martes, 1 de noviembre de 2022

DE NO CREER....


La endemoniada noche de brujas, brujos y hechizos
— por Carlos M. Reymundo Roberts
Tuve la mala idea de mandar esta columna a la policía del lenguaje creada por Vicky Donda en el Inadi
Milei estará feliz: la aprobación del presupuesto 2023 fue un verdadero aquelarre de la casta. Quizás algunos no sepan que aquelarre significa “reunión nocturna de brujos y brujas”: ninguna otra palabra de nuestra lengua define con tanta precisión lo que se vivió en el tránsito del martes al miércoles en la Cámara de Diputados; reunión, agrega el diccionario, “para la realización de rituales y hechizos”. Desde Adán y Eva, las sucesivas generaciones se dieron a la búsqueda de un término que expresara con la mayor justeza el increíble espectáculo de políticos sacándose los ojos por la plata de la gente; cuando llegaron a “aquelarre”, dejaron de buscar. Penumbras de la noche, brujos y brujas, rituales y hechizos: de eso se trató el Halloween del Congreso. Fue el esplendor de la casta, que cuando está así, pulverizada en el poder y con luchas fratricidas en la oposición, es capaz de producir inolvidables veladas esotéricas. Al frente de todo el montaje, Massita, duende y pillo. Subrepticiamente, presencié las negociaciones: fui ordenanza, asesor, incluso diputado, incluso florero. Déjenme decirles que a nuestra plata le dieron buen destino: va camino de evaporarse, y el vapor tiende al cielo.
Lo importante era parir un presupuesto, porque eso exige el FMI: que le mintamos con lo que vamos a recaudar y gastar; y que la ficción tenga fuerza de ley. Un país sin presupuesto es como un gobierno sin presidente, y no podemos darnos todos los lujos. ¿Hubo sapos? En cantidad y calidad. ¿Hubo contubernios? No hubo otra cosa. ¿Puede hablarse de hechos llamativos, inexplicables? Todo lo contrario: Margarita Stolbizer se fue de la sesión porque tenía sueño; Gustavo Santos, exministro de Turismo de Macri, justificó su ausencia en que estaba de turista en España; Máximo pasó del discurso incendiario del año pasado, con el que le volteó el presupuesto a Guzmán, al silencio de este año, temeroso de incendiarse él; a Cobos le volvió a tocar la antipática misión de desempatar, con lo cual en la Cámara ya lo llaman “Alargue y Penales”; los jueces zafaron de Ganancias, a los camioneros les aliviaron Ganancias, y ahora a Cristina, la gran perdedora, la chichonean con que debería hacerse jueza o ponerse al volante.
No es extraña una votación en la que Gerardo Morales ordena hacerle el aguante a Massita y la izquierdista Bregman, que necesita llegar a fin de mes, apoya al kirchnerismo. Tampoco debe sorprender que Milei, dejando el recinto en el momento oportuno, haya sido funcional al Gobierno: la casta es tan poderosa y dañina que hasta pudo con él.
El presupuesto es un tema viejísimo: fue el miércoles. Acaba de ser desplazado por el proyecto para suprimir las PASO, nueva bandera revolucionaria del campo nacional y popular. Algunos piensan que cargarse esta creación de Néstor se inscribe en el revisionismo histórico de Cris, inaugurado cuando, al defenderse en la causa Vialidad, acusó a su marido de acuerdos inconfesables con Clarín. Se equivocan. En realidad, es un tributo a su memoria: Néstor llegó a la presidencia con el 22% de los votos gracias a que no existían las PASO. En todo caso es revisionismo electoral: revisaron las encuestas y los números no les daban. Eliminar las primarias es quitarle a Juntos por el Cambio un casting civilizado de candidatos; sin primarias, los derechosos hasta podrían eliminarse entre sí. Pero la novedad de esta encerrona institucional es que Alberto se hizo fuerte en la cima de la colina y desde allí, lapicera en mano, les grita a sus viejos socios que de ninguna manera suprimirá las PASO. “¿Ahora me necesitan? Pues yo necesito las PASO para ser candidato”. La escena resulta singular: el profesor, o lo que queda de él, convertido en imprescindible para el kirchnerismo, como en 2019, y ahora también para la oposición, que en esta causa lo tiene de aliado. El país pendiente de Alberto, que se embarulla porque no sabe a quién defraudar primero.
Importante advertencia: tuve la mala idea de mandarle el texto a la policía del lenguaje creada por Vicky Donda en el Inadi. Es la tropa que pergeñó las oportunas instrucciones a los periodistas que van a cubrir el Mundial sobre cómo tienen que hablar y escribir; por ejemplo, evitar eso de “panorama negro”, por ser racista y discriminador; o “metáforas de animalización estigmatizante”, tipo “son unos burros”, o la “cosificación de las mujeres” al elogiar la belleza de una espectadora. Me devolvieron la columna repleta de tachaduras y correcciones; muy justificadas todas, pero las rechacé al sentir que mi pluma estaba siendo víctima de un criterio poco inclusivo. Entre otras cosas, cuestionaron la caracterización del debate por el presupuesto como aquelarre (querían que pusiera “intenso intercambio en plena madrugada”), brujos y brujas (“diputados y diputadas”), casta (“legítimos representantes del pueblo”), contubernios (“acuerdos”).
¿Iré preso por mi rebeldía? ¿Me cosificarán y estigmatizarán en una celda? Qué burrada.

