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miércoles, 4 de diciembre de 2024

CLAVES AMERICANAS, FUTURO, DIAGNÓSTICO Y EDITORIAL


Australia da el ejemplo, prohibiendo las redes sociales a los niños
Andrés Oppenheimer


MIAMI.- Australia acaba de aprobar una ley que prohíbe a los niños menores de 16 años usar redes sociales como TikTok, Instagram, Facebook y X, convirtiéndose en el primer país en tomar una medida tan tajante. Es hora de que otras naciones sigan sus pasos. La nueva ley, aprobada por el parlamento de ese país el 28 de noviembre, exige a las compañías de redes sociales que no permitan que ningún menor de 16 años pueda abrir cuentas o usar sus plataformas. Las redes sociales estarán sujetas a multas de hasta 32 millones de dólares si no cumplen con las nuevas restricciones de edad.
“Sabemos que las redes sociales están haciendo daño social”, dijo el primer ministro australiano, Anthony Albanese. “Queremos que los niños australianos tengan una infancia.”
Otros países, como Francia, han aprobado leyes exigiendo que los niños y adolescentes tengan el consentimiento de sus padres para abrir cuentas en redes sociales. En Estados Unidos, el estado de Florida aprobó a principios de este año una ley que prohíbe a los menores de 14 años crear cuentas en las redes sociales sin consentimiento paterno.
La ley de Florida entrará en vigor el 1° de enero de 2025, pero se espera que sea impugnada en los tribunales. Las cortes ya han bloqueado leyes similares en California, Ohio y Arkansas, a menudo por cuestiones de privacidad. Sin embargo, estas leyes no van tan lejos como la de Australia, porque permiten a los niños acceder a las redes con el consentimiento de sus padres.
De todos modos, el movimiento global para regular el acceso de los niños a las redes sociales está destinado a crecer, a pesar de los esfuerzos de los magnates tecnológicos como Elon Musk y Mark Zuckerberg para seguir ganando dinero a expensas de la salud mental de los niños. Varios estudios muestran que la adicción a las pantallas y el acoso en línea han contribuido, si no provocado, una epidemia de depresión juvenil en todo el mundo.
Jonathan Haidt, el psicólogo social de la Universidad de Nueva York que escribió el best seller La generación ansiosa, dice que los padres no deberían darles teléfonos inteligentes a sus hijos menores de 14 años, e impedirles el acceso a las redes sociales hasta los 16.
“Los niños necesitan desarrollarse primero en el mundo real, antes de que se les permita trasladar sus vidas al mundo virtual”, me dijo Haidt. “No queremos que crezcan en TikTok. Queremos que crezcan jugando entre ellos”.
Las niñas son las más afectadas por las redes sociales, me dijo Haidt.
Si eres una adolescente insegura y tus fotos no reciben ningún “me gusta” en Instagram, mientras que tus compañeras de clase reciben muchos “me gusta”, es inevitable que te sientas mal. Y si tus compañeras de clase se burlan de vos, es aún peor, me explicó Haidt. Cuando le pregunté a Haidt si no resultará difícil prohibir las redes sociales para los adolescentes, cuando ven que sus padres las usan constantemente, me dijo que no lo ve como un gran problema. Después de todo, establecemos restricciones de edad para el consumo de alcohol y para las películas, agregó.
“¿A qué edad quieres que tu hijo intercambie fotos de sí mismo desnudo con criminales en Nigeria, quienes luego lo chantajearán? ¿A los once? ¿A los doce? ¿A los catorce? No lo creo. Debería ser a los 18″, me dijo Haidt.
Los escépticos argumentan que muchos niños y adolescentes encontrarán la forma de eludir cualquier control, y entrarán de todas formas en las redes sociales. Por eso, Australia ha optado por responsabilizar a las empresas tecnológicas, en lugar de a los niños y sus familias, para que apliquen la ley.
“Sabemos que algunos niños le encontrarán la vuelta a esto, pero estamos enviando un mensaje a las empresas de redes sociales para que pongan su casa en orden”, dijo el primer ministro australiano.
Los principales magnates de las redes sociales han demostrado que no se puede confiar en ellos para que autoregulen sus contenidos. Al contrario, algunos, como Musk, están permitiendo cada vez más basura en sus redes.
Es hora de hacer algo para impedir que sigan lucrando a costa de la salud mental de los niños. La nueva ley de Australia debería ser un ejemplo para el resto del mundo.

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Nuevos compromisos democráticos en la era de la IA
Franco Piccato Director ejecutivo de Chequeado

Imaginemos el año 2035. Los teléfonos celulares desaparecieron, reemplazados por dispositivos de realidad virtual. Millones de mentes están conectadas a través de chips cerebrales. La inteligencia artificial transformó buena parte de los trabajos que conocíamos. Este es el mañana, que está llegando.
En la era del capitalismo de plataformas, el desafío de distinguir lo verdadero de lo falso se torna monumental. En un mundo donde cada persona podría tener su propia realidad personalizada, la construcción de una realidad compartida resulta más crucial que nunca para resolver nuestros problemas colectivos. Como advierte María Ressa, premio Nobel de la Paz: “Sin hechos, no existe la verdad. Sin verdad, no existe la confianza. Sin confianza, no existe la democracia”. El escenario actual en la Argentina ilustra esta encrucijada. En lo que va de 2024, hemos presenciado un inédito ecosistema en el que actores del campo político, ejércitos de trolls e influencers en las redes se retroalimentan para amplificar y distorsionar contenidos a velocidades vertiginosas. La línea entre realidad y posverdad se desdibuja cada vez más.
La desinformación se convirtió en uno de los mayores riesgos globales (World Economic Forum, 2024). Ya no es solo un problema de fake news, es una herramienta de poder usada para distorsionar el debate público, polarizar comunidades y erosionar la confianza en las instituciones. Según una encuesta reciente de Voices, el 52% de los argentinos consideran que todos o casi todos los días se encuentra con noticias falsas y el 76%, que la desinformación es una amenaza para la democracia. Los datos representan una crisis de confianza que erosiona los fundamentos de nuestra vida en común.
Ante a esta realidad, la verificación de datos o fact checking consolida su rol como un pilar fundamental para aportar evidencias en el debate público, y la tecnología también puede ser una poderosa aliada de la verdad. Pero solo el empoderamiento de ciudadanos ejerciendo el pensamiento crítico frente a los contenidos que circulan será clave para navegar la incertidumbre y mejorar la calidad de la conversación pública.
La magnitud del desafío exige una respuesta colectiva: ninguna organización, disciplina o sector puede enfrentar solo la crisis de desinformación o la ruptura de la confianza. Por eso es fundamental trabajar en red con educadores que forman ciudadanos críticos, académicos que investigan los impactos de la desinformación, líderes cívicos que movilizan a sus comunidades y tecnólogos que desarrollan herramientas para luchar contra la desinformación. Esta colaboración no es opcional. Es la única forma de construir un ecosistema robusto de información confiable. Cuando docentes universitarios incorporan la verificación de datos en sus programas, organizaciones barriales aprenden a detectar contenidos falsos, cuando programadores desarrollan algoritmos para detectar deepfakes, periodistas adoptan protocolos rigurosos de fact checking, estamos fortaleciendo una red de comunidades comprometidas con la verdad. La información precisa no es solo un insumo para tomar mejores decisiones: es la base para conocer y transformar la realidad.
El futuro que imaginamos no está escrito en piedra. Está en cada decisión que tomamos hoy. Por eso, proponemos 4 compromisos fundamentales: ser embajadores incansables de la información verificada, alentar el pensamiento crítico (a través de programas de alfabetización mediática), apoyar el periodismo de interés público basado en evidencia y reclamar transparencia y acceso a datos en todos los niveles de gobierno, a todos los Estados y a todas las plataformas tecnológicas.
La democracia no puede esperar. En un mundo que corre cada vez más rápido, necesitamos reconstruir la confianza social con más ciudadanos empoderados, medios libres e independientes para controlar a los factores de poder e incentivos positivos de las redes sociales que favorezcan la integridad de los contenidos y no su degradación. Para forjar sociedades más abiertas y plurales, es impostergable refundar el debate público sobre la base de información confiable. Y más que nunca necesitamos una ciudadanía crítica para distinguir lo verdadero de lo falso. No es un lujo: es una necesidad democrática.

