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jueves, 29 de agosto de 2024

VIRTUAL, DISCUSIÓN




Capacitación en inglés para atraer más turismo
La Ciudad lanzó una plataforma destinada a empleados de rubros claves
Camila Súnico AinchillLa Ciudad busca mejorar la experiencia de los turistas
La ciudad de Buenos Aires lanzó un programa de capacitación en inglés dirigido a empleados de sectores claves para mejorar la calidad del servicio turístico y reforzar la competitividad de la Capital en el ámbito internacional. La plataforma virtual Ciudad Bilingüe proporcionará formación gratuita en inglés a trabajadores de seguridad, salud, comercio, gastronomía y transporte, entre otros.
El jefe de gobierno porteño, Jorge Macri, explicó a que esta iniciativa tiene como objetivo preparar a los empleados de la ciudad para comunicarse de manera efectiva con los turistas que, en muchos casos, no hablan español: “Estamos invirtiendo en el capital humano de Buenos Aires, dotando a nuestros trabajadores de una herramienta clave para desenvolverse en un mundo cada vez más globalizado”. La plataforma, desarrollada por la empresa EduSoft, permitirá a los participantes acceder a un sistema de aprendizaje autoasistido y asincrónico, con la posibilidad de obtener una certificación internacional de nivel C1 al completar el curso. El programa consta de diez niveles de formación, cada uno de 50 horas, con evaluaciones intermedias y finales, y está diseñado para ser accesible a todos los trabajadores que residan o se desempeñen en la Capital.
Valentín Díaz Gilligan, presidente del Ente de Turismo porteño, indicó a que la implementación de esta plataforma forma parte de una estrategia más amplia para atraer más eventos internacionales a la ciudad. Según Díaz Gilligan, “la capacidad de los empleados para comunicarse en inglés es esencial para garantizar una experiencia satisfactoria para los turistas y mejorar la reputación de Buenos Aires como destino turístico”.
El programa Ciudad Bilingüe fue diseñado específicamente para abordar las necesidades de diferentes sectores. Por ejemplo, los empleados gastronómicos recibirán formación en inglés orientada a los negocios, mientras que los de salud y seguridad tendrán módulos especializados que abordan la terminología relevante para sus áreas. El acceso a la plataforma es gratuito para los empleados que trabajen en la ciudad, aunque también está disponible para personas de otras provincias que deseen utilizarla, con la opción de adquirir la certificación de manera independiente.
En las primeras semanas desde su lanzamiento, la plataforma recibió más de 13.000 inscripciones, lo que refleja el interés y la necesidad de formación en inglés . Además de la modalidad virtual, la Ciudad habilitó 15 sedes presenciales, donde los participantes pueden acceder a recursos tecnológicos y recibir asistencia de profesores de inglés en caso de enfrentar dificultades con la plataforma.
EduSoft diseñó la plataforma para gestionar hasta un millón de usuarios simultáneos, al asegurar que todos los interesados puedan acceder al programa sin restricciones. Esta iniciativa también se dirige a jóvenes que están completando su educación secundaria, proporcionándoles una ventaja competitiva al ingresar al mercado laboral o continuar su formación académica.
El lanzamiento de Ciudad Bilingüe se enmarca en las políticas públicas orientadas a la internacionalización de Buenos Aires, con el objetivo de mejorar la competitividad de la Capital como destino turístico y fortalecer su capacidad para atraer eventos internacionales. La certificación C1, obtenida al completar el curso, es reconocida a nivel internacional y puede abrir nuevas oportunidades laborales.
Esa certificación es reconocida internacionalmente y valida un alto nivel de competencia en inglés. Según Díaz Gilligan, “la mejora en las habilidades lingüísticas de los empleados de la ciudad tendrá un efecto directo en la experiencia de los turistas que visitan Buenos Aires”. La capacidad de los trabajadores para comunicarse en inglés es un factor clave para garantizar que los turistas se sientan bienvenidos y comprendidos, lo que a la vez refuerza la reputación de Buenos Aires como un destino turístico.
En línea con esta estrategia, la Ciudad impulsó un plan para atraer más eventos internacionales, como congresos y convenciones. Díaz Gilligan señaló: “El inglés es la lengua común en muchos de estos eventos y la capacitación en inglés para los empleados es una pieza clave para asegurar que Buenos Aires pueda competir con otras ciudades a nivel global en la organización de estos eventos”

