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sábado, 12 de septiembre de 2020

LA OPINIÓN DE PABLO SIRVÉN,


Buscan vacuna contra Larreta y la ciudad
Pablo Sirvén (@psirven) | Twitter
Pablo Sirvén 
El problema de fondo no es Larreta; el problema real es CABA (Ciudad Autónoma de Buenos Aires). Que la mayoría de sus habitantes sean tan refractarios al peronismo desde siempre y que CABA sea, al mismo tiempo, sede central del gobierno nacional, en manos precisamente de dicha fuerza política, jamás fue una buena combinación. Algo, por lo demás, bastante recurrente: de los 37 años que transcurrieron desde la recuperación de la democracia, en 1983, un cuarto de siglo estuvieron, y siguen estando, justicialistas en la cima del poder nacional.
Porteños y gobernantes peronistas funcionan como un matrimonio muy mal avenido, pero condenado a seguir unido contra su voluntad. El miembro más fuerte de esa extraña pareja (el Gobierno), lejos de querer congraciarse con el otro, que lo mira con desdén, pero que es infinitamente más débil (la ciudadanía), lo maltrata con palabras resentidas y medidas que solo ahondan esa mutua enemistad. La última violencia verbal fue anunciar un banderazo con “argentinos de bien” cuando el Covid sea un recuerdo, en contraste, seguramente, con la “argentinos de mal” que expresó varias veces su protesta con cacerolazos y banderazos.
Rodríguez Larreta respondió a las críticas de Alberto Fernández sobre la  “opulencia” de la ciudad de Buenos Aires: “Hay que nivelar para arriba” -  Infobae
Como un marido golpeador, le enrostra a la ciudad su “opulencia” en el desgraciado momento en que se encuentra más caída y semiparalizada que nunca, con un número creciente de personas en situación de calle y de locales vacíos. Una irritante caracterización del presidente Alberto Fernández que, en cambio, felicitó a los abrazos (y sin tapabocas) el “modelo Insfrán” (Gildo Insfrán, el gobernador vitalicio de Formosa, una de las provincias más pobres) y de la supervicepresidenta Cristina Kirchner, que engalanó con su presencia y sus palabras en contra de la Capital la asunción de Fernando Espinoza, en La Matanza, otra vez como intendente del partido bonaerense más pobre, pero que definió la elección a favor del Frente de Todos. Ambos Fernández, sin embargo, tienen domicilio en los dos barrios porteños más ricos: Puerto Madero y Recoleta, respectivamente. Pero juntan sus votos en los distritos más improductivos, que subsisten con empleos públicos y planes. No les va nada mal con esa fusión tan particular.
Hay dos factores actuales más que agravan y potencian al máximo dicha tensión: 1) el jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, es el político argentino con mejor imagen, y primer precandidato a presidente explícito para 2023, y 2) la manera de encarar el combate contra la pandemia en la ciudad se ha convertido en otro cruento campo de batalla.
Que la Argentina ya esté en el top ten de los países con más contagios y que la peste avance sobre varias provincias, en tanto Buenos Aires sigue abriendo actividades y sus calles recobran cierta vitalidad con bares y restaurantes al aire libre, es algo muy difícil de digerir en el oficialismo nacional. De hecho, por presión de los gremios docentes, siguen impidiendo reabrir escuelas para actividades puntuales previamente convenidas y aplicaron una sorpresiva marcha atrás en terrazas y patios de locales gastronómicos.
Es que el presidente Fernández se la pasó meses jactándose de que el mundo nos miraba como un ejemplo a seguir. La cruda realidad lo hizo abandonar ese sueño que solo se podía sustentar con la gente encerrada en sus casas para siempre. Primero se deshizo de la palabra “cuarentena”, aunque perduren cantidad de graves restricciones, y luego dio por terminada la etapa de los anuncios tripartitos (junto a Larreta y Axel Kicillof). Coincidió con el traslado del virus con mayor virulencia al interior del país. Una buena razón, de paso, para quitarle vidriera al político mejor posicionado, que encima no es propio y comanda la odiosa ciudad de Buenos Aires. No por casualidad, Cristina Kirchner, que algo entiende de política y de estrategias, lo ha puesto en su mira.
Horacio Rodríguez Larreta - Home | Facebook
Objetivo: cargarle a toda costa el muerto de la escalada local de la pandemia a Larreta. ¿Serán también los runners o los merodeadores de bares los culpables de que el 83% de las camas de terapia intensiva de Río Gallegos estén ocupadas? El periodismo oficialista, parte del coreanocentrista y, ni se diga, las redes sociales vienen batiendo el parche en estos días, logrando sucesivos trending topics con los hashtags #botonro-joya y #CABA. No soportan que la gran vidriera nacional, que es Buenos Aires, pueda ir dando pasos firmes hacia la normalización, en la medida en que la cantidad de contagios sigan en un número estable, pero alto, entre 1100 y 1300 casos. El sistema de salud porteño viene respondiendo incluso mejor que en las últimas semanas, tanto es así que el Ministerio de Salud capitalino analiza la posibilidad de dar francos rotativos de una semana al muy exigido personal del sector.
Al trascender videítos registrados por militantes patrullajes de “jefes de manzana” virtuales en torno de cervecerías muy concurridas (el conurbano saturado de gente se ve que no les interesa), autoridades capitalinas intensificaban los procedimientos sin alarmarse por demás, entendiendo que algo parecido había sucedido cuando los runners volvieron a correr.
Buenos Aires es refractaria al peronismo y el Gobierno se venga con maltratos verbales y restricciones

