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lunes, 1 de agosto de 2022

PROYECTO NATURALEZA




Colillas. Otro gran enemigo del medio ambiente
Pasan desapercibidas, pero son el residuo más abundante de la vía pública en el planeta
Manuel TorinoUna colilla puede tardar 14 años en degradarse
Costó millones de vidas, gastos siderales en atención médica y décadas de campañas de concientización, pero pareciera que el mundo está empezando a controlar la epidemia del tabaquismo. Si bien falta un largo camino por recorrer, el número de fumadores disminuye lentamente: en la actualidad hay 1300 millones de consumidores de tabaco en el mundo, frente a los 1320 millones que había en 2015. Y se espera que esta cifra descienda a 1270 millones en 2025, según los datos de la Organización Mundial de la Salud, que también destaca que alrededor del 60% de los países han experimentado una disminución del consumo desde 2010, entre ellos la Argentina.
A esta altura, es más que sabido que el cigarrillo es el enemigo público número uno para la salud humana. Lo que todavía no es tan conocido es que también lo es para el ambiente: las colillas de cigarrillo son el residuo más abundante de la vía pública en el planeta. Se estima que los fumadores desechan unos 18.000 millones de colillas por día, aproximadamente. Solo en Argentina, por cada minuto que pasa, 54.000 de estos residuos llegan al ambiente. Además, una sola colilla puede tardar 14 años en degradarse y contaminar hasta 1000 litros de agua.
Un acto en apariencia trivial como tirar una colilla al piso genera un considerable impacto ambiental. Por eso es importante repasar de qué están hechos estos residuos. Según un flamante informe sobre el impacto socioambiental de las colillas del cigarrillo publicado por la ONG Eco House Global, cada una contiene diferentes sustancias químicas que son liberadas al ambiente con el correr del tiempo, lo que las convierte en un residuo peligroso. Se estima que el humo del tabaco contiene unos 7000 componentes, de los cuales casi 70 son sustancias cancerígenas, tales como arsénico, benceno, berilio, cadmio, cromo, óxido de etileno, níquel y cloruro de vinilo.
Todas estas sustancias son absorbidas por el filtro y pueden permanecer en la colilla, remarcan.
“¿Cómo es posible que exista un producto masivo, de venta libre, altamente contaminante para el agua, el suelo, el aire, la humanidad y la biodiversidad, cuyo residuo es arrojado consciente e inconscientemente en espacios públicos más de cuatro billones de veces, aproximadamente, por año? A partir de una simple colilla de cigarrillo, podemos hablar del mundo y de la profunda crisis socioecológica en la que estamos”, reflexiona Máximo Mazzocco, fundador de Eco House Global. Este inquieto activista recuerda que una tarde de agosto del 2009 salió a juntar colillas de cigarrillo por el Microcentro porteño con cinco compañeros de la facultad. Lo que comenzó como un inocente experimento universitario enseguida se transformó en algo más grave: en una hora recolectaron 2000 colillas.
Lamentablemente, las cosas no cambiaron demasiado desde entonces. Según una encuesta realizada por la misma organización entre 2017 y 2020 a más de 10.000 fumadores en la ciudad, el 70% de los entrevistados reconoció que arroja la colilla al piso en un acto automático. Esto ocurre tanto en espacios públicos urbanos –calles, veredas y plazas–, como en ambientes naturales. Muchas de estas colillas son arrastradas a los desagües por el viento o las lluvias y así llegan hasta los arroyos, ríos y océanos y contaminan millones de litros de agua, advierten en el completo informe, que llevó dos años de investigación y busca generar conciencia y proveer herramientas para reducir las consecuencias de la mala gestión de las colillas.
Además, desde la ONG presentarán al Congreso un proyecto de ley de Responsabilidad Extendida del Productor para que la industria tabacalera, tal como sucede por ejemplo con las pilas y baterías en desuso en Buenos Aires, tenga que hacerse cargo del impacto ambiental de sus productos.●

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

lunes, 6 de junio de 2022

PROYECTO NATURALEZA


El costo ambiental de la moda. La ropa de segunda moda marca tendencia
La industria textil genera el 10% de las emisiones que provocan el calentamiento global: marcas y acciones que promueven la reutilización como el hit de la indumentaria
Manuel Torino
El desierto de Atacama, en Chile, se transformó en el “cementerio textil del planeta”
Ya célebre por ser el más seco del mundo, ahora el desierto de Atacama está ganando notoriedad por su flamante condición de cementerio textil del planeta. Miles y miles de toneladas de ropa usada –provenientes en gran medida de Estados Unidos, Asia y Europa– se acumulan allí desde que Chile se convirtió en el mayor importador de desechos textiles de Sudamérica.
Esta verdadera montaña de indumentaria, en la que pueden encontrarse prendas de las marcas más reconocidas (algunas todavía con la etiqueta puesta), es la evidencia de que el consumo de fast fashion, como se denomina a la estrategia de las grandes cadenas que lanzan colecciones de ropa de baja calidad a precios baratos varias veces al año, es un problema inocultable.
Inocua a primera vista, la industria textil es de las más contaminantes del mundo. Según cifras de la ONU, genera el 10% de las emisiones de CO2 que provocan el calentamiento global y es el segundo proceso de producción que mayor cantidad de agua utiliza. Fabricar un jean de algodón requiere de 7500 litros de agua, el equivalente a lo que bebe una persona durante siete años.
Frente a este escenario, muchos de los protagonistas del sector están cambiando las pieles para minimizar el costo ambiental de la moda. Y en este sentido no son pocos los que apuestan por la reutilización, es decir, con darle una segunda oportunidad a la ropa. A nivel global, el mercado second hand ya mueve 36.000 millones de dólares y su potencial es inmenso: según un informe de ThredUp.com, el sitio de ropa usada más grande del mundo, en los próximos diez años este negocio crecerá más rápido que el del retail tradicional y se espera que en 2030 duplique el tamaño del propio fast fashion.
El boom de la indumentaria pre-loved –entrañable eufemismo que promueven los consumidores conscientes– se explica en gran medida por el éxito de algunos grandes marketplaces (como el propio Thredup, Vinted o The RealReal) que conectan sin intermediarios a vendedores y compradores de ropa. Sin embargo, las principales marcas del mundo ya están tomando nota de este cambio de hábito sustentable. Según el reporte, más de la mitad de las grandes cadenas confirmaron que piensan ofrecer productos de segunda mano a sus clientes. Algunas marcas icónicas ya lo hacen: por ejemplo Levi’s lanzó su propia web de segunda mano, Nike creó un servicio que apunta al segmento y Patagonia desde hace tiempo ya promueve extender la vida útil de sus prendas en su plataforma Worn Wear.
Por estas latitudes comprar y vender ropa usada también comienza a ser tendencia. “Si bien en Argentina el mercado de segunda mano siempre tuvo un tamaño estable con las tradicionales ferias americanas, en los últimos años se dio un crecimiento muy importante en el mercado, con la aparición de propuestas más completas para el cliente en la experiencia de compra”, explican Brenda Andersen y Constanza Darderes, fundadoras de Cocoliche, un emprendimiento que promueve la compra y venta de ropa seleccionada vía web y en locales en Palermo, Belgrano y La Plata. “Ya llevamos reinsertadas en el mercado casi 400.000 prendas evitando así su fabricación y disminuyendo el impacto ambiental de la industria textil”, aseguran. Otras de las iniciativas locales más activas son RenovaTuVestidor y el ya clásico vintage Juan Pérez.
¿Cuál es el perfil del consumidor de ropa usada hoy? Según las fuentes consultadas todavía en el país el hábito se concentra en mujeres que en su gran mayoría valoran positivamente el hecho de reutilizar y a la vez acceder a una prenda original a un precio más que razonable. Sin embargo, algunos aseguran que estamos en los albores de una revolución en la industria de la moda. Una señal: ya hay indicios de que la Generación Z desconfía de los productos nuevos catalogados con el muchas veces dudoso sello de “orgánico” y que prefieren buscar alternativas en el mercado de segunda mano. “La prenda más sustentable es la que ya existe”, escribe Dafna Nudelman, especialista en consumo responsable y autora del flamante Cómo rompimos el mundo y cómo podemos arreglarlo (editorial Paidós). Según la autora, no importa que tan sustentable sea la tela o el modo de producción, fabricar una nueva prenda va a tener un impacto, y habiendo tantas ya fabricadas en el mundo, lo mejor que podemos hacer es amortizar su huella ambiental. “El consumo y la moda necesitan redefinirse, hacer foco en el cuidado del medio ambiente, la reducción de la huella de carbono, el trabajo decente, la equidad de género y la transparencia en la gestión”, sostienen las creadoras de Cocoliche. Y agregan: “Estos conceptos captan el interés social y por eso creemos que cada vez más personas van a elegir consumir moda de una manera más consciente”.
En números 7500 litros de agua requiere la fabricación de un jean
118 millones de personas compraron ropa usada por primera vez en 2021
36.000 millones de dólares mueve el mercado second hand a nivel global

