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sábado, 6 de junio de 2020

EL ASESINATO DE ARAMBURU, HISTORIAS DE NUESTRA PATRIA,


ARAMBURU A 50 AÑOS DEL ASESINATO EJECUTADO POR MONTONEROS
Hugo Alconada Mon dará una conferencia sobre casos de corrupción ...
Hugo Alconada Mon 

“Mi general, usted viene con nosotros”

Pedro Eugenio Aramburu, en una foto tomada en su casa en 1969
Eran las 9 del viernes 29 de mayo de 1970 y una Argentina ya violenta se acercaba a otro punto de inflexión: el secuestro y la muerte del teniente general Pedro Eugenio Aramburu. Disfrazados de oficiales del Ejército, Fernando Abal Medina y Emilio Maza habían logrado entrar al 8º A de la calle Montevideo 1053. Veinteañeros, dijeron que venían a ver a Aramburu por orden del comandante en jefe de la fuerza, Alejandro Lanusse. Tenían clara su misión. Se lo llevaban o lo mataban. En el Día del Ejército. A un año del Cordobazo, el “Aramburazo”.
Sara, la esposa de Aramburu, los recibió como buena anfitriona. Ordenó que les sirvieran café –que evitaron para no dejar huellas dactilares en los pocillos– y se retiró. Trámites pendientes, se excusó, antes de marcharse.
En el living, Abal Medina –bigote postizo para avejentar sus 23 años– y Maza esperaron a que Aramburu terminara de cambiarse. Cuando al fin apareció, también pidió un café, sin imaginar qué ocurría. Minutos después, enfilaron hacia el ascensor, donde los esperaba Ignacio Vélez Carreras, otro miembro del Comando Juan José Valle.
A 50 años del asesinato de Aramburu: Montoneros y su sello ...
Ya en la vereda, doblaron hacia la izquierda y caminaron hasta la cochera contigua, en el 1037. Hoy es parte de un supermercado Disco, frente al Colegio Champagnat. Allí, los aguardaba el cuarto integrante del comando, Carlos Capuano, al volante de un Peugeot 504 blanco algo llamativo: su tapizado era rojo.
Con el ícono de la Revolución Libertadora en el asiento trasero, entre Abal Medina y Maza, el Peugeot salió por Montevideo, giró por la calle Charcas –hoy Marcelo T. de Alvear– y dejó atrás a dos personas intrigadas y a otras cuatro algo, apenas, aliviadas. Porque el encargado de la cochera y la empleada de una boutique vieron a Aramburu marcharse adusto, sin saludarlos como era su costumbre. Y porque Mario Firmenich –22 años, vestido como cabo de la policía–, Carlos Maguid –con sotana–, Norma Arrostito –con peluca– y Carlos Ramus –al volante de una camioneta Chevrolet– también estaban allí, dispuestos a matar y morir si el Operativo Pindapoy salía mal.
50 años del asesinato político que reescribió la historia ...
Desde el momento en que el 504 avanzó por Charcas, sin embargo, se ciernen las sombras. Porque la versión “Cómo murió Aramburu”, que ofrecieron Firmenich y Arrostito a la revista La Causa Peronista cuatro años después, incluyó varias omisiones y tergiversaciones. En ese relato omiten a un protagonista, como mínimo, y varias precisiones, según comprobó, cuatro décadas después, Ricardo Grassi, el periodista que redactó aquel reportaje en 1974.
Operativo Pindapoy": a 50 años del asesinato de Aramburu, el ...
Según Firmenich y Arrostito, el comando abandonó el Peugeot, robado, detrás de la Facultad de Derecho y se subieron todos a la camioneta Chevrolet. Luego pararon en Figueroa Alcorta y Pampa –donde se bajaron Arrostito, Maza, Vélez y Maguid– y volvieron a detenerse cerca del Aeroparque. Allí, dejaron la Chevrolet, también robada, y se subieron a una camioneta Jeep IKA Gladiator T80, color crema, de la familia Ramus. Capuano les abrió camino al volante de un taxi Ford Falcon –de Firmenich– por la General Paz hasta Gaona, para desde allí recorrer más de 400 kilómetros hacia el oeste de la provincia.
A 50 años del crimen de Aramburu. Montoneros y el arte del ...