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AL MARGEN DE LA SEMANA


La inflación hace trizas el relato K
Néstor O. Scibona
Falta un año para las elecciones presidenciales y la inflación de tres dígitos hace que el trayecto hasta entonces parezca tan tortuoso como interminable. Como el que, individualmente, debe recorrer la mayoría de argentinos con ingresos medios hacia abajo para tratar de llegar al fin de cada mes.
La inflación a la altura de 100% anual hace trizas el relato K. Solo los más fanáticos pueden creer que el Gobierno es víctima y no victimario de este drama. O en supuestas conspiraciones de “formadores” de precios, cuando el propio Estado los ha deformado con leyes y decretos de emergencia para subir impuestos; emisión descomunal de pesos; congelamientos por tiempo indefinido; subsidios a granel; cepos, restricciones al pago de importaciones y múltiples tipos de cambio.
De ahí que también se ubiquen en torno de 100% la brecha con el atrasado dólar oficial y los ajustes salariales –fraccionados– en las paritarias de los gremios más poderosos. todo con Cristina Kirchner en el rol de oposición al Gobierno armado por ella misma, que distorsiona cualquier señal económica salvo evitar una explosión en 2023 por escasez de reservas del BCRA en un contexto internacional poco favorable.
Ahora la táctica del kirchnerismo se basa en escandalizarse públicamente por los efectos de los problemas que provocó. Es como echarle leña a la inflación y quejarse por la propagación del fuego.
Una muestra es el tuit de CFK que rechaza el ajuste en las cuotas de la medicina prepaga para diciembre (13,8%). No dice que surge de la fórmula fijada por el Gobierno para recuperar el atraso provocado por el cuasi congelamiento durante la cuarentena de 2020 y atender el reclamo salarial (superior a 100% anual) del gremio de Sanidad, aliado a Alberto Fernández, que no alcanza a los médicos. Tampoco cuestionó el artículo agregado al presupuesto 2023 por el diputado oficialista Sergio Palazzo (titular del gremio bancario), para aplicar un recargo extra de 15% y destinarlo a las obras sociales sindicales, que debió suprimir el propio ministro de Economía. En cambio, habrá un aumento en los aportes para obra social de los monotributistas, excepto en las tres categorías más bajas.
Además de desentenderse de las causas de la altísima inflación, el kirchnerismo busca aparecer ejerciendo presión sobre Sergio Massa para que reduzca daños, aunque no le alcancen los matafuegos.
El ministro ya se había curado en salud cuando reservó fondos extra provenientes de las retenciones por el “dólar soja” para pagar el refuerzo de $45.000 en dos cuotas a personas indigentes. Pero ahora debe encontrarle la vuelta al bono de fin de año para trabajadores del sector privado, cuyo anuncio semioficial sin mayores precisiones puede crear nuevas expectativas inflacionarias. No solo porque el ministro Wado de Pedro habló de los trabajadores de menores salarios que perdieron con la inflación, que de por sí es un universo muy amplio. También porque su colega Raquel Olmos dijo ayer que la intención es extenderlo a los trabajadores informales, que lo convertiría en un nuevo IFE para alrededor de 9 millones de personas con un costo fiscal de $270.000 millones, sin contar el bono de $30.000 ya acordado con los gremios estatales (UPCN y ATE). Una suerte de “platita” navideño.
No es precisamente el caso del gremio de camioneros que, además de la exención de Ganancias para viáticos, en la paritaria se alzó con un bono de $100.000 en cuatro cuotas (a partir de marzo) y el aumento salarial de 107% en cuatro tramos trimestrales hasta fin de octubre de 2023. Más llamativo es que Huque go Moyano haya amenazado con un paro total antes de firmar el acuerdo y luego apoyara la incierta reelección de Alberto Fernández. Una devolución de gentilezas en plena interna oficialista. Las cámaras empresarias celebraron el acuerdo, pese a que el aumento salarial se trasladará a los costos logísticos –y a los precios– de todas las cadenas de valor, que ya venían subiendo por encima de la inflación.
En este contexto redistributivo, la media sanción en Diputados del presupuesto nacional para 2023 se convirtió en otro festival de contradicciones, que poco tienen que ver con una política fiscal previsible.
Por un lado, reeditó las maratónicas sesiones que en función trasnoche/madrugada son aprovechadas para agregar más gastos y/o cargas impositivas. Nadie explica por qué no pueden realizarse con horarios tope y en más de una jornada, al tratarse de una ley “ómnibus” con muchos artículos que deberían ser leyes individuales ajenas al presupuesto. Por otro, polarizó a la oposición con el voto –a favor o en contra– de iniciativas que van a contramano de los principios que proclaman, por más el oficialismo tampoco se haya caracterizado por su coherencia.
Por ejemplo, el Gobierno acaba de lanzar tardíos operativos contra la evasión impositiva y el contrabando, pero aprobó el blanqueo de dólares no declarados para el pago de insumos importados y la compra de inmuebles usados. También puso en marcha el plan ahora 30 para la compra a tasa subsidiada de electrónicos armados en Tierra del Fuego, pero luego aumentó (a 9,5%) los impuestos internos y el arancel (a 19%) para protegerlos de la competencia de productos importados. De esta manera, les da margen a las empresas fueguinas para trasladar a precios la suba del impuesto, cuya recaudación va al Tesoro. Y, a contramano del plan Previaje para fomentar el turismo interno, se impondrá una nueva tasa sobre los pasajes de avión destinada a la Policía de Seguridad Aeronáutica (de $250, pero ajustada por el salario del oficial mayor de la PSA).
Ni aún en el oficialismo creen que podrá cumplirse la pauta “dibujada” de inflación anual de 60%. Pocos sabenque el gasto está calculado en $29 billones (el número 29 seguido por una caravana de 12 ceros) y menos que el presupuesto de la administración pública nacional concentra menos de la mitad del gasto público total (49%). El resto corresponde a provincias (37%); municipios (7%) y empresas públicas (7%), aunque son asistidas por el Tesoro Nacional, que tuvo déficit primario en 53 de los últimos 60 años.

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Los Monos.


Los Monos.El futuro de la banda narco de Rosario que se convirtió en una franquicia criminal
Texto: Germán de los Santos @germandls y Hugo Alconada Mon @halconada
ROSARIO.- Enterrado hasta el cuello, el cadáver estaba oculto en un cañaveral. Fernando Corso tenía atados los pies y las manos, y solo su cabeza sobresalía en la tierra apisonada. Lo apodaban “el Gordo Pel” e integraba la banda Los Garompas hasta que lo torturaron y asesinaron. En el barrio La Granada, en el sur de esta ciudad, el rumor de su final corrió a toda velocidad, como deseaban sus ejecutores. Querían que todos supieran que terminarían así si se metían con Los Monos. Y 18 años después, uno de los protagonistas de aquella batalla entre bandas revela a LA NACION cómo comenzó todo: Los Garompas les habían robado a Los Monos tres “ravioles” de cocaína y 50 pesos. “Esa primera guerra dejó más de 60 muertos, pero teníamos un código que se respetaba y que hoy ya no existe: no se podía lastimar a los chicos, ni meterse con las familias”, se atajó uno de Los Garompas, que tras 14 años preso trabaja hoy en una empresa de limpieza. Aquel “código” se evaporó. La banda de Los Monos mutó su fisonomía y su estructura a lo largo de las últimas dos décadas, con la muerte y la detención de sus integrantes más veteranos, a los que reemplaza otra generación, joven y violenta. La organización se atomizó y, a la vez, expandió, lejos de aquel liderazgo central, casi monopólico, que tuvo Claudio “Pájaro” Cantero, asesinado el 26 de mayo de 2013. Hoy, el clan criminal más conocido de Rosario se divide en cuatro partes desiguales. Cada una de esas terminales actúa de manera independiente, pero unidas por la codicia. Ya no responde a una estructura familiar como la que irrumpió hace dos décadas en La Granada, el barrio donde libraron batallas feroces con Los Garompas.PIONERO. Ariel “El Viejo” Cantero es el fundador de la banda de los Monos y está preso esperando su juicio
Esta fragmentación parecería a simple vista una debilidad, pero no es así. Sobre todo si se mide por generación de violencia y poderío económico, mucho mayor al de hace diez años atrás. Y el asesinato del nieto del fundador de Los Monos, Máximo Cantero, lo confirma. Nahuel Cantero cayó bajo las balas, el 23 de septiembre. Tenía 20 años. Y no importó quién era su abuelo. Al contrario, su asesinato refleja cómo la violencia moldea la organización narcocriminal. Por un lado, mantiene su ferocidad; por el otro, alcanza niveles de recaudación cada vez más altos. El más poderoso de la banda sigue siendo Ariel “Guille” Cantero, preso en el penal de Marcos Paz. Detenido desde hace más de una década, es el más violento del clan y quien logró expandir los tentáculos del negocio criminal más allá de la zona sur de Rosario. Acumuló más poder en las siete cárceles por las que pasó que en libertad. Sumó en los últimos años más de 100 años de condena y todavía tiene juicios pendientes en la Justicia Federal, como una causa por lavado de dinero. “Guille” es el dueño de una especie de franquicia que opera en distintas zonas de Rosario y en el área metropolitana, como Pérez y el excordón industrial. También tiene vínculos con narcos de Buenos Aires, en la villa 1-11-14, y con engranajes de la barra brava de Boca. Domina la hinchada de Newell’s y tiene fuerte injerencia en las tribunas de Rosario Central. Recauda de una decena de sindicatos, que pagan para no ser baleados y usan su poder de fuego en las internas gremiales, como los Peones de Taxis.
Los Monos se dividieron en cuatro grupos
EL GRUPO DE "LA CELE"

Celestina "La Cele" Contreras
Es la madre de Guille Cantero y Claudio, conocido como Pájaro, que fue asesinado en mayo de 2013. Siempre vivió en el barrio La Granada. Fue condenada a 10 años de prisión en 2018, pero estuvo mucho tiempo con detención domiciliaria, al cuidado de su hijo menor, Dylan Cantero.