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Las tres razones que esconde la puja por los colectivos de la ciudad
La Casa Rosada no quiere pagar más subsidios, pese a que tiene el control de ese transporte público; Jorge Macri coincide, pero reclama la coparticipación, el puerto y la terminal de ómnibus
Diego CabotLuis Caputo y Jorge Macri
Hay que soplar la espuma de la pelea por los subsidios para mirar las verdaderas razones de la disputa que se da entre los gobiernos nacional y porteño. Los dardos que van y vienen desde la Casa Rosada a Parque Patricios son por plata. Pero para que se entienda: la Nación no quiere pagar las compensaciones del transporte público que no traspasa los límites de la General Paz, el Río de la Plata y el Riachuelo. Y la Ciudad no lo dice, pero está de acuerdo, solo que también reclama la coparticipación que fue podada en la administración de Alberto Fernández, el puerto y la estación de ómnibus de Retiro. El poder de la billetera, a todo o nada.
Hay varias aristas desde donde ver el asunto. La primera, jurídica. En el Ministerio de Economía, que maneja Luis Caputo, no quieren confeccionar más el cheque para los colectivos que solo tienen su recorrido dentro de los límites de la ciudad de Buenos Aires. Esta medida no incluye, al menos por ahora, la entrega de la jurisdicción sobre el transporte de colectivos; es decir, la posibilidad de intervenir en la política y la gestión del tema. Actualmente, las licencias son nacionales y todo lo que corresponde a los colectivos lo maneja la Casa Rosada.
Cerca de Jorge Macri dicen que no es posible pagar sin controlar nada. Controlar nada, para explicarlo, significa eso: nada. De hecho, todo, absolutamente todo lo que respecta a la actividad, incluida la tarifa que se cobra, se maneja en el Ministerio de Transporte que conduce Franco Mogetta. Un ejemplo: si un colectivo quiere cambiar 20 metros una parada tiene que recurrir a la Nación y no a la Ciudad.
Es decir, desde el punto de vista jurídico, pareciera que les asiste razón a los porteños, cuyo argumento más o menos se puede traducir así: “No voy a poner un cheque por algo que no controlo. Si me tienen que equiparar a todas las provincias es necesario que trasladen las líneas, así tengo autoridad de regulación como sucede en todo el país”.
¿Qué pasaría en el caso extremo e hipotético de que la Nación decida regalar el pasaje de todos los colectivos que circulan solo por la ciudad? Macri y los suyos deberían solventar todo el costo, ya que no tienen ninguna jurisdicción.
Pero esa argumentación no es la única. Desde el punto de vista político, el gobierno de Javier Milei tiene algunas razones válidas. Por ejemplo, que debe tratarse igual a todas las jurisdicciones. Y más allá de la particularidad del transporte urbano de la Capital, que forma parte de un todo con la provincia de Buenos Aires, no hay mucho para oponerse a esas razones de la medida.
Ahora bien, hay antecedentes que podrían usarse. Por ejemplo, el traspaso del subterráneo, un sistema que también tuvo jurisdicción nacional. En tiempos de Florencio Randazzo como ministro de Transporte fue cuando se firmó el endoso. Hubo acuerdo sobre la forma y los tiempos, y desde entonces en Parque Patricios se deciden la concesión, la regulación, la tarifa y el subsidio.
Pero, como se dijo, esa es la espuma. Lo interesante es contar las verdaderas razones de la pelea, que son mucho más profundas y cocinan otros intereses. Se trata, pues, de una discusión donde unos intentan incluir ciertos ítems, mientras que, en la otra vereda, miran para otro lado.
La cuestión es vieja. En épocas de Mauricio Macri como presidente, la Ciudad y las provincias firmaron con la Nación el Pacto Fiscal. En ese momento, desde el gobierno porteño aceptaron pagar la mitad de los subsidios de esas 31 líneas de colectivos, aunque no decidan nada de la política del transporte. Ese statu quo duró hasta que Fernández le quitó una porción importante de la coparticipación para entregársela al gobernador Axel Kicillof. En ese momento, allá por septiembre de 2020, la administración porteña dejó de entregar el monto como represalia.
Así las cosas, la cuestión se mantuvo hasta el año pasado. Cuando Sergio Massa era ministro de Economía y, además, manejaba la cartera de Transporte, la Nación volvió sobre el tema. Y la Ciudad, aun sin tener jurisdicción, volvió a poner el 50% de lo que significaba subsidiar a esas líneas. En 2023, dos administraciones en salida no negociaron jamás los términos de la coparticipación, después de que la Corte decidiera devolver una parte de aquella poda.
Con la llegada de Javier Milei a la presidencia, esa discusión tampoco surgió de inmediato. Pero los meses pasaron y cerca del alcalde Jorge Macri empezaron a subir el tono del reclamo para que la Nación empiece a liquidar según el parámetro que instruyó el máximo tribunal. Pero no hubo caso, por ahora, nadie modificó cerca de Caputo la planilla de cálculo del reparto que confeccionó Alberto Fernández a medida de Kicillof.
En medio de la negociación, la Nación decidió dejar de pagar los subsidios a esas líneas. Y la Ciudad, esta vez, decidió hacer sentir su voz. Además, la semana pasada se llevó a cabo una audiencia en la Corte para avanzar con la regularización del cálculo de la coparticipación porteña. ¿Qué pasó? No hubo acuerdo. “Es una discusión que viene hace tiempo, ya van 47 meses que no nos pagan de coparticipación. Ustedes saben, el problema que empezó con Alberto Fernández, pero que todavía se sostiene”, dijo Macri al término de la maratón de Buenos Aires.
Dos carpetas
Con la mesa de negociación abierta, los funcionarios porteños desempolvaron dos carpetas que estuvieron sobre los escritorios en las primeras charlas de las dos administraciones, pero que la Nación congeló. La primera, el puerto de la ciudad de Buenos Aires, el único que es nacional, ya que todas las provincias tienen jurisdicción sobre los que están en su territorio. La otra, la Estación Terminal de Ómnibus de Retiro, un repugnante lugar que la Nación no solo no quiere pasar a jurisdicción porteña, sino que se resiste a licitar, pese a que el contrato venció en 2015. El poderoso Néstor Otero, concesionario de la estación, sabe perfectamente los puntos débiles de los reguladores nacionales como para sostenerse sin contrato desde hace casi una década.
Cerca de Jorge Macri insisten en que ambos lugares están plenamente en territorio porteño, con lo cual, si la idea es equiparar a la ciudad con las provincias, no existen razones claras como para mantener la jurisdicción nacional sobre ambos predios. Detrás, claro, esperan agazapados millones y millones de dólares para desarrollar negocios, concesiones y desarrollos inmobiliarios.
Así las cosas, los pasajeros quedaron en el medio. El cuarto día hábil de septiembre, cuando se realiza la primera liquidación de los subsidios, será el Día D. Ahí se verá qué hace la Nación. Legalmente, al menos hasta ahora, no hay ninguna norma jurídica que le permita dejar de pagar a esos colectivos, salvo, claro, que los traspase en lo que queda. Si no confecciona el cheque, esas 31 líneas no podrían circular. Y la poderosa Unión Tranviarios Automotor (UTA) convocará a un paro mucho más amplio que afectará a gran parte del transporte urbano. Quizá no sea total, porque la mitad de los colectivos son de DOTA y suele no adherir a los llamados del sindicato. Se trata de una empresa que tuvo mucha relación con los Milei cuando el padre de los hermanos presidenciales era dueño de una línea. Y, años después, le hace un guiño a la familia de transportistas.
Hay antecedentes que podrían usarse; por ejemplo, el traspaso del subte

