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miércoles, 9 de septiembre de 2020

LAS NOTAS DE MIGUEL ESPECHE,


Emociones en el sube y baja de la montaña rusa del confinamiento
El psicólogo Miguel Espeche ofrecerá una charla debate - Infosastre
Miguel Espeche
 El autor es psicólogo y psicoterapeuta @Miguelespeche
Una montaña rusa. Así son las emociones que suben y bajan en nuestro interior a lo largo de esta cuarentena surrealista. A la mañana nos sentimos de una forma, al mediodía de otra y al acercarse la noche parecemos personas diferentes, sin contar que, a mitad de nuestro dormir, emergemos también en clave insomne para ver desfilar pensamientos e imágenes que dan vueltas y vueltas, sin que podamos detenerlos.
MI YO EMOCIONAL DURANTE LA CUARENTENA. - Apoyo Positivo

Si bien la cuarentena ha ido mutando (y nosotros en ella), los estados de ánimo han sido protagonistas importantísimos desde aquel marzo en el que, casi de un día para el otro, nos tuvimos que quedar en casa. “Subiones”, “bajones”, mutaciones repentinas del estado del ánimo… pocas veces el devenir emocional ha sido tan protagónico en la vida diaria como en la actualidad.
Por ejemplo, todos hablan del vívido recuerdo de los sueños. Personas que en general casi ni se percibían como capaces de soñar (sabemos que todos soñamos, pero no siempre recordamos haberlo hecho) se percatan de que lo hacen y, además, los recuerdos de lo soñado perduran en la conciencia con lujo de detalles a lo largo del día. “Tengo unos sueños rarísimos”, dicen, asombrados, desconociendo que los sueños siempre son raros si los comparamos con nuestra lógica diurna, y que lo original de la cuestión es que sean recordados cuando antes no lo eran.
Cuarentena: El estrés y el estado de ánimo pueden afectar la salud
Algunos pensarán que estamos todos un poco locos al sentir así las cosas. Sin embargo, podría decirse que ese fluir anímico es en realidad un signo de cordura y no de patología, ya que estamos más en contacto con nosotros mismos ante la merma de los estímulos externos y, por eso, lo que antes pasaba desapercibido dentro nuestro hoy se hace visible. Como ocurre en la bajante de los ríos, la situación permite que veamos aquello que habita en el lecho de nuestro ánimo.
De allí que, al hablar de las emociones, tenemos en cuenta que estas tienen, siempre, la textura de lo que somos, de nuestra historia y nuestro mapa anímico personalísimo.
La realidad multifacética nos obliga a sintonizar un dial en el que vamos transitando los estados anímicos propios de cada situación. Como si fuera una radio en la que hay muchas estaciones, si sintonizamos con los contagios, los pronósticos nefastos y lo amenazante de la situación, la angustia y el miedo emergen sin piedad. Si lo hacemos con las noticias de que la vacuna de Oxford se viene con todo, será alegría y optimismo. Si leemos que la economía es un desastre (o vivimos ese desastre en carne propia) “pinta bajón“, mientras que si ese dolor de garganta sale como “negativo” de Covid nos alegraremos lo indecible, más allá de que a la vez lamentemos no habernos contagiado, imaginando que sería bueno cursar benignamente la enfermedad y amanecer inmunizados.
Adolescentes en cuarentena y cómo les afecta perder su vida social - La  Tercera
Así, en medio del torbellino emocional, el manejo sabio del dial que nos sintoniza con las diversas emociones es importante. La idea es que todo lo que sentimos tiene su lógica, pero es negativo quedarse atascado en alguna perspectiva confundiendo la parte por el todo.
Dicen que en el ojo del huracán hay quietud. Quizás haya que evocar esa imagen para no asustarse del vaivén que, insistimos, no deja de ser normal dada la situación altamente difícil que estamos viviendo. Al fin de cuentas, la montaña rusa sube y baja de manera enloquecida, pero sus rieles son bien cuerdos y no dejan que la cosa se desmadre. Las emociones no son nuestras enemigas, sino que requieren un punto que les de referencia, como un riel, por ejemplo. Por eso, seguiremos sintiendo en clave de sube y baja, los sueños seguirán siendo raros, emergerán ánimos desconocidos dentro nuestro, pero no hay que asustarse. 
Palabras de argentinos para describir su ánimo en cuarentena
Nuestro riel puede ser respirar hondo (la respiración siempre nos centra), hacer lo que haya que hacer cada día, y buscar la mejor gente posible para acompañarse, para que el dial no se atasque en la zona oscura. ●