sábado, 5 de septiembre de 2020

LA OPINIÓN DE PABLO SIRVÉN,


Golpe a golpe, verso a verso
Pablo Sirvén | Fundación Konex
Pablo Sirvén 
Al final, el más cuerdo de la semana resultó Eduardo Duhalde al reconocer que su alocado anuncio vintage de la inminencia de un posible golpe de Estado, tal como los que asolaron la Argentina del siglo XX, pudo deberse a “un desenganche momentáneo de la realidad”.
En estos días se vieron y se dijeron cosas que también hacen dudar de la lucidez no solo de Duhalde, sino de los principales gobernantes, algo mucho más preocupante.
Para empezar, el presidente Alberto Fernández, que no tenía techo en las encuestas cuando se convirtió en el primer cruzado contra el coronavirus, ahora que esos mismos sondeos lo dan barranca abajo, sorprendió abrazándose conceptualmente, en dos ocasiones diferentes, a la pandemia. Aseguró que “a la Argentina le fue mejor con el coronavirus que con el gobierno de Macri” y que “por ahí los argentinos necesitábamos un virus que nos una”.
También generan perplejidad las crecientes maneras de severa maestra jardinera con sus pequeños alumnos que la vicepresidenta Cristina Kirchner intenta aplicar a los miembros del Senado en cada sesión. ¿Los expertos tendrán algo que decir sobre ciertos inquietantes desdoblamientos de personalidad?
“No estoy exento de temas psicóticos”, se sinceró con gran hidalguía el mentor de los Kirchner al aclarar los dichos que revolucionaron a la clase política y a los medios de comunicación. Pero ¿qué tipo de “desenganche de la realidad” sufrirá oscar Parrilli, que reconoció que su polémico inciso “e” de la reforma judicial aprobada por la Cámara alta era tan solo “un anzuelo” que pretendía demostrar que los dirigentes de la oposición son “voceros” de los medios y que hacía la concesión de quitarlo por “el susto que les daba”. ¿No debería, quien fue entusiasta miembro informante de la privatización de YPF en el Congreso, en plena era menemista, comprarse algún juego de mesa para canalizar por allí sus impulsos lúdicos?
Más bochornoso aún resultó la prometida creación de 1700 nuevos cargos (361 de ellos agregados en tan solo quince minutos como groseras concesiones a las provincias con el fin de sumar voluntades a la ajustada votación que se espera en Diputados). En este punto, cualquier psiquiatra señalaría una grave disociación si se tiene presente que casi al mismo tiempo se estaba firmando un nuevo acuerdo con el FMI que exige bajar el gasto público o subir los impuestos para achicar el déficit fiscal. Adivinen cuál de las dos opciones está tomando el Gobierno.
“Nunca como ahora –completó Duhalde en su autocrítica rectificación televisiva–ves gente que dice cosas que en su sano juicio no las diría”.
Pero la sabiduría popular asegura que los chicos y los locos siempre tienen razón. Más allá del valiente reconocimiento de Duhalde de que algo no estaba funcionando bien en su cabeza, su recurrencia al golpe tal vez no haya sido pura imaginación, sino un revoltijo de recuerdos tangibles que, por alguna razón, pugnaron por salir de nuevo a la superficie de su conciencia.
Veamos: golpe y peronismo tienen una asociación indisoluble en su origen. Ese movimiento político nació en el seno de la dictadura militar de 1943 y ungió a su líder castrense más carismático –Juan Domingo Perón– para, urnas mediante, convertirlo en el experimento más exitoso y persistente de la democracia argentina de los últimos 75 años.
Lo castrense siempre fue primordial en Perón: inauguró sus tres presidencias vistiendo el uniforme de general y eligió asumir las dos primeras el 4 de junio de 1946 y, reelección de por medio, de 1951, para conmemorar el aniversario del día del golpe del 43. Tuvo algunos ministros militares y en 1955 le entregó a su hombre de confianza, el general Franklin Lucero, una nota en la que afirmaba que “el Ejército puede hacerse cargo de la situación”, que fue tomada como difusa renuncia. Hay más: en 1956 hubo una sublevación de uniformados peronistas, que fueron fusilados, y, diez años más tarde, Perón recibió con cierta expectativa el asalto al poder de Juan Carlos onganía. Finalmente, en 1974, cuando se produjo el sangriento ataque del ERP al regimiento de Azul, Perón, ya presidente por tercera vez, habló por cadena nacional vistiendo una vez más como general para llamar a “aniquilar cuanto antes este terrorismo criminal”, que, tras su muerte, tomó la forma de cuatro decretos “de aniquilamiento” en los que las Fuerzas Armadas justificaron su desborde represivo, incluso antes de 1976.
¿Confundió Duhalde en su “desenganche” golpes militares con golpes de palacio? Los así llamados son los que se producen en el seno de un mismo gobierno, donde unos se desplazan a otros. Así sucedió justamente en la dictadura del 43, al quedar por el camino los presidentes Arturo Rawson y Pedro Ramírez para que asumiera Edelmiro Farrell, más dócil a Perón. También pasó en democracia, en los 70, cuando Héctor Cámpora duró apenas 49 días en el poder, desplazado para dejarle su lugar al caudillo justicialista. Desde 1983 no hay golpes militares en la Argentina, pero sí hubo lo que Alfonsín llamó y sufrió “golpe de mercado”, en 1989. La historia pone en un lugar de debate el papel crucial que ese expresidente y precisamente Duhalde pudieron jugar a favor de la caída de Fernando de la Rúa, en 2001.
A Duhalde, hombre del conurbano, ¿acaso se le mezclaron los cables al interpretar los “sordos ruidos” que de allí provienen desde que el intendente de José C. Paz, Mario Ishii, anunció con bombos y platillos que para fines de agosto íbamos a estar como en 2001? ¿Hay algo que el “loco” Duhalde presiente, o sabe, que pueda llegar a ocurrir muy pronto?

viernes, 28 de agosto de 2020

LA OPINIÓN DE PABLO SIRVÉN,


El raro arte del disimulo en Télam
PABLO SIRVÉN ESTALLÓ CONTRA ALBERTO FERNÁNDEZ Y EL PRESIDENTE LO CRUZÓ
Pablo Sirvén Foto de Télam con la que la agencia informó sobre la marcha del lunes
Mientras los principales portales informativos llamaban la atención sobre la “cláusula Parrilli”, agregada entre gallos y medianoche en el dictamen legislativo por mayoría para reformar la Justicia, como una brutal manera de amedrentar a magistrados y periodistas, la agencia oficial Télam titulaba, silbando bajito: “El proyecto de reforma judicial quedó en condiciones de ser aprobado en el Senado”.
Solo en el noveno párrafo de la crónica respectiva aludía muy al pasar, y como quien no quiere la cosa, a que “la oposición cuestionó la inclusión de la palabra ‘mediáticos’”, sin ahondar en las razones de la controversia. Sucedió algo parecido con el congelamiento de tarifas de telefonía, internet y cable, y su declaración como servicios públicos esenciales. Tampoco incluyó en sus despachos las voces disonantes en la materia. Nota aparte en cambio sí tuvo para que se explayara a gusto la diputada Fernanda Vallejos, entusiasta autora y precursora de la idea hace un par de meses. Ídem, Gustavo López, del Enacom.
El arte del disimulo en cualquier noticia poco favorable al oficialismo es una destreza de la nueva administración, que marca cierto contraste sutil con la etapa desembozadamente militante de la agencia en tiempos de Cristina presidenta, cuando el Nestornauta funcionaba a manera de logo en el cabezal del sitio.
Se intenta así complacer en parte al albertismo, que trata de tener más moderados modos que el ala ultrakirchnerista del Frente de Todos, pero que también debe impostar cierta rudeza para conformar a su principal “cliente interno” que es quien ideó la fusión entre diversos peronismos para reconquistar el poder: la vicepresidenta Cristina Kirchner.
El verano es silbar | Ideal
 Ese esmerado bordado para esconder los flancos más débiles de las acciones oficiales debajo de la alfombra vira hacia maneras más toscas cuando se trata de polémicas protagonizadas por la oposición. Ejemplo: minimizó la cobertura del 17-A, que fue peyorativa y la ilustró con una de las pancartas más agresivas (un cartel que decía “48% de imbéciles”, en alusión a los que votaron al actual gobierno). Y en cuanto pudo, la desplazó del primer plano para poner en su lugar las disculpas del jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, al personal de salud “por no haber podido evitar la marcha”, textual que abrió el portal durante varias horas.
Télam depende del secretario de Medios y Comunicación Pública, Juan Francisco Meritello, que comandaba el holding comunicacional oficialista octubre. Por momentos prueba establecer vasos comunicantes con el otro extremo de la grieta. No es raro, por eso, que se enorgullezca de la impecable cobertura de la marcha opositora que hizo esa medianoche el noticiero de la TV Pública, conducido por Daniel López, que sobrevivió a los cambios del 10 de diciembre. 
Ya Sabe Mi Secreto... Tengo Que Disimular - Meme De La Rana Rene ...
Meritello propició que para el reciente 75º aniversario de la agencia, los saluditos en video no se limitaran a los propios, sino que también se sumaran algunos notables referentes de la oposición. Algo que no fue bien recibido por los sectores más ultras de la redacción, todavía en carne viva por el pésimo plan de achique encarado por el gobierno anterior, con 357 despidos, revertidos en gran parte por orden judicial y por un durísimo plan de lucha que eyectó a las autoridades de ese medio y a sus editores más leales hacia una redacción paralela en Tecnópolis. Aquellos que empatizaron más con la gestión anterior no la están pasando bien a partir del cambio de mandos.
Desde la anterior gestión kirchnerista, a los medios oficiales se los rotula de “públicos”, una caracterización que les queda grande ya que siguen siendo esencialmente gubernamentales. Los temas de género, lenguaje inclusivo y derechos humanos tienen lugares destacados y persistentes en la dieta diaria de noticias que ofrece. Además cuenta con el apartado “Confiar” para detectar fake news y denunciarlas.
Hipocresía, el arte de la simulación y el disimulo - Psicología ...
El arte del disimulo que ejerce Télam requiere de un ejercicio intenso de la omisión. Ejemplo: titula “Rafecas aclaró que sigue firme en su aspiración de acceder a la Procuración General de la Nación”, pero no desarrolla que el actual magistrado no quiere que se toque la mayoría de 2/3 que haría falta para elegirlo. otro caso: al dar a conocer el aumento en los combustibles, subrayó en una misma crónica en cuatro (4) ocasiones que era el primer aumento desde diciembre. Esa delicadeza para amortiguar los costados inconvenientes de las decisiones oficiales no se extiende a la principal fuerza de la oposición. “La factura de gas en hogares creció más del triple durante el macrismo”, tituló casi al mismo tiempo sin que viniera al caso.
La directora de Télam es Bernarda Llorente, que secundó a Claudio Villarruel en el manejo de la programación de Telefe hasta 2009. Desde entonces hicieron un giro en sus carreras al conducir programas radiales, con un claro sesgo político militante. Llorente agradeció hace pocos días desde su cuenta de Twitter el curso de periodismo digital que la agencia le encargó dictar a una connotada panelista de 678.
La agencia oficial esconde lo que no favorece al Gobierno y no ahorra críticas a la oposición