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

miércoles, 28 de febrero de 2018

TEMAS DE DISCUSIÓN Y REFLEXIÓN


La conversación pública se empobrece en redes sociales sin filtro


Luciano Román





La revolución digital amplía las fronteras del conocimiento, pero también pone en riesgo la calidad de nuestra comunicación
923 de febrero de 2018
Las redes sociales nos han convertido en sujetos hipercomunicados. ¿Eso ha mejorado o empeorado nuestra comunicación? Quizá debamos asumir que a través de Twitter, de Facebook y del WhatsApp protagonizamos una conversación empobrecida y chabacana. El debate público se ha vuelto más tosco y simplón a través de las redes. Nuestra interacción cotidiana acaso sea más grosera y pueril, contaminada de obviedades y saturada de prejuicios. Se ha acentuado una especie de comunicación "sin filtro" y sin inhibiciones (que aunque tengan mala prensa suelen ser barreras eficaces para no derrapar en el primer impulso). Las redes han matado el silencio y quizás hayan herido de muerte a la reflexión serena. Como toda generalización, esta puede ser objetada con sólidos argumentos. Sería injusto, además, no reconocer las virtudes y ventajas de una tecnología que ha achicado distancias y ha demostrado una extraordinaria capacidad para potenciar reacciones sociales muy sanas y positivas. Pero vale la pena revisar hasta qué punto las redes -y la tecnología en general- han devaluado nuestra conversación pública y privada.
Si empezamos por la palabra escrita, es bastante obvio que los 500 caracteres y la brevedad del WhatsApp han consagrado un estilo en el que lo conciso se confunde con la deformación del lenguaje. Hemos involucionado hacia la comunicación con emoticones, una suerte de lenguaje primitivo en el que los signos reemplazan a la construcción sintáctica. Hemos llegado aún más lejos: ahora el WhatsApp escribe por nosotros; se adelanta a lo que supuestamente queremos decir. Interpreta nuestras intenciones (la mayoría de las veces, mal) y nos ahorra el esfuerzo de escribir; hasta casi nos alivia la carga de pensar qué queremos decir. En nombre de una tecnología cada vez más "intuitiva", los teléfonos supuestamente inteligentes empobrecen nuestra comunicación, desnaturalizan nuestro estilo para decir las cosas y nos arrastran a una uniformidad comunicacional en la que mucho queda reducido a un lenguaje ramplón y esquemático.
Es asombroso, pero cuanto más avanza la tecnología, más parecen achicarse la creatividad y el margen de razonamiento humano. Los algoritmos son la más acabada demostración de este peligro. Se meten en nosotros para interpretar qué queremos, qué nos interesa, qué necesitamos. Y así, en lugar de que Internet se afiance como un universo que ensancha nuestros límites y posibilidades, se transforma en un mundo que se "achica" a la medida de lo que, supuestamente, a nosotros nos interesa. Si nuestra computadora detecta que buscamos noticias sobre deportes, empezará a bombardearnos con novedades, sugerencias y propuestas de deportes. Dejará de sugerirnos u orientarnos hacia temas de arte, de política o de historia. Los algoritmos nos encasillan y estrechan nuestro horizonte en lugar de ampliarlo con las inmensas posibilidades de Internet.
Sería necio poner en duda las ventajas y posibilidades que aporta la tecnología 2.0. Como sería absurdo, también, afirmar que las redes sociales son, en sí mismas, nocivas. Pero tampoco es bueno ignorar los peligros y deformaciones que ha traído su genial incorporación a nuestra vida cotidiana. Es tan fácil y tan tentador comunicar nuestras opiniones y pareceres que hemos dejado muchas veces de hacerlo con mesura y con cuidado.
La de las redes se ha convertido en una comunicación sin árbitros ni mediadores. Y, lejos de enriquecerla, esa ausencia muchas veces la convierte en una comunicación anárquica, irresponsable y degradada. Basta reparar en algunos ejemplos de los últimos tiempos: la circulación masiva de una imagen del cuerpo de Santiago Maldonado ¿no mostró una comunicación sin filtro ni límites éticos? El "escrache" a la "cheta de Nordelta", con la viralización de un audio privado cargado de prejuicios, ¿no fue -más allá de lo chocante que nos resultara el personaje- una invasión de la intimidad y una especie de linchamiento a través de las redes? Los grupos de WhatsApp de los padres del colegio ¿mejoran o enturbian la relación con maestros? ¿Aclaran o confunden? ¿Articulan el diálogo o alimentan el malentendido?
En las cuestiones sensibles de la agenda pública, los hashtags o etiquetas de las redes ¿simplifican o distorsionan el debate? ¿Facilitan el entendimiento y la comprensión o distorsionan las discusiones con eslóganes, medias verdades y versiones sesgadas?
Las redes sociales han roto los reglamentos del debate institucional. Se ve en las legislaturas o concejos deliberantes, donde ahora se desarrollan por Twitter "sesiones paralelas". Allí no hay que pedir la palabra ni esperar a que la autoridad parlamentaria la conceda; no hay que atenerse a un reglamento ni a un protocolo de buenas prácticas legislativas. Vale cualquier cosa. Y el más audaz y el más "rimbombante" puede sacar ventaja ante el más preparado y relegar definitivamente al más reflexivo. Se está cerca, entonces, de pasar del "debate reglado" al debate anárquico.

Mientras tanto, las noticias falsas han encontrado en las redes sociales aliados estratégicos y eficaces. Porque, además de mediadores, a esa hipercomunicación le faltan también verificadores. El rigor, la exactitud y la verdad parecen, en el mejor de los casos, valores secundarios en el flujo de la comunicación 2.0.
No se trata, sin duda, de construir diques para contener el torrente expresivo que circula a través de la Web. Pero sí de poner en discusión la calidad de la conversación pública y el uso responsable de las redes. Quizá debamos empezar por reivindicar el rol que ha cumplido y cumple esencialmente el periodismo como ordenador, moderador y "filtro" del debate social. Y por valorar la función del editor, que tiene el arte de separar la paja del trigo, jerarquizar las cosas, pasarlas por el tamiz de la verificación y exponerlas con técnicas profesionales y con parámetros éticos. Por supuesto, es el periodismo el primer desafiado por las redes. Ya ha debido, incluso, abrir compuertas que le cuesta administrar. El espacio destinado a "comentarios de los lectores" en las páginas web de casi todos los diarios del mundo se ha convertido en un muro que, muchas veces, se parece a los de los baños públicos.
Con posibilidades y herramientas limitadas para seleccionar, filtrar y editar un inmenso flujo de comentarios, se ha abierto -más por necesidad que por convicción, probablemente- una autopista por la que circulan el insulto cobarde, la descalificación gratuita y la afirmación temeraria tanto como la opinión valiosa, el aporte enriquecedor y la corrección o la crítica constructivas. El anonimato en Internet es, al fin y al cabo, una coartada para trolls y minorías intensas que devalúan y distorsionan el debate público. Y una pantalla para individuos que despliegan su crueldad, su agresividad y sus prejuicios como no lo harían seguramente en discusiones "cara a cara".
La tecnología nos ha abierto perspectivas fantásticas. El teléfono celular ha puesto, literalmente, el mundo entero en nuestras manos. Pero este fenómeno genera nuevos desafíos. Uno de ellos es el de asegurarnos que la palabra fácil a través de la Web o de las redes no degrade y empobrezca aún más la comunicación entre nosotros.

