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sábado, 23 de diciembre de 2023

TRABAJO, CASO YPF Y POBREZA


El desempleo bajó a 5,7% en el tercer trimestre del año, según el Indec
La desocupación cayó 0,5 puntos porcentuales respecto del segundo trimestre; se redujo la presión sobre el mercado laboral
Carlos ManzoniAumentaron los asalariados formales
En una economía con una inflación acelerada y fuerte caída del poder adquisitivo de los salarios, la leve mejora de algunos indicadores del mercado de trabajo representan un alivio. En el tercer trimestre de 2023 bajó el desempleo, que se ubicó en 5,7% de la población económicamente activa, 0,5 puntos porcentuales por debajo de la cifra del segundo semestre (6,2%).
Esta mejora estuvo en línea con la tasa de actividad, que aumentó 0,6 puntos porcentuales en la medición interanual. A su vez, la tasa de empleo creció 1,3 puntos porcentuales, lo que llevó el nivel de desempleo a un nuevo mínimo en el año.
El economista Claudio Caprarulo, director de la consultora Analytica, afirmó que, al mismo tiempo, bajaron los indicadores de presión laboral, que están compuestos por aquellos que quisieran trabajar más. “Mientras aumentaron los asalariados formales más que los informales y cayeron los no asalariados”, comentó el especialista.
En efecto, según especificó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), en su informe “Mercado de trabajo. Tasas e indicadores socioeconómicos” (EPH), la tasa de actividad subió 0,6 puntos porcentuales con respecto al trimestre anterior (de 47,6% a 48,2%) y la tasa de empleo alcanzó 45,5%, 0,9 puntos porcentuales por encima de la medición anterior (44,6%). “Se destaca la disminución de la presión sobre el mercado de trabajo en 1,1 puntos porcentuales (de 27,9% a 26,8%)”, subrayó el organismo oficial.
Un informe de la consultora LCG consignó que entre julio y septiembre 769.000 personas pasaron a ser ocupadas. “Se destacó la creación de 922.000 puestos de trabajo forma les respecto de un año atrás. Sumado a esto, se conjugó la baja de 288.000 puestos de trabajo independientes y el incremento de 135.000 puestos asalariados informales”, se detalló.
El economista Milos Maggi, del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), comentó que los últimos datos del Indec llevan a pensar que el mercado laboral está mejorando, pero que hay que cuestionar si eso es realmente así. “Cuando desglosamos el empleo por sectores, encontramos un problema. El empleo privado (y productivo) ha experimentado una caída del 80,6% al 79,5% entre el segundo y tercer trimestre del año, mientras que el empleo público ha registrado un incremento del 17,8% al 18,8%”, analizó.
Es más, la contracara de la mejora en los indicadores de empleo del tercer trimestre del año es que posiblemente se trate del último trimestre favorable para el empleo, teniendo en cuenta que lo será también para la actividad económica. “En el cuarto trimestre podríamos ver mayor participación de la informalidad y mayor tasa de desempleo, mientras que para el año que viene se prevé un escenario con menos puestos de trabajo de todos los segmentos, especialmente los más desprotegidos”, proyectó Caprarulo.
Respecto de lo que cabe esperar para los próximos meses, el informe de LCG remarcó que el escenario de administración de las restricciones atenta directamente contra la inversión y la actividad y, por ende, contra la creación genuina de empleo. “En este contexto, no esperamos grandes cambios, salvo el crecimiento vegetativo, sin el acompañamiento de una creación de empleo paralela. Esto podría imponer una suba de la tasa de desempleo, que estimamos volverá a acercarse al 7% para el resto del año”, concluyó.
Maggi opinó que para tener un crecimiento sólido del empleo es fundamental implementar una modernización laboral que permita la generación de trabajos productivos y de calidad. “Esto implica reducir las cargas laborales y los costos asociados a los despidos”, subrayó el economista.

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Caso YPF: el país debe pagar el 10 de enero para no sufrir embargos
La jueza Preska rechazó el pedido de prórroga argentino en el juicio por US$16.000 millones

La jueza Loretta Preska, de la Corte del Distrito Sur de Nueva York, rechazó ayer el pedido argentino para volver a extender por 30 días el plazo que había concedido –hasta el 10 de enero– para que el Estado nacional presente las garantías y así cumpla con este pago derivado de la sentencia que la magistrada dictó en contra del país en el caso YPF. El depósito de esa garantía permitirá a la Argentina evitar posibles embargos por parte de los fondos Burford Capital y Eton Park.
Preska había avalado, a fines de noviembre, un pedido similar realizado por la administración de Alberto Fernández, para alargar precisamente hasta el 10 de enero próximo el plazo originalmente fijado para el 5 de este mes en el cual el país debía depositar una garantía por el juicio perdido por la expropiación de YPF.
Vale recordar que la jueza ya determinó que el país tiene que pagar una indemnización de US$16.100 millones por la forma en que se encaró la expropiación del 51% de las acciones de YPF decidida por la entonces presidenta Cristina Kirchner, en 2012.
La presentación de los pedidos de postergación la realizó el abogado estadounidense Robert Giuffra, socio del estudio Sullivan & Cromwell, que representa al Estado argentino. Aunque la Argentina no aceptó pagar la indemnización y notificó que apelará el fallo ante la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito, por disposición de los demandantes y de la jueza Preska, debía dejar como garantía el 26% de las acciones de YPF que están en manos del Estado y una supuesta deuda que Paraguay mantiene con la Argentina por la construcción de la represa Yacyretá, equivalente a unos US$2000 millones al valor actual.
La otra opción sería cubrirlo con la emisión de un bono por el total de la indemnización, es decir, debía ser un título público por US$16.100 millones.
La defensa argentina había dicho que no podía incurrir en ese tipo de endeudamiento en las actuales condiciones macroeconómicas, y los demandantes respondieron que el país ofreciera a cambio otros activos. Entre ellos, propuso las acciones de YPF; la deuda que el Gobierno de Alberto Fernández dijo que Paraguay tiene con el país por la construcción de Yacyretá, y el capital del
La Justicia de EE.UU ya dictaminó que la Argentina debe pagar una indemnización
El Gobierno había pedido más plazo antes de depositar la garantía
Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la Anses.
La jueza Preska accedió a los primeros dos pedidos, pero dijo que el FGS estaba comprometido con los haberes jubilatorios. “Si no se constituyen garantías el 10/1, el 11/1 pueden arrancar los pedidos de embargo contra el país”, recordó al respecto Darío Epstein, director de R ese ar ch forTr ad ers hablando de una pesada herencia.
El compromiso queda establecido apenas un día después de un vencimiento de deuda importante que enfrenta el país. “El 9 de enero hay pago a bonistas por US$1600 millones El 10/1 debe presentar garantías por US$16.000 millones o sino embargo”, recordó al respecto el economista Salvador Vitelli, de Romano Group.

