jueves, 1 de octubre de 2020

LOS DESTACADOS


Un documental que abarca la estatura mítica de Fangio, el campeón de las pistas
M. S.

La estatura mítica alcanzada por Juan Manuel Fangio se explica en primer lugar por su condición de deportista ejemplar. No se le conoce en su vida profesional ni un solo hecho que ponga en duda ese distinguido atributo. El quíntuple campeón mundial tenía el talento innato para llegar más lejos que nadie en su especialidad, pero también la disciplina, la convicción y la perseverancia como aliados en ese camino. Y nuestra admiración hacia su figura crece todavía más cuando lo escuchamos decir que un deportista debe aspirar todo el tiempo a ser el mejor, pero nunca creer que está ocupando ese lugar. Esa frase aparece en el comienzo de un documental que hace honor a la trayectoria deportiva y cotidiana del piloto balcarceño. Fangio, el hombre que domaba las máquinas tiene la ventaja de contar con el apoyo institucional de sus herederos y de la fundación que lleva su nombre, pero ese carácter “oficial” no le quita profundidad y esmero al retrato de su vida y de sus hazañas en la pista. El rescate de las imágenes de la prodigiosa carrera de 1957 en Nürburgring, una lección de estrategia, arrojo y convicción de campeón, es el mejor momento de esta cuidada producción. Fangio aparece allí en estado puro. Concentrado en la planificación y resuelto en la ejecución. Un modelo de conducta y de deportividad que aparece en un tiempo en el que los hombres estaban claramente por encima de las máquinas, pero también quedaban mucho más expuestos que en la actualidad a cualquier accidente fatal. El mito de Fangio llegó a su cumbre ese día en el legendario circuito alemán.
Disponible en Netflix

Juan Moreira, el prototipo del gaucho rebelde que se cruza con la ficción, según Leonardo Favio
M. S.
 Disponible en Cine.ar
La ficción y la realidad se mezclan todo el tiempo alrededor de la figura de Juan Moreira. Prototipo y símbolo del gaucho renegado que escapa de la justicia porque siente que la ley no se aplica a todos por igual, adquirió estatura de héroe romántico en la clásica novela de Eduardo Gutiérrez y fue protagonista más tarde de innumerables miradas y recreaciones desde el ensayo literario y los escenarios teatrales. La crónica histórica, mientras, registra sus andanzas en tierras bonaerenses, aquel crimen que cometió por una deuda nunca saldada y una vida posterior de fugas y episodios marginales hasta que se convierte en guardaespaldas y hombre de acción al servicio de influyentes políticos de la época. En 1973, Leonardo Favio recoge la leyenda en uno de los títulos más elogiados de su filmografía, que además logró una convocatoria de público extraordinaria para toda la historia del cine argentino. En la mirada de Favio, Moreira es el hombre de vida sencilla, casi analfabeto, arrastrado a una existencia oscura, eterno prófugo de la ley. Su trágica muerte es símbolo de un sacrificio que adquiere un tono casi religioso, expresado desde una deslumbrante concepción visual, mérito del director de fotografía Juan Carlos Desanzo. Es muy significativa la elección de Rodolfo Bebán, uno de los grandes galanes de la época, para interpretar a Moreira: un gaucho de ojos claros y mirada transparente que esconde secretos y no puede escapar a un destino trágico.

Patoruzú, el máximo héroe nacional de la historieta argentina
M. S. 

De la inspiración y el trazo exquisito de la pluma de Dante Quinterno nació Patoruzú, el máximo héroe nacional surgido del humor gráfico y la historieta en la Argentina. Aquel indio de poncho, pluma y nariz imponente que apareció por primera vez en un cuadrito en 1928 fue estilizando sus rasgos y con el tiempo se convirtió en un modelo de conducta e integridad para varias generaciones. Quinterno, lo más parecido a Walt Disney que conoció nuestro país, veía a Patoruzú como la representación más precisa de una serie de virtudes: el valor, la caballerosidad, el deseo de justicia. Así lo describió: “Es el hombre perfecto dentro de la imperfección humana. Configura el ser ideal que todos quisiéramos ser. Es puro, simple y sencillo. Sobrio, estoico, buen creyente y, aunque seguro de sí mismo, sumamente modesto”. Rasgos que asoman en el personaje desde pequeño en su versión más ingenua y familiar, la de Patoruzito, cuyas historietas siempre fueron tan populares como las aventuras del personaje adulto. En aquellas “correrías” se fueron forjando las virtudes del futuro héroe aborigen, acompañado por el equivalente infantil del inefable Isidoro Cañones y otros personajes característicos como Upa, la Chacha y el capataz Ñancul. En 2004, un largometraje de animación hecho en nuestro país logró atrapar con la ayuda de la tecnología digital los rasgos más típicos del personaje en una aventura sencilla, con cuadros musicales y espíritu muy didáctico. Sin demasiada complejidad allí aparecen expuestos los principales valores representados por el personaje. Disponible en Flow


Camila y un film cargado de romance que incrementó la leyenda y siguió el camino del Oscar

