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martes, 25 de febrero de 2020

HISTORIAS TENEBROSAS,

El golpe maestro de la CIA y sus socios alemanes. Vendieron cifradoras comprometidas a gobiernos amigos o dudosos
Durante década la empresa Crypto AG asociada a la CIA vendió a países incluida las juntas Militares de América Latina, maquinas criptográficas comprometidas que le permitían tener acceso a sus comunicaciones secretaras.

Una investigación periodística de The Washington Post, junto a las cadenas de televisión ZDF (Alemania) y SRF (Suiza), puso en evidencia el golpe de inteligencia del siglo, dado a los clientes de la empresa Crypto AG y sus máquinas trucadas países como Irán, juntas militares de América Latina, naciones rivales como India y Pakistán, Estados miembros de la OTAN como España, la ONU e incluso el Vaticano, de acuerdo a la extensa investigación que asegura que “estas agencias de espionaje manipularon los dispositivos de la compañía para poder romper fácilmente los códigos que los países usaban para enviar mensajes cifrados”. Uno de los secretos mejor guardados de la guerra fría.
Todo comienza en plena II GM, cuando la firma Crypto creada por Boris Hagelin, un empresario e inventor nacido en Rusia huye a Suecia, cuando los bolcheviques toman el poder y cuando los nazis ocupan Noruega (1940), Hagelin emigró a Estados Unidos. El inventor llevaba consigo la famosa máquina encriptadora, bautizada como M-209 y de acuerdo a la historia interna de la CIA, citada en la investigación del Post, se hacía necesario controlar a Hagelin para que limitara la venta del codificador solo a países aprobados por Washington.
En definitiva, Crypto no debía caer en manos de los soviéticos, los chinos o los norcoreanos, esos países, nunca fueron clientes de la compañía, por lo que, en teoría, quedaron fuera de los límites directos del espionaje montado por EE UU y Alemania. Los agentes de la CIA obtuvieron mucha información valiosa de Pekín y Moscú a través de las interacciones de estos países con servicios secretos o diplomáticos de naciones que sí tenían los aparatos de cifrado.

La conocida como Operación Thesaurus se firmó en un elitista club de Washington, el Cosmos, cuando Hagelin selló en 1951 con un apretón de manos durante una cena el primer acuerdo secreto con la inteligencia estadounidense, que trajo consigo a William Friedman, el padre de la criptología americana. El acuerdo consistía en que Hagelin trasladaba la compañía a Suiza y restringía las ventas de sus modelos más sofisticados a países aprobados por Langley (sede la CIA). Las naciones que no estaban en esa lista obtenían de Crypto AG sistemas anticuados y sin efectividad y a Hagelin se le compensaba económicamente por la pérdida de ventas.
El siglo XX nadie en Crypto, excepto Hagelin, sabía de la implicación de la CIA en la compañía, los beneficios eran abundantes; cada año, según los registros de la inteligencia alemana, el BND entregaba su parte de las ganancias en efectivo a la CIA en un oscuro garaje de Washington. En la década de los 80, la operación pasó a denominarse Rubicón, para entonces, ya existían algunas tensiones entre Washington y Bonn a cuenta de los objetivos y del reparto de la información conseguida y ambas partes, según la investigación, usaron para su espionaje a otras empresas, a Siemens en Alemania y Motorola en EE UU.

Crypto, además, daba buenos beneficios, según la CIA, en 1975 la compañía ganó más de 47,8 millones de euros. Mientras, Rubicón permitió décadas de acceso sin precedentes a las comunicaciones de otros Gobiernos.
Por ejemplo, en 1978, cuando los líderes de Egipto, Israel y EE UU se reunían en Camp David para negociar un acuerdo de paz, la Agencia Nacional de Seguridad estadounidense (NSA) escuchaba de forma secreta las comunicaciones del presidente egipcio Anwar el-Sadat con El Cairo.
A través de un sistema de Crypto se supo también que el hermano del presidente de EE UU Jimmy Carter estaba supuestamente en nómina del líder libio Muamar el Gadafi.
La tecnología también propició que la Administración de Ronald Reagan pasase información a Londres sobre la breve guerra del Reino Unido con Argentina por las Malvinas.

En 1989, el uso del Vaticano de un aparato de Crypto fue determinante en la captura el general panameño Manuel Antonio Noriega cuando el dictador buscó refugio en la Nunciatura de Panamá.
Los alemanes abandonaron el programa hacia finales de los 90; la CIA continuó, pero Crypto se fue disolviendo y dejó de existir en 2017. Hoy existen Crypto International y CyOne; la primera asegura que nunca supo nada de la trama de Crypto, y la segunda se acoge al “sin comentarios"
En Suiza se ha recibido la noticia con angustia. "Nuestra reputación está hecha trizas", escribió un periodista político al respecto. "Nuestra neutralidad es una hipocresía", declaró otro. Existían rumores sobre los negocios turbios de Crypto AG desde hace años. Sus empleados sospechaban de que algo no andaba bien. El gobierno suizo sabía del asunto. De hecho fue uno de los pocos que no recibió una máquina Crypto alterada por la CIA.

sábado, 6 de julio de 2019

HISTORIAS TENEBROSAS,




Volver al pasado: Cuando el nazismo sobrevoló Coghlan

El sábado 30 de junio de 1934 amaneció helado. Pese a la escarcha, miles de vecinos de Buenos Aires abandonaron el calor de las cobijas y asomaron sus rostros lagañosos a balcones, terrazas y jardines. Nadie quiso perderse uno de los acontecimientos más atrayentes que se recuerden en la Argentina de aquella época por ganar unos minutos más de sueño. En esta parte de la ciudad el espectáculo comenzó antes de las ocho de la mañana, cuando el dirigible alemán LZ 127 Graf Zeppelin fue divisado en el horizonte de los barrios de Saavedra, Coghlan y Villa Urquiza.
Durante su paso por la ciudad permaneció suspendido varios minutos sobre la fábrica textil Sedalana, en Congreso y Estomba, para esperar el ingreso de los obreros, en su mayoría de origen teutón. “A través del cable que solía utilizarse como otro de los medios de comunicación con tierra cuando la nave se mantenía en el aire, se bajó y se subió importante y secreta información. No es posible establecer el tenor de ese traspaso, pero seguramente estuvo estrechamente relacionado con los fuertes intereses alemanes y nazis establecidos en la Argentina por aquel entonces”, especula el escritor Marcelo García.