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miércoles, 21 de julio de 2021

PROYECTO NATURALEZA


Colapso ambiental. ¿Cómo reducir tu huella de carbono?
Es urgente bajar las emisiones de gases que generan efecto invernadero: plantar tres árboles por año puede ser una forma de hacerlo

Manuel Torino





Con una perseverancia conmovedora, durante casi medio siglo el climatólogo estadounidense Charles Keeling registró diariamente los niveles de dióxido de carbono de la atmósfera en el monte Mauna Loa, en Hawai. Comenzó en 1958 y lo siguió haciendo a pesar de la indiferencia de la comunidad científica, confiado en que sus mediciones continuas serían útiles en un futuro. El tiempo le dio la razón. Años después sus datos alertaron por primera vez al mundo sobre la posibilidad de una contribución humana al calentamiento global. Hoy la llamada Curva de Keeling, una serie de actualización diaria disponible en la web que refleja el aumento abrupto de la concentración de CO2 en la atmósfera, es quizás el gráfico más relevante de la era en que nos toca vivir.
Según los expertos que estudian el cambio climático, lo que advierte de forma irrebatible la Curva de Keeling es que ya no nos queda margen para seguir emitiendo carbono –uno de los gases de efecto invernadero responsables del calentamiento global– y que si queremos evitar que el aumento de la temperatura mundial genere una catástrofe climática y altere para siempre el planeta tal como lo conocemos, debemos recortar drásticamente nuestras emisiones. En otras palabras, tenemos que empezar a pensar en términos de carbono.
La mentalidad de carbono es un nuevo enfoque en la agenda sustentable global que comienzan a adoptar cada vez más líderes políticos, empresarios y también ciudadanos de a pie. ¿De qué se trata? Básicamente, de incorporar la variable de las emisiones de dióxido de carbono como una prioridad en la toma de decisiones. Ya sea proyectando una gran obra pública, lanzando un nuevo producto de una marca o incluso planeando unas vacaciones en familia, hay que tener en cuenta dos presupuestos: uno financiero y otro de carbono. Con la particularidad de que este último es fijo ya que hay un límite de carbono que no debemos sobrepasar si queremos evitar un colapso climático.
“Debemos desarrollar una hoja de ruta climática sólida e inclusiva a través de objetivos y métodos basados en la ciencia, e inculcar una mentalidad de carbono en las organizaciones, con el fin de reducir las emisiones netas a cero en todo el mundo, tan rápido como podamos”, dice en diálogo con la nacion la italiana Elena Morettini, geóloga con extensa trayectoria en la industria energética que ahora lidera el área de negocios sostenibles de Globant, el unicornio argentino que busca acompañar, a través de la digitalización y la tecnología, las transiciones energéticas de empresas de todo el mundo.
Compromiso global
¿Es utópico pensar en un mundo descarbonizado en el corto plazo? Muchos señalan que el imperio de los combustibles fósiles tambalea hace tiempo pero que no termina de caer. El principal argumento de los escépticos es económico: aunque no lo parezca, el petróleo es un bien muy barato. Al respecto, no tiene desperdicio la comparación que hace Bill Gates en su último libro sobre cómo cuesta menos un litro de gaseosa que un litro de crudo.
Sin embargo, algunos optimistas se ilusionan con el hecho de que por primera vez en la historia, decenas de países, cientos de ciudades y miles de empresas asumieron en público compromisos climáticos para reducir drásticamente sus huellas de carbono. El caso más emblemático es el de Estados Unidos, que de la mano de Joe Biden y de un gabinete de perfil verde se comprometió a disminuir a la mitad sus emisiones de gases de efecto invernadero para 2030, con vistas a alcanzar la neutralidad en carbono para 2050. En la otra esquina del ring geopolítico, China, el principal contaminante global, hizo lo propio. Incluso el gobierno argentino estableció ambiciosas metas con el objetivo de limpiar su matriz energética.
Entre los que promueven la necesidad de empezar a pensar en términos de carbono, una idea viene pisando fuerte: para evitar un colapso climático todos deberíamos calcular nuestra propia huella de carbono personal. ¿Cómo se calcula? Haciendo un inventario de las actividades individuales que generan gases de efecto invernadero durante un año, mediante apps gratuitas. El siguiente paso es compensarla, es decir, equilibrar la cantidad de carbono que liberamos a la atmósfera, por ejemplo restaurando bosques u otros ecosistemas que sirven como sumideros de carbono. Se estima que para compensar su huella personal, en promedio cada argentino debería plantar unos tres árboles por año. Un objetivo que puede parecer lejano pero que es alcanzable si combinamos la tenacidad que alguna vez mostró Keeling con una mentalidad de carbono.