viernes, 28 de agosto de 2020

LAS NOTAS DE MIGUEL ESPECHE,


El esnobismo nuestro de cada día
Miguel Espeche: “Las Fiestas generan desorden y estrés”
Miguel Espeche 
El autor es psicólogo y psicoterapeuta
En castellano se escribe esnob, pero la tentación es escribir snob, la versión inglesa del término. Ya de entrada nomás se plantea el problema de nuestro esnobismo. Es que para nombrar aquello acerca de lo que queremos hoy referirnos tenemos que elegir si decirlo de acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española o apelar a la versión inglesa del término, en función de ese extraño metejón que tenemos con la lengua de Shakespeare y Donald Trump. Las razones que obran para que decidamos en una u otra dirección mucho tienen que ver con lo que acá queremos compartir.
Sinónimos y Antónimos de Esnobismo - 18 Sinónimos y 10 Antónimos ...
A la vez que definimos el uso castizo de la palabra, nos abocaremos a reflexionar sobre aquello que significa ser un esnob según los términos en los que lo describe la RAE: “Persona que imita con afectación las maneras, opiniones, etcétera, de aquellos a quienes considera distinguidos”.
Claramente, nos metemos en camisa de once varas. Es que ya es un poco esnob hablar del esnobismo y, sobre todo, criticarlo por ser ejercido por esos “otros” a quienes se señala con sorna y aire de superioridad moral. Esa tentación de “esnobearla” jugando a no ser esnobs no nos es ajena y veremos cómo la soslayamos en estas líneas, si es que lo logramos, claro.
ESNOBISMO (SNOBBISM) | Cover Español Latino - Lineko Miwer - YouTube
Quizá la palabra “esnob” sea de esas destinadas a aletear entre nosotros, sin que la podamos atrapar en un significado claro y distinto a la hora de llevarla a tierra. Al fin y al cabo, no hay solamente un esnobismo, sino muchos. Aquello de “imitar con afectación” a quienes se considera “distinguidos” es el fruto de un patrón universal que tiene hondas raíces psicológicas, sociológicas y antropológicas, entre otras, y su objetivo es que podamos sentir pertenencia al “sector Alfa” de la humanidad, evitando caer en el abismo de los “comunes”.
Ser esnob significa ser eco de una tendencia más o menos exclusiva en clave de vanguardia, mientras “la gilada” quedó atrás. Nuestra parte esnob no solamente disfruta de pertenecer a algo de avanzada o de moda, sino, sobre todo, evitar pertenecer a la retaguardia.
Esnobismo - ¿qué es este concepto?
Sabemos que puede ser esnob despreciar una red social en favor de otra supuestamente más actual y glamorosa, leer a Nietzsche, usar una marca determinada de ropa, abundar en un lenguaje sarcástico y corrosivo, escuchar ópera o a los Redondos, buscar con frenesí todo aquello que sea “exclusivo” o beber una marca de vino determinada. Insistimos, cada una de las acciones dichas puede ser vivida desde el esnobismo, o no. Ocurre que la “esnobeada” no es “la cosa” en sí, sino la actitud que tenemos ante ella. No en vano el perspicaz lingüista que escribió la definición en el diccionario apuntó a la “afectación”, es decir, al grado de sobreactuación e inautenticidad que permite descubrir (si sabemos ver) al esnob y distinguirlo de aquellos que no lo son.
La esencia del esnobismo viene de una mirada competitiva del mundo, con superiores maravillosos y con inferiores que merecen pena o desprecio. Claramente, cuando actuamos nuestro esnobismo queremos ser superiores o, más aun, queremos que otros sean inferiores, lo que no es lo mismo.
Lenguaje inclusivo, uso de palabras extranjeras, lectura de Borges, amigos o conocidos famosos… La lista puede ser interminable, ya que todo puede ser vivido desde el esnobismo, hasta incluso la simplicidad de la alpargata o la utilización de un lenguaje “popular”.
Jean Lee - Esnobismo - YouTube
“Nada de lo humano nos es ajeno”, decían, por lo que vale una amable mirada sobre nuestro “esnob interior”. Es inseguro y frágil el pobre. En un mundo cruel, el esnobismo es un refugio de cristal, pero refugio al fin. Como juego, a veces es divertido, pero si lo tomamos demasiado en serio termina siendo una cárcel de la que mejor salir pronto para que no se derrumbe con nosotros adentro. ●
Como juego es divertido, pero si lo tomamos en serio puede ser una cárcel

sábado, 15 de agosto de 2020

LAS NOTAS DE MIGUEL ESPECHE,


De canceladores, dioses y sus efectos psicológicos
Miguel Espeche: “Las Fiestas generan desorden y estrés”
Miguel Espeche
El autor es psicólogo y psicoterapeuta @Miguelespeche
El gran dedo acusador de aquel Dios que nos retaba y castigaba se diluyó a fuerza de modernidad. Ocurrió que en el devenir de la historia gran parte de la población dejó de lado esa sesgada interpretación de lo divino y se atrevió a “salir a jugar”, sacudiendo el agobio de la religión mal entendida, que suprimía la fluidez de la vida llenándola del miedo al pecado y al oprobio.
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Se suponía que esa modificación cultural abriría terreno al libre pensamiento, habilitando a poder jugar con conceptos, ampliar fronteras y confiar en que el mundo tenía una mayor capacidad que antaño para aceptarnos como éramos. si ese cambio se usó bien o males otro tema. Lo que sí afirmamos es que se creyó que la posibilidad de ser más libres estaba allí, al alcance de la mano, y atrás quedaba la oscuridad del terror que suprimía ideas y perspectivas.
Pero no. Fue una ilusión nomás. Es que, más allá de las innegables mejoras, en muchos sentidos hemos “cambiado de amo, sin dejar de ser perros” y ahora la actualización de aquella divinidad mala onda que castigaba desde “afuera” y se metía en nuestras mentes para generar una oscura vivencia de pecado irredimible se llama “cancelación”.
Las redes y sitios sociales más populares e importantes de internet
No se la encuentra en iglesias o libros, sino que está en todos lados, desparramada en un inaprehensible territorio a veces llamado “las redes” o “los medios”, o en las propias mentes de los supuestamente liberados. Genera alivio que la cosa vaya teniendo un nombre: cultura de la cancelación. Así lo han denominado los que se percatan del despropósito. Hasta hace poco era simplemente una fuerte intuición de que si se decía algo que no condecía con un código ideológico disfrazado de ética, algo malo pasaría, y que había que pensar una, dos y cincuenta veces las cosas antes de decirlas para no ser lapidado con adjetivos atroces y arrojado al destierro laboral, afectivo, intelectual o social.
Compartiendo mi opinión: Libertad de expresión en internet es ...
Fueron los grandes valores éticos, las intenciones nobles, los afanes de cuidado y reivindicación de dañados y ofendidos los que hicieron las veces de Caballo de Troya de la cultura neojacobina que se coló en su interior. Desde allí se empezó a pergeñar una militancia escrachera y defenestrante, que optó por insuflar terror, humillación y desprecio antes que conciencia. Muy parecido, digamos de paso, a aquel Dios del dedo condenatorio.
El efecto psicológico es devastador: miedo a expresar creencias que puedan generar desprecio y condena, imposibilidad de pensar y percibir (se lo suplanta con la repetición discursiva), claudicación ante unanimidades que se dan por sentadas y de hecho no existen, evolución de un narcisismo discursivo que toma la existencia del otro como ofensa y no como parte de una realidad más compleja que el propio ombligo.
Anonimato y libertad de expresión en la selva tecnológica ...
Muchos intelectuales de diversos signos recientemente han dado ya el grito de advertencia a través de una carta pública, pero también a ellos los “cascotean”. ¿Quién? Todos y nadie. Las “redes”, los “grupos radicales” que (para variar) se parecen cada vez más a aquello que dicen combatir, entre otros. Aquel Dios que era uno, ahora se desparramó en el aire como miles, y opera como tribuna de coliseo con pulgar para abajo, como Superyo sádico, o como se quiera llamar. El objetivo: obtener el poder que domina y elimina, nunca aspirar a una verdad construida con otros.
Anonimato y debate educativo >> Ayuda al Estudiante >> Blogs EL PAÍS
Decíamos que la cultura de la cancelación apunta a emular a aquel Dios condenador, pero en formato político y cultural. Por eso no es una evolución sino una repetición. Es importante que se la sepa reconocer, para que la nobleza de los objetivos tras los cuales se esconde no se pierda, y la libertad, esa posibilidad humana que es esencia de la salud mental, nos aleje del miedo a ser cancelados por los que se pelean, de hecho, contra su propia sombra.
Muchos intelectuales han dado ya el grito de advertencia