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Una visual perturbante
Tanto el edificio del Ministerio de Obras Públicas sobre la avenida 9 de Julio como sus gigantografías de Eva Perón resultan disruptivos e inapropiados

TOMÁS CUESTAUn disfuncional edificio que constituye un desafío al sentido común
El edificio ubicado sobre la avenida 9 de Julio, entre Moreno y Belgrano, tradicionalmente conocido como del Ministerio de Obras Públicas, ha sido desde su construcción un motivo fundado de crítica por el rompimiento que produce sobre la estética urbana. La avenida 9 de Julio es emblemática de la ciudad de Buenos Aires. Es, junto al Obelisco, que define su eje, la visual que domina las postales y que en cualquier lugar del mundo resulta una de las imágenes referentes de nuestro país.
¿Cómo pudo ocurrir que desde hace 90 años haya un elemento disruptivo en esa imagen y que allí continúe? Sin duda es un desafío al sentido común. No es imaginable que la avenida de Les Champs Elysees de París tuviera destruida su perspectiva por un enorme edificio sin valor histórico ni arquitectónico. Ni tampoco sucede en el Paseo de la Reforma de México, ni en la Unter Den Linden de Berlín, por mencionar situaciones comparables.
Pero hay más en el caso que nos ocupa. Desde 2011 las dos visuales del enorme edificio han sido utilizadas para estampar una gigantografía de Eva Perón. Se acentúa así el desafío para una gran parte de la ciudadanía que no comulga con el mensaje político que subyace en esa figura y en su ubicación y tamaño.
La idea inicial de la avenida 9 de Julio data de 1890, cuando ejercía la intendencia Francisco Seeber. En 1895, el Concejo Deliberante aprobó el proyecto elaborado por el Departamento de Obras Públicas, dirigido por el arquitecto Juan Antonio Buschiazzo. La avenida tendría un ancho de 33 metros y estaría flanqueada por franjas edificables de aproximadamente 35 metros con frente a la nueva avenida y fondo sobre Cerrito-Lima en el oeste y Bernardo de Irigoyen-Carlos Pellegrini en el este. Se expropiarían todas las manzanas entre esas calles desde la estación Constitución hasta Paseo de Julio, hoy Libertador. Las franjas laterales serían divididas y luego vendidas para edificarlas y de esa forma financiar el proyecto.
Si bien comenzaron las expropiaciones y demoliciones, la apertura de la nueva avenida no tuvo avances significativos hasta la gestión del intendente
La falta de mantenimiento del edificio y su escasa funcionalidad para las formas actuales de trabajo hacen cada vez más recomendable su demolición
Más sencillo es resolver el otro elemento perturbante: las gigantografías de Eva Perón. Su implantación en 2011, por iniciativa de la entonces presidenta Cristina Kirchner, se inspiró en la figura del Che Guevara sobre el edificio del Ministerio del Interior en la Plaza de la Revolución, en La Habana
Mariano de Vedia y Mitre en 1932 y el arquitecto Carlos María Della Paolera como director del Plan de Urbanización. A fines de 1934 se produjo una notable falta de coordinación. Adecuándose al proyecto original de las franjas laterales edificables, el 15 de noviembre de ese año comenzaron las obras de edificio del Ministerio de Obras Públicas. Pocos días después, De Vedia y Mitre decidió que las franjas laterales serían parquizadas y no edificadas. Pero habiéndose comenzado la obra, esta no fue paralizada y se terminó en 1936. Desde entonces mortifica la visual de la “avenida más ancha del mundo”.
Desde pocos años luego de su inauguración surgieron propuestas de demolición, A principios de la década del cincuenta se analizó la posibilidad de desplazar el edificio. Era técnicamente dudoso y eventualmente tanto o más costoso que edificarlo de nuevo. La falta de mantenimiento del edificio y su escasa funcionalidad para las formas actuales de trabajo hacen cada vez más recomendable su demolición. Pero la demolición con explosivos tendría consecuencias difíciles de neutralizar en una zona altamente poblada.
Más sencillo es resolver el otro elemento perturbante: las gigantografías de Eva Perón. Su implantación en 2011, por iniciativa de la entonces presidenta Cristina Kirchner, se inspiró en la figura del Che Guevara expuesta de manera similar sobre el frente del edificio del Ministerio del Interior en la Plaza de la Revolución, en La Habana. No se trata de una forma conmemorativa, como pudiera ser una estatua, sino de una expresión partidista que por su tamaño y ubicación pretende imponer más que evocar. Su remoción es sencilla y debería concretarse de inmediato, cualquiera sea el destino que se le dé al edificio.

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La crisis terminal de la productividad argentina
diagnóstico. La improductividad populista de estos años degeneró en pobrismo distributivo y capitalismo de amigos; el camino liberal desarrollista del cambio productivo debe consolidar la competitividad con crecimiento, progreso e inclusión
Daniel Gustavo Montamat Doctor en Economía y en Derecho

El diagnóstico que sugiere el título proviene de un estudio del McKinsey Global Institute, el think tank con mayor trayectoria de investigación y datos comparados de la evolución de la productividad en los distintos países del mundo. El informe Investing in productivity growth (marzo 2024) parte de la premisa de que el mundo necesita más que nunca el crecimiento de la productividad para mantener sus estándares de vida en medio del envejecimiento poblacional, la transición energética y la reconfiguración de las cadenas de valor globales que impone la geopolítica. En los últimos 25 años el crecimiento de la productividad fue la clave de la mejora de vida en la mayor parte de los países del mundo, y, al mismo tiempo, su estancamiento o caída explica el deterioro del nivel de vida en otros países, como la Argentina. El estudio destaca que desde la crisis financiera de 2008 hubo una desaceleración generalizada en el crecimiento de la productividad global, pero la regla sigue siendo que los países que mayor tasa de inversión tienen, más ganancias de productividad sistémica lograron. La definición de productividad es simple: es la medida de la relación insumo-producción. A mayor cantidad de producto por insumo, mayor productividad.
El reporte de McKinsey se focaliza en la productividad laboral, definida como el crecimiento del producto doméstico con relación al crecimiento de la mano de obra empleada (en horas trabajadas). Esa productividad laboral está influida por dos factores: la cantidad de capital por trabajador (capital tangible, como maquinaria, o intangible, como software o investigación y desarrollo), y el capital humano (educación, entrenamiento, experiencia). Pero la productividad también crece por el uso más eficiente del capital físico y humano (factor residual denominado productividad total de los factores, PTF). En el período de medición 1997-2022 el crecimiento de la productividad laboral en el mundo permite distinguir 4 grupos de países: economías avanzadas (27 países relevados), que como grupo han tenido un crecimiento promedio del 1% de productividad por año; economías de rápido crecimiento (China, India, Europa Central y otras en 30 países relevados), con un crecimiento medio de 6% por año, lo que les da la posibilidad de converger a los niveles de prosperidad de las economías avanzadas –medido por el ingreso per cápita– en los próximos 28 años; economías de crecimiento lento (30 países), con una media de 2,1%, el doble de los países avanzados, pero con un ritmo que les llevará un período de 130 años para converger a sus niveles de ingreso per cápita, y, finalmente, las economías de bajo o nulo crecimiento de productividad (30 países relevados), mayormente ubicadas en América Latina, África del Norte y Subsahariana y Medio Oriente, con una tasa promedio de 0,3% anual, que no pudieron achicar la brecha de ingreso en este último cuarto de siglo ni podrán converger nunca a los niveles de ingreso de los países avanzados. El reporte de McKinsey incluye una sentencia lapidaria: “Polonia cerrará la brecha de ingreso per cápita con las economías avanzadas en 11 años y a China le llevaría 16 años. Pero a Indonesia le tomaría 135 años y la Argentina nunca lograría cerrar la brecha”. Es el destino al que nos condenó el populismo, y el destino que debemos cambiar.
El modelo clásico de crecimiento económico de Solow establece que la producción es una función simple del capital, el trabajo y el progreso técnico, evaluándose este último como factor exógeno agregado desde el exterior a los factores de crecimiento de la producción (crecimiento de las horas trabajadas y del capital añadido). El elemento “inmaterial” del crecimiento está presente en la ecuación como componente residual. Esto implica que la función de producción estaría cambiando a través del tiempo como resultado de mejoras en la organización de los recursos (rol empresarial), incorporación de maquinaria con nueva tecnología y mayor calificación de la fuerza laboral.
El crecimiento económico sustentado en el mero crecimiento del stock de recursos productivos tiene rendimientos decrecientes
Cuando Deninson (The Sources of Economic Growth in the United States-1962) aplicó empíricamente el modelo de Solow, fundando una especie de contabilidad del crecimiento, observó que la ecuación no permitía justificar las vigorosas tasas de crecimiento estadounidenses durante el siglo XX. El componente residual inexplicado (y atribuido al progreso técnico) era más importante para explicar la tasa de crecimiento que la contribución del capital y el trabajo. Robert Lucas hizo notar que el progreso técnico, variable del crecimiento, era en sí mismo una función de este. Existía así una interdependencia entre el progreso técnico y el nivel de producción. Este proceso circular transforma el progreso técnico en un factor endógeno que interactúa con la producción en el seno del crecimiento. Lucas demostró la insuficiencia de los análisis tradicionales del “residuo” de Solow y propuso destacar en la ecuación del crecimiento el capital humano. A partir de Lucas muchos economistas han subrayado la importancia de la inversión en capital humano para sostener tasas de crecimiento de largo plazo. Por eso el foco actual en la productividad laboral. El crecimiento económico sustentado en el mero crecimiento del stock de recursos productivos tiene rendimientos decrecientes y se agota en el tiempo. El crecimiento basado en la productividad no tiene techo.
Cuando aumenta la productividad en un sector económico, se beneficia toda la economía. La mayor productividad baja los precios del bien o servicio en cuestión y aumenta la demanda de ese bien (cuando se trata de una actividad en expansión) o el ingreso disponible de sus consumidores (en caso de ser una industria madura). El mayor ingreso disponible motoriza nuevas demandas en otros sectores y/o mejora la capacidad de ahorro y por ende de inversión. Por el lado de la oferta, si la mayor productividad aumenta la demanda, permite una mejor utilización de la capacidad instalada, promoviendo ampliaciones de planta que motorizan ulteriores ganancias de productividad. Un círculo virtuoso donde necesariamente hay reinserciones laborales, baja la informalidad con su secuela de improductividad y crece el empleo de calidad a nivel agregado.