Dylan Lautaro
Cantero
Tiene 18 años y es el menor de los hermanos Cantero. Fue detenido el 26 de septiembre de este año tras una serie de allanamientos en el barrio La Granada, en el sur de Rosario. A los ocho años, cuando fueron detenidos sus padres, quedó al cuidado de una vecina del barrio.

Soledad
"La Tartamuda"
“Tartamuda” visitaría la cárcel de Piñero de manera frecuente. Allí se encuentra alojado su hijo Cristian, con quien también llevaría a cabo maniobras de tráfico de estupefaciente, a espaldas de Contreras.

Judith
Es la encargada del traslado de la cocaína hacia la zona sur. También se dedica a las cobranzas por las deudas de la venta de drogas. Es una mujer de confianza de Celestina Contreras.

Gordo Guille
Las personas de mayor confianza de Contreras serían los apodados “Gordo Guille” y “Tartamuda”. Son quienes mayores responsabilidades tendrían en el tráfico de sustancias. Asimismo, Judith gestionaría, no solo la llegada de la cocaína al barrio, sino su acondicionamiento para la venta.

Marcela Romana Flores
Es otra estrecha colaboradora de Celestina Contreras. Se dedica al delivery de drogas en el barrio La Granada, que domina este sector de la banda de Los Monos. Su familia vive del narcotráfico desde hace mucho tiempo, bajo la protección de la madre de Guille Cantero.
Todos los viernes las diferentes vertientes que alimentan sus bolsillos rinden su recaudación a gente vinculada a su pareja, Vanesa Barrios. Ese dinero, como surge de varias causas judiciales, termina en cuevas financieras para obtener dólares blue –una de ellas en España al 800, propiedad del extitular de Terminal Puerto Rosario Gustavo Shanahan-, para evitar que la inflación deteriore esa renta y adquirir en el exterior la cocaína que se vende en los racimos de búnkeres que están distribuidos en todos los barrios de Rosario. El líder de Los Monos opera así en distintos sectores de la ciudad. Él no arriesga nada, salvo su reputación de mafioso. Por eso es implacable con el que le incumple. ¿Un ejemplo? El 6 de setiembre de 2021, el narco Marcos Mac Caddon le ofertó $1,5 millones por semana si le daba la venia para vender droga en la zona de San Lorenzo. Por eso, algunos investigadores estiman que “Guille” Cantero recauda más de $20 millones semanales a través de todas sus franquicias. ¿Cuántas personas podrían integrar las bandas que tributan a Cantero? En la Justicia dicen que no pueden calcularlo porque el mapa cambia todo el tiempo. Pero no se altera el porcentaje de la recaudación que llega a la cima, con “Guille” Cantero en el trono. ¿Cuánta plata va a parar a las arcas del líder de Los Monos? Tampoco se sabe en la Justicia. Un investigador aporta que cada búnker recauda unos tres millones de pesos por semana. A la par del negocio de la venta de drogas interactúan otros emprendimientos criminales que están en apogeo, y muchos de los que manejan búnkeres también incursionan en las usurpaciones de casas y en las extorsiones.
CAUSAS. Ariel “El Viejo” Cantero y Máximo Ariel “Guille” Cantero enfrentan varias causas en la Justicia
Una pata de Los Monos tiene un rol clave en este negocio. La conduce Celestina Contreras, la madre de “Guille” Cantero, que está actualmente detenida. La Cele, como le dicen, maniobra en el mundo criminal con Dylan Cantero, el hijo menor que tuvo con “el Viejo”. Con solo 18 años, lo detuvieron el 26 de septiembre con una ametralladora cuando escapaba por los techos de su casa. La nueva generación criminal. Celestina tiene un dominio puramente barrial, que en la zona tiene peso. Se calcula que con las usurpaciones acumuló unas 90 casas que alquila de manera informal y le sirven para mantener a ese sector de la familia. Antes de caer otra vez presa en abril, por las tardes se sentaba junto a una mesa, en la puerta de su casa, a tomar mate con otras vecinas, mientras tres autos repletos de soldaditos custodiaban la zona.
PRODUCCIÓN. Durante varios meses, los periodistas Germán de los Santos y Hugo Alconada Mon investigaron el universo narco de Rosario
Luciano Cantero, de 19 años, lidera otro sector de la nueva generación. También está preso, desde enero, al igual que su madre, Lorena Verdún, actualmente en el penal de Ezeiza por narcotráfico. Lucho es el hijo de “Pájaro” Cantero, y con la chapa mística de su padre ganó espacio en la geografía narco de manera desenfrenada, algo que –aunque parezca paradójico- generó resquemor con su tío “Guille” que le reclamaba que actuara con menos virulencia. Lucho está acusado, entre otros delitos, de disparar más de 50 balazos a un móvil policial a fines del año pasado.
EL GRUPO DE "LUCHO" CANTERO

Uriel Luciano "Lucho" Cantero
Es el hijo de Claudio Pájaro Cantero y Lorena Verdún. Es considerado el líder de la nueva generación de la banda de Los Monos. Fue detenido en enero pasado. A finales de 2021 se filmó disparando un FAL. Los investigadores lo definen como una persona más brutal que su tío Ariel Cantero, líder de Los Monos.

Dylan Tomás “Capocha” Baldón
Mano derecha de Uriel “Lucho” Cantero, hijo del líder de Los Monos, asesinado en 2013. Tras unos 80 allanamientos contra la banda, fue imputado por asociación ilícita y tenencia ilegal de armas. A finales del año pasado se filmó con su jefe disparando un fusil FAL.

Macarena “Tía Maca” Cantero
Hermana de Claudio Cantero, alias Pájaro, y de Ariel Cantero, alias Guille. Es cercana a su cuñada Lorena Verdún. En enero pasado la policía incautó en su casa grandes sumas de dinero y una decena de autos, que usaba la organización criminal. Macarena Cantero es un eslabón clave del lavado de dinero de la banda.

Martín Walter “Pariente” Medina
Pareja de Macarena Cantero. Según la investigación judicial, Medina “tiene un gran poder financiero que se nutre del narcotráfico y de la compra venta de autos”. Pariente sería uno de los cobradores de la banda en la zona sur de Rosario.

