jueves, 10 de noviembre de 2022

VAMOS AL TEATRO


Una historia tan simple como divertida
Juan Carlos FontanaLeticia Torres y Octavio Bustos
autor: Patricio Bazán, Octavio Bustos, María Rosa Frega y Leticia Torres. dirección: María Rosa Frega. intérpretes: Octavio Bustos y Leticia Torres. vestuario: Jorge Orlando. escenografía: Salvador Aleo. iluminación: Simón Aguilar. coreografía: Gustavo Monje. sala: Centro Cultural de la Cooperación (Corrientes 1543). funciones: sábados, a las 21. duración: 60 minutos.
En la sala más pequeña del Centro Cultural de la Cooperación se presenta esta joyita teatral. Dos teloncitos de fondo y un banco de plaza, todo en color gris acerado, que va modificándose con la iluminación, completan esa ambientación escenográfica en la que Popovoski (Octavio Bustos) y Yoko Onda (Leticia Torres), se sacan chispas a través de dos interpretaciones tan valiosas, como delirantes. No sólo en el exacto manejo del tiempo dramático, también en ocurrencias y espontaneidad.
Sus situaciones parten de un constante juego con lo cotidiano, al que les añaden una cuota de surrealismo y absurdo. Y como si eso no bastara, lo condimentan con elementos metafísicos y simbólicos, representados a través de algunos interrogantes que se plantean. Como cuando Yoko se pregunta por qué ir a la peluquería, si puede disfrutar de una tarde de sol en la plaza, o por qué no hacer lo que se siente, aunque para el resto pueda parecer algo fuera de lo habitual.
Denominado varieté metafísico, en su apertura, el personaje de Yoko Onda se interroga a sí misma y al público, con estas frases: ¿Qué hay tan importante para decir? Y si lo hubiera ¿quién escucha? ¿Y si un día, una persona desconocida te tienta con conocer tu destino, cerrarías trato? Y si supieras cómo termina tu historia, ¿qué cambiarías? A partir de estas disquisiciones y al observar a ese estupendo clown casi vagabundo, que es Popovoski, un ser tan solitario y rutinario, como apresado en sus propias frustraciones por qué no se atrevió a jugar a pleno en la vida, inferimos que el papel que cumple Yoko, es como la voz de la conciencia que le dice: ¡animate! ¡atrevete! Así nos enteramos que Popovoski fue bancario y es un fanático de querer aprender sobre la vida de los peces.
Yoko y Popovoski poseen cierta reminiscencia de Vladimiro y Estragón, sólo qué estos ya no esperan al Godot imaginado por Samuel Beckett, los años los han dotado de un risueño desencanto. Esa partida de ajedrez que ambos practican, recuerdan al Séptimo sello de Bergman, en la que el hombre juega como una forma de intentar engañar a la muerte.
Este es un espectáculo superlativo, tan simple como divertido, cuya estética minimalista deja al desnudo la creatividad apoyada en el oficio tanto de su directora María Rosa Frega, como de sus intérpretes y el equipo que los acompaña.

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