El predio de Coghlan, que fue testigo privilegiado del paso de la aeronave, está abandonado desde el año pasado.
Había un detalle que justifica esta teoría: la cruz esvástica, símbolo del régimen nazi, estaba pintada en los timones del descomunal vehículo aéreo. Ocurre que éste y otros dirigibles, orgullo de la ingeniería alemana, eran utilizados por Adolf Hitler como marquesinas para la propaganda del fascismo. “Es penoso comprobar que el Graf Zeppelin, expresión del ingenio mecánico y científico de un gran pueblo, vea restado el brillo de su misión como mensajero de paz y concordia para transformarse en embajador de la barbarie nazi”, expresó Crítica la misma noche de su visita. El tiempo le dio la razón al diario de Natalio Botana.
Pasaron 84 años y el predio de Coghlan, que fue testigo privilegiado del paso de la aeronave, tuvo varios cambios: en los años 50 Sedalana pasó a ser “Telesud”, empresa que produjo los televisores Zenith. Años más tarde llegó Carrefour y desde el año pasado el lugar permanece abandonado. “Pero nadie, absolutamente nadie, podrá olvidar la enorme sombra que proyectó sobre el barrio la imponente silueta del Graf Zeppelin y los secretos que se llevaron a la tumba aquellos alemanes”, agrega García.

