domingo, 6 de noviembre de 2022

MAURICIO MACRI Y LA HISTORIA




Mauricio Macri. El pasado histórico como una carga
El expresidente apuesta a un liderazgo que solo mire para adelante; no se retrotrae a los próceres para identificar a su proyecto de país
 Camila Perochena9 de julio de 2016 El entonces presidente Mauricio Macri rindió homenaje en la Casa Histórica de Tucumán, donde se firmó la Independencia en 1816. Independencia
Mauricio Macri ve la historia como una carga. En su nuevo libro, Para qué, sostiene: “Nuestro sistema político contaba a principios de siglo con dos grandes fuerzas tradicionales, con muchas décadas de historia, el radicalismo y el justicialismo. Ambos (...) para bien o para mal estaban cargados de pasado”. Frente a los partidos tradicionales, Macri explica que el Pro había surgido para “expresar el cambio y una ruptura radical con las formas tradicionales de la política argentina”. Esa ruptura con el pasado, pensada como total, sin continuidades, le impide filiar al Pro con la historia nacional. Es por eso que recurre a la Italia de la posguerra para encontrar un pasado con el que identificarse. Cuenta en su libro la historia del “Partido del hombre común”, en cuya fundación participó su abuelo tras la derrota del fascismo. El partido “era un acérrimo opositor al fascismo y comunismo, había nacido frente al rechazo de los partidos tradicionales, proponía una radical reforma del estado y era defensor del libre mercado (...). Décadas después de la experiencia de mi abuelo me encontraba a mí mismo emprendiendo un camino similar”.
En esta desmesurada analogía, el radicalismo quedaba junto al justicialismo en lo que Macri denomina “las formas más tradicionales de la política argentina”. Mauricio mira a sus socios de coalición en el espejo de la Italia de entreguerras. Hace unos meses, en una conferencia en San Pablo, sostuvo que el populismo arrancó con Yrigoyen y después con Perón y Evita. El comentario desató el enojo de diversos dirigentes radicales. Macri se estaba metiendo con su panteón. Sin embargo, el comentario sobre Yrigoyen parece hasta moderado al lado de la vinculación de la política argentina con la de Italia de entreguerras.
Para Macri, el justicialismo y el radicalismo, como Sísifo, cargan una pesada piedra por un camino empinado, una piedra de la que no pueden desprenderse. La piedra es el pasado, una carga que, desde su perspectiva, obstruye la mirada al futuro. Para generar un “cambio cultural”, Macri cree que hay que desembarazarse del pasado, tener una “visión aspiracional”, puro futuro. Si Cristina Fernández de Kirchner fue una “guerrera memorial” que usó intensivamente el pasado para confrontar y Alberto Fernández un “deambulador memorial” que va de un período a otro sin un rumbo determinado, Mauricio Macri pareciera ser un “negador memorial”. Para ir hacia el futuro es preciso negar el pasado.
El nuevo libro de Macri da cuenta de esa relación de ajenidad que tiene el expresidente con la historia argentina. La primera parte del libro, titulada “Liderazgo. De Sideco a Boca”, se centra en su trayectoria profesional previa a 2003. A lo largo de esas páginas, la historia argentina está prácticamente ausente, excepto por algunas menciones a la crisis económica de fines de los ochenta y la del 2001. En la conformación del liderazgo de Macri la historia y el contexto nacional parecerían no tener influencia alguna. Es un liderazgo deshistorizado. No hay figuras del pasado ni períodos históricos que sirvan como faro para iluminar el presente. En La Grieta Desnuda, Pablo Touzon y Martín Rodríguez sostienen, sobre la mirada del macrismo: “La historia es algo que te podés sacar de encima. Que no suma, y que tampoco resta. Y que se puede ser indiferente. Y esa indiferencia no lo humaniza, lo homologa al hombre común”.
La segunda parte del libro, “Poder. La ciudad y la nación”, refiere al salto a la política, la conformación de Pro, la llegada al gobierno de la ciudad y la presidencia. Allí aparece la historia como un territorio al que no hay que volver. Tal como señala Fabio Wasserman en su libro, En el barro de la historia, el macrismo tuvo una concepción de la temporalidad futurista que, sin embargo, recurrió a interpretaciones y representaciones tradicionales sobre la historia nacional. La más recurrente es la idea de que la Argentina empezó hace “70 años” un proceso de decadencia del que no logró salir. En esta perspectiva decadentista de la historia, el pasado parece un bloque sin fisuras con el que hay que romper. Nada para rescatar. No hay héroes que reivindicar, liderazgos con los que identificarse o proyectos de país a considerar. En el libro, el pasado aparece como el terreno de lo antiguo, lo autoritario, lo ineficiente y el populismo.
Para Macri la historia es “el Antiguo Régimen”. Esa expresión fue acuñada por los revolucionarios franceses para referirse a los siglos que precedieron a la revolución. El Antiguo Régimen debía ser superado y olvidado, la revolución implicaba un nuevo comienzo. Había que hacer tábula rasa con el pasado. Hasta llegaron a cambiar el calendario para que cambie la noción del tiempo. Esa desmedida pretensión de ruptura fue calificada por Edmund Burke, un liberal conservador inglés, como ilusoria. Burke creía imposible concebir un pueblo sin pasado. La idea de una creación ex nihilo de la política le parecía escandalosa. No es posible una colectividad que no se base en el trabajo acumulativo de las generaciones. Los franceses, a diferencia de los ingleses y su revolución de 1688, fundamentaban la sociedad en la nada misma. Para Burke, no se podía hacer una verdadera política si el poder no se ajustaba a la sociedad real. En la visión de Macri anida la misma incomprensión de la sociedad que Burke atribuye a los franceses: todos los hombres sienten la necesidad de ser parte de algo mayor y más duradero que su propia existencia efímera

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