Mientras la Gladiator y el taxi avanzaban por caminos secundarios o de tierra, Sara ya había regresado al departamento. Intuyó de inmediato que algo malo ocurría. Su esposo se había marchado sin despedirse ni avisar a dónde iba ni cuándo volvería. El teléfono había dejado de funcionar horas antes. Y las respuestas que cosechó entre los vecinos y la cochera acentuaron sus sospechas. Temió lo peor, influida porque venían de encontrar una bomba en la quinta que tenían en El Talar de Pacheco. Y porque medios afines al gobierno del dictador Juan Carlos Onganía denostaban a Aramburu como “Caín”.
Montoneros: los orígenes católicos del peronismo "redentor ...
Alertado por Sara, el círculo íntimo de Aramburu se movió con rapidez entre sus contactos en el Ejército, la policía y el gobierno. Pero la reacción oficial demoró horas. Y reaccionó mal. El comando radioeléctrico de la policía recién emitió su primera alerta a las 12.45 y ordenó buscar un Peugeot “oscuro”. La rectificación llegó en otro radiograma, a las 14.45. Es decir, casi seis horas después del secuestro. Para entonces, el secuestro ya dominaba los noticieros, y la Gladiator y el taxi ya se encontraban muy lejos de la ciudad de Buenos Aires.
¿Simple ineptitud policial? ¿Complicidad? Montoneros siempre negó un contubernio con el gobierno de Onganía, que deslizaba entre los periodistas que se trataba de un autosecuestro. Pero el núcleo duro de Aramburu murió convencido de que el sector más nacionalista y retrógrado del Ejército estuvo detrás del operativo, de la mano del ministro del Interior, el general Francisco Imaz. Una creencia que, cincuenta años después, mantiene viva su hijo.
Noticias | Firmenich hoy, a 50 años del asesinato de Aramburu
“Montoneros actuó en sintonía con gente de adentro [del gobierno]. No tengo dudas. Imaz odiaba a mi padre, al que le atribuía todas sus frustraciones por el desplazamiento de los nacionalistas en 1955”, dice Eugenio Aramburu, a los 82 años. “Para cuando lo secuestraron, a mi padre le habían sacado la custodia, pese a la bomba en nuestra quinta de Pacheco, mientras que [el almirante Isaac] Rojas tenía custodia, auto y chofer. Firmenich entró varias veces al Ministerio del Interior antes del secuestro, y cuando se lo llevaron a mi padre, se cortó el teléfono, demoraron en ordenar su búsqueda y filtraron que era un autosecuestro. ¿Qué tengo que pensar?”.
La versión sobre las supuestas visitas de Firmenich al ministerio comenzó con tres artículos que publicó La Vanguardia, el periódico del Partido Socialista Democrático, en las semanas que siguieron al crimen. Sostuvo que el jefe de Montoneros “habría” ingresado 22 veces a esa dependencia oficial durante los 45 días previos al secuestro, sin aportar evidencias, que la Justicia tampoco logró corroborar. Pero las sospechas rodean desde entonces a Firmenich, que siempre lo negó, aunque dijo entenderlas.
Hace 50 años, Montoneros secuestraba y ejecutaba a Aramburu ...
“Es lógico que los amigos de Aramburu hayan pensado que pudieran haber tenido que ver los amigos de Onganía. Digo que es lógico porque nuestra osadía fue tan grande que nadie se podía imaginar que un grupo de diez muchachos desconocidos se animara a hacer semejante cosa”, le dijo al historiador Felipe Pigna en Barcelona, en febrero de 2004.
Se intentó contactar a Firmenich durante semanas, pero no obtuvo respuesta. Días atrás, sin embargo, rompió su silencio público con un texto en el que no abordó el crimen de Aramburu, sino la pandemia. Planteó que la “prolongación indefinida de una cuarentena ruinosa para millones de argentinos […] puede terminar en una rebelión social contra la cuarentena por el estado de necesidad”.
Paso a paso, la historia de cómo y cuándo los Montoneros ...
Otro líder de Montoneros, Roberto Perdía, que al momento del secuestro no era parte del grupo, sí dialogó dos veces Declinó dar una entrevista formal,pero recomendó dos libros suyos:Montoneros.Elperonismo combatiente en primera persona y Prisioneros de esta democracia. En el primero, repudia las “versiones conspirativas sobre la detención y muerte de Aramburu”, que califica de “intriga” que sirvió para montar “una campaña de deformación de los hechos”.
En cualquier caso, si alfiles de Onganía estuvieron detrás del secuestro o si,ya ocurrido, creyeron que podría reportarles algún beneficio político,se equivocaron por completo.Aceleró el final del dictador, a quien las Fuerzas Armadas le quitaron su apoyo. El 8 de junio lo reemplazó el general Roberto Levingston.