El autor es periodista especializado en sustentabilidad y fundador de www.Aconcagua.lat

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lunes, 16 de marzo de 2020

PROYECTO NATURALEZA,


El silencio es el nuevo lujo
Detrás de la atmosférica, la contaminación auditiva es la segunda causa de enfermedades por motivos medioambientales en la población urbana

Manuel Torino 
Un pianista sube al escenario, se sienta frente a su instrumento y no toca una sola nota durante exactos cuatro minutos y 33 segundos. Es 1952 en Nueva York y un puñado de atónitos espectadores acaba de escuchar por primera vez 4'33'', la mítica pieza de John Cage, el músico de vanguardia estadounidense que compuso el silencio.
Lo que por entonces pareció una broma o una simple provocación, es en realidad una profunda reflexión sobre el sonido. De hecho, algunos críticos la consideran una de las grandes obras de arte del siglo XX.
Setenta años después, la canción de Cage no rankea en las listas más populares de Spotify pero el debate que planteó sobre la importancia del silencio -o de su ausencia- está más vigente que nunca.

Sucede que, mientras nos preocupamos por otros males de época como el calentamiento global, o ahora el coronavirus, el ruido nos está enfermando. Los que vivimos en grandes ciudades estamos expuestos a una peligrosa contaminación sonora que, según las mediciones de la Organización Mundial de la Salud, es la más alta en la historia de la humanidad.

Aunque no nos demos cuenta, el aumento de los decibeles está causando estragos en nuestra calidad de vida: la contaminación auditiva es, solo detrás de la atmosférica, la segunda causa de enfermedades por motivos medioambientales en la población urbana.
El silencio es, sencillamente, vital. Así lo demuestra la ciencia. Al respecto, Paidós acaba de editar en Argentina Por qué dormimos, un libro de esos que cambian vidas. En un revelador recorrido onírico, el neurocientífico y experto en sueño Matthew Walker demuestra cómo descansar bien puede hacernos más inteligentes, más atractivos, más felices, e incluso prevenir el cáncer.

Por supuesto que Buenos Aires no es lugar ideal para el que busca una dosis de silencio. De hecho, la ciudad de la furia tiene el dudoso honor de figurar en el top ten de las más ruidosas, según el Worldwide Hearing Index, un indicador que los expertos en smart cities usan para medir la contaminación acústica en las principales 50 ciudades del mundo.
Los protagonistas del estridente concierto porteño son tantos que se podría formar una orquesta: van desde la vetusta red de colectivos, pasando por los ladridos de los perros -la mitad de los hogares tiene mascota- y las chicharras de los garajes de los edificios -otra excentricidad local- hasta las obras de construcción, los motores de los aires acondicionados, la proliferación de bares y boliches. y la lista sigue.

Puede sonar raro, pero el ruido en Buenos Aires está regulado por ley. Sin embargo, los niveles de presión sonora aceptables están lejos de cumplirse. Una parte importante de la ciudad registra sonidos en torno a los 80 decibeles, por encima de lo que los expertos consideran saludable.

Estos datos surgen del propio gobierno porteño, quien, con vistas a mitigarlo, lanzó un novedoso mapa del ruido de la ciudad. Se trata de una herramienta interactiva que muestra, calle por calle, el nivel de contaminación auditiva. "Es un trabajo minucioso, con resultados técnicamente sólidos, que permite tomar decisiones para reducir los actuales valores de ruido", sostienen desde la Secretaría de Ambiente de la Ciudad. ¿Qué medidas acústicas ya se llevaron a cabo? Por ejemplo, la pavimentación de avenidas adoquinadas, que -aunque le pese a los nostálgicos- reduce sensiblemente los decibeles. O la instalación de paneles fonoabsorbentes en las paredes de algunos túneles. Y, por supuesto, el plan Prioridad Peatón, que sacó los autos y devolvió algo de sosiego a varias zonas de la ciudad.
Oasis urbanos

Es una cuestión de perspectivas: depende cómo se lo mire, o cómo se lo escuche, este mapa del ruido puede convertirse en el mapa del silencio. Como si fuera un tesoro, cada vez más personas con hábitos sustentables buscan los pocos oasis urbanos de tranquilidad para descansar del bombardeo sensorial al que nos somete la vida citadina.
En medio del ruido cotidiano, el silencio se convirtió en un nuevo lujo. El placer de la desconexión es un bien tan escaso que se ha desarrollado un marketing del silencio. Desde autos insonorizados y auriculares noise cancelling, hasta lounges de aeropuertos y hoteles boutique que venden al silencio como parte esencial de la experiencia, todos compiten por la ausencia del ruido. Por su parte, muchos viajeros empiezan a elegir destinos turísticos más recónditos, como los países nórdicos o los polos. Escuchar el silencio absoluto puede ser tan impresionante como ver una aurora boreal.
Vincularnos con el medio ambiente es un refugio contra la adicción a las pantallas
Claro que no hay que irse tan lejos ni invertir demasiado para encontrar algo de tranquilidad acústica. Es cuestión de alejarse unos kilómetros de la ciudad y, con la ocasional interrupción de algún pájaro o del viento, la naturaleza ofrece un antídoto ideal contra la contaminación sonora. Solo hay que desconectarse y esperar hasta escucharlo. Como dijo alguna vez Miles Davis, contemporáneo de John Cage: "El silencio es el ruido más fuerte"

El autor es periodista especializado en sustentabilidad y fundador de www.Aconcagua.lat

