martes, 8 de noviembre de 2022

LA CRISIS ECONÓMICA


Roomies. Cada vez más jóvenes deciden compartir casa con amigos
Es, entre otras causas, por la crisis económica y el aumento de los alquileres
Delfina CelichiniSantini, Izquierdo y Ance comparten un departamento en Villa Ortúzar
Los jóvenes quieren independizarse o vivir más cerca de sus trabajos o de sus lugares de estudios, minimizar los traslados y aprovechar mejor su tiempo. Por esas razones, entre muchas otras, crece la tendencia a compartir casa con amigos, con los que se convierten en roomies (compañeros de vivienda). Para lograrlo, establecen acuerdos de convivencia, generan sistemas de gestión de tareas y disfrutan de ambientes más amplios que, por los costos, no podrían lograr de forma individual.
Una escalera de hormigón conduce al último piso de un edificio bajo, de cuatro niveles, en Villa Ortúzar. Al ingresar, se ve una mesita que funciona como recibidor en la que se disponen adornos diversos: unas películas animadas en VHS, un buda rosa, un micrófono, papeles amarillentos y llaves. La escena se reproduce en otros espacios de la casa, como si la decoración fuese producto de varias personas con criterios estéticos particulares y diversos entre sí. Sus habitantes, Axel Ance, de 25 años, Valentina Izquierdo, de 21, y Nicholas Santini, de 21, son roomies, es decir, comparten el piso desde hace cinco meses y eligen convivir, entre otras cosas, para dividir gastos, porque así pueden optar por un departamento más amplio, y para estar acompañados.
Esta tendencia, en general ligada a estudiantes extranjeros o de otras provincias, hoy, como señalan los especialistas, está en aumento en la Capital entre jóvenes de entre 20 y 30 años que quieren independizarse, y que, por la situación económica y el alza de los alquileres, no pueden costear una renta por sí solos o que prefieren vivir en compañía.
“Me quería ir de mi casa, quería independizarme por diversas razones. Poco tiempo después de recibirme de músico profesional, en 2020, me mudé acá. Tenía trabajos esporádicos, cosas freelance que no me alcanzaban para pagar el alquiler. Pero una vez que terminé de estudiar, tuve la oportunidad de mudarme a esta casa y encima conseguí un trabajo fijo y gracias a eso pude hacerlo”, comentó a la nacion Ance.
Valeria López administraba la propiedad cuando él decidió mudarse. Alquilaba el piso, usaba su habitación y subalquilaba los otros dos cuartos, todos con baño propio. En junio pasado, ella decidió irse del país y dejó la administración en Ance, que llamó a su amigo Nicholas y él, a su vez, convocó a Izquierdo para la convivencia compartida.
“Nos juntamos los tres a tomar un té y acordamos vivir juntos”, precisó Izquierdo, que trabaja como artista en producciones independientes. Y detalló: “Vivía sola en un monoambiente en Palermo y me pareció muy difícil. Recién me independizaba de la casa de mis padres, y era un gasto muy grande. No quería seguir destinando el dinero en un monoambiente en el que no había mucha luz, sin balcón. Además, no me gustaba llegar y estar sola, soy una persona muy social”.
La razón por la que Santini optó por dejar su departamento en Núñez difiere de la de sus compañeros de vivienda. “Como trabajo en producciones que duran muchas horas, hay veces que estoy fuera de casa casi todo el día. Me costaba juntarme con gente cuando volvía de trabajar porque estaba cansado. Me pareció lindo vivir con amigos porque podía compartir momentos con ellos cuando volvía de estar todo el día afuera de casa”, detalló el fotógrafo.
Respecto de la organización, las expensas y servicios se dividen en partes iguales. El alquiler se divide según el espacio que ocupa cada uno. Ance, como tiene una habitación en un semipiso superior, independiente del resto de la casa, aporta un poco más que sus compañeros, que ocupan cuartos más chicos en la planta baja.
“Tenemos algunas cosas en común, como aceite y otras cosas de limpieza, pero cada uno compra su comida y la ordenamos en diferentes estantes de la heladera para organizarnos”, indicó Ance sobre cómo gestionan las compras.
Nicolás Litvinoff, economista y director de Estudinero.org, detalló las causas de esta tendencia: “Un salario promedio está hoy en $160.000, y un alquiler de un departamento de dos ambientes ronda los $60.000. La ponderación del alquiler en el total de los ingresos de una persona estaría en el 50% o 60% porque hay que sumar expensas, ABL y otros servicios. No obstante, se recomienda que el costo del alquiler esté entre un 10% y un 20% del total de los ingresos. Al compartir los gastos con otras personas, esa ponderación bajaría a la mitad y ahí se acercaría más a lo que es recomendable para tener resto para otros gastos y para poder tener cierta capacidad mínima de ahorro”.
Y sumó: “En general, los que más están buscando departamento son los jóvenes que se quieren ir de la casa de sus padres. Como siempre empiezan por sueldos que son más bajos que el promedio, complica más la búsqueda de una primera vivienda para alquilar. Ni hablamos del sueño del techo propio; con un salario de US$400 por mes, a dólar libre, y una capacidad de ahorro muy baja para el pago de una cuota de hipoteca, es imposible. Por eso hay más presión para la demanda de alquileres”.
