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martes, 4 de julio de 2023

VIVIR MEJOR


El bienestar psicológico requiere de coraje y sabiduría
Entrenar la capacidad de afrontar los obstáculos de la vida y aceptarlos es fundamental; un proceso que implica aprender a transitar el dolor y la incomodidad
Lorena Llobenes
El bienestar implica un trabajo interno que requiere salir de los automatismos y generar alternativas para ser más flexible
La vida es impredecible, imprecisa, compleja y cambiante. Hay mucha información acerca de cómo debe ser, cómo hay que vivirla, qué tenemos que pensar, cómo nos tenemos que sentir y qué necesitamos conseguir para estar bien. Los mensajes culturales promueven la persecución continua de la felicidad, una búsqueda sin fin que siempre está por llegar, pero cuando creemos que ya la tenemos se desvanece a nuestro frente.
El bienestar muchas veces se traduce y se reduce en recetas que intentan eliminar todo aquello que nos da malestar y acumular todo lo que nos haga sentir bien. Pero esto es una trampa porque darle la espalda al dolor, al miedo o a la incomodidad es una receta para aumentar el sufrimiento. El dolor es algo inevitable en la vida, tarde o temprano algo duele, en algo fracasamos, algún vínculo se rompe, nos enfermamos. Si no tenemos recursos para entrar en comunión con esta parte de nuestra humanidad estamos condenados a amplificar nuestro sufrimiento. Dolor por resistencia, igual sufrimiento.
Encontrarnos con este caos e incluir todo lo que significa ser humano de una forma flexible es bienestar. Por lo tanto, lo importante no es sentirse bien todo el tiempo, sino poder estarlo con la experiencia que nos toca atravesar. Hay que animarse a sentir todo lo que nos ofrece esa vivencia de una forma flexible. Para eso necesitamos un cambio de perspectiva, una nueva forma de relacionarnos con la experiencia interna que implique mayor posibilidad de maniobra, mayores recursos u opciones. En definitiva, mayor libertad para responder a lo que nos sucede, para no amplificar nuestro sufrimiento y el de aquellos que nos rodean.
De esta forma para desarrollar el bienestar se necesita coraje, clave para relacionarnos con lo que surja en el momento sin querer cambiarlo. También se requiere sabiduría para poder responder en forma asertiva teniendo en cuenta nuestros valores y sentido en la vida sin dañar a otros. Implica soltar el control de la experiencia interna y hacernos más asertivos cuando actuamos porque de hecho no tenemos control sobre lo que sentimos o pensamos, pero sí sobre lo que hacemos con ellos.
La ciencia del bienestar dice que podemos entrenar esta capacidad de relacionarnos con la experiencia para afrontar lo que la vida nos pone adelante
La ciencia del bienestar dice que podemos entrenar esta capacidad de relacionarnos con la experiencia para afrontar lo que la vida nos pone adelante. De hecho, hay aportes de las neurociencias afectivas y contemplativas y modelos psicoterapéuticos que generan evidencia acerca de algunos procesos que resultan significativos para tener una vida más saludable, plena, con sentido y cargada de vitalidad: una vida “vivida”.
El bienestar psicológico es un estado subjetivo que emerge de la forma en la que interpretamos y gestionamos el mundo interno y las circunstancias del entorno en línea con el sentido de la vida. Se trata de la habilidad de vivir la experiencia con apertura y curiosidad validando y adaptándose a ella, según nuestros valores. Podemos elegir, podemos aprender a hacer una “pausa”, reconocer lo que sucede y volantear, salir de automatismos y con intención, compromiso, paciencia y mucha autocompasión ir generando alternativas para cultivar nuestro propio bienestar, haciendo de esto una forma de vivir y ser.
Como decía Víctor Frankl, fundador de la logoterapia “entre el estímulo y la respuesta hay un espacio, en ese espacio se encuentra nuestro poder de elegir nuestra respuesta, en nuestra respuesta están nuestro crecimiento y nuestra libertad”.
