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domingo, 23 de junio de 2024
EL MEDIO ES EL MENSAJE
Radio Nacional, en su hora más crucial
Pasa de RTA a depender del vocero presidencial y falta que el Congreso defina si se privatizará o seguirá en manos del Estado
Pablo Sirvén
Sostener operativa a Radio Nacional le cuesta al Estado $1300.000.000 mensuales. Y para qué sirve es una discusión eterna nunca zanjada.
Tras el vendaval kirchnerista que la partidizó en los últimos veinte años (ya que ciertos mandos internos claves subsistieron en el período macrista), esa amenaza sigue latente hoy porque ocho de sus gerencias continúan comandadas por personas que militan aquella ideología.
En la reciente ceremonia de los Martín Fierro de radio, Nacional no ganó ni una sola estatuilla, síntoma de su notable irrelevancia. “La Radio se quedó sin alma. La grieta es espantosa y sigue creciendo, es intestina. Nada ha cambiado y sin depuración no avanzamos”, argumenta contundente una voz en off que se escucha por sus micrófonos desde hace décadas.
La nueva administración dio de baja Las dos carátulas, prestigioso radioteatro de obras clásicas, por el que han pasado los principales artistas de este país. El año que viene iba a cumplir 75 años ininterrumpidos en el aire, pero se decretó su fin por tres razones: 1) falta de audiencia, 2) alto costo para ser un programa semanal (más de un millón de pesos por mes) y 3) insistir en mantenerlo, alegan las nuevas autoridades, sería como pretender que subsistan para siempre Los Pérez García o La revista dislocada, célebres ciclos radiales de mediados del siglo pasado.
Acaban de sonar todas las alarmas por el levantamiento de un programa matutino de actualidad política apenas dos meses después de su salida al aire. También hubo despedidos y no se renovaron contratos.
Aunque el primer nombre de Nacional fue Radio del Estado, no fue ningún gobierno populista al que se le ocurrió cargarle al erario público ese gasto. Fue la administración conservadora del general Agustín P. Justo la que la puso en marcha el 6 de julio de 1937. Sin embargo, no fue la primera emisora oficial que hubo en la Argentina. Diez años antes, en 1927, durante el gobierno radical de Marcelo T. de Alvear, su esposa Regina Pacini, que había sido cantante lírica, propició la inauguración de Radio Municipal (hoy llamada La OnceDiez) con la idea de que por esa onda se transmitieran los conciertos y óperas del Teatro Colón.
Nacional fue la tercera en llegar ya que LS11 Radio Provincia arrancó cinco meses antes con los auspicios de Roberto Noble, entonces a cargo del ministerio de gobierno bonaerense (también conservador). Ocho años más tarde fundaría Clarín, ya desde el ámbito privado.
Las malas mañas, la sindicalización excesiva y superpuesta (en Nacional conviven seis gremios que convocan a recurrentes asambleas), los contratos rimbombantes y la ideologización de sus micrófonos en tiempos más recientes opacan su marca. Sin embargo, si conservadores y radicales antipersonalistas apostaron a sostener desde el Estado algunas emisoras radiales no fue por mero capricho: buscaban informar a todo el país, en especial a sus zonas más remotas poniendo el foco en la cultura como herramienta democratizadora y de elevación de la audiencia, algo que se fue desvirtuando y que quedó por el camino.
Ahora que soplan los vientos extremos libertarios, aquellas primeras intenciones aparecen borroneadas y la frágil Radio Nacional se estremece en medio de un tembladeral con final incierto.
Es que son más los interrogantes que las certezas: en la Ley Bases aprobada por Diputados LRA, tanto como la TV Pública, quedan sujetas a ser privatizadas. Pero eso voló en la versión aceptada por el Senado, como una de las concesiones que hizo el Gobierno a último momento para que el tratamiento prosperara en la cámara alta. Habrá que esperar qué versión es la que finalmente prevalece cuando retome y liquide el tema la cámara baja el próximo jueves.
Mucho más es lo que el Poder Ejecutivo todavía debe resolver: cambió recientemente el titular de RTA, de quien dependía Radio Nacional, pero el vocero presidencial Manuel Adorni anunció días atrás que ahora esa emisora, tanto como la TV Pública, reportarán a él. Sucederá en unas dos semanas, cuando salga el decreto que delineará las nuevas competencias de la reorganizada Jefatura de Gabinete.
Mientras tanto, Héctor Cavallero, exitoso empresario privado de espectáculos, con 80 años clavados, aceptó ser director de la emisora con sensaciones ambivalentes ya que al mismo tiempo le resulta desafiante y tedioso. Su idea es desideologizar la onda y volverla más popular y pasatista al estilo de la vieja Radio Rivadavia que hicieron grande Cacho Fontana, Antonio Carrizo y Héctor Larrea.
Nacional cuenta con 49 filiales en todo el país y con tres FM (Clásica, Folklórica y Rock, bajo la tutela de Pablo Valente) más Radiodifusión Argentina al Exterior. Muy dudoso que algún privado le entusiasme hacerse cargo de ese paquete descomunal.
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domingo, 2 de junio de 2024
EL MEDIO ES EL MENSAJE
Después de Lali, los Milei versus Pablo Echarri
Pablo Sirvén
Para el presidente Javier Milei, el actor Pablo Echarri, sería un “héroe”. En cambio, su hermana Karina, la poderosa secretaria general de la Presidencia, lo cataloga como un vivillo.
¿Cómo entender tamaña disonancia entre las dos personas de mayor poder del actual gobierno siamés?
El tema de fondo: los dichosos dólares ahorrados por el actor y que a veces vende para afrontar sus gastos porque ya sus ingresos resultarían insuficientes. Que empiecen a salir de debajo del colchón los dólares guardados, ¿acaso no es uno de los deseos máximos del Gobierno?
En las redes sociales, de manera patoteril y ofuscada, ciudadanos de a pie y trolls subrayan la supuesta contradicción en que incurre una figura adscripta al colectivo “nac&pop” por refugiar sus ahorros en la supuestamente vil moneda norteamericana, en vez de bancar los trapos en nuestro chamuscado dinero nacional, como pretendían durante el apogeo del kirchnerismo.
Todo no habría pasado de meros chisporroteos intrascendentes típicos del mundo virtual, si no se le hubiese ocurrido terciar en la discusión nada menos que a “el jefe” (tal como rotula el Presidente a su hermana).
Llama la atención que la menor de los Milei, que se cuida tanto de no hablar en público y que se muestra tan criteriosa en audiencias privadas, se haya subido en abril último a la cruda pelea en el barro que propone la red social X (exTwitter).
En su primer mensaje, el 20 de mayo, @KarinaMileiOk saludó con el “Hola a todos” (aunque sin la melodía de “Panic Show”, de La Renga) que popularizó su hermano. De paso ratificó, como si quedara alguna duda: “Yo soy El Jefe”. Sigue a 65 personas, entre ministros, funcionarios, medios y comunicadores ultralibertarios. Suele retuitear mensajes de terceros, aunque sin la compulsión que exhibe el jefe del Estado en sus redes. Pronto llegará a los cien mil seguidores.
Sin embargo, días atrás arrobó a @echarripablo1 con el siguiente mensaje: “vos me estás diciendo que estás gastando dólares que has comprado en el gobierno KK, cuando había controles y quien lo hacía lo perseguían por fugar dólares? Además seguro los comprabas al oficial así te llevabas el subsidio...VLLC!”
¿Se trata de una mera inferencia o responde a un “carpetazo” provisto por la Afip, la AFI o algún otro servicio de inteligencia? De existir certeza al respecto, ¿no correspondería que como funcionaria hiciese la correspondiente denuncia?
Estas mismas preguntas fueron remitidas a Karina Milei y a Manuel Adorni. Al cierre de esta columna, solo había respondido el vocero presidencial. “No manejamos información personal, ni fuera de la ley. Menos aún de la AFI”, señaló. O sea que se trata de una inferencia...o prejuicio hacia alguien que piensa distinto.
El mes pasado, durante el foro Llao Llao, el presidente Milei calificó como “héroes” a quienes fugaron dólares porque “lograron escapar de las garras del Estado”. Y recomendó la compra de dólares en negro para no tener que pagar “un montón de impuestos estúpidos”.
Sin embargo, no bien su hermana disparó desde X munición gruesa contra Echarri, el Presidente se congratuló en la misma red apoyándola con un “tsunami de chanes” y haciendo notar que “el jefe ha hablado”, como si se tratara de un preciado oráculo.
Milei no es el presidente más contradictorio respecto de la divisa norteamericana que haya pasado por el poder. En 2008, en plena crisis financiera internacional, Néstor Kirchner adquirió cash dos millones de dólares, alegando que era para comprar un hotel en El Calafate. Cepo mediante, en 2012, por cadena nacional, la entonces presidenta escrachó, con nombre y apellido, a “un abuelito” (como lo llamó peyorativamente) porque había decidido regalarle unos pocos dólares a sus nietos.
Esa supuesta aversión del kirchnerismo por “los verdes” trocó en súbito amor cuando Mauricio Macri la sucedió en el poder. “Dolaricé mis ahorros porque no confío en la política económica de este gobierno”, se sinceró CFK en cuanto arrancó la gestión de Cambiemos. Y la Justicia embargó la caja de seguridad de Florencia Kirchner en el Banco Galicia, donde atesoraba una suma cercana a los cinco millones de dólares.
Durante el gobierno de Alberto Fernández, con la excusa de la “fuga de capitales”, hubo persecución a empresarios y periodistas.
Cambia drásticamente la ideología en la Casa Rosada pero se utiliza el mismo argumento de una supuesta “fuga” de dólares contra una figura conocida solo porque no simpatiza con el actual gobierno.
Echarri tiene una trayectoria muy exitosa de más de treinta años en TV, cine y teatro (ahora mismo de gira, por Rosario, con ART) como para haber acumulado por sí mismo cuantiosos ahorros genuinos.
“La Argentina es un país con una economía bimonetaria”, repite el actor ante las cámaras lo que la exvicepresidenta no se cansa de pontificar en sus “clases magistrales”. Puro chamuyo ya que ninguno de los cuatro gobiernos kirchneristas (16 años) que tuvimos resolvió ese dilema.
Como militante, ¿no sentirá Echarri cierta frustración de que “el modelo” no haya sido lo suficientemente sólido como para superar la “dolardependencia”?
La paradoja enciende el bullying de las redes y de los amanuenses de turno, potenciados por la segunda persona con más poder en el país (¿o la primera?) para distraer, una vez más, de los temas importantes, como antes ocurrió con Lali Espósito. No cambiamos más.
