicadas piezas

Deslumbrantes vitrales, estilizadas columnas griegas, majestuosas escaleras de mármol y elaboradas molduras de todo tipo salieron de sus infatigables talleres para añadirle esplendor a Buenos Aires.
Antigua Casa Soler, AR Martineau y Marmolería Artística Santiago Baccarelli son tres firmas porteñas dedicadas a la producción artesanal de ornamentos arquitectónicos. Establecidas hace alrededor de 100 años, aún perduran, desafiando al tiempo y las modas, en manos de las familias que las fundaron.
El Teatro Colón, la Casa Rosada, el Café Tortoni, el edificio Estrugamou, la Confitería del Molino, la embajada de Francia, el bar Los 36 billares y el Palacio Duhau son solo algunos de los muchísimos sitios que lucen las piezas elaboradas por estas firmas, que engalanan inmuebles porteños.
"Ahora trabajamos en la restauración de cuatro vitrales de la iglesia de San Ignacio de Loyola, para lo cual tuvimos que hacer un exhaustivo trabajo previo de investigación", explicó José Soler, de la Antigua Casa Soler, fundada por su abuelo catalán en 1917.
Las tres empresas fueron iniciadas por inmigrantes europeos que llegaron al país entre fines del siglo XIX y principios del XX, trayendo de sus pueblos natales un oficio -vitralista, marmolero, escultor- que luego transmitieron a sus hijos, y estos a los suyos, hasta alcanzar ya la tercera o cuarta generación familiar.
"Mi abuelo era escultor y especialista en revestimientos de piedra París. Llegó desde Francia en 1914, cuando tenía 17 años", contó Gastón Martineau, que desde la década del 90 dirige la firma fundada por su abuelo en 1922.
Parecidos entre sí
Si bien se especializan en distintos rubros, los talleres de estas empresas son muy parecidos entre sí. Suelen funcionar en los fondos de alguna casa antigua, donde una media docena de oficiales trabaja sobre amplias y polvorientas mesas.
Lo hacen entre paredes cubiertas de instrumentos, los mismos que podían encontrarse en cualquier taller medieval: reglas, escuadras, compases, martillos, tijeras. Aunque luego se incorporaron herramientas eléctricas y, en los últimos años, incluso algunas digitales como el Photoshop.
"La demanda de piezas más artísticas se va reduciendo, aunque las iglesias aún nos siguen haciendo encargos", relató Santiago Baccarelli, de la Marmolería Artística, fundada en 1895 por un bisabuelo suyo llegado de Bari, Italia.
Tal vez porque se ubican en lugares algo recónditos de Buenos Aires -Barracas, Villa del Parque- es que el anacronismo de estos negocios logró eludir el zarpazo implacable de la modernidad.
O quizá sea porque la pasión de algunas familias por continuar un oficio ancestral es más fuerte que las veleidades de la moda.
Se presenta hoy estas tres singulares historias.
Antigua Casa Soler: Fabrican vitrales con técnicas traídas de Cataluña
José Soler con un Sagrado Corazón convertido en vitral Crédito: Fabián Marelli
Cuando el año pasado a la Antigua Casa Soler le encargaron la restauración de un vitral para un centenario edificio art nouveau en Balvanera, Gimena Soler, dibujante y pintora de la firma, pensó: "Al dibujo de este vitral ya lo vi antes en algún lado". Entonces revisó el también centenario archivo de la empresa y... ¡eureka! Allí estaba el plano original del vitral, que casualmente había diseñado su bisabuelo José Soler, el catalán que inició el negocio en 1917.
La Confitería del Molino, la iglesia de San Ignacio, el bar Los 36 Billares y el Templo Libertad son algunos de los muchísimos lugares de Buenos Aires que lucen vitrales creados por la Antigua Casa Soler.