Gastón Ezequiel Schneider
Se cree que es el tío de Lucho e hijo de Ariel Cantero, alias El Viejo. Schneider fue acusado por distintas maniobras hechas para la compra de armas y deudas por droga, según las comunicaciones ventiladas con Lucho Cantero y Dylan Baldón.

Lucas Alejandro
Ponce
Está en pareja con Chucky, una de las hermanas de Guille Cantero. La fiscalía de Rosario atribuyó a Ponce el delito de "homicidio agravado por el uso de arma de fuego, portación ilegítima de arma de fuego de guerra y lesiones en concurso real y en calidad de autor" y pidió la pena de 20 años de prisión efectiva.

Lorena Verdún
Es la viuda de Claudio “Pájaro” Cantero. Actualmente está detenida en el penal de Ezeiza por narcotráfico. Tiene una fuerte influencia sobre su hijo. Amenazó a fiscales y a periodistas. Maneja extorsiones y tráfico de drogas y está enemistada con el actual líder de la banda, Ariel Cantero.
El cuarto sector de Los Monos es hoy uno de los más importantes después del que conduce “Guille”, y es el que domina Máximo Cantero, el fundador de la banda, que como todos los protagonistas de este informe también está preso. Después de que fuera detenido en abril pasado ganó jerarquía dentro de esta línea Nahuel Cantero, nieto de “el Viejo”. A fines de septiembre fue ejecutado, a los 20 años, en la puerta de su casa en el barrio Tío Rolo. Nahuel Cantero era el que manejaba la recaudación y el abastecimiento de los búnkeres y puntos de venta de droga que pertenecen a “el Viejo”, el padre de Ariel Cantero. El dominio era bien territorial, focalizado en los barrios Tío Rolo, donde vivía Nahuel Cantero, y en Vía Honda, donde su abuelo vivía y tenía el comedor comunitario Copa de Leche Gauchito Gil.
EL GRUPO DE "GUILLE" CANTERO

Máximo Ariel "Guille" Cantero
Guille Cantero es el más poderoso de la banda. Está preso desde junio de 2013. Enfrenta condenas por más de 100 años de prisión. Su poder se amplió a casi toda la ciudad, donde maneja una especie de franquicia narco. El que vende drogas le tiene que pagar entre 2 y 3 millones de pesos por semana.

Vanesa Barrios
Es la pareja de Guille Cantero. Fue condenada por narcotráfico pero, como estaba al cuidado de sus hijos, tenía detención domiciliaria. Es quien los viernes junta el dinero de las "franquicias" narco que maneja su pareja.

Maximiliano “Cachete” Díaz
Era el encargado de administrar los casinos ilegales de Los Monos y de realizar extorsiones. La frase que enviaba en los mensajes a las víctimas de las extorsiones era: “Si no hay plata, hay balas”. Fue quien organizó el ataque al casino de Rosario en enero de 2020.

Pablo Nicolás Camino
Está detenido desde 2015 con una condena a 24 años por, entre otros delitos, dos homicidios. Su negocio es la venta de drogas desde el pabellón de Piñero. Es uno de los hombres más feroces y sangrientos, y uno de los sicarios más cercanos a Guille Cantero.

Carlos Escobar
Está en un calabozo desde 2013. Suma condenas por asesinato y narcotráfico. En el norte de Rosario, con base en San Lorenzo y otras localidades del cordón industrial, la gerencia está a cargo de Leandro Vinardi, que desplazó a alfiles de Esteban Alvarado a costa de centenares de balas y muertos. Vinardi también está preso.

Leandro Vinari
Es un hombre clave dentro de la banda que lidera Ariel Guille Cantero. Se ocupa de la logística para cometer crímenes, como tareas de inteligencia. Vinardi además roba autos que sirven para trasladar a los soldaditos de Matías César cuando van a ejecutar una balacera.

Matías César
Tiene fuerte poder en el oeste de Rosario, donde también interactúan otros personajes de la geografía narco en crecimiento. Además, estos subgrupos se dividen tareas. En casos excepcionales actuaron todos juntos, como cuando fueron a vengar el intento de homicidio de Mariana Ortigala, testigo del juicio contra Esteban Alvarado.

Jorge Chamorro
Lugarteniente de Guille Cantero. Condenado a 22 años de cárcel en la causa Los Patrones. Es uno de los históricos de la banda de Los Monos. Está detenido en el penal de Rawson. Su pareja, Jessica Lloan, es clave en el entramado de venta de drogas.

Jessica Lloan
Es la esposa de Chamorro, histórico lugarteniente de Guille Cantero, condenado a 22 años por narcotráfico en 2018. Lloan es la que actualmente maneja la provisión de droga a los bunkers.

Jeremías Mc Caddon
Domina la zona norte del cordón industrial del Gran Rosario, donde están los puertos sojeros. Era sonidista y puntero de varios partidos políticos. Le pagaba a Guille Cantero 2 millones de pesos por semana para vender droga en San Lorenzo.

Leandro Vilches
Tiene 36 años y está condenado a 10 de prisión por asociación ilícita y homicidio en el juicio a la banda Los Monos. Era uno de los confidentes de Ariel Guille Cantero. Estuvo prófugo en la provincia de Buenos Aires durante varios años.

Héctor Daniel Noguera
Conocido como “Gordo Dany”. Es un sicario de Ariel Cantero, que dominó históricamente Villa Gobernador Gálvez y luego se expandió hasta el norte del cordón industrial de Rosario, donde provocó varios asesinatos.

Mauro Gerez
Es un lugarteniente de Ariel Guille Cantero en la zona oeste de Rosario, donde domina la venta de drogas y las extorsiones. Está detenido en el penal de Piñero, desde donde manda a sus soldaditos a enfrentarse con sus competidores en el barrio Empalme Graneros.
La pareja de Máximo Cantero, Rosa Bibiana Monteros, quien también está presa actualmente, fue la tutora legal del joven hasta que alcanzó la mayoría de edad. Se encargó de él cuando su madre, Elizabeth Cantero, murió en la cárcel, el 18 de enero de 2016. ¿Causa formal? Paro cardíaco. Pero su cuerpo tenía rastros de haber sido salvajemente golpeado por otras internas. Su hijo Nahuel, que en ese momento tenía 14 años, quedó al cuidado de Bibi Monteros, que manejaba el comedor comunitario y otros negocios poco claros que están siendo investigados por los fiscales Valeria Haurigot y Franco Carbone. Tras la detención de su extutora y su abuelo, Nahuel sumó responsabilidades en el manejo de la empresa criminal que tenía base territorial en Vía Honda y en Tío Rolo en el Fonavi de calle Lavalle. Hasta que lo mataron. Se ignora por quién, pero se sospecha que esta ejecución tiene que ver con el negocio criminal de la venta de drogas.
EL GRUPO DE "EL VIEJO" CANTERO

Ariel "El Viejo" Cantero
Es el fundador de la banda. Fue condenado a seis años de prisión por asociación ilícita en 2018, pero tras salir de la cárcel en 2020 volvió a convertirse en un hombre fuerte del narcotráfico en la zona sur de Rosario. Allí tenía un comedor comunitario. Volvió a ser detenido y espera ser juzgado otra vez por asociación ilícita. Aprendió a leer en la cárcel.