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domingo, 26 de mayo de 2024
EL MEDIO ES EL MENSAJE
Adorni, un vocero con vuelo propio
Se hizo conocido por sus cáusticos tuits siempre terminados con la palabra “fin”. Cada mañana, en la Casa Rosada, enfrenta al periodismo
Pablo Sirvén
Nunca se sintió tan a sus anchas el vocero presidencial Manuel Adorni como en estos días.
“¿Quieren venir mañana a la conferencia? La verdad es que son bárbaros”, se sinceró, eufórico, el miércoles a la noche al agradecerle de esa manera a la multitud que en el Luna Park coreó calurosamente su nombre durante el peculiar show del presidente Javier Milei para presentar su nuevo libro.
Hay quienes ya empiezan a considerar a Adorni como un candidato posible a senador el año que viene. “¿Me votarías?”, le preguntó un poco en broma, un poco en serio, a una de las periodistas acreditadas en la Casa Rosada. Falta un siglo para eso y todo es posible. Comparado con su antecesora, Gabriela Cerruti, se nota que Adorni disfruta mucho más de su papel y que se siente cómodo como vocero del actual gobierno. Si bien a veces puede sonar soberbio –ya lo imitan en la radio– y frecuenta muy seguido la chicana con los periodistas acreditados que lo escuchan y lo interrogan cada mañana en la Casa Rosada, cumple mejor con su rol de pararrayos presidencial. Tarea que no solía salirle tan bien a la portavoz de Alberto Fernández, que, en vez de cerrar los frentes de tormenta con que lidiaba el gobierno anterior, abría nuevos conflictos motu proprio por imprudencia o por el afán de hacer lío. Nunca, de todos modos, llegó al extremo de Jorge Capitanich, que como jefe de Gabinete de Cristina Kirchner también se ocupaba de la vocería y hasta rompió un ejemplar del diario Clarín ante las cámaras con tal de hacer buena letra con la jefa. Ahora no hay “jefa”, sino “el Jefe”, tal como cataloga Milei a su hermana Karina, la poderosa secretaria general de la Presidencia, y de quien depende directamente Adorni.
“No todos pueden tener un vocero de lujo como @madorni”, le dio un categórico espaldarazo el Presidente a su vocero el martes último a propósito del mal momento que pasó el portavoz del Grupo Socialista, en el Congreso de los Diputados de España, cuando estaba a pleno el jaleo chisporroteante entre Javier Milei y Pedro Sánchez.
Patxi López, que ocupa ese cargo en la madre patria, no salió airoso al quedar poco menos que petrificado tras recibir una pregunta incómoda sobre si pensaban disculparse con el mandatario argentino por “haberle llamado fascista, drogadicto y mala gente”. Fue peor su estrategia de querer pasar sin más a la siguiente pregunta de otro colega, porque el mismo periodista volvió a arremeter. “Portavoz –lo puso contra la pared–: usted cobra 113.000 euros al año, dinero público, para responder a los medios de comunicación acreditados”. Igual no hubo caso, no logró conmoverlo, pero el video de ese afilado cruce se viralizó de este y del otro lado del Atlántico. Adorni no ha sufrido por ahora ningún traspié semejante.
Dar las “noticias parroquiales” de cualquier gobierno y someterse diariamente a la aguda requisitoria periodística en esta tempestuosa era, en que la información corre a supersónica velocidad sazonada con las dosis inusitadas de maldad con que se despachan los activos internautas e influencers de las redes sociales, no parece una tarea sencilla. Siempre se está al borde de meter la pata y quedar a tiro de terminar escrachado en grandes titulares y ser objeto de mofa todo el día en la radio, la TV y las redes sociales.
Adorni, economista de formación, se hizo conocido por sus afilados tuits, que le valieron el año pasado el Martín Fierro digital al mejor tuitero. A pesar de que la palabra “fin” con que cierra sus mensajes se convirtió en su marca registrada, terminó convirtiéndose en un genérico del que se han apropiado hasta los kirchneristas.
Con un estilo parecido al de los severos preceptores de colegio secundario público de antaño, siempre encorbatado y adusto, habla con seriedad. Pero como si los acreditados fueran alumnos a los que hay que reconvenir suavemente, les dedica algunas chanzas al paso para aflojar cierto clima tenso que puede producir el ida y vuelta de las incisivas preguntas. Un momento muy esperado por lo desopilante es cuando Fabián Waldman, de la FM La Patriada, formula sus cáusticas preguntas, que Adorni sortea con esgrima verbal, combinando información e ironía. Aunque también a veces queda al borde de perder la paciencia, como cuando Jon Heguier, de El Destape, quiso profundizar sobre cuántos perros (vivos) en verdad tiene el Presidente, un tema tabú que casi saca de las casillas al vocero por considerarlo “una falta de respeto” (?).
Últimamente, los viernes se suman con preguntas alumnos de facultades de periodismo y es deseo de Adorni incorporar también inquietudes del público, aunque no se resolvió todavía su mecanismo ni está decidido que se haga. En Instagram, la vocería presidencial cuenta con algo más de 400.000 seguidores, número que duplica Adorni en el suyo personal.
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domingo, 5 de mayo de 2024
EL MEDIO ES EL MENSAJE
Manías argentas: de “Cristina eterna” a “motosierra eterna"
Diana Conti es la autora de la primera consigna y Manuel Adorni, de la segunda. En ambas alienta el deseo de la perpetuidad en el poder
Pablo Sirvén
Los extremos se tocan; las consignas, también. Cambian las ideologías gobernantes, pero las ansias de perpetuidad no varían demasiado.
En 2012, la finada Diana Conti lanzaba su “Cristina eterna”, globo de ensayo que procuraba sondear la “re/re” de la entonces presidenta de la Nación, que transitaba su segundo y último mandato consecutivo, de acuerdo con lo que marca la Constitución nacional, desde su reforma de 1994. La victoria, en las legislativas de 2013, de Sergio Massa, enfrentado entonces con el kirchnerismo, pinchó ese globo de ensayo. Pero el año pasado, cuando todavía no se habían definido las candidaturas presidenciales, Conti volvió otra vez a batir el parche con esa cantinela.
Días atrás se conoció una nueva amenaza vitalicia, no personalizada como la otra en un nombre, pero sí en un objeto que fue el leitmotiv de la exitosa campaña electoral de Javier Milei: la motosierra, como inquietante metáfora de los recortes profundos que pensaba hacer en el Estado si llegaba al poder y que, efectivamente, lleva adelante desde su asunción a la más alta magistratura del país el 10 de diciembre último.
Fue el vocero presidencial, Manuel Adorni, quien expresó una idea similar a la de Conti, pero referida al actual presidente. “La motosierra es eterna. No hay fin de la motosierra. La motosierra es para siempre”, subrayó durante una de sus habituales conferencias de prensa. Agregó que, así como hoy se habla de eso, ocurrirá lo mismo dentro de cuatro años. “Y si Dios lo quiere –completó–, y los argentinos así lo consideran”, habrá motosierra también dentro de ocho años.
Traducción: si se sigue hablando del tema de aquí en más hasta 2027 es porque el oficialismo ya empieza a soñar con la reelección. Pongamos que hablar de ocho años es por ahora solo un deseo demasiado optimista de Adorni. Aunque de ser así, e impedido de aspirar a una “re/re” Milei, ¿alguien ya está pensando en un operativo “Karina presidenta”? Ciencia ficción, por ahora.
Pero de concretarse tal posibilidad se abriría una nueva saga en el nepotismo presidencial que el peronismo probó con tanto éxito entre cónyuges (Perón, con Isabel; Kirchner, con Cristina). “Los hermanos sean unidos”, ya lo dice el Martín Fierro, mandamiento que los Milei respetan a rajatabla. En la semana que pasó el Presidente aludió en dos ocasiones a 2027: el domingo, por LN+, y el miércoles, por la Radio El Observador. Es verdad que en esta última ocasión también habló de retirarse tranquilo con sus perros y de que volvería a vivir de sus conferencias (agregó que la gente decidirá si sigue otro mandato más o no), pero en la primera entrevista fue más lejos y expresó sus ganas de enfrentar en 2027 a Cristina Kirchner.
No hay mejor noticia para la gran mentora del gobierno anterior que el actual presidente considere que ella seguirá manteniendo tal vigencia como para llegar con aptitud electoral a 2027. Detalle: siempre y cuando la Corte Suprema no se expida antes y confirme su condena en la causa Vialidad (y en las que, ínterin, puedan sumarse) y deba purgar su pena, al menos en prisión domiciliaria, dada su edad. Cristina Kirchner, por su parte, está haciendo todo lo posible para que la profecía de Diana Conti se cumpla. Venía de varios meses de quitar el cuerpo a su presencialidad en la vidriera pública, que compensaba con una actividad sostenida en sus redes sociales y en el documento crítico contra el Gobierno que emitió en febrero último. Pero con motivo de la reinstalación de la estatua itinerante de su marido –primero estuvo a la entrada del edificio de la Unasur, en Quito; luego la albergó el CCK, y ahora se encuentra en el recién inaugurado microestadio de Quilmes, que lleva su nombre– Cristina volvió a corporizarse, probablemente envalentonada por sobredimensionar el daño que la masiva marcha en favor de la universidad pública supuestamente le ocasionó al presidente Milei.
Diana Conti se preguntaba “qué valor en sí mismo tiene la alternancia en una democracia si el país se te va al bombo”. La alternancia es un pilar imprescindible que preserva la buena salud del sistema. Lo prueban democracias tan cercanas como las de Chile y Uruguay, que, como lo marcaba nuestra Constitución original, conceden un solo mandato presidencial sin posibilidad de reelección consecutiva.
En la Argentina, solo dos provincias siguen ese sano principio: Santa Fe y Mendoza. En las antípodas está Formosa. “No sé si hay alguien mejor que Insfrán para gobernar Formosa. Por algo el pueblo lo vota”, justificaba Conti el adefesio consistente en que una sola persona –Gildo Insfrán– permanezca en el poder desde 1987, primero, como vicegobernador y, desde 1995, ininterrumpidamente como titular del Poder Ejecutivo de esa provincia. Ahora la Corte puso el foco en el tema. Más vale tarde que nunca.
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domingo, 12 de noviembre de 2023
EL MEDIO ES EL MENSAJE
Los debates son un laboratorio de emociones
por Pablo Sirvén
Venimos de Villarruel Rossi y hoy será la batalla final entre Massa y Milei. Uno de los dos será elegido presidente dentro de una semana
Que los debates preelectorales son un laboratorio de emociones donde todo puede pasar lo prueba el intercambio de humores de los candidatos a vicepresidente, Agustín Rossi (Unión por la Patria) y Victoria Villarruel (La Libertad Avanza) entre su primer cruce (el 20 de septiembre, junto a los otros tres candidatos que quedaron por el camino) y el del miércoles último, ya con ellos solos frente a frente.