Gimena integra la cuarta generación familiar dedicada a este oficio: "Aprendí las técnicas de mi abuela Elena". Con su hermano Leonel; sus padres, José y Olga, y su primo Gustavo Bonilla comparte el taller que funciona en una centenaria casa chorizo en Nazarre 3629, Villa del Parque. Inicialmente la firma atendió en Almagro y luego en Flores, hasta que en 1974 se instalaron en el domicilio actual.
Todos los integrantes de la familia aprendieron las técnicas de sus mayores de adolescentes.
De las paredes del taller cuelga una multitud de herramientas: sierras, limas, espátulas, martillos, compases. "Algunos instrumentos los fabricamos nosotros porque no se consiguen en una ferretería", dijo Bonilla, y agregó que a los esmaltes los importan de Barcelona: "Nos quedó esa tradición de mi abuelo", se rió. Aunque también incorporaron nuevas tecnologías, como el Photoshop, que a veces usa Gimena para trazar los dibujos.
La técnica de producción incluye varios pasos: diseño del motivo, elaboración de una plantilla de papel, corte del vidrio, pintura, horneado, armado, soldado, masillado y, por fin, la instalación. El horno tiene 40 años y alcanza los 660ºC: "A esa temperatura el vidrio se funde con el esmalte, pero sin deformarse", explicó José.
Entre otros encargos, ahora trabajan en la restauración de una gran mampara con vitral de la década del 20, que un cliente compró en un remate, y como la pieza tenía la firma de la casa al pie, los contactó. Y aunque el archivo les sirve de mucha ayuda, una parte sustancial se perdió en un incendio en la década del 60. "Los dibujos del archivo están trazados a una escala reducida y pintados a la acuarela: así se presentaban los bocetos a los clientes", recordó Gustavo.
No todos los encargos, sin embargo, son restauraciones: "Alguna gente nos pide motivos modernos. Y ahora, por ejemplo, también nos encargan muchos diseños del pintor Alfons Mucha", dijo Gimena, y contó que para el Bicentenario les encargaron vitrales nuevos para los regimientos de Patricios y Granaderos a Caballo.
AR Martineau: Secretos para la producción de piezas en piedra París
Infinidad de piezas abarrotan el primer piso del local de AR Martineau
El edificio Estrugamou, la embajada de Francia, el Palacio Duhau y la Casa Rosada ostentan sus molduras, bustos, columnas, capiteles, balaustradas y revestimientos de piedra París. Y algunos de los mejores arquitectos de la historia argentina se cuentan entre sus clientes: Lanús y Hary, Bustillo, Christophersen.
Se trata de la casa AR Martineau, que desde 1922 se especializa en la producción en piedra París de piezas ornamentales. Fundada por el escultor francés Agustín René Martineau, primero abrió sus puertas en un predio de Juncal y Riobamba, en Recoleta. Hasta que, en 1928, se mudó a su ubicación actual, en Soldado de la Independencia 544, de la zona de Las Cañitas, en Palermo.
Allí, en un austero galpón art d éco de dos plantas precedido por un amplio patio, funcionan el salón expositor y el taller.
La vista entra en éxtasis en el salón del primer piso, donde una infinidad de bellísimas piezas abarrotan el suelo, las paredes y hasta el techo. Incontables esculturas de todos los tamaños, de estilos griegos, franceses, egipcios; columnas y capiteles dóricos, jónicos, corintios; bajorrelieves, conchillas, balaustres, frentes de chimeneas y máscaras, entre otras cosas, conforman el deslumbrante caos estético que hace saltar la atención enloquecida de un lado a otro.
En el piso de abajo trabajan cinco oficiales moldeadores y dos ayudantes que con reglas, compases, martillos, espátulas y lijas elaboran las piezas compuestas de piedra París, una preparación que recrea el color y la textura de las piedras de los edificios parisienses. "La formamos mezclando cemento blanco importado con marmolinas en polvo y piedras molidas, que traemos de moliendas de Córdoba, Mendoza y San Juan", explicó Gastón Martineau, nieto del fundador y actual responsable de la firma.
