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martes, 1 de agosto de 2017

GRANDES Y GRAVES DUDAS SOBRE EL CIGARRILLO ELETRÓNICO


Cigarrillo electrónico: los peligros de su consumo, eje de un gran debate
Hay poca información disponible sobre esos dispositivos, que tienen un mecanismo complejo de administración de la nicotina; su uso altera la presión y el ritmo cardíaco


La ciencia aún no se pronuncia a favor ni en contra. Pero los indicios clínicos sobre los efectos del cigarrillo electrónico en la salud ya apuntan hacia un daño residual en el organismo y los especialistas insisten en proteger especialmente a los chicos y los adolescentes del vapor que produce.
En la 5a Conferencia de América Latina y el Caribe Tabaco o Salud, en esta ciudad, las exposiciones sobre este dispositivo fueron las más convocantes. Es que aún persisten dudas sobre lo que pueden inhalar los usuarios y quienes los rodean. Algunos de los obstáculos para investigar su seguridad son un mecanismo de administración de la nicotina cada vez más complejo, las escasa información que proveen los fabricantes, las advertencias engañosas, las pocas regulaciones que los países imponen respecto de otros productos de consumo humano y la velocidad con la que nuevas versiones salen al mercado.



  Aruni Bhatnagar, codirector del Centro de Regulación del Tabaco y Adicciones de la Asociación Estadounidense del Corazón (AHA, por su sigla en inglés), indicó: "La ciencia aún no se ha definido sobre los cigarrillos electrónicos, pero lo que vamos conociendo cada vez más es que su uso causa un daño residual. Modifica la presión, el ritmo cardíaco y existe la posibilidad, aunque aún sin evidencia definitiva, de que en el organismo se produzcan alteraciones relacionadas con ese daño".

Bhatnagar coordinó a los diez investigadores y médicos que hace tres años redactaron el documento de la AHA sobre estos dispositivos que usan líquidos con o sin nicotina, saborizantes y otras sustancias químicas que el calor convierte en el aerosol que se inhala. "Se dice que los saborizantes son seguros porque están aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA, en inglés). Esas sustancias tienen una etiqueta que dice que son seguros, pero hay que aclarar que eso es sólo para cuando se agregan a la comida. En el caso del cigarrillo electrónico, se inhalan, no se comen. Por lo tanto, ese consumo es a riesgo individual", dijo el investigador, que también es profesor del Departamento de Medicina de la Universidad de Louisville, Estados Unidos.
Y aclaró que cualquier afirmación de que el cigarrillo electrónico es seguro, no causa problemas ni genera adicción "no es verdad".
Dicho eso, pidió agregar: "Aún no sabemos cuán malos son. Algunos dirán que no son tan dañinos como el cigarrillo común, pero esto tampoco lo podemos decir todavía. La mayoría fuma los dispositivos con nicotina". Pero, aunque no la contengan, Bhatnagar instó a evitar el aerosol porque "no es vapor de agua como dicen, sino que sabemos que se trata de pequeñas partículas suspendidas".
Los chicos y los adolescentes no deberían quedar expuestos a estos dispositivos. La revista Pediatrics publicó estudios sobre intoxicaciones en menores de seis años por el consumo accidental de los líquidos saborizados. "Estamos ante un producto nuevo y cambiante. Aun en los países en los que no está prohibido, no sabemos qué contiene ni cómo se usa. Es una caja de Pandora", dijo Joaquín Barnoya, titular del Departamento de Investigación de la Unidad de Cirugía Cardiovascular de Guatemala y miembro del Comité Editorial de Tobacco Control.
El producto se usa en la mayoría de los países de América latina. En la Argentina, su venta está prohibida -quienes lo usan lo compran por Internet o en el exterior- y los ambientes 100% libres de humo de tabaco también rigen para el vapor o aerosol de estos dispositivos.
"Sabemos que un alto porcentaje contiene advertencias falsas sobre su contenido de nicotina -explicó Barnoya-. El líquido contiene saborizantes, como chocolate, frutas, vainilla, mentol o, incluso, tabaco. Lo cierto es que es un producto muy poco regulado y sobre el que recién se está estudiando si puede o no tener consecuencias para la salud."
El 20% de los productos en venta en su país que analizó contenían acetona, que es una sustancia tóxica. Un 40% de los productos con nicotina contenían niveles que no coincidían con los informados por el fabricante. Y el 20% de los dispositivos supuestamente sin nicotina incluían la sustancia. "Los niveles de nicotina de estos productos los determina, en realidad, el fumador. No el dispositivo -aclaró Barnoya-. De acuerdo con qué tan profundas y tan frecuentes sean las inhalaciones, así serán los niveles que ingresen al organismo."
Stella Regina Martins, de la Comisión Antitabáquica de la Asociación Médica Brasileña, lideró el año pasado una revisión de los estudios publicados sobre la composición del vapor, sus efectos y la utilidad de estos productos para la cesación tabáquica. "Aun cuando no produzca monóxido de carbono ni alquitrán, como el cigarrillo común, hay estudios que identificaron la presencia de sustancias reconocidas por su toxicidad para el ser humano. Por lo tanto, cabe adoptar el principio de prevención y precaución en salud pública porque desconocemos el producto y no debería ser recomendado", señaló Martins, del Grupo de Cesación Tabáquica y Neumonología del Instituto del Corazón de la Facultad de Medicina de la Universidad de San Pablo.
Su utilidad para dejar de fumar también está bajo la lupa. "Existe consenso en que hay que tratar la dependencia física, psicológica y conductual del fumador -dijo-. Al sostener el dispositivo no se estarían tratando las dependencias psicológica y conductual. Y si el fumador combina el cigarrillo común con el electrónico, se está exponiendo a más riesgos." Para ella, reemplazar un cigarrillo por otro no es dejar de fumar. "En esto hay que ser muy claros", insistió.
F. CH. 