La Argentina del cambio se debe un plan de desarrollo catalizador de nuevos negocios que aliente inversiones y sea el disparador de un crecimiento sostenido de la productividad. Un plan que articule las presiones cambiarias, con la estabilidad macro, las transformaciones micro (desregulaciones, apertura, integración) y la provisión de bienes públicos de calidad por parte del Estado nacional y las provincias. Un plan que incluya indicadores sectoriales y globales comparativos de crecimiento de la productividad, y donde el tipo de cambio (la moneda doméstica en relación con el dólar) se aprecie por las ganancias sostenidas de la productividad argentina.
Cuando hablamos de productividad global o sistémica incluimos la productividad del sector público y la productividad del sector privado, de los sectores de bienes transables y de los sectores de servicio. Es cierto que los sectores que tienen más productividad desplazan mano de obra que es incorporada por otros sectores de menor productividad. Pero mientras la productividad global crece, mejoran los salarios reales promedio y aumenta el empleo en los sectores de fuerte expansión y en los sectores de baja productividad, con beneficios para todos. Entendámoslo de una vez por todas: los policías, los profesores, los maestros, los enfermeros y los jubilados son mejor remunerados en aquellos países donde el resto de los sectores tienen altos índices de productividad. La improductividad populista de todos estos años degeneró en pobrismo distributivo y capitalismo de amigos (el ingreso per cápita cayó y hoy somos más pobres); la productividad liberal desarrollista del cambio productivo debe consolidar la operación de un capitalismo competitivo con crecimiento sostenido, progreso e inclusión social.

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jueves, 15 de junio de 2023

FUTURO


Modelo de país y agenda educativa

Miguel Pichetto y Susana Decibe

Para debatir la agenda educativa para los próximos años, debemos reflexionar con profundidad y sin prejuicios políticos, las trabas que han impedido e impiden avanzar en el sector. Desde que recuperamos la democracia no hemos tenido gobiernos que hayan incorporado la idea de que los países hace tiempo que no compiten por la cantidad de recursos naturales que poseen, sino por el conocimiento incorporado a su economía y a la sociedad en general.
Las “economías del conocimiento” se construyen a partir de sociedades cuyos miembros son alfabetizados en los códigos de los tiempos en los que viven, y que aplican nuevos conocimientos del ámbito de la investigación científica y tecnológica a espacios estratégicos de sus economías para hacerlas muy competitivas a escala internacional. Pese a las leyes que ampliaron la obligatoriedad, los resultados muestran que el sistema solo funciona de manera aceptable para el 30% de los estudiantes, prácticamente la misma proporción previa a la masiva incorporación de estudiantes en el período democrático por efecto de las leyes. Conclusión: la política, a pesar de las leyes que supo sancionar, entendió que para democratizar la educación alcanzaría con ampliar la obligatoriedad, construir escuelas, designar más docentes, repartir computadoras y aumentar las plantas administrativas.
El desafío de enseñar a niños y jóvenes con muy pobre acceso a la cultura escolar, actualizar lo que se enseña y cómo, formar con rigor a la docencia en instituciones de calidad, incorporar tecnologías para la gestión adecuadas a la complejidad de un sistema de organización federal, es de una complejidad aun mayor a la de ordenar la macroeconomía. En la base de esa inacción está el hecho de que la educación perdió relevancia para la política y básicamente para la economía.
Los intentos de transformarla se frustraron por carencias vinculadas a la gobernabilidad –las autoridades del sistema a nivel nacional y provincial no gobiernan el sector– y por incumplimiento del financiamiento fijado por ley, solo un año se cumplió con el 6% del PBI.
Esas fallas no debieran llevarnos a ignorar que la organización federal de nuestro país preserva la voluntad constitucional de ser una nación, y ese es el sentido que tiene la existencia de una autoridad nacional que regula el sistema educativo, muy claramente establecida en las leyes que se sancionaron desde la recuperación de la democracia, donde se especifican y ordenan las obligaciones en cada nivel institucional. Para comenzar a recorrer el camino que nos saque de esta decadencia, entendemos que debiéramos focalizarnos en dos vertientes. La primera es política, y nos debe llevar a reconstruir el sentido de ser una nación. Hay voces que se preguntan cuáles son los incentivos para que una provincia cumpla con los acuerdos de política educativa, en un contexto de recursos financieros escasos. Sin dudas, no habrá recursos financieros superiores al sentimiento de una provincia de ser parte de este, ni tampoco superiores a la obligación de las autoridades nacionales de hacer cumplir la ley para garantizar un piso de calidad y equidad en todo el territorio nacional. Se impone un gran pacto entre nación y provincias en torno a ese objetivo.
La otra vertiente es económica. Por primera vez en 40 años de democracia debemos unir al proyecto económico una educación de calidad para todos. De esa manera, la educación podrá recuperar su sentido, el para qué es importante estudiar, formarse y enseñar con responsabilidad. Los actores de la transformación a realizar deben sentir que son parte de un cambio profundo del perfil cultural y productivo del país en un programa de desarrollo estratégico de mediano y largo plazo basado en la calidad de la formación de todos los habitantes durante toda la vida y en la articulación de los distintos sectores de la economía con el sistema educativo y con el sistema de ciencia y tecnología.
Es un lugar común decir que somos un país lleno de riquezas naturales y que su explotación nos abrirá el camino hacia un futuro mejor. El campo y sus granos y carnes, el subsuelo con petróleo y gas, el litio y metales como el oro, el cobre, etc. Sin embargo, si no se decide la creación de un fondo específico de recursos generados en esas explotaciones claramente temporarias, para ser aplicados a un programa de reconversión del perfil productivo de nuestro país y particularmente de su perfil exportador, repetimos, sustentado en la calidad de la educación y en su fuerte vinculación con nuestro sistema de C&T con el propósito de producir bienes y servicios con alto contenido de “conocimiento propio agregado”, al final del camino y cuando hayamos agotado esos recursos, seremos tanto o más pobres que hoy. Países como Irlanda, Finlandia, Corea del Sur, Australia y otros han seguido ese camino desde un punto de partida tan complejo como el nuestro y hoy son sociedades integradas y economías competitivas.
Estamos ante esa posibilidad. Vaca Muerta, el litio, el campo y demás recursos naturales pueden ser la fuente para construir otro futuro para nuestros hijos. Se trata de comprender que el modelo de país está unido a lo que hagamos en materia educativa y científica. Necesitamos reafirmar en un amplio compromiso político y económico el sueño de ser un país integrado y próspero