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Los asentamientos y las villas en todo el país ya triplican la superficie de la Capital
El último informe del Renabap y Techo indica que hay 6467 barrios populares; unos 5.000.000 de personas habitan esos conglomerados; la pobreza supera el 40% de la población nacional
Mauricio GiambartolomeiLa mayoría de los barrios populares, como la villa 31 en Retiro, superan los 20 años de antigüedad
La pobreza avanza en la Argentina a un ritmo demoledor y, al cierre de este año, marca que es mayor que en diciembre pasado, al alcanzar ya al 40,1% de la población. El contexto económico, político y social no acompaña y los datos que se van conociendo son devastadores. La desigualdad se concentra en las villas, asentamientos y barrios populares de la Argentina, que en total ocupan una superficie tres veces más grande que la de la ciudad de Buenos Aires.
El dato surge del último informe del Registro Nacional de Barrios Populares (Renabap), realizado con el músculo de Techo Argentina y otras organizaciones de la sociedad civil. Según la actualización del documento en todo el país, hay 6467 barrios populares que ocupan 684 kilómetros cuadrados, cuando la superficie porteña apenas supera los 200 kilómetros cuadrados.
El Renabap es un relevamiento que se realiza en todo el territorio argentino para detectar las necesidades de la población y enfrentarlas con políticas públicas de integración social y urbana. Es coordinado por la Secretaría de Integración Social y Urbana de la Nación.
Para el análisis se considera barrio popular a todo conjunto habitacional y urbanización informal “que se constituyó mediante distintas estrategias de ocupación del suelo, que presentan diferentes grados de precariedad y hacinamiento, un déficit en el acceso formal a los servicios básicos y una situación dominial irregular en la tenencia del suelo”.
Además, los núcleos de viviendas “deben contar con un mínimo de ocho familias, con la mitad de sus habitantes sin título de propiedad del suelo, ni acceso formal a al menos dos de los servicios básicos (agua corriente, energía eléctrica, red cloacal)”.
En esta situación viven al menos 1.200.000 familias y un estimado de 5.000.000 de personas, con una mayor concentración registrada en las provincias de Buenos Aires (2065 barrios populares), Santa Fe (469), Chaco (442) y Misiones (413). En la Ciudad de Buenos Aires se registraron 49.
El 81,23% de los barrios registrados son asentamientos (5253) mientras que el 17,43% son villas (1127) y el 1,35%, conjuntos habitacionales (87). De todos ellos, el 87% tiene más de 20 años de antigüedad y han aumentado, según la última medición. Al 31 de diciembre de 2018 se habían registrado 5687 barrios populares, es decir, 780 más que el número de este año. Aunque hay un salto evidente, esto no significa necesariamente que se hayan incrementado los barrios populares. La explicación está en la metodología del muestreo.
“El aumento no implica que se hayan generado esa cantidad de barrios nuevos, ya que el Renabap ha incorporado muchos territorios conformados en años anteriores que en relevamientos pasados no habían sido identificados. A su vez, también se han aumentado las áreas relevadas al llegar al universo de urbanizaciones que pueden ser consideradas barrio popular como, por ejemplo, un conjunto habitacional”, se explica en el informe.
El crecimiento de la superficie de los barrios populares también fue relevado por Techo como unidad ejecutora, y la conclusión determina que hubo un importante aumento en los últimos años. En diciembre de 2016 la superficie total era de 611 km² y, dos años después, en diciembre de 2018, llegó a 643 km². En 2020 trepó hasta los 671 km² y, en 2023, se encuentra en 684 km². La tendencia indica un crecimiento medio de un 2,06% anual, algo superior al 1,47% de crecimiento medio anual de las principales ciudades argentinas.
“Es una buena noticia contar con información actualizada sobre la situación de las personas que viven en barrios populares. Lo que es fundamental ahora es que Estado, sociedad civil y sector privado, de manera articulada, trabajemos para responder a la pregunta: ¿qué podemos hacer para que los 5.000.000 de personas que viven en barrios populares tengan la oportunidad de salir de la situación de vulnerabilidad en la que están?”, se preguntó Juan Maquieyra, director ejecutivo de Techo Argentina.
La desigualdad en esos barrios expone las necesidades de sus habitantes. En el 66% de los casos, las personas no tienen acceso formal a la energía eléctrica, el 92% carecen de agua potable de red, el 97% no cuenta con cloacas y el 99% no accede al gas natural sino que se abastece con garrafas o de otra forma.
“En momentos de restricción económica como estos, además de aumentar los montos de la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar, es fundamental invertir en vivienda e infraestructura en los barrios populares. Nadie puede educarse, conseguir un trabajo y desarrollar su libertad si no tiene una casa donde dormir, comer y cuidar a su familia”, opinó Maquieyra, en relación con los anuncios realizados anteayer por el gobierno de Javier Milei.
“El Estado tiene un rol prioritario en esa inversión, que debe ser acompañada y potenciada por el sector privado y social. Desde Techo vamos a seguir construyendo donde más se necesite, y promoviendo mesas y espacios de diálogo donde desde el encuentro de los que piensan distinto podamos generar soluciones concretas y sustentables”, destacó.
Indigencia
La actualización del Renabap llega poco después de que se conocieran los números de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que realiza el Indec para determinar la pobreza en la Argentina. Atravesado por la inflación y la licuación de los ingresos de los argentinos, el organismo estatal determinó que en el primer semestre del año la pobreza alcanzó al 40,1%, lo que implica un salto de casi un punto frente a la medición de fines de 2022 (39,2%) y de 3,6 puntos en relación con el primer semestre del año pasado.
La indigencia, por su parte, tocó el 9,3% contra el 8,1% de diciembre del año pasado. En este último grupo se encuentran los más desfavorecidos dentro de la pobreza.
Los datos de la EPH corresponden al relevamiento en 31 aglomerados urbanos que en total suman 29.000.000 de personas, de los cuales 11,8 millones están por debajo de la línea de pobreza. Si los porcentajes se extienden a toda la población (poco más de 46.000.000), incluida la rural, el número equivale a 18.500.000 pobres, de los cuales 4.300.000 son indigentes

Las provincias más complicadas
Buenos Aires
2065
Santa Fe
469
Chaco
442
Misiones
413
Ciudad de Buenos Aires
49

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viernes, 15 de septiembre de 2023

TRABAJO


Ante la usurpación del Estado, ¿la ley o el lanzallamas?
Hay, en la esfera administrativa, un entramado de privilegios, avivadas e irregularidades que desnaturaliza las nociones de servicio público, responsabilidad laboral y cumplimiento de las normas
Luciano Román