miércoles, 12 de junio de 2019

HISTORIAS TENEBROSAS,


La escalofriante historia de ‘El Cholo’, la dueña de las cárceles argentinas
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Un artículo de Nahuel Gallotta que sigue la historia de
Sandra ‘El Cholo’ González, la violenta dueña de las cárceles argentinas.
Era jueves a la hora de la siesta y en el Bingo de San Fernando estaban los clientes de siempre: los jubilados, los taxistas, los ludópatas. Sandra González (38), alias “El Cholo”, entró y se mezcló entre ellos, como uno más. Pero a diferencia del resto, no se interesó en cuánto pagaban las máquinas tragamonedas, ni los buenos precios del buffet, ni las ofertas de los prestamistas. Llevaba una 9 milímetros en su cintura, y la mente puesta en ella.
​Cuando la vio, se le fue al humo. “Sandra, estoy trabajando”, alcanzó a decirle Verónica Pérez (24), alias “Pity”, una de las camareras. Y se fue. Sandra se sacó. “¿A dónde vas hija de puta?”, le gritó. Después, llevó su mano a la cintura, tomó su arma y le disparó por la espalda. Fue el primero de cinco disparos. Por el hecho la condenarían a 25 años de prisión.
Los periodistas llegaron al lugar del hecho y presenciaron la negociación de cuatro horas de Sandra con la Policía. Exigía, a cambio de entregarse, y apoyándose la pistola en la boca y la cabeza, que le llevaran a su hermana. Fue en octubre de 2005. Los móviles en vivo informaban sobre el hecho, pero al contexto lo pondría Prensa del Servicio Penitenciario Bonaerense: González y Pérez se habían conocido en la Unidad 8 de Los Hornos, donde fueron pareja.
La primera, la asesina, cumplía su tercera condena. Estaba por robos de camiones. La segunda, la víctima, había ingresado como primaria, por “homicidio en ocasión de robo”.
La historia terminó en la pantalla grande. Nancy Dupláa hizo de “El Cholo” y Celeste Cid interpretó a “Pity” para el capítulo “Laura, la abandonada”, de Mujeres Asesinas. En esos 45 minutos de prime time se recreó el crimen y la relación en la cárcel.
Celeste Cid ingresó al pabellón y un par de las detenidas se le acercaron para robarle el bolso. Dupláa, al advertir la situación, le recuperó sus cosas, se las devolvió y la invitó a pasar al baño.
Allí, luego de echar a las internas que se duchaban, abusó de ella. “A partir de ahora nadie te va a molestar”, le dijo. “Si te tocan, las mato”. Era la líder del pabellón; la que manejaba y decidía todo lo que ocurría ahí adentro.
“La mayoría de las chicas forman pareja durante la condena. Pero al salir vuelven a relacionarse con hombres; se olvidan de la mujer con la que estuvieron. Es más una cuestión de conveniencia: se sienten más protegidas”, dice una presa desde la Unidad 8, donde convivió con González.
El día que “Pity” volvió a ser libre, “El Cholo” la esperó y la recibió en la puerta de la cárcel. Estaba ilusionada con la relación, aunque era la única enamorada. Durante meses la persiguió y la torturó: yendo a la casa de sus padres, por las calles del barrio, por el teléfono, por el empleo.
Entró al Bingo sabiendo que Verónica estaba conociendo a un compañero de trabajo. Se había enterado revisándole los mensajes de texto. “Si me dejás, yo me mato”, le dijo varias veces, luego de golpearla.
Cuando cumplió su promesa, y mientras negociaba con la Policía para entregarse, le siguió hablando: “¿Por qué me engañaste? Yo te dije que todo esto iba a pasar; me cagaste la vida… Éramos tan felices en la cárcel; habíamos formado una familia…”.
“La mayoría de las protagonistas de Mujeres Asesinas habían sido víctimas de sometimiento durante meses o años. El caso de González fue al revés: ella se había enamorado, y era la que sometía a Pérez. Otra particularidad es que fue una de las pocas que tenían antecedentes penales”, señala Víctor Tevah, ex director de Contenidos de Polka, productora a cargo de la serie, que terminaría vendiéndose a México, Colombia e Italia.
Lo que pasó en la vida de González desde el día después del crimen no salió en ningún lado. Ni en los expedientes, ni en los medios, ni en los informes de Prensa del SPB.
Tampoco en los registros de las distintas guardias que la custodiaron durante 13 años. Pasó por las unidades de Bahía Blanca, Florencio Varela, Batán y las dos de Los Hornos.
“Se creía la dueña de la cárcel. Se refería a cada lugar como ‘mi cárcel”, recuerda la interna que la cruzó durante años en la 8 y la 33 de Los Hornos. “No tenía códigos de ‘rocha’ ni de presa. Creo que se fue buscando su final. Cuando hacés las cosas mal, terminás mal”, añade.
Cuando una interna era citada en la dirección, allí, además de la jefa, estaba González. Opinaba como si fuera funcionaria. Y siempre tiraba para el lado del SPB. A los minutos, ya en el pabellón, volvía a encarar a la misma interna. “Yo te voy a frenar el traslado a otra unidad. Te los voy a ablandar. Pero todo tiene un precio…”, les advertía.
Que todo tuviera un precio significaba que la gran mayoría de las detenidas debía pagarle “el derecho a hablar por teléfono”. Les cobraba una suma fija, mensual, que compartía con algunos penitenciarios.
También conseguía y vendía celulares y drogas. Por un Termidor que en cualquier chino podía costar 30 pesos, ella pedía 80. Si no había dinero, fiaba. Pero con intereses. Sus mayores ingresos prevenían de la seguridad. Para vivir tranquila había que pagarle.
González usaba relojes (a veces dos, como Maradona) y perfumes de hombre. Usaba el pelo corto, al ras. Vestía ropa deportiva: chombas, camisetas de fútbol, zapatillas Nike, de las de cámaras de aire. Todo de hombre.
Si la llamaban por su nombre, se enojaba. Prefería “El Cholo” o “Papi”. El Juzgado le había dado el permiso para operarse y quitarse los senos. Tuvo parejas que conoció en la cárcel y otras que ingresaban a visitarla.
Su relación con el Servicio no solo le permitía recaudar. La presa que la recuerda dice que salía a hacer los mandados. Sin permiso legal, cruzaba al almacén, al kiosco. La cancha era suya. La usaba para organizar campeonatos de fútbol, en los que atajaba.
Y para lavar y estacionar los autos particulares de la cúpula del penal había que pedirle autorización. Otro permiso era decidir qué presa ingresaba a qué pabellón, y cuál se quedaba en buzones. Tenía acceso al legajo de cada una, para saber el delito por el que había llegado.
Los días de visita bajaba al patio y se acercaba a las mesas de las chicas a las que le cobraba su protección. Las familias le traían regalos. Podía ser una docena de facturas, masas secas, un reloj, un perfume. Otras le dejaban efectivo en el depósito de la proveeduría. Todo a cambio de que no tocara a sus madres, hijas o mujeres.
Las presas que se negaban a pagar la protección eran robadas, manoseadas, golpeadas y cortadas por ella y por sus grupos, que cumplían sus órdenes. En la jerga, a las internas como ella, que roban a sus compañeros de pabellón, se las llama “Antichorras”. Muchas fueron víctimas de violaciones. A otras las obligaba a drogarse, y hubo varias que se volvieron adictas.
“Hubo pibas que intentaron suicidarse por lo que les hizo ‘El Cholo’. A muchas las obligó a estar con mujeres. Quería que todas fueran lesbianas. Sus damnificadas de Zona Norte fueron saliendo y se empezaron a organizar”, agrega la interna, que cuenta todo por audios de WhatsApp, con cumbias de fondo. Esas ex detenidas le tirotearon el auto dos veces durante sus primeras salidas transitorias.
La esperaron en la puerta de la cárcel y la siguieron. La buscaban para matarla. Querían vengarse. Así, González comenzó a negarse a salir en sus transitorias, que habían comenzado en 2015. Le decía a su juez que en la cárcel estaba cómoda, y que prefería quedarse.
El 26 de julio de 2018, con 51 años, salió por última vez. Le correspondían 48 horas. Viajó de Los Hornos, La Plata, hasta su San Fernando natal. Un rumor dice que fue a su casa y habría encontrado a su pareja con un hombre. Que escribió una carta y que caminó hasta un puente de la zona.
Que se sacó la campera, que se la regaló a un garitero, que subió las escaleras. Y hay quienes juran que llegó a ese lugar convencida de que si no se mataba, la iba a matar alguna de sus víctimas de la cárcel. Lo único concreto es que se tiró.
Su suicidio casi no tuvo espacio en los medios. Y los que cubrieron la noticia no contaron de quién se trataba. En la cárcel se decía de todo. Como que podía ser una estrategia y que se había fugado para salir del país, escapándole a la muerte. Así, en silencio, fue la segunda parte de “Laura, la abandonada”.

