lunes, 1 de abril de 2019

LOS BROTES VERDES QUE TRAE EL MAR


En los últimos tres años aumentaron las exportaciones pesqueras
En el país hay 550 busques con permiso de pesca vigente y 135 plantas industriales en tierra
La Argentina les vende a unos 100 países el 90% de lo que produce; en 2018 la mejora interanual fue de 8,7% y se marcó un récord de operaciones; el producto estrella fue el langostino
El pescado argentino se come en muchos lugares del mundo. Y no es casualidad: el país exporta el 90% de lo que produce. El año pasado se marcó un récord de operaciones que alcanzó los US$2130 millones. Incluso la mejora interanual fue de 8,7%. En ese aspecto, el mayor salto se dio en pescados y mariscos elaborados, con un 11,1% de incremento.
Juan Bosch, subsecretario de Pesca y Acuicultura, dijo que el sector viene creciendo "de manera interesante": en los últimos tres años las exportaciones pasaron de US$1400 millones a US$2100 millones. "En los últimos 20 años la pesca se orientó al mundo. Los productos llegan a unos 100 países. "Cuando se abre un mercado nuevo de agroindustria en el exterior, lo que vemos es que el pescado argentino ya estaba ahí", dijo. Además, el sector genera unos 50.000 empleos entre directos e indirectos.
La industria naval y la pesca representan el 0,7% del PBI nacional.
El año pasado la "estrella" de las exportaciones fue el langostino, con 248.468 toneladas, lo que representó el 60% del global. Sus principales destinos son Europa y China. En el podio de las exportaciones también figuran el calamar y la merluza hubbsi. Esta especie empezó a mostrar signos de agotamiento hace dos décadas, por lo que se instrumentaron medidas conservacionistas que permitieron aumentar el número de ejemplares.
Bosch apunta que el "blanqueo" por los mayores controles (con incorporación clave de tecnología) explica hasta el 20% de la mejora exportadora.
"El manejo de la pesquería que se hace entre la subsecretaría y el Consejo Federal Pesquero apunta a conservar las especies y, a la vez, promover la actividad. Fijamos los lineamientos básicos y también se trabaja en el área de la investigación", afirmó.
Desde el gobierno apuestan a que el sector se modernice y, en esa línea, promueve la renovación de la flota de buques con permiso de pesca vigentes.
A partir de 2040, esos buques deberán tener una antigüedad inferior a 40 años (se podrá ampliar a 60 si se acredita una reconstrucción de al menos el 60% de la nave). Los buques que sean construidos en astilleros nacionales obtendrán una mejora del 10% en la capacidad de pesca.
Las unidades a renovar son unas 300 y la inversión esperada es de unos US$2500 millones (construir un barco cuesta entre US$2 millones y US$20 millones, y puede insumir unos tres años).
"Teníamos una deuda con nuestra propia flota. Hay barcos de 1930 que todavía están pescando. Era complicado renovarlos -dijo Bosch-. Desarrollar la industria naval local es clave, por eso hay un bono extra para la construcción en el país. La Argentina lo necesita por su posición estratégica en el Atlántico Sur".
En la actualidad, hay 383 armadores inscriptos: 550 buques con permiso de pesca vigente y 135 plantas industriales en tierra. Mar del Plata es el principal puerto pesquero del país (concentra el 57% de las descargas) y vienen evolucionando, fundamentalmente por el langostino, Puerto Madryn, Rawson y Ushuaia.
Además, la subsecretaría empezó un programa de promoción de productos de mar para impulsar el consumo interno de pescado. "Hay desconocimiento sobre cómo cocinar el pescado y sobre las variedades disponibles -dijo Bosch-. El mar no se acaba en la merluza. Y, además, esa merluza se puede hacer de infinitas maneras".