"Más de 10.000 modelos componen nuestro catálogo, que fuimos engrosando desde los inicios de la firma", dijo. Agregó que los diseños de muchos bustos fueron calcados por su abuelo en museos de París y que, para los frentes de las chimeneas, toman de molde modelos notables de mármol.
Martineau ingresó a la firma en la década del 90 para sumarse a su padre, que a su vez se había incorporado en los años 50. "Ahora mi hija Sofía estudia Arquitectura y quizá continúe con esto", caviló.
"Hoy la demanda es mucho más minimalista: se piden menos molduras y casi nada de ornatos", dijo, aunque no descarta que más adelante vuelva a imponerse el estilo más trabajado. Las piezas más demandadas hoy: pisos para bordes de piletas, revestimientos para escaleras, maceteros y frentes de chimeneas, entre otras. "Antes se pedían más columnas, esculturas y molduras", comparó.
Marmolería Artística: La firma que inició un picapedrero italiano
Baccarelli y un oficial confeccionan una pila bautismal en mármol travertino Marmolería Artística
Santiago Baccarelli trabaja desde siempre en una marmolería. Pero no solo eso: nació en una. Ocurrió en 1954 en la casa familiar de San Cristóbal, donde además funcionaba la Marmolería Artística, fundada en 1895 por su bisabuelo, un picapedrero llegado de Bari, Italia. Y que ahora atiende Baccarelli, de 63 años, junto a uno de sus hijos.
Desde sus inicios, la firma recibió encargos de toda clase. Produjo sencillas mesadas de cocina y tapas para mesas de luz y ratonas. Pero también se encargó de la restauración de la escalera principal del Teatro Colón, de las bases de los bustos de la Casa Rosada, de una escalera del Congreso nacional y de la ejecución de la lápida de la sepultura de monseñor Quarracino, en la Catedral Metropolitana, entre muchos otros trabajos.
"A los 19 años viajé a Italia y entré de aprendiz en un taller de la provincia de Massa y Carrara, de donde proviene el célebre mármol blanco", contó Baccarelli. Aparte de esta instructiva experiencia, aprendió el oficio de marmolero trabajando en la empresa familiar, junto a su padre.
Ahora el taller de la firma funciona en Azara 143, Barracas, donde trabajan cinco oficiales marmoleros, supervisados por Baccarelli y su hijo Santiago, de 32 años. Desde hace 40 años la Marmolería Artística se ocupa de la ejecución de las célebres mesitas redondas del Café Tortoni, para lo cual importa el mármol de Alemania. "En la Argentina se produce poco mármol", dijo Baccarelli.
También reciben muchos encargos de los anticuarios de San Telmo, que suelen llevarles para restaurar piezas dañadas que compraron en remates: "Para recomponer las piezas antiguas usamos las mismas técnicas que se usaban en la época en que fueron producidas", precisó.
En los últimos años cayó la demanda de piezas artísticas y creció la de piezas más prácticas, como mesas de comedor, bachas y cinerarios. Aunque las iglesias aún piden trabajos más elaborados, como pilas bautismales o arreglos en los altares, que son los que más apasionan a Baccarelli y le permiten despuntar su pasión de escultor. "Ahora también trabajamos algunos materiales sintéticos, como el silestone, que permite lograr gamas de colores muy amplias, aunque es más caro que el mármol", dijo.
En una pequeña vitrina se exhiben algunos instrumentos usados en la época del fundador: un martillo desvencijado, un soplete, una agujereadora, un escalpelo. Hoy, para hacer los cortes, usan una sierra eléctrica de disco de diamante.
Según Baccarelli, es cada vez más difícil conseguir oficiales marmoleros idóneos: "El oficio se va perdiendo porque ahora los chicos no quieren aprenderlo, no demuestran la pasión y el compromiso suficientes", se lamentó.