Nahuel Cantero
Era el nieto de Ariel, El Viejo. Lo mataron dos sicarios en la puerta de su casa en septiembre de 2022. Después de la detención de su abuelo quedó al frente del grupo narco en Vía Honda. Su madre Elizabeth Cantero murió en la cárcel de mujeres el 18 de enero de 2016.

Rosa Bibiana Monteros
Es la pareja de Máximo Ariel Cantero, “El Viejo”, histórico líder de la banda de Los Monos. Manejaba el comedor comunitario Gauchito Gil en el barrio Vía Honda y también los soldaditos que trabajaban para este sector de la banda.

Alexis “Tartita” Cantero
Es uno de los hijos de Máximo Ariel Cantero, “El Viejo”, el líder histórico de la banda de Los Monos. Está preso por homicidio. Aprendió a leer y escribir en la cárcel.

Ariel “Chanchón” Cantero
Es uno de los hijos de Máximo Ariel Cantero, “El Viejo”, el líder histórico de la banda de Los Monos. Está preso en el penal de Piñero por ejecutar a un policía narco, llamado Cristian Ibarra.


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OPINIÓN


Albertismo light, la política de obstrucción
Lejos de concentrarse en resolver la crisis, el objetivo de los integrantes del Frente de Todos se ha reducido a acotar los daños de un proceso que, suponen, terminará en derrota electoral
Francisco Olivera
Alberto Fernández, Cristina Fernández de Kirchner, Sergio Massa, en La Plata, Buenos Aires, el 11 de diciembre de 2019
El principal reproche que le hacen últimamente a Alberto Fernández en el Instituto Patria es que entorpece y, a veces, bloquea deliberadamente un rumbo cuyo trazado no debería estar ya en duda, porque corresponde a Cristina Kirchner. Dicen que, por ejemplo, se resiste a firmar decisiones en las que no ha estado involucrado. Y que todo se hace más difícil porque sigue sin hablar con la vicepresidenta, con quien solo se comunica a través de Massa o Máximo Kirchner. Nada que llame demasiado la atención porque la Argentina está habituada a lo extravagante, e incluso a la inestabilidad argumental: hasta hace poco, era la expresidenta la que le pedía en público al jefe del Estado exactamente lo contrario, que usara la lapicera.
El Presidente también trastocó su discurso. Pasó de pronosticar que nunca se pelearía, a forzar y exponer contrastes con su compañera de fórmula. ¿Para qué preguntarles a empresarios si alguien les había pedido alguna coima en su nombre, como lo hizo en IDEA, si no tiene acusaciones de esa índole? Esa alusión tiene nombre y destino y forma parte de un cambio personal del que advierten quienes trabajan con él. No cambia los hechos. Son pataletas de índole formal, casi de protocolo, solo relevantes porque parten de una intención. ¿Por qué ahora?, cabría preguntarse, y ahí las respuestas difieren. Algunos de sus asesores lo atribuyen a una cuestión de timing versus riesgo: dado lo poco que le queda para despedirse, tampoco tiene tantos costos por pagar. Mandato jugado, albertismo light. “Tarde, pero con dignidad”, celebró alguien que valora a Fernández.
Los kirchneristas no le dan demasiada vida a este rapto de autonomía, pero protestan en voz baja. Andrés Larroque volvió a plantearlo anteayer a propósito del aniversario de la muerte de Kirchner. “Honrar a Néstor es bancar a Cristina”, escribió en Twitter. Ellos quisieran, por ejemplo, tener a todo el Gobierno trabajando para eliminar las primarias. Si no se puede, al menos retrasarlas a días antes de la general, para que la sociedad advierta lo innecesario del gasto. Y tampoco creen que el Presidente tenga posibilidades de competir en una lista por la reelección.
Son fricciones no inocuas para el funcionamiento del Gobierno. Porque, lejos de concentrarse en resolver la crisis, el objetivo de los integrantes del Frente de Todos se ha reducido a acotar los daños de un proceso que, suponen, termina casi seguro en derrota electoral. Si es que se pierde, que sea por poco y con las consignas intactas. A eso apuntan, por ejemplo, mensajes como el de Cristina Kirchner sobre los aumentos en la medicina prepaga. Es cierto que ella tiene viejas diferencias con Claudio Belocopitt, dueño de Swiss Medical y convertido en vocero del sistema privado de salud. Desencuentros que vienen del año en que su marido, Néstor, estuvo internado dos veces en Los Arcos y que no responden necesariamente a la calidad de la atención. Pero lo más relevante del tuit de la expresidenta fue que objetaba una decisión tomada por Alberto Fernández –la fórmula polinómica con que se calculan desde agosto las cuotas de las prepagas– y en la que trabajaron Claudio Moroni, Juan Manzur, Martín Guzmán y Héctor Daer. Parte de la escudería del Presidente. Con los tres aumentos dispuestos desde entonces hasta fines de este año, el Gobierno se propuso normalizar las cuentas de estas empresas luego del golpazo de la pandemia. Si el programa se cumple, las mejor administradas podrían incluso arañar el equilibrio operativo después de marzo.
Esa versión de Fernández es la que ilusionó en 2019 al establishment económico: el líder que entiende la necesidad de un sector privado pujante, conoce el Estado y toma decisiones oyendo a todos los actores del sistema. La lapicera activa.
Pero todo salió al revés. Para los empresarios y para el Frente de Todos. Asustó la corrida, viene el ajuste y eso obliga al kirchnerismo a tomar distancia. Eso explica las renuncias. ¿Qué sentido tenía para Jorge Ferraresi, vicepresidente del Instituto Patria, seguir al frente de un ministerio al que el presupuesto pretende quitarle 37% de los fondos? En el Instituto Patria dicen que podría no ser el último caso. Salud, el área de Carla Vizzotti, está también comprometida y con restricciones múltiples. Anteayer, en el Ministerio de Trabajo, un piso abajo de la oficina en donde se cerraba la paritaria de Camioneros, Daer no solo planteó reabrir la del gremio de Sanidad, además convocó al estado de alerta y movilización. ¿Habrá mejoras salariales, como pretende, si alguien interrumpe el sendero acordado con las prepagas? Este sector funciona en cadena. Sin esas alzas tampoco habrá traslado a los precios de las internaciones en las clínicas ni, por lo tanto, subas para los trabajadores. El 15 de septiembre, en un encuentro con empresarios en Los Cardales, Daer había advertido esta necesidad. La inflación de agosto ya proyectaba un fin de año complicado. “Este 7% del mes pasado nos deja con una pauta de que la inflación va a ser superior al 85%, con lo cual sepan que tenemos que ir buscando el financiamiento para llevar adelante la modificación de octubre de los salarios”, dijo, y señaló a Héctor Cherro, presidente de la Asociación de Clínicas y Sanatorios, que miraba incómodo desde la primera fila. “El amigo Cherro se cruza de piernas”, sonrió. “Ir buscando financiamiento” es, en la jerga sanitaria, autorizar incrementos para las prepagas. Típico de los tiempos de inflación: que la patronal y el sindicato coincidan en objetivo y enemigo. El problema quedará para el afiliado.
Cristina Kirchner conoce estos dilemas. Incluso desde su lugar de clienta: como la mayor parte de los dirigentes políticos, ella paga el plan más alto de una prepaga líder. Pero necesita volver a hablarles a sus votantes. Un problema para Kelly Olmos, ministra de Trabajo, que debe resolver el conflicto y a quien el tuit tomó por sorpresa. “¿Por qué me meten en este quilombo que heredé?”, protestó ante empresarios.
Las señales de esta discusión y la atmósfera de derrota generalizada en el oficialismo empobrecen indudablemente la gestión de Massa. Por lo pronto porque quien tiene poder de veto, Cristina Kirchner, está menos para pensar en programas de estabilización que para encontrar las razones por las cuales no dieron resultado. El ministro de Economía quedó además en medio de la interna. Debe decidir sobre un bono de compensación para trabajadores que pide La Cámpora y que no convence al Presidente. “Ya lo arreglamos con Massa”, provocó esta semana De Pedro en radio El Destape.
Es entendible que en el equipo económico haya a estas alturas frustración. Lamentan no haber podido iniciar un plan de fondo no bien asumidos, cuando tenían el respaldo incuestionable de la vicepresidenta. ¿Habrá que esperar a otra corrida para que ella se vuelva a asustar?
Massa tiene poco tiempo y menos recursos. Parte del recorte en el presupuesto se tomó por los 2000 millones de dólares de vencimientos que habrá en enero. Como espera un 2023 con 20% menos de divisas, el Gobierno confía en el éxito del acuerdo que la AFIP firmará con el Internal Revenue Service de Estados Unidos y que permitirá levantar el secreto fiscal de Delaware y tres Estados más a partir del 1º de enero. Será una buena herramienta para pedir amablemente la colaboración de contribuyentes esquivos. Y, desde ya, para atender algunos pedidos de empresas que no pueden importar. En las próximas dos semanas empezarán a vencer los plazos de 180 días que les dio a las que requerían dólares en mayo. Les propondrá renegociar 60% de esa deuda comercial con los proveedores. “¿Se imagina la reacción del proveedor cuando vayamos a pedirle un segundo préstamo?”, se lamentó un fabricante.
El nuevo sistema de administración de divisas es un cepo más duro. Está a cargo de un desconocido, el subsecretario Germán Cervantes. “Veremos qué me dice”, dijo un empresario que debe verlo la semana próxima. Debería entrar al encuentro con bajas expectativas. Los recursos son escasos y Cervantes autoriza según la disponibilidad del Banco Central. Es además un verdadero verticalista del Frente Renovador. Su cuenta de Twitter muestra que, desde fines de 2019, cuando asumió, casi no tiene posteos propios: se limita a retuitear a Massa y a su jefe directo, Matías Tombolini. Esa ausencia de prosa, rara en un Cervantes, parece una lección aprendida en el Frente de Todos: cuando no se puede dar respuestas, levantar la voz solo conduce al ridículo.