Periodista y abogado. Director de la carrera de Periodismo de la Universidad Católica de La Plata

viernes, 29 de septiembre de 2017

LOS COLORES DE LA BANDERA....Y SIGUE LA DISCUSIÓN

Francisco Gregoric
La discusión de los colores de la Bandera no comenzó con su creador, Manuel Belgrano. El prócer fue claro al describirlos. El 27 de febrero de 1812, escribió desde Rosario: "Siendo preciso enarbolar Bandera y no teniéndola, la mandé a hacer blanca y celeste". Belgrano no escribió "azul celeste", ni "azul", ni "azul turquí", tono oscuro empleado por las banderas de época de Juan Manuel de Rosas, sino "celeste". Esta prueba definitiva se puede ver visitando el Archivo General de la Nación, donde se encuentra el documento original.


De cualquier modo, "celeste" y "azul celeste" no son términos diferentes, como algunos han planteado erróneamente, sino sinónimos, y se refieren a un azul claro. Ése era uno de los colores de la Bandera creada por Belgrano en 1812.
Además de la palabra del prócer, que de por sí es definitiva, se conservan otros testimonios, desde 1812, tanto de patriotas como de observadores neutrales o enemigos realistas, que se refieren al color como "celeste" o "azul celeste".
Durante los primeros años de gobierno patrio no hubo debate sobre los colores. Esto comenzó cuando se profundizaron las luchas entre federales y unitarios. Como los federales tomaron el rojo como color partidario, los unitarios optaron por el celeste, con la intención de tomar para sí uno de los colores de la Bandera. Entonces los federales, en especial durante el gobierno de Rosas, oscurecieron sus banderas para diferenciarse de sus enemigos. Pero Belgrano ya había fallecido. No tuvo nada que ver con estas deformaciones. Y nada modifica el hecho de que el celeste haya sido uno de los dos colores que adoptó el prócer.
La heráldica no es herramienta válida para juzgar el diseño de una bandera afirmando que "el celeste no es color heráldico", porque las banderas no son estudiadas por la heráldica, sino por la vexilología. La heráldica analiza los escudos. Y si bien en heráldica se considera un solo tono de azul (denominado "azur"), en vexilología sí se pueden emplear infinitos tonos de colores. Existen banderas con el color celeste desde muchos años antes del surgimiento de la vexilología a mediados del siglo XX, como la bandera de la República de San Marino.
Los colores de la bandera argentina no tienen origen heráldico, sino que se relacionan con lo religioso. Son los colores con los que se representa a la Virgen María bajo la advocación de la Inmaculada Concepción, los mismos que vemos en la patrona de la Argentina, la Virgen de Luján. Es un error sostener que Belgrano tomó "los colores de la casa de Borbón", porque una cosa es el color dinástico de los Borbón, el blanco (aparecía, antes de 1785, en las banderas de España y Francia, regidas por Borbones) y otra diferente es la Orden de Carlos III y su banda azul celeste y blanca, creada por el rey español en 1771. Esta orden de caballería, con la que se premiaba a personas notables, usaba esos colores (definidos como "azul celeste y blanco") porque estaba bajo la protección de la Inmaculada Concepción.
Otros sostienen que Belgrano habría tomado los colores por su devoción católica. Por eso se puede concluir que los colores de la Bandera Argentina tuvieron su origen en el culto mariano. La discusión de los colores argentinos no tiene sentido teniendo en cuenta la documentación conservada. No parece prudente cuestionar o interpretar libremente lo escrito por Belgrano cuando claramente afirmó "blanca y celeste". Nadie podría poner en tela de juicio su inmensa honestidad intelectual y moral.
Investigador y vexilólogo; coautor, con Adolfo Mario Golman, de La Bandera del Ejército de los Andes

jueves, 2 de marzo de 2017

SERGIO BUFANO; PARA LA LECTURA, EL ANÁLISIS Y LA DISCUSIÓN


Una bala para el comisario Valtierra. Sergio Bufano. 2012.
Esta entrada no es usual, y no lo es porque no es posible leer esta novela sin previamente conocer al autor.
Y digo esto por la inusual vida de Sergio Bufano, militante activo de la izquierda en época de las dictaduras militares argentinas y que le llevó a exiliarse en México. A su actividad intelectual revolucionaria añadió la de integrante de la organización armada Fuerzas Argentinas de Liberación (FAL), una organización de extracción marxista. Recientemente declaró que “Los grupos armados no escuchamos el llamado a la paz de la sociedad” “Prefiero asumir las cosas que hicimos con todas sus consecuencias: las muertes, los asaltos y ciertas violaciones a los derechos humanos”.

En esta situación, Una bala para el comisario Valtierra, la única novela negra de Bufano, es un paso más en esta asunción de consecuencias, mostrando la vacilación sobre la legitimidad de las acciones llevadas a cabo por los miembros de los grupos revolucionarios. Una mirada a la parte del ser humano que se escondía tras la trinchera política de los ideales de justicia. Es una mirada social crítica de los sucesos ocurridos en la Argentina de las dictaduras, pero viajando por las dudas morales de su principal personaje.
Éste es el Inglesito, joven, dirigente estudiantil y militante de izquierdas de familia acomodada, un estereotipo de los ideales marxistas de este periodo. La novela arranca cuando se le encarga su primer asesinato político, la del otro personaje, el comisario Valtierra, agente de la represión estatalizada, un torturador sin escrúpulos, cruel, defensor de los ideales tradicionales familiares pero sumergido en la hipocresía.
Los dilemas y las dudas que asaltan al Inglesito mientras prepara el asesinato contrastan con la indolencia y la brutalidad del comisario, que desprecia la vida de estos militantes como si de animales se tratara. Unas incertidumbres que nos acompañan toda la novela.
Una buena novela para sumergirse en este periodo y en la fragilidad y la brutalidad que pueden coexistir en la naturaleza humana.

Para quien quiera saber algo más sobre este autor, les dejo una entrevista sobre la actualidad en la revisión de este periodo de la historia argentina.