domingo, 23 de agosto de 2020

LA OPINIÓN DE PABLO SIRVÉN,


Paradojas que no tienen nombre
Pablo Sirvén: "El gran fortalecido es Tinelli" - Luis Novaresio
Pablo Sirvén 
Alberto Fernández dijo el viernes que la serie de restricciones a las que está sometida la Argentina desde marzo ha dejado de llamarse “cuarentena”, pero no comunicó el nuevo rótulo. Lo que nos pasa, pues, no tiene nombre. En la jerga popular, lo que no tiene nombre es algo inaudito, inaceptable.
sí: no tiene nombre que estrechos seres queridos tengan prohibido visitarse desde hace cinco meses. Los muy longevos temen no poder ver a los suyos nunca más, y no por culpa del Covid, sino por la propia extinción que pueda marcarles en este extendido tiempo su propio reloj natural, algo de lo que no habla ningún comité de expertos, al menos públicamente.
Tampoco tiene nombre la insensibilidad de ningunear a los sectores más castigados de la construcción, el turismo, el transporte, la gastronomía y el entretenimiento, entre otros, y a los que viven de las changas y de la venta callejera, sin olvidar a los cientos de miles de desocupados formales e informales que va arrojando esta crisis sanitaria mundial. ¿Alguien en verdad cree que los subsidios que reparte el Estado alcanzan y llegan a todos los que los necesitan?
El Presidente solía decir que entre la economía y la vida elige a esta última. Pero ¿cuántas vidas terminará llevándose una economía tan maltrecha? Secuelas de todo tipo, también psiquiátricas, otras enfermedades y las prevenciones tardías dejarán su huella profunda durante años.
Si las políticas del gobierno anterior producían “tierra arrasada” y heladeras vacías, según no se cansaban de fogonear los que ahora están en el poder, y a eso se le agrega el discutible manejo local de la pandemia que deparó que el consumo interanual en julio bajara 5,2%, hay quienes piensan que esa situación debería llevar por nombre un insulto.
“No disfruto ninguna cuarentena, que no existe”, sentenció Fernández. “Eppur si muove”, podrían responderle los más golpeados por las restricciones, tal como musitó Galileo Galilei ante el tribunal que lo quería quemar vivo si seguía repitiendo que los planetas daban vueltas alrededor del Sol y no al revés.
En la conferencia de prensa, el Presidente dio por inexistente algo que sí existe –la cuarentena o como quiera llamársela (de hecho extendió por undécima vez su vigencia por otras dos semanas)– y, en cambio, tanto el jefe del Estado como Axel Kicillof hablaron como si fuese un hecho consumado y sí existiese la vacuna de Oxford, una posibilidad ciertamente muy auspiciosa, pero que se encuentra aún en fase experimental, aunque la Argentina y México empezarán a producirla de todas maneras.
“Es un tiempo distinto”, dijo crípticamente el Presidente, como si esa consigna por sí sola tuviese el don divino del alivio. El relato llevado al extremo: “¿Cuál es la cuarentena eterna?”, se preguntó Kicillof, que, además de atacar como siempre a los medios de comunicación, crucificó a los que juegan al golf. Insólito.
Las paradojas no son patrimonio exclusivo del Gobierno. En la vereda de enfrente se acumulan otras cuantas. Propiciar una movilización, como la que se convoca para mañana en estos tiempos raros y cruentos, tiene también sus costados ambivalentes y contradictorios.
Las protestas callejeras motorizadas por la militancia de Juntos por el Cambio solían antes realizarse en fechas al azar, pero este año se suceden en feriados patrios, lo cual funciona como un ordenador aglutinante más previsible. De paso, asocia a la principal coalición opositora con los recordatorios de nuestras principales gestas históricas, lo que invita al cotillón celeste y blanco, algo que el kirchnerismo también transitó, pero circunscripto al 25 de Mayo, intentando resignificarlo por la asunción como presidente de Néstor Kirchner, en aquel día de 2003.
La movilización convocada para mañana presenta en sí misma una gran paradoja: si es exitosa –ergo, masiva–, se pondrá en riesgo la máxima prevención sanitaria, que es precisamente evitar las aglomeraciones, causa principal de contagios. Si fracasa, en caso de no conseguir una concurrencia importante, la principal oposición agregará un nuevo motivo de debilidad frente a un gobierno que juega al gato y el ratón con sus contrarios. Muchos tocarán bocinas desde sus autos.
Ayer, durante la emisión de su programa en Radio Mitre, Marcelo Bonelli se comunicó con Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta, quienes exhibieron posturas divergentes ante la convocatoria. La presidenta de Pro dijo que iba a participar, en tanto que el jefe de gobierno porteño expresó que no sería de la partida. Ya el vicejefe, Diego Santilli, había dicho que no creía que la marcha fuera conveniente. Pero tal desmarque del ala más dura de Cambiemos no conforma al periodismo militante oficialista, que con sus bruscos modales habituales le exige a Larreta que “haga algo” y los disperse. Comunicadores coreanocentristas, algo más sobrios, también buscaban definiciones más contundentes.
El actor Luis Brandoni, que ya se convirtió en el célebre vocero de estas marchas, intentó tranquilizar desde las redes: “Vamos a hacernos oír cumpliendo todos los protocolos que hay que respetar”.
La cuarentena dejó de llamarse así y una marcha busca el éxito sin aglomeraciones