G. O.

TECNOLOGÍA....HISTORIAS DE ARIEL


Un disco externo para Mac, resucitado gracias a Linux
Una corazonada que permitió recuperar 3000 pesos en espacio de almacenamiento. En la imagen, un disco duro por dentro. Se observan cuatro platos y el cabezal de lectura/escritura
Como casi todas mis anécdotas con ella, esta historia arrancó con la frase "Qué raro".
-Qué raro qué.
-Esto. No me deja borrar.
Estaba tratando de limpiar uno de sus discos externos. Un Seagate que había comprado hace unos cuantos años y que en rigor era compatible con las máquinas de Apple. Mediante unos controladores, se lo podía acceder normalmente con Windows. Lo que está muy bien para el resto de nosotros, que cambiamos de computadora muy de vez en cuando. No es su caso, como tampoco eso de tener una sola notebook o un celular y nada más. Así que, dos por tres, aparecía el problema de encontrar los drivers para ese disco externo.
Era lo que había ocurrido un poco más temprano. Estaba protestando por "los dichosos drivers", rodeada de notebooks, discos externos y cables USB. Debajo de ese pandemonio estaba sepultada mi notebook, y creo que fue por eso que se me ocurrió una idea.
-Conectalo a mi máquina -le dije-, a ver si Linux lo ve.
Conté hasta siete, mientras pensaba: "Obvio que lo va a ver".
-¡Opa, ahí está! ¡Lo vio!
Ahí tienen una de las muchas razones por las que uso Linux. Pero la felicidad nunca es completa, y cuando quiso eliminar archivos no se lo permitió. Pensé que era un tema de permisos, pero no. Ni como administrador ( root, en la jerga) podía uno eliminar archivos del disco. No obstante, copió algunas cosas al disco de la notebook y sentenció:
-Ya está, no hay nada que valga la pena conservar ahí. Pero qué pena no poder recuperar un tera de disco.
-No entiendo. ¿El disco se puede limpiar?
-Sí. Pero no me deja borrar.
-¿Borrar? Nah. Vamos a detonarlo.
Todas esas siglas raras
Antes, como todo, estas operaciones sobre discos duros se hacían desde una terminal (la pantalla negra basada en texto que recuerda a los '80). Pero en las nuevas versiones de Linux existen interfaces gráficas para muchos de los comandos. Es el caso del programita Discos de Ubuntu. Lo abrí y ahí estaba Mr. Seagate para Mac, listo para volar en pedazos.
Es que ni siquiera me permitía darle formato, lo que tenía cierta lógica. Así que iba a tener que borrar la partición entera y volver a crearla. Detuve la unidad (eso se llama desmontar, en Linux), eliminé la partición, no sin antes encomendarme a Saint Richard, y ahí quedó un espacio vacío de un billón de bytes (en criollo, unos 3000 pesos). ¿Seguiría vacío o me permitiría, ese hardware supuestamente para Mac, crear una nueva partición con algún sistema de archivos ajeno a Apple? FAT, por ejemplo. OK, no se rían, es verdad, FAT es algo arcaico que usábamos antes de Windows, pero se lo sigue empleando en discos externos, por una cuestión de compatibilidad, y en pendrives, porque el formato FAT deja un poco más de espacio libre que, digamos, NTFS (el sistema de archivos de los Windows de la familia NT; es decir, 2000, XP, Vista, 7, 8 y 10). En un pendrive de 2 GB, FAT se lleva 65 kilobytes, mientras que NTFS o FAT32 usan alrededor de 16 megabytes. No, no es el fin del mundo en la actualidad.