Sergio Bufano. "Los grupos armados no escuchamos el llamado a la paz de la sociedad"

"Prefiero asumir las cosas que hicimos con todas sus consecuencias: las muertes, los asaltos y ciertas violaciones a los derechos humanos. Porque mantener secuestrada a una persona durante un mes en condiciones paupérrimas -no importa si era un banquero, un empresario o un militar- era una violación a los derechos humanos."
Lo dice Sergio Bufano, periodista, escritor, militante de la izquierda en los 70 e integrante de las Fuerzas Argentinas de Liberación (FAL), una organización de extracción marxista.
Bufano es codirector de la emblemática revista Lucha Armada en la Argentina y coautor, junto a Lucrecia Teixidó, de Perón y la Triple A. Las 20 advertencias a Montoneros (Sudamericana). El libro, de reciente publicación, desmonta dos mitos que circulan a modo de verdades: que Juan Domingo Perón fue totalmente ajeno a creación de la Triple A y que el Plan Cóndor, que coordinaba acciones represivas en el Cono Sur, comenzó después del golpe militar del 76.
Durante su exilio en México fundó, junto con otros intelectuales argentinos de origen marxista y peronista, la revista Controversia. Veinticinco años después, con un grupo de militantes e intelectuales de izquierda, crearon Lucha Armada, destinada a repensar críticamente -lejos de toda nostalgia y autocomplacencia- la relación entre política y violencia en la Argentina.
-¿Cuándo y cómo surge el mito de que Perón nunca tuvo nada que ver con la Triple A?
-A partir de la muerte de Perón empieza a moldearse el mito, la mentira, en realidad, de que Perón nunca había tenido nada que ver con la Triple A. Esa mentira tiene su origen en salvaguardar la imagen del general Perón, que en las primeras dos presidencias había logrado justicia social muy importante dentro de una democracia bastante autoritaria, pero que cuando vuelve crea un sistema político ya no autoritario, sino muy represivo.
-¿Quiénes construyen y alimentan ese mito?
-Lo construyen tanto la izquierda como la derecha. Para alguien que gritó "la vida por Perón" y que, en muchos casos, dio la vida por Perón, es muy difícil reconocer que ese hombre al que admiraban se convirtió de golpe en alguien que los mandaba a matar. Para la izquierda peronista es un dolor grande hacerse cargo de eso. Y la derecha peronista defiende a Perón en todas las oportunidades que pueda y justifica el accionar de la Triple A. Nosotros tomamos doce meses clave en donde se demuestra la participación de Perón directamente en el crimen masivo que se comete: desde el 20 de junio de 1973, con la llegada de Perón y el tiroteo en Ezeiza, hasta el 1° de julio de 1974, el día en que Perón muere. No contabilizamos sólo los muertos, sino los actos de violencia que incluyen ir y ametrallar el local de los sindicatos clasistas, de los radicales o del Partido Socialista de los Trabajadores, que no tenían nada que ver con la violencia.
-También hay un limbo sobre algunos actos de violencia que no fueron firmados por nadie y que suelen ser atribuidos a la Triple A. ¿Cómo saberlo, no?
-Es imposible saberlo porque la Triple A no era una organización piramidal. Eran grupos que actuaban en forma dispersa. Existían cinco jefes de la Triple A, y los cinco fueron nombrados o ascendidos por el presidente Perón. Fuimos al Boletín Oficial y está la firma de Perón ascendiendo a (José) López Rega de cabo a comisario general y nombrando a (Rodolfo) Almirón, (Juan Ramón) Morales, (Alberto) Villar y (Luis) Margaride. Si los cinco jefes de la Triple A fueron nombrados por Perón con su firma, qué dudas caben.
-¿Por qué Perón impulsa y avala la creación de la Triple A? ¿Lo hace para perseguir opositores y resolver la interna peronista?
-Perón tenía el 62% de los votos y el radicalismo tenía alrededor del 30%. En total, más de un 90% de la sociedad votó en octubre del 73 por la paz y por la democracia. Y los grupos armados no supimos escuchar ese llamado que nos hacía la sociedad porque la aspiración de los grupos armados no era la democracia, sino la revolución. Ahí es donde Perón toma una elección equivocada porque contaba con el apoyo no sólo del 62%, sino de toda la sociedad. Contaba con todos los recursos que la Constitución le otorgaba para reprimir a los grupos armados con la ley. Pero a él se le escapa de las manos y recurre a esa estrategia de eliminar a los opositores, incluso equivocándose, porque autoriza a los sindicatos a salir a matar, y matan a gente del Partido Comunista que había apoyado a Perón y matan a militantes del Partido Socialista de los Trabajadores, que era una organización no armada, pacífica, que lo único que disputaban eran los sindicatos. Perón toma esa decisión funesta de reprimir sin utilizar la ley. Y además hubo una enorme hipocresía.
-¿Por qué lo dice?
-Tomemos el asesinato de Rucci por parte de la llamada izquierda peronista. Hay una situación muy curiosa que es la reunión en la que Perón recibe a todos los miembros de la juventud: están en la misma casa Roberto Quieto, Mario Firmenich y todos los dirigentes montoneros y también los miembros de la derecha, Julio Yessi, (Alberto) Brito Lima, (Alejandro) Giovenco. Montoneros dice: "Nosotros somos la mayoría en la juventud, nosotros seguimos su palabra" y mientras tanto, a un kilómetro de ahí, en otra casa, Montoneros está preparando el asesinato de Rucci. Mientras Giovenco y Brito Lima decían: "Nosotros somos los verdaderos representantes, queremos crear canchitas de fútbol", ya habían registrado a quién iban a matar frente a cualquier episodio de violencia. Enrique Grinberg es asesinado 24 horas después de la muerte de Rucci como represalia. Perón sabía que ahí estaban concentradas todas las violencias, así que esa reunión es una especie de gran monumento a la hipocresía.
-El libro recoge las 20 advertencias de Perón a Montoneros. ¿Cómo las sintetizaría?
-En realidad es un solo mensaje que se repite con distintas palabras, pero intrínsecamente es "quítense la camiseta peronista, ustedes no son peronistas, afíliense al Partido Comunista, a los partidos socialistas, no usen más la camiseta peronista". El último discurso tan hermoso, que dice "llevo en mis oídos la maravillosa voz del pueblo", no es el último discurso. En privado, pocos días después, se reúne con los jerarcas sindicales y les dice: "Vamos a tener que aplicar un poco más de violencia". Esa frase nefasta no es una advertencia, es una amenaza. Él, con los recursos constitucionales que tenía, ¿por qué no le dice a la Policía, al Ejército, que la Constitución les garantizaba que podían actuar? Una de las preguntas que nos hacemos es por qué elige a Isabel como vicepresidenta. El peronismo tenía cuadros importantes, desde Luder hasta Cafiero, cuadros que no eran montoneros ni cercanos a montoneros. Creemos que él la elige primero como una forma de "o soy yo, o no es nadie, acá se cierra un ciclo".
-El kirchnerismo repone una mirada acrítica de los 70, con una juventud idealizada y heroica. ¿En qué medida eso ayuda u obtura la posibilidad de una revisión profunda sobre la época?