En Timote
Ajenos a lo que ocurría en Buenos Aires, los ocupantes de la Gladiator llegaron cerca de las 18 a Timote, un pueblo por entonces de 1000 habitantes, ubicado a 18 kilómetros de Carlos Tejedor. Allí, la familia Ramus era dueña de La Celma, poco más que una casona que había conocido tiempos mejores. Hoy quedan en pie apenas dos paredes de aquella vivienda, ubicada a 500 metros del centro de Timote. “Vinieron con una topadora, tiraron algunas paredes y taparon el sótano”, dice uno de los referentes de Arte Comunitario Timotense, Bruno Rodríguez, mientras que, parado entre lo que queda, explica cómo era la disposición de la casa.
En 1970, La Celma tenía seis habitaciones, una de ellas con un sótano que resultaría decisivo en esta tragedia. Y fue allí, en cuanto
llegaron a la casona, que Abal Medina le informó a Aramburu que lo someterían a un “juicio revolucionario”, mientras en Buenos Aires y Rosario difundían el primer comunicado de Montoneros, confirmando el secuestro y sin pedir nada como rescate.
Timote vuelve a discutir por Aramburu a casi 50 años de su ...
Ese “juicio revolucionario” se centró en tres ejes, según el relato de Firmenich y Arrostito: los fusilamientos del general Valle y de quienes se alzaron en junio de 1956, la preparación de otro golpe de Estado contra Onganía para impedir el retorno de Juan Domingo Perón y el robo del cadáver de Evita. ¿Se defendió Aramburu? Y en ese caso, ¿qué dijo? Según Montoneros, Aramburu habría respondido preguntas, negado o matizado las acusaciones, callado mucho más y habría intentado conmoverlos.
Cincuenta años después, su hijo rechaza indignado las tres “imputaciones”. Plantea que su padre ordenó los fusilamientos para restablecer el orden jerárquico dentro del Ejército, “basado en la legislación vigente, a la luz del día y asumiendo la responsabilidad ”. Dice que no existía una conspiración contra Onganía y que, por el contrario, Aramburu buscaba una salida institucional para la Argentina que incluyera al peronismo. Y sostiene que enrostrarle el robo del cuerpo de Evita “es un cargo descalificante” y “vil”. “Lejos de ser un acto desdoroso, mi padre actuó para evitar que el sector más retrógrado de las Fuerzas Armadas arrojara el cuerpo al río. Revela su inquietud, de naturaleza ética y de caridad cristiana. Actuó para resguardar el cuerpo, tras hablar con la familia Duarte, y la Iglesia acompañó su decisión”.
Almorzando con Firmenich: 50 años del asesinato de Aram…
Sin embargo, más relevante que esas “imputaciones”, para muchos Aramburu podía encarnar la transición hacia la democracia, acaso con “un peronismo sin Perón”, pero consensuado con Madrid. Y el “Documento verde”, escrito en 1972 por un sector disidente de Montoneros, recuerda cuál era el parecer de la organización sobre esa posibilidad, que también explica por qué fueron por Aramburu: “Se trataba de producir un hecho detonante, que partiera de la conciencia peronista y combativa de las masas, que de por sí fuera la definición contundente que bastara por sí para identificarnos como tales. Un hecho que, a la vez, elevaría a nivel violento la contradicción peronismo-antiperonismo, por donde pasaba la contradicción principal de la sociedad argentina. Un hecho, además, de justicia que era ansiado por el peronismo desde 1955 y que, consumado, quitaría al régimen una ‘carta de recambio’, a jugarse –llegado el momento– para inaugurar una nueva etapa de seudolegalidad”.
En ese contexto, la “condena” de Aramburu en el “juicio revolucionario” era inexorable. El 31, Montoneros emitió dos comunicados más. Uno para reafirmar que eran los autores del secuestro y descartar “la posibilidad de negociar su libertad”; y el otro, horas después, para informar que lo habían condenado “a ser pasado por las armas” y que no devolverían su cuerpo, sino que le darían “cristiana sepultura”, hasta que reaparecieran los restos de Evita.
A 41 años del Secuestro de Aramburu | El Diario 24
Horas después, durante la madrugada del 1° de junio, concretaron lo anunciado, según el relato publicado en aquel texto de 1974 y que no puede ser corroborado por otra fuente.