F. de A.

lunes, 23 de octubre de 2017

MUSEO NACIONAL DE BELLAS ARTES....MÁS AMPLIO.... MÁS BELLO


Ampliación del Bellas Artes: ganar metros para mostrar más
El plan, cuyo llamado a concurso es inminente, permitiría que el edificio actual gane 7000 m2 para nuevas salas; con una inversión de 18 millones de dólares, se inauguraría en 2019
El Museo Nacional de Bellas Artes será ampliado.
El llamado a concurso internacional para ampliar la sede del Museo Nacional de Bellas Artes, la mayor pinacoteca de la Argentina, está en las gateras. Serán 7000 metros cuadrados soterrados en los extremos del edificio de Libertador y Pueyrredón, más un replanteo del conjunto de los espacios de exhibición, con un presupuesto aproximado de 18 millones de dólares y fecha estimada de inauguración a fines de 2019.

Hoy, el Bellas Artes exhibe sólo el 8% de las obras de su patrimonio (otros museos del mundo exponen entre el 12 y el 20%); el resto está en depósitos.
La ampliación del Museo Nacional de Bellas Artes era una asignatura pendiente desde los años 90, cuando su entonces director, Jorge Glusberg, y la presidenta de la Asociación de Amigos, Nelly Arrieta de Blaquier, iniciaron las conversaciones para dotar de más metros al MNBA y darle "paredes" a gran parte de la colección que hoy no se exhibe.
Desde entonces corrió mucha agua bajo el puente, cambiaron las autoridades, se aggiornaron los criterios museológicos y, lo que es más importante, creció de manera exponencial la audiencia del arte.
Las condiciones estaban dadas, pero faltaba la decisión política que llegó durante la primera visita de Macri a las salas, pocos días después de asumir como presidente de la Nación.
 Ese día dio el visto bueno para la ampliación y comenzaron los acuerdos preliminares entre las partes interesadas con vistas a determinar las prioridades y los alcances del proyecto.
Ahora las cartas están echadas. Hubo "fumata blanca" y acuerdo entre el ministro de Cultura, Pablo Avelluto; el director del museo, Andrés Duprat, y el presidente de los Amigos del Museo, Julio Crivelli.
La ampliación de 7000 metros cuadrados, que prácticamente duplica la planta actual, será destinada a salas de exhibición y al replanteo del acceso, los servicios, la tienda y los depósitos. La idea central es actualizar las instalaciones de la institución creada en el siglo XIX de acuerdo con los cánones del siglo XXI.
El contexto internacional
Por su naturaleza, los museos deben ser dinámicos, atender los nuevos públicos y sumar obras al patrimonio, sean compras o donaciones. El MoMA de Nueva York, ampliado en 2000, va camino de una nueva ampliación; el Whitney dejó el edificio de Marcel Breuer en Madison y se mudó a la sede friendly proyectada por Renzo Piano en el HighLine de Manhattan, y la Tate Modern de Londres sumó un nuevo edificio sobre el Támesis firmado por el prestigioso grupo suizo de arquitectos Herzog & De Meuron, inaugurado en junio de 2016 y visitado en un año por más de un millón de personas.

Ampliar la estructuras y expandir las colecciones es el mandato de los museos desde que dejaron de ser solemnes repositorios de obras de arte para ser destino turístico de multitudes, con una gran cuota de atractivo "visible" en los proyectos edilicios, cuyos ejemplos más mediáticos siguen siendo el Pompidou, de Piano y Rogers, y el Guggenheim del genial premio Pritzker, Frank Gehry.
La idea inicial de mudar parte de las colecciones del Bellas Artes a los cubos blancos del edificio de la Televisión Pública sobre Figueroa Alcorta quedó fuera de combate. Ya está en del despacho del subsecretario de Obras Públicas, el arquitecto Jorge Sábato, el pliego de necesidades para formular las bases del concurso internacional, que serán de "proyecto y precio", del futuro MNBA. Según anticipó Sábato está planteada la condición: "Si el concurso es ganado por un estudio internacional deberá trabajar con una empresa constructora local en un formato similar al realizado con el proyecto de Norman Foster, hoy sede del gobierno de la ciudad en Parque Patricios".
Un poco de historia

El diagnóstico inicial para encarar la ampliación deberá partir de la estructura actual formada por tres edificios de épocas, estéticas y funciones diferentes.
Fundado en 1896 por Eduardo Schiaffino, el Museo Nacional de Bellas Artes tuvo como primera sede las tiendas del Bon Marché, hoy Galerías Pacífico, en Córdoba y Florida. De allí se mudó al pabellón de exposiciones en la plaza San Martín y, en los años 30, al actual edificio de Libertador y Pueyrredón, antigua casa de bombas de obras refuncionalizada por el arquitecto Alejandro Bustillo.
En los 70, se concretó la ampliación de la gran sala del primer piso, conocida como sala 29, donde hoy se exhiben las colecciones de arte argentino, incluidas la sala de la Coleccción María Luisa Bemberg y la incorporación de la Sala Berni. La donación Hirsch, con su sala propia, fue inaugurada, en la planta baja, en abril de 1984.