-Cuando empezamos con la revista Lucha Armada veíamos con temor y preocupación el hecho de que había muchos jóvenes que miraban con enorme agrado a la generación setentista: el heroísmo, el desprecio por la vida, el morir por la revolución y por ideales superiores. Eso nos preocupaba, primero, porque no es cierto y, segundo, porque no es un buen ejemplo. Al principio la revista produjo un terremoto. Era mirada con desconfianza por los que creían que era una revista nostálgica y era mirada con sospecha por viejos militantes que pensaban que nosotros estábamos tirando por tierra nuestra propia autoestima. Ahí se juega el tema de la traición: si vos criticás mucho a la guerrilla de los 70, estás en la cornisa y muy cerca de "traicionar los viejos ideales". Después algunos se atrevieron a reconocer que nos habíamos equivocado y que tomar las armas había sido un error gravísimo. Y empezaron a escribir prestigiosos intelectuales, como Hugo Vezetti, Pilar Calveiro, Oscar Terán, Luis Alberto Romero.
-¿Temían que fueran considerados conversos?
-Exactamente. "¿Cómo van a criticar a los muertos si ellos no pueden responder?", nos decían. Pero, ¿cómo se escribe la historia? Se escribe criticando a los muertos. ¡Claro que no pueden responder! Con ese criterio tampoco podríamos hablar de Napoleón, de San Martín, de Belgrano. Creo que la revista contribuyó a abrir ese camino de la mirada crítica hacia la guerrilla setentista. No éramos los únicos, por supuesto, había otra gente como Pilar Calveiro y Héctor Schmucler, que para mí son dos modelos de crítica al setentismo.
-También fueron acusados de actualizar la teoría de los dos demonios.
-Sí, ésa fue una de las principales acusaciones. Yo creo que acá no hay demonios ni ángeles. Lo que hay es una situación histórica. En los primeros tiempos, sobre todo en la transición democrática del alfonsinismo, todos éramos inocentes, víctimas de la dictadura. Eso tenía un motivo y tenía que ver con cierta estrategia jurídica en el Juicio a las Juntas. Nadie decía si era del ERP o de FAL.
-Una estrategia que incluía borrarles a los militantes su condición de actores políticos.
-Exactamente. Éramos víctimas. Y es cierto que además fuimos víctimas porque los militares tenían fuerza, tanques, aviones, cuarteles. Cuando las Fuerzas Armadas fueron perdiendo peso después de los últimos levantamientos recién entonces fue posible decir "nosotros actuamos en la guerrilla, tomamos las armas". Hoy es posible decirlo sin que esta noche vengan a golpear la puerta y nos lleven presos.
-¿Qué le respondería a los que afirman que algunos miembros y jerarcas de las organizaciones armadas también deberían rendir cuentas de sus crímenes y del dolor producido ante la Justicia?
-La mayoría de los dirigentes están muertos. Ya no pueden responder nada sobre su responsabilidad en ese período. Ya no es posible exigirles ninguna respuesta. Podemos criticarlos, sin duda, y cuestionar sus decisiones. En cuanto a los que sobreviven me pregunto: Firmenich, Perdía, Vaca Narvaja, los que ordenaron una contraofensiva que culminó con la muerte de jóvenes que caían en las fronteras antes de entrar a la Argentina, ¿serán capaces de hacerse cargo de esa matanza, ocurrida mientras ellos se beneficiaban del exilio y actuaban como estrategas lejos del campo de batalla? Estoy convencido de que nunca lo harán, porque la soberbia les impide reconocer conductas que difícilmente puedan justificar. Un ejemplo es que todavía no se hacen cargo del crimen de José Rucci, a pesar de que todos sabemos que fueron los responsables.
-En su caso, ¿hay asunción de responsabilidad o además hay arrepentimiento?
-A mí no me gusta la palabra "arrepentimiento". Yo soy ateo, no soy creyente. Al arrepentido lo vinculo con el dogma católico. Algo que es muy fácil además: voy, me confieso delante del sacerdote y me da la absolución, que es lo que hizo Videla hasta morirse. Prefiero asumir las cosas que hicimos con todas sus consecuencias: las muertes, los asaltos y ciertas violaciones de los derechos humanos. Porque mantener secuestrado a un personaje -no importa si era banquero, empresario, militar- durante un mes en condiciones muy paupérrimas era una violación de los derechos humanos.
-¿Cómo hacer una revisión crítica del pasado cuando, por un lado, hay una visión acrítica de los 70 y, por el otro, está el silencio de los militares que ocultan las listas de fusilados y el destino de los cuerpos?
-El año pasado declaré en la megacausa de La Perla, en Córdoba. El que me citó como testigo fue uno de los represores: (Ernesto) "Nabo" Barreiro, que quería que dijera si había habido guerra. Si hubo una guerra hubo dos contendientes y no hubo un Estado aplicando la represión sobre grupos armados de civiles. Lo que dije delante del tribunal es: "Si no se hacen responsables de lo que hicieron, ¿cómo se puede empezar a conversar sobre una posible reconciliación o amistad? Todavía hay chicos desaparecidos que viven y que fueron apropiados cuando eran bebés. Todavía hay familias que buscan los restos de sus hijos y ustedes saben dónde están". Si yo un día tuviera poder de decisión sobre este tema, primero deberían decir dónde están los cadáveres y dónde están los chicos que todavía no saben que tienen una identidad falsa. Recién entonces podríamos empezar a conversar.
-¿Coincide con Cristina Kirchner cuando dice que ella es "el gobierno de los derechos humanos"?
-No. Si alguien ha boicoteado una causa tan noble como la de los derechos humanos es el Gobierno, a partir de algunas figuras muy particulares. Creo que Hebe de Bonafini es una de las que más daño le ha producido a la causa de los derechos humanos. Por todo lo que dice, por sus actitudes fascistoides, por sacarse una foto con Milani. Y que el Gobierno utilice una causa como ésa para hacer política creo que es un error, aunque le ha dado muy buenos resultados. Los juicios se siguen prolongando y muchos pueden ahora convertirse en adalides de los derechos humanos y levantar una banderita. Incluso muchos de los que en los 70, durante la época de Perón, estaban vinculados a la violencia estatal.
Un futuro posible, según Bufano
¿Cuándo comenzó exactamente el Plan Cóndor de coordinación de la represión?
Empezó en febrero del 74 cuando Perón era presidente. Se reúnen acá los principales oficiales de inteligencia para crear una acción común. No es el Plan Cóndor todavía -ese nombre se lo van a poner después en Chile-, es el proto Cóndor. Perón se reúne con todos los dictadores de la región: primero con Pinochet, después lo va a visitar a Stroessner, lo recibe a Banzer de Bolivia y a Bordaberry que era un títere de los militares uruguayos. Se reúne con todos y crean lomás tarde se va a llamar Plan Cóndor. En esa reunión se decide que hay que empezar a actuar ya mismo contra los grupos de izquierda, no sólo grupos armados, sino todos. Los refugiados chilenos que escapan de la dictadura en algunos casos son devueltos en la misma cordillera. En otros casos son detenidos acá en Ezeiza. Dos militares brasileños que escapan de la dictadura brasileña llegan a la Argentina, los detienen, los mandan a Brasil y los matan. La coordinación de la represión entre las dictaduras funcionaba perfectamente. Lo curioso es que este país tenía un presidente elegido democráticamente.