Para los que están a punto de hacer clic en otra nota, la historia es así: los discos duros tradicionales tienen adentro dos o más platos que giran muy rápidamente (entre 5400 y 10.000 revoluciones por minuto), cubiertos de una superficie magnetizable; como la cinta de un videocasete, digamos. Esos platos suelen ser de metal, pero también se los fabrica de vidrio. Esa es la parte física. Ahora bien, sin entrar en detalles, para poder grabar bits en su superficie es menester crear una estructura lógica. FAT es el nombre de un sistema de archivos para diskettes que Microsoft usó en las primeras PC de IBM. Tuvo varias versiones, lo mismo que el sistema de archivos de Linux, llamado ext (aunque se pueden usar otros, como Reiser). NTFS es, como adelanté, el de Windows NT y sus descendientes. Salvo Reiser, que es el apellido de su creador, las demás son siglas o abreviaturas. File Allocation Table (FAT);Extended File System (ext) y NTFS ( New Technology File System). Dicho sea de paso, NTFS fue presentado en sociedad en 1993 con Windows (adivinen) NT.
OK, el espacio libre en esos discos físicos puede particionarse. Esto significa que en la computadora veremos varios discos (por ejemplo, C: y D:) aunque tengamos una sola unidad de hardware. Se las llama particiones, aunque en el uso diario estamos habituados a decirles discos. (Sí, confunde.)
Esas particiones deben formatearse para que puedan ser empleadas por el sistema operativo. Es en esta etapa en la que vemos siglas como FAT, FAT32, ext o NTFS.
Con los discos de estado sólido (es decir, los que en lugar de platos que giran tienen chips de memoria) y los pendrives, las cosas son, de nuevo sin entrar en detalles, idénticas. Abajo pueden ver un pendrive de 2 GB particionado en dos unidades, E: y F:. Por obvias razones, solo se puede extraer de forma segura la unidad entera, no cada partición por separado. A propósito, no tiene ninguna utilidad particionar un pendrive, se trata solo de un ejemplo
Administración de equipos, una de las Herramientas Administrativas de Windows (10, en este caso), con dos discos físicos y cinco particiones. El Disco 1 es un pendrive de 2 GB
Silos estancos
Así que lo que tenía ahora en pantalla era la foto de un disco en crudo, sin ninguna partición. En realidad, había un par de particiones adicionales, creadas por el fabricante y que suelen ser invisibles para el usuario de Windows en condiciones normales. Muy bien, ahí vamos. Di los pasos para crear una partición en el espacio libre de un terabyte (1 billón de bytes) y Linux la produjo sin problema.
Quería gritar "¡Gol!" con alma y vida, pero los años me han enseñado a no cantar victoria de antemano. Le di formato. Como seda. Volví a montar el disco. Apareció en el Escritorio. Creé carpetas, archivos, borré, moví. Lo desmonté de forma segura. Lo desconecté de la máquina. Lo volví a conectar. Perfecto. Y entonces vino la prueba definitiva. Lo enchufamos al Windows de su notebook y, ¡bingo!, apareció en pantalla y fue posible utilizarlo sin problemas (y sin drivers).
Por supuesto, habríamos acortado el trámite instalando los controladores. Pero después de esto, ya no harán falta.
Y sí, tal vez debería haber pensado en esto mucho antes, pero el hecho es que un disco que siempre había sido problemático para su dueña ahora andaba como cualquier unidad preparada para Windows. ¿Podría haber hecho esto con las herramientas de Windows? No lo sé, en principio, porque algo en este Seagate impedía que Windows lo viera. A menos que bajaras los drivers. ¿Impedirían esos drivers particionar y formatear? Nunca lo probé. Pero con solo conectarlo a una máquina con Linux había logrado dos cosas. Recuperar una enorme cantidad de espacio de almacenamiento. Y confirmar una vez más que los compartimentos estancos en estas tecnologías son casi siempre ilusorios.