viernes, 28 de febrero de 2020

PROYECTO NATURALEZA,


Alondra y Coco, las nutrias gigantes que formaron pareja
Extintas en el país, fueron introducidas en el Parque Iberá; se buscará que puedan tener cría para repoblar las aguas dulces
Alondra y Coco ya comparten sus días en la isla San Alonso
El lobo gargantilla, la especie de nutria más grande del mundo, solía nadar y sumergirse en los ecosistemas acuáticos de Corrientes hasta mediados del siglo XX. El animal cumplía el rol de depredador tope y se alimentaba de peces y yacarés.
Hoy está extinto la Argentina, pero gracias al esfuerzo de la Fundación Rewilding Argentina (EXCLT) junto a la Administración de Parques Nacionales, el Ministerio de Ambiente de Nación y la provincia de Corrientes, la especie será reintroducida en las aguas dulces del país.
Alondra, el primer ejemplar hembra donado por el Zoológico de Budapest, llegó a la Argentina en marzo pasado. Meses más tarde, su posible pareja, Lobo, proveniente de Suecia, murió en el viaje por problemas pulmonares.
La Asociación de Zoológicos y Acuarios de Europa a través de su Programa de Especies Amenazadas, consiguió otro ejemplar, Coco, que llegó en diciembre de Dinamarca y luego de una cuarentena, fue trasladado al corral de presuelta donde lo esperaba Alondra.
Coco y Alondra, la nueva pareja, están en el corazón del Parque Iberá, en la isla de San Alonso. Contrario a los pronósticos, el encuentro resultó “extremadamente tranquilo”. Según la bióloga brasileña Caroline Leuchtenberger, experta en comportamiento de nutrias gigantes e integrante de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN). “Primero se observaron y olfatearon a través de las rejas de sus respectivos corrales. Una vez unidos en el corral de presuelta, se pasaron horas nadando juntos y descansaron en la misma madriguera durante la noche”, añadió.
Se trata de una primera etapa que podría culminar con la llegada de cachorros que constituirán el núcleo fundacional para crear una población autosustentable de nutrias gigantes en Corrientes. Pero la pareja criada en cautiverio primero debe aprender a sobrevivir sin la ayuda del ser humano.
El espacio en el que se encuentran está delimitado por una estructura compleja a orillas de la laguna Paraná y que posee una parte acuática y otra de tierra para poder adaptarlos al hábitat en el que vivirán en libertad.
Matías Greco, un veterinario santafesino a cargo del cuidado y entrenamiento de los animales, pesca a diario el alimento para que aprendan a capturar presas vivas. Tras varios meses en el corral, Alondra ya es una diestra pescadora de pirañas, sábalos y bogas.
El coordinador del proyecto de reintroducción en Iberá, Sebastián Di Martino, explicó 
“ya se logró que se acepten como pareja. Esperamos que tengan cachorros durante el transcurso de este año. Coco y Alondra nunca fueron padres, por lo tanto decidimos que tengan a sus primeros hijos en el corral de presuelta para que crezcan en condiciones controladas y monitoreadas”. Y agregó: “Una vez que los juveniles se muestren saludables, todos serán liberados”.
A su vez, Daniel Somma, presidente de la Administración de Parques Nacionales manifestó que “se trata de una iniciativa histórica que permitirá el regreso a nuestro país de un mamífero que se extinguió hace más de 30 años. Es un plan auspicioso que permitirá alcanzar un ecosistema completo y funcional”.
Las nutrias gigantes pueden llegar a medir 1,8 metros y pesar 33 kilos. Los registros históricos indican que el rango de distribución de esta nutria se extendió desde la cuenca alta del Bermejo, en Salta y Jujuy, hasta el centro de Santa Fe y Entre Ríos, por los ríos Paraná y Uruguay.
Entre las variables que contribuyeron a su exterminio está su comportamiento diurno, sociable y curioso que provocó miedo entre los antiguos exploradores. Se sumaron las alteraciones del hábitat y la caza furtiva para el uso de su piel.


La orangutana Sandra festejó sus 34 años
Centros para grandes simios Sandra, en su fiesta
El viernes pasado, chimpancés y orangutanes celebraron en el santuario para grandes simios del estado de Florida, Estados Unidos. Un enorme cartel rosa, con letras rojas, por el Día de San Valentín, describía la ocasión: “Feliz cumpleaños, Sandra”. La orangutana, que el año pasado fue trasladada del Ecoparque porteño al Centro para Grandes Simios, en Wauchula, festejó sus 34 años con regalos y la compañía de Jethro, de 31 años. Ellos son dos de los 22 orangutanes que viven en el santuario. Las imágenes de la celebración que compartió la directora del centro, Patti Ragan, muestran a Sandra abriendo sus regalos –una manta y recipientes rojos– con los que se puso a jugar de inmediato.

viernes, 10 de enero de 2020

PROYECTO NATURALEZA


Cinco temas urgentes para salvar el planeta
Como nunca antes, somos conscientes de la necesidad imperiosa de proteger nuestro hábitat. Pero como nunca antes, lo estamos dañando. ¿Qué debemos hacer ya para cambiar el destino de la Tierra? "Los dinosaurios también pensaban que les quedaba tiempo", aseguran

Los chicos aguardan con banderas. No hay plan(eta) B, dicen. Cambien el sistema, no el clima, dicen. Nuestra casa está en llamas. Los dinosaurios también pensaban que les quedaba tiempo. Si el planeta fuera un banco ya lo hubieran rescatado, dicen. Y muchas cosas más. Las consignas son al movimiento ambiental algo así como un manifiesto atomizado que se multiplica cada viernes por el futuro, como se llama el movimiento que congrega jóvenes activistas alrededor del mundo todos los viernes.
¿Pero qué atender primero? La pregunta surge del otro lado de la protesta, en los lugares formales donde deben tomarse las decisiones. Si bien debiera ser una ecuación sencilla (sin planeta no hay vida ni industria posible), lo cierto es que no todos los sectores comparten la urgencia. Pero ese es solo un aspecto del problema. El otro es la pregunta que abre este párrafo: ¿por dónde empezar?
La deforestación en la selva amazónica, un amortiguador vital contra el cambio climático, se ha potenciado en el último año
Es un interrogante con trampa porque en ningún caso un tema está aislado del otro. Si sube la temperatura del planeta se ven afectados los océanos, pero si afectamos demasiado los océanos sube la temperatura del planeta. Lo mismo con los bosques. O con la contaminación y los plásticos: ¿debemos reducir su producción para que se desechen menos o debemos usar menos plásticos para que se produzcan menos? Para eso existen los acuerdos y los objetivos, para escaparle a las trampas del loop y empezar a conseguir resultados.
El primer objetivo con miras a 2030 es que la temperatura del planeta no llegue a 1,5°C. Hoy está aproximadamente en 1,2°C y todo indica que se va a superar la marca establecida en el Acuerdo de París si no se toman medidas drásticas. Algunos dicen que podría llegar a 2 grados o incluso a 6 para 2050. He aquí nuestro primer problema urgente: evitar una suba irreparable.