En aquel match, en los estudios de TN, al compañero de fórmula de Sergio Massa se lo vio por demás irritado, vehemente y hasta agresivo con la coequiper de Javier Milei, que contraatacó con firmeza, aunque sin dejar que la cólera la dominara.
Pero la ecuación se invirtió en el debate más reciente. Claramente a Rossi le bajaron la línea de imitar el modo zen adoptado por Massa y se esforzó por no ofuscarse. En cambio, Villarruel adoptó un tono altanero, interrumpía más y hasta gestualmente se la notaba en tensión.
Esta noche, a las 21, será la pelea de fondo –la última, la definitiva– entre Massa y Milei. Uno de los dos será presidente electo dentro de apenas una semana. ¿Habrá grandes revelaciones? Nunca se puede descartar que uno o los dos saquen a relucir cartas que escondan en sus mangas. ¿Pueden influir en el votante los modos de los candidatos en los debates? Difícilmente sean un factor determinante que nos modifique dentro del cuarto oscuro.
Los contenidos, la sustancia de lo que digan, deberían ser lo fundamental, pero –tal como se titula esta sección– “el medio es el mensaje”, como nos enseñó el gran Marshall Mcluhan. Por eso en la televisión, más importante que lo que se escucha es lo que se ve y las sensaciones que nos producen el lenguaje no verbal y determinados énfasis de quienes se plantan frente a las cámaras.
En los debates, la carga mayor pasa por lo psicológico, primero de cada candidato respecto de sí mismo (la seguridad con que se plante y se la crea) y después cómo reacciona y sale airoso, o lo afecta, la pulseada emocional con el otro contendiente. En la interacción suelen abrirse caminos que en su dinámica resultan riesgosos para ambos.
Algo de esto pasó cuando Rossi le preguntó a Villarruel si estaba de acuerdo con “la libertad de los genocidas”. Una pregunta chisporroteante, pero retórica, ya que es imposible torcer sentencias por crímenes de lesa humanidad impuestas por la Justicia. Solo un indulto presidencial (como el que otorgó el presidente peronista Carlos Menem a los jefes militares y guerrilleros, en 1990) podría revertir esa situación. La candidata esquivó responder y, en cambio, subrayó dos situaciones irresueltas: los militares presos sin condena y con prisiones preventivas que se eternizan y los ninguneados derechos humanos de aquellos que fueron asesinados por las guerrillas setentistas y de sus deudos, desde siempre ignorados para no opacar el relato unilateral del kirchnerismo sobre los “jóvenes idealistas que dieron su vida por la patria”.
Pero la segunda de Milei se metió en un lío colosal cuando puso casi en pie de igualdad los derechos humanos de Juan Daniel Amelong (condenado por crímenes de lesa humanidad) con los de su padre, un ingeniero civil asesinado en Rosario, en 1974, por los Montoneros. El doloroso pasado que vuelve con sus contradicciones convertido en arma electoral quita tiempo y energía para resolver los urgentes problemas del presente.
Lo más importante de debates como el que hoy veremos es cómo llega a la audiencia un intercambio tan peculiar entre dos adversarios, cuya máxima obsesión es imponerse sobre el otro. En nosotros –los que estamos del otro lado del vidrio– también cuentan, y mucho, el factor psicológico y los prejuicios previos, a favor o en contra, con que nos asomamos al evento.
A quienes votaron con convicción en la primera vuelta tanto a Massa como a Milei es casi imposible que el debate los impulse a cruzar de vereda. Hay, en esos casos, un sesgo de confirmación que funciona como eficaz escudo. Pero ¿qué pasa con quienes eligieron candidatos que ya no están y ahora se ven en la incomodísima situación de tener que optar entre dos personas que no votaron, hacerlo en blanco o abstenerse?
Dados los perfiles polémicos, por distintas razones, de Massa y Milei, es probable que, obligados a optar, muchos se vean más tentados de votar “en contra de” que “a favor de”. Pero tanto aquellos que vean este nuevo debate sin preconceptos como los que no votaron ni en las PASO ni en la primera vuelta y los indecisos tal vez estén más predispuestos a dejarse influir por lo que perciban del cruce de ambos candidatos y voten en consecuencia. Todo suma... o resta, y puede ser determinante en una elección definitiva como esta, que, según la mayoría de los encuestadores (pifies aparte), viene muy pareja.
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domingo, 1 de octubre de 2023
EL MEDIO ES EL MENSAJE
Temporada de debates en tiempos de grieta
por Pablo Sirvén
Hoy confrontarán los candidatos presidenciales, desde Santiago del Estero, y el domingo próximo, lo harán en la Facultad de Derecho de Buenos Aires. Ambas actividades representan los puntos más altos de la temporada de debates, iniciada en TN con quienes pretenden suceder a Cristina Kirchner en la vicepresidencia; que prosiguió el miércoles, desde el Canal de la Ciudad, con los aspirantes a ocupar el cargo de Horacio Rodríguez Larreta, y anteayer, con el encuentro entre quienes encabezan las listas de diputados para la Legislatura porteña. Quedan pendientes, desde mañana hasta el viernes, las discusiones entre los miembros de las 15 juntas comunales porteñas, a razón de tres comunas por día.
Con todo este movimiento se recupera, momentáneamente, algo esencial que los programas políticos de la TV abandonaron ya hace muchos años: el intercambio de opiniones contrastantes. Bienvenido, aunque sea fugaz, este repentino auge de enfrentar personalidades, ideologías y propuestas en un mismo tiempo y lugar.
Una pena que no sea lo habitual.
Sucede desde hace tiempo algo muy peculiar: por un lado, el sobredimensionamiento del espectro de señales de noticias y, por el otro, la obsesión por un monotema: el acontecer político, con marcada fijación hacia los escándalos, los hechos de corrupción y las declaraciones altisonantes. Pero la mayor rareza, que hemos terminado por naturalizar, es que los representantes de ideologías antagónicas raramente se cruzan. Prefieren repartirse por distintas emisoras que les garanticen que no serán atacados y que conversarán con comunicadores con los que tienen cierta afinidad y no los pondrán en apuros.
Desde la irrupción de las redes sociales en este siglo XXI, el público también se muestra reticente a prestar atención a aquellas pantallas que no avalan su propio sesgo confirmatorio y evitan exponerse a entrevistados y opiniones que puedan incomodarlos. Una anomalía más: en vez de actuar como sobrio mediador que facilite los consensos entre las distintas dirigencias, el periodista televisivo característico de este tiempo suele presentarse como un predicador poco equidistante o, peor aún, como un agitador que tira más nafta al fuego.
Tras el conflicto con el campo, en 2008, el kirchnerismo impartió la orden de boicotear a TN y les prohibió a sus dirigentes pisar sus estudios. A partir de ese momento, lentamente, los representantes de ideologías antagónicas se fueron encolumnando, sin mezclarse, en distintas señales. Eso empobreció el debate público, los eslóganes suplantaron las argumentaciones y la falta de ejercicio, cara a cara, del disenso volvió a la dirigencia cada vez más intolerante, porque a la distancia cualquiera es guapo.
En el pasado remoto, cuando la TV abierta reinaba en soledad había mayor diversidad temática que ahora. Con frecuencia, en los programas políticos compartían una misma mesa dirigentes con posiciones divergentes. En espacios como Derecho a réplica, Las dos campanas, Tiempo nuevo y Hora clave era moneda corriente la confrontación entre representantes de ideas contrapuestas. Desde luego que no faltaban momentos de gran fogosidad, pero las formalidades y las normas de convivencia prevalecían y algo finalmente se sacaba en limpio.
Pero cuando la chicana, la denuncia, la difamación y la interrupción constante ocupan todo el escenario, la conversación se vuelve nula. Se deja de lado la búsqueda de consensos y, en su lugar, solo se procura fogonear las discusiones y el desencuentro. Así se cierran las puertas de cualquier diálogo posible, que es la mejor forma para no encontrarles nunca ninguna solución a los problemas. Todo se limita a un agotador sinfín de reproches sin remate.
Los debates presidenciales –que arrancan en 1960 en los Estados Unidos– procuran neutralizar especialmente ese tipo de excesos y repartir el tiempo entre los candidatos en forma salomónica. Los periodistas que coordinan estos encuentros deben ser escuetos y meros custodios de que las reglas se cumplan.
Producto de la profundidad de la grieta que divide a la clase política y a la sociedad, más que las propuestas propiamente dichas, en los debates campean los golpes por debajo de la cintura. Sería un milagro que no se repitan esta noche.
Los debates no modifican a aquellos que ya tienen una posición tomada, pero sí pueden influir particularmente sobre los indecisos. Son dispositivos que apuntan a la emoción más que a la razón.
Para la audiencia, es el mejor momento para medir qué tan cuerdos son los candidatos. Nos toca a los televidentes evaluar sus aptitudes, ver cómo nos caen y si nos resultan creíbles. Si saben controlarse y presentan planes concretos, no vaguedades. Cualquier paso en falso puede significar una sangría de votos.
Hoy confrontarán los candidatos presidenciales en una TV en la que los políticos suelen segmentarse por canales
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lunes, 7 de agosto de 2023
EL MEDIO ES EL MENSAJE
Cruzada del Norte Grande contra la prensa
por Pablo Sirvén
Si las urnas del conurbano bonaerense han resultado cruciales para los distintos triunfos electorales del peronismo, el Norte Grande, si bien mucho menos significativo en cantidad de votos, en cambio formatea la doctrina justicialista con ideas rancias, feudales y siempre refractarias a la libertad de expresión.
¿Qué es el Norte Grande? Es la liga que armaron los diez gobernadores de las provincias del noroeste y nordeste argentinos. Cubren el 30,6% de la superficie de la Argentina y representan el 21,8% de la población del país. Gran parte de esos territorios están sumidos en el atraso y sufren una pobreza ancestral. No es casual que en uno de esos distritos haya un caudillo vitalicio, como Gildo Insfrán, que gobierna Formosa sin interrupciones desde hace 28 años. O gobernadores como el de Chaco, Jorge Capitanich, al que últimamente le estallaron a su alrededor graves delitos de socios políticos, como Emerenciano Sena y Marcela Acuña, implicados en el crimen de Cecilia Strzyzowski, y Osmar Quintín Gómez, acusado de violación. Para qué hablar de las dinastías Juárez-zamora, que hacen perdurar en Santiago del Estero desde hace décadas rígidos regímenes cerrados que no depararan prosperidad alguna a sus habitantes, o los apellidos fuertes de Alperovich y Manzur, que se suceden en Tucumán, y a los que habría que endosarles la evidente falta de desarrollo de esa provincia.
Integrantes también del Norte Grande son La Rioja y Salta, sobre las que la Sociedad Interamericana de Prensa acaba de poner su lupa por sendos alarmantes intentos de esmerilar al periodismo.
