miércoles, 1 de julio de 2020

EL ECONOMISTA....NOTICIAS,

Jul 01, 2020  |  PRESENTADO POR eleconomista.com.ar
01  El canje se aleja (otra vez) en el inicio del mes clave   LEER MÁS

02  Las pymes, en un contexto cada vez más complejo:  prevén agravamiento y múltiples conflictos laborales   LEER MÁS

03  El default se acerca y las empresas privadas lo sienten  (Por Luis Varela)   LEER MÁS
04  El Gobierno autoriza a exportar   LEER MÁS

05  La Ciudad avanza con un alivio para comercios afectados por crisis  LEER MÁS

06  Los patentamientos vuelven a 2004  LEER MÁS

07  Tras el aplauso a los médicos, los médicos sin trabajo   (Por Jorge Colina)   LEER MÁS

08  Cafiero inicia diseño del Presupuesto 2021 (Por Pablo Varela)   LEER MÁS

09   Apoyo nacional para Córdoba: más de  $300 M   LEER MÁS

10  OPS: “El rebrote puede ser peor”   LEER MÁS

El mayor riesgo para Facebook es convertirse en una marca tóxica para sus empleados   ( Por  Pablo Maas )   LEER MÁS

Cómo tener reuniones efectivas durante el “work from home” ( Por Helena Brite)   LEER MÁS

Talvi presentó su diplomacia 5.0:  Uruguay hará eje en la agenda comercial y  buscará cerrar acuerdo con UE   LEER MÁS
Gracias por su tiempo.
FacebookTwitter
Copyright © 2019 El Economista, All rights reserved.

DIARIO DE VIAJE Y LIBRO


La pescadera de La Boquería
De todos los mercados del mundo, los mediterráneos tienen un atractivo especial para el autor español, porque lo encuentran con una de sus grandes pasiones: el mar
ARTURO PÉREZ-REVERTE
Mercado de San José, en Barcelona. Más conocido por La Boquería. El fulano tiene cincuenta y tantos tacos largos, o los aparenta, y una pinta infame de mendigo desaliñado, con deportivas rotas y una sucia camiseta de una feria del libro de hace la tira; de cuando el cabo de Creus era soldado raso. La camiseta me llama la atención, y por eso me fijo en el individuo mientras camino detrás, entre los puestos de fruta y verdura, las especias, la carne, los salazones. Me gusta La Boquería en particular y los mercados en general; sobre todo los mediterráneos, supervivientes asomados a las orillas de ese mar viejo y sabio, sin que la modernidad, y la higiene, y todas esas murgas sanitariamente correctas de la asepsia, el plástico y el envase al vacío les hayan hecho perder carácter; y aun vestidos de limpio y de bonito siguen siendo lo que fueron, llenándote los sentidos de colores abigarrados, aromas entremezclados, rumor intenso de voces que pregonan, interrogan, tocan, regatean. Disfruto como Charlton Heston con un rifle –el hijoputa– paseando por esos lugares: miro, me paro a tender la oreja, recordando. Nada se parece tanto como uno de esos mercados a otro de esos mercados: Barcelona, Nápoles, Tánger, Estambul, Beirut, Cádiz, Melilla. Etcétera. También eso es cultura. Y no me refiero a lo que algunos soplapollas llaman aquí cultura: la gastronomía como cultura, el fútbol como cultura, el teléfono móvil como cultura. Sus muertos más frescos como cultura. Ahora se le llama cultura a todo –acabo de oír a un político imbécil hablando de la cultura de la violencia–. No. Hablo de cultura de verdad. Historia y explicación, memoria y presente. Huellas y claves de lo que fuimos y lo que somos.
Los barcos se pierden en tierra | Web oficial de Arturo Pérez-Reverte
Pero estamos en La Boquería, les contaba. Caminando detrás del fulano con pinta de mendigo, que al pasar ante los puestos saluda a los tenderos. Viéndolo arrastrar los pies deduzco que es uno de esos habituales de sitios así, que se buscan la vida limosneando, llevando cargas o haciendo pequeños recados. Éste saluda a todo el mundo con aire ido, como muy para allá. Algunos le devuelven el saludo. Llega así –y yo detrás–, a la zona de la pescadería. Y va a pasar de largo, hacia la salida de atrás del mercado, cuando lo llama una pescadera. El hombre se vuelve y se acerca despacio a la mujer, que es madura, grandota, con delantal. Una pescadera canónica. De toda la vida. Esa mujer coge un pescado del mostrador, lo envuelve en papel y se lo ofrece casi discretamente, sin decir palabra. Entonces el mendigo, o lo que sea, sonríe con su boca desdentada, asiente y hace ademán de besar el envoltorio. Y se va.
Foro sobre Arturo Pérez-Reverte
Me quedo mirando a la pescadera, que sin darle importancia vuelve a lo suyo, a amontonar mejor el hielo picado bajo las gambas y a disponer con más arte las rodajas de emperador. Estoy estupefacto. Esa mujer no puede saberlo, claro. Acabo de presenciar punto por punto algo que viví hace más de cuarenta años en el mercado de la calle Gisbert, en Cartagena, una mañana que, acompañando a mi abuela a la compra –a la plaza, como dice la gente del sur–, vi cómo a un pobre hombre, un infeliz desharrapado que allí barría los restos de verduras y ayudaba a cargar las cestas para buscarse la vida con una propinilla, una pescadera muy parecida a ésta, gordota, con el mismo delantal e idénticas manos enrojecidas por el trabajo, le daba un pescado grande, envuelto en papel de periódico. Tal cual. Al niño que yo era le pareció aquello el colmo de la compasión, y como tal lo recordé siempre. Y resulta que hoy, en La Boquería de Barcelona, casi medio siglo después, veo repetir el mismo gesto hacia el mismo hombre, en manos de la misma mujer. Un gesto que, pese a cómo está el patio y a lo retorcido que cada cual tiene el colmillo, lo reconcilia a uno con muchas cosas. Con quien todavía, por ejemplo, es capaz de actuar bajo el impulso personal de la caridad sin esperar aplausos, votos, bendiciones apostólicas ni nada a cambio. Solo porque sí. Por la cara.