Allí señalan que los secuestradores le informaron a Aramburu que sería “ejecutado” y le dieron media hora para prepararse. Le ataron las manos a la espalda. Aramburu pidió que le atasen los cordones de sus zapatos; uno de los captores –¿Firmenich? – se hincó ante él y se los ató. Pidió afeitarse; se lo negaron. Lo llevaron por el pasillo de La Celma hasta la tercera y última habitación de la izquierda, donde un hueco ubicado debajo de la cama conducía a un pequeño sótano. Pidió un confesor; se lo negaron. Preguntó qué pasaría con su cadáver y con su familia; le respondieron que nada tenían contra su familia; callaron sobre su cadáver.
Ya en el sótano, le colocaron una media en la boca, le vendaron los ojos, lo apoyaron contra la pared, de cara a sus ejecutores.
Ramus salió a distraer al casero, mientras Firmenich comenzó a hacer ruido con una llave sobre una morsa para disimular el ruido de las balas.
A medio siglo del crimen que estremeció al país: el asesinato de ...
–General, vamos a proceder –le habría dicho Abal Medina, según el relato de Firmenich.
–Proceda –le habría respondido Aramburu.
Y entonces, según Firmenich, “Fernando disparó la pistola 9 milímetros, al pecho. Después hubo dos tiros de gracia, con la misma arma, y uno con una 45. Fernando lo tapó con una manta. Nadie se animó a destaparlo mientras cavábamos el pozo en que íbamos a enterrarlo”.
Confusa, la frase puede interpretarse de varias formas. ¿Fueron tres o cuatro tiros en total? ¿Abal Medina se encargó también de los tiros de gracia, usando la 9 milímetros y luego la .45? ¿O se encargó otro captor? Eso cree Grassi, desde que completó en 2015 un “reportaje a un reportaje histórico”, aquel que publicó en septiembre de 1974. Y eso cree María O’Donnell, tras investigar la trama durante años y publicar su último libro, Aramburu. El crimen político que dividió al país. El origen de Montoneros.
María O'Donnell: “Firmenich todavía reivindica el asesinato de ...
Grassi: “En sentido estricto, no fue Abal quien lo mató. O no fue el único, según quise y pude saber treinta y siete años después”. Y detalló que hubo otra persona presente en el sótano, que no identificó por su nombre, apenas como “el Otro”, con quien dialogó y le aportó varias precisiones. Como que la frase final de Aramburu fue “Proceda, nomás”, que Abal Medina disparó el primer tiro, quedó abrumado, se marchó de allí y apareció Emilio Maza, quien se encargó de los dos tiros de gracia, con la .45.
O’Donnell: “Alguien más debía estar ahí [por el sótano]. Es más difícil afirmar cuántos y quiénes, sin embargo”.
La periodista consultó luego al único protagonista de la Operación Pindapoy que, junto con Firmenich, sigue vivo: Vélez Carreras. Él está convencido de que, si hubo alguien más en La Celma y se encargó de los tiros de gracia, fue Maza.
–Si fuera así, ¿por qué razón lo ocultaría Firmenich? –le preguntó O’Donnell.
–Porque ha hecho de él una construcción como heredero directo de Abal Medina, como si fuesen el hermano mayor y el menor. Es lo único que se me ocurre.
El afán de Firmenich por fijar su versión de la historia puede explicar por qué decidió relatar cómo murió Aramburu, cuatro años después del Operativo Pindapoy, pero también cuatro meses después de romper con Perón en la Plaza de Mayo y apenas dos meses después de su muerte y el ascenso de Isabelita, José López Rega y la Triple A al poder.
Los errores de Montoneros
Fue un error de la cúpula de Montoneros, como lo fue enfrentarse con Perón –quien había aprobado el crimen de Aramburu, y así se lo refrendó en una carta que les fechó el 20 de febrero de 1971–, y como lo sería pasar a la clandestinidad, el 6 de septiembre de 1974. Y también, según le reconoció Firmenich a O’Donnell, lo fue robar el cuerpo de Aramburu en el cementerio de la Recoleta, por una célula liderada por el poeta Paco Urondo, un mes después. ¿Su objetivo? Forzar la repatriación del cadáver de Evita.
El cuerpo de Aramburu también había aparecido, semanas después de su secuestro, por otros varios errores cometidos por Montoneros –en particular tras la toma fugaz de la localidad cordobesa de La Calera– que pondrían a la policía tras el rastro que los condujo –entre hechos fortuitos y tormentos a detenidos– hasta La Celma. Lo encontraron el 16 de julio de 1970, enterrado en el sótano.