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EDITORIAL


Sabios consejos desde la Madre Patria
La alcaldesa de Madrid puntualizó con meridiana claridad el daño que las políticas populistas del peronismo le han hecho a la Argentina
Las declaraciones de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en el sentido de que no desea para los españoles un “populismo fiscal como el de los peronistas, que primero crea la pobreza para luego crear dependencia del Estado, quitándole a la gente para repartirlo en pagas, ayudas y subsidios”, provocaron en importantes dirigentes kirchneristas reacciones esperables: ninguna autocrítica, agotadoras victimizaciones, falaces analogías, peligrosas chicanas y la ya constante necesidad de reversionar la historia a gusto del relato que intentan imponer desde hace años, aunque cada vez con menos réditos.
No son nuevas las críticas de la alcaldesa de Madrid al actual gobierno argentino y al peronismo en general. Durante la pandemia por coronavirus, defendió la apertura de comercios y de escuelas. “Apostamos a ir contra el virus, no quedarnos de brazos cruzados y optar por el cierre masivo, que a lo único que lleva es a la ruina de muchas familias y no soluciona el problema de los contagios”, había dicho respecto de los países que obraran de forma contraria.La realidad le dio la razón.
Más recientemente, al criticar la decisión del gobierno de Pedro Sánchez de crear el impuesto de “solidaridad” para las grandes fortunas, Díaz Ayuso dijo que se negaba a que “el peronismo arruine el motor económico de España” y que no le resultaba una casualidad que más argentinos se estén yendo a Madrid “a vivir en paz, sin ver cómo casi todo lo que han conseguido es pisoteado por la máquina de la subvención”, al tiempo que describía a la Argentina como uno de los países que fueron ricos y que ahora “lleva décadas estancada por políticas intervencionistas al servicio del poder político: gasto público desbocado, inflación que supera el 50%, desánimo, desincentivo”.
Más allá de que ha dicho una suma de duras verdades, varios dirigentes del kirchnerismo le han respondido atacados por una sobreactuada ofensa que los ha llevado incluso a la advertencia y a la agresión, como si la señora Díaz Ayuso no tuviera siquiera permitido el derecho de ser libre para expresarse.
“Demonizar a una fuerza política nacional y popular, que actúa en democracia y representa los intereses de las mayorías, siempre termina mal, y quienes sufren las consecuencias son los más débiles”, se pronunció públicamente el Partido Justicialista respecto de lo que consideraron un “insulto” de la dirigente española, en una mezcla de rancia victimización y velada amenaza.
No menos impresentable ha sido la reacción de la portavoz del Gobierno, Gabriela Cerruti, al utilizar una de sus improductivas peroratas para responderle que mejor se fijara en que “está siendo investigada por la Fiscalía europea porque, durante lo peor de la pandemia, el negocio de las mascarillas [tapabocas] lo llevó adelante su hermano” y agregar que “tal vez eso de dejar todo para los ricos y quedarse los negocios del Estado para las familias es algo que tienen en común la señora Ayuso y el señor Macri”. Más allá de que Díaz Ayuso ya ha hablado del tema de su hermano y de que deja que avance la Justicia para determinar responsabilidades, resulta entre alarmante y grotesco que se exprese en esos términos la portavoz de un gobierno cuya vicepresidenta –entre otros muchos funcionarios y exfuncionarios– está acusada de corrupción y de gravísimos delitos contra el Estado.
En un exceso de ridiculez sin retorno, ha dicho también la portavoz presidencial que si Ayuso cree que es mejor para España “tener macrismo que peronismo”, ella le recuerda que “el macrismo en la Argentina dejó una deuda de 40.000 millones de dólares, el país se encuentra endeudado por los próximos cien años, con una inflación del 50% y con altísimas tasas de desempleo”. Acaso subestima la inteligencia de la alcaldesa madrileña, que ya sabe del desastre recibido por el gobierno macrista después de más de 12 años de populismo kirchnerista, que la inflación va a llegar este año al 100%, con un crecimiento exponencial de la precariedad laboral, con una tasa de informalidad de casi el 38%, con trabajadores cada vez más pobres y una dolorosa suba del número de argentinos en la indigencia.
No han sido menos categóricas en sus acomodaticias defensas ante la crítica de la alcaldesa la senadora nacional kirchnerista Juliana Di Tullio y la entonces diputada oficialista –hoy ministra de Desarrollo Social de la Nación– Victoria Tolosa Paz. “Sea agradecida”, le reclamó Di Tullio en referencia a la inmigración que recibió la Argentina desde España. En términos similares, Tolosa Paz pretendió recordarle “el gesto humanitario de Juan Perón, quien no dudó en ayudar al pueblo español en la hambruna de la posguerra”.
Vale la pena detenerse en este punto. En primer lugar, porque predomina en la mente de muchos kirchneristas la idea de que los pueblos deben agradecer constantemente a los gobernantes por deberes que los gobernantes están llamados a cumplir en representación de los mismos pueblos que les otorgan poder. En segundo lugar, porque si bien Perón, en su primer gobierno, reflotó el movimiento migratorio interrumpido bruscamente en 1930 con la gran crisis mundial, está largamente documentado por distintos historiadores que su política migratoria buscaba el arribo fundamentalmente de italianos y españoles para satisfacer la demanda de mano de obra, para el estímulo de la colonización rural y el aumento de la natalidad, entre otras funciones que debía cumplir la inmigración, que quedaron plasmadas en el Primer Plan Quinquenal, de 1947.
Parte de esa miopía política, basada en el reduccionismo y la readaptación informativa, es la que también ha llevado a la titular del área de Migraciones, Florencia Carignano, a desmentir al expresidente Macri cuando se lamentó recientemente del “éxodo de jóvenes” hacia otros países. Según la funcionaria, entre 2016 y 2019, durante el gobierno de Cambiemos, se fue del país un promedio diario de 50 argentinos, mientras que, entre 2020 y 2021, se fueron 18 personas por día. Lo que no se aclara –acaso si hace falta– es que, desde marzo de 2020 y por largos meses, nadie tenía permitido salir siquiera de su casa como consecuencia de la pandemia y que el Gobierno fue sumando desde un principio trabas de todo tipo para impedir los viajes al exterior.
Otro dato de la realidad pone en serias dudas lo expresado por las autoridades. Las solicitudes para obtener la ciudadanía española e italiana por parte de argentinos fueron récord el año pasado: tan solo España recibió 33.600 pedidos de ciudadanos nacidos en la Argentina, la mayor cantidad desde 2008 y tres veces más que hace seis años, según el Instituto Nacional de Estadística de ese país. A esa cifra hay que agregar todos los argentinos que no fueron contabilizados allí por tener pasaportes europeos por descendencia.
Victimización, datos amañados, groseras tergiversaciones y teatrales indignaciones. Echar la culpa de todos los males a poderosas conspiraciones internacionales –aunque provengan de la opinión de una alcaldesa madrileña– ya no le alcanza al Gobierno para intentar desviar la atención y rehuir responsabilidades. Como ha dicho con acierto Díaz Ayuso, “está muy bien ayudar a quien lo necesita, pero lo que quieren esas personas es salir adelante, sin necesidad de tener que estar dependiendo de un Estado que pretende hacerles dependientes y dirigirles sus vidas”.
Victimización, datos amañados, groseras tergiversaciones y teatrales indignaciones. Echar la culpa de todos los males a poderosas conspiraciones internacionales –aunque provengan de la opinión de una alcaldesa madrileña– ya no le alcanza al Gobierno para intentar desviar la atención y rehuir responsabilidades