El bienestar psicológico es un estado subjetivo que emerge de la forma en la que interpretamos y gestionamos el mundo interno y las circunstancias del entorno en línea con el sentido de la vida
Vivimos en una época marcada por cambios rápidos e imprevisibilidad, lo cual puede generar ansiedad pero también brinda oportunidades para crecer. Para enfrentar estos desafíos, es crucial desarrollar resiliencia, flexibilidad y fomentar la colaboración colectiva. Además de comprender nuestra mente y promover un sentido integrado de uno mismo, incluyendo así el bienestar de los demás y del planeta.
Saber que el cambio es posible
El bienestar es una habilidad que podemos ejercitar. Tenemos la posibilidad de cambiar porque el cerebro se modifica de acuerdo a lo que le prestamos atención. Precisamente por esto, podemos incidir en la dirección que le queremos dar.
El cerebro está cambiando todo el tiempo en respuesta a las experiencias que vamos teniendo en la vida. Es un proceso al que se llama neuroplasticidad, y si bien hay periodos del desarrollo en donde es más potente, sigue ocurriendo a lo largo de toda la vida independientemente de que lo sepamos o no. De esta forma podemos decir que nuestro sistema nervioso es plástico y posible de ser ejercitado, con intención, compromiso y dedicación.
El bienestar es una habilidad que podemos ejercitar
Ejercitar la atención
Consiste en la práctica de dirigir y regular la atención de manera intencional y ser conscientes de cuánto nuestra mente se distrae. El objetivo es reorientarla hacia el objeto o tarea inicial. La atención es la fuerza que promueve el cambio. Sin ella, no hay aprendizaje. A todo aquello que le prestamos atención, con el tiempo genera cambios en el cerebro. “La calidad de atención que le prestás al mundo, cambia la naturaleza del mundo al que le prestás atención”, afirma Iain McGilchrist, el autor de El maestro y su emisario. Con esta práctica sostenida, se fortalece la capacidad de mantenernos enfocados, evitando que la atención sea secuestrada por distracciones constantes, como los dispositivos y las redes sociales.
Habitar el presente
La propuesta es pasar más tiempo en el “aquí y ahora” habitando con toda nuestra atención el cuerpo y los sentidos (con los que vemos, olemos, degustamos, escuchamos, tocamos).
Este proceso nos permite vivenciarnos desde un lugar “experiencial”, que permite acallar a ese “comentarista interno” que tenemos todos: los juicios y opiniones que muchas veces emitimos sin parar y nos dejan atrapados y enredados en el mundo de los pensamientos confundiendo lo que realmente pasa con lo que pensamos que sucede. En ese momento, la persona vive de la cabeza para arriba alejándose del balance entre el pensar y el sentir.
Ser conscientes del proceso de pensar
El impacto de los pensamientos es mucho mayor del que imaginamos porque constantemente están guionando nuestra experiencia: dan sentido, relacionan, categorizan, comparan y juzgan. Pero no son la realidad, aunque paradójicamente creemos todo lo que nos dicen y lo tomamos como verdades absolutas y afectan nuestro sentir y nuestra forma de actuar. Lo interesante es que tenemos la capacidad de aprender a ser conscientes del proceso de pensar, a relacionarnos con los pensamientos sin querer cambiarlos. ¿Cómo? Observándolos y reconociéndolos como tales: pensamientos, imágenes y conversaciones. Esto nos permitirá elegir a cuáles le damos fuerza y a cuáles dejamos pasar.
Observar y reconocer los pensamientos, nos permitirá elegir a cuáles le damos fuerza y a cuáles dejamos pasar
Cultivar la compasión