Las encuestas de consumo de tabaco en los menores de 18 coinciden en que el cigarrillo electrónico es el dispositivo de transición al cigarrillo común en la mayoría de los países con esos relevamientos actualizados. "Ese es el peligro real", afirmó Aruni Bhatnagar, referente de la Asociación Estadounidense del Corazón en la investigación del consumo de tabaco para las autoridades regulatorias de los Estados Unidos.
En su país, los chicos de 9 años están probando el producto como puerta de entrada al tabaquismo. "Experimentan y cuando se vuelven adictos, pasan al cigarrillo de tabaco, que es más económico y está disponible en todos lados -dijo-. Se están atrayendo a los más chicos con los sabores, como caramelos o frutas, además de exhibirlos en sitios donde los chicos los pueden ver. Cuando se dice que estos sabores sirven para dejar de fumar, no es cierto. Se usan, principalmente, para reclutar nuevos consumidores."
Y como no deja olor a tabaco, se puede disimular el consumo. "Los chicos pueden fumar en el baño o una escalera de la escuela y nadie se va a dar cuenta. Eso lo vuelve más atractivo. En ellos, refuerza la adicción. Muchos empiezan con el cigarrillo electrónico porque el común no está muy de moda y tiene mala imagen. Observamos que se está creando en los países una subcultura alrededor del tabaquismo en los más chicos a través del cigarrillo electrónico. 

Esto es lo realmente peligroso", advirtió Bhatnagar. Recordó que el consumo de nicotina daña el desarrollo cerebral en los chicos y los adolescentes. "Altera las conexiones del cerebro y refuerza la adicción, aun cuando no contenga todas esas otras sustancias del cigarrillo tradicional -dijo-. Así que si algo huele bien, no quiere decir que sea inocuo."
Por esto, para Paula Johns, de la organización ACT Salud, de Brasil, las reglas que se aplican para el consumo del tabaco convencional, como los ambientes libres de humo, deben ser las mismas que para la versión electrónica. "El mensaje, por ahora, sería de cuidado. En salud pública, aún falta mucho por comprender y no sólo sobre el contenido de los dispositivos que usa la población, sino también las prácticas de la industria para la venta -indicó-. Habría que aplicar la inversión de la carga de la prueba: quien quiere introducir un producto en el mercado para consumo humano, debería poder probar que no hace daño. Y eso, hoy, no sucede."

miércoles, 7 de junio de 2017

PELIGROS DE CARGAR TU CELULAR EN LUGARES PÚBLICOS


¿A quién no le ha pasado de quedarse sin batería y poner a cargar el smartphone en un aeropuerto, café o transporte público?
El problema es más que habitual pero, ¿es esta la solución más adecuada?
Algunos expertos aseguran los peligros son muchos y que, por lo tanto, es mejor tomar precauciones.
Handshaking: información expuesta en un "apretón de manos"
"Cuando conectas tu teléfono o tu tableta a esos enchufes públicos, por ejemplo en el aeropuerto, si un hacker se ha metido por ahí antes, podrá extraer información de tu dispositivo y tenerla a su disposición", explicó Samuel Burke, reportero de tecnología de CNN, en un programa especial sobre el tema.
Usar un cable USB para conectar el celular a una computadora o tableta que no conoces tampoco es la mejor opción.
Según la empresa de seguridad informática Kaspersky Lab, los celulares dejan totalmente expuestos una enorme cantidad de datos cuando están conectados a computadoras durante un proceso que se conoce como "handshaking" (apretón de manos, en español).
En ese intercambio de datos, el teléfono traspasa información a la computadora a través del cable. Y le "cuenta" a la máquina cómo se llama, cuál es su fabricante y su número de serie, cuál es su sistema operativo y hasta su lista de archivos.
Al conectar el celular a un cargador público enviamos información sobre nuestro teléfono a través del cable.
De esta manera, el celular puede quedar "infectado" y es posible que alguien le siga la pista usando el ID del dispositivo, explican los especialistas de la consultora.
Es lo que se conoce como "vulnerabilidad de carga" y los hackers profesionales podrían estar al acecho.
Entre las consecuencias más habituales están que el teléfono sea invadido con un malware (software malicioso) a través de programas informáticos malintencionados o que se infecte con un virus ransomware, capaz de bloquear archivos y pedir un rescate a cambio, aseguran desde Kaspersky Lab.
Algunos de estos virus se disfrazan de páginas oficiales superponiendo ventanas para obtener información personal y bancaria de correos fraudulentos ("phishing").
Juice-jaking: el robo de archivos
La especialista en tecnología del diario estadounidense The New York Times, J. D. Biersdorfer, dice que el "juice-jaking" (la copia indiscriminada y sin consentimiento de los datos del teléfono) "ha sido probada en convenciones de hackers".
"Es completamente posible transferir software malicioso con un teléfono a través de la conexión USB desde una computadora o dispositivo en una estación de carga pública, como las de aeropuertos o centros comerciales", explica Biersdorfer.
"En 2016, la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos (FTC, por sus siglas en inglés) recomendó a los consumidores que no conecten un smartphone personal al sistema de entretenimiento a través de un puerto USB o conexión Bluetooth en autos de alquiler", dice la experta.
La razón, según Biersdorfer, es que el sistema es capaz de importar y almacenar datos desde tu teléfono, como registros de llamadas, contactos y ubicaciones que has solicitado desde el GPS.
Es importante elegir bien el cable que se usa.
La FTC aconseja, en cambio, usar el puerto eléctrico del automóvil y un cable compatible, en lugar de conectarlo a la salida del USB.
Y este es sólo un ejemplo de "juice-jaking".
El periodista de investigación Brian Krebs, especializado en cibercrimen y seguridad digital, explica en su blog que existen los mismos riesgos en puntos gratuitos de recarga de quioscos públicos.
"Algunas personas son capaces de enfrentarse a casi cualquier riesgo con tal de cargar la batería de su móvil", asegura Krebs.
Las recomendaciones
Utiliza las funciones de cifrado y autenticación de tu celular para proteger tus datos y archivos. Las encontrarás entre los ajustes de seguridad.
Usa un buen antivirus.
No cargues tu celular en computadoras y puntos de carga que no sean de tu confianza.
Si te arriesgas a cargarlo en un sitio menos confiable, no lo desbloquees durante la carga.
Usa un cable USB especial que te permita cargar tu teléfono y que, a la vez, evite el traspaso de datos.
Cárgalo apagado.
Protege tu teléfono con una buena contraseña.
Sé cauteloso con las aplicaciones que instalas.