domingo, 2 de agosto de 2020

LAS NOTAS DE MIGUEL ESPECHE,


Las distintas formas del abrazo

Miguel Espeche

La palabra "abrazo" ha ganado lugar durante la cuarentena. Todo el mundo la escribe o pronuncia en clave de añoranza, justamente por la prohibición de dar o recibir abrazos por la distancia que nos impone la pandemia.
Aun los rústicos emocionales añoran aquella posibilidad de estrujar entre los brazos a alguien como manera de demostrar afecto. Las comunicaciones vía mail, Instagram o whatsapp suelen terminar con una frase parecida a ".y ya nos daremos un abrazo cuando todo esto termine", una forma de decir que se desea estar cerca del otro al que, hoy, solamente se lo ve y escucha desde la pantalla o el auricular.
Cómo abrazarse durante una pandemia - The New York Times
Sabemos que los argentinos somos "abraceros". Lo hemos constatado ante la incomodidad de algunos extranjeros dados a la austeridad afectiva, cuando reciben un abrazo "argento", a veces acompañado con un beso de yapa. A algunos no les gusta nada, a otros sí y manifiestan alguna envidia por esa calidez local que se mezquina en sus tierras.
Pero hoy los abrazos físicos se extrañan y, también, se idealizan por estar lejos de nuestra posibilidad. De hecho, no hay una sola forma del abrazo, sino muchas, algunas de ellas mejores y otras peores.
El abrazo a un hijo, el abrazo a un padre o madre, el abrazo entre los amantes o el compartido con un amigo. O también el abrazo al rival tras el partido, el del político para la foto o el del reencuentro con alguien que no vemos hace mil años. Tantos tipos de abrazo hay que podríamos llenar carillas con el listado. De todas formas, posiblemente hoy extrañemos hasta los abrazos fallutos, al menos, para quejarnos de ellos y de la falsedad que existe en este mundo.
Es verdad que nada mejor que un abrazo de los buenos.
Abrazos en tiempos de pandemia - Noticias de Gipuzkoa
 Esto es tan así que no podríamos literalmente vivir si no hubiéramos sido abrazados en nuestra infancia. Los científicos confirmaron ya hace tiempo que los chiquitos no abrazados, sobre todo en sus primeros tiempos, quedan en el camino. El calor del afecto y la vivencia de bienvenida al mundo que ofrecen los abrazos son la hospitalidad esencial, sin la cual el frío ganaría la partida.
En cuarentena descubrimos que por suerte hay miradas y hay palabras que abrazan. La mirada amorosa de un abuelo por el Zoom, la letra enamorada de un chat, el texto generoso de un buen escritor de esos que permiten que nos abracemos a la humanidad. La cuarentena obliga a salir de la literalidad "abracera" y encontrar lo mismo, pero en otras dimensiones. Un abrazo puede ser un sorpresivo chocolate mandado por delivery o alguna palabra que provenga de un lugar afectivo diferente al habitual.
Es importante también saber que el abrazo que espera también es abrazo. Es un abrazo que se va dando en cámara muy pero muy lenta, pero es abrazo al fin. Requiere paciencia y entendimiento, pero el que sepa darse cuenta de esta verdad se percatará también que ya el hecho de tener a quien desear abrazar, y que existan quienes quieran abrazarnos, es una cosa buena por demás para una vida que se precie.
Nueva normalidad, nuevos abrazos: así deben ser a partir de ahora ...
Nadie niega que los abrazos que se acumulan por ausencia de cuerpo duelen o agobian. No es la idea desmentir ese penar que la cuarentena genera por la lejanía y el temor al contagio. Esperamos poder estar todos juntos de nuevo, y que el virus y sus terribles secuelas sean como un mal sueño que quedó atrás. Pero mientras tanto, la postergación de los abrazos físicos nos obliga a apelar a nuestra reserva de afecto y a la comprensión de lo que dicho afecto significa, más allá de la cercanía (o lejanía) de la presencia.
Hay penas que vale tener, si de afectos se trata. Vale por eso el anhelo de un abrazo que se demora, más que la asepsia del que vive en un desierto en el que los abrazos no existen.