Tendemos a querer evitar o suprimir lo que nos duele sin tener en cuenta que la ciencia dice que es la fórmula ideal para sufrir. La compasión es la sensibilidad y apertura al dolor propio y el de los demás junto con la motivación de aliviarlo y prevenirlo. La palabra compasión proviene del latín compati, “sufrir con”. El cultivo de la compasión involucra entrenar a la mente para desarrollar habilidades que tienen que ver con tolerar el dolor, poder empatizar con otro y desarrollar asertividad para llevar a cabo las acciones necesarias para aliviar el sufrimiento. Estas cualidades pueden entrenarse a través de ejercicios que tienen la intención de fomentar el cuidado desde y hacia uno mismo y con los demás.
Promover vínculos de cuidado
Somos una especie social: cuidamos unos de los otros. Dependemos de los vínculos con los demás. La gente con la que nos relacionamos, familia, amigos, incluso extraños contribuyen a la estructura y función del cerebro y ayudan a mantener el funcionando del cuerpo. Estudios científicos indican que, si mantenemos relaciones estrechas de confianza, sostén, seguridad y amorosidad vivimos más tiempo. Pero enfermamos y morimos antes si nos sentimos solos en forma permanente. Existe un beneficio biológico real cuando las personas se tratan con calidez. La generación de estos vínculos permite acceder a las funciones cognitivas superiores como la creatividad y la flexibilidad.
Reflexionar y clarificar nuestros valores
Llamamos valores no al aspecto moral de la palabra sino a aquello que consideramos que es valioso para nosotros o importante. Eso que refleja lo que la persona quiere ser, aquello que es significativo para ella. Funcionan como una brújula interna que muestra el camino hacia lo que nos aporta pleno sentido, que nos recuerda que hay algo más. Es ese anhelo que pulsa en nuestro interior. En el proceso de poder sintonizar con esa guía interna y tener una vida significativa, es necesario detenerse y reflexionar acerca de lo que estamos haciendo y del por qué ya que muchas veces en el hacer rutinario, nos perdemos aquello que es valioso para nosotros.
Estudios científicos indican que si mantenemos relaciones estrechas de confianza, sostén, seguridad y amorosidad vivimos más tiempo
Generar acciones comprometidas
Muchas veces nos encontramos haciendo esfuerzos enormes por cosas que no son valiosas para nosotros, o solemos quedarnos atrapados porque los pasos que tenemos que dar son costosos y dolorosos. Una vida significativa se crea a través de las acciones que están guiadas o motivadas por aquello que es importante para nosotros. No se trata de ser perfectos ni de cumplir lo que se espera de nosotros, sino de movernos, animándonos a fracasar, a desilusionarnos, a decepcionar a otros, a salir de las zonas de confort. Se trata de animarse, a pesar de que muchas veces eso que tengamos que hacer, pueda generarnos dolor. A veces, para ganar hay que perder, apostando a un bienestar trascendente.
Reconocer la interdependencia
El bienestar es interdependiente. Este es un concepto sobe el que había profundizado el reconocido Martin Luther King Jr.: “Todos estamos atrapados en una red ineludible de reciprocidad, atados a una sola prenda del destino. Lo que afecta a uno directamente afecta a todos indirectamente. Estamos hechos para vivir juntos, debido a la estructura interrelacionada de la realidad”.
El ser conscientes de esta interdependencia, de este “nosotros” con los otros y con el planeta, nos da una perspectiva más amplia de quienes somos y nos invita a preguntarnos cómo queremos contribuir a generar un mundo más confiable, seguro y sustentable.
Dedicarle tiempo a entrenar la mente
Así como ejercitamos nuestro cuerpo o tenemos el hábito de cepillarnos los dientes, incluir espacios dedicados a esta “revisación “interna es una gran inversión para nuestro bienestar que vale la pena ponerlo en agenda. ¿Cómo empezar a entrenar la mente? Como todo hábito requiere dedicarle tiempo y regularidad. La autorreflexión y la autorregulación son esenciales. Es crucial desarrollar resiliencia, flexibilidad y fomentar la colaboración colectiva. De esta forma podremos cultivar el bienestar propio y construir un futuro más sostenible para todos.
La autora es Neuróloga infantil, medicina ayurveda e instructora de mindfulness y
 compasión