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POLÍTICA


No precisamos más redentores, apenas gobernantes que gobiernen
Julio María Sanguinetti
A quienes todavía cultivamos con cierta nostalgia el valor de la seriedad en la política, nos ha dejado anonadados el declive vertical de lo que siempre se vio como el bastión mayor, el Partido Conservador de Gran Bretaña, fundado por Robert Peel, reformado por Benjamín Disraeli y liderado con relieves notables por Winston Churchill y Margaret Thatcher. Conservador sí, pero en serio. Las fiestas y extravagancias de Boris Johnson le pusieron una sorpresiva nota de frivolidad que terminó del peor modo, con una primera ministra que solo logró durar 49 días, marcando un record histórico de inestabilidad.
Otra mirada hacia las Islas nos muestra la universalidad del funeral de la reina Isabel II, celebrada por monárquicos y republicanos como símbolo de devoción a la institucionalidad del Estado, garantía de permanencia y estabilidad, expresión de la continuidad histórica de un complejo Reino que une esa diversidad que va desde Irlanda hasta Inglaterra, desde Escocia hasta Gales. La solemnidad del ceremonial conjugó el lujo de los uniformes clásicos con la sobriedad de cada acto. Un aura de dignidad envolvía el magno acontecimiento.
Es la vida institucional. En un caso, una abstracción simbólica de enorme fuerza, más allá de la política, una imagen de eternidad, desafiante de la finitud humana de los actores del poder. Su brillo contrastó con la liviandad de lo que hoy vivimos, no solo en Gran Bretaña, sino en una democracia occidental desafiada por los enemigos de la libertad tanto como por sus propias miserias.
La política misma está en cuestión. La deserción ciudadana, el desencanto popular, expresan recónditos resentimientos que abordó en clave histórica Marc Ferro, muerto el año pasado a los 96 años. La que ha resultado su última obra, La ceguera, rastrea el origen de esos sentimientos populares profundos, usualmente incubados en silencio hasta que de pronto afloran, sea con turbulencia (aun bajo monarquías como en la Revolución Francesa), o bien con ese progresivo declive de la moderación que adolecemos por estos días. “Desde que existen la televisión y el cine –dice– la desigualdad es visible para todos” y ello “crea rabia y habrá siempre furiosos que cometerán crímenes o revueltas”. “La identidad ha triunfado sobre la libertad” y de ahí explosiones religiosas como el terrorismo musulmán, nacionalismos rencorosos como el ruso o bien la irrupción de minorías étnicas que renuncian a integrarse para reivindicar su diferencia, tal cual ha ocurrido en Chile. Ese clima hace, incluso, que causas tan legítimas como el feminismo o la movilidad social cancelen el debate racional para expresarse en consignas o reivindicaciones alejadas de las necesidades de un mundo en competencia.
Vivimos más años, los vivimos mejor, pero los sistemas de pensiones crujen en el mundo ante la necesidad de reflejar esos cambios demográficos. Los más jóvenes sienten la inseguridad de un piso que se mueve debajo de sus pies: ningún empleo luce durable, su obsolescencia tecnológica se ha hecho vertiginosa. El Estado, que fue la respuesta en el momento de la pandemia, ya no lo es para este mundo al que le cuesta el retorno a la “normalidad”.
De toda esta mezcla de ciencia y emociones, emerge este tiempo político desorientado y confuso, en transición energética, inflación generalizada y, como si algo faltara, con la amenaza de guerra nuclear. Todo es tan paradójico que lo “políticamente correcto” ya no es la complacencia al “establishment”, sino, al contrario, la imposibilidad de sustraerse al impulso de minorías identitarias usualmente irreflexivas y particularmente agresivas.
La consecuencia es el debilitamiento de los “centros”. Las marginalidades afloran. Los movimientos antisistémicos medran. Los viejos partidos europeos se ven desbordados. En nuestra América Latina ni digamos.
La política ha pasado a ser, entonces, el gran problema. La Argentina, ¿carece de recursos humanos, ha perdido su enorme potencial? Todo lo contrario. Lo que necesita es diez años de tranquilidad, que los poderes funcionen, que el dólar no sea primera página todos los días, que los jueces no sean quienes resuelven los conflictos políticos. Sobra gente capaz, aun en la política, pero 
–aparentemente– la razón no paga.
Cuando más precisamos del monster country para que su peso actúe como un liderazgo estabilizador, no están Fernando Henrique Cardoso, Ulisses Guimaraes o José Sarney, de orígenes muy diferentes, pero expresiones ilustradas de un Brasil moderado
La campaña brasileña deja un saldo triste. Personalismos, agravios, carencia de ideas y programas. Cuando más precisamos del monster country para que su peso actúe como un liderazgo estabilizador, no están Fernando Henrique Cardoso, Ulisses Guimaraes o José Sarney, de orígenes muy diferentes, pero expresiones ilustradas de un Brasil moderado, el país del “hombre cordial” que interpretó Sérgio Buarque de Holanda en su clásico “Raízes do Brasil”.
Pasado el tiempo de los grandes debates ideológicos, de la Guerra Fría y sus estertores guerrilleros y dictatoriales, hemos vivido, en las últimas décadas, el predominio del aluvión tecnológico y la visión de los economistas. O del gran comercio internacional, fruto privilegiado de esa globalización que construyó Occidente y aprovechó China. Todo parecía resolverse en esos terrenos: el sueño de Saint-simon de un Estado científico. Hoy queda claro que, sin buena política, no hay economía que valga. Que la imprescindible generación de confianza nace de la altura, no solo de la cabeza del Estado, sino también de las conducciones partidarias, la calidad del periodismo, la responsabilidad empresarial y sindical.
John Carlin pedía días pasados “líderes aburridos”. Tiene sentido. Cuando más nos alejemos de la política heroica y retornemos a la vieja artesanía del Estado y los partidos, las sociedades podrán reconciliarse.
No precisamos más Mesías. Ni Redentores. Apenas gobernantes que gobiernen, opositores que actúen dentro del sistema y ciudadanos que ejerzan responsablemente sus derechos. No solo como contribuyentes enojados, creyentes iracundos o mendicantes de la dádiva prestos a seguir al demagogo de turno.