martes, 11 de abril de 2017

TECNOLOGÍA; LOS PELIGROS


Vince Steckler: "Tenemos que elegir contraseñas sólidas y complejas"
El CEO de la firma Avast explica los peligros a los cuales se exponen los usuarios de dispositivos que se conectan a Internet

La webcam, el monitor para bebés, juguetes inteligentes, el smart TV... a medida que conectamos más y más dispositivos a Internet (IoT), se incrementan las probabilidades de sufrir ataques informáticos. El panorama se torna más importante si se tiene en cuenta que, según la consultora Gartner, hoy existen 8,4 mil millones de dispositivos conectados en todo el mundo.
En Barcelona, España, y en el marco del Mobile World Congress, la conferencia más grande del mundo enfocada en soluciones móviles, Vince Steckler, CEO de Avast, firma que desarrolla soluciones de seguridad informática para hogares y empresas, mantuvo un diálogo exclusivo con la nacion acerca de los peligros a los que están expuestos los usuarios y qué medidas se pueden tomar para aprovecharlos en nuestra vida cotidiana con los mayores recaudos posibles.
-¿Cuáles son los riesgos de tener electrodomésticos y otros dispositivos conectados a Internet?
-El uso de IoT en el hogar pone a los consumidores en riesgo, porque podrían ser víctimas de ataques informáticos. También podrían sufrir robo o pérdida de su información personal, como los datos de la tarjeta de crédito. Éste no es un problema del futuro, sino del presente, porque aunque no lo notemos ya contamos con varios equipos que se conectan a Internet para funcionar y ofrecernos comodidad en nuestro hogar. Para demostrar esto, realizamos un experimento en Barcelona para analizar la vulnerabilidad de dispositivos inteligentes, incluyendo webcams públicas y privadas. Así identificamos que hay más de 22.000 webcams y monitores para bebés en la ciudad que son vulnerables a ataques, lo que significa que los cibercriminales podrían transmitir en vivo los videos hogareños directamente en Internet.
 También descubrimos que hay más de 49.000 dispositivos inteligentes, incluyendo cafeteras, puertas de garaje, heladeras y termostatos, además de otros dispositivos que se conectan a una IP, que podrían ser fácilmente atacados. En las pruebas con routers detectamos que al 41% de ellos podríamos acceder rápidamente.
-¿Qué pasaría si uno de estos dispositivos fuera atacado?
-Existen actualmente varios problemas de seguridad, legales y de privacidad que deben resolverse. Las personas que se dedican a espiar tienen la posibilidad de acceder y observar con facilidad a las personas en sus hogares y transmitir el video directamente a Internet o convertir el dispositivo en un bot. Con cientos o miles de equipos vulnerables, los cibercriminales pueden crear una red botnet para atacar servidores y sitios web. Además, cuando un dispositivo está infectado puede ser utilizado para infectar a otros, sumándolos a un botnet, o tomar control de ellos para dañar a su propietario. Esto incluye cocinas inteligentes y otros electrodomésticos que pueden recibir órdenes remotas de los ciberdelincuentes.
¿Cuál es el rol de los fabricantes de estos dispositivos inteligentes?
-Muchos fabricantes también recopilan y almacenan datos de usuarios privados, incluyendo aquellos vinculados al comportamiento, información de contacto y datos de tarjetas de crédito, lo que genera un riesgo adicional si los interceptan los cibercriminales. Por otra parte, no tienen conocimientos de seguridad informática, por eso no preparan sus dispositivos para que puedan resistir a los ataques. Un punto importante a tener en cuenta es que existen bases de datos disponibles de forma pública que contienen las vulnerabilidades ampliamente conocidas de los dispositivos. Se imaginarán que con ellas los cibercriminales no necesitan hacer mucho esfuerzo ni tener grandes conocimientos para atar cabos y detectar qué dispositivos son fáciles de atacar. Por otra parte, los equipos que están protegidos por contraseña también pueden ser vulnerados, porque estas claves son bastante débiles.
-¿Qué pueden hacer los usuarios de estos equipos para poder evitar estos incidentes?
-Dado que en diez años no vamos a saber cómo vivir sin estos dispositivos conectados, es importante tomar recaudos desde ahora, porque estos equipos ya están en nuestros hogares. En primer lugar, tenemos que proteger todos los dispositivos conectados contra ataques no deseados; a tal fin, es buena idea mantener el software actualizado y elegir contraseñas sólidas y complejas.
-¿Tiene usted en su casa dispositivos conectados?
-Sí. De hecho tengo como 42 aparatos, incluyendo equipos de almacenamiento de datos, cámaras de videovigilancia y un sistema automatizado para la temperatura de la casa.
-¿Y qué medidas toma para estar protegido?
-Compro equipos de la marca Apple, porque son los más seguros. Además, accedo a Internet a través de un proveedor que sólo atiende a empresas. Lógicamente es costoso, pero seguro.
- ¿Cuál es la tendencia en el campo de la seguridad de los dispositivos conectados?
-A medida que haya más equipos online, mayor será la cantidad de ataques. Si consideramos que en 2020 se va a cuadruplicar la cantidad de dispositivos conectados por persona, es fácil saber que habrá también una explosión de ataques hacia ellos.