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

jueves, 26 de octubre de 2017

VIH.....VIVIR Y SUMAR MÁS DERECHOS


Vivir con VIH: piden ampliar el alcance de la ley actual para sumar más derechos
Varias ONG reclaman una nueva norma que sea más humana, extienda los derechos laborales, refuerce la concientización y abarque los aspectos sociales de quienes tienen esta condiciónContra la discriminación: Verónica tiene VIH y hepatitis C. Trabaja en el Inadi, es madre de tres hijos, abuela y activista. F
Verónica tiene VIH desde hace 30 años. Lleva más años vividos con la enfermedad que sin ella. Hoy a sus 52, madre de tres hijos, abuela y activista "de toda la vida", remarca que no padece VIH, tiene VIH y hepatitis C.
"Portamos anteojos, celulares, armas, pero no una enfermedad o un virus. Depende de cómo lo nombres es cómo te parás. Todo hace a la persona", corrige, que integra la Sociedad Argentina Interdisciplinaria de SIDA (Saisida).
En esa sutil diferencia, como puede ser una palabra, se visualiza la lucha contra el estigma y la discriminación social que viven día a día miles de personas con VIH en la Argentina. Son ellos los que para poder contar con más herramientas legales piden modificar la ley nacional 23.798 por una nueva que contemple también algunos aspectos sociales y otorgue más protección de los derechos laborales.
Además, reclaman que se incluyan también a las hepatitis virales y a las enfermedades de transmisión sexual (ETS) para que quede así cubierto el 100% de su tratamiento y medicamentos.
"La actual ley fue dictada en el año 90. En ese momento sirvió mucho y la principal conquista fue el acceso universal al tratamiento. Hoy ya pasaron 27 años y hay cuestiones que es necesario incorporar", explica Romina Cavallo, abogada de la Fundación Huésped.
Según relevó en 2016 el Ministerio de Salud de la Nación, 120.000 personas tienen VIH en el país, de las cuales el 30% desconoce su situación. Para poder revertir esta situación, desde la Fundación Grupo Efecto Positivo (GEP) destacan como central el hecho de poner fin a las situaciones de estigmatización que aún afectan a las personas con VIH.

"Naciones Unidas hace muchos años que viene insistiendo en que el obstáculo más grande para dar respuesta al VIH es el estigma y la discriminación. Esto está asociado directamente a que en nuestro país tengamos todavía personas sin un diagnóstico", asevera José María di Bello, secretario de GEP y también portador de VIH.

En relación con las hepatitis virales, la hepatitis crónica por virus C es hoy la primera causa de trasplante hepático en la Argentina y una de las más importantes de muerte en personas con VIH.

Preocupados por esta realidad, las entidades de VIH y de hepatitis más representativas del país se juntaron durante dos años para discutir, consensuar -siempre coordinado por la Dirección Nacional de SIDA del Ministerio de Salud- y, finalmente, elaborar un proyecto de ley.