A. T.

HISTORIAS ÍNTIMAS,


Mis discos despertaron de un largo sueño
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Después de casi treinta años, mis discos volvieron a sonar. Aunque una parte de mí esperaba sin grandes expectativas que eso ocurriera, sucedió sin que yo lo buscara, acaso porque les había llegado a los discos la hora de salir de su largo exilio para sonar otra vez. Lo hicieron por sorpresa, sin rencores, a pesar del aparente olvido al que los relegué durante tanto tiempo. En la soledad oscura de un placard, mientras a mí me pasaba la vida, ellos resistieron sin queja ni resentimiento. Y a la hora de volver a sonar giraron como antes, con la música intacta, como si mi mano joven los hubiera guardado con cuidado en sus fundas blancas de papel la noche anterior, y no tres décadas atrás. Entre grandes amigos no ha de haber reproches.
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El hada que los despertó de su sueño fue mi hija mayor. Como casi todo en estos días, la noticia me llegó en un mensaje de WhatsApp, en forma de imagen. Cuando la abrí, apareció una bandeja giradiscos no muy diferente al Winco en el que, a los ocho o nueve años, yo gastaba los discos de los Beatles. Esta no era blanca, sino verde claro. La marca, desconocida para mí, aparecía en medio de la tapa abierta, junto con una nota en la que mi hija había escrito: "Para la familia. Que siga sonando la música".
Esa compra que le hizo a una amiga saldaba una deuda pendiente. Con mis hijas, amantes de la música como yo, cada tanto hablábamos del día en que repatriaríamos los discos de mi juventud. De hecho, por el solo gusto de ver y tener las tapas, ellas se habían ido trayendo algunos. Yo los había guardado, después de casarme, en un placard del cuarto de soltera de mi mujer, en casa de mis suegros, junto con una bandeja Garrard y un amplificador Philips. Al cabo de unos años, y en unos de esos arrebatos de limpieza que llegan sin motivo, convine con mi suegro en poner en la calle los aparatos para que algún transeúnte se beneficiara de esas dos viejas glorias. Y así fue. No duraron ni dos minutos a la intemperie. Mientras los cargaban en un rastrojero, mi suegro, que observaba la escena desde la ventana, sonrió con satisfacción. Le advertí entonces que los discos eran sagrados. Me entendió y ahí siguieron los vinilos, que sumaban unos trescientos. He llegado a pensar que allí estarían hasta el fin de los días.
Resultado de imagen para VINILOS DISCOS,LP Charla de nena, de Oscar Peterson,
Ahora van llegando a casa en sucesivas oleadas. Si pasamos por la casa de mi suegros, mis hijas y yo salimos con algunos discos bajo el brazo. Yo voy despacio, de a poco. Cada disco que pongo es para mí una pequeña ceremonia. Primero lo limpio con esmero de ambos lados, para quitarle el polvo y la pelusa de tantos años, y solo dejo caer la púa después de verlo girar un rato. Mientras escucho la música, me reencuentro con viejas tapas, algunas con textos que vuelvo a leer, y recupero así la conciencia de que la música no solo se disfruta con el oído, sino también con la vista, el tacto y hasta el olfato.
Resultado de imagen para VINILOS DISCOS,el quinteto "La trucha", de Schubert
Volvieron a sonar mis discos, pero también los de mis padres. Y los de mis abuelos paternos. Al menos aquellos que yo heredé en su momento y sumé a mi discoteca. Ahora saco por ejemplo e
l LP Charla de nena, de Oscar Peterson, que era de mis padres y que yo escuchaba mucho en mis años de estudiante de derecho, mientras memorizaba los códigos y las leyes. O tomo el quinteto "La trucha", de Schubert, interpretado por el trío Tashi junto a dos músicos invitados, y recuerdo que mi abuela disfrutaba tanto de esta música como de los conciertos para piano de Mozart. Me pedía que lo pusiera y yo abría un gran mueble de madera donde estaban el equipo de música y los discos. Presidía el living como un altar profano y soltaba, cada vez que lo abría, un olor inconfundible, mezcla de madera, papel antiguo y vinilo.
Resultado de imagen para VINILOS DISCOS,música orquestal de Richard Strauss
 Aquel era, para mí, el olor de la casa de mis abuelos. Créase o no, ha permanecido intacto en el disco de Schubert o en la caja con la música orquestal de Richard Strauss, en cuyos sobres blancos mi abuelo anotó, con caligrafía impecable, el nombre de cada una de las obras.Resultado de imagen para VINILOS DISCOS,conciertos para piano de Mozart.
Algunos de los míos también encierran mundos perdidos y encontrados. Por ejemplo, la versión nacional de
Hejira, de Joni Mitchell, muy bien editada, que compré a mis 17 años en Mar del Plata, durante el viaje de egresados.
Resultado de imagen para VINILOS DISCOS, Hejira, de Joni Mitchell,
 O Cinema Transcendental, de Caetano Veloso, que fue la banda sonora de un verano que todavía llevo conmigo en un rincón de la memoria. En verdad, cualquiera de mis viejos discos me habla de alguna coordenada concreta de tiempo y espacio desde la que me saluda de lejos aquel que alguna vez fui.
Resultado de imagen para VINILOS DISCOS, O Cinema Transcendental, de Caetano Veloso,
 ¿Qué han venido a decirme ahora, todos juntos, después de una espera tan larga? Tanta vida, una cadena de cuatro generaciones y la música, que sigue sonando.