jueves, 13 de diciembre de 2018

HISTORIAS TENEBROSAS,

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El castillo de Dracula: la morada del vampiro
¿Has escuchado acerca del famoso Conde Drácula? ¿El monstruo chupa sangre de Transilvania? ¡Pues aquí está el castillo en el que Stocker se inspiró un poco al crear su novela y la leyenda de este auténtico monstruo de la literatura! ¡Vamos a descubrirlo!
El Castillo de Bran
En Rumanía se encuentra uno de los castillos más famosos y mejor conservados del mundo: el Castillo de Bran, mejor conocido por los turistas como “El Castillo de Drácula” Situado cerca de Braşov en Transilvania, este terrorífico castillo se ha convertido en un importante monumento nacional y un punto clave para el turismo rumano, pese a que el vinculo con Drácula es ficticio.
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Vlad Draculea
Bran Stocker, asoció a Vlad III o Vlad Tepes, nacido como Vlad Draculea, con su terrible vampiro. Eso se debe a que este personaje histórico adquirió su fama por la forma tan sanguinaria que tenía para castigar a sus enemigos: los empalaba, los atravesaba con un tubo de madera por todo el cuerpo, y se deleitaba con su sufrimiento. Las víctimas podían llegar a agonizar hasta dos días mientras se retorcían de dolor.
Vlad no vivió en el castillo; al menos no hay evidencias de ello, pues él residía en el Castillo de Poenari. Solo se dice que pasó dos días en el Castillo de Bran, cuando fue capturado por sus enemigos. Aún así, pese a no existir una relación demasiado cercana, se dice que el interior del castillo y su arquitectura inspiraron a Bran a recrear su historia.
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Bran Stocker nunca visitó el castillo, pero entonces, ¿como pudo inspirarse en él? Esto fue gracias a historias que le fueron contadas, y gracias a los libros. Se puede conocer leyendo, y este escritor lo demostró muy bien. ¡Qué imaginación!
Conociendo el Castillo
Antes de convertirse en un castillo, suceso que ocurrió en 1377, por órdenes de Luis I de Hungría, una fortaleza ocupaba su lugar. De arquitectura única, fue construida por los caballeros de la Orden Teutónica en 1212. El castillo se convirtió en un destino turístico tras la restauración de los 80, y la Revolución rumana que ocurrió en 1989.
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Se dice que la fortaleza medieval está valorada en unos 140 millones de dólares, pero los propietarios actuales quieren acabar con el mito de Drácula y el castillo, pues no quieren que sea explotado por esta razón. Ciertamente esto le quitaría parte de su atractivo, pero aunque eso llegue a pasar, los turistas podrán seguir pensando en el vampiro chupa sangre mientras recorren las misteriosas salas del castillo. Ya sea mito o realidad, el castillo pertenece, en cierta medida, al dueño de la noche

lunes, 3 de septiembre de 2018

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Antisemitismo en Alemania un fantasma desgraciadamente siempre presente.Resultado de imagen para Antisemitismo en Alemania

¿Por qué a las sociedades les es tan difícil aprender y la cultura no es un freno a la violencia. Berlín tenemos un problema
La kipá como símbolo para luchar contra el antisemitismo. Miles de manifestantes respondieron a una convocatoria de la comunidad judía de Alemania, consternada tras un reciente ataque a un joven con kipá, que ha despertado la indignación en el país.
La preocupación es tal, que Josef Schuster, presidente del Consejo Central de Judíos en Alemania, desaconsejo “mostrar abiertamente el uso de la kipá en grandes ciudades en Alemania” a diario. Porque por asombroso que parezca, el antisemitismo persiste en Alemania, 70 años después de la Shoah.
La cita de Berlín se repetía en otras ciudades alemanas, mientras políticos y medios de comunicación se movilizaron para mostrar su apoyo. El ministro de Exteriores, Heiko Maas, colgó una foto suya en tuiter con una kipá en la cabeza y con un texto en el que asegura que las agresiones a judíos en Alemania son “un ataque a todos los alemanes".
La primera página del diario izquierdista Tageszeitung mostro una kipá recortable, con la que animaban a sus lectores a acudir a la marcha. Stefan Trieweiler, de 69 años, creció en la posguerra y “hijo de padres nazis”. No es judío, pero se movilizo con unos amigos a la concentración “para mostrar solidaridad" y porque como alemanes, tienen una "responsabilidad especial".
“La situación en Alemania no es mucho peor que en otros países. Hay una corriente antisemita en toda Europa”.
El ataque a Adam Armoush, un joven árabe-israelí de 21 años que paseaba por un barrio acomodado de Berlín con una kipá en la cabeza la semana pasada, ha sido el último de una serie de episodios que han puesto en alerta a la comunidad judía y a las autoridades germanas.
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La Canciller Merkel, habló este fin de semana de la emergencia de “un nuevo tipo de antisemitismo” procedente de Alemania, pero también de refugiados de origen árabe, ha prometido “reaccionar”. El vídeo del ataque a Armoush en seguida se viralizó, y en él puede verse cómo un joven saca un cinturón y le golpea al grito de “judío”. Armoush, que no es judío, explicó después a la prensa que quería demostrarle a un amigo que no era peligroso caminar con una kipá por Berlín y que se equivocó. El agresor, un refugiado sirio de 19 años acabó entregándose a la policía. “Se trata de un incidente en un barrio acomodado, de moda. Esto representa una nueva dimensión”, ha dicho Schuster, del Consejo Central de Judíos, que sugirió sustituir la kipá por gorras de béisbol, para pasar desapercibido. Cuando una autoridad “considera necesario recomendar a los judíos que disimulen su identidad, es evidente que las autoridades alemanas han fracasado a la hora de proteger a sus ciudadanos”. Unos 200.000 judíos viven ahora en Alemania, la mitad de ellos en Berlín.
El ataque al joven en la calle sucedió en medio de una intensa polémica por la decisión de premiar a dos raperos, Kollegah y Farid Bang con el Echo, el gran premio de la música alemana. En la letra de una de sus canciones, los artistas dicen que “mi cuerpo está más marcado que el de los prisioneros de Auschwitz”. El prestigioso director de orquesta Daniel Baremboin al frente de la ópera Estatal de Berlín, anuncio que devolvía su premio Echo en protesta por el galardón a los raperos, con letras “claramente antisemitas, misóginas y homófobas”. Después de actitud tomado por Baremboim, el violinista francés Renaud Capucon también ha anunciado que devolverá sus premios en señal de protesta y a los 3 días la organización de los Echo optó por suprimir el prestigioso premio.
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¿Que pasa en Alemania? El debate sobre el recrudecimiento del antisemitismo en Alemania estalló el en diciembre del 2017, cuando durante una manifestación contra el traslado de la embajada de EE UU a Jerusalén se quemaron banderas israelíes en pleno centro de Berlín, desde entonces, la intensidad del debate acerca de las causas de los ataques antisemitas y el papel de los refugiados en las agresiones no dejaron de crecer, en gran parte fogoneado intensamente por la extrema derecha.
El tema alcanzo al Parlamento alemán y su Comisión sobre el Antisemitismo, acordó en base a estudios específicos realizados que han detectado que “utilizar la palabra judío como insulto se ha popularizado en las secuelas. No es que ahora haya más ataques, es sobre todo que se ha roto el tabú, que ya no hay miedo a decir ciertas cosas en público”; es un problema que afecta “a todos los entornos educativos y culturales. Lo observamos también en centros de educación superior donde no hay inmigrantes”. El antisemitismo es aun hoy en la Alemania actual con toda su historia y su "civilizada sociedad", un problema latente.
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La policía alemana registró 1.453 incidentes antisemitas en Alemania durante el 2017, donde 32 de ellos fueron con violencia, de acuerdo a los datos que se desprenden de una respuesta del Gobierno a una reciente pregunta del Parlamento alemán, aunque se trata de una cifra muy similar a la del 2016; la mayor parte (1.377) corresponden a ataques procedentes de entornos neonazis, de acuerdo con el recuento oficial, pero las organizaciones judías sostienen con alguna razón que está infra representado lo que en Alemania llaman “antisemitismo importado”, es decir, el que traen de sus países de origen los inmigrantes y refugiados; pero las esas estadísticas explican poco, porque responden en buena medida a la utilización de simbología nazi, prohibida por ley, al margen de quién la haya utilizado y que en cualquier caso, sus estudios indican que "la mayoría de las agresiones no se denuncian", por tanto no son parte de las estadisticas