Total. Que sigo frente al puesto de pescado cuando la mujer levanta la vista y me mira hosca, notando que la observo. Suspicaz. Qué diablos tendrá este tío, debe de pensar viéndome sonreír como un idiota. No sabe que lo que tengo es ganas de acercarme, apoyar las manos entre los lenguados y los salmonetes y estamparle un beso. Smuac. En los morros. Por seguir siendo ella después de tantos años.

Este texto está incluido en el libro Los barcos se pierden en tierra, publicado por Alfaguara

EL ECONOMISTA....NOTICIAS,

Jun , 2020 |  PRESENTADO POR eleconomista.com.ar
Las principales noticias de hoy
01. Negociaciones estancadas: dos grupos de acreedores preocupados por “la falta de compromiso” del Gobierno argentino   LEER MÁS

02. La deuda externa se ubicó en US$ 274.247 millones en el primer trimestre del año   LEER MÁS

03. La nueva Ley de Alquileres comenzará a regir mañana con nuevas condiciones   LEER MÁS

04. Por debajo de la inflación, en abril los salarios subieron 0,2% respecto a marzo   LEER MÁS

05. El Gobierno porteño anunció un paquete de medidas para comercios no esenciales y nueva línea de créditos accesibles del  Banco Ciudad   LEER MÁS

06.Vandalismo rural en aumento: reuniones con Frederic   LEER MÁS

07. China acelera su recuperación   LEER MÁS
Frase del día
“  Desde el Mercosur vamos a buscar un rol proactivo, con una agenda de desarrollo productivo   

    El ministro de Economía, Martín Guzmán, llamó hoy a profundizar la cooperación de los países del Mercosur  durante un encuentro virtual de ministros de Economía y presidentes de Bancos Centrales del Mercosur y los Estados Asociados .   LEER MÁS
Para leer
Covid-19: golpe de gracia para una década perdida  ( Por Alejandro Radonjic )   LEER MÁS

Informe OIT: por el coronavirus ya se destruyeron 400 millones de empleos   LEER MÁS
El Presidente confirmó envío de médicos, gendarmes y asistencia financiera a una de las provincias más complicadas por la pandemia   LEER MÁS
FacebookTwitter
Copyright © 2020 El Economista, All rights reserved.