-¿Qué podemos hacer frente a este panorama?
-Los equipos deberían ser diseñados teniendo en cuenta aspectos vinculados a la seguridad de la información. Esto no sucede por dos motivos: el primero es que los fabricantes no saben nada de este tema, y en segundo lugar, que su negocio es de mucho volumen y poco margen, entonces incluir este tipo de funcionalidad los encarecería. Por todo esto, creo que se trata de un ideal que no vamos a ver durante los próximos años. De todos modos, sueño con que haya colaboración entre la industria de los equipos conectados y los desarrolladores de soluciones de seguridad informática. Por otra parte, el usuario de estos productos debe estar informado sobre lo que pasa en materia de ataques y, antes de comprar un producto de este tipo, pensar si realmente tiene sentido poder encender la cafetera desde el smartphone con los riesgos que esto conlleva.
-Dado que piratas informáticos de Rusia realizaron con éxito ataques cibernéticos durante las últimas elecciones de los Estados Unidos, ¿cómo podría una persona estar protegida si Estados Unidos no pudo?
-Lo que sucedió fue un tipo de ataque especial, planificado y para el cual se invirtieron miles de dólares. Si un gobierno quisiera atacar a otro y se lo propusiera, podría hacerlo con éxito.
- ¿Es ésta una nueva modalidad bélica?
-Estamos ante una nueva forma de atacar a otro país y de hacer espionaje. Robar información con propósitos políticos o económicos es algo que existe desde siempre. Lo que cambió es que antes se utilizaban espías y ahora se apela a los hackers.
D. S. 

miércoles, 8 de junio de 2016

CADA VEZ MAYOR PELIGRO EN LAS REDES


No existe ningún software que vaya a proteger a nuestros hijos en Internet. Es la más arraigada de las fantasías en torno de la compleja y problemática relación entre los chicos y la tecnología. Albergamos la esperanza de encontrar el filtro infalible contra contenido inadecuado o un programa que los alerte del criminal que se esconde tras una fachada amigable. Y es verdad, los controles parentales y los navegadores para niños son de mucha utilidad. Pero una vez que el chico aprende a leer, escribir, sumar y restar, aprende también cómo configurar una computadora o un smartphone, y los corralitos que hasta entonces habían dado buen resultado se vienen abajo. Para cuando dé los sanos e indispensables primeros pasos hacia una adultez independiente, el castillo de naipes de la protección automática habrá desaparecido.


Si hace 30 años esta etapa de la vida era conflictiva, hoy, con la llegada de la digitalización, lo es a una escala que escapa a nuestra comprensión. Se impone, tal vez, un giro copernicano en la manera de lidiar con el hecho de que los chicos llevan una poderosa computadora en su bolsillo, conectada a una red global y con herramientas que, tres décadas atrás, sólo existían en la literatura de ciencia ficción.
Tendemos a pensar que, como nuestros hijos saben más que nosotros de tecnología, entonces, no tenemos modo de controlar lo que hacen. Es un razonamiento válido, excepto que tampoco podríamos controlarlos si fuéramos expertos en informática. Los padres están abrumados, pero no por la falta de conocimientos técnicos, sino por la enormidad de lo que necesitan fiscalizar: Facebook, Snapchat, WhatsApp, Twitter, Hangouts, Skype, Telegram, y la lista crece cada semana. Sin embargo, tampoco nuestros padres fueron capaces de vigilar todo lo que hacíamos. Si llegamos hasta aquí fue más bien gracias a que contábamos con "los viejos" y a que, tras las rabietas, tenían nuestro respeto y nuestro afecto.


Pero nada es tan simple, e Internet impone una capa de complejidad que puede resultar espeluznante. Si un pedófilo se hace pasar por una chica de 12 años en Facebook, no hay afecto, confianza, respeto ni valores que protejan a sus víctimas. Y esto es horrendo, porque los padres se sienten doblemente impotentes para cuidar a sus hijos, un instinto tan poderoso que no dudarían en dar la vida por ellos. Desde que Janusz Korczak se inmoló junto a sus pequeños huérfanos durante el Holocausto, sabemos que cada madre y cada padre es un mártir en potencia. Pero la era digital parece haberles robado este privilegio. La salida, de nuevo, no está en un programa espía, en una niñera de software.
Todo una ilusión
La nueva capa de complejidad que vienen a traer las computadoras e Internet consiste en que en la pantalla todo es una ilusión. El banco online no es un edificio de ladrillos, hierro y vidrio. El diario en la Web no está hecho de papel. El mail angustiante que nos amenaza con una causa penal parece muy verosímil; vamos, ¡si hasta tiene el logo del FBI! Sí, pero incluso ese logo es un amasijo de unos y ceros.