domingo, 16 de agosto de 2020

LA OPINIÓN DE PABLO SIRVÉN,


Cristina y Macri, la historia sin fin
Pablo Sirvén | Fundación Konex
Pablo Sirvén
Los viajes del expresidente; los tuits de la vice y el plan de venganza
Al antiperonismo no le fue muy bien agitando aquello de “tirano prófugo” mientras Juan Domingo Perón estaba en el exilio. El “no vuelve más” y el “no le da el cuero para venir” no funcionaron y el fundador del justicialismo terminó muriendo en la Argentina con la banda presidencial cruzando su pecho.
El kirchnerismo repite lo de “prófugo”, ahora aplicado a Mauricio Macri, a quien sobredimensiona, por su viaje reciente de horas a Paraguay, y lo vuelve a usar en estos días cuando el expresidente viajó a Europa para entrar en funciones como titular de la fundación de la FIFA y para que Juliana Awada se reencontrara con su hija Valentina. Piensan regresar a fines de este mes.
Resulta ambivalente en sus sentimientos el kirchnerismo hacia el jefe de Estado anterior: se irrita cuando habla o firma esporádicamente algún documento, pero lo extraña sin disimulos cuando pone distancia.
Hay muchas vestiduras rasgadas y afectados análisis retóricos sobre la supuesta falta de ética de Macri por ausentarse en tiempos de pandemia y hasta recibe emplazamientos extemporáneos para que se expida sobre si abandona la política y su virtual liderazgo de la oposición, algo que solo deberán resolver él y sus aliados. Mientras tanto, a Juntos por el Cambio parece sentarle bien el llano. Lejos de producirse un cisma en sus filas, se muestra cada vez más compacto y sin las ansiedades de un movimiento verticalista para definir un liderazgo único y absorbente. En ese sentido, gusten más o menos los vuelos y los hoteles de Macri, sus maneras e irrupciones con cuentagotas terminan siendo funcionales para que se escuchen más voces en esa coalición en un pie de igualdad. El exmandatario viene repitiendo que quiere contribuir en la coordinación de ese espacio. ¿Una suerte de primus inter pares, más que un líder convencional que impone su voz más elevada por el solo hecho de haber sido presidente? De ser así, sería una experiencia novedosa y saludable para un sistema político demasiado enfermo de unicatos caudillistas.
Mientras la Justicia no reclama al exjefe de Estado, no hay juez que haya pedido su captura internacional ni ninguna de las causas que se le abrieron está cerca de ser elevada a juicio oral, Cristina Kirchner tuiteó el jueves furiosa: “No hay argentino más impune que Mauricio Macri”.
La supervicepresidenta de la Nación está convencida de que su palabra cuenta con la infalibilidad que el Vaticano les otorga a los papas en cuestiones doctrinarias. “Una palabra tuya bastará”, dice la cita bíblica, pero claro referida a Cristo, el hijo de Dios para los cristianos. En cambio, los cientos de miles de palabras, acumulados como pruebas en toneladas de expedientes contra ella son pura y simplemente lawfare. Pero a su palabra la pretende con fuerza de ley, tal como sucede en un régimen autocrático.
De paso, en la sucesión de coléricos tuits que acompañó ese primer grito desgarrador –en el que subyace casi un pedido subliminal de clemencia que podría también querer decir: “¿Por qué me acusan a mí y no a él?”–, con sus menciones peyorativas a magistrados concretos terminó de desbaratar del todo la fachada formal de la reforma judicial que con tanto esmero había presentado Alberto Fernández, al apelar a argumentos prácticamente autoincriminatorios. El “fuego amigo” ya es casi una rutina para el Presidente, que en la semana que pasó tuvo, al menos, la buena noticia del alivio que significa haber cerrado el acuerdo con los acreedores.
Sin embargo, el ritmo y los modales más apocados del Presidente están haciendo entrar en combustión al volcán CFK, cuyo cráter ya ha empezado a lanzar densas bocanadas de humo negro y amenaza con despedir lava incandescente en las cantidades que hagan falta para arrastrar a cualquiera que se ponga en su camino, sea de las filas contrarias o de las propias. Sabe que el tiempo juega en su contra y que su desesperación ha empezado a notarse –el tuit contra Macri, al que siempre trató de ignorar y no mencionar, lo prueba–, y que como las causas en su contra no se pueden hacer desaparecer de un plumazo, ha decidido acelerar por las suyas el operativo venganza contra su antecesor: de la noche a la mañana, varios de sus funcionarios quedaron procesados sin ni siquiera poder analizar las pruebas en su contra para defenderse y hasta sueña con la quiebra fraudulenta del Correo para dejar a los hijos de Macri, que son accionistas, a tiro de la Justicia. El ojo por ojo por Máximo y Florencia (que no fueron meros accionistas de Hotesur y los Sauces, sino también directores, ergo mucho más involucrados en el funcionamiento de esas sociedades).
Como esos animalitos que tienen un mágico radar incorporado para presentir desastres naturales pocas horas antes de que sucedan, rompió su largo silencio el rottweiler de Cambiemos, Elisa Carrió, primero para defender a Horacio Rodríguez Larreta de la coordinada ofensiva en su contra (por orden de aparición: Wado de Pedro / Cristina Kirchner / Alberto Fernández) y después para denunciar los últimos movimientos de la supervicepresidenta que buscan “garantizar su impunidad”. Clarita como siempre.

miércoles, 12 de agosto de 2020

LA OPINIÓN DE PABLO SIRVÉN,


Ishii, el señor de los cielos bonaerenses
Pablo Sirvén fue contra periodista que investigó aportes truchos ...
Pablo Sirvén 

Háganles caso a los barones del conurbano y no se pierdan los doce minutos completos que dura la grabación en la que Mario Ishii discute en la calle y de noche con un grupo de conductores de ambulancias. Un férreo coro corporativo de colegas del intendente de José C. Paz hicieron escuchar fuerte sus voces para alertar que había sido “sacada de contexto” la frase “Me estaban vendiendo falopa con las ambulancias” y que para juzgar correctamente había que ver la pieza completa. Nada más revelador.
El casting y la dirección actoral del involuntario cortometraje suburbano es inmejorable: el capanga lleva la voz cantante y ocupa el centro de la escena, con pleno dominio de la situación. No confunde las palabras “falopa” y “medicamento”, ni las usa como sinónimos, como insinuaron sus amigotes pejotistas de otros distritos bonaerenses y él mismo, por la sencilla razón de que durante su stand-up grabado por alguien que está pegado a su derecha distingue y usa perfectamente ambos vocablos: la palabra “falopa” la pronuncia dos veces, habla cuatro veces de “medicamento” y una vez menciona “paracetamol”. Ahora sabemos que la farmacología era una de sus pasiones ocultas.
Hay que reconocerle a Ishii una claridad de conceptos envidiable. “Entre que a ustedes les vaya mal y peor a mí, que les vaya mal a ustedes; quiero ser franco. A mí no me toquen el culo”. Martín Scorsese debería ficharlo para una de sus próximas historias de personajes poderosos y oscuros.
Para conseguir nuevas ventajas, los que protestaban pretendían emular los boicots que popularizó tristemente la familia Moyano a empresas que no acceden a sus reclamos, y bloqueaban la salida de las ambulancias. Suena mal impedir el paso de esos vehículos en cualquier época dado que suelen movilizarse para atender urgencias. ¿Con qué improperio calificar ese boicot si, encima, el escenario es de pandemia, con contagios y muertes que aumentan a diario en el desbordado Gran Buenos Aires?
Amo y señor desde las entrañas hasta el último hilo de su característico poncho rojo y negro, Ishii sabe apretar y mostrarse alternativamente paternalista al recordarles cómo también los protege “cuando se mandan una cagada que me venden falopa” (sic).
Le va a salir cara la jodita: el intendente de José C. Paz quedó ...
“Falopa” no pretende en este caso ser un eufemismo de potrero de la más formal palabra “medicamento”. Como se aprecia en el videíto bonaerense, sendos vocablos son dos cosas distinguibles pero que conviven armónicamente, no solo en el abstracto mundo del lenguaje. También se corporizan (falopa y medicamentos; después de todo, ambos son drogas) dentro de las ambulancias. Ya hace un tiempo trascendió que en Chaco habían interceptado a unos enfermeros que llevaban cocaína en un vehículo de ese tipo.
Todo tiene una explicación, aun en las catacumbas más sórdidas: la cuarentena complicó a los transas para moverse en sus bicis, motos o autitos destartalados. Cualquier control podría malograr una entrega. Las ambulancias pasan carpiendo sin que nadie las pare. Aunque, como decía Tusam, puede fallar, como sucedió en el infectado reino de Coqui Capitanich.
Y los mentados “medicamentos”, ¿qué función cumplen en esta historia de perdedores? El mismísimo Ishii lo aclara, en declaraciones posteriores al escándalo: “Falopa es todo lo que es Rivotril y ese tema”, dijo. La circulación creciente de sustancias como el clonazepam y el alprazolam sería “ese tema”. Mezclados con bebidas alcohólicas, marihuana y paco provocan efectos alucinógenos muy indicados para salir “de caño” con polenta. No todos se quedan en casa.
“La pandemia –apuntó anteanoche el diputado de la Coalición Cívica-ari Héctor “Toty” Flores, en Hablemos de otra cosa (repite hoy, a las 23, por LN+)– ha expuesto de manera obscena la realidad que vivimos en el conurbano”.
El “conurbanólogo” Jorge Ossona señala que la “puja distributiva”, que también se da en las capas más desamparadas de la sociedad, ya no es solo por comida y planes, sino por zonas liberadas que gestiona el poder político. Ishii, a diferencia de algunos de sus pares, que administran miseria en sus distritos, pero que duermen en Puerto Madero, en Las Cañitas o en algún country, es un intendente de los de antes, que se camina la calle, conoce el territorio y habla sin temor con el que venga, sea un pan de Dios o un testaferro de Lucifer.
Preguntas: ¿están unidos en una misma secuencia el videíto del escándalo con la entrevista que Ishii dio a Perfil el 5 de julio último, en la que advertía que se aproxima un nuevo 2001? ¿Es un “vuelto” por aquella nota? ¿Notó Ishii que lo estaban grabando y no le importó? ¿Qué opinará de todo esto el secretario de Seguridad, Sergio Berni? En vez de hacer el noticiero mundial del Covid (y errar en los datos de otros países), ¿no hay nada que pueda hacer el gobernador Axel Kicillof?
Toty Flores deja picando una hipótesis más que inquietante: “Ya no es la interna por quién reparte la bolsa de comida, sino quién maneja el delito en la provincia de Buenos Aires. Esa interna termina a los tiros. Por eso es tan peligroso el momento que estamos viviendo”.
El video del intendente de José C. Paz es solo la punta de un iceberg oscuro del conurbano