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viernes, 26 de mayo de 2023

FUTURO


Los hijos del kirchnerismo, lejos del país o lejos del trabajo
Muchos jóvenes eligen irse, aun sabiendo que la emigración implica riesgos y dificultades; los empuja una Argentina dominada por la desesperanza, la inestabilidad y la falta de horizonte
Luciano Román
No se puede completar un retrato de los 20 años de kirchnerismo sin mirar lo que pasa en los bares de Madrid o Barcelona: están llenos de jóvenes argentinos de clase media trabajando como mozos o lavacopas. Lo mismo pasa en muchas otras ciudades de Europa, de Estados Unidos y hasta de América Latina. Son jóvenes que nacieron con el kirchnerismo y que hoy están convencidos de que el futuro está en otro lado. Eligen irse, aun sabiendo que la emigración implica riesgos y dificultades. Los empuja un país dominado por la desesperanza, la inestabilidad y la falta de horizonte.
Para entender las últimas dos décadas también habrá que mirar lo que pasa en los bares, hoteles o restaurantes de Palermo: no consiguen jóvenes argentinos para cubrir puestos de trabajo, donde cada vez es más frecuente encontrar inmigrantes venezolanos o de países limítrofes. Hay una franja generacional, sobre todo en el conurbano bonaerense y en las periferias de las capitales provinciales, que no conoce la cultura del trabajo, que ha abandonado la escuela y que no tiene ni los hábitos ni las herramientas básicas para emprender una trayectoria laboral. De los chicos nacidos el año en el que asumió Néstor Kirchner, solo el 16 por ciento (según datos de Argentinos por la Educación) terminaron el secundario en tiempo y forma.
Los últimos 20 años consolidaron, en varias generaciones de argentinos, un marcado pesimismo sobre el porvenir. Se degradó la calidad de vida en las ciudades y la inseguridad instaló una atmósfera de miedo. Pero además se aceleró un descalabro económico en el que se combinan la inflación galopante, la imposibilidad de ahorrar y de acceder a un crédito, en medio de un brusco deterioro en el poder adquisitivo de las familias. En ese clima, muchos jóvenes sienten que el esfuerzo no vale la pena. Y ven en la emigración la chance, al menos, de independizarse, de hacer su propio camino y de gestar un logro, aunque eso implique sacrificios que difícilmente estarían dispuestos a asumir en su país. Sienten que afuera el esfuerzo tiene sentido, y que ese trabajo de mozo, para el quizás estén sobrecalificados, les puede abrir una vía de ascenso social y la posibilidad de emprender algo propio. Esa confianza es la que se ha erosionado en la Argentina. Se han evaporado la ilusión del progreso y el sentido del esfuerzo.
Hay millones de jóvenes que hoy ven en la ciudadanía italiana o española, y en la obtención de un pasaporte “comunitario”, una herramienta tan poderosa como la que representaba para sus padres un título universitario. Otros tantos han quedado excluidos y marginados del mundo laboral: les han ofrecido planes y asistencialismo en lugar de estimular la educación y el esfuerzo.
¿Qué van a buscar y qué encuentran los nietos o bisnietos de aquellos abuelos inmigrantes que hoy recorren el camino inverso al que recorrieron sus ancestros? ¿Qué los empuja a iniciar una nueva vida en un lugar ajeno, donde nadie los conoce y deben empezar de cero?
Al revés de lo que explica otras corrientes migratorias, como la de rusos o venezolanos, no es una guerra ni una dictadura lo que motoriza esta nueva diáspora argentina. Tampoco, una catástrofe visible ni el estallido abrupto de una crisis. Es el declive sostenido de un país que se degradó a sí mismo; la declinación continua y persistente de las últimas décadas. Es el resultado de una Argentina donde todo se tornó incierto e imprevisible, donde el Estado quedó envuelto en una enfermedad crónica de déficit y endeudamiento, y donde se han erosionado los pilares básicos de la confianza pública. Es un país que ha quedado atrapado en un endemoniado laberinto de deterioro institucional, crisis económica y pauperización social. Para muchos jóvenes y parejas de mediana edad, Ezeiza aparece como la puerta de salida de ese laberinto.
En los últimos 20 años, la Argentina despilfarró una oportunidad histórica. Lejos de aprovechar los años de bonanza internacional para sentar las bases de un desarrollo sustentable, tejió una telaraña de populismo económico y cultural en la que ha quedado atrapada. Ha combatido la cultura del mérito y del trabajo y ha disfrazado de “inclusión” la igualación hacia abajo. El poder estigmatizó la meritocracia para imponer una “militocracia” que ha colonizado todos los estamentos del Estado, hasta el corazón de la escuela pública. De esa telaraña también intenta escapar una generación que todavía cree en el sentido del esfuerzo, que cultiva su propia rebeldía y que tiene ambiciones de progreso.
Los jóvenes que se van a Europa, a Estados Unidos o, en menor medida, a México o a Canadá encuentran países con dificultades, incertidumbres y debates irresueltos, en los que no siempre es fácil insertarse y que cada vez crean mayores exigencias para acceder al mercado formal del trabajo y la vivienda. Para alquilar en España, por ejemplo, el pasaporte de la comunidad europea no es suficiente. Se necesita el NIE o el CUE (una especie de certificado de residencia que demanda varios requisitos y una ardua tramitación), y aun así, será casi imposible si no se tiene un contrato de trabajo. Son países, sin embargo, que ofrecen algo que a nosotros nos parece exótico: estabilidad y largo plazo.
Los problemas tienen otra escala, aunque de lejos parezcan similares. Los españoles, por ejemplo, se quejan de la inflación y la ven como una amenaza. Es cierto: hasta hace pocos años, la palabra inflación no figuraba en el diccionario del ciudadano medio de ese país. Era un término reservado a los estudiosos de la economía. Hoy eso ha cambiado, pero lo que los preocupa (y con razón) es un índice inflacionario del 4% anual, no de más del 100% como el que sufrimos nosotros. Lo mismo ocurre con el empleo informal, la presión impositiva, la crisis de la educación y la inseguridad urbana. Son problemas que provocan angustia en todos los países del mundo, pero la diferencia de escala es monumental. En las grandes ciudades europeas inquieta la proliferación de carteristas en el metro, pero es inconcebible que puedan matar a alguien para arrebatarle el celular.
Los jóvenes que se van del país suelen conseguir trabajos que exigen baja calificación, pero les permiten acceder a bienes y servicios básicos, a un estándar de vida confortable y a cierta capacidad de ahorro. Tal vez no sea demasiado, pero ese mismo trabajo no se lo garantiza en la Argentina. Pero lo más valioso es algo que resulta intangible: ese empleo les ofrece una alternativa de progreso, una perspectiva de futuro. “Acá sienten que vale la pena”, dice un argentino dedicado a facilitar la inserción laboral de inmigrantes en España. Rige una cultura en la que se premia el esfuerzo, y el marco de estabilidad alienta las posibilidades de proyectar y crecer. Son países en los que la industria y el comercio se expanden y hacen florecer las oportunidades. ¿Todo es maravilloso? Claro que no. La guerra ha tenido un fuerte impacto sobre las economías europeas y ha encarecido, entre otras cosas, el valor de la energía.
En Europa muchos jóvenes también asocian el futuro a la incertidumbre. El acceso a la primera vivienda se ha hecho cada vez más difícil y los “mileuristas” (que tienen ingresos bajos) enfrentan dificultades para sostener su estándar de vida. El retraso de la independencia de los hijos no es un fenómeno exclusivo de la Argentina y está vinculado tanto a factores económicos como culturales. La desigualdad social es un problema que golpea también a los países desarrollados, pero con niveles de pobreza muy inferiores a los que conoce América Latina y, en particular, la Argentina.
Al cumplirse 20 años del inicio de un ciclo político que hoy parece agonizar es inevitable preguntarse: ¿por qué tantos jóvenes ven su futuro fuera del país? ¿Los atraen “las luces” del Primer Mundo o los expulsa la oscuridad que los rodea? ¿Imaginan una tierra sin dificultades o eligen otro tipo de dificultades que no les amputen la esperanza ni el futuro? No son respuestas simples, y seguramente se combinan en ellas la frustración y la impotencia de la Argentina, pero también los rasgos de una generación “globalizada”, las inquietudes y ansiedades de una época atravesada por la falta de certezas y hasta una cultura moldeada por la digitalización y las redes sociales, con menor tolerancia a la frustración y mayor inclinación a la inmediatez. Parece claro, sin embargo, que aquel joven que lava copas en un bar de Barcelona está en busca de un “país normal”, donde el trabajo tenga sentido y el esfuerzo, recompensa. Hoy la Argentina está más lejos de ese país que hace 20 años. ¿Seremos capaces de torcer el rumbo? ¿Encontrarán los jóvenes razones para quedarse o regresar? Tal vez sean las preguntas cruciales de este tiempo

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jueves, 27 de abril de 2023

FUTURO


¿Qué propuestas tiene la política para la educación de los chicos pobres?
Casi el 40% de los niños sale de la escuela sin saber leer y escribir, y sin haber pasado por un proceso de socialización para desarrollar su vida en contextos formalmente organizados; la escuela no les da instrumentos para emanciparse de su condición de cuna
Guillermina Tiramonti
Pobreza y educación....Alfredo Sábat
Las últimas cifras del Indec muestran que el 54,2% de los chicos de 0 a 14 años son pobres. Desde los 5 años están en edad escolar y casi todos concurren a escuelas públicas o en menor proporción a escuelas privadas, que atienden a esta población, o en su defecto, forman parte de aquellos que tenemos que volver a incorporar. ¿Qué oferta tienen los programas de la política para estos chicos?
En los últimos veinte años, desde el “progresismo vernáculo” la propuesta se basa y se viene basando en el principio del reconocimiento de las identidades de origen y su consiguiente valoración cultural. Esto se traduce en una propuesta educativa destinada a dar cobijo institucional a los valores y los modos de vida propios de la pobreza, que no debe ser mancillada por la perversa ilustración capitalista. Los resultados están a la vista: un porcentaje cercano al 40% de los chicos salen de la escuela sin saber leer y escribir. Además, egresan sin haber pasado por un proceso de socialización para desarrollar su vida en contextos formalmente organizados. Esto quiere decir que la escuela no les proporciona ningún instrumento para emanciparse de su condición de cuna.
Lo anterior es mencionado solo para dar cuenta de “lo que hay”. Pero el objetivo de este artículo no es discutir con el “progresismo vernáculo”, sino que está dirigido a los grupos que hoy están poniendo todo su esfuerzo en planificar otro futuro educativo para nuestra sociedad. Ellos son los que están considerando la situación y las soluciones que es necesario desplegar para atender a este grupo de la población escolar. ¿En qué se está pensando?
Hay una coincidencia muy clara en la necesidad de incluir a todos los chicos en el nivel inicial desde los 4 años por lo menos. No solo con un propósito de guarda y cuidado, sino porque se sabe que es en este nivel donde se construyen las condiciones básicas para la escolarización, tanto en términos de hábitos (escuchar sentado, seguir el hilo de un cuento) como de comprensión de un código de lenguaje complejo.
La importancia del nivel inicial para mejorar la escolarización de los chicos ha sido corroborada por muchas investigaciones y evaluaciones que demuestran una correlación positiva entre educación de los padres y resultados escolares, y resultados escolares de los hijos. Es decir, para aquellos chicos cuyos padres no han tenido acceso a la educación, asistir al nivel inicial hace una diferencia. La novedad en la Argentina es que la pobreza que hoy debe procesar la escuela es, en buena medida, marginalidad. Con este concepto nombramos una población que habita un terreno social desinstitucionalizado. Esto significa una población que carece de parámetros que regularicen su vida. Desde hace tres generaciones o más sus antepasados no tienen horario laboral, ni anclaje en actividades que les permitan organizar una rutina diaria y los incorporen a un diálogo social amplio. Portan códigos de regulación de la vida familiar y social ajenos a los instalados por la modernidad. Esto incluye desde la obligación de mandar los hijos a la escuela hasta la prohibición del incesto.
Una idea que está presente en casi todos los grupos que piensan la política educativa hacia el futuro –y que, en lo personal, aplaudo y acompaño–, es la necesidad de revisar las metodologías de enseñanza, porque está claro que las que está utilizando la escuela no obtienen los resultados deseados. Existen experiencias llevadas adelante por unas muy pocas provincias o localidades que muestran que hay metodologías que están dando excelentes resultados de aprendizaje. Lo inquietante es que estas alternativas son precisamente las que se desechan a nivel nacional porque se las acusa de “conductistas”.
Más allá de estos acuerdos construidos sobre la base de evidencia científica, cabe preguntarse: ¿basta con esto? Es decir, en el caso de chicos que viven en un contexto de marginalidad, atravesados por la violencia en todas sus variantes familiares y sociales: ¿puede la escuela con todo? A mi entender, la escuela hoy no puede con casi nada y menos con problemas de esa índole.
Pero, además, no podemos perder de vista que este desafío –de por sí inmenso– debe procesarse en el marco de una institución de una complejidad mayúscula como es la escuela. Esa complejidad radica en que ella es punto de encuentro entre culturas, a saber: la que le dio origen (la ilustrada) y la que hoy irrumpe con una fuerza y una capacidad transformadora inusitada (la digital). Es necesario entonces pensar la política educativa desde la dificultad que implica procesar situaciones inéditas.En este caso, una pobreza diferente y un cambio en la configuración cultural que pone en cuestión toda sus tradiciones.
Creo que ha llegado el momento de pensar la política desde lo territorial, generando en la base una red de apoyo a las escuelas que articule las acciones y los recursos de los tres niveles del Estado –Nación, provincia y municipios– con las escuelas, sus agentes y los recursos provenientes de asociaciones de la sociedad civil. Es necesario abandonar la ilusión de una política universal igual para todos, que fluye desde la cúspide hacia la base. Esto no significa prescindir de un ministerio nacional, sino que este debe reconstruir su rol conforme a esta perspectiva.
Nuestra preocupación es enfocarnos sobre la problemática de las escuelas que están trabajando con una población que carece de todo anclaje institucional, desafiliada en términos de Castel de la trama de intercambios sociales, y que a su vez debe procesar un cambio radical de la cultura.
Si es así, la capacitación de los docentes debe hacerse in situ para atender las necesidades y problemáticas pedagógicas puntuales de los alumnos, y generando sistemas de seguimiento que guíen el ritmo de los avances de las propuestas. No estamos hablando de salvatajes asistenciales, sino de redes que permitan revisar permanentemente el trabajo pedagógico y ajustarlo a los diferentes ritmos de los alumnos, que permitan compartir experiencias y materiales, capacitaciones, éxitos y fracasos para que todos los chicos aprendan lo que se necesita para insertarse con éxito en el intercambio social. Esto comprende incluir a los alumnos en una propuesta cultural que los habilite para un diálogo en todos los espacios sociales.
En definitiva, un trabajo que tenga como meta el aprendizaje y la integración, a diferencia de la filosofía progre que tiende a la solidificación de las condiciones de cuna.
Es necesario además reconocer la trama de intereses que se tejen en todas las instancias que median entre la institución escolar y los órganos de gobierno. Los nombramientos docentes, los concursos, las medidas disciplinarias, las propuestas de capacitación, la valoración de las mismas, la asignación de puntajes, etcétera, se definen a través de una puja de intereses con metodologías semejantes a las implementadas por las redes de mafia. Quien quiera gobernar el sistema educativo e intervenirlo con la finalidad de direccionar estos procesos a favor de los valores del mérito y el trabajo profesional deberá embarrarse en el terreno y pelear esos lugares.
El espacio que separa las instituciones de los centros de decisión no está vacío; por el contrario, se trata de un campo políticamente denso que bajo el pretexto de la instauración del diálogo teje una trama de intereses corporativos y sectoriales que ahoga el interés pedagógico de las escuelas y la posibilidad de futuro de los chicos.