jueves, 23 de julio de 2020

LAS NOTAS DE MIGUEL ESPECHE,


Entre el miedo y la prudencia

Miguel Espeche
A través del pequeño hueco de la mampara transparente que lo protege, el cajero de la farmacia le pide a la clienta la tarjeta para pasarla por el escáner. Ella, enfundada en guantes, el rostro con barbijo y protector de plástico, y gorro que cubre su cabeza, nerviosamente le dice que no, que será ella la que pase el brazo con su tarjeta hasta el aparato, para anotar así su compra sin que el cajero la toque. El hombre, inmutable, deja que la clienta complete esa parte de la operación, tras lo cual le ofrece la bolsa con lo comprado. La mujer toma la bolsa, la desinfecta ostentosamente con alcohol y se va, mientras los otros clientes miran la situación, casi dándola por natural por saber que, aunque posiblemente de manera más sobria, a veces les pasa algo parecido.
El miedo genera esas escenas. 
Coronavirus: Los medios, la epidemia y el miedo | Opinión | EL PAÍS
La vivencia de fragilidad ante el peligro propicia que la ansiedad temerosa se adueñe del paisaje y que muchas personas vivan con alta angustia cualquier intercambio físico. De alguna forma, nos preguntamos si la señora era exagerada o si, por el contrario, su actitud condice con la realidad del virus que a todos amenaza. Pero, más allá de la respuesta, son esperables actitudes del estilo. Las cifras de infectados y muertos son el pan cotidiano con el que muchos se desayunan en cada noticiero, y el prójimo se ha transformado, al menos en la dimensión infectológica, en la peor amenaza.
Al acumularse los días de encierro, en gran parte de las personas que deben quedarse dentro de casa convive el hastío del aislamiento con la sensación de protección que ofrece el propio hogar.
El contraste entonces, a la hora de salir, es grande. Del cobijo del aislamiento a una intemperie que se vive en clave de tragedia inminente. Allí se entiende la tensión aséptica de la señora de la farmacia, mientras el estoico cajero, quien toca cientos de tarjetas por día, aparece, a los ojos de los que salen solo esporádicamente, como un ser de otro planeta.
Miedo o prudencia? - YouTube
En los hechos, el miedo sirve solo un ratito. Luego vale mutar hacia la prudencia, para así no empantanarse psíquicamente en el temor transformado en filosofía de vida. El miedo nos pone en alerta, pero luego, ya conscientes del peligro, podemos acudir a formas del cuidado más sostenibles en el tiempo y más inteligentes que el pánico reactivo.
Esa es, por supuesto, la teoría. No todos pueden llegar a lo antedicho de manera sencilla y lineal con solo proponérselo, y serán muchos los que demorarán en ir saliendo del miedo cristalizado, aun cuando estos días tan duros queden atrás.
El terror no nos salvará del virus. De hecho, a la larga nos debilita, nos vuelve violentos y, sobre todo, manipulables. No significa ningunear al miedo, pero sí darle el lugar de voz de alerta inicial que le corresponde, para pasar luego a ser conscientes, prudentes, valientes, disciplinados, solidarios. todas virtudes que a la larga son mucho más eficaces que el miedo para salir del paso.
Coronavirus | "Con la pandemia puede pasar como en los 80: había ...
Es importante recordar que no somos de cristal frente a los peligros de la vida. Esto implica conocer los peligros, pero también nuestros recursos ante la amenaza, lo que nos hace menos vulnerables al abordaje centrado en el terror preventivista que en ocasiones se adueña de todo. Sería algo así como pensar la escena de la farmacia con la prudencia del caso, pero sin ese plus angustiado vivido por la señora. No por dejar de lado el terror nos volvemos menos prudentes, sobre todo si somos conscientes de la situación.
No viene mal marcarle fuertemente la cancha al discurso del terror como único recurso ante el peligro, sobre todo cuando se cronifica y degrada en profundidad nuestra vida de relación. Así evitaremos que se transforme en el peor de los virus, haciendo que aquello que debiera ser remedio mute y cobre la forma de la peor enfermedad.

miércoles, 8 de julio de 2020

LAS NOTAS DE MIGUEL ESPECHE,


Una oportunidad de entender el lugar que los mayores tienen en la sociedad

Miguel Espeche
No deja de ser una falta de respeto idealizar edulcoradamente a los abuelos. Ellos no lo necesitan. Son lo que son, como toda persona, y los hay valiosos o no tanto.
Sin embargo, quizás hoy en día haya toda una generación de chicos y jóvenes que está teniendo la oportunidad de entender mejor el lugar que los mayores tienen en la sociedad. Hoy, cuarentena mediante, el rol de los abuelos ofrece con mayor visibilidad reparo, afecto y horizonte, por lo que ellos son en sí mismos, pero, sobre todo, por lo que la "abuelidad" significa en el universo de la familia y la sociedad.
El rol de los abuelos | RPP Noticias
La pandemia es de los golpes más duros que ha vivido toda una generación que, en realidad, creía que sólo iba a ver a través de pantallas experiencias de este tenor. En este contexto extraño e indescifrable, todo parece líquido, al punto que se torna dificultoso hacer pie. Las referencias confiables a partir de las cuales orientarse no son fáciles de encontrar. Digamos sin embargo que, así como los profesores de yoga sugieren mirar un punto fijo para ordenar la mente y mantener una postura de equilibrio, los abuelos como generación pueden aportar "puntos" de sosiego, quizás, por el solo hecho de que no tienen que estar buscando su lugar en el mundo porque ya lo encontraron y, de allí, se habilitan a ser más transparentes en los afectos.
El rol de los abuelos « UNIVERSAL-VENEZUELA
Si dejamos de solo identificar el lugar de los mayores con la merma de las funciones, los problemas con el PAMI y la jubilación escueta, podremos abrir la mente a entender el importante lugar que ellos tienen dentro de la vida social.
Quienes por lo general intuyen bien lo que los abuelos significan son los nietos más chicos, quienes esperan el zoom con ellos porque saben que allí obtendrán un afecto límpido que ayuda a sortear las circunstancias.
Sabemos que lo que acá decimos sobre la abuelidad tiene mucho de simbólico. No todos los abuelos juegan a pleno ese rol antes señalado. Pero también sabemos que lo simbólico es uno de los rostros esenciales de lo humano.
A modo individual pueden existir abuelidades fallidas, pero como generación los abuelos son esenciales por lo que simbolizan en el universo social. Ellos pueden estar allí como reserva de sabiduría, por los relatos de colimba, de la forja de la familia, de las crisis económicas, de los duros tiempos políticos.. O también como custodios de los relatos de los bisabuelos, con la inmigración, la guerra, el exilio, los amores por carta y esa nostalgia por los seres queridos que quedaron allá lejos.
Rol de los abuelos en la vida de los nietos
No son relatos de esos compartidos alrededor del fuego frente a respetuosos escuchas. No, son cuentos repetidos en mesas familiares, mientras los chicos gritan y los jóvenes discuten si era o no penal aquella jugada, o si Alberto, Cristina, Mauricio o el que sea merecen el cielo o el infierno.
Así, en ese torbellino, transcurre en el hoy lo que antes se llamaba la "tradición oral". Esos cuentos, que creemos meras anécdotas, quizás tengan claves para transcurrir el presente. No son pocos los hombres y mujeres jóvenes que en estos tiempos manifiestan que han cobrado vida y valor en su interior lo que ellos creían eran piezas del museo de los "cuentos del abuelo".
Si no son los propios, serán los ajenos. La abuelidad es un lugar arquetípico, del cual todos somos beneficiarios, y esto es así porque el saber que existen los mayores, aunque no sean los propios, serena el espíritu, sobre todo, si se deja de verlos como víctimas de su edad.
El rol de los abuelos en la educación - Primera Edición
Mientras los días de cuarentena transcurren, y la incertidumbre nubla el horizonte, los abuelos están ahí, acompañando la tarea de vivir, y es de sabios saber reconocer lo que su presencia aporta a todos.

