miércoles, 26 de abril de 2023

NUTRICIÓN


La fórmula para educar el paladar de los niños y que coman variado
Los especialistas explican que deben probar cada alimento entre 7 y 15 veces para reconocer la textura y el sabor; otros aconsejan actividades como recorrer ferias
Evangelina HimitianAlejandra sirve más de cinco vegetales y cada chico debe servirse tres
En la casa de Alejandra  sus hijos Matías, de 13 años; Nicolás, de 10, y Thomas, de 6, ya conocen la regla. Pueden decir que no les gusta un vegetal solo después de haberlo probado más de cinco veces. “Si me dicen que no quieren calabaza se lo acepto, pero porque la probaron y no la eligen. En cambio, saben que en su plato se van a servir otros dos o tres vegetales, además de la carne o pollo, milanesa, lo que sea”, contó la mujer, que es abogada e influencer.
No siempre fue así. Cuando Matías era bebé, no quería probar nada. Desmoralizada por la situación, cuando fue un poco más grande, la madre incursionó en esa recomendación que le había oído alguna vez a Narda Lepes. “Y me recontrafuncionó. Hoy es un lujo cómo comen”, dijo, mientras preparaba la cena y mandaba una foto de los platos de la familia: tomates, zanahoria rallada, palta, hojas verdes, arroz.
Algunos tienen milanesa y otros, pollo. “Me costó un montó llegar acá”, admitió.
Precisamente, los especialistas en nutrición afirman que se necesita probar un alimento entre siete y 14 veces antes de aceptarlo. La primera vez, un plato con texturas raras o sabores intensos puede resultar una experiencia demasiado extrema para el paladar inexperto. Sin embargo, no es necesario comer una gran cantidad: apenas con probarlo y reiterar la experiencia esa cantidad de veces se crea una huella en la memoria, que abre el paladar y permite superar lo que se conoce como paladar infantil o paladar adolescente. Muchos adultos nunca logran traspasar esa aversión a los sabores más diversos por no haber insistido en probar lo nuevo, lo distinto.
“No existen chicos a los que no les gusta la verdura. Hay chicos a los que no se les enseñó a comer”, dijo Silvina Tassat, licenciada en nutrición, que suele recomendar ese método cuando llegan a su consultorio una madre o un padre preocupados porque sus hijos no comen verduras ni variado.
“El consejo es que no peleen. No sirve de nada que el momento de la comida sea una guerra. Comer obligados refuerza el paladar adolescente. Después, tenemos adultos que no comen verdura o que no salen de la milanesa con papas fritas y de las hamburguesas”, explicó Tassat.
Estrategias
Leticia  es la madre de Ana, de 8 años, y de Mateo, de 2. Mientras que al más chiquito le encanta la fruta, a la mayor desde que nació el hermano se le acentuó el rechazo por el mundo vegetal. “Nos fuimos acostumbrando. Directamente, a ella le servimos la milanesa, el huevo, los fideos, pero para no pelear evitamos la verdura. A lo sumo come cuatro pedazos de tomate y es una lucha. Consultamos con una nutricionista y nos sugirió ese método: que cada día le sirvamos en el plato algún vegetal y que negociemos; la dejamos que no lo coma si, en cambio, lo prueba. Así, para lograr que desaparezca esa aversión. Estamos en esa etapa. Como es muy hábil negociadora, con tal de no comer toda esa montañita de zanahoria, o de zapallitos, o de choclo, accede a simplemente probarlo. Será cuestión de insistir”, dijo la madre.
Otra actividad que hacen por sugerencia de la nutricionista son expediciones a la verdulería, donde la dejan a Ana elegir un vegetal que le dé curiosidad, googlear cómo se puede preparar y cocinarlo juntas.
Efrón tiene en Instagram la cuenta @Alelitips, desde la que publica consejos domésticos. A medida que fue contando su experiencia con el “método bols” en reels, más padres y madres la consultan y le piden recomendaciones. “Mi hijo mayor no comía nada, nada. Era muy frustrante, porque mi marido y yo comemos de todo y me encanta cocinar. Siempre pensé que mis hijos iban a comer variado, pero no pasaba. Había que darle un vaso de agua para que abriera la boca y ahí meterle la comida. No subía de peso, un desastre. Hasta que después de leer mucho y buscar, encontré este método: yo preparo y sirvo en la mesa una bandeja con seis o siete vegetales. Calabaza, tomates, zanahoria, hojas verdes, palta y choclo, entre otros. Mis tres hijos saben que cada uno tiene que elegir tres. No es negociable. Lo mismo que comer las proteínas que les sirvo. Trato de hacérselas rica, como les gusta, y variadas. La verdad es que hoy ellos comen de todo”, recordó Alejandra.
Rocío es la madre de Valerio, de 11 años, y de Tadeo, de 13.
la encontró durante una recorrida con sus dos hijos por la feria Mappa, mientras los tres intentaban ponerse de acuerdo en qué iban a comer. Mientras que Valerio quería probar unos chipirones, Tadeo se inclinaba por una chistorra con papas bravas. “Yo probé chistorra en una feria de food trucks en Necochea y me encantó”, explicó el chico.
“Antes no comían tanta variedad. Pero desde que empezamos a venir a las ferias gastronómicas fueron abriendo el paladar, porque son muy curiosos. Se van animando cada vez más a platos distintos y nuevos. Yo creo que tiene que ver con haberles enseñado desde chicos a comer de todo”, consideró Rocío.
“Me gusta que los chicos entiendan de dónde viene la comida, dónde empieza todo. Que comprendan que lo que consumen no es el paquete que abren, que hay algo antes –dijo Danilo  creador de Hell’s Pizza y Morelia Restaurant, y uno de los chefs que participaron de Mappa–. Me parece que en este sentido estamos bien encaminados, la gente está abierta a probar opciones diferentes. Está el que viene y te dice que nunca había probado un determinado producto y lo hizo acá por primera vez. Eso es buenísimo. Hay un interés mayor por comer bien e incorporar cosas nuevas”.
“Por suerte la cultura gastronómica creció un montón, hoy todos buscan comer rico y bien. Con la diversidad y calidad de recursos que tenemos y la excelencia gastronómica que hay, no podés comer mal”, apuntó la cocinera Maru Botana, otra de las chefs participantes y que siempre abogó por que los chicos, empezando por sus propios hijos, coman variado.
Unos minutos antes, una chica de unos 10 años se había acercado y le pidió que le explicara, una por una, de qué estaba hecha cada torta. “Esto antes no pasaba. Hemos crecido como consumidores, estamos aprendiendo de la diversidad. Está el que come sin gluten, el que es vegano, el que come de todo… Eso es maravilloso y los pequeños están educando el paladar porque los padres fueron evolucionando mucho en su alimentación”, concluyó Botana.

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