martes, 4 de agosto de 2020

LA OPINIÓN DE PABLO SIRVÉN,


Planes, sí; planes, no; el dilema de Alberto
Pablo Sirvén fue contra periodista que investigó aportes truchos ...
Pablo Sirvén 
Contradicciones y metáforas inoportunas sobrevuelan el discurso presidencial
La meta puede ser ir a Mar del Plata. Pero decidir cuándo, con quién, en qué medio de transporte, por cuál ruta, con qué presupuesto y por cuánto tiempo es el plan. Ergo, si no hay plan, no hay forma de llegar a ninguna meta de manera razonable, por más que sea un objetivo tan sencillo como viajar a Mar del Plata.
“Francamente no creo en los planes económicos”, se ufanó días pasados el presidente Alberto Fernández, ante el Financial
Times, algo que había quedado bastante claro la semana anterior al bambolearse entre muy contradictorios pareceres (Vicentin, Venezuela, memorándum de entendimiento con Irán y otros temas cruciales). No creer en ningún plan es la explicación más simple del estado cada vez más calamitoso de la economía nacional en las últimas décadas, sin distinción de banderías. Aquí, curiosamente, no hay grieta alguna: todos contribuyeron a arruinarla con depredadora energía.
Pocas horas después de esa desconcertante declaración, Fernández volvió a hablar, pero a los bonistas y con un ruego. “Haremos todo el esfuerzo, pero no podemos más que esto”, les dijo a los acreedores, habituales lectores del influyente periódico económico londinense.
La pregunta del millón es a cuál de sus dichos habría que darle crédito cuando una persona salta con frecuencia de ciertas posturas a otras sin mayores explicaciones.
A principios de febrero último, por ejemplo, el Presidente expresó ante el Instituto de Estudios Políticos de París lo siguiente: “No es verdad que no tenemos plan, es verdad que no lo contamos. Y no lo contamos porque estamos en plena negociación. Sería como descubrir las cartas. Estamos jugando al póquer y no con chicos. Tenemos que hacerlo bien, con inteligencia. Pero el plan es volver a poner en funcionamiento la economía”.
Para conseguir la aprobación de un préstamo personal en un banco no solo hay que explicitar para qué se lo quiere, sino también hay que comprometerse a pagarlo en tiempo y forma, para lo cual se deben presentar una serie de documentaciones y garantías. Ninguna entidad crediticia se sienta con sus clientes a jugar a nada, mucho menos al póquer. Pero si al Presidente le gusta esa metáfora, habrá que recordarle que su ministro de Economía ya viene perdiendo 15.000 millones de dólares en sucesivas cuatro partidas con los acreedores en el tira y afloja por un acuerdo que se demora en llegar. Y cuando dice que su plan es “volver a poner en funcionamiento la economía”, confunde de nuevo una meta con un plan. Todos, de Isabel Perón a Mauricio Macri, tenían idéntico deseo. Pero erraron en el plan o pensaron que no era necesario tenerlo, como acaba de sincerarse el primer mandatario.
Pero, atención, que como te digo una cosa, te digo otra. “Hay quienes andan renegando de que no tenemos planes y los planes los teníamos desde el primer día”, sorprendió anteayer el Presidente, en una videoconferencia desde la residencia presidencial de Olivos para anunciar la cuarta etapa de asistencia a pequeñas y medianas empresas. Así, el Alberto Fernández que habló con el Financial Times el domingo último resultó desmentido por el Alberto Fernández del viernes. ¿Es necesario que en la vida real rubrique la caricatura presidencial de Alejandro Borensztein, en Clarín, que pinta a un Alberto Fernández distinto para cada día de la semana?
En ese plan de borrar con el codo lo que escribe con la mano, el Presidente, que en forma loable convoca a terminar con los “odiadores seriales” en vez de confrontar, si fuera necesario, con la anterior administración con datos y serias argumentaciones que permitan avanzar en soluciones tangibles, prefiere, en cambio, empantanarse al insistir en metáforas panfletarias ideales para videographs televisivos o titulares de diarios, como aludir al gobierno que lo precedió como “otras pandemias que vivió la Argentina sin que ningún virus haya pasado”. Inoportuna insensibilidad en momentos en que arrecian los casos de Covid.
Pongamos que, a falta de plan, pronunciar esa u otras diatribas resultara, como por arte de magia, en una sustancial mejora en el funcionamiento de la economía, no cabría otra cosa que aplaudir. Pero, lamentablemente, eso no sucederá y, en cambio, se hará más tóxico el diálogo que tiene que fluir entre las distintas fuerzas políticas, en momentos difíciles como los que nos toca vivir. ¿De verdad creen que mandar a callar a los representantes del 41% que perdió las elecciones funcionará como talismán suficiente para ganar los comicios del año próximo?
Dar el ejemplo: la excelencia empieza por casa. Con las firmas de los presidentes de ambas cámaras del Congreso, Cristina Kirchner y Sergio Massa, el Poder Legislativo elevó al Presidente la propuesta para designar a los directores de RTA en representación de la primera y segunda minoría parlamentaria. Un mes y medio más tarde, el jueves último, Alberto Fernández firmó el decreto 608/2020, que designa solamente al director propuesto por el oficialismo, ignorando al representante de la oposición. Medios estatales sin control, un clásico del peronismo de siempre. Acá sí, nunca hay contradicciones.