A esta estructura central se suma el pabellón proyectado por César Gianello en los años 60, para la megaexposición de artes y ciencias que impulsó el presidente Arturo Frondizi, cuando el país miraba al mundo desde un horizonte de grandeza. Ese pabellón vidriado, deudor de la arquitectura de Mies van der Rohe, es hoy sede de la Asociación de Amigos, con su nuevo auditorio, talleres y el polo gastronómico liderado por 900, bajo el escudo de Mercedes-Benz.
El pabellón de Gianello será puesto en valor por la Asociación de Amigos del MNBA, información que confirmó Julio Crivelli, su presidente. Las actividades culturales de ese sector no serás suspendidas mientras se realicen las obras. El edificio de César Giannello, autor también del puente peatonal sobre Alcorta que conecta con la Facultad de Derecho, tiene un nivel de protección patrimonial que impide modificaciones en la fachada.
Así, si todo sale como está previsto, el "nuevo museo" será inaugurado a finales de 2019, tendrá un nuevo acceso y salas para exhibir algunas de las joyas que guarda el depósito, como la Colección Di Tella de arte precolombino, un gabinete de dibujos, más pintura europea y argentina que forma parte del patrimonio, y otras obras de las 14.000 que conforman el acervo del MNBA y que como primer paso deberán ser inventariadas.

Actualmente, solamente se exhibe alrededor de un 8% del patrimonio, mientras los museos del mundo muestran al público entre un 12 y un 20 por ciento de su colección.
Si bien el estilo de la ampliación estará dado por el ganador del concurso, que puede ser bien un prestigioso ganador de un Pritzker global o un estudio joven como ocurrió con el Malba -las cordobesas Fourcade, Tapia y Atelman-, está previsto que la expansión se haga hacia los extremos del actual conjunto, con una parte soterrada, enfatizando y respetando los espacios verdes circundantes.
La "calle" que actualmente une el pabellón de Gianello con el edificio del museo será un espacio verde y no está previsto un área de parking, que sí existe en el nuevo y vecino Centro de Exposiciones, cruzando la avenida Figueroa Alcorta.
Bajo la mirada atenta del ministro Rogelio Frigerio, el jurado del concurso estará integrado por tres representantes del Estado, un representante de la Federación de Arquitectos, un representante por los participantes y otro por la Sociedad Central de Arquitectos.
 Quien gane dispondrá de 30 meses para hacer la obra y, junto con el proyecto, deberá adjuntar el presupuesto. La ampliación está en marcha

sábado, 25 de junio de 2016

LOS INSTANTES DONDE LA MEMORIA ES BELLA


Hace pocos días Salman Rushdie expresó en voz alta una idea simplísima. Sugirió que se debería volver a enseñar a los chicos en las escuelas "el arte perdido" de memorizar poesías, una actividad que, en su opinión, enriquece de por vida la relación cotidiana que una persona establece con el idioma.

 La propuesta, a pesar de su aparente inocencia, produjo escozor, como si implicara un retorno al pasado y no el desarrollo de una habilidad tan elemental y productiva como el aprendizaje de la música, el dibujo o las matemáticas. La práctica cayó en desuso hace décadas, tal vez porque sobre la repetición en general -no sólo de poesía, también de fechas históricas- pesa la sospecha de mecanicismo, además del temible fantasma de lo obligatorio. Rushdie no parece promover, de todas maneras, que los chicos se conviertan en loros parlanchines. Más bien apunta a que se enseñe la manera de apropiarse de los poemas que por alguna razón personal nos conmueven. La posesión intangible de unas cuantas palabras, en un mundo que nos quiere convencer, con la fuerza de las profecías autocumplidas, que la intimidad no existe, se parece bastante a una forma de resistencia.