M. F. M. 

Las reglas de la sociedad del siglo XIX y las peleas entre unitarios y federales por el poder político tiñeron de sangre la historia de amor de Camila O’gorman y Ladislao Gutiérrez. La joven de una familia de la clase alta argentina y el sacerdote pagaron con sus vidas y la de su hijo por nacer el precio que otros le pusieron a su romance.
La tragedia fue llevada al cine en más de una oportunidad, pero fue Camila, la película de María Luisa Bemberg, cargada de romanticismo y tensión erótica, la que incrementó su leyenda. Susú Pecoraro e Imanol Arias encarnaron a los amantes, fusilados por orden de Juan Manuel de Rosas, en el film de 1984, que estuvo nominado al Oscar a Mejor Película Extranjera.
La cineasta sabía lo que era rebelarse contra las normas de la sociedad. Bemberg pertenecía a una familia adinerada y a los 58 años, divorciada y con cuatro hijos, debutó como directora de cine, en 1981. Sin prestarles atención a quienes la subestimaron ni a los que decían que no era una profesión para una dama, se dedicó a contar historias de mujeres que luchan por su libertad. Entre ellas, Camila, cuya relación con su abuela Anita Perichón, que había sido amante del virrey Liniers, está presentada en la película como clave en su educación sentimental y aliciente para seguir sus deseos. Así se teje una cadena de mujeres unidas por la capacidad para pensar y actuar por sí mismas, incluyendo a la madre de Camila, quien frente a la orden del padre de que la joven se case aun sin estar enamorada, porque “una mujer soltera es desorden”, expresa su opinión de forma discreta pero lapidaria: “La mejor cárcel es la que no se ve”. Disponible en Youtube

Gilda, testimonio y tributo a la vida de una cantante que algunos llaman "santa"
M. F. M. 

A los 34 años,Gilda había alcanzado un considerable éxito con sus canciones. "No me arrepiento de este amor", "Fuiste" y "Se me ha perdido un corazón", entre otros, se bailaban en boliches de todo el país y se escuchaban en las radios. Justo cuando disfrutaba del éxito de su tercer disco, Corazón valiente, un accidente automovilístico se cobró la vida de la cantante, su hija, su madre, tres de los músicos de su banda y el chofer del ómnibus en el que viajaban el 7 de septiembre de 1996. Sus fans la lloraron y crearon un santuario en el lugar del hecho, en la ruta 12 de Entre Ríos, para rendir tributo a la mujer a quien comenzaron a adjudicarle la realización de milagros. Fue entonces cuando la cantautora se convirtió en el mito de Santa Gilda.
El carisma y talento deNatalia Oreiro la convirtieron en la actriz ideal para protagonizar Gilda. No me arrepiento de este amor, la exitosísima película de Lorena Muñoz que cuenta el arduo camino de la maestra jardinera Miriam Alejandra Bianchi para cumplir su sueño de triunfar con su música. La estrella rioplatense, quien también interpretó en la película los temas de la cantante, entregó una actuación con matices suaves que retratan con sensibilidad su actitud frente a las alegrías y obstáculos a los que se enfrentó en su carrera y vida personal. El film tiene lo necesario para satisfacer a los fanáticos, pero también es una perfecta introducción para quienes no tienen una conexión con la cantante. El crescendo emocional que construyen Muñoz y Oreiro son a la vez testimonio y tributo de la vida de una mujer común que se animó a perseguir aquello que la hizo extraordinaria.
(Disponible en Amazon Prime Video)
 

EL ECONOMISTA....NOTICIAS

 

HISTORIA DEL ARTE


La fotografía como recuerdo: el retorno a las raíces de Oscar Pintor
Cuando la tierra comenzó a temblar, salieron todos a la calle. Vestido con guardapolvo blanco, Antonio corrió hacia su mujer y su hijo de dos años. "Me acuerdo de mi madre, yo en brazos, y nos abrazamos con él", dice emocionado Oscar Pintor al evocar el primer recuerdo de su vida. "Vos salvaste a la tía", le señala una mujer antes de contar lo que ocurrió la noche del 15 de enero de 1944 en Angaco, cuando un terremoto sacudió a San Juan. Según el relato familiar, si las hermanas no hubieran salido de la casa a recibir a su sobrino habrían quedado sepultadas bajo los escombros.
Buenos Aires VI, 1984 (detalle), de la serie Trompe LOeil 
"La fotografía tiene que ver mucho con el recuerdo. Es uno de sus núcleos centrales, se inventó un poco para eso", opina Pintor más de siete décadas después de aquella imagen fundacional, mientras recorre el cementerio de Albardón en busca de la tumba de su padre. Lo filma de cerca su hijo Pablo, que se detiene ante las fotos antiguas de quienes ya no están.
Ese sensible registro forma parte de Memoria fotográfica, documental estrenado días atrás en la feria BAphoto Live y en el Festival Internacional de Cine Documental de Buenos Aires. El resultado de un viaje al reencuentro con una pasión que Pintor creía perdida y que vuelve a descubrir entre las ruinas de su propia historia, tantas veces retratada.
Preguntas sobre los legados heredados y lo que es posible transformar -como aquellos negativos que rescató de una inundación para convertirlos en libro- abundan en este film que funciona como testimonio del vínculo entre cuatro generaciones.
 Tras competir el mes próximo en el festival Tucumán Cine, desde diciembre integrará una muestra que reunirá en Fototeca FOLA la obra de padre e hijo.
Será una nueva forma de volver a ver muchas de esas fotografías que integran Oscar Pintor, fotógrafo (Ediciones Larivière, 2015): más de doscientas páginas dedicadas a uno de los referentes de esta disciplina en el país, premiado discípulo de Humberto Rivas y creador del FotoEspacio en el Centro Cultural Recoleta.
San Juan II, 1992 (detalle), de la serie Horizontes
Mientras su colega Marcos Zimmermann destaca allí esa "síntesis entre realidad y alucinación" que transmite gran parte de la obra de Pintor, centrada en "temas sencillos, íntimos, profundamente argentinos", el historiador Luis Priamo observa que "la única cuestión previa que él parece plantearse para tomar sus fotos es: qué recorte hago de lo real". Un recorte similar al que hacemos todos, cada día, al buscar imágenes en nuestra memoria.
Oscar Pintor junto a un retrato de su padre, Antonio 
C. CH. 

¿ SERÁ JUSTICIA?....