jueves, 18 de junio de 2020

LAS NOTAS DE MIGUEL ESPECHE,


Algunas reflexiones sobre la humildad y los terraplanistas

Miguel Espeche
Uno puede entender el desconcierto del señor Mike Massimino. El hombre es de profesión astronauta y anduvo ya tres veces por allá arriba, en el espacio, volando para la NASA.
Pobre Mike: tanto estudiar y entrenar desde chico para cumplir su sueño de infancia, para que vengan personas a decir que la Tierra es plana y que ese globo gigante que él veía desde su nave y al cual eventualmente investigaba, era una mentira.

Esa Tierra redonda sobre la que estuvo dando vueltas Massimino, para algunos no existe. De hecho, los miembros de la cofradía terraplanista suscriben, tal como lo indica su nombre, que la Tierra es plana, algo similar a lo que sostenían muchos antes de Colón. Es ante esas afirmaciones que, en sus declaraciones de hace unos días, el astronauta expresó que los terraplanistas debieran volver al colegio y, también, que valdría l a pena hablar con los docentes que los educaron, para investigar qué había salido mal en su proceso educativo.
Sin embargo todos hemos comprado buzones a lo largo de la vida. La realidad que se presentaba a nuestros ojos no era siempre como se veía, y hubo que aprender a conocer que las cosas suelen ser más complejas de lo que parecen.
Pero el hecho de que nuestra percepción pueda ser eventualmente engañada, por nuestras limitaciones o por manipulaciones deliberadas, no significa que haya que abolirla y tirarla por la borda. Una cosa es ser prudente acerca de los engaños y otra es abolir la percepción misma, otorgándole a nuestra mente todo el poder, como si nuestro pensar, nuestro decir y nuestro querer fueran generadores absolutos de la realidad, sin que otros elementos tengan que ver con lo que existe, más acá y más allá de nosotros.
La dura crítica del astronauta Mike Massimino a los terraplanistas ...
Así como decía el refrán de las abuelas que "aunque la mona se vista de seda, mona se queda", podemos decir que, aun cuando puedan autopercibirse habitando una Tierra plana, los terraplanistas deberán aceptar que habitan un planeta redondo, y punto. Ciertas realidades no son más que eso, realidades a ser aceptadas, y no frutos mentirosos de un poder maléfico contra el cual hay que rebelarse.
La importancia de la mente como cocreadora de lo que llamamos realidad es superlativa, pero no nos transforma en dioses. Desde lo humano sabemos que la fuerza de la mente es gigantesca, siempre que acepte una realidad externa a ella, con la cual se vincule con la humildad del caso.
No siempre el criterio mayoritario es fruto de una conspiración del poder malvado al que refieren las teorías conspirativas, y tampoco los criterios minoritarios son, por el sólo hecho de ser minoritarios, garantía de "tener la posta" mientras la "gilada" sigue la corriente del "discurso del poder". En este caso, si casi todos decimos que la Tierra es redonda, debe entenderse que es porque, de hecho, es redonda, más allá de nuestras teorías y deseos.
La realidad humana es una realidad vincular. Somos en tanto nos vinculamos en y con el mundo que, a su vez, nos constituye.

La respuesta de un astronauta de la Nasa a los terraplanistas ...
Algo de esto último debe haber corroborado el astronauta Massimino cuando se maravilló al ver nuestro planeta desde las alturas. Se vinculó con la redondez de la Tierra para contemplarla en éxtasis. Se abrió ante aquello que estaba frente a él, sin que su mente quisiera imponerse a lo dado.
Después de eso, bajó de la nave para encontrarse con los terraplanistas. Y por todo lo que aprendió en el espacio inferimos que no pudo más que sugerirles a los teóricos de la Tierra plana volver al colegio, para que aprendan no tanto geografía sino algo de humildad.