"El consenso fue enorme, no hubo ninguna bandera partidaria y fue un trabajo muy arduo, porque se hicieron muchas consultas en todo el país. Se llegó a un producto final, logramos que el diputado Jorge Barreto (FPV) tomara la iniciativa y la presentara en el Congreso en noviembre de 2016", dice Di Bello.
Y añade: "El proyecto de ley ya obtuvo dictamen en la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados de la Nación y esperamos que sea tratado en las comisiones de Legislación General y Presupuesto. Si no entra al recinto este año, pierde estado parlamentario".
Sentir vergüenza
Verónica confiesa haber sentido vergüenza por tener VIH. También dirá que, a lo largo de estos 30 años, siempre se sintió discriminada: cuando tuvo a sus tres hijos en los hospitales públicos, cuando se sube todos los días a un colectivo y le preguntan cuál es su discapacidad cuando muestra el carnet, hasta incluso en las pequeñas conversaciones que tiene con la gente.
"Una vez una amiga de una amiga, que no sabía de mi enfermedad, tiró «Che, que no tengo sida para que no tomes de mi vaso». Eso fue una puñalada", cuenta Verónica.
Y agrega: "Lo que pasa es que vos decís que tenés VIH y para la gente no es una enfermedad, es una consecuencia, lo ven como un castigo. Te juzgan, sea quien sea. A mí me pasó porque no tuve información y hoy por hoy sigue pasando lo mismo. Realmente, uno puede vivir con VIH, pero con el estigma y la discriminación no".
Por eso, el proyecto de ley estipula implementar políticas de difusión de derechos de las personas con este tipo de enfermedades y sobre todo hace hincapié en la protección de los derechos laborales -principal causa de consultas o denuncias que reciben las ONG- estableciendo así sanciones y multas para aquellos que no cumplan la norma.
"Lo que más destacamos es el tema de la discriminación en el ámbito de trabajo, ya que el proyecto establece la prohibición del testeo en los exámenes preocupacionales, por ejemplo, que es un problema a nivel internacional, no sólo en la Argentina", sostiene Cavallo.
Marta sufre la discriminación por partida doble. Convive con el VIH desde 1994 y tiene hepatitis C, en un estadio bastante grave, que requiere un tratamiento y no lo puede pagar. A pesar de que ya no trabaja más en relación de dependencia, en el momento que sí lo hizo prefirió no exponer su enfermedad.
"Me pasó de tener entrevistas laborales, donde después me convocaron para hacer el examen [preocupacional] y después no me tomaron. Y a uno siempre le queda la duda de que, por ahí, como tenés que decidir vos si querés o no que te hagan la prueba de VIH, en algún momento me la hayan hecho sin mi consentimiento", dice a sus 42 años Marta, cuyo marido también tiene VIH.
Un enfoque más humano
Un reclamo colectivo: Representantes de distintas organizaciones sociales se reunieron para reclamar por la ley el 13 de junio, cuando se llevó a cabo el debate en la Comisión de Salud de Diputado.
Desde las diferentes organizaciones sociales destacan que este proyecto de ley busca sumarle un enfoque humano, clave para cumplir con los compromisos internacionales asumidos por la Argentina y contar así con una ley a largo plazo.
"Apostamos a que este proyecto se apruebe para poder trabajar también en la reglamentación y cumplir con las metas 90-90-90 contra el VIH, que son objetivos que fijaron en 2014 organizaciones de Latinoamérica y el Caribe para el 2020 -explica -. ¿Qué estipulan? Aumentar el 90% de la población de personas diagnosticadas que se hayan testeado, que el 90% reciba el tratamiento y que el 90% de la gente que se encuentran en tratamiento tenga cargas virales detectables, o sea, la supresión viral".
Por su parte, Miguel Pedrola, coordinador de AHF Argentina concuerda en que la actual legislación debe aggionarse para que la Argentina tenga una ley de punta en relación con otros países que aún no incorporaron esta mirada más social.
"Nos tenemos que poner frente a lo que viene y una de las cosas es el autotest, que es mucho más rápido. Deberíamos dar la posibilidad a las personas de acceder en forma gratuita al autotest porque hay muchas que prefieren hacerlo dentro de un lugar donde se sienten seguros y no estigmatizados ni discriminados", sostiene.
Desde Huésped concluyen: "Esta ley deja la puerta abierta a todas las innovaciones que vengan en el futuro porque pensamos que tiene que servir para otros 20 años por lo menos. No fue fácil lograr este proyecto, se consensuó y creemos que es el proyecto que tiene que avanzar".