H. M. G.

LA PÁGINA DE JORGE FERNÁNDEZ DÍAZ, , CONGRESO DE LA LENGUA,


El lenguaje, un campo de batalla político e histórico


Jorge Fernández Díaz
"Si el pensamiento corrompe el lenguaje, el lenguaje también puede corromper el pensamiento", decía Orwell. Y este parece ser el eje más o menos invisible que atraviesa el Congreso de la Lengua de Córdoba, un foro que vuelve a discutir cuestiones literarias y lexicográficas, pero que viene además a denunciar implícita o explícitamente las acechanzas que se ciernen sobre el uso político, nada ingenuo, del territorio verbal en tiempos de redes sociales, burbujas de sentido y polarizaciones ideológicas.
Históricamente, los argumentos han sido más peligrosos incluso que las balas, o incluso las han precedido.
Esos argumentos crearon el fascismo y el estalinismo, y sirvieron de coartada para sus crímenes y vejámenes. Su resistencia también fue en primera medida argumental, porque las palabras a veces son el veneno y, en ocasiones, el necesario antídoto.
Pero antes los argumentos eran patrimonio de políticos, intelectuales y periodistas; hoy se han agregado a la gran "conversación" ciudadanos, militantes, operadores y hasta robots. Este fenómeno ha expandido la democracia, pero también multiplicado los enconos, las simplificaciones, las campañas psicológicas y los populismos binarios. El lenguaje es -más que nunca- un campo de batalla, y observamos una verdadera "guerra de palabras". Por poner un rápido ejemplo, y sin ir al fondo del tema, quienes en la Argentina luchan contra la legalización del aborto han logrado autodenominarse "provida", lo que implica tácitamente decir que sus oponentes son "promuerte". Los combates culturales se libran así sobre la lengua y tienen por propósito, para bien o para mal, vencer y crear un nuevo sentido común temático. El periodismo está emboscado por estas nominaciones intencionadas, y por una cierta dejadez que se contagia de la cultura digital: cuando el error gramático u ortográfico es tolerable, también el error periodístico termina siéndolo, para desprestigio de los medios y regocijo de los demagogos y los propaladores de "posverdades".
Otras discusiones que cruzan este Congreso no son menos políticas. Ciertos sectores de la Madre Patria han insinuado públicamente que el llamado "lenguaje inclusivo" debería ser adoptado ya mismo como lengua oficial por la RAE. Ese lenguaje, que es síntoma de una de las grandes y buenas noticias de Occidente (la igualdad de géneros), no puede ser incluido en un diccionario hasta que no se masifique y se manifieste de un modo perenne. "Todes" entrará en los diccionarios el día en que la calle lo consagre, puesto que las palabras se inscriben de abajo hacia arriba, y no al revés. El diccionario es un registro, no una doctrina, por mejores intenciones que esta tenga.
Una tercera cuestión política signa el encuentro de Córdoba. Y es la ocurrencia de que España representa el imperialismo lingüístico y de que detrás de esta movida se encuentra la intención de hacer de esta vasta región un hipotético mercado cautivo y sojuzgado. Hace rato que todas las academias latinoamericanas se han hermanado con la RAE para defender las diferencias y colaborar en la diversidad de los distintos españoles. Pero para un nacionalismo progre, transnacional y retrógrado, cualquier institución es neoliberal y cipaya: siempre pagan bien la emoción "emancipadora" y la paranoia. Y este Congreso no ha estado ajeno a esa visión pueril y tribunera. De eso trata, en el fondo, la respuesta de Vargas Llosa al pedido de López Obrador: el rey Felipe debe pedir perdón. Mario explica la contradicción que aqueja a cualquiera de nuestras naciones, donde a pesar de la independencia de la corona española persistieron y persisten "tantos millones de indios marginados, pobres, ignorantes y explotados". También aludió a las masacres de las que los indígenas fueron víctimas durante estos dos siglos de autonomía, aunque olvidó mencionar que el imperio mexicano hacía sacrificios humanos en masa, y ejercía una crueldad no menos intensa que la de los inexcusables conquistadores. Unos días antes, Pérez-Reverte había sido más contundente con López Obrador: "Si cree lo que dice es un imbécil; si no lo cree es un sinvergüenza". Política, periodismo, polémica, historia. Hoy más que nunca todo, absolutamente todo es lenguaje.