Una derrota política y judicial





Joaquín Morales Solá


Cuando parecía que la propia Justicia les soltaba las manos a los tres jueces destituidos por el kirchnerismo, la Corte Suprema pegó ayer un golpe sobre la mesa y dijo basta. Por decisión unánime, el máximo tribunal del país decidió aceptar el pedido de per saltum presentado por los jueces Leopoldo Bruglia, Pablo Bertuzzi y Germán Castelli; congeló de esa manera el proceso de sustitución definitiva de ellos en los cargos que tenían. La decisión significa en los hechos un serio revés político y judicial para el gobierno de Alberto Fernández, docente de la Facultad de Derecho, y, sobre todo, para la vicepresidenta Cristina Kirchner, la principal interesada en echar a esos jueces de los cargos que tenían hasta hace poco.
Más allá del caso específico que se resolvió ayer, lo cierto es que la resolución de los jueces supremos indica que prevalecieron en ellos los intereses de las instituciones en un momento crítico, por encima de las diferencias internas que realmente existen.
Uno de los hechos que volcaron la decisión de la Corte Suprema fue la confesión pública, hecha el lunes, por la Cámara en lo Contencioso Administrativo. Ese tribunal, que era la instancia inferior a la Corte que debía decidir sobre la situación de los jueces, reconoció que estaba empantanada. Un juez, Guillermo Treacy, había votado a favor de los intereses del Gobierno. Otro magistrado, Jorge Alemany, había escrito su veredicto en defensa de la situación de los jueces. Empate. El tercer juez se había excusado porque él mismo es un juez trasladado; es decir, está en la misma situación de Bruglia, Bertuzzi y Castelli. El procedimiento indicaba que debía sortearse otro camarista, lo que sucedió ayer. La jueza Clara Do Pico, que resultó elegida en el sorteo, requería un tiempo para conocer el expediente y tomar una posición. La Cámara ya se había demorado más de lo necesario cuando pidió hasta el diario de sesiones del Senado para leer el soporífero debate sobre los acuerdos para los tres jueces, que obviamente fueron rechazados. Lo único que encontrarán es una larga lista de menciones a Mauricio Macri por parte de los senadores peronistas, que culparon al expresidente hasta de la lluvia y de la sequía. Esa Cámara tiene el planteo de los tres jueces destituidos desde hace más de un mes. Solo el lunes aceptó que no estaba en condiciones de decidir rápidamente. Para peor, el Consejo de la Magistratura debe seleccionar a los reemplazantes de Bruglia, Bertuzzi y Castelli con los dos tercios de los votos de los presentes, no del total de los consejeros. El Gobierno no tiene los dos tercios, pero nunca falta una caída oportuna del sistema de internet o un corte de luz. Si se hubiera designado a los reemplazantes de los tres jueces destituidos, estos habrían perdido la batalla definitivamente.
Y si, encima, la Corte Suprema hubiera recurrido al purismo jurídico para rechazar el per saltum (que significa precisamente saltearse la instancia de la Cámara en lo Contencioso), los tres jueces podrían haber denunciado que eran víctimas de dejación de justicia. Esto es: que la Justicia habría abandonado sus deberes esenciales y habría dejado a los jueces en un limbo, sin la opinión definitiva de las más altas instancias del Poder Judicial. La Corte decidió, en cambio, poner un pie en el conflicto y parar el partido hasta que ella resuelva la cuestión de fondo. En 15 días más, el tribunal estará en condiciones de tomar una decisión. El primer mérito es del presidente de la Corte, Carlos Rosenkrantz, porque decidió recurrir a una de las pocas facultades que le dejaron para convocar a una reunión extraordinaria y tratar de una buena vez la situación de los tres jueces damnificados. Es lo que sucedió ayer. Hubiera sido mejor que los cinco jueces supremos firmaran el mismo voto, pero Rosenkrantz debió suscribir el suyo en solitario. De hecho, el expresidente de la Corte Ricardo Lorenzetti se atribuyó luego la arquitectura del acuerdo en mensajes a varias personalidades destacadas del país. A los cuatro jueces restantes (Elena Highton de Nolasco, Juan Carlos Maqueda, Horacio Rosatti y el propio Lorenzetti) no les gustó evidentemente la resolución del titular del cuerpo de convocarlos por decisión propia. Rosenkrantz no fue invitado a compartir el voto de los otros cuatro. A Rosenkrantz le quedan dos semanas para tratar de recomponer la relación con algunos, al menos, de los otros jueces. Y los otros también deberán hacer un esfuerzo para convivir civilizadamente mientras dure el mandato del actual presidente. Los mandatos deben cumplirse, sean constitucionales o reglamentarios, y la Corte tiene que dar ese ejemplo. No son, además, un centro de estudiantes universitarios como para llevar las discordias hasta el infinito.