martes, 26 de mayo de 2020

LAS NOTAS DE MIGUEL ESPECHE,


Preguntas sobre “la normalidad” en épocas de cuarentena
Sin fronteras no hay amor, hay pegoteo” | La Citadina
Miguel Espeche 
El autor es psicólogo y psicoterapeuta @Miguelespeche
¿ Es normal soñar tanto, con tanta intensidad y cosas tan raras? ¿Es normal a la mañana amar a los hijos con todo el corazón, al mediodía sentir indiferencia por ellos y a la noche odiarlos con toda intensidad? ¿Es normal preferir Netflix a la vida sexual?
La pregunta por lo normal está hoy en auge, de manera proporcional al temor a la patología psíquica, algo que está siendo habitual en la situación de aislamiento por todos vivida. Todo es raro, y sería raro no sentirse raro y vivir sensaciones raras en un paisaje como este. No es un juego de palabras, sino la descripción de que no es tan fácil volverse loco, pero sí es previsible el sentir extrañamientos en el transcurrir de las semanas de la cuarentena.
De allí los sueños, los vaivenes de la emoción, el irrumpir de iracundias o angustias repentinas e inesperadas… Digamos que estas cuestiones son parte de nuestra salud, no de nuestra enfermedad. Soñamos (y, sobre todo, recordamos los sueños) porque quizás hacemos menos cosas que nos distraigan del recuerdo de lo soñado. Se sabe que se sueña para balancear el sistema nervioso y el emocional por lo que, repitamos, si se sueña mucho, es que el sistema de regulación está funcionando como corresponde.
A su vez, toda relación es compleja y llena de aristas ambivalentes. Es por tal razón que, cuando por el transcurrir de los días, semanas y meses, los filtros se van saturando, aparecen emociones en estado puro que, sin embargo, no dan cuenta de la totalidad de la relación. El amor a los hijos es lo esencial, pero eso no significa que no se pueda sentir una sobrexigencia que genere crispación o una anestesia que permite soportar la intensidad de esos chicos que van de aquí para allá dentro de la casa.
Otro ejemplo de las preguntas por lo “normal” en épocas de cuarentena es el de la sexualidad de aquellos que están viviendo en pareja en esta situación. Digamos que, con o sin base científica, los pronósticos al inicio de la cuarentena hablaban de una actividad sexual intensa por causa del ocio o de la merma de obligaciones laborales. Pero algunas estimaciones actuales parecerían desmentir aquel pronóstico. Sea por la vivencia de amenaza inherente a esta crisis, por la intensidad de las tareas hogareñas, por la ausencia total de glamour que significa el uso del jogging o el pijama todo el día, por los chicos o por el simple hecho de estar 24 horas juntos sin espacio para el anhelo (sabemos que el anhelo erotiza, por cierto) el tema es que no hay tanto sexo como se pensaba que habría. En cambio, se ha dado lugar en muchas parejas a una suerte de compañerismo a la hora de ver series o de ofrecerse mutuamente reparo emocional y funcional en estos tiempos difíciles.
La idea de normalidad no se debiera basar solamente en estimar si estamos o no locos o enfermos, o si cumplimos con ciertos estándares prefijados, sino en el entendimiento del sentido de lo que le ocurre a cada uno, mirándolo en relación con el estado de cosas. Definitivamente no podemos pretender no tener altibajos y sentimientos “raros” en una situación crítica y traumática como la actual. No es patología, es la vida nomás.
Lo que sí es importante, más allá de normalidades o de anormalidades, es no perder los puntos de referencia. Esto hace a la posibilidad de compartir nuestro sentir, total o parcialmente, con otros que experimenten cuestiones parecidas o puedan acompañar sin juzgar ni recetar formulas vacías. Hacerlo alivia porque sosiega el miedo a ser el único “raro” del paisaje y, con los “otros”, se construye un muy útil “sentido común” sanador, que ayuda a mantener el eje en medio de la tormenta.
La cordura no es sinónimo de paz bucólica o ausencia de altibajos o ambigüedades emocionales. La cordura es hacer lo que se pueda ante la dificultad, sin perder la referencia de afectos y redes vinculares, usando los recursos (incluso profesionales a veces) que ayudarán a salir del paso de la mejor manera, en una situación que, como la actual, será recordada por años por su rareza y crueldad.

domingo, 10 de mayo de 2020

LAS NOTAS DE MIGUEL ESPECHE,


A todos nos asiste el derecho al malestar y al hartazgo

Miguel Espeche
Hartos ya de la cuarentena. El tiempo pasa en clave de quincenas que finalizan con discurso presidencial y alargamiento del período de aislamiento que, quince días después, volverá a prolongarse hasta no sabemos cuándo.
No abrimos juicio sobre la cuarentena en sí en sus aspectos médicos, económicos y demás. Para eso están los expertos y el devenir de la política. Eso sí, suponemos que el aislamiento tiene sentido y lo hacemos nuestro, pero. a esta altura el hartazgo se hace presente y muchos se sienten ya gastados de tanto encierro y de los problemas que se derivan de él.
Sabemos que no es lo mismo perder la fuente de vida económica, fundir la empresa, quedar sin trabajo o (ni hablar) contraer el virus maldito que estar aburrido, angustiado por la imposibilidad de salir, pero con resto para afrontar la situación. Sin embargo, debemos decir que a todos asiste el derecho al malestar y al hastío. La vivencia del hartazgo es, sin dudas, un derecho inalienable que no discrimina.
Tiempo de hartazgo – Lagar de ideas
Se habla profusamente, y con razón, de lo mucho que se aprende en la cuarentena. Se pone énfasis en que ahora podemos detenernos a ver detalles de la vida que antes no veíamos, jugar con los hijos, leer, o pensar más allá de las urgencias reales o artificiales que la vida moderna nos impone. En esta columna hemos señalado la importancia de la aceptación, la resiliencia para vivir la incertidumbre, de los recursos emocionales. Pero esas verdades serían una banalidad edulcorada si no se le hace lugar, también, al hartazgo: esa sensación indescriptible de saturación que irrumpe tantas veces.
En términos de aprendizaje debemos decir que la lección más difícil es la que llega cuando ya no queremos aprender nada más. Tan solo se desea que se termine la cuestión y poder salir a abrazar a los seres queridos, besar a los abuelos, tomar cerveza con los amigos, andar en colectivos llenos sin temor y gritar en la popular del equipo favorito, abrazados a desconocidos que festejan el mismo gol.
Todo bien con el "aprendamos de la experiencia" sugerido por los más sabios, es absolutamente válido ese mensaje, pero ya no llama tanto la atención cuando le llega el turno al sentimiento de desgaste y lo único que se desea es salir a trabajar, pasear en la plaza, tomar café en un bar sintiendo ese olorcito indescriptible.
Qué Hartazgo! - Norma Aristeguy
Ya se leyó, se jugó con los chicos, se profundizó en la tolerancia con los familiares con los que se comparte, se aprendió a usar Zoom, se logró que el abuelo se dé maña con el celular para enviar mensajes por WhatsApp. Ya está, ahora basta, llegó el hartazgo.
Pero no, la cuarentena sigue y llega entonces, como decíamos antes, la lección que falta: la de soportar y hacer frente a lo que en la calle se llama "bancársela". Es el momento en el que el límite llega y. no queda otra que pasarlo, ir más allá de él, despojado el asunto de todo romántico aprender o de épica espiritual.
Es el momento de maldecir en privado o en público (con cierto cuidado sobre todo si hay chicos, por supuesto), de mirar al cielo y preguntar "¿Hasta cuándo?" y sentir que se entró en un territorio desconocido en el que todo parece agobiante.
Lanzadas las maldiciones correspondientes, con el permiso para sentir ese hastío insufrible sin que vengan a decir que no hay que sentirlo porque blablablá, quizás aparezca una ventanita, un aire fresco que solamente se puede experimentar cuando las cosas son auténticas.
Llega entonces el nuevo día y, allí sí, puede que aparezcan energías renovadas impensadas. Pero no queremos spoilear el final. Todo llega en su momento. El hartazgo tiene su lugar: la cuarentena se vuelve insufrible en muchos momentos y no se debe negar ese hecho. Habrá que aprender a transitar los estados de ánimo sin tomar atajos para que esta prueba tenga la medida de nuestra humanidad, sin pretender "perfecciones asépticas" que niegan lo más genuino de nuestra condición.