No iba a trabajar, pero cobraba, con puntualidad, su sueldo de 3,8 millones de pesos. La ley la obligaba a jubilarse, pero se negaba. Quiso pedir una licencia cuando no le correspondía. El caso de la jueza Ana María Figueroa se convirtió en un escándalo, pero tal vez refleje una cultura generalizada en muchos estamentos del Estado. El trabajo en el ámbito público se ha hecho cada vez más anárquico y desordenado, pero se ha apartado, además, de las nociones de obligación y de norma. No ir a trabajar se considera un derecho, y el incumplimiento de las reglas y los compromisos ha terminado por naturalizarse.
Días antes de que estallara el “caso Figueroa”, publicó una noticia la nacion que podría perecer menor, pero acaso explique, en el fondo, la seducción que hoy ejerce en una parte de la sociedad la idea –por cierto, peligrosa– de entrar al Estado con un lanzallamas o una motosierra. “Abogados reclaman que jueces y empleados vayan a trabajar”, se titulaba el texto firmado por Hernán Cappiello. Informaba sobre una nota que envió el Colegio de Abogados de la Capital Federal al titular de la Corte en la que se describe que, después de la pandemia, nunca se regularizó el esquema de trabajo en los juzgados, donde muchos empleados van algunos días y otros no, o se presentan a trabajar “según las necesidades y prioridades” que establecen en cada dependencia. “La situación –se afirma en la nota– provoca serios obstáculos para el ejercicio de la abogacía y para la prestación de un adecuado servicio de justicia”.
El fenómeno sobre el que llaman la atención los abogados porteños muestra apenas la punta de un iceberg. Detrás de esa queja hay una realidad mucho más amplia, que ha terminado por configurar, alrededor del Estado, un entramado de privilegios, avivadas e irregularidades que desnaturaliza las nociones de servicio público, responsabilidad laboral y cumplimiento de las normas. No solo ocurre en el Poder Judicial de la Nación, sino también en los tres poderes del Estado, y tanto en la órbita federal como en las jurisdicciones provinciales y municipales. Lo sufren los abogados, pero también los escribanos, contadores, agrimensores, arquitectos e ingenieros, en un país donde –además– cuesta dar un paso sin un sello, un formulario o una habilitación estatal. Lo sufren, por supuesto, el comerciante, el emprendedor o el empresario, y también el ciudadano común, que quedan atrapados en un intrincado laberinto administrativo y que todo el tiempo se sienten acosados por un estatismo asfixiante.
La burocracia no es un problema nuevo en la Argentina. Tampoco cierta morosidad y pesadez asociadas al servicio público. Pero hubo un tiempo en el que no todo era lo mismo. ¿A qué juez se le hubiera ocurrido cobrar sin trabajar y desafiar las reglas con rampante impunidad? Regía un sentido del decoro, de la responsabilidad institucional, del compromiso público. A los cargos de jerarquía se accedía por concurso; el escalafón no había sido desplazado por el “estatuto del acomodo”; la militancia se ejercía en los comités, en las unidades básicas o en los ateneos populares, no en las aulas, en los juzgados o en los organismos públicos. El prestigio y la trayectoria eran valores a cuidar. La política respetaba al personal de carrera y el Estado era visto como una institución, no como una guarida. Hoy las cosas parecen haber llegado a una fase de extrema descomposición: las dependencias públicas se conciben como “cuevas”, más que como oficinas. Las embajadas se administran como “premios consuelo”, no como destinos en la exigente carrera del servicio exterior, y a muchas estructuras estatales (la Anses, Aysa, el PAMI o el Incaa, por citar algunos ejemplos) en la jerga políticas se las llama “cajas”: son vistas como “botines”, no como organismos técnicos. Los funcionarios se abalanzan sobre los organigramas para completar “los ravioles” –como llaman a cada casillero en el dialecto de la burocracia política– con una lista de militantes, parientes y allegados que pasarán a integrar las distintas “capas geológicas” de un Estado cada vez más inmenso, amorfo e ineficaz.
La cooptación del Estado ha borrado las fronteras entre lo público y lo partidario. Y esa confusión ha fomentado un desapego cultural a la norma. En algunas escalas, es corrupción lisa y llana; en otras, privilegios e irregularidades. Ya no se trata de ese ritmo cansino y laberíntico de las reparticiones públicas, sino de una especie de anarquía en la que se ha consolidado un sistema sui generis de trabajo “a voluntad”.
En provincias como la de Buenos Aires, estas deformaciones han alcanzado extremos asombrosos. Lo de los juzgados porteños parece minúsculo, por ejemplo, al lado de lo que pasa en muchos ámbitos del Estado bonaerense, donde la atención al público ahora se hace por WhatsApp o a través de engorrosas plataformas digitales. Mientras tanto, se han creado organismos –desde ministerios hasta subsecretarías, direcciones, unidades ejecutoras, comisiones y otras entelequias– que no prestan servicios ni tienen competencias específicas, sino que militan “la inclusión”, “la igualdad” o la “cuestión de género”, entre otras banderas que se han convertido en “cajas”. Todos los días, además, se engrosa la planta permanente con una militancia rentada que ingresa “por la ventana”. Las ideas de gestión y administración se cambiaron por las de colonización y apropiación del Estado, como exhibió ayer con desparpajo el ministro Katopodis.
Si hay poderes que funcionan a media máquina, otros directamente no funcionan. La Legislatura provincial se convirtió en una institución fantasma. No sesiona, y el trabajo en comisiones prácticamente no existe. Pero el sueldo de la exjueza Figueroa podría considerarse bajo comparado con el de un diputado o un senador bonaerenses. El Estado hizo un pacto tácito con una inmensa masa de empleados públicos: paga poco, pero exige menos. Sin embargo, esa regla tiene, en la cuestión salarial, enormes excepciones en los peldaños más altos del escalafón. Los más de 9 millones de pesos que cobra Cristina Kirchner por una doble pensión están por encima, sí, pero no desentonan demasiado de sueldos que se pagan en la pirámide de algunos organismos o empresas del Estado, donde además se reparten viáticos, vales de nafta, gastos de representación, pasajes, choferes y asistentes. ¿Cuánto gana el titular de la AFIP? ¿Cuál es el sueldo del fiscal de Estado bonaerense? ¿Cuánto cobra la presidenta de la TV Pública? ¿Y el presidente del Astillero Río Santiago o un director del Banco Provincia? Son preguntas al azar, que podrían extenderse a muchísimas otras áreas y cargos que no están en el radar de la opinión pública. Son preguntas que tal vez merecerían una mayor transparencia.
El servicio público debe estar bien pago, pero debe ser de calidad. Un legislador debería tener asegurada una dieta proporcional a su responsabilidad, pero eso debería garantizar compromiso y dedicación, valores que suelen brillar por su ausencia. Confundir una banca con una beca y administrar un despacho como una piñata de cargos es, lisa y llanamente, una defraudación al Estado. Por supuesto que la generalización siempre es injusta y arbitraria. Hay muchos legisladores, jueces y funcionarios que honran el servicio público y ejercen sus funciones con enormes cuotas de responsabilidad, seriedad y dedicación. Pero es inevitable preguntar: ¿son los que expresan la cultura dominante? ¿O les toca nadar contra la corriente?
La Corte Suprema de la Nación marcó la semana pasada un rumbo alentador. Intervino frente al desafío de la exjueza Figueroa con precisión y firmeza. Fue mucho más que una decisión administrativa y una resolución sobre un caso individual. Debe leerse como un mensaje de mayor contundencia y espesor: la norma es la norma y nadie está por encima de ella. Sobre ese principio se han edificado las democracias y los Estados modernos.
Lo de la Corte tiene un significado de máxima relevancia frente a los desafíos que plantea la usurpación del Estado. ¿Se resuelve con lanzallamas o se resuelve con la ley? Un sector de la sociedad, que se siente estafado, y con razón, se tienta con la idea del lanzallamas para desbaratar ese entramado de privilegios, avivadas y desorden. La opción del procedimiento, la norma y la institucionalidad le suena a poco. Tal vez hagan falta esa determinación y esa firmeza con las que actuó la Corte Suprema para que a nadie se le ocurra entrar una noche con motosierra y lanzallamas a despachos usurpados o a “escondites” burocráticos. El Estado debió ser administrado, no colonizado. Ahora debe ser saneado, no detonado. ¿Sabremos encontrar el equilibrio?