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miércoles, 15 de febrero de 2023

FUTURO


Es necesario que actuemos ya para cuidar nuestra “casa común”
El clima está cambiando como consecuencia de las actividades humanas; el progreso económico es indispensable, pero debe reconocer que el medio ambiente y la biodiversidad deben ser preservados
Alieto Aldo Guadagni
Para cuidar nuestra “casa común” tenemos que actuar ya, porque lo que hagamos ahora determinará el clima de mañana, ya que los gases que hoy emitimos retendrán calor en la atmósfera por siglos. Las inversiones que hacemos en industrias, edificios, usinas eléctricas y transporte durarán décadas y afectarán el clima, porque el cambio climático es un problema global y no podrá resolverse si no cooperan todos los países. Tendremos que actuar, pero de un modo diferenciado, que apunte a la equidad entre las naciones. Los países industrializados son responsables de la mayor parte de las emisiones acumuladas hasta hoy y registran un alto nivel de emisiones por habitante, por eso deberían hacer un aporte reduciendo drásticamente estas emisiones. Pero los países en desarrollo también deberían cooperar en el esfuerzo común, ya que ellos son ahora los mayores responsables del crecimiento en las emisiones. Para apoyar este esfuerzo, muchos de estos países necesitarán de la cooperación financiera internacional.
Será necesario que todos actuemos de una nueva manera, ya que habrá que modificar sustancialmente los sistemas energéticos para poder abatir las emisiones. Para avanzar en la promoción de nuevas energías limpias y promover la conservación energética, es crucial comenzar por abolir los subsidios a las energías fósiles contaminantes, estimulando así la eficiencia y la conservación energética; además, serán favorecidas alternativamente las nuevas energías limpias, que deben ser promocionadas urgentemente.
El cambio climático es un problema global, porque los gases de efecto invernadero se mezclan en la atmósfera y tienen el mismo impacto no importa dónde se emitan. El siglo XX ha sido extraordinario por el desarrollo de las fuerzas productivas, con un progreso tecnológico que enterró la profecía malthusiana, que nos condenaba a no poder mejorar nuestro nivel de vida. El progreso económico es indispensable, pero debe reconocer que el medio ambiente y la biodiversidad tienen que ser preservados.
El clima está cambiando como consecuencia de las actividades humanas, fundamentalmente por la combustión de fósiles y la deforestación. Los últimos nueve años han sido los más cálidos desde que comenzaron los registros modernos, en 1880. Esto significa que la Tierra en 2022 fue cerca de 1,11 grados más cálida que el promedio de finales del siglo XIX
Se prevé un calentamiento adicional en los próximos años si no se aplican enérgicas medidas acordadas en el nivel internacional. Los resultados serán una mayor incidencia de fenómenos meteorológicos extremos. Los impactos climáticos ya se están agravando en todo el planeta. Si no se adoptan medidas más ambiciosas, las repercusiones del cambio climático serán aún más devastadoras en los próximos años. Es preocupante constatar que los compromisos asumidos por las naciones, según el Acuerdo de París, son insuficientes para no cruzar la barrera crítica de 1,5°C. Al ritmo actual de permanentes aumentos cruzaríamos la barrera crítica de emisiones acumuladas en apenas quince años.
Las emisiones contaminantes, que están contribuyendo aceleradamente al aumento de la temperatura en todo el planeta, son generadas por el consumo de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) más la acelerada deforestación, aumentando así las temperaturas, tormentas, inundaciones y sequías. El cambio climático es el principal problema de naturaleza global que enfrenta toda la humanidad en el siglo XXI.
Estamos frente a una amenaza global que exige ser encarada mediante acciones implementadas simultáneamente
Las negociaciones internacionales para mitigar las emisiones de dióxido de carbono y otros gases contaminantes vienen registrando en los últimos años pocos avances significativos
por todos los países, en el marco de negociaciones internacionales. Pero el caso es que estas negociaciones internacionales para mitigar las emisiones de dióxido de carbono y otros gases contaminantes vienen registrando pocos avances significativos en los últimos años, ya que el Acuerdo de París no estimula nuevas políticas climáticas.
Esta amenaza ambiental global requiere una solución global, con compromisos de todas las naciones. Tengamos presente que dentro de veinte años la población mundial crecerá en 1400 millones de habitantes, y además el PBI mundial será el doble del actual; esto implica que se trata de reducir drásticamente las emisiones contaminantes por unidad de PBI.
El mundo debe actuar ya, en el curso de esta década, para evitar los peores efectos de la crisis climática y mantener el aumento de la temperatura por debajo de 1,5°C. Esto exige que en 2050 las emisiones energéticas sean un 95 por ciento inferiores a las actuales. Para limitar el calentamiento será necesario que las emisiones de gases de efecto invernadero a escala global alcancen su nivel máximo en 2025, como muy tarde, y que se reduzcan un cuarto antes de 2030: una transición rápida a las energías limpias es el camino. La primera reunión ambiental mundial convocada por la ONU se llevó a cabo en Berlín en 1995; la última, en Egipto, en 2022. Ya han sido veintisiete, pero aún estamos lejos de poder asegurar la preservación del clima en el planeta para las futuras generaciones.
El papa Francisco había presentado en 2015 un diagnóstico claro y completo de la crisis ambiental global que enfrenta la humanidad mediante la encíclica Laudato Si’. En ese documento se plantea el desafío ético que implica evitar los crecientes daños ambientales, que se pronostican para un futuro no muy lejano. En esa encíclica se expresa: “El clima es un bien común, de todos y para todos […] Hay un escenario científico muy consistente que indica que nos encontramos ante un importante calentamiento del sistema climático. La humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo para combatir ese calentamiento”.
El secretario general de las Naciones Unidas subrayó que el derecho al desarrollo “va de la mano” del derecho a un medio ambiente sano, limpio y sostenible, y pidió para esta década “medidas más ambiciosas para reducir la contaminación, acelerando el cambio de los combustibles fósiles a las energías renovables, y descarbonizando los sectores que más emiten”. El secretario general de la ONU también se refirió a los principales productores de combustibles fósiles, y destacó las recientes revelaciones de que algunos “eran plenamente conscientes en los años de 1970 de que su principal producto estaba horneando el planeta”.
Encarar una nueva política global ambiental requiere una efectiva cooperación de las dos naciones que lideran las emisiones, ya que China y Estados Unidos dentro de poco emitirán casi la mitad de las emisiones mundiales. Deben también participar Rusia, la Unión Europea, Japón y la India. Si bien hay casi doscientas naciones, este grupo reducido concentra la gran mayoría de las emisiones

Academia Argentina de Ciencias del Ambiente-Instituto Di Tella

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viernes, 22 de junio de 2018