LA PÁGINA DE ARTURO PÉREZ - REVERTE,


Sobre héroes y/o asesinos
La brutal respuesta de Pérez-Reverte cuando le preguntan por los ...
Arturo Pérez-Reverte
Cada vez me gusta menos cierto tipo de español que nuestra infame clase política y la gozosa incultura general están fabricando. Si fuera más joven, a lo mejor me iba a otro sitio; pero me da pereza mover la biblioteca. Además, tengo curiosidad por ver en qué termina esto: si se cumplen los viejos ciclos históricos, o si este país fascinante, tan prolífico en hijos de puta, sacará la cabeza del agujero. Lo amo por desgraciado, tal vez. O, como figura en un monumento a los marinos muertos en el desastre del 98, por lo mucho que sufre y ha llorado. Y va a llorar.
Esto viene al hilo de un cuadro de mi amigo Ferrer-Dalmau, nuestro pintor de batallas. Augusto no es hombre de izquierdas, pero sí de historia militar; y ejerciendo su oficio pintó hace días un maquis, un guerrillero comunista junto a una fogata, fumándose un cigarrillo. Lo colgué en Twitter, como suelo hacer con sus trabajos. Confieso que lo hice sin inocencia, sabiendo lo que iba a ocurrir. Y ocurrió. Aquello se convirtió de inmediato en el habitual conmigo o contra mí. Tuiteros de buena fe, la mayoría, que alababan el talento del maestro; pero también zafarrancho de partidarios, enemigos, agraviados y ofendidos. Cualquiera habría dicho que los maquis fueron hace dos días y las heridas siguen frescas: valientes, cobardes, idealistas, héroes, bandoleros, asesinos. Hasta hubo quien reprochó a Augusto pintar un maquis y no un guardia civil; cuando, entre otras muchas cosas, el gran Augusto lleva pintando guardias civiles toda su vida.
Lo grave de todo esto es que esa minoría que no sale del cliché elemental, que cuando tiene una ideología determinada es incapaz de ver nada negativo en la propia ni nada positivo en la del adversario, ya no es tanta minoría, pues crece en los últimos tiempos, contagiada del disparate que la superficialidad de las redes sociales y la televisión, la ignorancia, el sectarismo y la mala fe imponen a los jóvenes. Es en momentos como éste cuando más falta hacen personas como mi amigo y vecino Paco -olvidé su apellido, o prefiero olvidarlo hoy-. Pero Paco murió hace veinte años, y el testimonio de quienes escriben con ecuanimidad sobre él y sus antiguos enemigos resulta poco frecuentado en librerías y bibliotecas.
Paco fue mi vecino, como digo. Su casa lindaba con la mía. Un jubilado tranquilo y amable, de pelo blanco. Había sido capitán de la Guardia Civil; y al ganar confianza, supe cosas de su vida. En su juventud había estado en las contrapartidas antimaquis, combatiéndolos en las montañas. No era muy lector, aunque su mujer había sido maestra, y le regalé un libro que no conocía: La sierra en llamas, de Ruiz Ayúcar. Al final me contaba episodios interesantes de cuando él y otros guardias se disfrazaban con ropas civiles y libraban una dura guerra contra el maquis bajo el frío, la lluvia y la nieve, cazándose unos a otros como alimañas con emboscadas, golpes de mano, secuestros, asesinatos mutuos, en aquella sucia guerra rural silenciada por el franquismo. Hablaba Paco de sus enemigos de entonces con una curiosa mezcla de rencor y admiración. De sus tropelías y asesinatos, y también de su valor y entereza. «Eran hombres de verdad -me dijo una vez- que sabían vestirse por los pies. Luchaban como fieras. Y había con ellos mujeres que tenían incluso más cojones que muchos». Cuando hablaba de eso, a Paco se le enturbiaba la mirada y sonreía triste: «Era gente brava que había tenido un ideal y tuvo mala suerte. Ellos cumplieron con el que creían era su deber y nosotros con el nuestro».
Nadie me lo explicó nunca tan bien como Paco, que había sido su enemigo. Entre 1939 y 1952, los maquis asesinaron a casi un millar de campesinos, a 257 guardias civiles y a 50 militares y policías. Pagaron por ello un precio sangriento y acabaron aniquilados. Pero esos hombres acosados como alimañas, que terminaron siendo bandoleros fugitivos por los montes, habían combatido tres años en la Guerra Civil; y luego, exiliados en Francia, luchado en la Resistencia, liberado París y peleado en Alemania. Y después, creyendo que había llegado su hora, volvieron a España a hacer lucha de guerrillas contra el franquismo (cuando alguien los compara con las ratas criminales de ETA, de bomba fácil y tiro en la nuca, dan ganas de reír, o de vomitar). Los maquis españoles fracasaron, quedaron traidoramente abandonados por el Partido Comunista y acabaron librando una lucha desesperada y cruel, vagando por los montes como lobos peligrosos, cayendo uno tras otro hasta que acabó todo. Fueron heroicos y criminales, como muchos de quienes los persiguieron. Y si Paco, que era guardia civil y los mataba, hablaba de ellos con lucidez crítica y con respeto, no sé quién puede creerse con derecho a hacerlo de otra manera.