viernes, 17 de julio de 2020

LA OPINIÓN DE PABLO SIRVÉN,


Un clásico del peronismo
Iluminar bien para evitar el incendio, por Pablo Sirvén - Cuarto Poder
Pablo Sirvén
Dos secretarios, dos épocas. Al kirchnerismo, en su afán de querer empardar todo y llevar a la práctica acelerada la “doctrina Discepolín” –“en un mismo lodo, todos manoseados”, como dice en esa profecía para siempre que es su tango “Cambalache”–, el tiro le salió por la culata y, encima, con un final horrible e inquietante. Antes de ser apartado del insólito frenesí que le imprimió a la causa del espionaje, en la que él mismo estaba involucrado por haber ordenado varias de esas escuchas, el juez Federico Villena mandó a allanar la casa de Darío Nieto, el secretario de Mauricio Macri.
Comparar a ese colaborador estrecho del expresidente con los del matrimonio Kirchner no parece ser el mejor camino para limpiar la reputación de la familia con mayor poder político de la historia argentina. Nieto tiene un auto modelo 2007 y actualmente está pagando el departamento en el que vive con un crédito hipotecario. Fabián Gutiérrez, encontrado ayer asesinado en El Calafate, había pasado de ser secretario privado de los Kirchner a poderoso empresario multirrubro, fanático de los autos de alta gama, y era uno de los arrepentidos que declararon en la causa de los cuadernos. Su extraño homicidio exige una cuidadosa investigación, dadas las implicancias institucionales que podría llegar a tener. Ayer, Juntos por el Cambio pidió que el tema pase a la Justicia Federal, ya que la de la provincia de Santa Cruz no ofrece las mínimas garantías de objetividad. Natalia Mercado, la sobrina de la vicepresidenta, es la fiscal que investiga el asesinato de Gutiérrez.
Daniel Muñoz, otro secretario de Néstor y Cristina Kirchner, murió en 2016, pero sigue produciendo titulares. Hace pocos días, omar Lavieri escribía en Infobae que “ordenaron congelar 5 millones de dólares en cuentas suizas vinculadas a Daniel Muñoz”. Y, a continuación, detallaba que “el juez [Marcelo] Martínez de Giorgi –uno de los magistrados que tienen en sus manos otra de las causas de supuesto espionaje macrista, aunque mantiene cajoneada la investigación sobre el material de inteligencia encontrado en la casa de El Calafate de la presidenta del Senado, en 2018– mandó exhortos a Suiza y a las Islas Vírgenes Británicas para decomisar los fondos. Se trata del mismo Muñoz que había invertido en propiedades de los Estados Unidos 70 millones de dólares. Ganaban bien, al parecer, los secretarios presidenciales en la anterior era kirchnerista. Hay una abismal diferencia entre los perfiles económicos de Gutiérrez y Muñoz en comparación con el de Nieto, lo que no quita, por supuesto, que este deba aclarar todo lo que sea necesario, en sede judicial, sobre el presunto espionaje en el que se pretende complicarlo.
No es una casualidad, además, que en los últimos días, al filo de cumplir siete meses en el poder, se hayan encendido otra vez los motores contra el periodismo, un clásico de los gobiernos justicialistas, que siempre han tomado como enemigo preferido –tal vez porque no compite en las urnas– a la prensa.
El fenómeno es coincidente con el alejamiento acelerado que viene haciendo Alberto Fernándezdelcontratoelectoralconelqueganólaselecciones–gobernarmásalcentrodelo que le proponen sus socios más radicalizados del Frente de Todos–, intención que explicitó en sus propios discursos del 10 de diciembre y del 1° de marzo, en los que hasta dejó escapar una bienvenida brisa alfonsinista que reaparece cada vez que el Presidente se expresa de manera moderada en busca de consensos y en la mesa compartida de decisiones sobre la pandemia con Axel Kicillof y, especialmente, con Horacio Rodríguez Larreta.
¿Qué es lo que viene pasando ya desde hace un tiempo? Hay un avance impetuoso del ultracristinismo en el dominio de las principales cajas del Estado con personas de la más absoluta confianza de la vicepresidenta. otro tanto ocurre con la ofensiva brutal de sus piezas claves en organismos de control y del Poder Judicial con vistas a mejorar su delicada situación procesal en varias graves causas que la tienen como protagonista. A esto debe sumársele la polémica por la salida de presos por el Covid, los intentos de expropiación de Vicentin y el inocultable derrumbe de la economía.
En vez de intentar ser dique de contención de su mentora y jefa política, el Presidente ha elegido en cambio correrse hacia ese costado. Y ya sin disimulos: lo proclamó a los cuatro vientos en su videoconferencia con Lula. Reconoció que extraña a Chávez y a Correa. “Somos solo dos”, rescató al mandatario mexicano, Manuel López obrador, y a él mismo como los presidentes latinoamericanos que valen la pena. Saludos para los vecinos Piñera (Chile), Lacalle Pou (Uruguay) y Benítez (Paraguay). Con Bolsonaro (Brasil) rompió lanzas desde antes de asumir y a la presidenta boliviana, Jeanine Áñez, directamente no le reconoció legitimidad. Se trata de una política exterior muy peculiar.
Todo este conjunto de posicionamientos por parte de quien se suponía que debía moderar a sus socios más extremos automáticamente produce como consecuencia una “seisieteochización” comunicacional del Gobierno. No es la palabra periférica y solitaria de Dady Brieva, sino que ya emerge un coro de voces más centrales y, por lo tanto, más amenazantes y con mayor poder de fuego. En cuanto a Brieva, su sueño de la “Conadep del periodismo” parece más cercano. Habrá que reconocerle su autoría intelectual y escucharlo de ahora en más con mayor atención.
Los videítos histriónicos de la vicepresidenta, incluyendo imágenes de periodistas, y la causa abierta contra el actor Juan Acosta por promover la marcha contra la “infectadura” –que el fiscal Federico Delgado desechó porque la opinión no puede ser delito– son parte de una ofensiva más ambiciosa, cuyo nudo troncal es la manipulación de distintas causas relacionadas con espionajes reales y supuestos. Todo ese marco hostil propicia un renovado embate contra el periodismo que pone en la mira, con nombre y apellido, a varios colegas, cuyos estilos y maneras pueden gustar más o menos, incluso despertar críticas y hasta objeciones deontológicas si se desea hacerlas, pero que no por ello justifican la cacería desatada en los medios y en las redes sociales ultraoficialistas, en busca de encarcelar periodistas.
Se trata de un ataque bien coordinado, que lleva varias semanas rodando, y que no es únicamente contra Luis Majul, quien caracterizó los acontecimientos en curso como un afán de demolición del oficialismo hacia el periodismo en general, cuyo epicentro bien puede ser el conductor de La cornisa, pero que también en los videos de la vicepresidenta hace otros señalamientos, al incluir entre sus imágenes a Alfredo y Diego Leuco, Miguel y Nicolás Wiñazki, Mariana Fabbiani, Maximiliano Montenegro y Daniel Santoro (ya procesado en los tribunales de Dolores por el juez Alejo Ramos Padilla), entre otros.
Un militante, micrófono en mano, aunque no se sabe a qué medio responde, se dedica últimamente a hostigar, en las puertas de sus trabajos no solo a Majul (que aunque pidió una perimetral no le alcanzó para alejarlo), sino también a Baby Etchecopar y Eduardo Feinmann.
Además, en lo que pareció un trabajo por encargo, por el detallismo y los materiales adjuntos, el Presidente retuiteó un hilo de un periodista económico que cuestionaba y tergiversaba con mala fe la edición especial de este diario por los cien días de la cuarentena. Igualmente improcedente resultó otro conocido periodista cultural que quiso interpelar a Santiago Kovadloff porque tuvo la osadía de decir que “la libertad de expresión está en peligro”, en Mesa chica, por LN+. ADEPA alertó sobre los escraches en curso que, a su entender, “constituyen una peligrosa invitación a la violencia verbal y física”. Fopea, la Academia de Periodismo y la SIP ya están también en guardia.
Como señaló Jorge Lanata: “Antes estaba 678 en la tele, ahora está en el poder”. oscar Parrilli lo comparó con el represor Alfredo Astiz, una banalización inaceptable de los crímenes de la dictadura. Ahora se entiende por qué su jefa, Cristina Kirchner, lo apodaba siempre de manera tan peyorativa en sus conversaciones telefónicas, que nunca debieron salir a la luz si alguien (que no es Majul) no hubiese cometido el delito de facilitárselas a ese periodista. El esfuerzo de Parrilli, y varios más, por criminalizar la tarea periodística al querer igualarla con quienes cruzan esa frontera de la legalidad cuando trafican materiales desde juzgados o servicios de inteligencia es un disparate que pretende horadar el secreto profesional que asiste a cualquier informador. Parrilli es miembro de la comisión bicameral de inteligencia, que preside el ultrakirchnerizado radical Leopoldo Moreau, que desde ahora controlará la oficina de las escuchas judiciales. Demasiados zorros para un mismo gallinero.
Fue la semana de los secretarios presidenciales: Nieto, de Macri, y Gutiérrez, de los Kirchner
Los embates contra la prensa son un clásico del peronismo de cualquier época