El aprendizaje de poemas puede ayudar a postergar la inevitable erosión de la memoria, pero, más allá de esa beneficiosa coartada, resulta -al menos en mi experiencia- una vía de acceso a toda clase de felicidades. Hace algunos años, para recuperarme de una vulgar lesión muscular, me vi conminado a dar largos paseos. Las caminatas como paseante solitario por el barrio pueden volverse tediosas y, casi de casualidad -mucho antes de los consejos de Rushdie-, se me ocurrió optimizarlas repasando algunos versos. El pasatiempo se volvió hábito y el hábito llevó a descubrir que la memoria también se ejercita como un músculo : una vez puesto en forma, reclama más entrenamiento. La música de los poemas se ajusta por lo demás como pocas cosas al acento y cadencia de los pasos, la respiración y el ritmo cardíaco. Sólo hace falta un mínimo de concentración.
El procedimiento da por el suelo, además, con un lugar común. La repetición, lejos de ser instintiva y maquinal, permite "leer" los poemas con mayor profundidad que sobre el papel, hace saltar toda clase de conexiones.

 Un ejemplo entre tantos. Transité muchas veces "Sinfonía en gris mayor ", de Rubén Darío, pero sólo mientras caminaba entonándolo se hizo evidente la perfecta aliteración de uno de sus versos ("lejanas bandadas de pájaros manchan"), dominado de manera casi absoluta por una de sus vocales.
Más inesperado fue encontrar que un poema puede tener efectos terapéuticos. Leí "Aubade" ("Alborada"), de Philip Larkin, cuando pasaba por una inesperada seguidilla de días insomnes. El irónico inglés parece tener una pieza para cada ocasión, pero "Aubade" era lisa y llanamente una nota al pie de mi malestar de entonces. En el poema, también alguien se despertaba en medio de la noche. Inmerso en la oscuridad, en ese extraño estado de lucidez que produce la duermevela y mientras aguarda que aparezcan los primeros hilitos de luz de la mañana, se da cuenta que está un día más cerca de la muerte, que lo único que desconoce es el cómo, el dónde y el cuándo.

 No suena muy alentador, pero la poesía no tiene esas obligaciones. Me aprendí los primeros versos porque sí -en esa gratuidad está el verdadero encanto- para poco después reparar que, de tanto pronunciarlos como un mantra, la angustia del desvelo se había esfumado sin dejar rastros.
El regalo más importante de una memorización, contra todo, se produce cuando se abre a una emoción fulgurante.

 Arthur Rimbaud tiene muchos poemas que vale la pena recordar, pero "Ma Boheme" ("Mi bohemia") se destaca por un factor sentimental: lo leí por primera vez a la exacta edad en que él lo escribió. Gira alrededor de un adolescente, el propio Rimbaud, que, vestido con un sobretodo desastrado, sale a caminar bajo la gran bóveda celeste. En los últimos versos se sienta, levanta la pierna a la altura del corazón, estira los cordones de sus botas y empieza a rimar acompañándose con ese laúd improvisado.
 Los iba silabeando en mal francés para mis adentros cuando, en una esquina del montón, me di cuenta del más misterioso de los hechos. Casi un siglo y medio antes, un Rimbaud de dieciséis años iba diciéndose las mismas palabras mientras se dirigía a pie de su ciudad natal, Charleville, a la vecina Bélgica. No hacía falta que nadie me mandara el poema por WhatsApp. Era más simple: Rimbaud lo había lanzado desde su noche estrellada de hace un siglo y medio para que algún incauto lo retomara en cualquier tiempo y lugar. Por un instante -¿se referirá también Rushdie a epifanías inquietantes como esa?- me tocó el papel de médium: yo, para decirlo con el poeta adolescente, era otro.
P. B. R.