HISTORIAS DE ARTE Y ARTISTAS,


Gabriel Baggio y el oficio como performance: la delicada tarea de tejer relaciones
Gabriel Baggio. Biografía
"Nací en esto y me crié en esto", responde Mencho Ferreyra, con una mano en la cintura y un codo sobre la pala, cuando Gabriel Baggio le pregunta por sus orígenes en el oficio . Ese diálogo que mantienen en medio del campo, mientras construyen bajo el sol una casa de adobe, quedará registrado en un video que participará del lanzamiento global de Bienalsur . Para cuando el trabajo haya terminado Mencho estará muerto, y el artista porteño habrá perdido a su maestro y amigo.
Baggio recrea en cerámica las herramientas de trabajo, como puede verse en la muestra actual en el CCK 
"Esa performance duró un año y medio, porque trabajábamos los viernes y los sábados. Primero con Mencho, que se enfermó en la mitad del proceso. Después con un discípulo suyo de Navarro, que aceptó seguir enseñándome", recuerda Baggio, interesado en los vínculos que se tejen al aprender saberes y oficios.
Baggio recrea en cerámica las herramientas de trabajo, como puede verse en la muestra actual en el CCK 
La tarea se tituló esa videoperformance, presentada hace tres años en la muestra Pensamiento salvaje en la Casa del Bicentenario. Es retomada ahora en Procesos de aprendizaje , exposición virtual en el sitio web del Centro Cultural Kirchner que está por convertirse en libro , y que coincide con otra en la galería Hache . Aquella primera vez fue convocado por Valeria González, con quien editó hace una década otra publicación, En busca del sentido perdido .
Baggio rescata antiguos oficios y saberes que se transmiten de maestro a discípulo. En 2009 ganó el prestigioso premio Klemm con un intrincado entramado floral de cerámica 
"Muchos artistas llegan a la edad de merecer una retrospectiva, y de incluir, en un mapa coherente, también azares o desaciertos -escribió entonces la actual secretaria de Patrimonio Cultural de la Nación -. Baggio, antes de cumplir sus treinta años, fue capaz de hacer una muestra prospectiva. De establecer su propio mundo relevante".
Baggio trabaja con cerámica desde 2002, cuando exhibió una muestra en la casa de su abuela 
Las bases de ese mundo se construyeron en el taller de carpintería de su abuelo, mientras el futuro artista lo observaba fabricar utensilios de madera para que su mujer amasara las pastas. "La casa olía exactamente igual a los domingos de familia", dice Baggio en el citado libro, donde González rescata la muestra montada en 2002 en el hogar donde empezó todo. Sus primeras piezas de cerámica se exhibieron en el living y una fotoperformance en el dormitorio, mientras él ofrecía comida casera en la cocina.
Baggio aprendió a tallar una flor en madera en Colección Fortabat durante la Bienal de Performance 2015 
Su carrera internacional, distinguida con importantes premios, siguió desde entonces un camino coherente: cocinó en el Malba en 2008, aprendió a tallar una flor en madera en Colección Fortabat durante la Bienal de Performance 2015 y tejió al año siguiente en el Centro Cultural Recoleta . "La creación está en todos los actos de la vida", opina en el ciclo Creadores .