viernes, 10 de julio de 2020

LA OPINIÓN DE PABLO SIRVÉN,


Cuando la cuarentena se politiza

Pablo Sirvén
El jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, el presidente Alberto Fernández y el gobernador Axel Kicillof, dieron a conocer, con un mensaje grabado, la nueva fase de cuarentena 
Es una metáfora bastante remanida que los periodistas nunca nos cansamos de usar: la del malogrado Titanic chocando a toda velocidad contra un iceberg en el Atlántico Norte, en la gélida noche del 14 de abril de 1912, utilizada para graficar cualquier tipo de dificultad grave, especialmente en el campo de la política y de la economía. Párrafo aparte para los violinistas del trasatlántico hundido, también siempre muy presentes en la memoria de connotados columnistas.
Si se diera por certera una frase que el periodista Pablo Ibáñez, de Clarín, puso en boca de Alberto Fernández -"Horacio [por Rodríguez Larreta ] prefiere chocar con el iceberg, yo soy partidario de girar apenas el iceberg aparece en el radar"-, los especialistas en aquella siempre presente tragedia marítima argumentarían ahora, no sin cierta ironía, que fue precisamente ese giro a destiempo, y demasiado tarde, el que marcó el destino fatal del barco: la parte sumergida de aquel iceberg abrió con la facilidad de un abrelatas un inmenso agujero a lo largo de uno de los laterales de la nave, bajo su línea de flotación, lo que determinó que en dos horas y media se hundiera sin remedio bajo las heladas aguas del mar. Hay algo más que dicen los expertos: de no haber girado y si, en cambio, hubiese afrontado la colisión con la proa, tal vez la avería habría sido más acotada y, aunque también el accidente pudiese haber sido irreversible, al menos habría ganado tiempo para que llegara el Carpathia antes y se salvaran todos o mucho más pasajeros de los que murieron por hipotermia o ahogados.
Parece difícil relacionar a los que salen a correr por Palermo, y que a partir del miércoles deberán abstenerse de hacerlo, con los contagios que se producen cruzando la General Paz y que, a veces, llegan a duplicar la cantidad de infectados capitalinos. ¿Fue, entonces, una mera concesión de Larreta a Fernández y Axel Kicillof ? En el gobierno capitalino aseguran hacerlo más como un gesto de acompañamiento hacia los 60.000 comercios que deberán cerrar de nuevo.
Cuesta pensar que no se entromete la política cuando un malhumorado Alberto Fernández le echa la culpa por TV de los contagios a los runners y a quienes visitan los comercios de ropa . La alusión a la Capital es evidente. Nada dice de las aglomeraciones en La Matanza, las veredas repletas en Merlo, los manteros en Moreno y las ferias populares en otros partidos del conurbano. La culpa es de los runners porteños, como al principio los responsables de la importación del virus fueron los "chetos". ¿Pensarán, en serio, que solo salen a correr simpatizantes del gobierno anterior o que gente que no es "cheta", y que se siente tan progresista, no se subió a ningún avión el verano último? Son emblemas para fidelizar a sus clientes ultrakirchneristas, pero que fuera de ese círculo pocos le dan crédito.
El Presidente acusa a los runners porteños, pero no a las aglomeraciones del conurbano ""
No hay señalamientos, al menos públicos de Larreta, hacia las deficiencias nacionales -por ejemplo, pocos testeos que aumentaron, pero no lo suficiente, y en forma demasiado tardía- o bonarenses -como no aislar a los turistas, con domicilio en la provincia, que llegaban a Ezeiza, cuando todavía había vuelos, y no eran puestos en cuarentena, como lo hacía la Ciudad en hoteles con los pasajeros con domicilio porteño (ahora mismo hay 3500 personas aisladas en esas condiciones)-, pero el jefe de gobierno porteño soporta directas e indirectas en conferencias de prensa y en otras vidrieras públicas.
Hay quienes piensan que si Larreta aspira al cargo mayor en tres años y medio debería plantarse mejor frente a Fernández y Kicillof, sin poner en riesgo el imprescindible trabajo en equipo, pero exigiendo un reparto de culpas más equitativo. Cerca de Larreta aseguran que el jefe de gobierno porteño le tiene más fe a la realidad que al relato y que es una enorme oportunidad para él ocupar el centro que el Gobierno deja vacante al radicalizarse.
La provincia pone en marcha sus fábricas, con los debidos cuidados, y está muy bien, pero, ¿qué sucede con la principal industria capitalina: el comercio minorista y la gastronomía?. Pocos días antes de declararse la pandemia, Cristina Kirchner despotricaba porque en la ciudad de Buenos Aires "hasta los helechos tienen luz y agua", y eso generaba "gran desigualdad con otros distritos", en tanto que el Presidente planeaba entonces recortarle la coparticipación al distrito federal. El golpe letal sobre las actividades mencionadas, que ya están dejando una cantidad pavorosa de locales vacíos, ¿terminarán "conurbanizando" a la principal ciudad del país? A juzgar por cierta virulencia en las redes sociales y las declaraciones cargadas de funcionarios bonaerenses, hay una animosidad indisimulable hacia la ciudad que nunca vota al oficialismo nacional. Larreta pincha ese globo: aunque la Capital Federal fuese una isla, o solo estuviese rodeada de campos, habría sumado idénticas restricciones a las anunciadas por el aumento de casos registrados. La realidad, en tiempos de pandemia, no es lineal y se presenta más compleja cuanto más nos vamos acercando al temido pico de la enfermedad.

jueves, 25 de junio de 2020

LA OPINIÓN DE PABLO SIRVÉN,


El regreso de Mauricio Macri
Iluminar bien para evitar el incendio, por Pablo Sirvén - Cuarto Poder
Pablo Sirvén
Se acerca el momento en que Mauricio Macri regrese al ruedo público. Transcurrieron seis meses desde que expiró naturalmente su gobierno (el primero en 91 años que cumplió todo su mandato sin anomalías de fraude, abruptas interrupciones militares o renuncias) y el silencio persistente del expresidente hizo pensar a muchos que había elegido apartarse de la política definitivamente. Nada más lejos de eso. Por de pronto está escribiendo un libro sobre su gestión, con la colaboración de Pablo Avelluto y Hernán Iglesias Illa. La próxima primavera, al parecer, llegará con lluvia de libros cambiemitas. Al de María Eugenia Vidal, ya adelantado por esta columna hace dos semanas, también se agregará otro de Marcos Peña, al que Macri sigue teniendo en altísima consideración.
En la casa de Acassuso que alquiló Juliana Awada, y que el exmandatario conoció el día en que se mudaron, empiezan a sucederse con más frecuencia contactos personales reservados que se suman a las videoconferencias mediante las cuales sigue permanentemente conectado con la dirigencia de la principal fuerza opositora.
Salvo mínimas excepciones –la filtración de un videíto, esporádicos tuits, su firma al pie de algún documento y la declaración conjunta con Elisa Carrió–, Macri sigue callado. Un silencio que, lejos de ser tomado como un aporte a no poner trabas en el camino del nuevo gobierno, empezó a inquietar a la dirigencia del Frente de Todos, que busca a toda costa subirlo otra vez al centro del ring para confrontar con él. Como eso no ha ocurrido, los funcionarios más notables lo mencionan cada vez más seguido no solo para recordar notables errores voluntarios e involuntarios de su gestión, sino también para proponer ejercicios de ucronía que generalmente comienzan con la expresión “que hubiera pasado si Macri siguiera en el poder con…” y aquí va, a continuación, el tema que se le quiera endilgar. Puede ser, tan pronto, el default virtual con los acreedores que el presidente actual insiste en encajarle (como si de haber ganado Juntos por el Cambio no hubiera contado con las mismas, o más, contemplaciones por parte del FMI que las concedidas hasta ahora a la presente administración). Aunque, por lo general, en lo que más suelen insistir, con virulenta intensidad en las redes sociales, es en repetir qué hubiera sucedido si Macri siguiera gobernando ahora, en plena pandemia. Habría hecho algo similar a lo dispuesto en Uruguay por su presidente, Luis Lacalle Pou, y una “cuarentena en el momento correcto”, indican quienes lo frecuentan.
El último en volver a machacar por ese lado fue el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, al aventurar que habría sido una “catástrofe”, recibió como respuesta un comunicado de Pro titulado “Un ejercicio de historia contrafáctica”, con nueve puntos concretos, el último de los cuales dice: “Habría tenido una oposición política mucho menos constructiva que la actual”.
Eso es lo que ahora Macri tiene en claro: el talón de Aquiles de su gobierno fue no contar con mayorías legislativas propias, pero confía en que en las elecciones del año próximo, la oposición avanzará hacia ese objetivo y ganará en 2023. En lo personal, ese año está tan lejos como la luna, suele decir. ¿Y 2021 cuán lejos está? “Como Alaska”, bromea cuando lo apuran los más cercanos con respecto a los comicios de medio término. ¿Acaso, con las causas recientemente abiertas por presunto espionaje, y otras que seguramente vendrán, no necesitaría asegurarse fueros, tal como hizo Cristina Kirchner, en 2017, lo que impidió que se efectivizara la prisión que le pidió un par de veces el extinto juez Claudio Bonadio?
En esa materia prefiere respaldarse en la solidez profesional del exfiscal Pablo Lanusse, que se acaba de sumar a su equipo de abogados. “Hay una persecución judicial puesta en escena a través de los habituales melodramas mediáticos de Cristina Kirchner”, le dijo Lanusse a Joaquín Morales Solá, en su programa de TN. ¿El lawfare también sería aplicable a Macri o su agitación discrecional lo administra a gusto la expresidenta solo para ella y sus amigos?
En este sentido, Macri piensa que ha comenzado una dramática cuenta regresiva de noventa días para resistir una ofensiva muy fuerte del ultrakirchnerismo, tiempo en el que estará en juego el futuro de la República. La tesis es que la vicepresidenta, con tantas causas judiciales abiertas en su contra, no puede darse el lujo de que vuelvan las derrotas electorales que sufrió cada dos años desde 2013 y cuya racha recién pudo cortar en 2019. No quiere reflejarse en los espejos de Rafael Correa y Evo Morales y, por lo tanto, arremeterá lo más posible en estos meses. “No tiene plan B; tiene que romper el sistema”, elucubran cerca de Macri. Pero en el búnker del expresidente hay optimismo: cuanto más groseros son los embates desde el poder, más cohesión manifiesta su coalición.“Se va acercando el momento de salir a fortalecer la unidad del espacio y los nuevos liderazgos”, arriesgan desde allí. Hay ruido de motores en marcha. Y no solo los del “banderazo”.
El expresidente prepara un libro y abandonará su silencio. Piensa que vienen tres meses claves