Para saber más
Fundación Huesped
Fundación Grupo Efecto Positivo
AHF Argentina
Sociedad Argentina Interdisciplinaria de sida
Los puntos centrales que se quieren modificar
Sumar otras enfermedades a la cobertura total: Incorporar a las hepatitis virales y a las enfermedades de transmisión sexual (ETS) declarando de interés nacional su prevención y tratamiento; y asegurar el acceso universal a los programas de provisión gratuita de medicamentos e insumos en todos los subsistemas de salud del país
Ampliar los derechos laborales: Proteger los derechos laborales y prohibir la discriminación en el acceso al empleo y la divulgación de datos personales que permitan identificar a las personas con VIH
Luchar contra la estigmatización: Poner fin a las situaciones de estigmatización que aún afectan a las personas con VIH y su entorno
Promover el autotest para el diagnóstico: Prohibir la obligatoriedad de una orden firmada por un médico para la realización o el procesamiento de las pruebas para detección del VIH y reconocer la provisión de tratamientos para asistir a los niños y adolescentes
Creación de una comisión nacional: Contemplar la creación de una comisión nacional con integración interministerial y multisectorial con participación de la población afectada y del Observatorio Nacional sobre Estigma y Discriminación en VIH, hepatitis virales y enfermedades de transmisión sexual
Verónica Russo - Integra la Sociedad Argentina Interdisciplinaria de Sida: "Portamos anteojos, celulares, armas, pero no una enfermedad o un virus. Depende de cómo lo nombres es cómo te parás"
José María di Bello - Secretario de la Fundación Grupo Efecto Positivo: "Naciones Unidas hace muchos años que viene insistiendo en que el obstáculo más grande para dar respuesta al VIH es el estigma y la discriminación. Si el proyecto de ley no entra al recinto este año, pierde estado parlamentario"
Miguel Pedrola - Coordinador de AHF Argentina: "Deberíamos dar la posibilidad a las personas de acceder en forma gratuita al autotest porque hay muchas que prefieren hacerlo dentro de un lugar donde se sienten seguros y no estigmatizados ni discriminados"
Romina Cavallo - Abogada de la Fundación Huésped: "La actual ley fue dictada en el año 90. En ese momento sirvió mucho y la principal conquista fue el acceso universal al tratamiento. Hoy ya pasaron 27 años y hay cuestiones que es necesario incorporar"
Marta - Persona con VIH: "Me pasó de tener entrevistas laborales, en las que después me convocaron para hacer el examen (preocupacional) y después no me tomaron. Y a uno siempre le queda la duda de que, por ahí, en algún momento me lo hayan hecho sin mi consentimiento"
Adrián- Persona con hepatitis: "Hoy no estoy medicándome porque no la consigo. Son 200.000 pesos por mes y el tratamiento dura tres meses. ¿Quién lo costea? Son 600 lucas y yo no soy un privilegiado. Sólo llego a pagar el alquiler a fin de mes"