La diferencia perceptible en el voto de Rosenkrantz con respecto a los otros jueces es que sostiene que el desplazamiento de Bruglia, Bertuzzi y Castelli abarca mucho más que la situación de estos tres. SI se aceptara que fueron mal trasladados en su momento, centenares de jueces, que están en la misma situación de los damnificados ahora, podrían ser destituidos también, eliminando el principio de la inamovilidad de los jueces y el derecho al juez natural, sostiene Rosenkrantz. No se trata solo de esos tres magistrados, señaló el presidente de la Corte, sino de la estabilidad del sistema republicano y de la plena vigencia de los derechos y garantías de la Constitución. Por eso, calificó lo que está sucediendo con los tres jueces de “gravedad inusitada”.
La posibilidad de una derrota, que finalmente sucedió, excitó al Gobierno en los últimos días. Hizo monumental lo insignificante, como a veces hace insignificante lo monumental. Sucede que el segundo hecho determinante de la decisión judicial fue la movilización social en defensa de los tres jueces. Desde la medianoche del domingo hasta el mediodía del lunes, la administración en pleno se declaró consternada por una manifestación de veinte automóviles que pasaron tocando bocina delante de la casa del juez Lorenzetti, en Rafaela, Santa Fe. La catarata de expresiones concluyó con un discurso del propio Alberto Fernández, que señaló que esas manifestaciones son parecidas a las prácticas del fascismo y del nazismo. Ayer, la DAIA, la principal organización política de la comunidad judía, le recordó al Presidente en un documento oficial que no es conveniente comparar el genocidio de millones de personas durante la Shoá, el holocausto que mató cruelmente sobre todo a personas de religión judía, con pobres peleas políticas locales.
Ninguna presión a un juez es buena, pero debe recordarse que nadie del kirchnerismo ni del peronismo se solidarizó con tres jueces supremos cuando estos decidieron aplicar el sistema de 2 por 1 que beneficia a los delincuentes comunes (un año de prisión se computan como dos) para los delitos de lesa humanidad. Más allá de si esa sentencia fue correcta o no, lo cierto es que los jueces Rosenkrantz, Highton de Nolasco y Rosatti fueron escrachados en universidades y una manifestación enorme se agolpó en el Palacio de Tribunales en protesta contra la decisión de los magistrados. Silencio. Nadie dijo nada. ¿Acaso, veinte automóviles tocando bocina es una presión más importante que la presión pública que hicieron notables figuras del Gobierno? El Presidente se refirió directamente a Rosenkrantz y le reprochó indirectamente que haya convocado a la reunión de ayer. Cristina Kirchner, en un tuit más directo, le dedicó destempladas frases a la Corte. Su abogada de confianza, Graciana Peñafort, había señalado antes, cuando el máximo tribunal trataba un pedido de Cristina para que avale las reuniones por videoconferencia del Senado, que lograrían el acuerdo de los supremos “por la razón o por la sangre”. El lunes, la ministra de Justicia, Marcela Losardo, una persona que suscitó en su momento el respeto de muchos jueces y fiscales, calificó de “escándalo jurídico” la posibilidad de que la Corte les diera la razón a los tres jueces. ¿Escandalizados por las bocinas de veinte automóviles mientras el propio Gobierno presionaba y presionó a la Corte encandilado por las luces del escenario público?
La razón -o no- de los tres jueces será la próxima noticia de la Corte Suprema cuando trate la cuestión de fondo. Los cinco jueces de la Corte se pronunciaron en distintas acordadas a favor de los traslados de los jueces si estos tienen la misma jerarquía y jurisdicción. Rosenkrantz y Highton de Nolasco fueron más amplios en una acordada previa, en la que autorizaron incluso los traslados de jueces de tribunales ordinarios a los federales. En una acordada posterior, Maqueda, Rosatti y Lorenzetti señalaron que los traslados estaban bien hechos si se tratada de jueces de igual jerarquía y jurisdicción. Estaban tratando el caso específico de Bruglia, uno de los tres jueces destituidos por el kirchnerismo por supuesta incorrección en sus traslados. En el fallo de ayer, la mayoría no calificó de “gravedad institucional” lo que sucede con los tres jueces destituidos, pero eso podría significar mucho o nada. Podría anticipar que esperarán, otra vez, la opinión de la Cámara inferior o que simplemente se pronunciaron de manera implícita por la gravedad institucional al aceptar el per saltum. Los jueces supremos podrán tener disputas internas, ciertas inclinaciones políticas o ideológicas y hasta algunos rencores, pero siempre han preferido no tropezar con la incoherencia. No es poco, sobre todo cuando se echa de menos cierta coherencia entre los gobernantes.
Los jueces supremos siempre han preferido no tropezar con la incoherencia