Los adolescentes saben más que nosotros de computadoras y smart-phones y, para peor, no lo saben porque lo hayan estudiado, sino porque forma parte de su mundo desde que su mundo existe. Esta ventaja les impone, sin embargo, un punto ciego: creen ciegamente en sus pantallas, y nada es menos confiable que un display. Los adultos, que a los golpes hemos aprendido a desconfiar, debemos instalar esta duda en los chicos. Será la piedra fundacional para una autonomía virtual a prueba de engaños y ardides.
Y una cosa más. Se nos bombardea con la idea -falsa- de que nuestros contactos en Facebook son amigos, con el concepto de que todo queda entre nosotros, como si fuera una reunión en casa. Nada de esto es verdad. Por mucho que nos esforcemos en blindar la privacidad de nuestro perfil, toda frontera digital es porosa por definición. Es muy difícil convencer al chico que empieza a independizarse de no subir demasiados datos a Facebook, porque la presión social es enorme, pero también es tarea fundamental.


Esta campaña inglesa, reproducida en el sitio Foresenics, es un buen comienzo para empezar a abrirles los ojos (http://www.foresenics.com.ar/novedades.html?p=4971). Pero, otra vez, no alcanzará con hacer privado un perfil, porque un amigo real podría, sin mala intención, replicar fotos y comentarios. Es menester insistir: no hay mecanismo automático de salvaguarda. En este nuevo mundo de redes dentro de redes, la duda y la prudencia son las primeras y más sólidas líneas de defensa.

A. T.

martes, 7 de junio de 2016

GRAVES PELIGROS EN EL USO DE LAS REDES


Todavía son chicos, pero sus vidas no están gobernadas por los códigos de la infancia. Los peinados, las actividades recreativas y hasta la manera de relacionarse con el otro sexo; todo los encamina tempranamente hacia la vida adulta. Muchos, sin embargo, no desarrollaron aún los mecanismos para hacerle frente a ese mundo de grandes. Incluso, el haber crecido puertas adentro, en medio de relaciones virtuales, les da menos roce para afrontar los peligros.



Los chicos de 8 a 12 años, esos que mueven sus primeras fichas en Internet, son el grupo más vulnerable a convertirse en víctimas de un acosador sexual. Así lo confirmó el fiscal Horacio Azzolín, de la Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia (Ufeci). El caso de Micaela Ortega, de 12 años, asesinada luego de encontrarse con un hombre de 26 al que había conocido por Facebook, despertó la preocupación de los padres, que sienten que la vida de sus hijos en las redes es algo que se les escapa de las manos. Pero según los especialistas, a los 12 ya es tarde para empezar a preocuparse por esa vida virtual.
"Hay que empezar antes: desde los 8 años ya están en riesgo", dice Sebastián Bortnick, presidente de la ONG Argentina Cibersegura, que impulsó en el Congreso la sanción de la ley de grooming, y convirtió en delito el acoso sexual a menores por Internet y por otros medios electrónicos. Por esa figura, desde 2013, ya hay 200 causas penales. Las denuncias son muchas más. Sólo en Capital, se reciben a raíz de 15 a 20 denuncias por día vinculadas al tráfico de pornografía infantil, según detalla el director del Cuerpo de Investigadores Judicial (CIJ) del Ministerio Público Fiscal porteño, Enrique del Carril.
¿Cómo deberían los padres preparar a sus hijos para este mundo? ¿Cómo deben manejar la vida de sus hijos en las redes? ¿Sirve prohibirles el acceso? ¿Y espiarles las cuentas?


A pesar de que redes como Facebook sólo admiten usuarios de más de 13 años, el uso de esa red social entre chicos de menor edad es generalizada en el país. "Siete de cada diez chicos argentinos de entre 10 y 12 años tiene perfil en una red social", afirma Roxana Morduchowicz, doctora en comunicación de la Universidad de París y autora del libro Los chicos y las pantallas.
"¿Por qué será? Lo sabe cualquier padre que tenga hijos de esa edad. Porque hoy la vida social de los chicos pasa por las redes. Así como nosotros nos encontrábamos a jugar en una plaza, en la calle o en la casa de un amigo, hoy los chicos se encuentran en la Red. Eso no es bueno ni malo de por sí. Es como es", dice.
Así como en otra época la autonomía se comenzaba a conquistar a los 13 años y se terminaba a los 18 o con el primer trabajo, hoy la autonomía se logra en las redes sociales. "Hoy es el primer espacio en el que los chicos se sienten libres, en un mundo sin adultos -agrega Morduchowicz-. No es necesario convertirse en un espía, ni hackear la cuenta de tus hijos para sentirte seguro. Antes, hay muchas cosas que se pueden hacer, como establecer pautas claras según las edades." No es lo mismo los 8 años que los 11, los 12 y, menos, los 15.
Hace algunos meses, la mamá de Antonella, de 12 años, entró a su perfil de Facebook. En las conversaciones privadas encontró mensajes de un compañero de la escuela que le pedía que le mandara fotos desnuda y le proponía algún contacto sexual. Se sorprendió al leer la respuesta de su hija: decía que no, pero quizá no con la firmeza que su mamá esperaba. Tal vez, no faltaba tanto para que ella accediera. En todo ese tiempo, su hija no le había comentado nada sobre la situación que vivía.