jueves, 5 de octubre de 2017

LA DECISIÓN DE VIVIR ES TUYA


Con absoluta convicción una amiga me aseguraba hace poco que los días ya no tienen 24 horas, sino alrededor de 18. Según decía, había leído un informe que lo demostraba y que adjudicaba esa abreviatura a un movimiento en el eje de la Tierra. Y si no es esa la razón, terminaba, alguna debe de haber, porque lo cierto es que cada vez las horas alcanzan para menos. Para no entrar en discusiones científicas, quedémonos con la sensación del encogimiento temporal. Es una sensación generalizada y creciente, pero acaso no tenga que ver con la física sino con una manera de vivir. Quizá nunca en la historia los seres humanos hayan tenido agendas colmadas de actividades como hoy, y quizá nunca hayan descansado menos. Está comprobado que las horas de sueño promedio necesarias para el organismo se han reducido de ocho a seis. Los ritmos circadianos, que normalizan las actividades orgánicas y las regularizan, están alterados, prácticamente no existen la oscuridad ni el silencio, el planeta permanece abierto, bullicioso e iluminado las 24 horas con una oferta incesante de actividades (se ha llegado al absurdo de convocar festivales filosóficos en la madrugada, cuando menos lúcida está la mente).
Una consecuencia lógica de esta modalidad es que el día parece más corto. Y para sostener semejante compás a menudo hay que recurrir a variados estimulantes químicos, bebibles, aspirables, físicos y psíquicos. Cuando las actividades se acumulan sin pausa y sin ilación, es posible que, abocados a la más reciente, ya no recordemos las anteriores y, mucho menos, la primera. Es como atiborrarse de alimentos por el mero hecho de que son ricos, pero sin tiempo para saborearlos ni espacio para digerirlos, hasta terminar con malestares gástricos. Las agendas completas y comprimidas no permiten detenerse, ni reflexionar ni conectar con las sensaciones y emociones de cada acto. Eliminan la pausa, la introspección, el retiro, que son momentos naturales de la vida en todas sus manifestaciones: aspirar-exhalar, actividad-reposo, día-noche, sístole-diástole, contacto-retirada, sueño-vigilia. Prevalece, en cambio, la sensación de que todo ha sido un continuado y de que el tiempo se escurrió como el agua por una alcantarilla.
En El tiempo y el alma, un sensible y reflexivo ensayo, el filósofo Jacob Needleman escribe: "Mi vida, como la de muchos hombres y mujeres, se había convertido en una existencia llena de cosas por hacer, demasiadas responsabilidades, demasiadas oportunidades, demasiados detalles que cuidar. Como nos sucede a muchos, me había convertido en una persona apurada. Y pronto comprendí que estar ocupado es estar apurado". La pregunta sería: ¿para llegar a dónde? Y luego: ¿qué valor tiene ese dónde? ¿Me lleva a entender y a valorizar para qué vivo o me aleja de esa comprensión? ¿Qué vacío busca llenar tanta ocupación? "Ser devorado por nuestra vida no es comprometerse a vivir -piensa Needelman-. Cuando nos dejamos devorar quiere decir que nuestro propio yo no se encuentra presente."



Estar presente requiere pausa, respiro, silencio. Discriminar entre lo urgente y lo importante. Cuando no lo hacemos se impone lo urgente y se posterga lo importante. No hay tiempo para incorporar las experiencias vividas, se las surfea. Nunca se las bucea. Los días con menos cosas por hacer, pero conectadas a nuestras necesidades reales y profundas, tienen otro ritmo, las mismas horas parecen más largas y la jornada entera adquiere significado, se incorpora a las sensaciones, se hace memoria. Los días no son hoy más cortos. Quizás estamos pasando demasiado rápido por ellos, sin dejar huella. Y el eje de la Tierra no tiene la culpa.

S. S.

viernes, 7 de octubre de 2016

VIVIR MEJOR


Cada vez más gente habla de mindfulness, una de esas palabras anglosajonas de moda que se oyen por todas partes, pero ¿sabemos realmente qué es?
Su traducción literal podría ser “consciencia plena” y consiste en prestar atención a nuestros pensamientos, emociones y sensaciones corporales, así como al contexto que nos rodea. En otras palabras, es estar capacitados para disfrutar del momento.

Todo se ha de basar en la aceptación, es decir, en que el cerebro se centre en lo que recibe en el momento y lo acepte sin entretenerse en hacer elaboradas interpretaciones.
Complicado, ¿verdad? Bueno, podríamos simplificarlo diciendo que el poder está en el saber y en la aceptación de los hechos y el momento, siendo nuestro cerebro quien manda en todo esto. De ahí que sea importante conocer por qué este órgano hace que a veces estemos ansiosos, tristes o enfadados.