Mano a mano
Una vida marcada por los años 70
La de Sergio Bufano, como tantas otras vidas de esa generación, parece marcada por los años setenta. Primero fue militante de FAL y luego, a partir de 1976, se integró al OCPO (Organización Comunista Poder Obrero) que tenía fuerte arraigo en los sindicatos en Córdoba y Rosario. Hoy lamenta esa decisión porque cuenta que él y sus compañeros eran más mesurados, propiciaban más la "propaganda armada" que enfrentamientos armados abiertos, con sangre. Su hermano, Miguel Angel Bufano, delegado obrero de la fábrica Miluz y militante de Política Obrera, fue asesinado por la juventud sindical peronista, más precisamente por el sindicato del plástico entonces conducido por Jorge Triaca. Por esta causa ha declarado varias veces en la Justicia. Durante su exilio en México, participó de la fundación de la revista Controversia junto a Juan Carlos Portantiero, José Aricó, Héctor Schmucler y Oscar Terán, entre otros. De regreso al país, la mayoría de ellos se recicló en el Club de Cultura Socialista, una usina intelectual y política de referencia durante la transición democrática, cercana al alfonsinismo. Ha escrito cuentos, novelas, ensayos y artículos periodísticos. Y todos ellos sobrevuelan los setenta.
A. P.

miércoles, 27 de enero de 2016

ESPACIO "MENTE ABIERTA" TEMAS PARA LA DISCUSIÓN


Pertenecer tiene sus privilegios, pero también trae aparejados importantes costos. El profundo giro de la política exterior argentina generó un excelente impacto entre los principales líderes políticos y empresariales de la región y de las potencias de Occidente. La Argentina parece por fin encaminarse a ser lo que el mundo civilizado esperaba de ella: un país de ingresos medios que consolida gradualmente tanto sus instituciones democráticas como su inserción en la economía global a partir de los mecanismos del mercado. Con las dificultades de siempre, los vaivenes propios de procesos complejos, los matices típicos de una sociedad dinámica y diversa. Pero sin perder el rumbo, sin salirse de foco, con una visión estratégica de largo plazo compartida y consensuada por los actores políticos y sociales más relevantes.
Esto explica la perplejidad con la que muchos observadores han analizado el país, tanto en relación con el peronismo en general como con el fenómeno K en particular. ¿Como puede ser que en una sociedad tan culta y con tanto potencial sigan floreciendo estas expresiones arcaicas y tan elementales del populismo? Tal vez se trataba de una lectura por lo menos sesgada y superficial, contagiada por esa aureola sofisticada y gentil que irradian algunos rincones de la ciudad de Buenos Aires.


Vuelve entonces Argentina al mundo con un presidente de ojos claros y que hasta sabe hablar inglés. Se propone retomar el camino que tal vez su país nunca debió haber abandonado: ser parte de un entorno global turbulento y volátil, siempre lleno de desafíos, pero que representa en teoría una oportunidad mucho más proteica y prometedora que la autarquía aislacionista y extrema (y sobre todo inflacionaria) que supimos conseguir.
Pero el mundo real y concreto en el que la Argentina pretende encontrar su lugar experimenta una coyuntura aun más crítica que de costumbre. Hay pánico en los mercados financieros (se habla incluso de una “corrección” similar a la del 2008), derrumbe en el precio de las commodities y en consecuencia malas perspectivas en términos de crecimiento. Sobre todo en nuestros principales socios comerciales, en general en los países emergentes que hasta hace poco habían asumido un protagonismo central como motores de la economía global. Hasta han jubilado el concepto de Brics, acuñado por el sancta sanctorum de la globalización (Goldman Sachs), pues esos países (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) sufren ahora fugas masivas de capitales y fuertes devaluaciones y recesiones. Es el fin (al menos por ahora) de la ilusión del progreso continuo, regresan los fantasmas del pasado, se entregan al desencanto esas nuevas clases medias que descubren, ellas también, que “nada es para siempre”. 



Vuelo hacia la calidad. “Debemos recuperar la confianza del mundo”, afirmaba en Davos la canciller Susana Malcorra. Justo en el momento en que predomina la desconfianza en los países emergentes, en que los osos parecen ganarles a los toros (bearish vs. bullish). ¿Qué podrá hacer ahí Macri que, según los estudios cualitativos de
Duran Barba, es visto por los argentinos tan sólo como un perro de cierto porte? Tratar de diferenciarse, ser el mejor alumno del grado, convertir a la Argentina en un lugar predecible, mejorar significativamente el “clima de negocios”. Todo lo que tanto despreciaba Kicillof. Lo mismo que primero ilusionó (2007) y luego abominó (2011) Cristina. Ser el Chile de los 90, el Brasil de comienzos de siglo, la Colombia y el Perú de los últimos años. ¿Es eso posible en esta complicada coyuntura internacional?
La apuesta es hacer de la necesidad, virtud: lo bueno de lo malo convertido en una gran oportunidad. En efecto, como la Argentina quedó fuera durante una larguísima década de los flujos de inversión, el rezago en sectores como la infraestructura, las telecomunicaciones, los negocios agropecuarios y los servicios profesionales pueden convertirse en motores del crecimiento hasta que se acomode la economía global.