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viernes, 27 de agosto de 2021

CUATRO HISTORIAS DE VIDA, TRABAJO, LUCHA Y GANAS


Creatividad para reinventarse
Con la crisis de la pandemia, muchas mujeres encontraron la oportunidad para desarrollar emprendimientos y descubrir pasiones escondidas; aquí cuatro historias
S. V. 
Priscila creó Priska, un emprendimiento de arreglos florales
Arreglos florales desde el garage
Después de un proyecto frustrado por las restricciones de la cuarentena, Priscila convirtió un hobby en una salida laboral
A las 4 sale de su casa rumbo al mercado de flores de Barracas, rutina que repite los miércoles y viernes desde que lanzó su emprendimiento de arreglos florales en marzo. Priscila tiene 55 años, dos hijos de 23 y 21 y un marido que trabaja en la industria farmacéutica. Durante casi 18 años vivieron fuera de la Argentina por el trabajo del marido y hace dos años y medio volvieron. Si bien estudió comercio exterior y se dedicó algunos años al fotoperiodismo mientras vivían en Barcelona, las mudanzas y las adaptaciones hicieron que el foco estuviera puesto en la crianza de sus hijos. “Siempre me gustaron las flores, en México me iba al mercado y compraba flores para mí o para regalar a mis amigos”, dice. Cuando regresaron al país, Priscila vino con la idea de hacer un proyecto relacionado con la comercialización y promoción de arte popular. “Siempre me gustó el tema y quería traer arte de México a la Argentina y llevar arte de acá a Barcelona y a México. Todo esto lleva una logística importante y en el medio caíamos en la pandemia. Decidí dejarlo porque se hacía imposible de concretar”, recuerda. Sin embargo, decidió no quedarse en lo que no podía hacer y lo primero que surgió fue dedicarse al trabajo social. “Tuve la oportunidad de ayudar a personas que estaban pasando por necesidades. Me ofrecí para colaborar en el centro Crecer, en Monserrat. Si bien funcionaba un comedor que estaba cerrado por la pandemia, se entregaban alimentos. Fue un año en el que me sentí útil”, reflexiona.
Un día una amiga me preguntó si había pensado en vender arreglos, y reconozco que no se me había ocurrido, lo pensé bastante hasta que fue madurando y comencé con este proyecto que me apasiona
También se volcó a un hobby que nunca abandonó, el de las flores. Siguió con la rutina de ir todos los viernes al mercado de flores para hacer arreglos y lo retomó luego de la cuarentena. “Un día una amiga me preguntó si había pensado en vender arreglos, y reconozco que no se me había ocurrido, lo pensé bastante hasta que fue madurando y comencé con este proyecto que me apasiona. Fue un poco informal al principio, pero fue creciendo, empecé con las redes sociales, saqué el auto a la calle y en el garage monté mi taller y hará unos tres meses que tengo un ingreso por la venta de los arreglos florales”, cuenta la creadora de Priska, el apodo con el que su madre la llamaba de pequeña. Su idea es que el proyecto siga creciendo y poder sumar a emprendedores que realicen arte relacionado con las flores y también sueña con poder darle una impronta social. “Conocí a una mamá que vive con su beba en Ezpeleta, que quiere tener su propia huerta. Hizo un curso y estoy tratando de conseguirle semillas, que ella pueda preparar los bulbos y plantines y poder sumar lo que haga a mi tienda”, explica.

Un viejo sueño a orillas del mar

Luisina  abrió Luva Café en Chapadmalal
Un proyecto pendiente, una propuesta inesperada y una realidad que se concretó en el momento y en el lugar menos pensados
¿Poner un café de especialidades en una herrería en Playa Chapadmalal y en pandemia? Lo que parecía poco convincente fue un éxito a partir del deseo de Luisina de cumplir un sueño que tenía hace tiempo y que pese a todo pudo concretar. “Hace dos años hice un curso de barista y trabajé como empleada en un café chiquito pero muy lindo en Buenos Aires. Me gustaba mucho y siempre soñé con tener mi propia cafetería, pero no me animaba, lo veía como algo muy lejano, muy difícil”, dice. Luisina es de Mar del Plata y luego de su experiencia en Buenos Aires volvió a su ciudad y se dedicó a un proyecto de velas artesanales y fragancias.
En distintas charlas le comenté de mi sueño y me dijo que él tenía ese espacio disponible, pero me costaba verlo, no pensaba que un café dentro de una herrería en Chapadmalal fuera a funcionar
“Siempre tuve en mente lo de poner mi propio café, pero en Mar del Plata significaba una gran inversión de la que no disponía”, aclara. Su familia tiene una casa en Chapadmalal, a 26 km de Mar del Plata, a la que solía ir los fines de semana con su novio. “El dueño de la herrería del pueblo nos hizo unos trabajos en casa, y siempre hablábamos acerca de que tiene mucho espacio en la herrería y que estaría bueno poner algo. Yo tenía el café en mente, pero nunca se me hubiese ocurrido unir la herrería con el café. En distintas charlas le comenté de mi sueño y me dijo que él tenía ese espacio disponible, pero me costaba verlo, no pensaba que un café dentro de una herrería en Chapadmalal fuera a funcionar”, recuerda. Sin embargo, en pandemia, sin nada de trabajo definido y con eso que le gustaba rondando en la cabeza pensó que quizás era la única oportunidad que tenía para hacerlo. “Se me facilitaba el tema del lugar, la inversión no iba a ser tan grande, y me decidí a hacerlo, probar”.
Luva es el nombre de este café de especialidad y pastelería artesanal que en la temporada pasada funcionó todos los días y durante el año abre los fines de semana. Está en el espacio de la herrería, en un gran patio donde se exhiben las obras de Pablo Ristevich, el herrero y se disponen mesas para que la gente disfrute de un rico café al aire libre. “Lo hicimos todo a mano, era un lugar que no tenía nada, no había piso, no había agua, no había techo, lo hicimos todo a pulmón. El piso me lo hizo mi hermano, la barra de la cocina era la mesada del departamento de unos amigos que se mudaban, me fui armando así”, sostiene Luisina que está segura de que la pandemia fue la que la hizo reaccionar y enfocarse en lo que uno desea. “A veces uno ve algo que quiere como lejano, pero este proyecto me demostró que lo que parece difícil quizás no lo es tanto”.