Cuando la neurociencia analiza los dos hemisferios del cerebro, se encuentran datos muy interesantes que pueden ayudar a entender nuestro estado emocional y nuestra actitud ante la vida. Seguro que has oído que en cada hemisferio se alojan diferentes capacidades, como la creatividad, la memoria y el análisis. Esto es lo que ocurre dentro de tu cabeza:
El hemisferio izquierdo miente
En la práctica, podemos simplificar el proceso de percepción diciendo que nuestro hemisferio derecho recibe la información del exterior y el izquierdo la interpreta, busca una explicación.
Varios estudios han demostrado, en los últimos 30 años, que el lado izquierdo del cerebro sobresale en la creación de una explicación de lo que está pasando. El problema es que a él no le importa mucho si la explicación es correcta o incorrecta. Dicho de otro modo, la parte izquierda de nuestro cerebro no entiende que “el mapa no es el territorio”. No tiene información perfecta, por lo que a veces mira demasiado por su propio bien, preocupándose solo de generar una historia que le satisfaga, lo que hace que en muchas ocasiones vea las cosas muy diferentes a como son realmente.
Por ejemplo, si estamos en una comida familiar o de amigos y la persona que tenemos al lado mira un momento su móvil, nuestro lado izquierdo del cerebro puede llegar a hacer que pensemos “incorrectamente” que estamos aburriendo a esa persona o que le caemos mal, antes siquiera de pensar que alguien le escribió o que solo está mirando la hora.
Identifica cuándo está trabajando tu hemisferio izquierdo
Como el bazo, los pulmones o el hígado, nuestro hemisferio izquierdo es parte de nosotros. Y aunque no somos él -no solo existe el lado izquierdo y sus explicaciones-, debemos dejarlo actuar y prestarle la atención necesaria. Tendremos que tratar de comprender qué está haciendo, qué quiere decirnos y averiguar si está sobreactuando.

Por ejemplo, si nuestro jefe está agitado, la parte izquierda de nuestro cerebro podría reaccionar pensando que nos van a despedir. Es en ese momento cuando el mindfulness y nuestro control mental entran en acción. Nos sirve un: “espera, espera amigo”. Hay muchas razones por las que tu jefe puede estar nervioso; puede que tenga un mal día o que algo le preocupe, pero de ahí a empezar a vaciar tu mesa hay un trecho.
Este tipo de control sobre la forma práctica y realista de las interpretaciones que hace nuestra parte izquierda del cerebro es el núcleo de la terapia cognitivo conductual, la cual está estrechamente ligada con lo que el mindfulness persigue o pretende.
Ayuda a tu lado izquierdo a ser un mejor narrador de historias
Como vemos, el problema al que nos enfrentamos se encuentra en el cerebro, en su forma de interpretar, de intervenir y de enfocar las cosas. Pero esto solo significa que si el problema está en nuestro cerebro, la solución también.
El lado izquierdo necesita una mejor historia, así que dásela. Si está diciéndote que alguien “te odia”, tienes que decirle que ese alguien “solo está de mal humor”. Llévale la contraria y demuéstrale con tu creatividad que hay cientos de explicaciones diferentes para una misma situación.
Cuando las historias que te cuenta tu parte izquierda son realmente deprimentes, hay un ejercicio fácil y perfecto para ponerle en su sitio. Antes de irte a dormir, escribe tres cosas buenas que te hayan pasado durante el día. No tienen que ser extraordinarias, pueden ser pequeños detalles como que de camino al trabajo todos los semáforos estaban en verde o que cuando encendiste la radio sonó una de tus canciones favoritas. Haz que tu parte positiva sobresalga sobre la negatividad del hemisferio izquierdo y pronto empezarás a notar la diferencia.
Cada vez será más fácil encontrar explicaciones no destructivas a los acontecimientos que vivas porque tu cerebro estará entrenado para ver las cosas buenas antes que las malas. Por ejemplo, una persona que trabaja limpiando en un hospital tiene dos opciones: pensar que todo lo que hace en la vida es vaciar cubos de basura, o ver que está ayudando a que la gente enferma se recupere y se sienta mejor. ¿Con cuál te quedarías?