C. CH.

AUTOR Y LECTURAS RECOMENDADAS,


Un cuento ligero y trágico
Hugo Beccacece, el maestro de los retratos inolvidables - Infobae
HUGO BECCACECE

Un título de una sola palabra, un nombre de ciudad que es la contraseña de la cultura de Mitteleuropa , del mundo de los Habsburgo y la rica tradición judía: Trieste
Día del Padre: 10 libros para regalar y dónde comprarlos - LA NACION
Ese es título del flamante libro de Pedro B. Rey, que acaba de publicar el editor Christian Kupchik en Leteo. Es una hermosa edición con posfacio de Guillermo Saavedra; ilustraciones de Lucas Frontera Schlibaum (Velü); fotografías y la reproducción del cuadro Madame X , de John Singer Sargent.Pedro B. Rey: "Hoy escribir es un poco absurdo en el buen sentido ...
El libro tiene una aclaración relacionada con su género: "Un cuento". Eso sí, un cuento de 156 páginas, Desde hace años, Pedro B. Rey trabaja en lo que Saavedra denomina una "constelación" de relatos. Trieste pertenece a ese ciclo que el autor denomina La lira argentina y que se conocerá de a poco. En él, los personajes circulan entre los cuentos. El protagonista de un relato no hace sino un cameo en otro, o dos o tres apariciones esenciales en un tercero. Por ejemplo, en el anterior libro de Rey, Katsikas , ya intervienen tres personajes de Trieste: Katsikas; el pintor bohemio Dédalo Giorgione; y Miss Vampiresa, una yegua que da su nombre como título a ese cuento antológico.
Katsikas - Pedro B. Rey - $ 630,00 en Mercado Libre
Trieste transcurre en 1977, durante la última dictadura militar argentina, pero ese no el nudo de la narración ni su argumento, aunque sí el telón de fondo. El escritor y traductor Katsikas, personaje central del relato, vive en Buenos Aires. Trabaja en la composición de un cuento futurista sobre el fuego, inspirado en la realidad siniestra que lo rodea. La acción imaginaria se desarrolla en la ciudad de Tristania. Sus habitantes tienen microimplantes que los convierten en zombis. Sin embargo, la metrópolis es el blanco de ataques incendiarios por parte de un grupo, los Refractarios, cuyos microimplantes no funcionan; por lo cual, lúcidos, se rebelan.
El cuento de Rey se despliega en el espacio "real" de Katsikas, la Argentina de 1977; en la imaginaria Tristania; y en el éter epistolar que une Buenos Aires y Europa.
Los sólidos pilares de Trieste son dos escritores, Katiskas y Lilientahl. El segundo, mucho mayor que el primero, es un autor de prestigio que emigró hace demasiadas décadas de Buenos Aires a París y que, una vez más debió escapar (esta vez de París), por razones no aclaradas, precisamente en 1977, el año de comienzo de la historia. Lilienthal busca el anonimato en Trieste y se aloja en el centenario Excelsior Palace, el mejor hotel de la ciudad, sobre la Piazza Unità, abierta a los muelles sobre el mar Adriático: el símbolo más evidente de la época dorada en que la ciudad era el único puerto marítimo del imperio austrohúngaro: una ciudad detenida en el tiempo, casi imaginaria, por el asesinato de un príncipe heredero en Sarajevo.
Una buena parte de la narración consiste en la transcripción de las imperdibles cartas de Lilientahl a Katsikas, que cuenta sus peripecias de exiliado en un español con injertos franceses, ingeniosa creación de Rey. El refugiado se roba el libro. Es un personaje inolvidable. Algo poco común: es de una comicidad irresistible, a pesar de que haya momentos dramáticos en su vida, mitigados por un manto de tierna melancolía. Tiene un competidor, un artista con dos identidades Fernhofer-Cimabue. Las escenas desopilantes del final en el castillo triestino de la condesa Roccatagliata tienen como animadores a Lilienthal y Cimabue, secundados por sendas mujeres hermosas, una morena y una rubia. La morena se parece nada menos que a la bellísima estrella de cine mudo Louise Brooks, una muchacha de múltiples recursos para erguir de deseo las fláccidas carnes de un anciano. Las 164 páginas del cuento, donde priman el delirio, la fantasía desbordante y el humor, no hace sino hablar del espíritu ligero y trágico de la realidad argentina.