Cincuenta años después,nadie quiere destinar dinero para preservar lo que queda de esa casona. Mucho menos para su restauración. Incomoda. Acaso porque la muerte de Aramburu aún separa a millones. Palpable en las reacciones que cosecha el uso de ciertas palabras: ejecución o asesinato. Acto de justicia, de venganza o de revancha. Crimen político.
402. el regreso de aramburu ◊ – AfterLife
“La venganza es trágica, pero a veces no hay remedio”, dice Grassi Vive ahora en Roma, tras su exilio, su regreso a Buenos Aires y su reubicación, entre Italia y Afganistán. “Si no hay Justicia, no queda otra. O la Justicia te restablece tu dignidad o estás forzado a restablecerla por tu cuenta. Lo he visto, una y otra vez, en Afganistán, durante los últimos 17 años. Eso no quita que su muerte fuera un hecho trágico. Toda muerte es trágica, del lado que sea”.
“Creo que hemos aprendido algo en todo este tiempo”, dice Eugenio Aramburu, quien tiene hoy quince años más que su padre cuando murió. “Creo que hemos aprendido que la violencia no conduce a nada y estamos aprendiendo que la Argentina no tendrá solución si no dejamos a un lado los ajustes de cuentas”, dice, en una conversación a solas que lo llevó, tres veces, a emocionarse. “Las nuevas generaciones nos están reclamando que miremos para adelante. Si no, seguiremos chapoteando en el barro”.

viernes, 5 de junio de 2020

EL ASESINATO DE ARAMBURU, PARTE II,


A 50 años del secuestro de Aramburu. El hallazgo inesperado que reveló la trama del crimen de Montoneros
El Operativo Pindapoy, como lo denominaron sus autores, fue llevado a cabo por la organización armada Montoneros0
Hugo Alconada Mon (@halconada) | Twitter
Hugo Alconada Mo
TIMOTE.- Llovía cuando sonó el teléfono. Caía la noche del miércoles 15 de julio de 1970 y poco y nada ocurría en Carlos Tejedor. Hasta esa llamada. Una voz superior, de la Dirección de Investigaciones de la Policía bonaerense, le informó al subcomisario Rogelio Rouan que allá, en el pueblo de Timote, podían estar algunos sospechosos del secuestro de Pedro Eugenio Aramburu. Así que Rouan convocó a cinco subalternos, aprestaron las armas y, ya iniciado el jueves 16, salieron con destino prefijado: la casona "La Celma". Fueron en busca de pistas, acaso de un tiroteo; se toparon con un cuerpo que signó a la zona para siempre. Era el desenlace del misterio que tenía en vilo al país.
La Policía había llegado hasta Timote, un pueblo de 1000 habitantes, 421 kilómetros al oeste de la Capital Federal, tirando de una pista tras otra. La primera surgió tras la toma del pueblo cordobés de La Calera, donde Montoneros cometió varios errores. Entre otros, moverse con documentación sensible que, ya en manos de los investigadores, condujo el rastro hasta el conurbano bonaerense, permitió detener a otros militantes y, con el paso de los días y a fuerza de tormentos, identificar a los presuntos secuestradores del mayor ícono de la "Revolución Libertadora".
La lista de sospechosos se difundió por todo el país. Con nombres y fotografías de sus rostros; entre ellos, los de Mario Firmenich y Carlos Ramus. Fue cuestión de horas para que un banco de Vera, una ciudad del norte de la provincia de Santa Fe, llamara a la policía local para avisarle que ambos habían gestionado allí un crédito para financiar su negocio de compra y venta de ganado. Con un dato adicional: en los papeles constaba la dirección de "La Celma", en Timote.
Los restos de la casa de Timote donde fue encontrado el cuerpo de Pedro Eugenio Aramburu 
El resto fue parte del procedimiento usual: el destacamento de Vera llamó a la Central de la Policía santafesina, que envió un teletipo a la Jefatura de la Policía bonaerense en La Plata, que a su vez alertó a Carlos Tejedor. Y allí estaba Rouan, en la fría madrugada del 16, yendo con cinco agentes a Timote, bajo la lluvia.
Al llegar al pueblo, Rouan y sus agentes se tomaron una hora larga para avanzar hasta "La Celma". Sumaron a los policías asignados al destacamento de Timote, como el agente Héctor Batista, y se desplegaron con armas largas, "por temor a tiroteo", asentaron en el acta policial cuya copia se obtuvo No sabían si los protagonistas del "Operativo Pindapoy" aún estaban dentro de la casona, dispuestos a defenderse.