VOLVER A LA NORMALIDAD


Calles libres de manteros

En el barrio porteño de San Telmo, la calle Defensa volvió a ser un paseo agradable y vistoso. Los manteros han sido reubicados, obligados a abandonar la mencionada arteria entre las avenidas San Juan e Independencia, gracias a un acuerdo firmado entre el gobierno de la ciudad y El Adoquín, la cooperativa de trabajo que reúne a los 220 artesanos que ocupaban el referido espacio público.
Se trata de un ejemplo de que mucho puede hacerse frente a un problema como el de la venta ilegal callejera, que, según la Cámara Argentina de Comercio, sigue teniendo enormes proporciones.
Esta medida llega cuando ya era preocupante la pérdida de identidad característica de los alrededores de la Plaza Dorrego, reino de las antigüedades para los turistas. En cambio, hasta no hace mucho, sobre las calles de adoquines se vendían mayormente indumentaria y comida, entre otros muchos productos.
Este conflicto fue expuesto en reiteradas ocasiones por la Asociación de Anticuarios y Amigos de San Telmo, quienes durante 11 años reclamaron ante el uso ilegal del espacio público. Incluso, la entidad denuncia que en ese tiempo, la constante usurpación de veredas ha llevado a que 200 locales de antigüedades cerraran sus puertas. A principios de este mes, un grupo de feriantes quiso volver por la fuerza a vender sus productos allí. Intervinieron la Justicia y la policía, que los desalojó.
Los puestos callejeros y las mantas sobre veredas y calles no solo entorpecen el tránsito de vecinos y turistas, sino que dificultan el acceso a los locales debidamente habilitados. Además, se genera una competencia desleal, pues mientras los comerciantes tributan, gran parte de los manteros solo acrecientan la economía en negro, con pérdidas para el Estado como ente recaudador y también para los trabajadores, que ven vulnerados sus derechos. Como reiteradamente hemos expresado desde estas columnas, estas prácticas ilegales deben ser desterradas, sus actores registrados y reubicados convenientemente en nuevos espacios, desactivando así los negocios mafiosos muchas veces asociados a estas operatorias. Tal el caso de la red de tráfico de inmigrantes senegaleses explotados como manteros que la Policía Federal y la Dirección de Inmigraciones desbarató en la ciudad.
Con la firma de este compromiso se erradica la venta ilegal en el casco histórico de este emblemático barrio. La medida incluso tuvo en cuenta la tarea de los artesanos, quienes los domingos contarán ahora con un espacio habilitado para la venta sobre las calles Chile, entre Defensa y Balcarce, y Defensa, entre Independencia y Chile. Como corresponde, los manteros deberán contar con documentación habilitante para trabajar.
A lo largo de un kilómetro, la calle Defensa concentra a más de 500 anticuarios. Es el lugar de América Latina más importante en esa actividad y el segundo a nivel mundial, luego de Francia. En estos locales, que son verdaderos museos, se pueden encontrar piezas exquisitas, importadas durante los siglos XVIII y XIX como vajilla inglesa, francesa y alemana, arañas checoslovacas, cristales, bronces, sillas americanas y muebles italianos, entre otros valiosos elementos.
Estas medidas apuntan a recuperar el esplendor de la zona, dándoles prioridad a aquellas actividades que protejan y mejor representen el acervo histórico. Celebramos que el Estado continúe abocado a embellecer la ciudad y a hacerla más eficiente para sus habitantes y visitantes, respetando a quienes cumplen con sus obligaciones tributarias y generando mejores condiciones de circulación y de trabajo para todos.

