LA ANGUSTIA DE LOS PRODUCTORES EN MEDIO DE LA SEQUÍA
En el norte bonaerense y en el sur de Santa Fe, las pérdidas de la cosecha de trigo llegan al 90%; también hay daños en la ganadería por la escasez de pasturas
Pilar Vázquez ....Hernán zenteno
En zonas de Buenos Aires y Santa Fe describen una situación “desesperante”; pérdidas e incertidumbre frente a la persistencia del fenómeno.
COLÓN, Buenos Aires.- Mientras observa la infinidad del campo, Victoria de Carabassa recuerda las palabras de su tío Pedro. “Siempre me decía ‘no te preocupes, porque en Colón las cosechas no se pierden. Sufrimos secas o inundaciones, pero algo siempre se cosecha”.
La productora agropecuaria cruza el alambrado que rodea uno de los lotes que sembró con el cultivo invernal y que no podrá cosechar por los daños que habían causado las heladas y la sequía. Desde hace más de 100 años que su familia produce en estas tierras y ella asegura que es la primera vez que “pierden una producción”.
“La Victoria”, el nombre que la familia le puso al establecimiento, es uno de los que la nacion visitó ayer en campos de esta localidad bonaerense y de Hughes, en la provincia de Santa Fe.
En esta región, los productores aseguran que no llovieron más de 30 milímetros (mm) entre mayo y octubre pasado cuando lo habitual es que caigan más de 300 mm.
Tal como ocurrió en Junín, aquí se perdió entre un 80% y un 90% de la cosecha de trigo y los rendimientos esperados no cubren los costos de siembra. En este contexto, indican que no tendrán ingresos en diciembre y deberán afrontar refinanciaciones con altos costos para sus cuentas.
Además, las fechas de inicio de la campaña de granos gruesos (maíz y soja) se han corrido: apenas se sembró un 5% de la soja de primera cuando en esta fecha lo normal es haber alcanzado el 50%. Los productores remarcan que los potenciales rindes disminuyen a medida que se atrasa la fecha de siembra.
La productora no esconde los nervios que siente ante tanta incertidumbre, luego del quebranto que significó la campaña fina. Teme que el escenario se repita para la gruesa, que ya viene muy atrasada. “Estamos rezando para que llueva”, dice, mientras mira el horizonte. A lo lejos se ven algunas nubes en las que deposita su esperanza para que traigan agua para las 100 hectáreas de soja de primera que sembró. “Si nos esquiva la lluvia prevista para este fin de semana, esa soja también se pierde. Es un riesgo muy alto”, indica. En tanto, las 120 hectáreas de maíz temprano las pasará a tardío si llueven 120 o 130 mm. “La incertidumbre es tremenda, porque no hay mucha experiencia con este tipo de escenario”, remarca Carabassa.
Que todos los años broten los granos es la forma de honrar el esfuerzo que hizo su familia generación tras generación. “Son tierras en las que venimos produciendo desde la época de mi tatarabuelo y yo siento el compromiso de hacerlas trabajar. Pongo todo el empeño y el esfuerzo; duele mucho estar en esta situación”, enfatiza.
La siembra del trigo fue una gran apuesta para Carabassa, invirtió US$592 por hectárea entre labores, semillas, fertilizantes, pero al no tener producción eso lo pierde. “Todos los años se invierte en mantenimiento, pero el que viene no se va a hacer nada”, asegura.
La productora remarca que siente una “gran desprotección” por parte del Estado. “El campo es el motor de la economía argentina y estamos desamparados porque no hemos recibido una palabra de aliento, ni medidas concretas por parte del Gobierno para ayudar a los productores a afrontar esta situación”, dice.
Sin animales
A 16 kilómetros de Colón, pero ya en el territorio santafesino, por primera vez en 32 años el productor agropecuario y ganadero Fernando Rossi tuvo que desprenderse de una parte de sus animales por falta de pasturas. No solo eso, también disminuyó a la mitad la cantidad de horas que les da de comer a los animales y comenzó a racionar los lotes con pasto porque de lo contrario se quedaría sin comida en 15 días.
Al igual que todos los años, Rossi cuenta que hizo la inseminación de las vacas el 9 de septiembre; en total tiene 160 madres. “Por los desastres que hizo la sequía y la helada es la primera vez que me pasa de tener que adelantar la ecografía de las vacas a los 60 días de inseminadas (habitualmente lo hace a los 90 días) para poder tener identificadas a las que no quedaron preñadas y venderlas en el mercado, antes que nos falte más el pasto”, relata el productor. Hasta el momento vendió diez vacas para achicar el rodeo ante la escasez de alimento y no descarta desprenderse de más animales.
En las 200 hectáreas del campo que produce Rossi, que al igual que Carabassa su familia trabaja desde hace más de tres generaciones, se puede ver que algunos de los 55 lotes que destina a pasturas actualmente están divididos en pequeñas parcelas. Algunos, con pastos más largos y otros prácticamente sin nada. El productor explica que este año decidió separar los lotes con boyeros para poder racionarlos y que los animales coman en uno por día, porque de lo contrario ya no tendrían más alimento.
“Largamos las vacas en las pasturas durante cuatro horas, cuando siempre lo hicimos durante ocho horas, porque nos estamos quedando sin comida”, indica.
Esta cuenta es regresiva: solo le quedaron algunos rollos, pequeñas parcelas con pastura y alfalfa y un pedacito de un silo. Estima que le alcanzará para 15 días. “Todos los años sembramos lotes con pasturas en abril y hacemos un primer corte en septiembre para sacar rollos. Este año sacamos cada tres hectáreas un rollo; el resto de los años es al revés: tres rollos por hectárea”, explica.
“Es muy angustiante, porque la hacienda está muy atrasada en kilos. Si bien también hago agricultura mi corazón está en la ganadería”, dice el productor. En rigor, también tiene 145 hectáreas con trigo, maíz y soja.
“Nunca me pasó”, repite una y otra vez Hernán Siniza. Desde hace aproximadamente 20 años que es contratista rural en la zona, además de productor. Es la primera vez que, en la segunda semana de noviembre, no pudo empezar a fertilizar. “Recién entre lunes y martes voy a empezar a fertilizar, antes de la siembra de maíz. Lo tendría que haber hecho en septiembre. Por ende, me se atrasa toda la cadena de cobros y pagos”, señala.
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