Ricardo Quintela, gobernador riojano reelegido en mayo último, viene aumentando desde hace tiempo su perfil mediático con declaraciones altisonantes y polémicas. Pero lo más preocupante es que de los dichos ha pasado a la acción. En abril del año pasado dio a conocer sus intenciones de bloquear a los medios que “difunden información podrida”. Y en noviembre de 2022 lo concretó por unas horas con las señales de LN+ y la riojana Fénix. “Tenemos que tener la capacidad de bloquear a aquellos que nos brindan una información que nosotros no podemos comprobar”, argumentó Quintela, sin eufemismos.
“En Salta –se preocupó públicamente la SIP–, un proyecto de ley con media sanción en la Cámara de Diputados castiga con arresto y/o multas a ‘quien difundiere noticias falsas’ en el espectro digital”. El artículo 50 del texto propuesto autoriza castigos para quien “cree noticias falsas, infunda pánico, desacredite personas o autoridades provinciales”. En mayo último también resultó reelegido en Salta el gobernador Gustavo Sáenz, quien fuera candidato a vicepresidente en la fórmula encabezada por Sergio Massa, en 2015. Sáenz asegura que vetará la ley si el Senado provincial la aprueba, pero son sus representantes legislativos quienes llevan adelante la polémica iniciativa. ¿Cómo se entiende?
“Nos descalifican permanentemente desde los mullidos sillones de la Capital Federal”, arremete el gobernador riojano, plegándose a la moda de pegarle a todo lo que huela a CABA, que encabeza Insfrán (“Los porteños son unos reverendos hijos de su madre”, sentenció hace un tiempo). Se acaba de incorporar al selecto staff antiporteño el flamante gobernador electo de Córdoba, Martín Llaryora, con su “hit” de los “pituquitos de Recoleta”.
Tanta ofuscación por la principal ciudad del país se debe a que la mayoría de sus habitantes son refractarios al voto peronista y porque quien ahora la comanda, Horacio Rodríguez Larreta, es uno de los firmes candidatos de Juntos por el Cambio a convertirse en el próximo presidente de los argentinos.
La ofensiva riojana contra la prensa resulta más peligrosa que la salteña porque quiere introducir las restricciones directamente en la carta magna provincial, actualmente en pleno proceso de reforma. En Salta es un proyecto de ley que todavía no alcanzó ni siquiera su sanción definitiva. “Los Estados locales –se lee en el sitio oficial riojano en la Web– pueden servir como laboratorio para profundizar experimentos sociales, económicos y de diversa índole, sin riesgos ni perjuicios para el resto del país.”
Se agradece tanta sinceridad: aquí Quintela y su gente nos cuentan que ellos son el “laboratorio” anticipado de lo que después puede extenderse a otras provincias e, incluso, al plano nacional (¿o, acaso, Santa Cruz no “exportó” exitosamente a la Nación el sistema kirchnerista?).
Sergio Massa repite pasos ya dados por Alberto Fernández: se mostró áspero con la prensa cordobesa y hace unos días estuvo de gira proselitista por San Juan, La Rioja y Salta (Chaco quedará para después de las PASO). El Norte Grande apoya, pero también condiciona e impregna al candidato oficialista con sus viejas mañas.
Salta y, especialmente, La Rioja amenazan la libertad de expresión; Massa, de gira, confraternizó con sus gobernantes
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lunes, 31 de julio de 2023
EL MEDIO ES EL MENSAJE
Vigil, intérprete de un país complejo
Murió mientras volaba a Miami Constancio Vigil, un editor exitoso que debió lidiar con sus propias luces y sombras
Pablo Sirvén
Murió volando hacia Miami. Las azafatas no pudieron despertarlo. Constancio Vigil tenía 86 años, pero mantenía un espíritu jovial y andariego. Se había instalado hace unos años en Punta del Este con su esposa y sus dos hijos más pequeños, nacidos por subrogación de vientre. Se entrenaba en su casa y jugaba al golf.
Aunque estaba retirado –solo conservaba su revista La Chacra, en versión digital–, seguía muy informado, leyendo todo y en contacto permanente con integrantes del círculo rojo, de uno y otro lado del Río de la Plata, que cruzaba cada vez menos, acaso solo para aprovechar, a veces, su abono en el Teatro Colón.
Quiso asistir al debut de Lionel Messi, en el Inter de Miami. Como no había podido, partió de Montevideo este viernes, pero no llegó vivo a destino.
Afable, polémico, conversador, Constancio llevaba el mismo nombre de su abuelo uruguayo, fundador de la Editorial Atlántida, que durante el siglo XX alcanzó el liderazgo absoluto con publicaciones semanales tan exitosas y variadas como Billiken (revista para chicos), Para Ti (de interés femenino), El Gráfico (deportiva), Gente (actualidad) y La Chacra (temas agropecuarios), solo para mencionar sus títulos más célebres, que trascendían las fronteras y que, inclusive, eran muy apreciados en otros países.
El grupo periodístico perdió potencia con el gerenciamiento de quienes tomaron la posta del fundador y marchaba en cuarto lugar tras las editoriales Julio Korn, Abril y Codex.
El Vigil que acaba de fallecer integró la tercera generación que se hizo cargo de Atlántida, y que fue responsable de la expansión, modernización y masividad de sus contenidos. La sangre nueva, encarnada en cuatro primos hermanos –Constancio y Aníbal Vigil, Alfredo Vercelli y Jorge Terra–funcionando muy coordinados en bloque llevaron a la empresa a su máximo esplendor. “Aníbal era el líder y el segundo era yo”, reconoció Constancio en una entrevista que le hice a principios de este año.
Atlántida fue entonces un reflejo colorido y ameno de los gustos, deseos y caprichos de esa robusta clase media urbana que hasta mediados de los años 70 del siglo pasado supo engrosar la Argentina. Las chicas de tapa, de Gente; los récords de venta en los mundiales de El Gráfico; los moldes y recetas de Para Ti; los troquelados para armar de Billiken, de una u otra manera, la familia en pleno era impactada por los productos de esa editorial, ya como fieles lectores o curioseando de ojito en los kioscos sus llamativas publicaciones. En perfecta simbiosis, Atlántida se nutría de los látidos más frívolos y exitistas de su amplio público y también lo moldeaba con sus miradas maniqueas de ver el país y el mundo; las enormes fotos a doble página; sus títulos juguetones en tipografías destacadas que imponían modas y novedosos giros en el lenguaje cotidiano que hasta anticipaban ciertas dinámicas que hoy tienen las redes sociales.
La influencia social de Atlántida creció más aún cuando, asociados con Goar Mestre, Constancio también tomó el timón de Canal 13 y sus nuevos bríos permitieron que la emisora de Constitución recuperara su delantera, perdida a manos de Teleonce, entonces comandado por otro zar de las comunicaciones, como Héctor Ricardo García.
Faltaba poco para que comenzara a pronunciarse un declive en varios campos. En su tercer turno en el poder, entre 1973 y 1976, el peronismo estatizó los canales de TV y Vigil puso distancia con Canal 13 y se replegó a Atlántida, por temor a que el despojo pudiera extenderse a su editorial. El golpe de estado aceleró un deterioro que dejó sus marcas en la historia de la compañía: la editorial se volvió hiperoficialista, se entusiasmó con algunas campañas de la dictadura y fue funcional al triunfalismo militar por el Mundial 78. En la entrevista citada, Vigil reconoció que se jugaron demasiado por los uniformados: “Nos dimos cuenta tarde”, dijo.
Con la democracia recuperada, Atlántida vivió otro período de euforia acrítica con el menemismo. Las transformaciones en las costumbres y en la sociedad de consumo, los viajes y la convertibilidad eran materias gozosas que Atlántida plasmaba con alegría en sus publicaciones. Constancio se volvió un estrecho amigo del presidente Carlos Menem. Eso no lo salvó de ser procesado cuando estalló el escándalo por la importación de autos de alta gama que eximía de impuestos a los discapacitados. Por entonces volvió a la TV por la puerta grande: Telefé, también puso un pie en Radio Continental y se asoció con Telefónica y Citicorp. La defensa editorial a ultranza de la gestión de Menem generó un cisma que provocó la salida de uno de los accionistas principales de la empresa.
Con sus más y con sus menos, Vigil deja una huella indeleble en la historia del periodismo revistero y televisivo argentino.
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lunes, 17 de julio de 2023
EL MEDIO ES EL MENSAJE
Massa juega con fuego al hablar de Montoneros
— por Pablo Sirvén
Tuvo un tufillo retro de la peor calaña y fue en dos tiempos. En el primero, Sergio Massa “denunció” a Patricia Bullrich, entre otras cosas, por haber sido montonera; en el segundo, hubo una pegatina anónima callejera en la que se la mencionaba por su supuesto nombre de combate. Culpar a alguien de “subversivo” y, a continuación, escracharlo con brulotes pergeñados en catacumbas de los servicios de inteligencia es algo que no se veía desde hacía varias décadas.
Los tres candidatos presidenciales principales para las elecciones de 2015 –Mauricio Macri, Daniel Scioli y Sergio Massa– se mostraron entonces poco interesados en tomar la bandera de los derechos humanos, tal como la agita el kirchnerismo. Hoy los dos primeros están fuera de la carrera electoral, pero el tercero es el actual ministro de Economía y candidato “de la unidad” (perdón, Grabois) del ex Frente de Todos. Massa juega con fuego al meterse en ese terreno minado de la interna oficialista.
Como ya transitamos plenamente la temporada de ingesta de voluminosos sapos en silencio, resulta muy difícil desentrañar qué sienten en su fuero íntimo dirigentes del gobierno, como Wado de Pedro, hijo de montoneros desaparecidos y hoy jefe de campaña del mal llamado “tigrense” (Massa nació en San Martín) después de que el ministro del Interior fuera bajado de un hondazo tras 24 horas de creer, y hacer creer, que él iba a ser el candidato de la “generación diezmada” (¿la de Montoneros, que mancilla Massa para provocar a Bullrich?). De Pedro tiene un lugar relevante en el spot inicial de campaña y se abraza con Massa en la Fiesta del Poncho, en Catamarca. Todo vale con tal de ganar.
¿Qué habrá pensado Fernanda Raverta, la titular de la Anses, que debe su existencia a otra pareja de montoneros, cuando Massa también la abrazó fuerte frente a las cámaras durante el anuncio oficial/acto de campaña de generosas líneas de crédito para los jubilados?
Aducir que Patricia Bullrich fue montonera (ella solo reconoce haber sido miembro de la Juventud Peronista, brazo legal de aquella organización armada) es un disparo certero al corazón ideológico del kirchnerismo.