domingo, 24 de junio de 2018

HISTORIAS DEL GOLEM EN PRAGA

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Un día en que iban paseando de la plaza al Moldava, el río que atraviesa Praga, Gustav Janouch y Franz Kafka se detuvieron de pronto delante de la sinagoga Staranová. El "doctor" -como llama siempre Janouch a Kafka en sus memorias- se quedó meditabundo: "¿Ve usted la sinagoga? Todos los edificios que la rodean la sobrepasan en altura. Entre las casas modernas de este barrio no es más que una vieja intrusa, un cuerpo extraño".
Ahora que me encuentro frente a la misma Staranová, más o menos donde se encontraban hace un siglo aquellos dos amigos insólitos (Janouch era adolescente; Kafka le llevaba veinte años), la frase queda repicando sin cambiarle una coma. A la sinagoga más vieja de Europa -tal vez del mundo- la siguen escoltando muchas de aquellas construcciones "nuevas", aunque las décadas le hayan agregado negocios de moda y la sonora modernidad de los autos que pasan por la avenida Paríszká a sus espaldas.
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Kafka se refería a un vacío reciente, el que dejó el gueto de Praga -uno de los símbolos más duraderos de la larga vida judía en Europa- del que él, a diferencia de Janouch, había llegado a ver los últimos edificios, antes de su demolición. La historia trágica y criminal del siglo XX vendría después. La ausencia que dejó el barrio judío, sin embargo, tiene un aura material, como si, aun sin estar, siguiera ahí. El espejismo es formidable y lo impulsa más de un motivo.
El primero, la serie de sinagogas que permiten imaginar algo de la confinada disposición del barrio. Antes de llegar a la Staranová, la principal, pasé por otro monumento que perdura: el magnífico cementerio judío. Se encuentra a una altura más elevada que el terreno -para sortear las habituales inundaciones de esa zona baja en que había sido afincada la comunidad- y sus lápidas, unas 12.000, adquieren toda clase de torsiones, como si el suelo, a falta de espacio, hablara y se moviera. Dejó de recibir a sus muertos en una fecha lejanísima (1787) y, según me afirma uno de los guardias -mientras observa a los turistas, gentiles incluidos, todos portando su kipá- debajo de cada piedra puede llegar a haber sepultadas, féretro sobre féretro, entre doce y quince personas.
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La Staranová, por su parte, fue fundada en el siglo XIII. Su nombre, "Nueva-Vieja" es contradictorio. La proliferación de otros templos terminó por mezclarle novedad y antigüedad. No quedó nada a su alrededor del barrio laberíntico, lleno de callecitas tortuosas, en que las construcciones de toda época se fueron apiñando como podían dentro de los límites a los que las duras leyes de segregación obligaban a los judíos. La población, en el siglo XVII, llegó a ser de 11.000 almas.
Después de una breve ensoñación que recompone el ajetreo del barrio desaparecido, me doy cuenta de que la imaginación tiene en qué apoyarse. No hay rastro de las viviendas, pero a diferencia de los sitios arqueológicos (donde hay restos, pero no imágenes), el gueto tiene su iconografía fiable. En sus siglos de existencia, sufrió toda clase de mutaciones (creció, se expandió e incluso en 1689 la mayoría de sus casas quedaron arrasadas por un incendio), pero a partir de 1880, fecha en que se decidió su demolición, hubo fotógrafos y pintores que se dedicaron a retratarlo para dejarnos una idea precisa de cómo era. Y antes de eso, incluso, hacia los años veinte del siglo XIX, Antonín Langweil, uno de esos miniaturistas que solo puede producir Praga, se dedicó a realizar una monumental maqueta a escala de la ciudad vieja que incluye cada rincón del gueto con una precisión maniática.
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Langweil duplicó la estructura exterior de la ciudad, incluida la Staranová, pero no, claro está, sus interiores, pienso antes de traspasar la baja puerta de la sinagoga. No soy religioso, que sepa no tengo antepasados judíos, pero como siempre experimento el remezón que me producen los sitios sagrados, como si todas las plegarias humanas que se produjeron -y se siguen produciendo los sábados- en el lugar fueran amplificadas por el rumor de los siglos.
El nivel de la nave central es más bajo que el resto del edificio, una señal de humildad. En el centro se ve una pequeña plataforma, rodeado de una reja. En el lado este está el arca donde se guarda la Torá, cubierta por un paño. A al derecha, el estrado donde se ubica el cantor y cubriendo el perímetro de tres de la paredes, los asientos para los notables de la comunidad, con sus históricos candelabros.