Ya cerca de las 3.30, interrogaron al casero de "La Celma", Blas "el Vasco" Acebal, 76 años, español de nacimiento y soltero, al que todavía medio dormido le mostraron una foto de Firmenich. Lo reconoció y les contó que solía alojarse allí junto con el "patroncito" Ramus, pero que ahora no estaban, se habían largado ya. Así que avanzaron hacia la vivienda, usando al "Vasco" como escudo humano, por las dudas.
El funebrero León Porras, convocado cuando fue hallado del cadáver de Aramburu 
Al entrar, según consta en el acta, encontraron "papeles de liquidación de hacienda" con membrete de "Carlos Gustavo Ramus - Mario Eduardo Firmenich", pero no había nadie en la casa, como les había dicho Acebal, así que aventado el peligro inminente, Rouan detuvo el operativo y mandó traer dos testigos. Fueron los lugareños Hipólito Paterno (53 años) y José Zurdo (48), cuyas casas quedaban justo enfrente de la estación local del Ferrocarril Oeste.
"Eran las cinco y media de la mañana cuando fui llamado por la policía", recordaría Zurdo a la prensa, según un trabajo de recolección que lideró la historiadora de Carlos Tejedor Zulma Álvarez. "Calculo que llegamos a 'La Celma' cerca de las seis", añadió el testigo.
Rouan también convocó a un fotógrafo de Tejedor, José Antonio Molina. Lo despertaron, rememora ahora, medio siglo después, conversando  en la vereda de su casa. Le dijeron que "debía hacer unas fotos muy importantes". Así que tomó dos de sus cámaras, cuatro rollos y salió para Timote en una estanciera de la Policía.
León Porras, en la puerta de la casa de sepelios Escudero 
Ya con dos testigos y el fotógrafo, avanzaron por la casa: pasillo central y tres habitaciones de cada lado. Todas estaban abiertas, salvo una, la del fondo a la izquierda. Al forzar la puerta, recordaría el agente Batista, encontraron algo raro: "estaba extrañamente limpia".
Debajo de la cama, dieron con una compuerta que conectaba con un sótano de entre tres y cuatro metros por lado por dos metros y medio de altura. Pero se les complicó bajar. Habían roto los peldaños de la escalera, así que debieron improvisar una suerte de pasamanos.
Armas en una caja
Abajo, lo primero que vieron fue una caja. De madera rústica, contenía seis rifles, cinco fusiles, dos carabinas, dos pistolas y municiones. Material robado del Tiro Federal de Córdoba. Rouan ordenó retirarla y ahí sí, llegó la sorpresa. "Continuando con la investigación e inspección en el sótano en cuestión, se observa que la tierra a [sic] sido movida recientemente, como así [también] huellas de pisadas diversas", continúa el acta.
El agente Batista lo contó más simple: "El piso de hormigón tenía un boquete de tierra removida y mal apisonada -dijo-. Eso nos dio la pista de que había algo enterrado".
José Antonio Molina, el fotógrafo al que en 1970 llamó la Policía para registrar el hallazgo del cuerpo de Aramburu 
Al cavar, las sospechas aumentaron porque, según asentaron en el acta policial, la tierra tenía "una consistencia muy débil". Así que palearon durante dos horas, hasta que el cabo Haroldo García encontró una cajita para pomadas. Todos se asustaron, recuerda Molina, hoy de 79 años. "Temían que fuera un explosivo, así que lo pusieron en un balde con agua", confió.
Al fin, cuando el pozo superaba el metro, se toparon con los residuos de cal y "género". E irrumpió un olor que jamás olvidarían. Eran ya las 8 y 10 de la mañana, según el acta, aunque Molina sostiene que fue algo más tarde. Lo cierto es que Rouan detuvo otra vez el procedimiento para, según el acta, alertar a sus superiores y pedir "elementos eficaces".
¿Elementos eficaces? "Máscaras, para poder seguir las tareas", explicaría el testigo Zurdo a la prensa en las horas que siguieron. Por esas cosas de pueblo chico, Zurdo era el dueño del único hotel de Timote, el España, donde se alojaban los padres de Ramus cuando llegaban en el tren de Buenos Aires, de madrugada. Porque los padres de "Carlitos" no querían molestar a los puesteros, recordaba la prensa local, "en horario tan inadecuado".