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AL MARGEN


La trampa mortal del país “ni-ni”
— por Héctor M. Guyot
La semana empezó con imágenes de las filas de aquellos que aspiraban al bono para indigentes frente a las sucursales de la Anses. En esas largas colas, que se repitieron en distintas ciudades del país, el frío de las estadísticas adquiría un rostro. O varios, ya que había desde jóvenes que ni trabajaban ni estudiaban hasta adultos que a duras penas sobrevivían con changas esporádicas, algunos de ellos con familia o personas a cargo. Aunque los igualaba el hecho de que no recibían ningún ingreso fijo, ni estatal ni privado, se percibía entre ellos distintas actitudes ante la adversidad. Muchos habían tenido un empleo o un oficio, y expresaban el sentimiento de humillación con el que se apuntaban a esa ayuda que, de obtenerla, no les alcanzaría para mucho. En contraste con gente mayor que salía a diario a buscar el mango, aunque más no fuera con el cartoneo, sorprendía la resignada pasividad de jóvenes sin actividad que, según declaraban, no estaban buscando trabajo. Jóvenes que asumían con naturalidad su condición de virtuales excluidos de todo y a los que esa cola parecía haberles dado, al menos durante esa mañana, un propósito.
En ellos se ve reflejado el drama de esa legión a los que un sistema perverso les ha sustraído la posibilidad de una vida con proyectos, de superación, una vida en que la perspectiva de un horizonte invita al desarrollo de las potencialidades que todo ser humano tiene. Tanto como la dádiva, la falta de futuro mata el contacto de la persona con sus propios deseos y la condena a la precariedad de un presente en el que apenas se sobrevive. A una vida que no es vida.
Los jóvenes “ni-ni”, a los que el lenguaje define por sus carencias y desprovistos de atributos, son el fruto amargo de décadas de un sistema político y económico que no solo los relegó a la pobreza, sino que les robó cuotas esenciales de autonomía para convertirlos en rehenes de quienes se benefician de él. La matriz corporativa de un Estado saqueado por la puja permanente de intereses no solo condenó a estos jóvenes a su condición actual. También les impide, a aquellos que lo intentan, progresar en base a su esfuerzo. Porque el sistema, sembrado de privilegios y medidas distorsivas en favor de una elite siempre próspera, ha destruido también la fuerza productiva del país. Mientras casi la mitad de la población recibe subsidios crecidos al calor del clientelismo, hoy se trabaja por sueldos de hambre.
Las distorsiones se profundizaron durante el kirchnerismo, etapa en que las elites desplegaron una voracidad sin precedente y el Estado se lumpenizó. La causa de los cuadernos, que involucra a políticos y empresarios, exhibe cómo los procedimientos siempre oscuros del corporativismo local derivaron en prácticas directamente mafiosas. Las luchas internas a balazo limpio y cuchillazos que por estos días protagoniza el sindicalismo muestran también hasta dónde son capaces de llegar los conocidos de siempre por preservar tajadas de una torta cada vez más exigua. Y todo, por supuesto, a costa del conjunto.
¿Cómo se desmonta un sistema que se ha fortalecido durante décadas? En la Argentina, cada distorsión beneficia un interés particular. Y, ya lo vivimos, cada intento de sanear la esfera pública afrontará ataques feroces revestidos de falsa retórica. “Toda la sociedad argentina se encuentra parcelada en grandes o pequeños territorios de privilegio. Dicho de otra forma: toda la sociedad se encuentra comprometida con el statu quo y todas las actividades deberían modificarse en alguna medida para que el progreso sea posible”, escribió Jorge Bustamante hace 35 años en La república corporativa, libro que acaba de reeditarse y cuya vigencia se ha acrecentado con el tiempo. Revertir la inercia no será fácil. Pero, si queremos salir de la trampa del país “ni-ni”, no parece haber otro camino. El mismo Estado que nos trajo hasta aquí tiene que desandar el recorrido. De lo contrario, el sistema se tragará cualquier proyecto político virtuoso.
Al margen de nuestro problema atávico, todo el mundo del trabajo se ve hoy sacudido por los cambios culturales que impone la revolución tecnológica. “Temo un mundo en que los trabajadores se vean obligados a hacer sus tareas de manera parecida a la de las máquinas”, dijo la filósofa estadounidense Shannon Vallor, que estudia las implicancias éticas de la tecnología digital. Tal vez ese futuro que avizora la experta no esté tan lejos. Acaso ya estemos inmersos en él, aunque sin el tiempo suficiente como para advertirlo, demandados por tareas que se desbordan sobre los necesarios espacios de ocio, descanso o introspección, hoy en franca retirada. Al calor de las pantallas, en la hiperconexión, el trabajo va camino de adueñarse de la totalidad de la vida, alienándonos en una productividad maquinal y sin sentido.
Pero este es un problema de los que tienen trabajo. De los que viven en el siglo XXI. La otra mitad, aquella dependiente de los planes, la que no encuentra o no busca trabajo, la de las colas frente a la Anses, padece de manera más brutal los males del país retrógrado que quedó varado en la mitad del siglo pasado y está cada vez más hundido.
La causa de los cuadernos, que juzga a políticos y empresarios, exhibe cómo los procedimientos oscuros del corporativismo local derivaron en prácticas mafiosas

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