LA PÁGINA DE ARTURO PÉREZ-REVERTE


No vimos bastantes muertos

Arturo Pérez-Reverte
Una de las lecciones que aprendí en los veintiún años que pasé pateando la geografía de las catástrofes, es que donde no hay foto, donde no hay imagen que mostrar, no hay reacción. Si no enseñas, no conmueves; y además, la gente cree que el drama no va con ella, o que ocurre demasiado lejos como para preocuparse, o que eludir la realidad la pone a salvo. Sobre eso y otras cosas relacionadas escribí hace tiempo una novela titulada El pintor de batallas, quizá la más personal y descarnada de cuantas he escrito en estos treinta años, pues tiene poco de ficción y mucho de realidad. Recuerdos, remordimientos y fantasmas personales.
Ocurrió muchas veces cuando era reportero: la lucha diaria, crónica a crónica, telediario a telediario, entre los que estábamos allí, donde fuera, queriendo mostrar el horror para sacudir conciencias y provocar reacciones, y la censura de ciertos jefes empeñados en que no fuésemos demasiado explícitos en lo que mostrábamos. Sangre, pero no demasiada. Muertos, pero pocos y de lejos. No hiramos sensibilidades, decían. No seamos morbosos, etcétera. No le estropeemos la negociación a Javier Solana, el pacificador de Europa, porque hoy le toca besarse en la boca con Radovan Karadzic. Y aquellas maneras de hace tres o cuatro décadas condujeron a hoy, cuando sale un presentador o presentadora de telediario con cara muy seria, dice gravemente «les advertimos de que van a ver imágenes muy duras», y acto seguido, en una información sobre el zambombazo de Beirut, te enseñan una manchita de sangre en el suelo, una señora llorando y un par de féretros a lo lejos. Los muy imbéciles.
Ha vuelto a ocurrir, y seguirá ocurriendo. Durante los meses de pandemia que llevamos en el currículum, el horror ha galopado a lo largo y ancho del mundo, España incluida, y supongo que seguirá haciéndolo durante un tiempo más -el día que me alcance a mí se darán cuenta, porque escribiré en Twitter Váyanse todos a la mierda-. Sin embargo, las imágenes cercanas de ese horror nos han sido cuidadosamente ahorradas por las autoridades encargadas de que durmamos bien por las noches, no nos angustiemos demasiado, no nos turben imágenes demasiado duras en los periódicos ni los telediarios, hasta el punto de que una fotografía de prensa que mostraba ataúdes fue muy criticada en las redes sociales, por desconsiderada y morbosa. Y eso ya no fue el gobierno, sino el público soberano. O sea, que no es sólo que el presidente Sánchez, el ministro de Sanidad y su fiable portavoz Simón nos hayan estado vendiendo por dosis una normalidad y una seguridad que no eran tales, sino que tenían mucha razón al hacerlo, pues lo que la peña deseaba oír era precisamente eso. Que todo estaba bajo control y que era cosa de cuatro días.
Todo lo demás se quedó fuera: fotos que no hemos visto de los ancianos que morían solos en residencias, dolor de familias enterrando a familiares de los que no podían despedirse, rostros enfermos y agonizantes, lágrimas de esa vecina mía que en dos semanas perdió a su marido, a sus padres y se vio ella misma con su hija en un hospital. Los cuerpos amontonados en las morgues, la desesperación, la angustia, la muerte de cerca y en directo. Los resultados de la vida, en fin, cuando la naturaleza, que no tiene sentimientos, se muestra despiadada y mortal. Todo eso nos lo han escamoteado, ocultado a petición propia; y en su lugar hemos tenido a docenas de políticos contándonos su puta vida en lugar de la verdad, empresarios perjudicados, médicos y enfermeras ensalzados como héroes pero al mismo tiempo amordazados para que no gritasen su horror y desesperación, viudas y huérfanos filmados de lejos para que las lágrimas no salpicasen la lente de la cámara ni se oyeran sus gritos de dolor o cólera. Hemos aplicado a todo eso los filtros sociales de rigor, con el resultado de que cientos de miles de personas han creído que esto era un pequeño inconveniente que les ocurría a otros, pasajero y relativo. Hemos olvidado, sobre todo, que el ser humano es un animal tan estúpido que ni mostrándole de cerca el horror, ni restregándole la cara por la sangre, es capaz de sentirse personalmente afectado. Hasta que le toca a él, claro. Hasta que llaman a la puerta y aparece el cobrador del frac y uno pone cara de gilipollas mientras su mundo, sus seres queridos, su vida entera, se van a tomar por saco.
No nos han enseñado suficientes muertos. Por eso todos estos meses de tragedia y dolor no han servido para un carajo. Y aquí estamos. Acabando agosto puestos de coronavirus hasta las trancas. Protestando porque no nos dejan bailar en las discotecas.

LA MIRADA DE JUAN MANUEL PALACIO


Reformismo y encono contra la familia judicial, en el ADN peronista
Los actuales avances del oficialismo sobre el Poder Judicial tienen antecedentes en el primer Perón, aquel que en 1943 asumió en el Departamento Nacional de Trabajo del gobierno militar



Juan Manuel Palacio

Historiador, autor de La justicia peronista (Buenos Aires, Siglo XXI)