El momento justo para la veta artística

Paola  le dio vida a Alma en Flor
Con más tiempo, Paola  comenzó una actividad que siempre le había gustado: pinta con acuarelas y vende sus obras
“Siempre estaba yendo o viniendo, entrando y saliendo. Soy licenciada en relaciones públicas, y con los chicos había dejado el trabajo y en la vorágine me fui posponiendo”, dice Paola, de 43 años, casada y madre de tres hijos varones de 12, 10, y 4. “Pero con la pandemia al tener más tiempo y, como siempre me había gustado pintar con acuarelas, empecé a hacer cursos por Zoom. Me quedaba todas las noches pintando hasta las cuatro de la mañana, era como una terapia. Esperaba que todos se durmieran y yo estaba como si fueran las tres de la tarde, fresca como una lechuga. Ponía música y pintaba, pintaba y pintaba. Lo empecé como algo que me daba placer, pintaba flores, hojas y plantas porque siempre me gustó mucho la jardinería”, relata Paola. Después de tres o cuatro meses de pintar para la familia y conocidos, una amiga le insistió en que vendiera sus creaciones.
Al mismo tiempo se había anotado en un curso de redes sociales y para el final tenía que presentar un proyecto de cuenta de Instagram y decidió hacerlo sobre sus acuarelas a ver qué pasaba. “Fue un camino de ida, lo bueno es que congenié varias cosas, descubrí que me gustaba mucho el Instagram porque es una red social, y al haberme recibido en relaciones públicas podía unir la comunicación social con la pintura”, dice. En octubre del año pasado, lo que empezó como un hobby se transformó en un emprendimiento con el que, de alguna manera, siente que se reinventó y al que llamó Alma en Flor. “Recuerdo cuando era chica y pasaba horas dibujando, no puedo creer que por fin ahora puedo dedicarme a esta actividad que tanto amo. Al principio mi propuesta era ofrecer los dibujos que yo hacía de flores y plantas, pero después la gente me empezó a pedir lo que quería y eso es lo que más me divierte porque me encanta cuando una clienta o cliente me dice que pude hacer realidad lo que imaginaba”, señala.
Al principio mi propuesta era ofrecer los dibujos que yo hacía de flores y plantas, pero después la gente me empezó a pedir lo que quería y eso es lo que más me divierte porque me encanta cuando una clienta o cliente me dice que pude hacer realidad lo que imaginaba
“Estoy muy contenta, a esto lo encontré y me reencontré, el año pasado fue bueno, dentro de todo lo malo, porque salimos de la vorágine diaria para parar un poco y pensar en qué es lo que queremos hacer. Con este proyecto no solo hago lo que me gusta, sino que me siento valorada desde otro lugar y no solamente como madre y esposa, y eso es algo muy importante para mí. Encontré un trabajo que me da un montón de gratificaciones con la que siento que hago feliz a la gente y con el que soy muy feliz. Realmente no sé si yo sola, sin la pandemia, hubiese podido frenar para hacerlo”, concluye.

La cocina árabe, una salvación

Alicia  y los platos de Zahrat
Alicia se quedó sin trabajo y se largó a cocinar en su casa junto con su hermano especialidades de Oriente, que reparten a pedido
Arroz a la persa, ensalada Belén, falafel al plato, musaka vegetariana, subereg, keppe frito, fatay, hojas de parra y hummus, son algunas de las especialidades que Alicia  de 35 años, de Boedo, prepara todos los días desde que en junio pasado abrió su emprendimiento de cocina árabe junto a su hermano. Desde las 19.30, los olores y sabores de Oriente se adueñan de su casa y caminando o en bicicleta hacen el reparto de los pedidos. “Solamente los fines de semana sumamos una moto porque la cantidad de llamados es mayor”, dice. Alicia le puso a su emprendimiento el nombre de Zahrat, que significa flor en árabe. “Mi hija se llama Florencia, por eso decidí ponerle así, yo estoy sola con ella y a causa de la pandemia, el año pasado me quedé sin trabajo, realmente estaba muy apretada económicamente. Antes de la cuarentena trabajaba como moza en tres restaurantes árabes, pero al cerrar por las restricciones me quedé sin poder trabajar”, explica.
Si bien cuidaba a una persona mayor, sus ingresos habían bajado mucho. Algo similar le pasó a su hermano, que también trabajaba en la gastronomía árabe como cocinero, y que también había perdido su puesto de trabajo a causa de la pandemia. “Este año se me ocurrió apostar por un emprendimiento de cocina árabe propio, siempre me gustó mucho, le comenté a mi hermano que tiene mucha experiencia y empezamos a promocionarnos entre los vecinos. De a poco, con el boca a boca, los pedidos empezaron a aumentar y sumamos a una persona para que nos ayudara. Todo es casero, sabroso, la gente queda muy conforme, les gusta mucho lo que hacemos y nos recomiendan, eso es una gran satisfacción. Al principio cocinábamos para la gente del barrio, pero nos fuimos ampliando y ya llegamos a toda la Capital”, dice Alicia, que tiene predilección por los postres como el mamul y baklawa, dos exquisiteces que están entre los dulces más recomendados de su cocina.
De a poco, con el boca a boca, los pedidos empezaron a aumentar y sumamos a una persona para que nos ayudara. Todo es casero, sabroso, la gente queda muy conforme, les gusta mucho lo que hacemos y nos recomiendan, eso es una gran satisfacción
“Estoy muy contenta, me alegra poder haber dado este paso a pesar de todo, y a pesar de la pandemia. Vengo de una familia muy humilde, somos cinco hermanos, llegué a la Argentina de Paraguay hace 17 años, trabajé muchísimos años cuidando a gente mayor de una familia que prácticamente me adoptó, pero además de cuidar personas mayores, trabajé en paralelo en la gastronomía árabe que siempre me atrajo. Para mí esta nueva etapa es un gran logro, cada día vendemos un poco más, los clientes quedan muy contentos y nos van recomendando. Es una gran alegría”, finaliza.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