jueves, 16 de junio de 2016

APPS Y UNA BELLA HISTORIA VISUAL


Historia visual de un árbol, nuestra ciudad y el resto del mundo
Una app en el sitio del gobierno de la ciudad permite viajar al pasado de Buenos Aires mediante fotografías aéreas; nostalgia, sí, pero, sobre todo, las inauditas imágenes de la metrópolis sin el Obelisco, con una 9 de Julio de pocas cuadras y un puerto lleno de barcos. En cuanto al árbol, bueno, a eso vamos
La foto más linda fue tomada en verano y al mediodía. Los fresnos de la cuadra están gordos de hojas; altos, pero relativamente jóvenes. Lo sé bien, porque salvé el que está (todavía hoy) delante de la casa donde crecí. Habían decidido talarlo para construir un nuevo garaje, pero había un obstáculo (uno más, digamos): mi bien conocida pasión por estos gigantes gentiles. La escena en la que me comunicaron la noticia de quitar el árbol fue antológica.
-Ariel, vamos a talar el árbol que está delante de la casa.
-Es un fresno.
-Eso. Lo vamos a talar.
-¿Y por qué?
-Porque ahí va el nuevo garaje.
-Ya sé, ¿pero por qué talarlo?
-Porque va el garaje y el árbol tapa la puerta.
-Clarísimo, ¿pero por qué talarlo?
-¡Porque no se va a poder entrar el auto!
-Comprendo eso, ¿pero por qué talarlo? ¿Por qué no movemos el fresno?
Se hizo un largo silencio y después vino la pregunta obligada:
-Ah, ¿eso se puede hacer?
Sonaba a quijotada, pero, hasta donde recuerdo, el árbol tenía poco más de 2 metros de altura, un espécimen joven que la Municipalidad había plantado un par de años antes. Tal vez pesara 100 kilos. No iba a ser fácil, pero sabía que podía hacerse. Era invierno además, y eso nos ayudaba. Al árbol, más bien, que, dormido en su sueño verde, soportaría bien el desarraigo.
El barrio asistió incrédulo a la singular mudanza. Casi nadie creyó que fuera a funcionar. "Pibe, lo estás matando", observó uno de los vecinos al verme cortar con una motosierra las gruesas raíces de sostén. Seguí adelante. Sabía exactamente lo que estaba haciendo.
Terminada la (en apariencia) espeluznante operación, lo extrajimos entre varios con cuidado, los colocamos en su nuevo destino -a sólo dos metros de distancia-, rellenamos con tierra, pusimos tutores y regamos con hormonas de raíz. El trasplante había durado varias horas y ahora era cuestión de tiempo. El tiempo es la dimensión por la que los árboles transitan.
Hasta la primavera el fresno fue, para todos, un misterio. ¿Reverdecería? Y, sobre todo, ¿por qué alguien se tomaría tanto trabajo por un arbolito? "¿Cuánto cuesta un fresno, pibe?", me preguntó uno de esos que cree que lo que se puede comprar, se puede matar.
Todo esto ocurrió en el invierno de 1986, el último que viví con mis padres. Cuando los días empezaron a alargarse, el árbol disipó todas las dudas con una explosión de brotes y flores, esas flores poco conspicuas pero tan enojosas de los fresnos. El cambio, como suele ocurrir, le había sentado bien. Creció más rápido y más fuerte que sus compañeros de cuadra y hoy, 30 años después, es un árbol inmenso cuya corteza empieza a ennegrecer.
Aunque ya no viva en esa casa, sigue siendo mi orgullo, y la foto más linda fue tomada en 2009. Pero esa imagen no está en un álbum o en una carpeta de JPG, sino en una aplicación Web del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Allí es posible ver fotos aéreas tomadas en 1929, 1937, 1940, 1965, 1978, 1989, 1997, 2002, 2009 y 2013, superpuestas al mapa de la ciudad. Las imágenes de 1940, 30 años antes de que mi familia se mudara a esa morada, cortan el aliento por su definición y detalle. El largo caserón de Barracas ya estaba allí, sólido como un fuerte, con su patio de sosiego y la parra que conocí en mi infancia y que se secaría, ya anciana, en mi adultez. Hoy hay en su lugar una pujante glicina.
En el mapa de 1989 se adivinan, pese a la mala calidad de las imágenes, los fresnos. Hay una pequeña, casi imperceptible irregularidad en la ubicación de uno de ellos. Pero ningún inspector la notó nunca.
En 1997 no hay nada, ese año no sacaron o se perdieron fotos de grandes zonas de la ciudad; en casi todos los años hay faltantes, pero 1997 es, en ese aspecto, el peor. En 2002 ya despunta otro fresno, el que nació espontáneo en el patio de la casa, poco después de que trasplantara a su hermano de la vereda. Hoy también se eleva majestuoso; le pusimos, por supuesto, Yggdrasil.