¿Es bueno o es malo para Massa que su competidora en las urnas haya sido montonera? Para la versión santacruceña del peronismo, la matanza castrense fue contra jóvenes idealistas que pretendían un país mejor. No existieron para ellos –al menos no hablan nunca de eso–, terroristas que secuestraron, pusieron bombas, torturaron y asesinaron no solo a militares y personal de seguridad, sino también a soldados, civiles sin compromiso político y hasta menores de edad.
Para que lo entiendan las nuevas generaciones: aquí hubo, en los 70, grupos armados mesiánicos, al estilo de Estado Islámico o Al-qaeda, que mataban sin piedad alguna. Nada justifica, desde luego, que el Estado organizara después un exterminio clandestino de esas fuerzas anómalas (aduciendo un decreto del gobierno peronista derrocado en 1976) y de muchos más que no tuvieron nada que ver o que solo adherían de palabra.
La elasticidad para unir tan contrastadas incompatibilidades ideológicas¿ es una característica novedosa del peronismo actual o siempre fue así? ¿Acaso Juan Perón desde el exilio no fogoneó las “formaciones especiales” y cuando volvió al poder los echó de la Plaza de Mayo y le dio luz verde a José López Rega para poner en caja a los “imberbes”?
El jueves por la noche, entrevistado por Radio Mitre, Carlos Corach, el poderoso ministro del Interior del dos veces presidente Carlos Menem (que indultó tanto a represores como a jefes guerrilleros), pareció tener explicaciones para entender tan marcadas ambivalencias.
De Sergio Massa( luego de a firmar que le parecía el mejor candidato para este momento) Corach opinó, con gran diplomacia, que era devoto de los “relatos circunstanciales”. Del peronismo en general ponderó su pragmatismo para adaptarse a lo que pide cada época, con tal de conseguir o conservar el poder.
Cuando hace un par de semanas hubo un acto en Aeroparque presidido por Cristina Kirchner y Massa, con la excusa de la recuperación de uno de los aviones usados en los llamados “vuelos de la muerte”, pareció que la vicepresidenta quería familiarizar al candidato con la causa de los derechos humanos, de la que siempre se lo vio tan ajeno. Si esa fue la intención original, muy rápido CFK se desvío de ese objetivo y lo convirtió en un mero acto proselitista en el que la nave de tan trágica historia ofició de inútil decorado.
El argumento de Corach explica el sinsentido: para el kirchnerismo también los derechos humanos resultarían un “relato circunstancial”, como la historia demuestra que antes de 2003 no fue un tema de interés para los que arribaron a la Casa Rosada sin escala desde Río Gallegos.
Por atacar a Patricia Bullrich, el candidato oficialista genera incomodidades en la interna de Unión por la Patria
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lunes, 10 de julio de 2023
EL MEDIO ES EL MENSAJE
TV oficial: picante con la oposición; mansa con los suyos
— por Pablo Sirvén
Anteayer temprano los dos títulos principales en el portal de la TV Pública eran: “El Gobierno y la UTA responsabilizan a los empresarios por el paro de colectivos” y “La ONU condenó la violencia de Israel contra civiles palestinos en Cisjordania”.
Títulos con leves sesgos; en el local, la culpabilidad se hace recaer no tan subliminalmente sobre la palabra “empresarios”, y en el plano internacional, el foco acusatorio está puesto sobre la palabra “Israel”.
De estas y otras sutilezas no tan leves está repleto el sitio del canal decano y mucho más su programación. Muy picante con los no oficialistas y extremadamente comprensivo con los propios, más allá de algunos programas valorables.
Pero también saben ser más explícitos, y hasta pasarse, como sucedió el último martes cuando titularon: “Los une la represión: Bullrich y Larreta endurecen sus discursos de cara a las PASO”.
La Fundación LED condenó que la TV Pública acusara, “en términos agraviantes”, a los precandidatos a presidente de Juntos por el Cambio de “actitudes xenófobas y racistas”.
También surgieron protestas desde el Congreso y la presión crítica hizo que el medio estatal volviera sobre sus pasos y retitulara la noticia de manera más recatada.
Muchos podrán preguntarse: ¿no puede la TV Pública expresarse con el mismo voltaje que desde distintas posiciones ideológicas lo hacen las señales de noticias?
La respuesta categórica es: no debería hacerlo (aunque algunos conductores y panelistas de la emisora estatal reflexionan en voz alta con actitud militante).
¿Por qué aquellos medios sí están en su derecho de cargar las tintas a favor o en contra del oficialismo, incluso apelando a expresiones discutibles, y la TV Pública, en cambio, no debería hacerlo?
Habrá que explicarlo hasta el cansancio si es necesario: aquellas son empresas particulares; la TV Pública, como su nombre lo indica, es del Estado. ¿Y a qué remite la palabra “Estado”? A tres cosas íntimamente relacionadas: 1) comunidad, 2) territorio y 3) gobierno. Ergo, cualquier medio público debe representar a sus mandantes que lo sustentan por medio de los impuestos, es decir, a toda la ciudadanía, sin exclusiones.
En cambio, un medio privado responde a la línea editorial fijada por sus dueños y avalada por su propia audiencia, que la consume por propia voluntad, que no es toda la sociedad, sino solo una parte de ella.
El público, en su conjunto, tiene distintas posiciones ideológicas y, por eso mismo, los medios públicos deben ser más ecuménicos y cautelosos en sus comunicaciones. No deben violentar ni a las mayorías ni a las minorías. Según los resultados de las últimas elecciones legislativas, en 2021, la mayoría no votó al oficialismo y no por eso los medios públicos tendrían que embestir contra el Gobierno. Tampoco deberían hostigar a la principal fuerza de la oposición que cuenta con tan contundente respaldo de las urnas.
Otro concepto que nunca termina de quedar claro: “medio público” no es lo mismo que “medio gubernamental”, aunque en nuestro país ambos significados se entremezclan promiscuamente. Si cada gestión que asume elige solo responsables de programación, conductores y productores extremadamente afines a su línea política, es más difícil poner en marcha ese ideal de señales estatales equidistantes y sobrias.
En su plataforma preelectoral, Raúl Alfonsín había consignado la intención de crear un ente de medios públicos, no gubernamentales, pero nunca se formalizó tan imprescindible iniciativa. Sin embargo, tanto en la primera administración de la democracia recuperada (1983-89) como en los gobiernos de la Alianza (1999-2001) y de Cambiemos (2015-19) se hicieron observables esfuerzos, si bien no suficientes, para que los medios públicos no lucieran tan panfletarios. Pero tampoco era ideal que eso solo dependiera de la buena voluntad de los funcionarios de turno, como si se tratara de gestos magnánimos por parte de ellos. Falta un estatuto claro sobre tratamiento de contenidos en medios públicos.
Por contraste, las tres administraciones peronistas (1989-99, 2003-15 y la que está en curso desde el 10/12/19) cometieron todo tipo de tropelías en el manejo de las comunicaciones estatales, a las cuales les han insuflado, sin culpa alguna, sus propias improntas ideológicas, en no pocos tramos, incluso con grosero fervor partidario.
No es casual que el canal oficial haya premiado a Marcelo Figueras, maestro de ceremonias fijo de las múltiples presentaciones de Sinceramente, el libro autocelebratorio de Cristina Kirchner, con la conducción del ciclo 40 años de democracia. En un rasgo de brutal franqueza, el director de Radio Provincia y codirector de El cohete a la luna dijo al aire que dicho programa consiste en un ejercicio de memoria “tuneado”. No hacía falta aclararlo
Una nueva polémica por un título hostil de la TV Pública contra dirigentes opositores reactiva un tema que sigue pendiente
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lunes, 3 de julio de 2023
EL MEDIO ES EL MENSAJE
Tensión kirchnerista, entre sapos y fulleros
— por Fernando Laborda
Quizás el dato más novedoso de las próximas elecciones es que habrá un candidato presidencial que no solo ocupa el Ministerio de Economía, sino que hará campaña desde el propio Palacio de Hacienda, tratando de sacarle el jugo a su hiperactividad y de vendernos como éxitos lo que la mayoría de los argentinos juzga hoy como un gran fracaso. Audaz como pocos, Sergio Massa desarrollará su acción proselitista montado sobre una curiosa paradoja: pese a que, en los diez meses que lleva como ministro, la inflación interanual creció del 78% al 114% y sumamos 3.400.000 nuevos pobres, pretende convencernos de que solo él puede desempeñar hoy el rol de garante de la estabilidad y de que la economía no termine de estallar.
Tanto dirigentes como comunicadores afines al kirchnerismo más puro se vienen preguntando cómo “militar la campaña” de alguien en quien no confían y a quien consideran un exponente de la “nueva derecha”. Todos ellos ven a Massa como un potencial traidor que, de arribar a la Casa Rosada, no dudará en clavarle un puñal a Cristina Kirchner en la primera de cambio.
La frase “hay que tragarse el sapo” estuvo en auge en todos los despachos oficiales y en los bares donde se suele congregar la militancia kirchnerista. Se trata de una expresión popular que da cuenta de una circunstancia o acción desagradable, que provoca fastidio y rabia, pero ante la cual no queda otra alternativa que aceptarla. ¿Por qué se hace referencia a un anfibio y no a otra cosa u otro animal? Probablemente porque, durante la Edad Media, se extendió una visión que asociaba al sapo con las brujas y, al igual que la culebra, era considerado la representación animal del demonio. Tragarse un sapo significaba que Lucifer se introducía en nuestro cuerpo.
Claro que, siguiendo esa tradición, también existió la creencia de que si se besaba al sapo, se rompería el conjuro y este se convertiría en príncipe. Tal vez el lunes último, durante el acto realizado en la Aeroestación Militar Aeroparque, que encabezaron Massa y Cristina Kirchner, el flamante postulante presidencial de Unión por la Patria esperaba que la vicepresidenta lo besara para convertirlo en príncipe. Pero no fue así: la expresidenta lo ninguneó y hasta lo llamó “fullero”, término que hace referencia a quien comete trampa o engaño en el juego. Un adjetivo más duro que el apodo de “Ventajita” con el que tiempo atrás Mauricio Macri bautizó a Massa. Hay quienes quieren creer que Cristina no quiso, en realidad, decir “fullero”, sino “timbero”, ya que aludió a la afición del ministro por realizar permanentemente apuestas. Pero ni la propia vicepresidenta ni nadie de su entorno se preocuparon por aclararlo específicamente. Y si nada hay que rectificar, habrá que atenerse entonces al diccionario de la Real Academia Española.
Es probable, después de todo, que a Massa no le haya causado demasiado malestar el calificativo de fullero que le dirigió la expresidenta. No pocos dirigentes argentinos tomarían como un halago que se destaquen sus habilidades para sacar ventajas políticas a través de engaños o ardides. En la política vernácula, se asocia esa astucia con muñeca política.