La ONG Alerta Vida, que trabaja con casos de grooming, hizo un estudio en 2015 y detectó que en el país siete de cada diez chicos sufrieron algún tipo de acoso virtual mientras navegaban por las redes sociales. Según otro relevamiento que hizo Taringa! y el Consejo de Niños, Niñas y Adolescentes porteño, uno de cada dos adolescentes de entre 14 y 17 años se encontró con un desconocido que conoció por Facebook. Sólo dos de cada diez sintieron miedo.
"Nosotros solemos decir: las pautas de autocuidado las damos hasta los 11 años. Después tenemos que rezar. Hoy, como se han acelerado los procesos de autonomía, antes de los 11 años tenemos que haberles dado a nuestros hijos las herramientas de reflexión y pensamiento crítico para dudar de lo que se les ofrece. Si a los 12 le espiás el perfil y te encontrás con sorpresas, significa que no hubo una conversación antes", dice Marcela Czarny, de la ONG Chicos.net, que se dedica a investigar y a concientizar sobre la dimensión de la vida virtual de los chicos.
Chicos.net este año realizó una investigación sobre las actitudes de los padres respecto del control de sus hijos en las redes sociales. Entre los resultados, el 85% de los padres argentinos dijo que se siente preparado para lidiar con los riesgos que puedan sufrir sus hijos en Internet. Sin embargo, se apunta que esto puede ser una simplificación de los riesgos reales.
En la mayoría de los casos en que los padres establecen pautas sobre el uso de Internet con sus hijos, éstas tienen que ver con el tipo de contenido permitido y la cantidad de tiempo, normas que pierden efectividad cuando el chico accede a Internet desde su propio celular. Además, las pautas no son consistentes y se negocian es función de la conveniencia del adulto para poder tener tiempo libre mientras su hijo está entretenido en la Red, dice el informe.
El tipo de control más utilizado por los padres es el in situ. Es decir, estar al lado mientras está conectado. Pero, en cambio, desconocen qué hacen sus hijos en la Red cuando ellos no están.
"Los padres, muchas veces, con o sin intención, buscan excusas para no comprometerse con el cuidado. Pensar que los chicos saben más que uno es un error. Ellos sólo tienen el conocimiento instrumental, pero muchas veces no dimensionan el peligro. Sería muy necesario que nos acostumbremos a preguntarles, tal como hablamos de otras cosas, qué hiciste hoy en Internet, qué viste, con quién hablaste. No como un control policial, sino como un tema de conversación. Una forma de cuidado. A los chicos les hace bien sentir que estamos presentes, que nos pueden contar qué hicieron y con quién hablaron", dice Morduchowicz.


"La línea entre el cuidado, el control y el espionaje es delgada y cada padre la tiene que manejar -opina Bortnick-. Lo que no se puede hacer es desentenderse. Hay que crear el canal de diálogo sin acosar: generar en los hijos la sensación de que uno está mirando, está cuidando. Pero eso lleva tiempo y trabajo. No podemos desconocer las redes en las que se mueven los chicos. Hay que estar presentes, conocer cómo se usan, sea Facebook, Instagram o Snapchat. No hacerlo, como padres, es mirar para otro lado."
¿Cómo manejás el acceso de tus hijos a las redes sociales?
"Mis hijos sólo se conectan con conocidos para jugar online"
Ana, mamá de tres varones de 14, 11 y 8.
"Recién este año le dejé tener Instagram, con la condición de que lo maneje desde un mail mío y con la cuenta privada. Sólo acepta amigos reales"
Juan, papá de una hija de 11 años
"No van a usar celular hasta los 15. Tienen iPad con clave común, y cada tanto miro los chats"
Juan Pablo, papá de dos varones de 12 y 8, y una hija de 4 años
"Aún no los dejo usar Facebook. Creo que todavía no están en edad de comprender el alcance de lo que dicen, ni los peligros a los que se exponen"
Amalia, mamá de chicos de 11, 10 y 7
"No tiene celu; sólo Facebook e Instagram. La compu está en el living. Charlamos mucho, él sabe que no puede aceptar a desconocidos. No le reviso los contactos todos los días. Puede aceptar a alguien y que yo no me entere. Por eso, hay que despertar su sentido crítico porque yo no estoy al lado suyo siempre"
Cynthia, mamá de un varón de 11 años
"Ella está en todas las redes sociales, y las claves están en la compu. Tengo acceso, pero no la controlo. Son sus cosas privadas; prefiero tener confianza"
Mariana, mamá de una adolescente de 16
"Es muy difícil manejar el tema con los preadolescentes. En general, no nos participan de sus charlas"
Alejandro, papá de dos chicas de 12 y 8

E. H.

viernes, 4 de marzo de 2016

¡¡CUIDADO!! INTERNET TAMBIÉN ACECHA...


Habrán oído esta combinación de palabras un número de veces, y habrán notado que la definición es bastante escurridiza. ¿La Internet de las Cosas es una nueva Internet? No, para nada. ¿A qué cosas se refiere? Prácticamente a todo lo que existe, y éste es el motivo por el que la definición resulta tan esquiva. Los zapatos, los anteojos, cualquier prenda de vestir, las luces de tu casa, la cafetera y la tostadora, el aire acondicionado y las heladeras, el lavarropas y el microondas, el cepillo de dientes, las macetas en el balcón, las ventanas, las sillas y los utensilios de cocina, todo esto y un millón de objetos más están empezando poco a poco a incorporar inteligencia. Es decir, una computadora en miniatura y conexión inalámbrica con Internet. No se trata sólo de pequeñeces domésticas, además. También podrán conectarse (en algunos casos esto ya es así, en parte) los coches, los dispositivos de análisis clínicos y diagnóstico por imágenes, los implantes médicos, edificios enteros, chips para el ganado o para tu perro, los semáforos, las cámaras de seguridad, los sensores de humo (como el Protect, de Nest), los puentes, las vías del tren y líneas de montaje de toda clase. Ciudades enteras, llegado el caso.