LA CARRERA DEL FUTURO; ENFERMERÍA.....PENSALO

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LAS CARRERAS DEL FUTURO
Enfermería: una carrera con poco marketing pero más necesaria que nunca
Derribando prejuicios
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Carga con un estigma del pasado. Una imagen estereotipada y poco valorada socialmente. Dicen los que llevan décadas en esta profesión, que la Enfermería no tiene buen marketing, y como un ejemplo poco feliz recuerdan a Francisca, la enfermera que protagonizaba Antonio Gasalla en El Palacio de la Risa, en la década de los 90. "Malhumorada, ignorante y bruta", dice algo enojada Mery Acosta, que se recibió de enfermera en 1986 en la escuela del Hospital Británico, la más antigua del país.
"A mí me dolía terriblemente ver ese sketch", confiesa esta enfermera orgullosa de vocación, que al poco tiempo de comenzar a trabajar tuvo una tarea decisiva que marcó su camino. Ella fue quien cuidó y acompañó en su recuperación al primer paciente trasplantado de médula ósea en el país, en el Hospital Británico. Desde entonces, su especialización es la onco-hematología, y nunca dejó capacitarse. Hace dos años, con 56 recién cumplidos, recibió su título de licenciada en la UCA, y con honores.
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Acosta dedicó gran parte de su vida al cuidado de los demás. Enfermos o no, individuos que están solos o con el apoyo de sus familiares. Discapacitados y personas en situación terminal. "Sufro al lado de mis pacientes y me pongo tan feliz como ellos cuando se van de alta. Desde que llegué al hospital fui testigo de muchos cambios y avances científicos. Pero nada ha reemplazado la escucha, la compañía y el tiempo que uno le dedica a cada paciente", sentencia.
Hace más de 30 años que camina por los pasillos del hospital. Se siente allí como en su casa, pero al igual que otros 56.000 enfermeros que ahora están en actividad, se jubilará en pocos años. Para cubrir la escasez de profesionales que tiene el país (hay 2 enfermeros cada 10.000 habitantes, cuando la proporción satisfactoria según la Organización panamericana de la Salud es del doble) distintos programas impulsados por el Ministerio de Salud de la Nación y el gobierno porteño, fijaron como meta -para 2020- la formación de unos 50.000 nuevos enfermeros.
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¿Es la enfermería una carrera del futuro? "Absolutamente. Estamos en una época signada por los avances tecnológicos en el sistema de salud y la robótica, y los enfermeros son más necesarios que nunca -señala Teresa Gómez, directora de la escuela de enfermería del Hospital Británico y de la licenciatura que se dicta en la UCA-. El déficit histórico se ve agravado por la falta de incentivos para elegir la carrera, pero es una profesión que no tiene techo. Tiene niveles de licenciaturas y doctorados, y si bien la tarea de cuidado es básica, los estudiantes hoy pueden elegir otras orientaciones como la investigación, la docencia, lo asistencial o la gestión. Incluso hay directores de hospitales que son enfermeros", refuerza.
"Hay mucho desconocimiento entre los jóvenes y un problema de imaginario colectivo que desprestigia ciertas especializaciones, como la enfermería", agrega Hernán Sandro, gerente de personal del Hospital Alemán. Sandro se entusiasma al contar que la cantidad de alumnos inscriptos en la escuela de enfermería del hospital, que funciona en convenio con la Universidad del Salvador, triplicó el promedio histórico.
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Un total de 136 alumnos fueron becados a través del programa #Potenciate, que el gobierno porteño lanzó el año pasado, que ofrece becas de formación con una inversión 100% privada por parte de las empresas. "Es una profesión que tiene pleno empleo, y la demanda es tan alta que uno de los desafíos más grandes es que los estudiantes no abandonen la formación. Algunos ya salen a trabajar antes de obtener la matrícula, y son muy pocos los que después de obtenerla continúan con la licenciatura", señala Sandro.
Derribando prejuicios
Jeremías Vázquez tiene 27 años. Cuando era adolescente y vivía en La Pampa, fue asaltado en la calle y herido con un arma blanca. El cuidado que recibió durante esas semanas en el hospital fue decisivo no solamente para su recuperación, también para su futuro profesional. "Me sentí en deuda, y me vi en ese lugar ayudando a otros a recuperarse. El trato cercano que recibimos mi familia y yo durante mi internación de parte de la enfermera fue increíble", confiesa Jeremías, que luego de haberse recibido de enfermero universitario va por la licenciatura.
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Trabaja durante la mañana en el Hospital Británico y va a la Universidad Isalud por la noche. El esfuerzo es grande, dice, pero vale la pena. "Quiero especializarme en traumatología o emergencias, me gusta la adrenalina de trabajar bajo presión", cuenta Vázquez, que como otro de los estereotipos vigentes menciona una cuestión de género. "¿Vas a estudiar enfermería? Eso es de mina", le dijaron más de una vez.
"Pero depende de uno romper con esos prejuicios. Enfermeros varones hacen falta, sobre todo en tareas de cuidado donde se necesita más fuerza, como puede ser con un paciente hombre que tiene politraumatismos y que no puede moverse. Somos más que antes pero aún pocos. De 50 que nos recibimos el año pasado en el Hospital Británico, apenas 10 éramos hombres", cuenta.
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Roxana Alegre tiene 28 años. No tiene hijos aún, pero ella se siente como una madre sustituta al cuidado de sus pequeños en la sala de neonatología del Sanatorio Güemes. Se recibió en la Universidad Abierta Interamericana (UAI) de licenciada en enfermería y continuó otros dos años más con la especialización. Conseguir trabajo no es una dificultad para ella. En la edición Expo Empleo Joven que se realizó el año pasado, apenas entregó su CV la respuesta fue inmediata: "Mañana podés venir a una entrevista", le dijo la supervisora del Güemes, Emilse Lombardi, que reconoce la escasez de enfermeros en todo el país, y sobre todo en especializaciones como pediatría y neonatología.
Para Elizabeth Barrionuevo, enfermera desde hace 32 años, especializada en cuidados intensivos y flamante directora de la carrera que se dicta en la UAI, no hay duda del potencial que tiene la profesión dentro del sistema de salud. "La tarea del cuidado humanitario siempre existió, pero hubo un salto importante para la enfermería en la década del 60, cuando ingresó en la universidad. Aún cuesta que gran parte de la sociedad la valore como tal, todavía carga con un estigma del pasado, pero los enfermeros y enfermeras son verdaderos protagonistas dentro de un equipo de salud".
El problema de la escasez, explica Barrionuevo, se da a nivel mundial. Tanto en Europa como en América del Norte tienen los mismos problemas. "En Estados Unidos, por ejemplo, la media de enfermeras tiene 50 años, algo similar a lo que sucede aquí, y esperan que una nueva generación de enfermeros pueda revertir la situación".
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Sin embargo, hay otras cuestiones que aquejan al sistema de salud local que le preocupan a Barrionuevo. "En el país existen 53 escuelas donde se dicta la carrera, pero muchas instituciones terciarias no han hecho la articulación con la universidad para tener el título de grado. Con el título intermedio ya pueden salir a trabajar, y allí se produce la mayor deserción. Pero con una formación completa se pueden hacer posgrados, dedicarse a la investigación, la gestión o la docencia. En la UAI entendemos que nuestros alumnos trabajan, entonces pusimos el foco en la flexibilización de la cursada, y hasta tenemos prácticas los domingos, aunque cuesta conseguir docentes".
A nivel mundial, la relación médico-enfermero es de 9 a 1, una proporción que según la OMS debería ser al revés: 9 enfermeros por cada médico. "La OMS insta a todos los países a dar prioridad al personal sanitario y poner en marcha un plan de acción -dice Teresa Gómez-. Creo que no tenemos buen marketing, pero es una carrera que no tiene techo. La investigación basada en la evidencia habla cada vez más del cuidado seguro y de calidad. Eso, tan importante para la recuperación de un paciente, depende de nosotros".
Datos y números
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Hoy existen 2 profesionales cada 1000 habitantes, cuando la relación satisfactoria debería superar los 4 cada 1000
Para 2020, se espera que se jubilen 56.000 enfermeros, por eso la meta para ese año es alcanzar la formación de 50.000 nuevos profesionales
A nivel mundial, la relación médico-enfermero es de 9 a 1, cuando según la OMS debería ser al revés
En la Argentina, se forman enfermeros en 53 universidades y 212 escuelas técnicas con casi 30.000 nuevos inscriptos por año
La cantidad de alumnos que abandona la formación cuando obtiene la tecnicatura es alta. En 2016, en la Universidad de Buenos Aires obtuvieron su título solo 4 licenciados de un total de 600 inscriptos
Finlandia es uno de los países con mayor número de enfermeros, con una relación de 150 profesionales cada 10.000 habitantes

Fuentes: Ministerio de Salud de la Nación; secretaría de Políticas de la Juventud del gobierno porteño, OMS; OPS, Hospital Británico y UAI


S. V.

lunes, 30 de abril de 2018

LA ESCUELA CON VISIÓN DE FUTURO

Todavía con un patrón de maestros al frente y chicos oyentes,los expertos urgen a que se produzca una transformación total en las aulasResultado de imagen para NUEVA ESCUELA TECNOLÓGICA, PERSONALIZADA E INNOVADORA