Mucho más le habrá molestado a Massa el hecho de que la vicepresidenta pretendiera marcarle la cancha en materia económica. Aunque el candidato acusó el golpe y, en sus primeros mensajes de campaña, no hizo más que hablar a favor de la necesaria recuperación del salario y de la distribución del ingreso, y en contra de cualquier ajuste.
Aun así, las señales de desconfianza hacia su figura se hicieron sentir desde Dady Brieva hasta Víctor Hugo Morales, al tiempo que la positiva reacción de los mercados fue tomada en distintos círculos kirchneristas como el mejor indicador de que la elección de Massa no había sido la mejor decisión.
Nadie resiste los archivos cuando se trata de videos que nos muestran a Massa prometiendo “barrer a los ñoquis de La Cámpora”; a Cristina sugiriendo vinculaciones del exintendente de Tigre con redes del narcotráfico; a Jorge Taiana diciendo, en 2014, que “Massa no puede venir a hablarnos de inseguridad cuando tiene escondidos a los narcos en Nordelta”, o a Agustín Rossi expresando ocho años atrás que su actual compañero de fórmula encarnaba “la peor derecha” junto a Macri.
Pero la prescripción de agravios parece hoy un hecho y halla fundamentos en el mensaje que Juan Domingo Perón transmitió a miembros de la JP el 8 de septiembre de 1973: “En política todos tienen que tragar un poco el sapo, pero yo más. (...) La misión mía es la de aglutinar al mayor número, porque la política tiene una técnica, acumular la mayor cantidad de gente proclive o pensante hacia la finalidad y los objetivos que nosotros perseguimos.(...) Porque si quiero llevar solo los buenos, voy a quedar con muy poquitos, y en política, con muy poquitos no se puede hacer mucho”.
Las señales de desconfianza hacia Massa se hicieron sentir desde Dady Brieva hasta Víctor Hugo Morales
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lunes, 26 de junio de 2023
EL MEDIO ES EL MENSAJE
El riesgo de la implosión por material fatigado
— por Pablo Sirvén
Hasta el viernes, a las 11 de la mañana, 3.200.000 visualizaciones y 35.000 “me gusta” había obtenido el video de lanzamiento de Wado de Pedro como precandidato presidencial de Unión por la Patria. Los pibes (ya crecidos) para la liberación celebraban.
El ministro del Interior en desuso (fue irrelevante su papel durante las graves crisis consecutivas e irresueltas de Chaco y Jujuy, en las que solo talló como “opinator”) recibió el golpe letal a su sueño de poder por una imprevista y poderosa conjunción de factores: “Ventajita” Sergio Massa, que ahora ocupa su lugar; la rebelión de los gobernadores y el presidente de bajo perfil, pero de intensa rosca, Alberto Fernández, esta vez nada prescindente, que se vengó así de los sucesivos desplantes del embajador de Cristina Kirchner en su gabinete desde aquel levantamiento abortado que encabezó tras la derrota electoral de 2021.
Los pibes (ya crecidos) para la liberación quedaron desolados. El casting de candidatos presidenciales del movimiento nacional y popular no los toma en cuenta y –para decirlo en su propia jerga– no los enagusta”, mora (Scioli, en 2015; Fernández, en 2019, y en 2023 se viene Massa). En esta ocasión, el desaire se sufre más por el hondazo humillante y por la espalda al cumpa De Pedro. Con la ferocidad humorística e incorrecta tan usual en las redes sociales, entre otros memes, se viralizaba la frase: “Cambio de menú: sale tarta, entra panqueque”. Ahora el representante oficial de la “generación diezmada” encabeza cómodamente el ranking en la galería de efímeros “próceres” del peronismo, con sus escasas 24 horas como precandidato, suficientes para arrancarle el primer puesto que ostentaba Adolfo Rodríguez Saá, con su semanita en el poder, y que desplaza al tercer lugar al odontólogo de San Andrés de Giles, cuyo apellido engalana la agrupación a la que pertenece WDP, y que gobernó 49 días entre mayo y julio de 1973.
Un auténtico capo (solo) de la virtualidad don Wado: “Instagram: 900.000 reproducciones. En total les llegó a 700.000 usuarios. Tiktok: 65.000 reproducciones, 10.000 me se ufanaba anteayer a la mañana el vocero depedrista Gustavo Fernández Russo (miembro destacado del staff cristinista de comunicación en sus tiempos de presidenta). Cuando se empezaba a extrañar su metralla agotadora por Whatsapp de gacetillas, fotitos y videos con actos, chistecitos y menudencias de su jefe, llegaron las gracias de Wado a los que “se atrevieron a soñar” (un homenaje involuntario a Berugo Carámbula).
Era difícil imaginar una humillación peor que la que sufrió Felipe Solá, bajado de su cargo de canciller en pleno viaje diplomático, pero sucedió: Silvina Batakis fue eyectada de su puesto de ministra de Economía volviendo de una visita al FMI, tras 24 agitados días de gestión. Ahora De Pedro los supera con apenas 24 horas como precandidato presidencial. La política es cruel, pero el peronismo se lleva la copa en materia de serruchadas, traiciones y desplantes.
Se confirma, una vez más, que en el PJ no funciona el poder delegado. Al propio fundador del peronismo no le anduvo ese artificio con Héctor Cámpora; tampoco a Cristina Kirchner con Alberto Fernández. ¿Por qué habría de funcionar De Pedro, si finalmente se convertía en presidente y seguía dependiendo del humor y los caprichos de la actual vice?
Tampoco se siente cómodo el justicialismo con un estado deliberativo permanente. Es un “movimiento” (no partido; así lo concibió su jefe) que, como nunca se institucionalizó, requiere de una (1) sola cabeza autocrática que sepa manejar sus riendas con pulso férreo y vertical, con todos losdemásdetrásencolumnadosysin chistar. Es lo que sucedió con Perón, Menem y Cristina Kirchner (los tres reelegidos, y el fundador, incluso, accedió a una tercera efímera presidencia que su muerte tronchó).
Tal como Titán, el sumergible que implosionó en las profundidades del océano Atlántico cuando se dirigía a visitar las ruinas del Titanic, el material del que está hecho el peronismo luce fatigado. Ya son 78 años de uso y abuso (40 de ellos en la cúspide del poder) sin actualizaciones considerables. Por el contrario: ha acentuado sus rancias anomalías. Su dinamismo se resiente cada vez más, a tal punto que empieza a cuestionar sin eufemismos el sistema democrático si este no le garantiza ganar (sobran las declaraciones en tal sentido en los últimos meses y, particularmente, en la última semana, en la que Jujuy funcionó como un “laboratorio” de lo que puede llegar a pasar a partir de diciembre si triunfa, como todo parece indicar, la oposición). El riesgo de un evento catastrófico sigue latente.
“Soy el plomero del Titanic”, dijo Sergio Massa a fines del año pasado. Nada más inútil que un plomero en medio de un naufragio
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lunes, 19 de junio de 2023
EL MEDIO ES EL MENSAJE
Los feudos no solo corrompen, sino que también matan
— por Pablo Sirvén
Karl Marx, en una reiterada cita, opina que ciertos acontecimientos primero suceden como tragedia y después se repiten como farsa. Algo así sucede con la sigla UP, contra la que Juan Domingo Perón solía despotricar porque escondía el nombre de una poderosa agencia de noticias, la United Press International. Es que dicha empresa periodística multinacional formaba parte esencial de lo que el líder justicialista identificaba con “consorcios y cadenas de diarios” enemigos, “verdaderas centrales de información” complotadas contra gobiernos populares.
Ahora UP es Unión por la Patria, el desgajamiento del Frente de Todos, imprescindible para desprenderse del lastre que significa para el kirchnerismo puro el presidente Alberto Fernández, quien, sin embargo, con sus permanentes molestias de baja intensidad, se apuró en autopercibirse, no obstante, como cofundador del flamante espacio del sector dominante del oficialismo junto con Cristina Kirchner, si bien es público y notorio que alienta la lista disidente que encabeza Daniel Scioli.
“Unión por la Patria” es un nombre que también trae reminiscencias antagónicas, por un lado del guerrillero Enrique Gorriarán Merlo (por su Movimiento Todos por la Patria) y por el otro, del carapintada Aldo Rico (y todas sus consignas patrioteras en distintas etapas de su vida, incluso cuando fue aliado del duhaldismo, como intendente de San Miguel, o como ministro de seguridad del gobernador bonaerense y justicialista Carlos Ruckauf). Ambas vertientes, aunque aparentemente distantes, tienen el denominador común de sus posturas militaristas, otra coincidencia con el fundador del PJ, primero coronel y después general de la Nación. “Todo tiene que ver con todo”, no se cansa de repetir Cristina Kirchner. Sus incondicionales seguidores también tienen una idea fija: “militar” lo que la jefa mande. “Cuando uno tiene la responsabilidad de gobernar, debe tratar de que haya la menor conflictividad posible”, dijo el viernes, como si ella en sus períodos presidenciales, y en el actual como vice, fuera un dechado de amor y paz hacia propios y ajenos.
Se le atribuye a Mark Twain la frase “la historia no se repite, pero rima”. Otra cita que adquiere pavorosa actualidad ante el horrendo crimen de Cecilia Strzyzowski, en Chaco, que por sus implicancias políticas –los principales acusados figuran en la boleta del oficialismo de esa provincia– teñirá los resultados de los comicios que se llevarán a cabo hoy en ese distrito.
Llama la atención que ciertos programas de C5N, en horario central, no toquen el tema o limiten la cobertura solo a aspectos policiales y judiciales, sin mayores menciones políticas. El activo Twitter de Cynthia García, conductora de un programa diario en la AM 750 y panelista de Duro de domar, registra en los últimos días infinidad de mensajes sobre Jujuy, pero ni uno solo sobre el caso que tiene en vilo al país.
El cruel asesinato de Cecilia “rima”, entre otros, con el de María Soledad Morales, en Catamarca (1990); con los de Leyla Nazar y Patricia Villalba, en Santiago del Estero (2003) y con el de Paulina Lebbos, en Tucumán (2006). Hay un patrón que se repite: quien se eterniza en el poder no solo corrompe y se corrompe, sino que se termina adueñando de todo, incluso de las vidas. Impera la ley de la selva, donde queda naturalizado que el depredador (amo y señor de la comarca) tiene el derecho de cosificar a las personas, tomarlas como presas y hacer con ellas lo que se le ocurra, hasta matarlas y pretender, no obstante, regodearse en su impunidad y que todo siga igual.
Este nuevo crimen debe alentar a la Corte Suprema de Justicia a ahondar el camino que inició al revisar los procesos eleccionarios de San Juan y Tucumán con el fin de cortar los intentos de continuismo en el poder, pero que con Formosa (el caso más flagrante ya que Gildo Insfrán manda, primero como vicegobernador, desde 1987) parece flaquear.