La IoT no es sólo algo del futuro. Los teléfonos no solían tener nada de inteligencia ni conectividad. Ahora, a ambas características se sumaron dos cámaras, un micrófono y sensores de toda índole y notable precisión (de humedad y temperatura, acelerómetros, de presión atmosférica, luminosidad y campos magnéticos). Ah, y un receptor GPS. Dicho simple, un celular sabe más sobre mi entorno de lo que mi propio cerebro puede captar, y es capaz de enviar toda esa información por Internet a terceros o usarla para tomar decisiones y ejecutar acciones concretas.
Una escena del Congreso Mundial de Móviles, esta semana, en Barcelona; la Internet de las Cosas fue una de las estrellas de la expo

La vaguedad de la palabra cosas es testimonio del vasto espectro de aplicaciones de la IoT. Algunas ideas sueltas, bien conocidas en el rubro: las lámparas inteligentes podrían ayudarnos a ahorrar energía; los semáforos contribuirán al control de tránsito inteligente; hay tenedores que cooperan (o intentan cooperar) con nuestra dieta y cepillos que ayudan con nuestra salud dental; existen heladeras conectadas y aparatos de aire acondicionado que pueden encenderse y apagarse a distancia.

Todavía es algo incipiente, pero de a poco estas cosas que durante siglos fueron objetos inertes están aprendiendo nuevos trucos. Si está lloviendo, ¿qué necesidad hay de encender los aspersores en el jardín? Más: si el pronóstico anticipa lluvias para mañana, el aspersor debería ser el primero en enterarse, porque entonces ni siquiera hace falta regar hoy. Tu heladera y tu alacena aprenderán tus hábitos para que nunca te falten esos ingredientes que usás a menudo. En los países donde el medidor de luz domiciliario es inteligente (no es el caso de la Argentina), los equipos que más consumen te sugerirán lavar ropa fuera de las horas de mayor consumo y poner el aire en 24. Un día, me imagino, lo pondrán en 24 te guste o no. A menos que aceptes ver algunos avisos de publicidad.


En 2011 Cisco predecía que en 2020 habrá 50.000 millones de objetos en la Internet de la Cosas. Gartner, en 2013, auguraba 26.000 millones. Otros hablaban de 30.000 millones. Parece mucho, pero es sólo una fracción de lo que se viene. Basta imaginar todos los objetos que existen en el mundo y que tienen el potencial para adquirir inteligencia.
Hay 3200 millones de personas conectadas a la Red, que interactúan con -digamos, grosso modo- 100 objetos por día. Así que 320.000 millones de cosas inteligentes no es ningún disparate. Además, no hace falta que las personas tengan acceso a Internet (hay casi 4000 millones en esas condiciones) para que usen algo conectado con la Red. Sumemos todas las luminarias, semáforos y cartelería del planeta. Más la infraestructura que la civilización necesita para funcionar, desde los ascensores hasta las cosechadoras de grano. La Internet de las Cosas es tan multitudinaria que escapa a nuestra comprensión numérica. Tanto, que el protocolo de Internet que usamos durante 30 años (y seguimos usando, en muchos casos), el IPv4, no es lo bastante poderoso para hospedar todas las cosas conectadas de la IoT. Con un espacio de direcciones de 32 bits, sólo puede ofrecer unos 4200 millones de números IP (2 elevado a la 32); si pretendemos que cada objeto tenga su dirección IP, no alcanza. Ya no alcanza. El nuevo protocolo, el IPv6, que se puso en marcha el 6 de junio de 2012, gracias a su espacio de direcciones de 128 bits es capaz de hospedar 1500 direcciones IP por cada metro cuadrado del planeta (340 sextillones).


El número de cosas inteligentes que habrá pronto entre nosotros, con nosotros, corta el aliento. Se supone que este entramado será para bien. Combinada con lo que se conoce como Datos A Gran Escala (Big Data, en inglés), la IoT ayudará a pronosticar mejor el tiempo, a prevenir y luchar contra las enfermedades, a reducir nuestro apocalíptico gasto energético y a doblegar el descontrolado tránsito urbano. Tendrá un rol en alertar sobre catástrofes naturales y cooperará con la seguridad pública, la educación, el comercio, la economía y las finanzas. No es chiste. Si no reducimos drásticamente las emisiones de gases de invernadero, nuestros hijos llegarán a adultos en un mundo atroz, con buena parte de las ciudades costeras bajo un metro de agua y un clima de pesadilla. Si la IoT demuestra que puede reducir nuestro consumo energético, entonces será algo imprescindible.
Inevitable
Pero hay algo más, mucho más importante. La Internet de las Cosas es inevitable. No se trata de una moda o un invento divertido. Es el siguiente paso lógico en la evolución de las tecnologías del cómputo y las comunicaciones digitales. Como los robots o la inteligencia artificial, la Internet de las Cosas no es opcional. Al ritmo que vamos, es una de las tecnologías con mayor potencial disruptivo y de creación de riqueza de la historia reciente. Que las cosas se vuelvan inteligentes y hablen entre ellas y con centros de datos, vaya.