Crónica de una muerte anunciada. Este parece ser el destino de la escuela tradicional de hoy, donde prima la instrucción del docente por sobre los aprendizajes de sus alumnos, con un sistema uniformado y masivo de enseñanza, un horario estipulado de 8 a 17 digno de operarios de fábrica de la época industrial. Lo que en pleno siglo XXI carece de total sentido.
Vivimos inmersos en un tsunami tecnológico que hace que cada año y medio aproximadamente se duplique el número de transistores por microprocesador. El crecimiento es exponencial. Para llegar a una audiencia de 50 millones de personas a la radio le llevó 38 años, a la televisión 13, a Internet 4 y a Facebook solo 2.
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El estilo de vida del futuro es incierto. Se espera que entre los 18 y 42 años un individuo tenga 11 empleos diferentes. Posiblemente 22 en toda su vida. Pero lo que no admite dudas es que este será cada vez más digital y automatizado. Por ello serán cada vez más requeridas las habilidades no rutinarias (el desarrollo de complejos procesos mentales) que involucren relaciones interpersonales complejas (trabajos en consultoría analítica, programadores en robótica, ingenieros especializados en el desarrollo de procesos, gerentes de redes sociales). Al tiempo que tenderán a desaparecer los empleos rutinarios (manuales sobre todo) que pueden ser fácilmente reemplazados por robots, drones y máquinas inteligentes y que, además, puedan ser contratados afuera.
Obsoleta, atrasada tecnológicamente, rígida, encerrada en sí misma, y poco permeable a la era de la inteligencia artificial con sociedades hiperconectadas, inciertas, vulnerables, volátiles y complejas urge repensar y rediseñar lo que ocurre cada día dentro de las aulas. Y no resistirse al debate. Porque de lo contrario, el destino será el fracaso. O la extinción.
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Una reciente encuesta de la consultora Mc Kinsey demostró que existe una desconexión absoluta entre la percepción positiva que tienen los proveedores de la educación (75% de los maestros se encuentran satisfechos con su trabajo), y la gran insatisfacción que perciben los jóvenes y corroboran sus empleadores (34% insatisfechos con lo que reciben en la escuela). Urge cambiar y eficientizar el trabajo de alumnos y docentes.
Inmersos en una realidad por demás cambiante, no resulta fácil definir exactamente qué deben aprender los chicos hoy, ya que quienes ingresaron a 1er. grado en 2018, cuando egresen en 2030, seguramente trabajarán en empresas que hoy ni siquiera existen. Pero los especialistas se animan a ofrecer pautas de lo que deberían estar analizando, incorporando, repensando, aplicando y elaborando en cuanto a conocimientos y aptitudes cognitivas y de carácter, imprescindibles para trabajar y vi
vir en el siglo XXI.
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El ingeniero norteamericano Charles Fadel, director del Centro de Rediseño Curricular y reconocido pensador de la educación global (consultor en las mejoras jurisdicciones educativas del planeta), se pregunta qué competencias son relevantes hoy. Por ejemplo, no la geometría heredada de los griegos, que resulta inútil. Y a ese núcleo de materias tradicionales y sus principios fundamentales complementarlas con contenido contemporáneo. ¿Cuál? Aquel vinculado con la ciencia, la investigación, la ingeniería, la tecnología, la matemática y las finanzas, disciplinas que ayuden a resolver problemas y desafíos actuales como son la degradación del medio ambiente, el cambio climático, la extinción de recursos básicos; la urbanización creciente, los problemas vinculados a la superpoblación y el consumo, y el creciente envejecimiento de la población.
Habilidades para el siglo XXI
Para ello considera clave ayudar a los jóvenes a desarrollar tres tipos de habilidades básicas. Las primeras: aquellas relacionadas con la innovación y la capacidad continua de seguir aprendiendo (el pensamiento crítico, el aprendizaje basado en la interrogación y el planteo de hipótesis, la resolución de problemas, la comunicación, el trabajo en equipo y la creatividad). "Aprendemos creando, aplicando, recordando, entendiendo, analizando y evaluando en una secuencia que no sigue el mismo orden cada vez", señala.
¿Las segundas? El alfabetismo digital para lidiar con un estilo de vida que ya es absolutamente tecnológico e interactivo, veloz y de consumo personalizado. "Una escuela rezagada tecnológicamente no prepara chicos calificados para los empleos del siglo XXI", afirma.
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Para ello, los jóvenes deben contar con habilidades tecnológicas innovadoras como para plantear preguntas y soluciones a problemas acuciantes de la actualidad. No desconectados de ella.
En su libro Habilidades para el siglo 21, cuenta el caso de un proyecto poderoso que alumnos de 6° grado desarrollaron en 2003 para encontrar soluciones al problema acuciante del virus SARS. Un equipo internacional de seis chicos (de Malasia, Singapur, Egipto, EE.UU y mellizos de Holanda) se unieron para crear un atractivo website sobre la enfermedad. Investigaron, entrevistaron a los especialistas más reconocidos del mundo, escribieron los textos, armaron los videos, subieron fotos y animaciones y se ocuparon de la programación de interfaces (navegación, juegos interactivos y pruebas). Los seis alumnos debieron planificar además cómo organizarse para concretar el trabajo ya que manejaban husos horarios diferentes al vivir en diversos continentes. El website resultó de gran impacto, originalidad e interés y ganó un reconocido premio internacional. Hoy sigue vigente y actualizado.
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Por último, Fadel menciona las aptitudes de carácter necesarias para el largo plazo: la metacognición (la capacidad de reflexionar sobre el propio trabajo y sus errores con el fin de aprender), la flexibilidad, la adaptación al cambio; la iniciativa, la curiosidad, el liderazgo personal y ético, y la capacidad de trabajar en equipos interdisciplinarios y multiculturales. "Los alumnos que egresarán de aquí a 12 años probablemente trabajarán de manera independiente en proyectos creados en la Argentina, manufacturados en China, ensamblados en Europa y vendidos en cadenas globales de todo el planeta", especifica. Para que todo esto sea posible cree que hay que balancear la teoría con la práctica. Entender cómo se construye mentalmente el conocimiento relevante y aplicarlo en la realidad. Para que se comprenda lo aprendido, el conocimiento debe ser aplicado ( designed and applied knowledge).
"Hay que salir de las aulas y encontrar auténticos contextos de aprendizaje y aprender creando, diseñando, aplicando e inventando. Buscando soluciones a problemas cercanos a los alumnos. Los jóvenes además deben poder conectarse emocionalmente con lo que están aprendiendo", señala.
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Fadel cuenta el caso de un alumno de 11 años que, a raíz de un accidente automovilístico que sufrió en una esquina de su barrio, decidió junto con un grupo de compañeros diseñar la creación de un semáforo en la intersección de calles (filmaron la circulación de autos durante diferentes momentos del día, y diseñaron la señal de tránsito con los minutos precisos de stop y avance de acuerdo con el tráfico). Presentaron su proyecto al intendente de su jurisdicción, quien aprobó la creación de la luz.
"La creatividad no tiene límites", agrega el especialista. Y las vías y los estilos de aprendizaje son innumerables. Por eso hace hincapié en personalizar lo más posible las prácticas educativas. Y que estas se enfoquen en el aprendizaje y no en la instrucción.
Su lema reza: "Enseñá menos; aprendé más. Un simple cambio de palabras; una revolución en los conceptos.

A. L.

sábado, 16 de diciembre de 2017

SEMÁFOROS EN TIEMPO FUTURO


Luz verde para cambiar semáforos: innovación en el cruce de las calles
Son un gran punto de partida para imaginar la vida en las ciudades en los próximos años: cuáles son las ideas más novedosas
La relación con las señales de tránsito tiene que ver con el vínculo con la autoridad que construye cada sociedad. 