Un informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) afirmó en 2018 que las emisiones globales de CO2 deberían reducirse a la mitad para 2030 si queremos que la temperatura no suba a más de 1,5°C. En esa línea, para 2050 las emisiones deberían llevarse a cero. Esto significa que la gran mayoría de las industrias cambien absolutamente su manera de producir (por dar unos ejemplo: el consumo de carbón debería reducirse dos tercios para 2030 y las energías renovables deberían suministrar entre el 70 y el 85% de la electricidad para 2050).
Pero al margen de la temperatura, ¿cuáles son los problemas más urgentes que debemos atender y que en parte podrían prevenir ese aumento? De algún modo, la recién terminada COP25 (Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático) marcó esta agenda. Para esta nota, hablamos con especialistas y activistas ambientales que estuvieron en la Cumbre Climática de Madrid y que dan su mirada y su lista de preocupaciones. Con sus diferencias, todos coinciden en la siguiente enumeración de problemas a atender: 1) Cambio climático, 2) Plasticos: contaminación y sociedad de consumo, 3) Biodiversidad en peligro, 4) Océanos, y 5) Desigualdad y pobreza. En cada uno de esos puntos se abren diferentes problemas, todos urgentes.
"Hay que descarbonizar la economía, eso significa pasar de los combustibles fósiles completos a una matriz renovable", explican
1. Controlar el cambio climático
Andrés Nápoli es el Director de FARN (Fundación Ambiente y Recursos Naturales). Para él, el primer tema urgente a tratar es el cambio climático, y considera que va a abarcar todo lo demás. "Es el tema global que enfrenta toda la humanidad y por eso debe ser acometido de manera global. Cuando empezó a hablarse era un problema, hoy ya se ha convertido en una crisis, tal como lo ha definido la comunidad internacional. Antes existía la posibilidad de que algunos países tomaran medidas (los más desarrollados), basados en el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas. Hoy debe haber un compromiso mayor de parte de todos los países", dice.
Según Nápoli, es un fenómeno que profundiza la vulnerabilidad de los sectores más pobres y genera problemas como el de los migrantes climáticos, aquellas personas que tienen que abandonar su lugar de residencia porque las condiciones climáticas lo hacen inhabitable.
"El cambio climático genera necesidad de un trabajo integral a nivel mundial, pero también hacia dentro de las economías de los países. El gran desafío es reducir emisiones, lo que significa cambiar hábitos de consumo y de producción. Significa cambiar las matrices energéticas de los países. No solamente la que utilizan los países, sino también la que producen. Un país puede cambiar la matriz productiva, pero si importa hidrocarburos, va a estar en la misma situación. Es decir, hay que acelerar las transiciones, fundamentalmente la transición de energías fósiles a renovables. 
Y ahí hay un trabajo tecnológico para aportar, pero también una circunstancia de cuándo actuar y cómo actuar, porque según la comunidad científica tenemos un tiempo muy corto para tomar decisiones. Así que hay que descarbonizar la economía. Eso significa pasar de los combustibles fósiles completos (petróleo, carbón y gas) a una matriz renovable. Ya no alcanza con pasar del carbón al petróleo y del petróleo al gas. No. Es un proceso muy complejo, pero hay que hacerlo bastante rápido", explica.
2. Reducir el uso de plásticos
Una de las personas que más sabe sobre plásticos en la Argentina es Agustina Besada. Después de trabajar varios años en una planta de reciclaje en Nueva York, a sus 35 años se lanzó a cruzar el océano en una misión en busca de plásticos que llegan al mar. Ya lo hizo dos veces, y formó un proyecto: Unplastify (en Instagram: @unplastify), dedicado a la concientización en materia de plásticos.
Se estima que para 2050 vamos a tener más plásticos que peces en el mar
Se estima que cada año entran en los océanos ocho millones de toneladas de plástico desechado. Parte de esa cifra llega de manera accidental, y parte porque allí son desechados. Se estima que para 2050 vamos a tener más plásticos que peces en el mar. Hoy mismo ya se pueden ver formaciones gigantes moviéndose por las aguas. Se las llama islas, aunque en rigor no se puede caminar sobre ellas. Una de las que se constató que están en el Pacífico tiene mayor tamaño que la Argentina: 3,4 millones de kilómetros cuadrados (el país tiene 2,78). Así, en cada océano.
"La gran mayoría del plástico que descartamos no se recicla porque es muy costoso. Sí hay materiales que son valiosos y se recuperan, pero es un porcentaje muy menor porque todavía es muy ineficiente ese proceso. Hoy se produce mucho plástico y se consume mucho plástico", explica Besada.
Todavía, la mayoría de los plásticos descartados son enterrados o incinerados. Según la técnica, es más o menos sano para el ambiente. En Europa las tasas de recuperación son más alta porque la regulación apunta a eso, y la incineración es controlada. Pero en la mayor parte del planeta los controles son mínimos. Eso sin embargo no es lo más grave. Lo peor, asegura Agustina, es la relación que tenemos con los plásticos.
"El problema del plástico no tiene que ver con las fallas en la gestión, sino con el exceso en la producción y el consumo. Que un producto que tarda 500 años en desintegrarse se utilice una sola vez durante un par de minutos es absurdo. No tiene sentido ese sistema. Y no hay manera de recuperar toda esa materia prima. La única manera sería usar el plástico en las situaciones en las que realmente es necesario. Cambiar el hábito de usar un vaso de plástico para un cumpleaños porque es cómodo", explica.