Mientras tanto, y con toda su experiencia a cuestas, el subcomisario Rouan ya había dado otro paso. Convocó también a León Porras, el funebrero de Tejedor.
-¡Viejo, te buscan! -recuerda Porras que le dijo su mujer.
-¿Quién es?
-La Policía. Dicen que encontraron un caminante enterrado en Timote -jura que fue la respuesta.
Timote es una pequeña localidad del partido de Carlos Tejedor, provincia de Buenos Aires
Sin embargo, cuando ya había recorrido más de la mitad de los 20 kilómetros que separan su casa de Timote, con un cajón sencillo en la caja de su Ford F100, Porras recuerda una frase que lo dejó azorado: "Me dijeron que podía ser Aramburu".
-¿Y qué atinó a decirles?- le pregunta en la sede de la funeraria que lleva su nombre.
-¡Me hubieras dicho antes y traía un féretro mejor!
¿Acaso algunos policías aún pensaban que pudiera tratarse de un "caminante" mientras que otros comenzaban a sospechar que podía ser el cuerpo de Aramburu, siete semanas después de su secuestro? Ni de los testimonios orales ni de los asientos documentales que cotejó durante semanas surge una respuesta clara. Pero sí que quienes participaron en el operativo estaban en shock. Algunos porque conocían a "Carlitos", como todos llamaban al veinteañero Ramus, que desde chico pasaba los veranos en Timote. Un buen pibe, decían, para de inmediato recordar cuando se disfrazó de indio, ganó el premio mayor junto a dos amigos "y grande fue el enojo de los otros dos cuando se enteraron de que Carlitos había donado el premio que obtuvieron", detalló la prensa local. ¿Y a Firmenich? Pues más de uno juraba haber visto, al novio de la hermana de "Carlitos", recorrer la zona junto a sacerdotes, como parte de un grupo misionero dedicado a evangelizar, mientras otros decían haberlo visto en una estación de servicio, inolvidable con sus 166 centímetros de altura y un "sombrero de vaquero".
Acaso por eso, o porque el "Vasco" Acebal les había contado que "el patroncito" le había dicho que no se preocupara si escuchaba ruidos de noche ("traemos mujeres", le confió), algunos policías tenían otra presunción: pensaron que si encontraban un cadáver, sería el de una prostituta.
El hallazgo del cuerpo
A eso de las 11, mientras tanto, apareció por "La Celma" otro de los convocados por Rouan, su superior, el jefe de la Unidad Regional X de la Policía bonaerense, proveniente de Pehuajó, con las máscaras, y un médico de Tejedor que trabajaba para la Policía, Julio Raíz. Así que retomaron el pozo, hasta que apareció un saco. "Media estación", color gris, "con pintitas blancas, comúnmente denominados ojos [de] perdiz", lo describieron en el acta policial, que en su interior tenía una etiqueta de la porteña Sastrería Scafino, de la calle Tucumán 634.
Los restos de la casa donde encontraron el cuerpo de Aramburu 
El acta detalla luego datos sobre la excavación, la extracción del cadáver, su retiro del sótano, su primera revisión por el médico, la enumeración inicial de los disparos observados y de la vestimenta y un detalle que consolidó la hipótesis ya dominante: al revisar el anillo matrimonial que el cadáver tenía en su mano izquierda, los policías vieron las iniciales del Aramburu y su esposa, Sara Herrera.
Para entonces, Molina ya iba por su tercer rollo de fotos 35 milímetros. No le daba respiro a su Zeiss Imon Contaflex hasta que la Policía le dijo que ya era suficiente. Le pidió los carretes y le pagó 3000 pesos. "No hice ninguna diferencia con eso", le aclara , aunque poco después recibiría ofertas tentadoras.
Con el cuerpo ya reposando en la galería externa, también apareció por "La Celma" Alberto González, el referente local de Udelpa, el partido que había fundado Aramburu, con quien se había reunido un mes antes del secuestro.
La Celma, en una foto histórica de 1978
"Vi el cadáver cuando ya lo habían sacado del sótano. Lo destapé, estaba cubierto con cal y una manta. Enseguida me di cuenta de que era el general", rememoró "Teco" González, varios años después, en una entrevista que concedió a la revista La Semana.
-¿Está seguro? -dijo que le preguntó el jefe de la Policía Federal, general Jorge Cáceres Monier, quien había volado hasta allí cuando el operativo de búsqueda mutó en posible hallazgo.
-Sí. Está con la misma ropa con que me recibió el último día que lo vi.