Los semáforos no son los objetos más excitantes del mundo, condenados a su rutina de repetición. Sin embargo, están en el cruce no sólo de las bocacalles, sino también de varios fenómenos centrales de la vida contemporánea, desde el crecimiento descomunal de las ciudades hasta las transformaciones que vive la movilidad, con apps que organizan el tránsito, vehículos autónomos a la vuelta de la esquina y nuevos medios de transporte que buscan desterrar a los autos. Los semáforos son un buen punto de partida para imaginar la vida en las ciudades de aquí a unos años. Varios desarrollos recientes buscan modificarlos o hasta eliminarlos por completo.
Hay pocos inventos tan exitosos y que respondan tan bien a los preceptos de la innovación contemporánea como el semáforo. Surgió a comienzos del siglo XX y su uso se extendió con una efectividad sorprendente: fue adoptado en todo el mundo con los mismos colores y metodología, digna de un manual de usabilidad actual. Fue un caso insignia de reemplazo del hombre por la máquina. Incluso superó un rotundo fracaso inicial, cual startup de nuestros días: el primer semáforo, instalado en 1868 en Londres, explotó imprevistamente y mató a un policía, lo cual no impidió que años después, superado el episodio, continuara la expansión del nuevo invento.
A partir de entonces los semáforos nunca dejaron de expandirse y adaptarse. En las últimas décadas fueron early adopters de los algoritmos aplicados a la vida cotidiana. "Los semáforos empezaron funcionando cada uno con independencia del otro, en ciclos autónomos. Siguieron con ciclos sincronizados, conectados entre sí. Luego pasaron a ciclos sincronizados que variaban según la hora del día. Y más tarde empezaron a responder a datos recolectados por sensores", enumera Nicolás Stier, director de un grupo de científicos de datos en Facebook y autor de decenas de investigaciones relacionadas con la teoría de los juegos aplicada a sistemas complejos como el tránsito.
El proyecto más radical para seguir transformando los semáforos en nuestros días consiste en eliminarlos. Es la propuesta de un equipo de investigadores de la Universidad de Texas dirigido por Peter Stone, un científico informático al frente de una iniciativa llamada Autonomous Intersection Management Project, que busca gestionar los cruces de vehículos en las bocacalles de manera automatizada, mediante un dispositivo que reemplaza al semáforo por completo. Se trata de un dispositivo que detecta la llegada de los autos mediante sensores y les otorga a cada uno un turno para pasar. Algunos autos desaceleran, otros pasan de largo, pero lo más importante es que casi ninguno debe frenar por completo.
Las simulaciones realizadas hasta el momento -disponibles en la Web en forma de videos animados trepidantes- demostraron que con este sistema se reduce el tiempo necesario en un cruce hasta cien veces y al mismo tiempo disminuyen las emisiones de carbono y el uso de combustible que en gran medida genera la aceleración que sigue al frenado.
Para Stier, el tiempo de detención es un elemento central de cualquier ecuación. "Imaginemos el tiempo que se ahorra en un sistema donde todos los autos aceleren a la vez, en vez de que cada uno pierda medio segundo en reaccionar y apretar el acelerador después de que el auto de adelante lo hizo".
Sin embargo, tal vez el principal aporte de este nuevo sistema sea reducir los accidentes en las esquinas, uno de lo lugares más peligrosos de toda gran ciudad. Los semáforos son un exponente cultural que muestra nuestros aciertos y dificultades para organizarnos como grupo. A comienzos de los años 2000, Antonio Martino, entonces ministro del Exterior de Italia, dijo que "los semáforos en Milán son instrucciones, en Roma son sugerencias y en Nápoles son decoración de Navidad".
Una de las charlas más vistas del reciente TEDx Río de la Plata es la de José Nesis, un especialista en seguridad vial. Nesis argumenta que en cada esquina de Buenos Aires se baila un tango -que bautizó "El esquinazo"-, una danza entre conductores y peatones que, en vez de regirse por las reglas de tránsito, se miden, se desafían y eventualmente se conceden el paso.
"La relación con las señales de tránsito se relaciona con el vínculo con la autoridad -dice Nesis-. En la Argentina la relación con la autoridad está en plena construcción. En ese contexto, las señales viales también pierden legitimidad y eficacia, generando una bola de nieve que es la degradación de la cultura operativa, donde una sola señal mal puesta nos inclina al uso del criterio personal, no sólo para esa situación sino en general".
En ese contexto donde las interacciones sociales evolucionan poco, la evolución tecnológica no se detiene. Los semáforos actuales ya son pioneros de la Internet de las Cosas. En Newcastle, Reino Unido, envían mensajes a los conductores para avisar sobre demoras y obstáculos en el camino o para recomendar una velocidad media ideal que permita aprovechar la onda verde.
Con una lógica similar, Adidas lanzó en Tokio una iniciativa que permite a los corredores hacer su entrenamiento completo en las calles sin frenar en ningún momento, gracias a que combinaron los datos de los semáforos con los de los deportistas para armar circuitos optimizados. El proyecto ganó un premio en la categoría Creative Data de Cannes este año.
La contracara de tanta capacidad de conexión expone a las señales de tránsito -eso sí- a los peligros del hackeo. Uno de los más simpáticos ocurrió en 2009 cuando un cartel de ruta en la ciudad de Austin, Estados Unidos, advirtió: "Atención: zombis en el camino".
Aunque no se dediquen a predecir monstruos, es posible que los semáforos nos sigan sorprendiendo. "Van a hacer cada vez más cosas -dice Stier-. Es posible que nuevos dispositivos más sofisticados puedan guiar a la gente en conjunto, en vez de individualmente".
Según Stone, "la gente cree que los autos autónomos se van a mover igual que los conducidos por humanos. Nos cuesta crear una descripción visual de cómo funcionarán las cosas y a la vez nos resulta fascinante".
Una ciudad donde los autos autotripulados sean mayoría tal vez no necesite semáforos ni carteles. Toda la iconografía de las rutas y las ciudades podría cambiar. Pero eso será dentro de unos años. Mientras tanto el semáforo podrá volverse más inteligente, pero seguirá teniendo luz verde.

S. J.

domingo, 19 de marzo de 2017

ISAAC ASIMOV, EL HOMBRE FUTURO Y GENIAL


Método Asimov: los tips más originales del héroe de los innovadores
Son muchos los creativos que reconocen al célebre autor como fuente de inspiración y retoman su legado de diversas maneras



Cuando le preguntaron en una entrevista a Paul Krugman por qué había decidido estudiar Economía en su juventud, el premio Nobel y columnista del New York Times dio una respuesta inesperada: eligió Economía inspirado por la saga La Fundación, la obra de ciencia ficción de Isaac Asimov, compuesta por 16 libros que narran una "historia del futuro", según la definición del autor. Krugman es un fanático de las novelas que tratan sobre viajes intergalácticos. De hecho, ya de grande -y famoso- suele asistir disfrazado a convenciones del género, y tiene trabajos académicos (escritos en broma, pero con todas las formalidades del caso) que tratan sobre el comercio interplanetario, con alusiones a Trántor, uno de los lugares donde transcurre La Fundación.
Krugman no es el la única figura que reconoce a Asimov como fuente central de inspiración. En el ámbito de la innovación y el emprendedorismo, el escritor nacido en Rusia en 1919 y fallecido en Nueva York hace 25 años es una suerte de héroe, no sólo por sus características de visionario sino también por su promoción de valores de rigor científico, curiosidad y creatividad.
"Los textos de Asimov tienen una precisión muy sorprendente en la definición de tecnologías que nadie se animó a predecir", cuenta
Alan Daitch, emprendedor, director de la agencia digital Digodat y miembro del Instituto Baikal. "Por ejemplo, MultiVault, la máquina que sabe todas las respuestas, tiene un escalofriante parecido con Google. Asimov detalla que el razonamiento que MultiVault utiliza para llegar a las respuestas fue programado por otras máquinas, no por humanos, y que es tan complejo que es imposible de auditar de manera directa. Eso hoy ya existe y se llama machine learning".
La avenida predictiva que más le fascina a Daitch del escritor ruso-estadounidense es la de "los debates éticos y problemas a los que las sociedades del futuro se deben enfrentar, muchos de los cuales ya están comenzando a suceder, aunque recién más de medio siglo luego de haber sido escritos. Hay un cuento espectacular llamado «El mejor amigo de un muchacho», en el cual un niño de la luna tiene como mejor amigo a un perro robótico, que expresa sentimientos mediante su conducta y ciertos crujidos del metal del que está hecho. Los padres le consiguen un canino real, ya escaso en esa época. Al comunicarle la noticia al hijo, él se niega a aceptarlo, alegando que ya tiene un perro y que se quieren mucho. El padre le indica que el perro robótico no lo quiere, que está programado para actuar como si lo hiciera. El nene le responde: «¿Y cómo sabés que el perro real no está programado también para eso?». La línea cada vez más fina entre lo que tiene "vida" y lo que no es una constante en su obra, y ese es el mismo debate que hoy está presente en tantas series y películas, como Her o Black Mirror. Todos retoman preguntas que hoy suenan innovadoras, pero que ya habían sido planteadas por Asimov hace mucho tiempo."
El emprendedor e inversor Daniel Nofal (Sustentator y actualmente, con el proyecto de la app para organizar partidos de fútbol wannaplay.club) también es un admirador de la obra de Asimov. Para él, "la consistencia científica de Asimov es inigualable. Sólo un incansable erudito de la ciencia puede construir futuros así. Creaciones como las «leyes de la Robótica» o la «Psicohistoria» parecen posibles, casi inevitables. La era de los robots, el conflicto con la inteligencia artificial, todo regado con ironía y humor. Su obra de no ficción no es menos impresionante: su Guía de la Ciencia o sus escritos sobre la Biblia o Historia muestran el alcance de su curiosidad."
La máquina de las ideas
Esta consistencia científica que menciona Nofal viene de la formación universitaria de Asimov, que tenía un doctorado en Química por la Universidad de Columbia. Pero si hay un adjetivo que describe mejor que ningún otro al intelectual, es "prolífico": cálculos recientes que cuantificaron su obra (libros de ficción y no ficción, artículos, papers, cartas, cuentos) estimaron que haría falta escribir una novela completa cada dos semanas durante 25 años para igualar la extensión de su producción. En su autobiografía, Asimov comparte con los lectores algunos consejos para que nunca se acaben las ideas:
No temerle al bloqueo: Como le sucede a todos los escritores, Asimov a menudo se sentía "bloqueado" y con la sensación de que no podía escribir ni una palabra más sobre el tema que estaba abordando. Eso es algo común, explicaba: lo que diferencia a un escritor profesional de uno amateur es la reacción a ese bloqueo. Asimov no se obsesionaba con el vacío, sino que dejaba reposar en su mente por dos semanas a la novela en cuestión y se abocaba a alguno de los doce proyectos o más que tenía en paralelo. Así dejaba trabajar a su subconsciente y regresaba a la novela con su mente otra vez "llena" de nuevas ideas.
Antídoto antiperfeccionismo: El encarar múltiples iniciativas en simultáneo era, para el autor, un buen escudo para protegerse de la compulsión al perfeccionismo, que nace de la inseguridad ante la posible mirada crítica del resto del mundo. Cuando publicaba un libro, ni perdía tiempo en leer las críticas y comentarios porque ya estaba con su cerebro 100% enfocado en los próximos proyectos.
Educación permanente: Asimov leía todo lo que se le cruzaba, y por eso podía escribir sobre temas tan variados. En su autobiografía cuenta que su título de Química no fue el final de su educación, sino el punto de partida hacia un programa de "autoeducación permanente" que sostuvo hasta su muerte en enero de 1992. "Para tener buenas ideas, hay que consumir buenas ideas. Es fundamental seguir la curiosidad e invertir en uno mismo", recomendaba.
Según Daitch, "con el avance de la inteligencia artificial, Asimov tendría que volver a estar de moda entre la juventud: casi que tendría que pasar a ocupar el lugar de influencia en la promoción de la lectura que hoy se le da a J.K. Rowling".
S. C.