3. Cuidar la biodiversidad
El Panel Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios del Ecosistema (IPBES) presentó un informe sobre el estado de la biodiversidad y advirtió que la acción humana está provocando " una pérdida masiva de especies". Todo puede ser mirado de manera alarmista o con la preocupación adecuada. Según el informe, un millón de especies están al borde de la extinción. Los principales ecosistemas afectados son los bosques y los océanos.
Sobre los bosques tuvimos la advertencia en primera plana durante gran parte del año, con los incendios en el Amazonas. "La deforestación afecta porque avanza sobre terrenos que no son utilizables hoy para la producción y se ve totalmente interrelacionado. Hay que establecer consensos que sean beneficiosas para el país en términos productivos como para el planeta en términos de supervivencia", dice Andrés Nápoli. La deforestación, además, no es grave solo por la biodoversidad afectada, sino porque los bosques son ecosistemas claves para mantener en equilibrio la temperatura del planeta.
En nuestro país, se estima que en la región chaqueña hay al menos 25 especies de mamíferos amenazadas: el yaguareté, el tatú carreta, el tapir, el oso hormiguero, el aguará guazú, el ciervo de los pantanos, el lobito de río, el chancho quimilero. Las causas, lejos de ser naturales, son la deforestación y la caza indiscriminada.
En la región chaqueña hay al menos 25 especies de mamíferos amenazadas, debido a la deforestación y la caza indiscriminada
La deforestación en el Amazonas, entre agosto de 2018 y julio de 2019 alcanzó los 9762 kilómetros cuadrados. Según Greenpeace, es un área equivalente a 1,4 millones de campos de fútbol o seis veces la ciudad de San Pablo. En la Argentina la cuestión no es mucho mejor: hay 10 millones de hectáreas de bosques en riesgo por el avance de la ganadería industrial, sobre todo en la zona del Gran Chaco, y el país ya perdió 7,7 millones de hectáreas de bosques entre 1990 y 2017 (superficie equivalente a la suma de Bélgica y Holanda).
En ese marco, ponerle un límite a la deforestación parece la única salida. La industria ganadera intenta ampliar la fronteta agropecuaria para producir cada vez más cabezas de ganado. Aunque no está incluido como uno de los puntos, reducir el consumo de carne para evitar el modelo de producción abusivo es otro de los grandes desafíos que tenemos por delante. Y otra vez: ¿la cuestión empieza por las regulaciones o por los hábitos de cada uno? Tal vez no haya mejor respuesta que por los dos a la vez.
4. Proteger los océanos
Estefanía González es Coordinadora de Campañas de Greenpeace y estuvo en Madrid durante la COP25. La ONG está comprometida con muchas de estas urgencias desde hace décadas y es uno de los agentes de presión a la hora de negociar los acuerdos internacionales. "Cuando nosotros pensamos en cuáles son las urgencias que tiene el planeta, la verdad es que el Top 1 lo tiene el cambio climático, porque afecta a todas las otras problemáticas ambientales, y así lo han demostrado también las diferentes investigaciones científicas que han salido de los paneles de expertos del cambio climático.
 Hoy en día mantener el aumento de la temperatura del planeta controlado es fundamental para todos los otros ecosistemas", dice Estefanía.
"Otro punto crítico es la protección de los océanos. Hoy en día, dos tercios de los océanos son aguas internacionales y no hay ningún tipo de protección sobre ellas. Resulta muy difícil crear santuarios marinos que cumplan el rol de reguladores climáticos. A eso se suma la sobrepesca y la caza de ballenas, que en algunas zonas sigue sucediendo. También hay proyectos de minería submarina y otras amenazas contra las que estamos trabajando desde Greenpeace para poder tener un marco regulatorio. Tenemos el desafío de lograr un tratado por los océanos que nos permita crear estos santuarios marinos", agrega.
Un avión de de control marítimo de la Base Zar (Trelew, Chubut) llegó hasta las 200 millas, donde hay ciudades de barcos pescando calamar
Las aguas no son un punto menor. Los océanos son los mayores reguladores naturales de carbono del planeta. Sin ellos, nuestra atmósfera tendría un 50% más de dióxido de carbono y la temperatura del planeta sería tan alta que la Tierra se volvería inhabitable. Dicho de otro modo, es el verdadero pulmón del planeta.
Según un informe recientemente presentado por Greenpeace sobre los océanos, entre 100 y 300 millones de personas podrían verse amenazadas si la crisis de los océanos continúa a este ritmo. Además, los prácticas pesqueras abusivas arrasan con la vida marina. En 2015, el 33% de las poblaciones de peces fue sobreexplotada y un 60% alcanzó el límite (después de eso, el peligro de extinción). Por otro lado, el aumento del nivel del mar está en marcha y afecta directamente a los países costeros. Nadie sabe qué pasa en el océano (el fondo del mar, por cierto, fue menos estudiado que la luna), pero no es difícil saber que protegerlo es uno de los desafíos urgentes.
5. Achicar la desigualdad
Máximo Mazzocco, director de Ecohouse, una organización argentina de jóvenes dedicamos a la lucha por el planeta, y también representantes de la juventud nacional en la reciente COP25, expone su visión: "En una era de crisis climática y ecológica, no es fácil establecer prioridades entre los diversos problemas ambientales que, como humanidad, hemos generado. Sin embargo, si tuviera que elegir, mencionará cinco dilemas: la deforestación y desertificación; la mala gestión de los residuos sólidos urbanos; los agrotóxicos o biocidas; la contaminación de los recursos hídricos y su desperdicio; y el estado de la Cuenca Matanza-Riachuelo. Son todas tragedias socioambientales que debemos atender a la brevedad.
 Ahora bien, dentro del abanico de soluciones que deberían ejecutarse, la educación ambiental resulta imprescindible para sentar las bases que construyen el largo plazo. A pesar de que hubo cierto avance en esta materia -por ejemplo, la media sanción de una Ley Nacional-, la Argentina carece de un sistema que informe, concientice y eduque masivamente sobre estos problemas. Por lo tanto, desde la juventud seguiremos proponiendo -y exigiendo- políticas de Estado que transformen 'el desarrollo' en algo sostenible y promuevan una sociedad justa, empática e involucrada con el ambiente".
Su manera de verlo coincide con la mirada de Agustina Besada, Andrés Nápoli y Estefanía González. Todos coinciden en que la educación y la brecha social son un gran desafío para el planeta. "En la medida en que tengamos cada vez más sectores vulnerables y pobreza, vamos a tener más problemas ambientales. Es decir, la ecuación ambiental hay que trabajarla desde los derechos humanos, y la agenda climática no solo tiene que ver con la agenda ambiental, sino también y necesariamente con la agenda social, porque las consecuencias primarias la sufren los sectores en vulnerabilidad", dice Nápoli.
Entenderlo es fácil. ¿Quién se mudará primero cuando las aguas hayan tapado la ciudad? ¿Quién tendrá su casa en el bosque cuando ya casi no queden bosques? ¿Quién accederá al mar cristalino cuando sean pocos los mares cristalinos? Tienen razón las banderas: tal vez haya que empezar por cambiar el sistema, no tanto el clima.

J. S. M.

miércoles, 1 de enero de 2020

PROYECTO NATURALEZA,


Tras las huellas. El desafío de rastrear águilas "fantasmas" en la selva argentina
Manuel Encabo y Facundo Barbar lideran el Proyecto Águilas Crestadas Argentinas 

Manuel Encabo y Facundo Barbar se conocieron en el Ecoparque -el exzoo de Buenos Aires- en 2004 como voluntarios del Programa de Conservación y Rescate de Aves Rapaces. Durante años trabajaron recuperando especies heridas para que puedan ser devueltas a sus hábitats silvestres.
 Sus caminos, luego, se separaron por un tiempo, hasta que volvieron a unirse para liderar el Proyecto Águilas Crestadas Argentinas de la Fundación Caburé-i, con apoyo del Ecoparque y el Conicet y con el financiamiento del Neotropical Bird Club.

En medio de los territorios inexplorados del país, buscan siete especies emblemáticas de aves rapaces. De ellas se conoce muy poco, pero se sabe que todas se encuentran bajo algún grado de amenaza de extinción. Algunas sólo han sido vistas en el país en pocas ocasiones. En la selva, donde todo es exuberante, los sonidos ensordecen y los árboles altísimos, dificultan ver el cielo.

Durante los dos últimos años y con más de 15.000 kilómetros recorridos, pudieron observar cinco especies: el águila poma ( Spizaetus isidori), la solitaria ( Buteogallus solitarius), la crestada real ( Spizaetus ornatos) y la crestada negra ( Spizaetus tyrannus), todas catalogadas localmente como "en Peligro", y la viuda ( Spizaetus melanoleucus) descripta como "amenazada". Al águila harpía ( Harpya harpyja) y la monera ( Morphnus guianensis), bajo la categoría en "peligro crítico", aún no las han encontrado

Estas aves rapaces en la Argentina se encuentran entre las más amenazadas y, a la vez, menos conocidas. Debido a su baja densidad poblacional, pero también, a que habitan ambientes con poca accesibilidad, cuentan con escasos registros en el país. Por eso, parecen como si fueran "fantasmas". 
Como el conocimiento es fundamental para conservar las especies, este proyecto aborda los problemas de conservación de las águilas crestadas actualizando datos sobre su distribución y las posibles amenazas a nivel local y regional.