Menos viajes
Almendra Meng, de 21 años, vivió hasta 2020 con su familia en Merlo. Como estudia teatro en la Capital, en la Universidad Nacional de las Artes (UNA), decidió buscar vivienda cerca de donde circula habitualmente y evitar los largos viajes. “Estaba muy cansada de viajar en el tren Sarmiento. Encontré la posibilidad de vivir en la Capital, más cerca de la facultad, y me mudé con una compañera de estudio a un departamento de dos ambientes; compartimos habitación”.
Sobre las razones por las que decidió vivir con otra persona, especificó que es principalmente por el dinero. “Si pudiera alquilaría el departamento sola, pero dividiendo gastos se lleva mejor la situación. Hoy no podría sostener los gastos de vivir de manera independiente”, señaló.
Ricardo Botana, presidente de la Unión Argentina de Inquilinos, opinó a la nacion sobre el elevado precio de los alquileres y detalló que la tendencia a compartir vivienda “se da justamente por la falta de inmuebles”. Y sumó: “Hay que tratar de seducir al locador para que vuelva a volcar el inmueble en el mercado. Desde hace tres años que aumenta año a año la oferta de inmuebles a la venta, y se sacan los mismos del mercado de alquileres. Históricamente, en la ciudad de Buenos Aires había unas 60.000 viviendas a la venta, pero hoy hay más de 170.000”.
Sebastián Martínez tiene 31 años y vive con Facundo, de 34, y Leandro, de 36, en un PH con patio y terraza en Villa Santa Rita. Sin conocer a sus habitantes, se mudó hace un mes a esta casa que alquilan habitaciones. No es la primera vez que comparte vivienda; lo elige por una cuestión de dinero y porque le gusta el estilo de vida, en el que se puede “construir comunidad y diálogo con personas que no son iguales a nosotres (sic)”.
“Por mi situación económica, podría vivir en un monoambiente o en un dos ambientes. Sin embargo, no me interesa vivir solo en una caja de zapatos. Elijo tener una terraza, un patio, espacios donde caminar, y tener un cuarto”, opinó Sebastián, que trabaja como docente e iluminador de teatro, y enfatizó: “Mi espacio íntimo se construye en mi habitación y no necesito llegar a casa y que no haya nadie. Todo lo contrario, me gusta llegar y que haya una persona cocinando con una cerveza abierta, servirme un vaso y ponerme a cocinar con él mientras charlamos de nuestros días. Es mucho más enriquecedor que lo que se construye socialmente: la generación de individualidades cada vez más potentes”.
Su estancia en la casa compartida es reciente, por lo que muchas de las pautas de convivencia ya estaban preestablecidas. No obstante, indicó que sus compañeros “están abiertos a seguir discutiendo y pensarlas mediante una asamblea y votación”. “Tienen que ver con la limpieza y el silencio, el orden de los espacios comunes, el respeto al descanso, entre otras cosas”, subrayó.
Claudio Roberto Vodanovich, secretario general de la Cámara Inmobiliaria Argentina, señaló a la nacion: “Hay muchas personas que se dedican a alquilar una propiedad por habitaciones individuales. Es a nueva actividad que viene a competir con la hotelería tradicional, y surge a raíz de las necesidades económicas, fundamentalmente en la clase media”.
Fiama Garde, de 31 años, y Camila Méndez Santolaria, de 28, viven juntas hace dos meses en Caballito. Si bien ambas vivían solas, decidieron compartir principalmente por una cuestión económica. “El departamento en el que vivía se venía abajo, se inundó tres veces y eso hizo que tomara la decisión de mudarme. Sin embargo, cuando empecé a ver los precios de los alquileres me di cuenta que estaban muy caros: tenía que pagar el alquiler, el mes de depósito, y las garantías, entre otras cosas”, señaló Fiama, politóloga y empleada estatal.
“Vivía en un departamento de mi familia y decidí irme a otro lugar. Pero por la situación del país, no llegaba a pagar un alquiler sola”, agregó Méndez Santolaria, que precisó que para una convivencia sana “fue clave buscar un departamento que responda a nuestras comodidades, y con espacios comunes amplios por si queremos traer amistades”.
La joven trabajadora social y empleada estatal sumó: “Nos dividimos tareas según lo que prefiera hacer cada una. Me encargo más que nada de limpiar y ella hace las compras. Una de las pocas reglas es que no fumamos dentro de la casa”.
Garde especificó cómo se organizan con el dinero: “Tenemos un Excel en el que vamos anotando los gastos y quien lo pagó. El documento discrimina quien le queda debiendo a quien. En vez de devolvernos plata, nos dividimos los gastos para compensar. Me encargo de buscar las ofertas en los supermercados y con eso ahorramos porque compramos stock para acopiar”.
“La ley de alquileres vigente hizo que se retrotraiga la oferta de inmuebles para alquilar porque muchos propietarios no la ven favorable. Esto reduce la oferta y aumenta los precios”, explicó Litvinoff.

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