Estoy persuadido de que todo esto será para bien. Pero antes de zambullirnos gozosamente en el océano del Big Data y la IoT deberíamos conocer los riesgos y prepararnos para mitigar su impacto. Diría que hay por lo menos tres.
Una mala decisión
El primero tiene que ver con la autonomía que les concederemos a las cosas conectadas. Haría de esta columna un texto interminable el contar la cantidad de veces que las apps se confunden, aceptan por ciertos datos falsos, llegan a conclusiones sofísticas. Contaré algunas de estas anécdotas en próximas columnas, y se van a asombrar. En serio. Pero, para abreviar, no queremos, de momento, que la IoT haga cosas sin preguntar. Concederle esta autonomía debería ser un proceso lento, en entornos muy controlados y con regulaciones razonables y prudentes.
Creo que hackearon tu cafetera 


El segundo riesgo está relacionado con la burda y brutal inseguridad informática en la que vivimos inmersos. Dicho simple, un atacante podría aprovechar una falla de seguridad en una cosa inteligente y obligarla a hacer algo disparatado. Con un cepillo de dientes no hay demasiado de qué preocuparse. Muy diferente sería si se tratara de una tostadora de pan o una caldera. Supongamos que logro hackear el aire acondicionado de mi vecino, con quien me llevo mal y acaba de irse un mes de vacaciones. Supongamos que le pongo el aire a 16 todo el mes, 24 horas por día. Supongamos que, ya que estoy, como la vulnerabilidad del aire acondicionado está también presente en el sistema operativo del lavarropas, ejecuto 15 lavados por día, con secado por calor. Pobre hombre, cuando regrese, descubrirá que no le alcanzan los salarios de todo el año para pagar la cuenta de la luz.
Esta es la razón por la que el Instituto de Ingeniería Eléctrica y Electrónica (IEEE) se preguntaba estos días si acaso la IoT no necesitará un laboratorio independiente de certificación, equivalente al UL, pero relacionado con la seguridad informática, luego de un ejercicio realizado en la Universidad de California en Berkeley; el asunto fue citado en esta esclarecedora nota de The Register.
Pese a lo que se cree, las vulnerabilidades críticas no son la excepción, son la regla. Todos los días -lo veo en la información que llega automáticamente a mi pantalla- se anuncian varias fallas de seguridad en dispositivos un millón de veces más cruciales que una tostadora. Routers de Internet, servidores Web, servidores de autenticación, bibliotecas de lenguajes de programación que afectan a decenas de miles de aplicaciones, y así.


Hace poco, lograron tomar el control de un auto inteligente de forma remota y el conductor (un voluntario, redactor de la revista Wired) terminó asustado y en la banquina. Por este motivo, el fabricante, Fiat Chrysler, debió retirar del mercado 1,4 millón de vehículos de sus marcas para revisar su software. Podrán acusarme de sembrar la paranoia, pero estoy bastante seguro de que el directorio de Fiat Chrysler me daría la razón.
Dadas las condiciones de seguridad informáticas actuales, el caldo de cultivo que se cocinaría con la IoT es alarmante. No importa el sistema operativo, no importa la aplicación, todo lo digital es vulnerable a ataques. Si además de recolectar y transmitir la información, la Internet de las Cosas obtiene permiso para hacer algo, entonces un ataque sobre objetos peligrosos (un auto, por caso) podría costar vidas. Es una de las conclusiones del IEEE.
Te estamos observando


El tercer riesgo lesiona el corazón mismo de la privacidad. Hace justo un año Samsung tuvo un par de semanas agitadas cuando se descubrió que sus televisores inteligentes estaban oyendo todo el tiempo lo que ocurría alrededor y podían enviarlo a terceros sin autorización . Luego se descubrió que, en algunos casos, las conversaciones registradas por sus smart TV se transmitían sin cifrar por Internet . Críticas similares recibió el Echo, de Amazon. Si me lo preguntan, cualquier cosa que admita comandos de voz abre todo un nuevo flanco en el castigado frente de la privacidad. Porque, como dije, no hace falta que el fabricante cometa algún error de implementación. Alcanza con que el dispositivo sea invadido por un pirata. Windows, Linux (y por lo tanto Android) y OS X tienen vulnerabilidades que vienen durando años. Linux en particular es uno de los sistemas preferidos para embember en objetos inteligentes, y esa no siempre es una buena noticia.


Estos antecedentes son pueriles si se piensa que los objetos inteligentes y conectados no sólo podrán oír lo que decimos, sino que también sabrán si hay personas en la casa. Serán capaces de ver lo que hacemos y, por añadidura, tendrán la capacidad -ya la tienen- de crear patrones de comportamiento. Es un asunto serio que todavía no tiene solución. Si queremos hablarles a nuestros objetos, entonces deben ser capaces de oír. Si queremos que el sensor de humo o el de presencia nos avisen por Internet de que algo pasa en la casa, entonces deben detectar movimiento, calor y si estamos haciendo un bife a la plancha. Bien cocido, por favor.
Cosas veredes
Y los tres riesgos podrían combinarse, no son mutuamente excluyentes. Una cosa inteligente podría suponer erróneamente dónde está, habiendo sido intervenida por un pirata informático, y tomar en consecuencia una decisión imprudente, decisión que podría comunicarle a terceros, con resultados todavía más peligrosos o comprometedores.


En conclusión, nos esperan tiempos interesantes. Las máquinas están volviéndose cada vez más inteligentes, aunque todavía les falta cobrar conciencia de sí y de su entorno. ¿Se convertirá la IoT en los ojos y los oídos de una mente cibernética global, como en la ciencia ficción? Tal vez, pero mucho antes de eso, en mi opinión, hay asuntos más terrenales y cercanos por resolver. Mientras aprendemos los límites y las regulaciones que le caben a las cosas que están aprendiendo a ver, oír, percibir, procesar información y comunicarse, me parece que el primer paso es entender qué es la IoT, para evitar que, de nuevo, como ha ocurrido con docenas de buenas ideas, compremos sólo el lado brillante y nos olvidemos de que, si hay luz, entonces, inevitablemente, hay sombra. 

A. T.