Poder que se perpetúa no solo se vuelve mortífero, tarde o temprano, sino que termina distorsionando la voluntad electoral de los votantes bajo su esfera.
El contraste entre cómo se vota, desde 1983, en el plano nacional y a nivel regional da la pauta de esa anomalía. La alternancia en las fuerzas políticas que llegan a la Casa Rosada es una constante que solo intentaron quebrar precisamente candidatos provenientes de feudos provinciales, como el menemismo, de La Rioja, y el kirchnerismo, de Santa Cruz. Pero, aun así, ambas corrientes políticas debieron abandonar el poder central (en 1999, el menemismo, y en 2015, el kirchnerismo, aunque actualmente cursa su cuarto gobierno).
¿No es raro que en provincias donde la calidad de vida deja tanto que desear no haya recambios? Remover esas fuerzas enquistadas es una asignatura pendiente de la democracia.
Cristina Kirchner pretende perpetuar su fuerza cambiándole el nombre; en el Chaco se repite un patrón criminal
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lunes, 12 de junio de 2023
EL MEDIO ES EL MENSAJE
El Presidente y un clásico peronista: atacar a la prensa
— por Pablo Sirvén
En las vísperas del Día del Periodista, el Presidente tuvo un par de expresiones desafortunadas. “Siempre digo que en toda la democracia no hubo la libertad de prensa que existe hoy en la Argentina”, se ufanó. Y agregó que “hay un abuso desmedido de la libertad de prensa”.
La libertad de expresión se amplía, mal que les pese a algunos gobiernos, por la profundización del sistema democrático en cuarenta años de vigencia ininterrumpida y por los avances tecnológicos que favorecen las posibilidades de ejercerla. No regula la libertad de expresión Alberto Fernández, pero sus periódicas bravatas, por cierto, tienden a desmerecerla y a ponerla en peligro.
Para colmo, lo expresa malamente: hay una redundancia innecesaria en “abuso desmedido” (¿o puede haber abusos medidos?). Hay libertad de prensa o no la hay. Si solo se autoriza “un poco” de libertad de prensa significa que no es plena.
La Constitución nacional, en sus artículos 14 y 32, garantiza la libertad de expresión sin cortapisas. Si a través de su ejercicio se comete albar gún tipo de delito, siempre y cuando esté convenientemente tipificado en el Código Penal, le cabrá la sanción correspondiente. Por fuera de esto, no hay nada.
Si lo que el Presidente desea es aludir a una cuestión de alto voltaje persistente y peyorativo en medios de comunicación audiovisuales y redes sociales hacia el Gobierno (aunque también se constatan maneras degradantes de referirse a la oposición) primero es desde arriba que se da el ejemplo, bajando varios cambios y dejando de lado la comunicación agresiva y, si eso no fuera suficiente, propiciando mesas de diálogo de buena voluntad y sin amenazas en busca de solucionar tal anomalía entre las partes intervinientes.
Pero Alberto Fernández está muy lejos de eso. En la misma reunión rozó la difamación, sin hacer nombres, al aventurar que sus críticos cuentan con fortunas mal habidas. “Esperemos que alguna vez esos periodistas muestren sus bienes y nos expliquen cómo siendo locutores [sic] de un programa tienen semejantes departamentos”, expresó en un pedido retórico, sin destinatario concreto, con el solo fin de exacerla a su tribuna. ¿No es ese, tal vez, un “discurso del odio”, para usar la terminología que suele utilizar el oficialismo con sus detractores?
¿Quién/es deberían mostrar qué y dónde?comofuncionariopúblico,el primer mandatario tiene el deber de hacer la denuncia correspondiente si le consta algún enriquecimiento ilícito. De lo contrario, es una chicana de corto alcance, solo para arrancar aplausos de sus seguidores.
“Tengo la tranquilidad –prosiguió– de que nunca perseguí a un periodista, nunca llamé a un diario para decir ‘bajen una nota’ o ‘pongan una nota’. Nunca. Así me va”.
En este caso, resulta penoso consignar que el primer mandatario miente. En 2020, Viviana Canosa contó profusamente que había recibido mensajes intimidatorios del Presidente que la pusieron al borde de un ataque de pánico. No hace falta recordar la intensa actividad del jefe del Estado en las redes sociales, en las primeras épocas de su gestión, enmendando la plana de distintos comunicadores. Y hasta el día de hoy, también en sus discursos, que la Sociedad Interamericana de Prensa acaba de catalogar como “estigmatizantes”.
Es bastante frecuente que sus funcionarios más estrechos se comuniquen con importantes medios para frenar notas que no son de su agrado. Y, en ciertos casos, cuando esa gestión reservada no rinde los frutos esperados, puede llegar a aplicarse como castigo un levantamiento temporal de la pauta oficial. Es algo que también ha sucedido cuando el tratamiento de algún tema no fue del agrado de la vicepresidenta de la Nación. Hasta referencias incómodas, pero bien documentadas, hacia la primera dama han sido vengadas con la suspensión de la publicidad del Estado.
Al utilizar la cadena nacional para ventilar el espionaje a chats privados entre magistrados, funcionarios y empresarios de medios, Alberto Fernández exhibió un grado de nocividad aún mayor que las sugerencias sotto voce para que se levante tal o cual artículo. Para qué hablar de las monsergas semanales de la portavoz, Gabriela Cerruti, o de la prédica insidiosa contra el periodismo no estatal por parte de los medios públicos.
El Día del Periodista, Fernández plantó a los cronistas acreditados en Casa de Gobierno y difirió el brindis previsto para varias horas más tarde con la excusa de que tenía una reunión impostergable con Sergio Massa. Un maltrato menor.
“Confiamos –parece escupir para arriba el titular del Poder Ejecutivo– en que la ciudadanía descubra quién es el periodista corrupto que recibe plata para decir lo que dice”.
En la arbitraria distribución de la pauta oficial hay algunos indicios al respecto.ß
Alberto Fernández se reviste con piel de cordero, pero suele sacar sus garras para atacar al periodismo no oficialista
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lunes, 5 de junio de 2023
EL MEDIO ES EL MENSAJE
Wado, el candidato que la rema con el reloj en contra
por Pablo Sirvén
Si no es del palo no sirve; se desmarca o es ni fu ni fa, como Alberto Fernández. Palabras más, palabras menos, es lo que piensa Cristina Kirchner de su fallido experimento gubernamental con el Presidente.
Dispuesta a no cometer el mismo error, pero con la pretensión, tal vez, de ofrecer un “Volvemos mejores (Parte 2)” buscó entre sus huestes más fieles (La Cámpora) al personaje que pudiese resultar menos revulsivo para electorados ajenos y supuso haberlo encontrado en Wado de Pedro.
Presiente que es la persona ideal porque escapa, paradójicamente, del perfil promedio de la organización que lidera su máximo hijo: es profesional, productor agropecuario, no tan dado a belicosidades verbales, más sobrio, con una tartamudez a la que le va ganando y que, por eso, también produce empatía. Que visita Expoagro y hasta se saca una foto con un alto directivo de Clarín; que se siente más a gusto visitando programas de C5N y El Destape, pero que también puede dialogar con Alejandro Fantino, en Neura (la propia emisora del conductor); hasta jugar al metegol, en TN, y visitar los magazines de Pamela David, en América, y de Verónica Lozano, en Telefe, que no le plantean preguntas incómodas. Julia Mengolini, en su Futurock, hasta lo exalta como “barrenador de tsunamis”.
El entorno del ministro del Interior se jactó imprudentemente de un clip que solo debía sugerir un lanzamiento presidencial sin serlo. Pero pudo más la tentación de caer en una comparación forzada. Es que no hay tiempo que perder y las encuestas no reaccionan. Lo celebraron con la cándida euforia de chicos del secundario.
“El video publicado por Wado de Pedro en sus redes sociales el 25 de mayo, a las 21 –se lanzaron a la web para jetonear una supuesta victoria virtual que sueñan trasladar idéntica al cuarto oscuro–, alcanzó tres millones de visualizaciones. El de Larreta, publicado el 23 de febrero [se refieren al respectivo lanzamiento del jefe del gobierno porteño] llegó a 2,8 millones de visualizaciones en tres meses. Además, se destaca el impacto positivo alcanzado: 24.000 me gusta contra 5600 del spot de Larreta; 5000 retuits de Wado contra 2500 de Larreta”.
Suena “Wadu Wadu”, de Virus; recibe la bendición del Indio Solari; se hace el gracioso en Tiktok. La consigna es ablandar, llamar la atención y despertar simpatía, sin entrar en detalles programáticos, solo generalidades retóricas. Todo vale para hacerse de nuevos votantes contra reloj.
Para los propios generados tipos de mensajes: férreo verticalismo cristinista para la militancia camporista y otro más productivista para seducir a la patria sindical más rancia y a la más progre, con los matices de cada caso. Significativa la foto de familia con los dedos en V posando delante de una gigantografía en la que se ven a Juan y a Eva Perón repartiendo bicicletas. Toda una declaración de principios.
Su padrino gremial, Luis Barrionuevo, le tiraba huevos a Cristina en Catamarca. Pero eso fue hace mil y ya prescribió. En el verano, el líder gastronómico le rentó un avioncito que sobrevolaba las playas marplatenses con la leyenda “Se viene Wado”. Mejor no hablar de las disonancias ideológicas. Es así la comunicación del candidato más factible del Frente de Todos: bamboleante; de distintas tonalidades y calibres, según el auditorio que enfrente. En eso se parece un poco a Alberto Fernández, a quien pretende suceder. Busca caerle bien a la mayor cantidad de personas posible.
El apuro por llenar la agenda de infinitas actividades en tiempo récord se nota mucho. Es que su nivel de reconocimiento sigue siendo exiguo. Una encrucijada con final abierto para su principal patrocinadora, que sabe que se vienen unas elecciones cruciales, en las que el peor dato no es una previsible derrota (ya no solo por poco conocido; también por la pésima performance del gobierno que integra), sino la profundidad de esa caída. Una cosa es salir segundo y otra muy distinta es quedar tercero y no entrar siquiera en el ballottage (la obsesión actual de CFK) con la pérdida dramática en la representación legislativa que ello significaría. Un problema muy difícil de resolver para la maestra mayor de obras del desvencijado edificio del oficialismo. Pero las mínimas opciones (Massa, Kicillof) se van estrechando por distintas razones, en tanto que Daniel Scioli y Agustín Rossi porfían con presentarse a las PASO. En tan solo veinte días quedará formalizada la lista de candidatos que aspiran a convertirse en presidente el próximo 10 de diciembre.