lunes, 23 de julio de 2018

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sábado, 26 de mayo de 2018

HISTORIAS DE VIDA, TRABAJO Y ESFUERZO


Los bolivianos cultivan la mitad de las plantas y flores que se venden en la Ciudad
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Felipa nacida en Potosí, hoy cultiva plantas y flores con su marido en Escobar
Cuando en 1997 el albañil boliviano Francisco  quedó desempleado, decidió darle un giro a su vida. Con su mujer Hilaria y sus tres hijos, dejó Buenos Aires y se mudó a Florencio Varela, donde alquiló un terreno de una hectárea. Allí armó un invernáculo y empezó a cultivar flores y plantas. Desconocía todo sobre ese oficio, pero lo aprendió mirando cómo trabajaban los que sabían.
Consolidado en la actividad, hoy  vende sus crisantemos, claveles y san vicentes en el Mercado de Flores, en Barracas, el más importante de la ciudad.
En efecto, son cientos los inmigrantes bolivianos que desde el inicio de este siglo incursionaron en el cultivo de plantas y flores, una actividad que hasta entonces, y durante décadas, estuvo dominada por las comunidades japonesa, portuguesa e italiana.
Pero de a poco, y a medida que estas colectividades fueron abandonando la actividad para dedicarse a otras tareas, los bolivianos ganaron un terreno que los argentinos, por rechazar las tareas rurales, no explotaron, según ellos mismos explican. Y hoy, entre productores y peones, representan alrededor del 50% del total de la gente que se dedica a este cultivo en los alrededores de Buenos Aires. Mientras en 2003, en el Mercado de Flores había unos cinco vendedores bolivianos, ahora suman la mitad de los 250 puestos.
Pero por el esfuerzo que demandan los arduos trabajos del campo, los bolivianos saben que tal como antes ocurrió con los nietos de los japoneses o portugueses, los suyos también abandonarán este oficio a medida que su nivel instructivo les permita encontrar trabajos lejos de las inclemencias de la intemperie.
"Tenía cero conocimientos sobre el arte del cultivo", dice , y explica que aprendió el oficio "mirando a los portugueses" con los que se relacionó al principio. "Vi que había otros bolivianos que se estaban desarrollando con éxito en este rubro y tenían para comer. Entonces me animé a empezar", recuerda.
El Mercado de Flores, ubicado en Olavarría 3240, Barracas, abre los lunes, miércoles, jueves, viernes y sábado, de 6 a 10.
Historia
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Hasta finales de la década del 90, el boliviano Mario  se dedicaba a la producción de ladrillos. Pero cuando la rentabilidad dejó de compensar sus esfuerzos, decidió alquilar un terreno de seis hectáreas en Florencio Varela. "¡No sabía nada de flores!", se ríe. Pero tenía familiares que se dedicaban a su cultivo y entonces se animó. Y ahora con su mujer Valenciana cultiva alhelíes, liciantes, gipsofilias ("velo de novias") y san vicentes.
Hasta 2003, el Mercado de Flores funcionó en la avenida Corrientes al 4600, en Almagro. El vendedor de flores Antonio descendiente de italianos, cuenta que cuando se mudaron a la actual ubicación, la cantidad de vendedores bolivianos no llegaba a cinco. Mientras que hoy, de los 250 puestos, la mitad son atendidos por bolivianos.
"Los bolivianos proveen alrededor del 50% del total de flores y plantas que llegan a la ciudad", calcula Osmar Coelho, jefe del Mercado de Flores de Buenos Aires, y nieto de productores de origen portugués. Explica que la mayoría de los cultivadores están ubicados en La Plata, Florencio Varela, Garín y Escobar.
"Vinieron los bolivianos con muchas ganas de trabajar y fueron ganando mercado", dijo Coelho. Además explicó que el cultivo de flores y plantas, a diferencia del de verduras (donde también se destacan los bolivianos), demanda mucha mano de obra e insumos: "Una planta de lechuga crece en apenas 40 días. En cambio las flores, desde la siembra hasta la cosecha, pueden demorar entre cuatro y seis meses", comparó.
Desde 2008 el boliviano Andrés  alquila media hectárea en Escobar, donde en 13 invernaderos cultiva unos 40.000 plantines por año. "Nos levantamos a las 5 y trabajamos unas diez horas por día", calcula.
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Alegrías del hogar, petunias, crisantemos, ficus, potus y lazos de amor abarrotan el invernadero de Felipa Flores
Entre los bolivianos es un hábito que en las plantaciones trabaje la familia completa. Felipa Flores, nacida en Potosí, cuenta que en la plantación que atiende con su marido en Escobar también trabajan sus siete hijos.
Los precios de los paquetes en el Mercado de Flores son: alhelíes, $30; liciantes, $60; san vicentes, $20; gipsofilias, $40. En tanto que los cactus, muy demandados desde hace un par de años, salen $25.
Varios productores bolivianos y descendientes de portugueses coincidieron en que es muy difícil conseguir mano de obra argentina para trabajar en las plantaciones. "En la última década se debilitó la cultura del trabajo", dijo Quispe. Y agregó que tampoco quieren trabajar en el campo las nuevas generaciones de bolivianos que llegan a la Argentina.
Lo mismo opinó el productor boliviano Carlos , que en La Plata cultiva tres hectáreas con rosas y astromelias: "El argentino no quiere trabajar en el campo. Y los hijos de bolivianos ya nacidos aquí tampoco".
Portugueses
Víctor es presidente de la Cooperativa Argentina de Floricultores, creada en la década del 40. Nacido en Portugal, llegó al país a los seis años, y como su padre y su abuelo, también él se dedica al cultivo de plantas y flores. Calcula que en toda el área que rodea a Buenos Aires, desde Escobar a La Plata, puede haber unos 1000 productores de plantas y flores. "La mayoría son pequeños propietarios, que cultivan una o dos hectáreas", dice.
"A medida que las comunidades inmigrantes se van insertando en la sociedad local van eligiendo trabajos menos sacrificados", dice. Y precisa que la incertidumbre es distintiva de este rubro debido a los imponderables avatares del tiempo y de los precios.
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Los productores bolivianos Mario y Valenciana  tienen un hijo que estudió para técnico superior en sistemas, y ya saben que su futuro estará lejos de las plantaciones. "Este negocio va a terminar conmigo", dice Mario, y agrega con cierta resignación: "Tengo que aceptarlo".
También dice que progresivamente la rentabilidad del negocio fue cayendo porque la mayoría de los insumos, como fungicidas, pesticidas, fertilizantes y muchas semillas, son importados, en tanto que los precios de venta de las plantas y flores no acompañaron estas alzas.
Aunque la comunidad japonesa aún conserva una cuota del mercado de plantas y flores, perdió espacio cuando las nuevas generaciones cambiaron de oficio. "La gente de mi generación estudió una carrera universitaria y cambió de rubro", cuenta Fernando  de 35 años, cuyo padre se dedicó al cultivo de flores. "Hoy los bolivianos reproducen la historia de mi viejo hace 40 años", compara.