PARQUE PATRICIO Y SU NUEVO LOOK


Parque Patricios suma como atracción un patio gastronómico
La oferta incluye parrilla, comida árabe, sushi y menú vegetariano; otro hito en un barrio que viene creciendo
El Patio Parque Patricios abre todos los días
El barrio de Parque Patricios atravesó varios cambios en los últimos cuatro años: la inauguración de la sede central del gobierno de la ciudad, la llegada de la línea H de subte y la renovación del pulmón verde homónimo. Ahora se suma una propuesta de comida callejera con un look canchero en un espacio de 1943 metros cuadrados sobre la calle Pepirí, esquina Uspallata.
El llamado Patio Parque Patricios sigue los lineamientos de sus pares De los Lecheros y Costanera Norte. Se trata de predios con puestos de comida callejera, contenedores coloridos intervenidos por artistas, con distintas opciones: sushi, comida árabe, parrilla y platos vegetarianos. Hay mesas comunales de madera y rociadores de agua colgantes para refrescar el ambiente los días de mucho calor. Los horarios de más concurrencia son los mediodías durante la semana y los atardeceres, de jueves a domingo.
Entre los comensales del Patio Parque Patricios hay varios vestidos con ambos, ya que el Hospital Churruca funciona justo enfrente. Hernán, médico de 34 años, cuenta: “Es la segunda vez que vengo y me gusta la onda. No había muchas propuestas como para ir caminando. En este lugar tenés variedad, venimos en grupo y todos quedan conformes”.
Graciela, de 55 años, trabaja en una prepaga sobre la avenida Caseros y es la primera vez que viene. Como no sabía bien con qué se encontraría, comió en la oficina. “Hoy solamente vine a conocer, no pedí nada, pero estuve mirando precios y chusmeando los platos, se ve rico. Está muy bueno que sea al aire libre”, dice la mujer.
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Asimismo hay familias con chicos que tienen espacio para correr y jugar por casi toda la superficie. Durante los fines de semana se organizan actividades como talleres de huerta y cine al aire libre.
Quienes viven cerca también encontraron un nuevo programa para sus hijos. Ayelén, de dos años y medio, le pide a su mamá Lucila que la baje del cochecito para poder trepar en los bancos ya que, aunque ya estuvieron dos horas en la plaza, todavía tiene energía. La niña se calma cuando la abuela viene con la bandeja de shawarma y papas fritas.
“Nosotras vivimos a pocas cuadras y durante las vacaciones vinimos bastante después de ir a la plaza a la mañana. Con el cochecito hago todo caminando y de vuelta a casa ya se duerme la siesta”, dice Lucila. El patio abre todos los días en diferentes horarios (lunes y martes, de 11 a 17; de miércoles a domingo, de 11 a 24) y cierra si llueve.
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Calidad
La intención detrás de la disposición de estos patios gastronómicos es acercar a los vecinos comida callejera de calidad. Martín Villar Sánchez, director de Desarrollo Gastronómico de la ciudad, está a cargo de estas iniciativas. “Nosotros queremos hacer lo que hizo Lima, queremos poner a Buenos Aires bien arriba como capital gastronómica”, explica. Y recuerda que se ocuparon de que haya opciones para celíacos y vegetarianos. En este patio de Pepirí se crearon 20 puestos de trabajo directo.
N. I. 

LECTURA RECOMENDADA,


El hombre que se esfumó, de Maj Sjöwall y Per Wahlöo
El dúo que inauguró el policial nórdico
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En El hombre que se esfumó, el segundo caso, los dados se dan vuelta. Beck va a empezar -siempre una mala idea en las novelas policiales- sus vacaciones. Es cuando suelen aparecer casos nuevos, como bien sabía el comisario Maigret. En efecto, en Budapest desaparece un periodista sueco, en la época todavía de la Cortina de Hierro. Beck debe dejar la isla donde lo espera su familia apenas llega.
A pesar de dejar atrás ese lugar soleado, El hombre que se esfumó es la novela más luminosa del ciclo. El detective, que debe recorrer morosamente las calles húngaras en pleno verano, absorbe con pasión los datos del entorno, además de tratar con policías locales, rápidos y eficaces.
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Hasta la mitad del libro el hombre al que busca y se esfumó sigue ausente por completo. Solo cuando dos personajes locales le dan a Beck una paliza, las páginas empiezan a fluir dejando atrás el toque turístico de la novela. A partir de la mitad, las cosas vuelven al tono áspero, incluso agrio, del protagonista. Es la marca de estilo ineludible de Sjöwall y Wahlöö, pareja en la vida real que alcanzó a escribir diez libros de la serie y es citada reverencialmente como modelo por los líderes del policial "nórdico", desde los ya fallecidos Henning Mankel y Stieg Larsson a Assa Larsson. La interesante El hombre que se esfumó permite entender hasta dónde los influyó.

El hombre que se esfumó
Por Maj Sjöwall y Per Wahlöö
RBA. Trad: Enrique de Obregón. 231 págs/ $ 600

E. E. G.