LA TRAYECTORIA DE BALBÍN
Balbín fue, sin lugar a dudas, una de las figuras más notables de la UCR. Presidió el comité nacional desde 1959 hasta su muerte, en 1981, y fue cuatro veces candidato a presidente de la Nación: en 1951, 1958 y las dos elecciones realizadas en 1973.
El abandono invade la histórica casa que ocupó Balbín en La Plata
El líder radical vivió y mantuvo reuniones políticas allí hasta su muerte, en 1981; el deterioro domina hoy el inmueble, pese a tratarse de un monumento nacional
Pablo Morosi
LA PLATA.– “Aquí vivió el Dr. Ricardo Balbín. Político. Homenaje de la Municipalidad de La Plata”, dice la pequeña placa de piedra empotrada en la pared junto a la pesada puerta de hierro y vidrio de la propiedad.
Si bien la casa que el líder de la Unión Cívica Radical (UCR) habitó hasta su muerte fue declarada Monumento Histórico Nacional y patrimonio protegido por la comuna platense, basta con observar su frente ganado por grafitis –algunos con mensajes incomprensibles– y la humedad que reina sobre cada moldura para advertir el nivel de deterioro que domina el lugar, signado por años de desinterés oficial y desencuentros entre los descendientes.
Si bien entre la familia y sus allegados hoy nadie parece recordar el dato preciso, el Chino, como todos lo conocían, habría adquirido la casa de la calle 49 N° 844, entre diagonal 74 y 12, en la década de 1940, a partir de un crédito hipotecario. Desde entonces vivió allí junto a su esposa, Indalia Elena Ponzzeti, y sus tres hijos: Lía Elena, Osvaldo y Enrique.
En una entrevista con la revista Gente que el dirigente ofreció en su casa en noviembre de 1970, se indica que llevaba 24 años viviendo allí. Si el dato es correcto, se habría mudado en 1946. En febrero de ese año Balbín fue elegido diputado nacional y desde el Movimiento Intransigencia y Renovación (MIR) encabezaba el bloque del radicalismo durante el primer gobierno de Juan Perón.
Había nacido en el barrio porteño de Constitución el 29 de julio de 1904. Atravesó la infancia en las ciudades del interior bonaerense hasta que, en 1922, se mudó a La Plata. Atraído por la política desde chico, a los 18 años se afilió al radicalismo y se anotó en la carrera de Derecho de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Su primer trabajo lo consiguió en la biblioteca del Senado provincial. Se recibió de abogado en tiempo récord y fue nombrado fiscal del crimen en la provincia de Mendoza, cargo que dejó cuando se produjo el golpe que derrocó a Hipólito Yrigoyen. Volvió a La Plata y desde entonces concentró su vida en la actividad política.
La propiedad, ubicada a una cuadra del centro geográfico de la ciudad, posee una línea que en el registro arquitectónico se conoce como academicista. Su frente está revestido con símil piedra París y un almohadillado corrido –técnica de origen francés perfeccionada aquí por los inmigrantes italianos– impera en toda la fachada. El edificio fue construido en 1920 a partir de un proyecto conjunto desarrollado por el ingeniero Julio Barrios y el arquitecto Julio Gazzarri.
La vivienda tiene dos plantas y ambientes espaciosos. En el nivel superior está la parte privada, que cuenta con tres dormitorios, mientras que en la planta baja se encuentran el living, el comedor principal, el estudio y una sala de estar con la escalera que lleva a las habitaciones. Hacia el fondo se ubican las dependencias de servicio y el patio trasero. Cuando la casa estaba habitada, tenía un mobiliario clásico muy bien conservado. Hoy, está prácticamente desmantelada y el deterioro se ha adueñado de las pocas cosas que quedan, cubiertas de tierra y humedad, y sin acciones que permitan su conservación.