F. J. de A.

viernes, 11 de mayo de 2018

METAMORFOSIS...CAMBIAR CON TRABAJO, ESTUDIO, OBRAS Y VERDAD

El Gobierno apuesta a la obra pública y a la intervención estatal donde peor impactan la inflación y el desempleo
Después de arrebatarle ocho intendencias al peronismo en 2015 y de consolidar su presencia en las elecciones del año pasado, el macrismo trabaja incansablemente para afianzarse en el conurbano, el corazón histórico del poder del PJ.
Allí, en las zonas más humildes de Quilmes, Lanús, Lomas de Zamora o La Matanza, la realidad se percibe con contradicciones. Por un lado, la fuerte presencia de los gobiernos nacional y provincial, en forma de obras y programas como El Estado en tu Barrio. Para el año próximo, la Nación y la provincia habrán invertido US$8000 millones. Una apuesta para reducir la brecha social y también la política. Por otro lado, se percibe el fuerte impacto que generan la inflación incesante y los incrementos de las tarifas de los servicios. En medio de esas tensiones, Cambiemos avanza en su objetivo de ampliar su base de sustentación política a los sectores más desprotegidos, un bastión social que en los últimos años el peronismo empezó a resignar.
El Gobierno apuesta a la obra pública y a la intervención estatal donde peor impactan la inflación y el desempleo
"Esto es una bendición", dice Miriam Benítez, y sus palabras suenan demasiado grandes en Villa Itatí, Quilmes, la villa más populosa del país y una de las más violentas del sur del conurbano bonaerense.
La "bendición" de la que habla Miriam son los gazebos verdes y celestes montados sobre la plaza principal de Itatí por El Estado en tu Barrio, el programa creado por Cambiemos que instala oficinas públicas nacionales, provinciales y municipales en las barriadas más postergadas.
Desde tramitar el DNI, la tarjeta SUBE y la AUH para su hija de 14 años hasta vacunar y esterilizar a sus gatos, Miriam va enumerando los días de trámites y viajes a la Capital o La Plata que se ahorró en esas carpas. Tiempo ganado para las artesanías que hace en su casa y vende por Facebook.
Pero las bendiciones se le escurren rápidamente de las manos. Con los mismos dedos, Miriam enumera que perdió su trabajo de telemarketer en 2016. Que ya no consigue gratis los remedios para su diabetes y el corazón. Que vive encerrada junto a su hija en una pieza que alquila por 3500 pesos desde la última vez que les robaron con un arma en la cabeza. Que sueña con irse pero no podría pagar los 6000 pesos que cuesta un departamento afuera de la villa. Y que, si llegara, tampoco podría pagar la luz, el gas o el agua.
Esa contradicción entre las intervenciones y, sobre todo, la inversión en obra pública que Cambiemos está haciendo en los barrios más postergados del conurbano, por un lado, y el impacto de la falta de empleo, la inflación y el aumento de tarifas, por el otro, fue una constante en las recorridas que se hizo durante toda la semana por las villas y los asentamientos de municipios gobernados por el oficialismo, como Quilmes y Lanús, y por el kirchnerismo, como Lomas de Zamora y La Matanza.
Pese al nubarrón económico, Cambiemos sigue apostando fuerte al conurbano. Le arrebató ocho intendencias al peronismo en 2015, avanzó sobre los votos de Cristina Kirchner y Sergio Massa en 2017 y en 2019 cree que podrá quitarle entre cuatro y ocho bastiones más al PJ. ¿Cómo? Con la misma fórmula del año pasado: obra pública, la extensión de programas sociales y la imagen de María Eugenia Vidal.
La gobernadora promete que, para 2019, Nación y provincia habrán invertido casi 8000 millones de dólares en obras en todo el territorio bonaerense, reduciendo un 25% la deuda de infraestructura social total. Buena parte de esas cloacas, asfaltos, canales y puentes están en los barrios y villas del conurbano donde se respira peronismo.
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En las últimas semanas, y en el marco de la discusión por la suba de tarifas, tanto los radicales como Elisa Carrió le reclamaron al Gobierno que no siga cargando el ajuste sobre las espaldas de la clase media que vota a Cambiemos.
Los intendentes radicales del interior bonaerense, por su parte, se enervan cuando miran los fondos que se invierten en los territorios del PJ. En este momento, por ejemplo, la gobernación está ejecutando obras por 7213 millones de pesos en 11 municipios peronistas del conurbano.
En Cambiemos rechazan que este diagrama de intervenciones sociales y obras se reduzca a lo electoral. "La mirada está puesta en la necesidad. Es el ?estar y hacer' que planteamos desde el día cero. María Eugenia repite que si hacemos las cosas bien, algo bueno va a pasar. Y no se refiere a las urnas", dicen en La Plata.
Como en 2016, cuando la crisis pegó duro en todo el país, pero castigó aún peor al conurbano, cerca de Vidal vuelven a embanderarse en el discurso presidencial, que promete que la inflación bajará y el empleo se seguirá recuperando.
Obra pesada, bolsillos flacos
Parada en la esquina de Pilcomayo y Larrazábal, en Villa Fiorito, donde atiende su bazar, Cintia Romero experimenta de modo distinto esa dualidad: se alegra por el asfalto que rodea su negocio, las cloacas que ahora evitan el mar de inmundicia frente a su vereda y las máquinas que, a media cuadra, terminan el aliviador del arroyo Unamuno. Pero el hilo se corta a la altura del bolsillo. "Están las obras, pero lo que mata es que la plata no alcanza", resume.
"Ni en el mejor momento del kirchnerismo hubo tantas obras en Fiorito. La inflación va a bajar y cuando logremos avanzar más contra la inseguridad, los vecinos nos van a acompañar", se envalentona Gabriel Mércuri, concejal de Cambiemos, funcionario provincial, hijo del cacique peronista Osvaldo Mércuri y aspirante a destronar a Martín Insaurralde de la intendencia de Lomas de Zamora.