Para eso lo llevó a Sergio Massa, expresión del peronismo moderno, convertido en garante de la gobernabilidad. En efecto, el éxito en la estrategia de política exterior requiere, además de un acuerdo con los holdouts, un fortalecimiento tangible de la autoridad presidencial a partir de una serie de acuerdos con las principales fuerzas de oposición que asegure, precisamente, estabilidad en las reglas del juego, previsibilidad en los marcos regulatorios y una mejora muy significativa de la calidad de las políticas públicas. Esto se facilitaría mucho si el peronismo se reinventase como un partido moderno y democrático, aislando a los segmentos populistas y autoritarios nucleados en torno de la figura de CFK. En ese sentido, resultaría imprescindible que la Nación y las provincias volvieran a endeudarse: en una etapa de obligada austeridad, esos recursos podrían aceitar los mecanismos para que, al menos hasta las elecciones del 2017, Macri encuentre el apoyo necesario para poder acotar el uso de los DNU y facilitar de este modo los acuerdos. 



Alerta. Sin embargo, el componente económico del regreso de la Argentina al mundo, si bien es indispensable, no es el único ni el más importante. El principal ítem en la agenda global siempre gira en torno de la seguridad.
A la cuestión de la no proliferación nuclear y el control de los desarrollos misilísticos se le suma el terrorismo y las redes de crimen organizado, sobre todo el narcotráfico. Aquí también Macri encuentra tela para cortar. Su dura postura en torno a Venezuela y sobre todo la caída del Memorándum con Irán reposicionan al país como para aprovechar las oportunidades de cooperación internacional, cruciales para aumentar la capacidad del Estado a los efectos de estar en condiciones de brindar seguridad ciudadana.

 Las imágenes de policías en ojotas tratando de capturar a los narcos fugitivos condenados por homicidas es la síntesis perfecta del estado de desidia y desprolijidad que caracterizan a las fuerzas de seguridad.
Pero si los riesgos de insertarse en una economía global tan problemática son significativos, sumándose al impacto que siempre tiene la apertura del comercio exterior, las consecuencias de este viraje en materia de seguridad son tan importantes como difíciles de cuantificar. ¿Permanecerá Irán inerme frente a este cambio que está experimentando la Argentina? ¿Volverá Macri a denunciar a jerarcas relevantes de la nación persa como responsables del atentado a la AMIA, justo cuando regresa el petróleo iraní al mercado y los mismos empresarios que lo abrazaron en Davos buscan oportunidades de inversión en Teherán?


Sólo el tiempo ayudará a responder estos interrogantes. Mientras tanto, el Presidente estará mascullando, en su muy correcto inglés, timing is everything.

 Siempre a contramano.
 Por Sergio Berensztein

martes, 19 de enero de 2016

INDECQUETRABAJA II; EL QUE SE CALIENTA PIERDE....LA DISCUSIÓN, LA SALUD Y LA TEMPLANZA


Te pasa a veces de reaccionar frente a diferentes situaciones y terminar lleno de bronca, enojo y a veces ira? ¿Y te pasa que al hacer esto lo único que lográs es no llegar a nada y empeorar tus relaciones?
Para dejar de reaccionar tenés primero que hacer una pausa que te permita pensar y evaluar diferentes alternativas de respuesta.



La reacción es impulsiva y cerebral, generalmente una forma habitual de actuar que quizás alguna vez en el pasado te haya aliviado. La respuesta es pensada y mental. Necesitás espacio y tiempo para crear alternativas a cómo responder esa situación particular en el presente. Esto último requiere de más recursos, más esfuerzo, atención y energía. Pero vale la pena. ¿Cómo hago para poner pausa? Con tres pasos que los hacés en simultáneo.



Paso uno: si con algún estímulo o situación te estás empezando a sentir mal -cuanto más te conocés más rápidamente lo detectarás-, en la medida de lo posible, retirate visualmente de ese estímulo, cambiá de ambiente. Si no lo hacés, todo tu córtex visual y áreas del cerebro relacionadas con la visión quedarán secuestradas en ese estímulo. Estas áreas comprenden casi un tercio de tu cerebro. Dicho de otra forma: imaginate que tu cerebro está compuesto de cien empleados, bueno, ahora tenés treinta de ellos a los que no podés utilizar para nada, y que además se están llevando todas los recursos de tu empresa, dejando a los otros setenta sin poder hacer mucho, sólo reaccionando. Cuando te alejás visualmente del estímulo que causa tu reacción estás recuperando esos treinta empleados que habían sido secuestrados.



Paso dos: respirá profundo. Con que lo realices tres o cuatro veces será suficiente, inspirando por la nariz durante seis segundos, reteniendo el aire en la panza dos segundos y expirando por la boca siete segundos. La fórmula: 6-2-7. ¿Por qué? Cuando te invaden emociones negativas, aunque muchas veces lo hagan de manera imperceptible, tu respiración se agita: menos oxígeno entra a tu cerebro y peor es la limpieza de las toxinas que se acumulan en las neuronas.

El oxígeno, además de darle de respirar a tus células, es un gran estimulador de la fabricación de nuevos capilares. Así es: respirar profundo favorece la construcción de una red mas amplia de venas y arterias, y esto favorece más y mejor acceso a los nutrientes y oxígeno a mas neuronas (arterias).
Además de tener mas rutas (venas) para que las toxinas sean evacuadas. Más neuronas limpias, alimentadas y respirando mejor equivale a que pienses mejor. Al respirar profundo estás favoreciendo la utilización de más neuronas para pensar qué hacer con esa situación o estímulo, es decir, responder, crearte en tu cabeza varias alternativas.



Paso tres: mientras cambiás de estímulo visual o te vas del lugar y lo hacés respirando profundo, también focalizá en hacerlo con tu espalda derecha. Esto no sólo permite respirar mejor, sino que además favorece el traslado más eficiente de los mensajeros neuroquímicos desde la médula espinal al resto del cuerpo. Para que se entienda mejor: como una autopista sin tráfico. Para colmo, cuando nos sentimos mal por alguna situación, tendemos a tomar posturas desfavorables, como por ejemplo encorvarnos.

Así que recordá: si te sobreviene algún bajón o no te sentís bien, mantené la espalda derecha y respirá profundo.



Pensá, no te enrosques con los primeros pensamientos habituales que suelen venir de reacciones emocionales del pasado. Usá la pausa y tu bienestar y el de los que te rodean se beneficiará.

E. B.