De Pedro transcurre con cierta soltura por un presente ambivalente que se expresa en sendos carriles paralelos de comunicación: uno más formal, el del funcionario/candidato, que da cuenta de sus actos y declaraciones, y otro mucho más informal, que busca conectar con las audiencias más jóvenes, llamado “La remisería de la Rosada”, que en Twitter, Instagram y, especialmente, en Tiktok nos muestra a un Wado descontracturado y menos aburrido. “Lo hicimos para boludear y quedó. Este sitio no es oficial, ni todo lo contrario”, es la carta de presentación del espacio. Allí se lo ve mate en mano, montado a un tractor, firmando autógrafos y haciendo todo tipo de monerías. También se juega con el parecido mutuo con el actor Esteban Lamothe.
“Es un año de mentiras, de mucho marketing”, dijo hace poco. Pareció una autocrítica involuntaria.
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lunes, 29 de mayo de 2023
EL MEDIO ES EL MENSAJE
CFK y la enésima temporada del gran culebrón nacional
— por Pablo Sirvén
El 17 de octubre de 1951 nació la TV argentina y su primera emisión fue el acto multitudinario, con Juan y Eva Perón, desde la Plaza de Mayo. Este 25 de mayo, más modestamente, nació allí mismo Extra!, una nueva señal de TV fervorosamente kirchnerista.
“Vuelve el único periodista que incomoda al poder real”, repetían sus promos. “Recuperé un sueldo”, confesaba en una entrevista el aludido en la publicidad de la emisora naciente, Víctor Hugo Morales, quien no hace mucho renunció a C5N, disconforme con el recorte horario al que pretendían someterlo. “La lluvia no pudo detener el amor del pueblo”, relató almibarado desde el Cabildo el comunicador charrúa. “Bindi, el nuevo jefe de Víctor Hugo”, puso al pie de su tapa la revista Noticias, en referencia al abogado Franco Bindi, servicial operador político ultra-k.
La AM750 también estaba allí con su estudio móvil y las exseissieteochoístas Cynthia García y Nora Veiras (a su vez, directora periodística de Página 12). La TV Pública fogoneó todo el día el acto y remató a la noche con la emisión del documental
Indisciplinado, sobre Néstor Kirchner. “Eso fue”, tuiteó su viuda para publicitarlo.
No todo fue tan lineal. Dady Brieva, devenido últimamente en activo standupero peronista, en cambio, se muestra cada vez más desconcertado porque Cristina Kirchner reniega de ser nuevamente candidata a presidenta. “Una más y no jodemos más”, le rogó la multitud empapada en la Plaza de Mayo como si se tratara del bis de una rockstar, y porque demora al infinito indicar, si no es ella, quién.
¿Qué importancia tiene que un artista conocido opine tal o cual cosa? Precisamente por conectar con el gran público, su inf luencia es mucho mayor que la de cualquier gris referente de la nomenklatura partidaria, cuya prédica al pueblo no le llega, no la entiende o no le interesa. El ex-midachi sintoniza mejor con las emociones masivas porque habla el mismo idioma. Pero el pobre Dady, a esta altura, ya no sabe para dónde agarrar acorralado por el cuento de la buena pipa cristinista. La jefa sigue empantanada en una no decisión que se estira indefinidamente, mientras el cronograma electoral empieza a apretar. Para colmo, Brieva viene de darse un tiro en el pie: había invitado a su propio programa de C5N a Guillermo Moreno, que le espetó en la cara un furibundo sermón anticristinista.
Del lluvioso día patrio, Brieva se llevó dos cosas: 1) logró viralizar un videíto suyo en las redes sociales que escaló hasta la cumbre de los trending topics de Twitter al afirmar que “todo el calendario es peronista”, y 2) el cómico militante se fue de la Plaza de Mayo con una sola certeza: que a Cristina Kirchner le encantan las tormentas. Fue lo más original que pronunció la vicepresidenta en su remanida alocución de casi una hora, sin anuncios, mientras los estoicos manifestantes permanecían pasados por agua. Ella, a buen resguardo bajo techo (al menos se dio cuenta del inoportuno comentario y trató de enmendarlo), estaba rodeada por toda la parentela –cuñada, hijo, nietos y exnuera– y por los candidatos con más chances (De Pedro, Massa y Kicillof). Tras el acto, spot mediante, el ministro del Interior sugirió que él era el elegido.
La disertación de la vice fue la enésima variación de lo extraordinarios que fueron los tres primeros gobiernos kirchneristas y lo pésimos que son todos los demás (incluida la administración actual, que ella misma engendró, aunque le concedió que es “infinitamente mejor” que la gestión de Mauricio Macri).
Lo del calendario de Dady apropiado por el peronismo viene a cuento porque se trata de una mera descripción: la fecha patria fue soslayada. Ella dijo que le hubiese gustado ser una figurita de Billiken, pero no parecía referirse a la época colonial, sino a sus propias epopeyas. La resignificación kirchnerista del 25 de Mayo viene desde los fastos del Bicentenario, en 2010, que es cuando Néstor Kirchner tuvo plena conciencia de que aquello había producido un quiebre cultural a favor de la corriente que encarnaba. Los aniversarios partidarios se yuxtaponen porque al vigésimo aniversario de la llegada al poder del santacruceño se agregaba el quincuagésimo de la asunción de un presidente peronista efímero: Héctor J. Cámpora.
Los 250 invitados se ubicaron en torno de CFK a la manera de los “personajes del año” de la vieja revista Gente, en el tremendo escenario que tapaba por completo la Casa Rosada, no fuera a ser cosa que, al verla, muchos recordaran a su habitante principal, que invitó por redes a la fiestita para “escuchar a la compañera de vida” de Néstor Kirchner, mientras él, que no fue invitado (a pesar de ser cofundador del kirchnerismo), se marchaba a que el viento prepatagónico de Chapadmalal lo azotara, una alegoría involuntaria del clima político que lo circunda.
Se repite la vice con emocionalidad precaria y sin anuncios; los medios K apuntalaron; en tanto, Dady Brieva sigue desconcertado
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martes, 23 de mayo de 2023
EL MEDIO ES EL MENSAJE
No es la vida por Perón ni CFK, sino por el movimiento
— por Pablo Sirvén
Aun teniendo sobradas espaldas para soportar embates dialécticos de más alto vuelo, en su reaparición en un programa de TV, tras seis años de ausencia, Cristina Kirchner hizo su stand up, pero impuso un cambio en el formato del programa Duro de domar.
A pesar de que el panel le respondía fervientemente desde lo ideológico, prefirió dejarlo sin voz ni imagen (es más: los reprendió por desconcentrarla cuando se hicieron notar detrás de cámara) y solo accedió a ellos, en modo cholulo (abrazos, selfies y saluditos), cuando todo había terminado. En cambio, concedió un mano a mano con Pablo Duggan que, como buen converso –pasó de furibundo anti-k a furibundo ultra-k–, ofició de mero eco de la entrevistada, tirándole continuos centros, y de claque, celebrándole algunas de sus respuestas. “Te has portado muy bien”, le dijo ella al final, cual ama con su perrito faldero.
Juan Domingo Perón, fundador del movimiento que más tiempo ha permanecido en el poder desde 1946 hasta ahora, arriesgó más durante la campaña que lo tuvo como candidato presidencial en 1973, cuando accedió a una entrevista conjunta con tres periodistas de fuste en aquel tiempo, como Jacobo Timerman, Roberto Maidana y Sergio Villarruel. Tal vez Cristina Kirchner esté tomando mayores recaudos por algo que se ve venir: todo populismo termina canibalizando también a sus líderes máximos. No solo Perón fue impulsado por sus acólitos hacia su tercera presidencia a pesar de que su médico personal había advertido que eso era sentenciarlo a un solo año de vida, sino que en junio de 1974, una lluvia invernal lo empapó durante una visita de Estado a Paraguay. Murió un par de semanas más tarde.
El siguiente caso no mató a persona alguna, pero sí a la democracia. Cuando Isabel Perón tomó una licencia, pudo quedar Ítalo Luder como interino hasta el fin del mandato (faltaban pocos meses para las elecciones), pero la ortodoxia partidaria clamó para que ella retomara el poder. Fue destituida el 24 de marzo de 1976 por el más sangriento golpe militar de la historia. Hay más: el siguiente caso toca de muy cerca a Cristina Kirchner. En septiembre de 2010, su marido fue intervenido de urgencia por una severa obstrucción coronaria que terminó en una angioplastia. Era su segunda internación en menos de siete meses. No habían pasado 48 horas de su alta médica, y pese a que los médicos desaconsejaban que abandonara el reposo, apareció, lívido, en el acto de La Cámpora, en el Luna Park. Tan frágil estaba que ni siquiera pudo hablar. Entonces todavía se barajaba que Néstor Kirchner fuese el candidato del Frente para la Victoria, en 2011. Murió al mes siguiente. No parece Cristina Kirchner atravesar ninguna encrucijada inquietante de salud, pero ella sí tiene muy en claro que no goza de salud electoral. “Lo importante es entrar al ballottage”, dijo con franqueza, lo que tácitamente quiere decir “ojo que podemos no entrar”. Extraordinaria coincidencia con Mauricio Macri, que planteó esa posibilidad ya hace rato.
Ahora bien: no está en riesgo la vida de la vicepresidenta, pero el persistente “¡Cristina presidenta!” de la militancia y de sus principales referentes (que ella catalogó, casi despreciativamente, de “letanía” en la entrevista de C5N) más que implorar, exigen que la vicepresidenta exponga su salud política casi a una segura defunción. Es la dinámica canibalizadora imparable del populismo: si ella aceptara la candidatura y le fuera pésimo en los comicios, su ciclo político estaría terminado. No solo eso: se quedaría sin fueros y podría perder la libertad si Casación y la Corte confirman la condena en primera instancia que ya tiene en la causa Vialidad, en tanto siguen adelante otros procesos en los que está muy complicada. ¿No piensan en eso los que tanto proclaman amarla? El canibalismo populista no solo lo exige todo de sus líderes máximos –Eva Perón fue otra prueba de ello; también Carlos Menem haciendo campaña para ganar su segundo mandato en pleno duelo tras la trágica muerte de su hijo–, sino que tampoco se interesa por cuidar mejor a aquellos que están en condiciones de liderar en el futuro. Los alienta a malograrse antes de tiempo.
Perón había dicho: “Mi único heredero es el pueblo”. Sergio Massa se siente heredero de la “papa caliente”, a la que aludió Cristina en su unipersonal del jueves y Wado de Pedro plantea sus derechos como uno de los hijos de la “generación diezmada”, a la que también se refirió la vice en su show televisivo. Al revés, Axel Kicillof no quiere saber nada con ser presidenciable. Nadie está a salvo: es la propia dinámica populista la que indicará quién debe inmolarse esta vez en las urnas. No es la vida por Perón ni por Cristina. La vida por el movimiento vale todo. Los hombres no importan y las mujeres, tampoco.
Los populismos terminan canibalizando hasta a sus líderes máximos, y la vice busca zafar de esa maldición
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