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Ya en el vestíbulo, fuera de ese recinto, una historiadora que trabaja en el lugar -parte de la actual comunidad judía que cuenta con apenas 5000 personas- me cuenta sobre la sala anexa, reservada a las mujeres, y me revela el porqué de una serie de plaquetas diminutas contra una pared. Enumeran individualmente cada uno de los rabinos que, desde los tiempos medievales hasta hoy, estuvieron a cargo de la sinagoga. Entre ellos, figura el Rabino Loew (Judah Loew ben Bezalel), una de esas figuras tan legendarias que parece una ficción perfecta.
Loew (1520-1609), por supuesto, existió. Era un erudito notable del Talmud, un místico y filósofo al que la tradición terminó atribuyéndole talentos mágicos. La historia por la que más la recordamos es la del Golem, aquella suerte de gigantón hecho de barro o arcilla, que el rabino, líder de la comunidad, habría creado para proteger a los suyos de las agresiones antisemitas en tiempos en que Rodolfo II buscaba expulsar a los judíos de Praga. Una serie de letras cabalísticas en la frente servían para activarlo hasta que -desconocía el final, se lo debo a la muy informativa historiadora- el propio Loew lo anuló, después de que produjera algunos desmanes fuera del gueto (las versiones varían), quitándole una letra clave. Lo escondió, según esa versión, en el altillo de la Staranová, al que no se permite acceder.
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Encontrar de manera inesperada el nombre de Loew tallado con semejante modestia, entre otros ilustres, me despierta un factor sentimental. A Borges lo fascinaba su criatura formidable. Al Golem le dedicó un poema y en "Las ruinas circulares" inventa un hombre que inventa un hombre. El interés de Borges venía de una novela de 1916, un best seller de la época, que le despertó el interés por la cábala cuando todavía vivía en Ginebra: El Golem, de Gustav Meyrink. También a Kafka le gustaba. Tanto tiempo después, no estoy tan seguro (todavía tengo el ejemplar en la mochila) de que su pesadilla repleta de alusiones ocultistas tenga interés hoy, aunque al salir un guía español, Xavier, me la defiende, como fiel borgeano, a capa y espada. Prefiero, le digo (y anota con interés), De noche, bajo el puente de piedra (1959), de Leo Perutz. El gueto aparece ahí a fines del siglo XVI, tiempos de prosperidad y grandes asechanzas. Loew tiene algún cameo, pero uno de los protagonistas es Rodolfo II, además de emperador excéntrico y dispendioso coleccionista de arte. Su contraparte es Mordejai Maisl, un rico líder de la comunidad judía, filántropo y alcalde fundamental del gueto sobre el que todavía circulan oralmente sus historias.
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Vuelvo a observar el frente de la sinagoga, su digna sobriedad. Contra lo que podría imaginarse, la desaparición del barrio circundante no fue obra de Hitler, que en su demencia quería conservar los templos como "museo de una raza extinta". Fue en realidad José II, emperador de 1765 a 1790 del Sacro Imperio Románico Germánico, el que habilitó, entre otras decisiones, que las familias judías que quisieran pudieran establecerse fuera del apretado gueto. A partir de mediados del siglo XIX, cuando obtuvieron igualdad de derechos y el barrio pasó a formar parte de Praga con el nombre de Josefov, su población fue menguando. En 1880, cuando se decidió la demolición, solo quedaba un tercio de gente, los ortodoxos y los más pobres.
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Al salir bordeo la pequeña manzana que ocupa la Staranová. Alca
nzo la contrafachada, donde pasa la Paríszká, la avenida por la que avanzaban Kafka y Janouch. No hay nada notable, con excepción, arriba de todo, inaccesible, de una puertita que da al vacío. Es la única entrada al altillo, el depósito donde, según la tradición, Loew guardó a su criatura artificial. Hay unos pocos escalones de metal en las alturas, que terminan en la nada. Por un segundo, aunque no creo en esas cosas, me descubro pensando cómo subir -la misión es imposible- para corroborar si el Golem sigue ahí o no. Es una leyenda, pero las leyendas son poderosas, nunca mueren.

P. B. R.

jueves, 7 de septiembre de 2017

HISTORIAS TENEBROSAS


Entre los varios libros que proyecté escribir, están los que no escribí porque ya los escribieron otros y los que no tendré nunca el ánimo de escribir. A la primera categoría pertenece, por ejemplo, Tumbas de poetas y pensadores, en el que Cees Nooteboom se adelantó a colonizar mi pasión por la visita a los cementerios. A la segunda -la de los libros que no escribiré por desidia o superstición- tengo que contar una antología que recupere las circunstancias y los pormenores de la muerte de algunos (sólo algunos) artistas.



