lunes, 11 de octubre de 2021

CRÍTICAS TEATRALES


La casa oscura, un “show documental” sobre la búsqueda de sanación
Trabajaron juntas por primera vez hace 20 años y desde entonces, se habían prometido encontrarse en escena. Mariela Asensio y Maruja Bustamante, por fin, lo consiguieron en un show sobre su experiencia con la salud mental y la curación que permite el arte
L. G.
La casa oscura es un homenaje a la amistad y a la pasión por el trabajo que reúne a Mariela Asensio y Maruja Bustamante


Obra: La casa oscura. Dramaturgia y actuación: Mariela Asensio y Maruja Bustamante. Música: Valentino Alonso. Escenografía: Giuliano Benedetti. Luces: Matías Sendon. Audiovisual: Melisa Fabbretti. Coreografía: Matías Napp, Bianca Loponte. Vestuario: Daniel Herrera. Dirección: Paola Luttini. Teatro: Galpón de Guevara (Guevara 326). Funciones: viernes, a las 21. Duración: 65 minutos.
“Un show documental sobre la salud mental” es el subtítulo de La casa oscura, apenas una línea que condensa todo lo que las autoras y protagonistas Mariela Asensio y Maruja Bustamante quieren decir juntas. Una, obsesiva compulsiva, plagada de TOC; la otra, con tendencias depresivas y autoflagelantes; muy distintas pero por igual consumidas por la cárcel de mentes ingobernables. Bajo el mismo impulso, ponen en escena sus currículums psiquiátricos para despanzurrar el prejuicio y hacer estallar el tabú de lo que se oculta detrás de la norma del “estar bien”.
Mariela Asensio y Maruja Bustamante en La casa oscura
Por esta exposición en primera persona del historial clínico, La casa oscura -que es la mente pero también es la sala teatral- podría definirse como biodrama, autoficción, conferencia performática o, tal como lo llamaron, show documental sobre la búsqueda de sanación. Con humor desde el pedido de ‘’apaguen celulares’', la obra no se despega nunca del acelerador: canciones, coreografías, arengas discursivas, improvisaciones, cambios de vestuario, diálogo multimediático con la pantalla, una carrera contra obstáculos para no perder lo que se quiere encontrar, la salida a un laberinto de voces internas contradictorias y asfixiantes. Y el camino de prueba y error, de avances y retrocesos, es y solo es para estas dos mujeres imparables, el teatro y su centelleante cura contra la oscuridad.
Es en el teatro donde Mariela y Maruja se conocieron hace 20 años, es en esa arena donde con absoluta comodidad sacan sus trapitos y muestran costuras. Es ahí donde se abrazan. No consta en el subtítulo, pero La casa oscura resulta un homenaje revoltoso a la amistad y a la pasión por el trabajo contra viento y marea, un show que ambas se dedicaron después de tanto espacio recorrido. Y con una aliada enorme, la minuciosa dirección de Paola Luttini para dar forma a esta catarsis de energía, un baño sanador después de tanta angustia.

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La temática trans en un unipersonal con corazón
G. LL
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El unipersonal concebido y actuado por Ulises Puiggrós se suma al auge que la temática trans ha tomado en los últimos tiem- pos en la sociedad argentina. Lila fue primero Daniel, un niño que ya a los diez años se sentía niña, que luego fue expulsado de la casa familiar de Montserrat y que a los 18 años debió prostituirse para sobrevivir. Hasta que el arte y un buen amor lo conduje- ron a Madrid y ahí pudo dar rienda suelta a su verdadera personalidad. Desde entonces es una cantante glamorosa, de melena extensísima y formas ampulosas.
De regreso a Buenos Aires, donde realiza una serie de shows en un cabaret, va desgranando su historia en la penumbra de un camarín. En compañía de una asistente o sola, frente a un espejo, recorre tanto los momentos dolorosos de su existencia como los más graciosos. Entre unos y otros vuelve al escenario para entonar seis temas famosos (“Quizás, quizás”, “Un año de amor”, “Que ganas de no verte nunca más”, “Fumando espero”, “Procuro olvidarte” y “Resistiré”) y uno original (de Puiggrós), titulado “Padre”. Esa canción será el pasaporte a la escena final de un espectáculo que, si bien peca de cierta linealidad y falta de progresión dramática, es entretenido y a la vez didáctico. El mérito mayor en Lila corresponde a Puiggrós, que construyó amorosa y milimétricamente el personaje y supo darle carnadura, tanto externa como internamente. De todos modos, no pueden obviarse el vestuario y la escenografía que enmarcan su trabajo, todo un lujo para la escena independiente.

AUTOR Y ACTOR: Ulises Puiggrós. DIRECTORA: Débora Longobardi. voz PADRE: Luis Machín. voz HERMANO: Luciano Cáceres. ESCENOGRAFÍA: Fernanda Díaz. VESTUARIO: Julio César Fernández y Matías Begni. ILUMINACIÓN: Sebastián Francia. producción MUSICAL: Diego Luna. espacio CALLEJÓN: Humahuaca 3759). FUNCIONES: sábados, a las 22:30. DURACIÓN: 70 minutos.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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