martes, 28 de abril de 2020

LAS NOTAS DE MIGUEL ESPECHE,


La brújula y la incertidumbre

Miguel Espeche
Es muy difícil para todos desconocer qué va a pasar en nuestro futuro inmediato y nos preguntamos cómo seguirán las cosas tanto en nuestro país como en el mundo. El camino que hoy transitamos nos muestra un horizonte muy corto y acotado, debido a que las vueltas del sendero impiden saber qué habrá un poco más allá de lo inmediato, obligándonos a vivir día a día, sin poder anticipar demasiado.
De las muy diversas fuentes de angustia con la que vivimos este tiempo de pandemia y cuarentena, la incertidumbre que nos produce ese "horizonte corto" es de las más poderosas a la hora de amargarnos la vida. ¿Qué nos deparará el destino? ¿Hay luz al final del túnel? ¿Cómo planeo mi futuro económico? ¿Cuándo volverán las clases? Y así en más.
Es como que el mundo nos debiera alguna explicación que incluya la certeza de un futuro determinado, algo así como aquellos cuentos de infancia, contados mil veces, que nos permitían saber aquello que va a venir. El no saber nos enfrenta con nuestros ángeles y demonios interiores, que vienen a suplir ese vacío de futuro que vivimos con zozobra. Ocurre que estamos entrenados en la idea de la previsibilidad, más allá de que la historia personal y humana nos demuestre, tozudamente, que el destino es todo, menos previsible.
Yo Influyo News - El poder de la “incertidumbre”
Es tan grande nuestra adicción a la certidumbre que cualquier dealer de futurismo nos encandila. Fíjese sino el lector lo mucho que concitan la atención aquellos que hablan en tiempo futuro. Cualquier relato que prevea un porvenir, cualquiera que este sea, genera una atención superlativa, sea para la amargura si el futurólogo es "onda bajón" o para la euforia, si la bola de cristal de turno visualiza que en breve correremos libres por las plazas, abrazándonos llenos de amor.
Lo curioso del caso es que el ser humano desde siempre ha vivido compartiendo sus días con la incertidumbre sobre su destino inmediato.
Tanta era la convivencia con la incertidumbre que tenían nuestros ancestros que, con la llegada del ocaso, no pocos pueblos antiguos intentaban seducir al sol que se estaba yendo para que vuelva al día siguiente, ya que no daban por descontado su retorno para alumbrar la próxima jornada.
Quizás sea por esa milenaria convivencia natural con la incertidumbre que el ser humano empezó a buscar otro tipo de certezas, en ocasiones dentro de su mundo interior. Se alumbraron allí, por ejemplo, zonas de lo que luego se dio en llamar "alma": ese territorio de lo intangible que sin embargo ofrece fuerzas tangibles cuando las papas queman. Se generaron también conceptos, relatos, épicas, mitos y se buscaron piedras filosofales que, más que dominar el devenir de la historia, ofrecían sí un anclaje para "bancarse la que venga" y navegar en la tempestad.
Intolerancia a la incertidumbre y estrés | AMEPINE
Quizás también a partir de la incertidumbre de tantos siglos nacieron algunas de las llamadas "virtudes", tales como la valentía, la fe, la confianza, la nobleza, la solidaridad. Así, nombradas en desorden y sin ponderar su grado de importancia, digamos que esas palabras signan el kit de instrumentos y la brújula que los humanos hemos ido construyendo generación tras generación para transitar lo incierto. Si miramos para atrás en la historia de nuestras familias, por ejemplo, encontraremos escenas de nuestros ancestros en las que esos instrumentos anímicos se pusieron a prueba con éxito. De allí tenemos mucho para aprender.
Apelar a aquel kit de cualidades que también son nuestras -aunque quizás no las hayamos ejercido- nos dará lo necesario para no asustarnos ni acobardarnos tanto ante lo incierto.
Porqué tendrías que aceptar la incertidumbre - César Piqueras
No sabemos qué nos traerá el destino en estas jornadas con conteos de víctimas y sentimiento de zozobra generalizada, pero sí podemos saber cuál es el capital anímico que tenemos para atravesar las aguas difíciles. Parados sobre eso y sin dejarnos hipnotizar por el abismo de la incertidumbre podremos hacer lo que haya que hacer para llegar a buen destino.