A pesar de la defección, en un caso y en el otro me guiaba una misma convicción, un idéntico presupuesto: el de que la única mitología que nos fue dado legar a nuestros hijos es la de las vidas y las muertes de los artistas.
De todas esas muertes, ninguna hay que conmueva más que la de Honoré de Balzac. Antes que nada, una palabra sobre él: Balzac fue, bajo la forma de la ficción, lo que todo cronista periodístico habría querido ser: aquel que no sólo registró la historia (la suya, la de la Francia posterior a la Revolución), sino quien la contó de tal manera que la historia misma pasó a ser eso que él contó. 


 No por nada, Karl Marx usaba sus novelas como referencia para sus análisis económicos. Claro que Marx -como en muchas otras cosas él mismo y sus epígonos marxistas- no entendió nada: Balzac era conservador, católico, monárquico y le tocó contar un mundo (el que él quería para sí mismo) que se desintegraba, y lo que importa no es sólo testimonio de lo que se desintegra, sino la tragedia de lo desintegrado.


Y hablando de tragedia, no hubo otra más sórdida que la de la muerte de Balzac. Permítanme aquí un breve desvío. En noviembre de 1907, el escritor Octave Mirbeau se disponía a publicar un libro singular: el relato, más bien caprichoso, de un viaje en auto: La 628-E8 era el título imprevisto. Entre toda clase de digresiones, había tres capítulos dedicados a Balzac: "Avec Balzac" ("Con Balzac"), "La femme de Balzac" ("La mujer de Balzac") y "La Mort de Balzac" ("La muerte de Balzac"). Esos capítulos no formaron finalmente parte de la edición original porque la hija de la mujer de Balzac prohibió el libro. Por fin, un misterioso editor publicó en 1908 el libro La Mort de Balzac (La muerte de Balzac). ¿Cuál fue el motivo del escándalo? La muerte, justamente, ni más ni menos.
Mirbeau "adoraba" a Balzac. Lo admiraba sin reticencias. "La fiebre, la exaltación, la hiperestesia, eran el estado normal de su carácter." Conocía todos los vicios y todas las virtudes. Hasta aquí la admiración; entonces llega después la elegía.
El pintor Jean Gigoux, amante de Madame Hanska, la mujer de Balzac, le contó a Mirbeau una historia un poco siniestra.

 Balzac estaba enfermo, muy enfermo. Había llegado enfermo ya de un viaje a Rusia. Sufría de los pulmones, del corazón, de los riñones. Le hacían punciones. El abuso del café fue una causa concurrente: Balzac lo tomaba como un narcótico para mantenerse despierto y cumplir con su misión: ser el secretario insomne de la historia con mayúsculas. El 18 de agosto (de 1850), Balzac le pidió sinceridad a su médico Nacquart. "Dígame la verdad, ¿cuándo voy a morir". Los ojos del médico se llenaron de lágrimas: "No pasa de esta noche".

Como en una comedia de enredos, esa misma noche llegó Gigoux a su encuentro con Hanska, a la que encontró ya maquillada, peinada y con "los brazos desnudos".

 Nada impidió el encuentro de los amantes, ni siquiera las quejas de Balzac, que agonizaba a pocos metros. Al contarle su historia a Mirbeau, Gigoux quiso expiar su culpa.


Una comedia de enredos, dije antes. Una Comedia humana, como el gran título de Balzac, debería haber dicho. Lean a Mirbeau, si pueden, pero antes lean a Balzac, el hombre que contó el mundo en el que todavía vivimos: sólo unos poquísimos artístas tienen el poderío para inventar un mundo que los incluya como autores y como personajes.

P. G.

sábado, 2 de septiembre de 2017

DESCONOCIDAS HISTORIAS DE LOS CASTILLOS CORDOBESES....MERECEN UNA VISITA


Para descubrir: castillos que se esconden en las sierras de Córdoba
Construcciones que sorprenden con torres y hasta cañones repartidos por la provincia; algunos, como el
castillo de Mandl, ahora funcionan como hotel
LA CUMBRE.- Domina el paisaje desde la montaña. Sigue siendo, para los lugareños,
El castillo de la SIDE o La casa del señor 5. Es uno de los pocos castillos que hay en Córdoba y, como otros, ahora funciona como hotel de La Cumbre , 90 kilómetros al norte de la capital provincial, en el valle de Punilla.
Todavía conserva la impronta de los 90 cuando Hugo Anzorreguy, entonces director de Inteligencia, lo usaba como lugar de veraneo pero también como espacio de reuniones donde se tejían (y destejían) relaciones, acuerdos políticos y negocios. Un ex colaborador conserva los registros de visita pero prefiere no dar detalles.
Admite que cada tanto, cuando se tropieza con las hojas, sonríe al ver las anotaciones. "Si les preguntaran, muchos dirían que no estuvieron nunca", ironiza.
Por la construcción de 1934 -encargada por el cirujano rosarino Bartolomé Vasallo enamorado de La Cumbre- pasaron desde el presidente Carlos Menem a sus ministros, incluyendo embajadores, gobernadores, jueces, gremialistas, empresarios y funcionarios. "Incluso fueron tres integrantes del gabinete de Fernando de la Rúa, porque Anzorreguy lo conservó hasta el 2003, cuando ya no estaba en la SIDE".
"Nada era oficial -agrega la fuente-, pero cuando Anzorreguy estaba no había un solo día sin una reunión. No todas eran con políticos, también las hacía para sus amigos de La Cumbre, para los del Golf".
En la década del 30, cuando Vasallo y su familia lo ocupaban en verano el castillo ya era tema de conversaciones entre los vecinos de la zona. En la entrada había un busto en tamaño natural de Edelmira Quintana, la esposa del médico, que ella misma adornaba con pelucas y uñas postizas.

Francisco Capdevila, historiador de La Cumbre, cuenta que, enfermo, Vasallo decidió donarlo en enero de 1943 a la Municipalidad y a la provincia. Para el cirujano era El Fuerte, porque tenía torres y un cañón que custodiaba la entrada. Las 19 habitaciones con baño privado, los espacios comunes, los muebles y las obras de arte -repartido en 10 hectáreas- fueron rechazas por el gobierno provincial, que obligó a la comuna a actuar igual.