Hay al menos dos rasgos de los actuales avances del oficialismo sobre el Poder Judicial que forman parte del ADN del peronismo. El primero es el impulso reformista, que busca innovar el sistema por diferentes vías (diseño institucional, régimen procesal, modificación de fueros o jurisdicciones) con el propósito de influir en los modos de administrar justicia. El segundo es la elaboración de un discurso altamente confrontativo con el Poder Judicial existente, generoso en críticas y desacreditaciones, colectivas y personales, que sirve para apuntalar al primero, fundamentando la necesidad de los cambios que se persiguen.
Lo del “ADN” –frase hecha de la que a veces se abusa– es en este caso literal: esos rasgos se pueden encontrar en el primer Perón, e incluso en el primerísimo, aquel que a fines de 1943 asumió en el Departamento Nacional de Trabajo del gobierno militar surgido de la Revolución de Junio, para transformarlo enseguida en la poderosa Secretaría de Trabajo y Previsión.
Fue desde esa dependencia que Perón diseñó un exhaustivo plan de regulación laboral (que incluyó piezas emblemáticas de legislación, como el Estatuto del Peón, las vacaciones pagas, el salario mínimo vital, la doble indemnización o el aguinaldo) y de intervención en los sistemas de resolución de conflictos, que incluía la creación de diversas instancias administrativas, el desplazamiento de la Justicia ordinaria de su jurisdicción sobre ciertas materias y la creación de un fuero enteramente nuevo. La cuestión era urgente: Perón temía –y probablemente con razón– que su reforma laboral fuera a naufragar en los estrados de un Poder Judicial dominado por ideas conservadoras y lejano al espíritu de la nueva legislación social que venía desarrollándose en el mundo desde principios del siglo XX (el “nuevo derecho”, como lo había bautizado Alfredo Palacios en 1920) y que él iba a adoptar como propia en el país.
Para obturar esos riesgos, Perón hizo esencialmente dos cosas. Por un lado, creó un sistema nacional de conciliación y arbitraje obligatorio en las delegaciones regionales de la Secretaría distribuidas en todos los puntos del país, para entender en los conflictos que se suscitaban entre empleadores y trabajadores –un verdadero sistema de justicia laboral administrativa en manos del Estado Nacional–. Si bien las decisiones que tomaban esos tribunales no eran vinculantes y los patrones podían no aceptarlas, en la práctica ese paso procesal se convirtió en la primera instancia de los litigios laborales, ya que allí se practicaba la instrucción (recepción de demandas, presentación de pruebas, citación de testigos) de lo que luego eventualmente continuaba en la Justicia. Esto, más las otras actividades que realizaban estas delegaciones (una amplia divulgación de los nuevos derechos entre los trabajadores de cada localidad, invitación a denunciar incumplimientos, asesoramiento legal y representación gratuita ante los tribunales), suscitó entre sectores propietarios y empleadores, así como en el ambiente judicial, un generalizado repudio. La intervención del Ejecutivo en materia judicial se consideraba aberrante, igual que el marcado ambiente “obrerista” que se respiraba en dichas oficinas y durante esos procesos, carentes de imparcialidad. Por su parte, la incitación a los trabajadores a denunciar y judicializar sus reclamos, a la vez que alteraba la paz social, ocultaba mal la intención del gobierno de querer movilizarlos con fines políticos.
Un editorial de este mismo diario, de 1946, resumía esas quejas: “La actuación de la citada Secretaría en los conflictos obrero-patronales […] se ha distinguido por su carácter militante a favor de los asalariados y por el tono descomedido, cuando no ofensivo, con que se refiere a las actitudes de las empresas. […] ha conseguido agriar las disputas y crear una atmósfera de enardecimiento favorable a otros fines”.
Lo otro que hizo Perón para evitar que sus nuevas leyes laborales fueran a fracasar ante los estrados de la Justicia Civil fue crear, por decreto de 1944, los Tribunales del Trabajo, un viejo proyecto por el que una corriente polifónica de laboralistas (del socialista Alfredo Palacios al liberal Joaquín V. González, pasando por otros maestros del derecho laboral de distintas extracciones como Leónidas Anastasi, Alejandro Unsain, o Carlos Saavedra Lamas) había venido bregando desde principios del siglo XX, desde los claustros universitarios y a través de la elaboración de diversos proyectos de ley que, una y otra vez, habían naufragado en el Congreso Nacional durante cuarenta años. Irónicamente, el nuevo fuero –que nacía de la crítica de esos voceros del “nuevo derecho” a la insuficiencia del derecho y la Justicia Civil para atender los conflictos entre capital y trabajo– llegaba ahora de la mano de un coronel que no ocultaba su desconfianza en el Poder Judicial y a través de un decreto de un gobierno de facto.
A pesar del consenso existente en la Argentina y el mundo sobre la necesidad de crear un fuero especial para los conflictos laborales (para 1944 la mayoría de los países occidentales, incluidos los de la región, los había creado) la forma y el momento en que fueron alumbrados en nuestro país hicieron que el proceso se desarrollara en estas tierras en un contexto de gran polarización. El pecado original de su alumbramiento por decreto y, sobre todo, el nombramiento por la misma vía de los primeros jueces y camaristas del trabajo del país –que abiertamente se confesaban “peronistas”– fue objeto de renovadas críticas desde la familia judicial, que hacia 1945 tomó la forma de una verdadera escalada. Mientras algunos colegios de abogados denunciaban su inconstitucionalidad y la Corte Suprema –ya entonces enrolada en la oposición acérrima a Perón– se negaba a tomar juramento a los jueces del nuevo fuero, Perón celebraba la creación de la justicia de los trabajadores –por oposición a la existente, la de la oligarquía– “a fin de que la justicia este en manos de verdaderos magistrados y no de quienes buscan la forma de violarla”.
Reformismo judicial y pelea con la corporación jurídica son así un clásico del peronismo. Pero trazados esos parecidos entre el presente y el peronismo embrionario de 1943, corresponde también resaltar algunas diferencias claras. Guste o no, la reforma que emprendió Perón tenía un propósito claro y una mística muy marcada: se trataba del otorgamiento de nuevos derechos y protecciones a los trabajadores argentinos y en particular de la vigilancia de su aplicación. Por otro lado, el proyecto se sostenía en bases doctrinarias muy sólidas, como era la tradición del nuevo derecho social imperante entonces en el mundo occidental, que propugnaba la necesidad de un fuero especial para aplicarlo. Por fin, como consecuencia de lo anterior, el discurso que lo sostenía era unívoco, elaborado consistentemente por los especialistas de la Secretaría de Trabajo y apoyado por todo el funcionariado de los primeros gobiernos peronistas.
No es fácil discernir alguna de esas características detrás del avance sobre la Justicia de esta versión actual del peronismo. Solo está presente la embestida discursiva contra el sistema judicial existente, lo que no solo no hace honor a aquel reformismo primigenio sino que, fundamentalmente, no alcanza para darle al emprendimiento la necesaria legitimidad política, moral o jurídica.
Lo otro que hizo Perón para evitar que sus nuevas leyes laborales fueran a fracasar ante los estrados de la Justicia Civil fue crear, por decreto de 1944, los Tribunales del Trabajo

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Hacia el desarrollo Los estímulos necesarios para generar innovación
Para iniciar un sendero de crecimiento sostenido, el país debe fortalecer la economía del conocimiento, dice el autor en su libro Argentina primero, del que se ofrece un fragmento



Texto Martín RedradoiOTROS MODOS DE TRABAJAR. Un grupo de empleados de Mercado Libre acuerda objetivos en uno de los espacios comunes de la empresa
La agenda económica de la próxima década estará inevitablemente dominada por los temas vinculados con la estabilización macroeconómica, la recuperación de un sendero de crecimiento y la atención de las urgencias sociales, dentro de un programa de desarrollo integral. No obstante, la posibilidad de que dicho ciclo sea realmente sustentable en el tiempo y no se diluya luego de la fase inicial de “rebote” desde el fondo del pozo depende, en buena medida, de la relevancia que adquieran la inversión, la innovación y los mercados externos.



En ese sentido, y sin caer en los excesos del pasado vinculados con regímenes promocionales que implicaban costos fiscales y de los consumidores sin tener compromisos empresariales explícitos en materia de reducción de la brecha con las mejores prácticas internacionales y de generación de exportaciones, una estrategia de desarrollo debe incluir los productos agroalimentarios diferenciados, las manufacturas intensivas en mano de obra calificada y diseño, las energías renovables y los servicios basados en el conocimiento, entre otros.