Las regiones de yungas (abarcan franjas de las provincias de Catamarca, Tucumán, Jujuy y Salta) y la Selva Atlántica, en Misiones, se encuentran entre las áreas más amenazadas de la Argentina. Son escasas y están muy fragmentadas, cubren un 3% del territorio y albergan un 60% de la avifauna del país.
Las águilas que habitan la selva argentina son muy difíciles de registrar
Causas
"Lamentablemente estos ecosistemas y sus habitantes están cada día más amenazados por el avance de la frontera agropecuaria y la deforestación", comenta Encabo, que trabaja en el Ecoparque, en el desarrollo de diferentes líneas de trabajo con aves rapaces y otras especies amenazadas.
Históricamente, la población humana no ha convivido en paz con los animales carnívoros. "La interacción negativa que los pobladores locales tienen con las águilas es muy clara. Como en los linderos forestales de la selva se encuentran las zonas de chacras, estas rapaces aprovechan esos lugares como zonas de caza, incluso de aves domésticas. Los pobladores las ven, entonces, como amenaza y las matan", explica Encabo.
Por eso, el encuentro con estas águilas durante sus campañas es un evento feliz y alentador. "Son muy sensibles a los disturbios ambientales por lo que pueden utilizarse como indicador de áreas importantes para la conservación de la biodiversidad".
El trabajo con la comunidad es imprescindible para informar sobre su presencia y cuidado. Para eso trabajan evaluando las interacciones por medio de encuestas, tanto con los pobladores locales como con los guardaparques. En base a los resultados de estos estudios, podrán conocer más los efectos de la actividad humana sobre las poblaciones de águilas selváticas.
Depredadores
Las águilas han sido reverenciadas por los pueblos originarios por su fortaleza y belleza y hoy, esos mismos atributos, las vuelven atractivas para enseñar y comprometer a la población con su conservación. Además son animales que cumplen un rol fundamental en el sostenimiento de los ecosistemas donde habitan. Como explica Barbar: "Ejercen un control sobre los animales herbívoros, limitando así un excesivo consumo de los recursos generados por las plantas. Indirectamente, su sola presencia podría generar cambios en los patrones de movimiento de otros animales dispersores de semillas, produciendo una heterogeneidad en el ambiente y estructurando los ecosistemas que habitan". Y agrega: "Algunas de estas águilas funcionan como súperdepredadores, como la Harpía, y mantienen a raya a depredadores medianos, favoreciendo las abundancias de presas más pequeñas y generando un aumento en la biodiversidad a nivel local".
Barbar se mudó a Bariloche y actualmente es investigador del Conicet. Estudia, mediante redes tróficas, los efectos de las especies invasoras sobre las comunidades de depredadores nativos.

Buscar águilas en la selva no es fácil. Encabo explica que para eso usan dos métodos: "Uno consiste en hacer observaciones puntuales desde lugares con buena visibilidad, algún punto elevado o en un claro natural con la mejor vista panorámica que se pueda conseguir. El otro comprende recorrer senderos, siguiendo cuencas de arroyos, ya que las águilas suelen utilizar estos espacios para cazar y además aprovechan los árboles emergentes para construir sus nidos".
Luego de cuatro campañas, no sólo vieron a la mayoría de las especies que buscaban, también encontraron mucha gente dispuesta a ayudarlos. Los guardaparques y los alumnos de las escuelas que se mostraron muy entusiasmados al conocer que cerca de sus casas viven estas hermosas águilas y que es responsabilidad de todos, pero de ellos en especial, cuidarlas en el futuro.

L. B.

lunes, 21 de octubre de 2019

PROYECTO NATURALEZA,


Buscan proteger el 30% de la superficie terrestre para preservar la biodiversidad
Una organización suiza donará US$1000 millones para alcanzar el objetivo en 2030; las zonas son cruciales para mitigar la crisis climática y como reservorios de agua dulce
Un yaguareté en el Parque Nacional Iberá, una de las cuatro áreas protegidas que se crearon en 2018
Un millón de especies de animales y plantas se encuentran en peligro de extinción y muchas podrían desaparecer en tan solo décadas si no se adoptan medidas urgentes. Así lo estableció un informe de la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (Ipbes). A su vez, la tasa global de extinción ya es de diez a 100 veces mayor que el promedio en los últimos 10 millones de años y el 75% de los ecosistemas terrestres y el 66% del entorno marino están gravemente alterados por el ser humano.
Greg Zimmerman, director de Comunicación de Wyss Campaign for Nature, un proyecto del filántropo suizo Hanjsjörg Wyss que contempla la donación de US$1000 millones para proteger por lo menos el 30% del planeta para 2030 y evitar la aceleración de la pérdida de biodiversidad, demostró en un informe que las cifras alarmantes publicadas por científicos aumentaron la demanda por áreas protegidas y esto permitió impulsar varios logros en materia de conservación.
En la última década más de tres millones de m2 de tierra, un área equivalente al tamaño de la India, recibieron protección permanente. Y a casi 22 millones de m2 del océano se les otorgó el estatus de área protegida. Hoy el porcentaje de tierra del planeta protegido ascendió a 15%, y el de los océanos alcanza casi el 8%.
El análisis que hizo Zimmerman usó datos de encuestas de siete países que son, en parte, responsables por el reciente pico de expansión de áreas protegidas en el mundo: la Argentina, Australia, Bélgica, Canadá, Francia, Alemania y Reino Unido. Allí, sus ciudadanos expresaron un enorme deseo de contar con medidas más fuertes para proteger la naturaleza.
Según el informe, la conexión entre el apoyo público para la conservación de la tierra y los océanos y las acciones de los funcionarios elegidos resulta evidente. Tan solo el año pasado, en la Argentina se crearon cuatro parques nacionales y dos áreas marinas. A la par, una encuesta de Elypsis, encargada por The Conservation Land Trust (CLT), reveló en marzo pasado que el 91% de los argentinos quieren que sus líderes elegidos promuevan nuevas áreas protegidas.
“El apoyo popular tomó relevancia ahora, porque la gente comenzó a experimentar en carne propia los impactos de la modernidad. La gente tomó conciencia de que la degradación de la tierra y del agua es perjudicial para sus vidas y pone en riesgo el futuro de la humanidad”, explicó Zimmerman.
El caso de la Argentina no es el único. En 2015 menos del 1% del territorio marino de Canadá gozaba de protección permanente. Actualmente, casi el 14% de los océanos nacionales están protegidos. A su vez, el año pasado el país anunció una inversión de 1350 millones de dólares canadienses para la conservación de la naturaleza.
Resultado de imagen para Buscan proteger el 30% de la superficie terrestre para preservar la biodiversidad
“Si bien los parques nacionales no resolverán todo, son la herramienta clave y más económica para mitigar el cambio climático y la pérdida de la biodiversidad. La gente se está empezando a dar cuenta de esto y los gobiernos comenzaron a actuar”, señaló Zimmerman.
Durante la Cumbre sobre la Acción Climática, que se celebró el mes pasado en Nueva York, el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Antonio Guterres, indicó el rol activo de la sociedad en el cuidado del medio ambiente: “Tarde o temprano todos los gobiernos caen en la influencia de la opinión pública. Necesito que la sociedad se comprometa en la acción climática”.
Sin embargo, el reporte también alerta sobre dos países en particular donde los funcionarios elegidos no responden al apoyo generalizado de mayor protección ambiental. Este es el caso de Brasil, donde un sondeo de agosto pasado demostró que un 95% de los votantes están de acuerdo en que la Amazonia es “imprescindible para el orgullo nacional y la salud ambiental del país”. No obstante, la deforestación allí se duplicó entre enero y agosto, y en lo que va del año ya hubo en la selva 78.383 incendios forestales, un 85% más que en el mismo período del año pasado. Además, el presidente Jair Bolsonaro en la ONU incluso sostuvo que “decir que el Amazonas es el pulmón del mundo no tiene sentido”.
Algo similar ocurre en los Estados Unidos, donde, según el reporte, los legisladores a nivel federal “han intentado eliminar las protecciones de las zonas naturales a lo largo de los últimos tres años”.
Pese a eso, Zimmerman manifestó que el próximo año será “absolutamente crítico” porque más de 190 países se reunirán en China durante la Convención sobre la Diversidad Biológica para adoptar medidas conjuntas y así alcanzar por lo menos el 30% del planeta protegido. “También se evaluará aumentar el financiamiento del manejo de las áreas ya reconocidas para que no sean solo parques de papeles”, dijo. Y resaltó el triunfo de la semana pasada durante la Pre COP en Costa Rica, cuando varios países (entre ellos Francia, Finlandia y el Reino Unido) lanzaron la High Ambition Coalition for Nature, una iniciativa para comprometerse con la meta de conservación del 30%.