Desde una de las puertas que dan al living se accede al estudio, en el que el dirigente pasaba largas horas. Durante décadas ese sitio se erigió en una suerte de santuario por donde muchos dirigentes, especialmente jóvenes correligionarios, desfilaban en busca del consejo y las enseñanzas de uno de los más destacados referentes del partido fundado a fines del siglo XIX. Figuras de su partido como Antonio Tróccoli, Juan Carlos Pugliese, Carlos Perette, Raúl Alfonsín o Sergio Karakachoff solían frecuentar su casa, al igual que los peronistas Antonio Cafiero, Deolindo Bittel y Lorenzo Miguel, entre otros.
Algunos de los concurrentes al lugar recuerdan que, colgados en la pared delante del escritorio, los retratos de Leandro N. Alem e Hipólito Yrigoyen dominaban la escena. Sobre la mesa, siempre atestada, estaban los diarios del día, cartas, libros y decenas de carpetas con proyectos propios u otros que permanentemente le hacían llegar. La nutrida biblioteca reunía volúmenes que en su mayoría versaban sobre derecho e historia y también conservaba un archivo encuadernado de los diarios de sesiones del Congreso. Allí confeccionaba los discursos que luego desplegaba con ímpetu, con su voz ronca por décadas de fumar un paquete y medio de cigarrillos diarios.
Al trasponer el portal de la entrada se accede a una cochera, donde se guardaba el auto “de la familia”, como le gustaba decir. Desde allí, un acceso lateral lleva al vestíbulo que conduce al living y hacia el fondo una puerta doble da a un patio interior hoy ganado por la vegetación. En ese patio el dirigente solía disfrutar junto a su esposa el canto de los canarios en las mañanas.
En algún momento el matrimonio tuvo el orgullo de ver colgadas en el frente las chapas de sus hijos profesionales: Osvaldo fue médico y Enrique, abogado.
Durante el régimen militar, la actividad de Balbín fue decreciendo hasta quedar recluido en su casa platense con su salud visiblemente resentida. Aquejado por la enfermedad de gota y otras complicaciones motrices que le dificultaban subir las escaleras, se decidió acondicionar el comedor principal, donde se instaló una cama para que hiciera las veces de dormitorio. Así estuvo durante largos meses hasta que sufrió una indisposición y tuvo que ser llevado al sanatorio Ipensa de esta capital, donde falleció el 9 de septiembre de 1981, tras veinte días de internación. A su muerte, una multitud acompañó la inhumación de sus restos contrariando la prohibición de la dictadura de realizar actos públicos.
En estos días se cumplen 50 años de aquel 19 de noviembre de 1972 cuando Balbín protagonizó su reconciliación histórica con Perón, al fundirse en un abrazo en la residencia de Gaspar Campos. Llevaban mucho tiempo enfrentados.
Homenajes y declaratorias
Balbín fue, sin lugar a dudas, una de las figuras más notables de la UCR. Presidió el comité nacional desde 1959 hasta su muerte, en el 81, y fue cuatro veces candidato a presidente de la Nación: en 1951, 1958 y las dos elecciones realizadas en 1973. Su nombre designa calles, escuelas y barrios en distintos puntos de la geografía nacional. Así también se bautizó a la autopista que une las ciudades de La Plata y Buenos Aires.
En la capital bonaerense se lo recuerda de diversas formas: Balbín se llama la sede del comité radical, una cátedra libre de la UNLP y hasta la calle que pasa frente a la que fue su casa. La primera placa en homenaje al ilustre morador fue puesta por las autoridades de facto, en 1982.
En tanto, el 12 de noviembre de 1993, el entonces presidente Carlos Menem emitió el decreto 2334, por el cual declaró monumento histórico nacional la casa en la que vivió el caudillo radical. Suele recordarse que aquella medida fue una derivación de las conversaciones entre Menem y su antecesor Raúl Alfonsín que terminaron en el Pacto de Olivos.
Desde entonces, la vivienda quedó bajo la tutela de la Comisión Nacional de Monumentos, que tiene como función el estudio y la conservación del patrimonio y ejerce la superintendencia de los bienes declarados, al tiempo que ofrece asistencia técnica para la preservación y restauración de los edificios patrimoniales.