Como parte de este proceso, los avances alcanzados por un importante conjunto de empresas nacionales e internacionales con operaciones en nuestro país en el segmento de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y la economía del conocimiento (EC) son un claro ejemplo –cuando se conjugan marcos regulatorios favorables y estables, metas cuantificables y ventajas comparativas objetivas (en este caso, vinculadas a la mano de obra calificada)– de cómo los resultados no tardan en aparecer. Y, en ese marco, la nueva fase del esquema normativo que comenzará a regir a partir del presente abre buenas posibilidades para ampliar y potenciar los resultados alcanzados en el sector de servicios del conocimiento a sectores que van desde la biotecnología, los servicios audiovisuales y los servicios de ingeniería hasta la robótica o la industria 4.0.



En términos generales, la Argentina no es, ni puede ser, un país que lidere a escala global en la innovación y el desarrollo de soluciones tecnológicas. Pero tampoco puede ser un país que base su competitividad en el costo de su mano de obra. De este modo, una estrategia asequible es la búsqueda de una especialización sustentable en un conjunto de actividades en las que la competitividad se derive del uso intensivo de mano de obra de calificación media/alta, tanto en el plano productivo como comercial. Y a ese respecto, el desarrollo de algunas actividades vinculadas con los recursos naturales (en particular los de la agricultura templada) debe ser uno de los ejes vertebrales a partir de los cuales se consoliden no solo ciertos rubros de larga trayectoria en el país (carnes-frigoríficos, frutas de estación o cereales y sus derivados), sino también otros altamente innovadores vinculados a dichos complejos (genética bovina, semillas adaptadas al clima o características del suelo, solo por dar algunos ejemplos). Aquí, el desarrollo de sistemas que garanticen la trazabilidad de productos agropecuarios plantea una oportunidad de diferenciación frente a la competencia internacional.



En ese sentido, los fondos orientados a capital emprendedor son un fenómeno reciente y de drástico dinamismo en la última década. Y, pese a que nuestro país generó cinco de los principales unicornios latinoamericanos (Mercado Libre, Globant, Despegar, OLX, Auth0, sin contar Letgo y Etermax), nuestra participación en esa “nueva industria” es ínfima.

Debido a que nuestro punto de partida es sensiblemente más bajo que el de otros países latinoamericanos como Brasil, México, Chile o Colombia, resulta imprescindible impulsar el crecimiento y la consolidación del mercado de capitales emprendedor, a través del cual nuevos proyectos de base tecnológica y con perspectivas de alto dinamismo puedan acceder al financiamiento necesario para posibilitar su desarrollo.



A los efectos de realizar un aporte para una agenda de trabajo público privada pro innovación para la próxima dé-cada, se detallan a continuación ejes de trabajo, medidas a ser implementadas junto a sus respectivas herramientas.

1. Incremento de la inversión

En I+D. De acuerdo con el último dato oficial conocido (2017), el gasto consolidado en I+D en la Argentina alcanza al 0,55% del producto bruto interno. Y si bien a lo largo de los últimos veinte años existieron diferentes tipos de compromisos de parte de las sucesivas autoridades nacionales a los efectos de avanzar en su incremento, las recurrentes urgencias fiscales fueron –en gran medida– un obstáculo insalvable para el efectivo y real cumplimiento de dichos objetivos.
En ese marco, y en línea con la creciente aceptación de la idea de que el mundo del futuro tendrá que ver cada vez en mayor medida con la tecnología y la innovación, resulta oportuno impulsar la inclusión de este tema en las agendas estratégicas de concertación política y social a plantearse tras la pandemia.
De este modo, y dado que la “carrera” de la innovación es una competencia global, en la que los países están destinando crecientes esfuerzos en esta temática, parece razonable encontrar un acuerdo entre las diferentes fuerzas políticas y sociales una regla presupuestaria para la inversión I+D, basada en el compromiso de incrementar el gasto consolidado de la administración nacional por dicho concepto para los años en los que la producción crezca al menos un 2%, para poder así alcanzar una meta del 1,4% del producto bruto en un plazo no mayor a los quince años. Esto nos permitiría alcanzar un nivel similar al que actualmente ocupa Brasil. […] 

2. Impulso a emprendimientos públicos-privados. Se debe explicitar un compromiso de potenciar, tanto desde el sector público como desde empresas con participación esta-tal (YPF-TEC, Arsat, Invap, por mencionar algunas) y del sector privado, algunos proyectos innovadores que han logrado avances relevantes en estos años, a los efectos de poder ampliar su escala productiva, o bien acercarlos a la fase productiva-comercial para los casos en que aún no se haya producido. Esto puede ser relevante en actividades tales como ciencias de la vida y farmacéutica, industria aeronáutica, medicina personalizada, energías renovables, tecnología nuclear, entre otras. […]

3. Fortalecimiento de unidades


de vinculación tecnológica. A los efectos de lograr una mayor conectividad en el territorio y facilitar la interacción cooperativa entre empresas potencialmente innovadoras, universidades y entidades no gubernamentales vinculadas a la agenda de la innovación, se deberán establecer herramientas y políticas (con sus correspondientes asignaciones presupuestarias) orientadas a fortalecer, mejorar y amplificar las capacidades de gestión de las unidades de vinculación tecnológica (UVT).

4. Las compras públicas al servicio de la innovación. Si bien la participación de organizaciones vinculadas al sector público en las actividades productivas de bienes y servicios no reviste hoy la relevancia cuantitativa que supo tener en los años sesenta y principios de los setenta, su importancia sigue siendo significativa, en particular en algunos nichos de fuerte dinamismo.
Tomando como referencia las prácticas existentes en otros países (Estados Unidos, Francia, España, Israel, Japón, México, entre otros), se debe favorecer la inclusión de cláusulas específicas en los programas de compras de ministerios, gobiernos provinciales, municipios y demás dependencias estatales y paraestatales, orientadas a impulsar el desarrollo de empresas nacionales. Aun operando en condiciones de competencia, estas pueden aprovechar la escala derivada de la compra pública, a efectos de desarrollar nuevos productos y servicios, impulsar inversiones en innovación y fortalecer su presencia en mercados externos.