B. P.

domingo, 20 de octubre de 2019

PROYECTO NATURALEZA


Península Mitre es una "aspiradora de carbono" y buscan que sea un área protegida
Península Mitre, el punto de captura de carbono más importante de Argentina
Un estudio reciente identificó a la Península Mitre, en Tierra del Fuego, como el punto de captura de carbono más importante de Argentina. Estos datos demuestran el rol crucial de este lugar, único en el fin del mundo, como una pieza importante para la lucha contra la crisis climática mundial.
La razón por la cual esta zona de Tierra del Fuego funciona como una "aspiradora" de carbono es por la particularidad de su ecosistema, compuesto en gran parte por turberas. Esta porción de la isla almacena el equivalente a más de tres años de emisiones de dióxido de carbono de Argentina.
El informe fue elaborado por National Geographic Society y el Centro Mundial de Vigilancia de la Conservación de Naciones Unidas, y una vez finalizado, será presentado en la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP25), que se realizará en Chile en diciembre.
La Península Mitre se ubica en el extremo sudoriental de la isla Grande de Tierra del Fuego y, además de su ecosistema único, que es hogar de colonias de aves y fauna marina, habitan especies únicas y en riesgo de extinción como el carancho austral. También posee un patrimonio cultural de valor incalculable, como son las huellas de la presencia aborigen en la Isla y restos paleontológicos.
Península Mitre es una aspiradora de carbono
¿Qué son las turberas?
Las turberas son un tipo único de humedal que cubre el 3% de la superficie terrestre y almacena el 30% del carbono captado en el suelo y el 75% del carbono atmosférico. El doble que todos los bosques del mundo. Aparte de este formidable almacenaje de carbono, no apreciable en otros ecosistemas terrestres, también albergan el 10% del agua dulce del planeta y previenen inundaciones. El 95% de las turberas de Argentina se encuentra en la provincia de Tierra del Fuego.
Rodolfo Iturraspe, secretario de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego, explica que "en América del Sur, la concentración más importante de turberas extra tropicales es la que está en la Patagonia. En Península Mitre se encuentra la principal concentración de turberas del país: 2400 km2 de turba".
Esto evidencia la necesidad de lograr la sanción de una ley que le otorgue un marco legal de conservación a la Península Mitre como Parque Provincial y evitar así la degradación de estos ecosistemas y la liberación del carbono almacenado en ellas, aumentando el efecto invernadero.
Las turberas son la clave ecológica
El rol de las turberas en la captura de carbono
El carbono es parte fundamental de la materia orgánica que es sintetizada por las plantas, que toman el dióxido de carbono y lo fijan como materia orgánica. Ese carbono que se fija en casi todas las plantas, se descompone cuando la planta muere y el carbono vuelve a la atmósfera. Este ciclo es completamente distinto con las plantas de las turberas porque éstas no se descomponen y el carbono queda atrapado en ellas. A su vez, la turbera va juntando materia orgánica e incrementando su espesor con el tiempo, captando de forma indefinida el dióxido de carbono, transformándolo en materia orgánica y creciendo indefinidamente.
La captura de carbono es considerada una medida clave de mitigación frente al desborde de las emisiones mundiales de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero, los principales causantes del calentamiento global.
¿Qué podría pasar si las turberas de Península Mitre son destruidas? "Ahí aparecen todos los bichos y se comen la turba que puede haber presente. La materia orgánica seca se descompone y cuando eso sucede estamos liberando material que se acumuló a lo largo de miles de años a la atmósfera, entonces estamos generando el proceso inverso, es lo mismo que quemar combustible. Por eso es importante tener cuidado en el manejo de las turberas" explica Iturraspe.
Y además del proceso de liberación de gases de efecto invernadero, se perdería la biodiversidad asociada, se contaminaría el agua causando impactos negativos sobre las especies acuáticas y marinas, se degradaría la tierra aumentando el riesgo de inundaciones, incendios y sequías y se modificaría la salinidad del agua.
La imperiosa necesidad de proteger el área
Hace más de 17 años que se busca la protección de la Península. Según Iturraspe, la creación de un parque Provincial Península Mitre es muy importante ya que es un área prístina pero que también sufre de las consecuencias de la introducción de fauna exótica: "Ahora está bastante afectada por los animales y hay toda una problemática vinculada con el exceso de pisoteo y pastoreo del ganado vacuno y equino" explica el secretario.
Frente a la actual crisis ambiental, en el 2017, la organización ecologista Conservation Land Trust lanzó el Programa de Conservación Marina "Sin Azul No Hay Verde" destinado a proteger el hábitat y las especies de las costas y del mar argentino. Desde entonces, en conjunto con el Foro para la conservación del Mar Patagónico, ha impulsado la creación de las primeras Áreas Marinas Protegidas aprobadas por Ley en diciembre del 2018. Actualmente estas organizaciones están trabajando para prohibir la Salmonicultura en la Argentina y para crear el Área Natural Protegida Península Mitre, extremo sudoriental de Tierra del Fuego.

L. B.