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Su caso es ilustrativo: el año pasado, Lomas de Zamora fue escenario de una de las inauguraciones más impactantes de la campaña de Cambiemos: el Puente de La Noria, que demandó 1300 millones de pesos y desemboca justo en medio de Fiorito e Ingeniero Budge, dos de las localidades más populosas y pobres del sur del conurbano.
Aunque perdió algunos miles de votos con respecto a 2015, Insaurralde volvió a arrasar en Budge y Fiorito y le sacó diez puntos a Cambiemos, que se impuso en los barrios de clase media de Lomas y Banfield, con menos votantes.
"Lo que pasa es que acá todos cobran planes", dice Jorge, vecino del Barrio 3 de Enero, también en Fiorito. Una frase que debería haber perdido poder explicativo en diciembre de 2015, cuando el kirchnerismo dejó de administrar la caja social de Nación y provincia.
Aunque avanzó en ordenar esas partidas, el Ministerio de Desarrollo Social, que conduce Carolina Stanley, no recortó los planes sociales que dejó el kirchnerismo: por caso, las cooperativas del Plan Argentina Trabaja y de Ellas Hacen sumaron 50.000 beneficiarios desde 2015 y hoy alcanzan en todo el país a unas 256.000 personas.
Hubo "cirugía mayor" sobre los planes sociales, pero no afectó tanto a las organizaciones piqueteras, sino a algunos intendentes abiertamente enfrentados con Cambiemos. En La Matanza, por ejemplo, 5000 puestos de cooperativas fueron quitados al PJ y derivados a la organización Identidad Vecinal.
Identidad Vecinal es liderada por Lalo Creus, un dirigente ligado durante años a la Corriente Clasista y Combativa, pero que comenzó a acercarse a quienes luego se convertirían en funcionarios macristas durante la pelea del campo por la resolución 125.

Con presencia en 42 barrios, la organización se convirtió en la pata "territorial" de Cambiemos en el fondo de La Matanza. Su base está en el barrio René Salamanca, en González Catán, donde levantó una Casa de Encuentro, por donde pasan más de 300 niños y adolescentes para comer, hacer talleres educativos o practicar deportes. Allí también construye una sala con ocho consultorios médicos.
Un detalle: cuando "recibió" los 5000 planes, Identidad Vecinal convocó a sus beneficiarios a trabajar: 1000 ni siquiera se presentaron. Otro detalle: aunque Creus se muestra cerca del candidato de Cambiemos en La Matanza, el ministro de Educación, Alejandro Finocchiaro, en la Casa de Encuentro de Catán  se encontró con más simpatizantes del peronismo que del oficialismo. "Ni siquiera nos llamaron para fiscalizar en las elecciones", señalaban.
Pero más que a sembrar raíces en el territorio a través de dirigentes barriales, la apuesta de Cambiemos en La Matanza también pasa por las obras: el metrobús inaugurado el año pasado insumió 1700 millones de pesos y hoy se está ejecutando un monto similar en otras obras del distrito.
Pero "la" inauguración de este año le tocará a un intendente macrista: Néstor Grindetti, de Lanús. ¿Dónde? En Villa Jardín, una de las barriadas más populosas y violentas del distrito. También, uno de los baluartes del PJ.
En los predios de Fabricaciones Militares que dan al Riachuelo, abandonados durante años, hoy se está terminando un polo educativo que enlazará un jardín de infantes y una escuela primaria y secundaria con un campo de deportes, un complejo de más de 500 viviendas, un centro sanitario y una Casa del Futuro, donde se dictan talleres de artes y oficios. Todo, a su vez, conectado a la Capital por el puente Lacarra, el primero que tendrá Lanús.
Dicho sin más vueltas, una obra que superará los 600 millones de pesos en medio de una de las peores villas del conurbano.
"Esto era drogas, tiros y muerte. Los pibes se encerraban en Fabricaciones Militares para reventarse y salir a chorear. Ahora, la gente quiere pintar la casita, progresar", dice Jorge Álvarez, dueño del kiosco El Dieguito, que quedó frente a la Casa del Futuro. De todos los consultados para esta nota, Álvarez fue el único que no se mostró jaqueado por el bolsillo. "¡Me compré un cero!", festejó con casi todos los dientes.
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Trabajo para huir
Es de noche en Villa Itatí. Pero en la plaza central, esa de la cual brota un infierno de pasillos y escondrijos, medio centenar de chicos siguen jugando a la pelota y columpiándose en las hamacas de colores estridentes.
Las carpas de El Estado en tu Barrio están guardadas, pero hay luz en el extremo opuesto de la plaza: viene de un pequeño tráiler de chapa verde que dice "Cerca de Noche", otro programa con el que el Estado intenta mantener un pie en la villa.
Dentro del tráiler, un psicólogo y un trabajador social están para recibir denuncias de violencia de género y otras urgencias. Pero no esta noche: entregan palitos de helado, plasticola e hilos a los 14 chiquitos que, bajo un gazebo, juegan a hacer artesanías.
"Antes esta plaza era barro y basura, llena de pibes fisurados que te podían meter un tiro en la cabeza si no les dabas un cigarrillo. Ahora tenemos luces led, policía y me instalaron el agua en casa", dice Virginia, que trajo a su hija a jugar con la plasticola.
Pero las bendiciones también le duran poco. Su marido perdió el trabajo en 2016 y, desde entonces, sobrevive con changas. Virginia, de hecho, no puede recordar el nombre de un vecino que haya encontrado un empleo en blanco en el último año.
No es, para nada, una diferencia sutil. La intervención del Estado y las obras le permiten vivir "mucho" mejor en la villa, dice. Pero con un empleo en blanco podría huir de ella.
Obras, millones y tironeos
3200 inauguraciones
Ese es el objetivo trazado por María Eugenia Vidal para sus cuatro años en la gobernación. Ya se concluyeron 1300 obras entre 2016 y 2017 y en La Plata se ilusionan con finalizar otras 1900 obras antes de diciembre de 2019. Estiman que, en total, esas 3200 obras insumirán US$7900 millones: el 25% de la deuda de infraestructura provincial.
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Millones en tierras del PJ
Según registros a los que se accedió, solamente en once municipios gobernados por el PJ la provincia ejecuta en estos momentos obras por $7213 millones: San Martín, Moreno, La Matanza, Tigre, Berazategui, Almirante Brown, Avellaneda, Esteban Echeverría, Florencio Varela, Hurlingham, José C. Paz.
Las guerras de carteles
Los intendentes peronistas que mantienen buen vínculo con Cambiemos consiguen, por lo general, ejecutar algunas de las obras financiadas por Nación: asfaltos y reparaciones edilicias menores. Eso desata una "guerra de carteles" entre los candidatos de Cambiemos y los intendentes peronistas, que se disputan el rédito político de la obra.
M. V.