La aplicación del sitio del gobierno de la ciudad lleva ya unos cuantos años en línea, pero no deja de impresionarme. El Obelisco, por ejemplo, no aparece en el mapa de 1929. Es extraña la ciudad sin ese característico monumento, que se revela sólo en 1937; lógico, había sido erigido el año anterior. La inmensa Avenida 9 de Julio no asoma sino hasta el mapa de 1965, pero de momento sólo se extiende entre las avenidas Córdoba y Belgrano. El edificio del Ministerio de Obras Públicas, en cambio, ya se yergue, desafiante, desde 1936. En 1978, la Avenida 9 de Julio va desde la calle Arenales hasta Constitución, pero todavía es una Buenos Aires sin autopistas. El Teatro Colón, en el mapa de 1929, lleva 21 años desde su inauguración.
El teatro Colón, en 2013; en el sitio del gobierno de la ciudad de Buenos Aires puede verse la foto satelital del edificio en 1929, 21 años después de su inauguración.
Lo que hoy es Puerto Madero está lleno de barcos y barcazas en las fotos que van de 1929 a 1989. En el mapa de 1997 sólo queda la fragata Sarmiento.
En 1940, un amplio sector junto al río aparece etiquetado como Plaza Ejercicios Físicos Colegio Nacional. Se refiere al Nacional Buenos Aires, y las enormes tipas que conocí durante la década del '70, y que todavía están allí, se ven en esta imagen, tomada 35 años antes, todavía juveniles. En la foto de 2009, en el Campo de Deportes (es decir, la Plaza de Ejercicios Físicos) se ven chicos jugando. Han pasado 30 años desde mi graduación.
Donde se mire, desde el Aeroparque hasta la Avenida General Paz, desde el Parque Centenario hasta la Plaza de Mayo, desde la Penitenciaría de Coronel Díaz y Las Heras (en el mapa de 1965 se ven las huellas de su reciente demolición) hasta los cementerios de la Chacarita y la Recoleta, esta aplicación es un notable viaje en el tiempo. Notable, digo, porque en 1929 la fotografía y la aviación estaban en pañales, así que el esfuerzo de producción y la constancia para preservar estas imágenes resulta sorprendente. Los cultores del balompié, para usar un término al tono, se asombrarán al ver el nacimiento de los estadios de sus equipos favoritos.
El estadio de River en 2013; la calle Victorinio de la Plaza sigue la curva de la pista del antiguo hipódromo.
Hasta donde pude encontrar, no abundan las ciudades con semejante herencia documental. Maricopa, en Estados Unidos, tiene en línea una aplicación ejemplar, lo mismo que los Estados de Alabama, Iowa y Minnesota, en el mismo país. Supongo que hay más. Si saben de otros, avisen.
Un buen complemento para la app del gobierno de la ciudad es esta página de Histarmar donde se difunde el trabajo pionero de Juan Bautista Borra y Enrique Broszeit.
Google Earth también ofrece una herramienta para ver cómo era el paisaje hace -en general- hasta 10 o 15 años atrás. En Manhattan, la imagen satelital de septiembre de 2001 muestra una ominosa pluma de humo surgiendo del World Trade Center. Para acceder las fotos históricas hay que hacer clic en un botón que se ve abajo a la izquierda de la aplicación y que lleva como etiqueta un número (un año, en rigor). Por ejemplo, si dice 2004, significa que las fotos llegan hasta ese año. Últimamente, Google ha ido agregando nuevas fotos con mayor regularidad.
En ciertas regiones el período es mucho mayor, y su impacto, más estremecedor. Por ejemplo, las imágenes satelitales del glaciar Upsala, en Santa Cruz, van de 1970 a la actualidad. Su retraimiento es manifiesto.
En otros lugares, hay fotos que se remontan hasta 1930. Pero no existe continuidad, como en el caso de la Ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, Earth ofrece, para algunas ciudades europeas, una extensión, llamada Fotos Históricas, especializada en imágenes relacionadas con la Segunda Guerra Mundial.
La del estribo, y sólo parcialmente relacionada con el tema de la columna de hoy, no quiero dejar de mencionar la Colección Witcomb, que se puede acceder en el sitio de Educ.ar y que es tan generosa como ilustrativa.

A. T.