Impulsados por esa declaratoria oficial, los descendientes constituyeron a mediados de los 90 la Fundación Casa de Ricardo Balbín con la idea de generar actividades que sirvieran para mantener vivo el recuerdo de la vida y la trayectoria política de su antepasado. Realizaron una serie de obras para mejorar algunos ambientes e inauguraron el lugar el 20 de agosto de 1998. La imposibilidad de conseguir recursos para continuar hizo naufragar el intento en menos de un año.
En 2006, el municipio de La Plata convalidó un listado de bienes patrimoniales a preservar confeccionado por la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNLP en el que la casa de Balbín fue incluida dentro de la categoría “protección integral”, es decir, la mayor de todas, que solo integran 40 edificaciones emblemáticas de la ciudad, de las cuales solo dos están en manos de particulares: la de Balbín y la Casa Curutchet, diseñada por el arquitecto suizo Le Corbusier y declarada a mediados de 2016 patrimonio de la humanidad por la Unesco.
En la Legislatura bonaerense naufragaron varios proyectos en relación con la casa de Balbín.
El trasfondo
La declamada intención de los descendientes de conservarla casa y la memoria de Ricardo Balbín pareció extraviarse en los laberintos de una larga y enrevesada sucesión llena de disputas y desencuentros tamizados con las dificultades económicas.
A mediados de 2007 la falta de acuerdo llegó a tal punto que los herederos decidieron desprenderse de la propiedad, ya que, según dijeron, no estaban en condiciones de afrontar los gastos de mantenimiento ni el pago de impuestos.
En abril de 2008, sin compradores a la vista, fue subastado un Dodge Polara modelo 74 que había pertenecido a Balbín y la situación de la casa volvió a hacerse visible. Un mes después, el gobierno provincial a cargo de Daniel Scioli se comprometió a otorgar un subsidio para acondicionar las habitaciones y galerías, y así poder convertirla en un museo. Pero, pasado un año sin novedades, los familiares acusaron a la gobernación de no haber aportado los fondos prometidos. En aquel momento, Maximiliano Lumbía, uno de los nietos políticos de Balbín, dijo: “Nos cansamos de esperar y no nos queda otra alternativa que ponerla en venta ante los incumplimientos del gobierno provincial”. Desde el gobierno, se acusó a los herederos de disfrazar detrás de sus quejas la intención de hacer “un negocio inmobiliario”.
“Hicimos todo lo que pudimos, pero hoy cuando paso por ahí y veo la situación de abandono en la que está la casa me dan ganas de llorar”, comentó a la nacion una de las nietas de Balbín, Patricia Ferrer, que durante años se encargó del cuidado de la casa.
Meses atrás, los familiares llegaron a un acuerdo y la casa pasó a manos de los hijos de Osvaldo. El traspaso implicó también una serie de trámites, entre los que se dejó sin efecto la fundación existente con la idea de constituir una nueva entidad llamada Ricardo Balbín por la Unidad Nacional, cuyo proceso de legalización aún se encuentra en trámite.
“Hoy no estamos en condiciones de poner en valor la casa que, tenemos que reconocer, se nos está cayendo a pedazos”, admite Emiliano Balbín, nieto del caudillo radical y diputado provincial, además de actual encargado de la administración del inmueble. Y agrega: “Nosotros notamos un gran desinterés del Estado, que, además, tiene evidentemente otras prioridades y urgencias”. Pese a todos los inconvenientes, los herederos afirman que no cejarán en la búsqueda de una salida que permita poner en condiciones la propiedad para que se convierta en un sitio de homenaje para su abuelo, pero también en una referencia de la lucha por el sostenimiento de la democracia.
Desde la Comisión Permanente de Homenaje al Doctor Ricardo Balbín, su actual presidente, Andrés García, considera que “la figura de Balbín merece que su casa y su memoria permanezcan hoy más que nunca, ya que su legado más relevante, que tiene que ver con su prédica permanente por el diálogo y la búsqueda de consensos, tiene plena vigencia”. Desde la entidad se buscó en las últimas semanas convocar a figuras del radicalismo y el peronismo para recordar los 50 años del abrazo entre Perón y Balbín. Sin embargo, comentó, “las diferencias que hoy enfrentan a la dirigencia hicieron imposible cumplir con ese cometido”.
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