domingo, 29 de marzo de 2020

LAS NOTAS DE MIGUEL ESPECHE,


No somos dioses: el costo de ningunear la realidad durante años
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Miguel Espeche 
El autor es psicólogo y psicoterapeuta @Miguelespeche
Llega entonces el día en que la Realidad, así con mayúsculas, se impone. Con o sin grieta, los hechos se adueñan de todo y se hacen tan implacables como la conciencia de que el vidrio no se come.
Ese es el día en que descubrimos que no somos dioses. Mal que nos pese, hay reglas del mundo que se nos escapan y se ríen de nuestro afán de controlarlo todo y definir de manera “cuentapropista” el ser de las cosas. En el día de hoy, esa realidad se llama Coronavirus y, de una manera u otra, ha modificado el paisaje de todos de maneras tan rotundas que pareciera habernos sumergido en una película de ciencia ficción. El virus es embajador de “eso” que nos marca la cancha desde un lugar para nosotros inaccesible. Es que no sabemos en el fondo de dónde viene “la mala”, pero cuando viene, viene.
Y es allí cuando se nos impone un territorio y un dramático escenario de epidemia, frente al cual, por nuestra parte, ofrecemos nuestro afán por sobrevivir usando todas nuestras fuerzas, como tantas veces lo hemos hecho en la Historia.
La amenaza de esta realidad con forma de microorganismo está presente en las noticias que antes nos llegaban del extranjero. Pero ahora el virus está llegando por acá.
No vale autopercibirse inmune u omnipotente, o sobrecargar la idea de que la condición anímica todo lo puede (ayuda, pero no lo es todo). El virus se rige por leyes extrañas, que los infectólogos van desentrañando. Obra en complicidad con un también extraño azar que hace que, por ejemplo, nos sentemos en un avión junto a un infectado, o no, que nos toque lejos y no nos pase nada.
Ante la situación, debemos someternos al hecho de que la realidad existe y, a partir de ello, debemos, junto con nuestros semejantes, obrar en consecuencia. “No somos sin los otros y los otros no son sin nosotros”, y nunca como hoy eso se nota.
Por eso mismo es que hay que quedarse en casa, respetar las indicaciones de las autoridades sanitarias, más allá de que tengamos o no ganas de que pase lo que está pasando. Lavarnos las manos, obedeciendo las leyes de la higiene, guardar distancia, hacer cuarentena, trabajar desde casa y, sobre todo, ser buena gente, porque la cosa está difícil y allí, cuando la dificultad aprieta a todos, vemos que eso de ser nobles no es cosa de moralina sino de eficacia para la supervivencia de la especie.
Veníamos muy agrandados. El hecho de vivir sentados sobre los hombros de miles de años de Historia nos hizo creer que somos nosotros los altos y canchereamos al respecto, perdiendo la humildad del caso. Olvidamos que somos lo que somos gracias a millones de seres humanos (o casi humanos, como nuestros antepasados Neandertales) que se relacionaron con la Realidad de muchas maneras, pero nunca ninguneándola como hoy algunos hacen.
Vale entonces la situación para ponerle el cascabel a ese exagerado subjetivismo que apunta a la tiranía del egoísmo que quiere adueñarse del lugar de la divinidad. Es tiempo de obedecer, sin que eso implique ser claudicantes. No somos meros objetos del destino, pero tampoco podemos abolir lo real por ello.
Por eso, ante la implacable realidad, más que deconstruir en pelea lo real, habrá que aceptar lo que se da, para, con la libertad que nos permite el ver los hechos de frente (y liberados también de la esclavitud del capricho), obrar en consecuencia, con la intensidad del espíritu vital que tengamos, y con inteligencia personal y social que sepamos conseguir, para así, otra vez en la historia de la especie, sobrevivirle a la peste.
Ser nobles no es cosa de moralina sino de eficacia para la superviviencia

martes, 17 de marzo de 2020

¡¡ UN HORROR !!!.....SUBORDINADO, SOMETIDO, DEPENDIENTE, ACATADOR


La dificultad de hallar el antónimo de "líder"

Miguel Espeche
Haga usted la prueba y pregúntese cuál es el antónimo de la palabra "líder". Luego pregunte lo mismo entre sus allegados, a ver qué pasa. Por si no lo recuerda, "antónimo" significa aquello que es el opuesto o inverso de algo, por lo que la pregunta apunta a encontrar el nombre de lo que está en las antípodas de lo que "líder" significa. Verá que no es tan fácil. No se trata de algo claro como bueno/malo o blanco/negro. Las respuestas serán raras, arduas de encontrar, complejas pero, sobre todo, peyorativas al respecto de lo que es ser un "no líder".

Al escuchar lo que le responden las personas entenderá usted por qué el mundo está lleno de cursos de liderazgo y, en cambio, brillan por su ausencia aquellos que enseñen respecto de su opuesto, sea el que fuere el nombre que ese rol merezca. "Escuelas de líderes", "Cómo alcanzar el liderazgo en el mundo laboral", y así en más. De lo "otro", el antónimo del caso, ni noticias.
Las respuestas irán por el lado de lo malo, nunca de lo bueno. Ser líder está bien (al menos, otorga existencia más allá de ser un "buen" o "mal" líder), pero no serlo es casi ni siquiera tener un lugar en el mundo, salvo el de pelele.
Claro que la historia nos habla de líderes tiránicos con seguidores fanatizados que se transformaban en meros títeres sin personalidad, siendo muy peligrosos por su ceguera violenta. Pero no es a ese tipo de situaciones a las que queremos referirnos acá. Nos referimos a aquello que se decía antaño de que existen "más caciques que indios" y los problemas que eso acarrea. Todos capitanes del equipo, presidentes de la Nación o Reyes del Universo, porque lo contrario es horrible. Con esa idea de las cosas así nos va. Obedecer es siempre de blandengues, seguir a alguien es ser pavo o carente de personalidad, aceptar a quien nos conduce es algo que arroja al conducido al territorio de los flojitos, de los perdedores.

Tanto es así que, a la hora de nombrar de forma objetiva al que no es líder, el diccionario parece oscurecerse y mezquinar una palabra que, con dignidad, nombre a quien no es líder, pero es seguidor, obediente, subordinado, etcétera. Las antedichas son todas palabras consideradas negativas por la forma en la que fueron usadas a lo largo de la historia, no por su significado esencial.
Sancho Panza, el sargento Saunders, Watson (el de Sherlock Holmes), y algunos más que los lectores sabrán encontrar, son algunos de los "no líderes" que, con dignidad y personalidad, ocuparon su rol de subalternos y no se anduvieron quejando por ahí por su destino ni fueron ninguneados por su rol.
En nuestro medio el que no lidera se siente menos, teme el vejamen, desea ser el otro para evitar sufrir humillación y poder a su vez dominar, y no aprovecha lo bueno de ser lo que es en ese momento.

Ejemplo de lo doloroso de la situación refiere al liderazgo por antonomasia, que es el rol parental. El mismo es vivido por muchos a partir del "hijos nuestros" que en la cancha se canta. En contexto de esa frase ser hijo, seguidor, subordinado, "no líder", es humillante, denigrante. Con una idea semejante de lo que es el liderazgo, pero, sobre todo, de lo que significa ser seguidor (inclusive de una relación amorosa como lo es la paterno filial), entendemos muchos de los problemas que nos aquejan.
Acá decimos que ser un buen seguidor, así como ser hijo de buen padre, es una categoría que la Humanidad no merece perder, porque es lindo y fecundo confiar y ser conducido cuando así corresponde al buen orden de las cosas.
 Al final de cuentas, aquella propuesta del Chapulín Colorado diciendo "¡Síganme los buenos!" no apuntaba a cualquiera, sino a quienes sabían ver la bondad de su gesta, y, por eso, y no por pusilánimes, seguían al inolvidable paladín de la justicia.