La propiedad salió a remate en diciembre de 1943 y la compró Fritz Mandl, un austríaco vinculado con la fabricación y venta de armas. Estaba casado con la actriz Hedy Lamarr, la hija de un banquero vienés más joven que él. Ella se divorció y se fue a vivir a Nueva York con Louis Mayer, magnate del cine. Mandl sobrevivió al dolor a tal punto que tuvo cuatro esposas más.
El austríaco -desconociendo el Tratado de Versalles- vendía armas al Tercer Reich. "Hitler le quitó propiedades y lo perseguía -relata Capdevila-. Huyó a la Argentina, donde se hizo amigo de Juan Domingo Perón". Compró el castillo porque le recordaba el de Salzburgo y lo hizo reformar, quitándole el estilo medieval. Se movía entre Buenos Aires y La Cumbre hasta que murió, en Viena en 1977.
Rodeado de historias
El periodista y escritor Jorge Camarasa, que investigó sobre el nazismo en la Argentina, relata en un texto que Mandl "lucía siempre un clavel rojo en la solapa, fumaba sólo cigarros Havana y había comenzado a formar dos colecciones que lo mantendrían ocupado hasta sus últimos años: los trajes a medida, de los que según la revista Time llegaría a tener 278 en 1945, y las mujeres hermosas".

Tuvo muchos huéspedes europeos, entre ellos la diva del cine Nora Gregor; ella había tenido un amor clandestino con el príncipe Ernst Rüdiger von Starhemberg, amigo de Hitler, que en 1934 asumió como vicecanciller de Austria. El hijo de ambos, Heinrich, fue a una escuela pública de La Cumbre.

En La Cumbre, el austríaco "iba al Golf, hacía cabalgatas, pero tenía una vida muy reservada", aporta Capdevila.

Después de su muerte, sus hijos Alejandro y Gloria Odette dejaron de frecuentar el lugar que fue deteriorándose. En abril del 90 les robaron 42 obras de arte colonial de los siglos XVI, XVII y XVIII de colección. Recién en febrero de 2003, Interpol encontró en Cataluña (España) 13 pinturas en poder de una organización dedicada al tráfico de bienes culturales.


Según Anzorreguy, Alejandro Mandl -de quien era amigo- le ofreció el castillo a cambio del mantenimiento y el pago de impuestos y servicios. Nunca perteneció a la SIDE y nunca hubo un contrato de alquiler, pero al poco tiempo de que el entonces funcionario se hiciera cargo y lo ambientara sin grandes cambios, las visitas de políticos y jueces empezaron a ser frecuentes.
Dos factores jugaban a favor: La Cumbre no era un lugar de turismo masivo y su campo de golf de 18 hoyos. Junto con los políticos empezaron a aparecer reflectores y cámaras de vigilancia en el predio, donde había siempre custodios. Cada tanto -cuando una visita trascendía- periodistas de distintos medios alteraban la tranquilidad del pueblo.
Menem llegó en el 99, practicó golf con su amigo Eduardo Romero, hoy intendente por Cambiemos de Villa Allende.
Aunque el libro de visitas tenga firmas varias, una fiesta de fin de año de jueces federales se cuenta entre las que más ruidos provocaron. Margarita, la esposa de Anzorreguy, era la hermana de Eduardo Moliné O'Connor, entonces integrante de la Corte Suprema de Justicia.
En el 2006, la familia Mandl concesionó la propiedad que hoy es el hotel boutique El castillo de Mandl, administrado por Guillermo Toribio y Carola Bargalló. Aunque las caras que se ven en los noticieros no andan por las calles de la ciudad, las historias siguen circulando.


Otras grandes obras
Además de El castillo de Mandl, hay otros para descubrir entre las sierras.

En Unquillo, en las Sierras Chicas, se destaca una construcción morisca con un estilo que rompe con la arquitectura de la zona. Al
castillo Monserrat lo hizo construir en 1920 un banquero catalán que estaba radicado en Rosario y quiso una réplica de las fortificaciones de Andalucía. "San Miguel" se lee como protector en la entrada; el aljibe y la sala principal están cubiertos de azulejos belgas y a través de los vitrales se presiente el parque infinito.
Desde hace unos 15 años el castillo es propiedad de un matrimonio que vive en el lugar, donde además se hacen muestras de arte o presentaciones especiales y son el único momento donde se puede visitar.


El padre del polémico artista León Ferrari, Augusto, fue quien en 1932 levantó en
Villa Allende el castillo de San Possidonio (hoy hotel). A comienzos del siglo en Italia fue uno de los retratistas preferidos de la nobleza; sus pinturas son parte de las colecciones de Vittorio Emanuelle III y del Duque de Aosta. Llegó a la Argentina para una exposición y se quedó; construyó iglesias como la del Divino Rostro en Parque Centenario y la de San Miguel; pintó panoramas, uno de la batalla de Tucumán y otro de la de Salta. En 1922 y por cuatro años regresó a Italia.
De vuelta, siguió con iglesias en Córdoba , como la de San Francisco, la de Unquillo, la capilla de las Hermanas de la Merced y los Capuchinos. En Villa Allende -además de la iglesia- construyó una docena de casas que destacan por su estilo ecléctico.


Frente al lago San Roque -sobre la ruta 38 que une Villa Carlos Paz con Tanti- está el castillo que Jorge Furt remodeló en 1930 con una mezcla de sus preferidos; la torre principal es una copia de la del florentino palacio de Pitti; después de unos años en que fue museo hoy es una casa de familia.
Furt era escritor, trabajó años en la biblioteca del Vaticano y cuando regresó, compró el castillo y diseñó él mismo lo que quería.

G. O.