sábado, 20 de junio de 2020

LA OPINIÓN DE PABLO SIRVÉN,


El sueño recurrente de la expropiación
Little tu vieja": el durísimo cruce entre Pablo Sirvén y una ...
Pablo Sirvén 
Si hay algo que Juan Domingo Perón realizó con verdadera precisión fue calificar a su partido de “movimiento”. Resulta una denominación más laxa y amorfa que busca, y logra, romper las fronteras previsibles que la democracia ha trazado para que las agrupaciones políticas no se salgan de cauce y mantengan las reglas del juego en el seno de una sociedad civilizada.
El “movimiento” se permite oscilar con cínica versatilidad fluctuando entre la izquierda y la derecha y, según la conveniencia del momento, acomodándose entre el liberalismo y el nacionalismo. Todo vale. La ideología permanente es, paradójicamente, el “movimiento”. Así, la reforma previsional de Mauricio Macri puede ser considerada horrenda y merecer catorce toneladas de piedras, y a los pocos meses, de vuelta en el poder, el “movimiento” da sucesivos y peores guadañazos a las jubilaciones (salvo a la mínima) sin el menor remordimiento y con plena conformidad social.
Oportunismo puro, a la enésima potencia, pero siempre contado en tono épico y de salvación de la Patria de “los enemigos internos y externos”. El culebrón patriótico e inflamado que el peronismo nos cuenta desde hace 75 años, pero con una extraordinaria rotación de objetivos que van de un extremo al otro, según la decisión del líder del momento y de las circunstancias que le toque surfear. Nada nuevo, en tal sentido, se vio en estos días.
El peronismo domina la política argentina desde todos los frentes ...
Solo así puede concebirse que el peronismo haya privatizado YPF en 1992, con Oscar Parrilli como miembro informante, pero que como secretario general de la presidenta Cristina Kirchner haya aplaudido su reestatización en 2014 (“No va a costar nada”, dijo entonces Axel Kicillof) y que, ahora como senador, presente un proyecto que busca crear una comisión bicameral para investigar a la agroexportadora Vicentin, cuya intención de expropiarla anunció en la semana que pasó el presidente Alberto Fernández. Estamos hablando de una misma persona (Parrilli) que defiende posiciones diametralmente opuestas con idéntica convicción.
Argentina. El quinto peronismo a la luz del pasado - Resumen ...
El peronismo destruye aquel axioma que afirma que “nadie resiste un archivo”. La incoherencia en el tiempo simplemente le resbala y hasta es fuente de orgullo. El peronismo pudo ser al mismo tiempo, en los años setenta, guerrilla de ultraizquierda y represión de ultraderecha. Ser tan versátil en aquellas circunstancias lo convirtió en sumamente mortífero.
Impertinente hablador, con su voz áspera y estridente, Julio Bárbaro me dijo anteanoche en Hablemos de otra cosa, por LN+, que “el peronismo murió con Perón” y que hace rato se convirtió en una simple cáscara que busca el control de “las cajas” (cuantiosos flujos de dinero que surgen de impuestos, comisiones, ingresos de empresas estatales y licitaciones amañadas). “Perón nacionaliza los ferrocarriles y Menem los vende”, agregó Bárbaro, aunque el actual senador hizo algo mucho peor: los desguazó.
Conocedor profundo del justicialismo desde adentro, Bárbaro no admite cuando le digo que entre los cíclicos cambios de manos de YPF “algunos billetes” seguramente quedaron pegados en las manos de los intermediarios políticos. “¿¿¿Algunos billetes??? ¡¡¡Todos!!!”, saltó. Sobran los ejemplos, pero enseguida viene a la memoria aquel promisorio ministro menemista que se retiró de la política y hoy es un potentado empresario, siempre atento a hacer buenos y redituables negocios.
Mientras se define en estas horas cuál será el futuro de Vicentin, tras el estropicio legal propiciado por La Cámpora, y que el Presidente gustoso tomó a su cargo, desde el costado de la escena, con un perfil más bajo, Cristina Kirchner retomó su nueva siembra de odio hacia el periodismo, al que acusó de armar una “asociación ilícita” con el gobierno anterior, en una colosal proyección de la figura que usó la Justicia para explicar el origen de su cuantiosa fortuna.
Errores, engaños y falsedades del kirchnerismo | ContraInfo.Com
El 1º de agosto se cumplirán 46 años de lo que fue primero una intervención, luego se presentó como una expropiación, pero terminó siendo una confiscación (ya que no pagaron indemnización alguna): la estatización de los canales de TV, al mes de morir Perón y cuando ya gobernaba su viuda.
Y el año que viene se cumplirán setenta años redondos de lo que también fue anunciado como una expropiación, que también terminó siendo una confiscación, sobre el final del primer gobierno de Perón: el desalojo de los legítimos dueños del diario La Prensa para darle la conducción de ese medio a la CGT. Fue el corolario de años de hostigamiento: desde Radio del Estado (hoy Nacional) había diatribas constantes, anónimos rompían con frecuencia sus vidrieras sobre la Avenida de Mayo y el diario oral Octubre, desde enfrente del edificio de La Prensa, atronaba con consignas peronistas salidas de sus potentes parlantes. Cuando se consumó la expropiación, el diputado Arturo Frondizi (que siete años más tarde sería presidente de la Nación) culminó su discurso de cierre en el recinto de la cámara baja con una frase elocuente: “La Prensa cae abatida por una oscura tiranía”. Eva Perón, en cambio, reivindicó aquel zarpazo como la consolidación de “la nueva era justicialista de Perón”.
Apelando a su formato movimientista, el peronismo intenta un nuevo zarpazo