5. La necesidad de reinventarnos.
Una parte importante de las empresas industriales que operan en nuestro país enfrenta, desde hace un par de décadas, un panorama especialmente complejo en cuanto a sus posibilidades de competir en el mercado. Su supervivencia en mercados (interno y/o externo) cada vez más abiertos a la competencia externa –particularmente la asiática– depende, en buena medida, de su capacidad para incorporar mejoras tecnológicas. Las firmas deben apuntar a mejoras tanto de procesos como de producto, buena parte de las cuales se vinculan con la tendencia a la digitalización, la incorporación de tecnologías de procesamiento de datos, software inteligente y sensores. En este sentido, el desarrollo de cada una de ellas depende de la interacción cooperativa entre proveedores y demandantes a lo largo de las diferentes cadenas de valor. Dado el dinamismo alcanzado por el proceso de cambio tecnológico y el ciclo de vida de los productos y servicios, la efectividad comercial de cada uno de esos resultados es cada vez más provisoria e incierta. […]

6. Desarrollo emprendedor
. La economía mundial está siendo testigo de una revolución tecnológica sin precedentes. Una parte de ese fenómeno tiene que ver con la explosión de nuevas empresas tecnológicas, lo que está transformando la lógica de funcionamiento de buena parte de las actividades productivas y de servicios. Así las cosas, no debe sorprender que en los países que lideran esta tendencia cada vez se destinen más recursos a proyectos vinculados con esta “nueva economía”. En efecto, mientras que en 2005 se aplicaron globalmente unos 32.000 millones de dólares a nuevos emprendimientos, dicho monto se multiplicó hasta alcanzar los 254.000 millones dólares en 2018. Más aún, uno de los corolarios de esta crisis sanitaria es acelerar la incorporación de tecnología a los procesos productivos. En particular, la digitalización tomará una dinámica central para incluir el concepto de distanciamiento social en la producción de bienes y servicios. […]

7. Capital humano. El sistema educativo actual es el resultado de décadas de transición sin una visión integral, junto al resto de las políticas públicas. Como parte de este proceso, una de las falencias está vinculada con la distancia existente entre las competencias que se adquieren en él y las necesidades reales del mundo de la producción. En este marco, resulta cada vez más importante orientar los esfuerzos públicos y privados tanto a mejorar la calidad del gasto como a lograr una mayor adecuación entre los saberes que se generan en las diferentes instancias formales y los cambiantes requerimientos del mercado laboral.
Como parte de ello, es necesario poner en marcha un ambicioso programa que, haciendo base en el Ministerio de Educación de la Nación, involucre tanto a provincias y municipios como a actores empresariales, sociales y sindicales, a efectos de promover algunas de las habilidades críticas tales como la informática, la robótica, la programación y el trabajo en equipo. [...]

8. Desarrollo regional.
Como parte del proceso de fragmentación de las actividades productivas, las regiones económicas experimentarán cambios profundos para adecuarse a los avances tecnológicos. Estas transformaciones conducen a nuevas formas de organización económica y empresarial para enfrentar la competencia, en la forma de agrupamientos empresariales y clusters, orientados a generar ecosistemas innovadores, que faciliten la mejora en la competitividad de los bienes y servicios generados en los territorios en cuestión. […]

9.Ingeniería financiera para emprendedores innovadores.


La Argentina ocupa el anteúltimo lugar en América Latina en cuanto al tamaño de su sistema financiero. Este fenómeno es, en buena medida, el resultado de décadas de inestabilidad monetaria, incumplimiento de contratos y alteraciones unilaterales en las reglas del juego y volatilidad cambiaria, entre otros. En ese contexto, no resulta extraño que una parte importante de las firmas financien sus proyectos con capitales propios, fenómeno que genera no solo fuertes ineficiencias, sino que también hace que sean muchos los proyectos de inversión que no se llevan a cabo habida cuenta de las dificultades para hacerse de los fondos necesarios.
Dada esta situación, es de esperar que el ingreso del país en un nuevo sendero de crecimiento sostenible precisará de un nuevo rol tanto de la banca tradicional (pública y privada) como del resto del mercado de capitales (Bolsa de Valores, intermediarios financieros diversos, sociedades de garantías recíprocas, por mencionar algunos actores), proceso que inevitablemente requerirá la realización de esfuerzos sostenidos en el tiempo.
Como parte de estos cambios, el desarrollo de un mercado de capitales específicamente orientado a financiar proyectos innovadores aparece como una precondición para la expansión de algunos sectores en los cuales nuestro país ha evidenciado algún tipo de ventaja competitiva, tales los casos de la biotecnología o el software. […]

10 Aumentar y mejorar la inversión en infraestructura.


Nuestro país necesita alcanzar y sostener en el tiempo niveles de inversión en infraestructura de alrededor del 5% del producto bruto, para lograr un crecimiento per cápita del 3% anual promedio.
Concretar este esfuerzo requerirá de al menos dos condiciones fundamentales. Primero, la presencia de “espacio fiscal” para destinar a este tipo de cuestiones, en el marco de demandas sociales múltiples. Segundo, la recreación de un mercado de capitales doméstico de largo plazo, en un entorno macroeconómico y regulatorio estable para la inversión privada. Y, dado que la naturaleza de la inversión en infraestructura es esencialmente de largo plazo y alto riesgo, será imprescindible lograr consensos políticos y sociales de gran envergadura, que permitan diseñar y aplicar políticas permanentes, esenciales para facilitar la inversión pública y estimular la inversión privada.