Caía la tarde y ya no llovía. Pero escampaba el frío en Timote.
La noticia ya dominaba las redacciones, mientras que los curiosos venidos de toda la región se subían a los vagones ferroviarios yacentes, a setenta metros del frente de "La Celma". Buscaban pispear qué pasaba. Lo contarían durante dcadas. Y entre tanto alboroto, Molina vio su oportunidad.
"Levantá la tapa", le dijo el fotógrafo al funebrero, que ya había colocado el cuerpo en el ataúd previsto para el "caminante". Y Porras accedió, según admiten ambos, por separado,  medio siglo después.
Armas y equipos encontrados en La Celma 
"Cuando quedamos solos, Molina me dijo que tenía otro rollo, así que levantamos la tapa y le sacamos algunas fotos que, según él, las quemó después", cuenta Porras.
"Saqué seis o siete fotos para mí señora. Si no, no me lo iba a creer", confirma Molina.
-¿Qué hizo con esas fotos?
-Las quemé. Por la tentación -responde rápido-. Porras anduvo por ahí con el cuento de que le habíamos sacado unas fotos al cadáver y vinieron varios medios a comprármelas. Los que más me ofrecieron fueron los de Crónica.
-¿Cuánto?
-El equivalente a dos coupés Torino cero kilómetro. Yo vivía en lo de mi suegra. Si hubiera aceptado, me podría haber comprado mi casa.
-¿Pero en serio las quemó?
-Por algo no aparecieron nunca, ¿no?
El acta policial de 1970 aporta poco más. Que todas las evidencias quedaron bajo la custodia de la Delegación Regional Cuatrerismo de Bragado, mientras que a Acebal, que esperaba en la cocina, se lo llevaron arrestado e incomunicado. Porque antes de trabajar como casero, había sido pocero y la excavación en el sótano parecía hecha por un experto. Pero lo dejaron libre tras mucho interrogarlo y retornó a Timote tiempo después.
El pueblo había cambiado. "No durmió nadie por tres días", recuerda quien luego sería el primer intendente de Tejedor con el retorno de la democracia, Carlos Rivas. Fue como un terremoto, le dice. Para muchos, descubrir que "Carlitos" Ramus era un asesino, fue demasiado. ¡Si hasta habían intentado que se hiciera socio del club!
Un cartel en la ruta que lleva a Timote
Las ruinas de la casona
Indicios no faltaban. "Cuando la policía entró a la casa, detectaron que había habido gente hacía muy poco. Encontraron hasta colillas de cigarrillo y vasos usados", detalla Bruno Rodríguez, un veterinario que como parte de "Arte Comunitario Timotense" filmó la película "La Celma", con los vecinos del pueblo como actores, y hoy pugna por revalorizar -o al menos sostener- las ruinas que quedan de la casona.
No será fácil, sin embargo. Con el paso de los años, los Ramus vendieron "La Celma" a un vecino de la zona que, casi de inmediato, se la vendió al Estado bonaerense cuando faltaban meses para el décimo aniversario del secuestro de Aramburu. La dictadura la acomodó para la ocasión, pero tras los actos conmemorativos y poco más, la vivienda quedó bajo la órbita de la Dirección General de Escuelas. Y se vino abajo.
"Se robaron las puertas, las ventanas, las rejas, el alambrado, hubo ocupas.", enumera Rodríguez. Lo último fue cuando apareció una topadora, tiró abajo lo que ya amenazaba con derrumbarse y tapó el sótano. Hoy, en el predio apenas quedan tres paredes de una sola habitación en pie -por poco tiempo más-, un mástil torcido, una placa enorme y pesada, y una luminaria comunal, sin luz.
"En su momento, me pidieron un informe de la Dirección de Escuelas", explica la historiadora Álvarez "Había un proyecto para crear un museo o declarar 'La Celma' como patrimonio histórico, pero no pasó nada".
Al "Vasco" Acebal, el casero, lo encontraron muerto en diciembre de 1971. Su cuerpo estaba tan hinchado que no entraba en el cajón. También lo proveyó Porras.
"La versión fue que lo habían matado de un tiro en la nuca, pero la autopsia determinó que no, que fue una muerte natural", aclara Rodríguez, que tiene copias del expediente que se abrió en un juzgado de Trenque Lauquen. La película que filmaron los timotenses lo tiene al "Vasco" como protagonista. Nada queda de él en Timote. Tampoco se conserva un solo rastro de la casa donde vivía, en los fondos del terreno de lo que fue "La Celma".