Kovadloff, premiado por su poesía intimista y honda
El escritor recibió el Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía en medio de una celebración muy concurrida
Daniel Gigena
“Atardece. Es hora de lo inmóvil. / Son mis últimos días. Poco importa / si son días, meses, años. / Son mis últimos cielos, mis últimos pasos. / Mi última piel y en ella / el eco de todo lo que hubo”, se lee en el poema que da título al nuevo libro de Santiago Kovadloff, Los últimos cielos (Vinciguerra), donde la emoción suscitada por el paso del tiempo queda unida a interrogantes, certidumbres y deslumbramientos.
El viernes 14, el reconocido escritor, intelectual y traductor argentino recibió el Gran Premio de Honor 2022 de la Fundación Argentina para la Poesía, que presiden el escritor y empresario Alejandro Roemmers y la escritora y editora Lidia Vinciguerra. Como señaló uno de los oradores en el acto de premiación en el Palacio San Miguel, el escritor y académico Antonio Requeni, “la Fundación ha querido honrarlo y honrarse a sí misma” al distinguir al autor de Ruinas de lo diáfano y Hombre en la tarde.
“Desde hace 58 años, cuando el poeta Carlos Alberto Débole y un grupo de amigos crearon la Fundación Argentina para la Poesía, esta institución ha venido otorgando anualmente su Gran Premio de Honor a un destacado poeta argentino –dijo Requeni ante una audiencia multitudinaria–. De Jorge Luis Borges a Olga Orozco, de Raúl González Tuñon a María Granata, de Horacio Armani a Rafael Oteriño, fueron muchos los importantes poetas que recibieron esta distinción. Pero la Fundación Argentina para la Poesía estaba en deuda con Santiago Kovadloff, seguramente porque este escritor es más conocido como filósofo, como talentoso pensador y orador brillante, como un elocuente expositor que nos ayuda con sus reflexiones a comprender la realidad”.
Sin embargo, dijo Requeni, Kovadloff es además poeta. “Un notable poeta capaz de plasmar en las hermosas y conmovedoras palabras del verso el misterio que se aloja en todo lo que existe y se encuentra muchas veces al margen de la general atención –desatacó–. Luis Franco solía decir que el objeto de la poesía no es lo poético sino lo real. Kovadloff descubre nuevas dimensiones de lo cotidiano en las cosas que nos rodean; ve en ellas significaciones trascendentes que transmite con un lenguaje sencillo y profundo a la vez. Sus poemas son verdaderos ‘ejercicios de intimidad’, para decirlo con el título de uno de sus libros en prosa. En ellos hallamos la perplejidad del ser, de su ser y estar entre las cosas, experiencia que es también una forma de sutil celebración, de descubrirse inmerso en la emoción del tiempo. Es un lúcido testigo e intérprete de la realidad como pensador pero también como poeta, instancia esta última en la que acierta a añadir una visión sensible y honda. Reflexión e inspiración se funden en él y definen una singular personalidad”.
Participaron del encuentro, conducido por Martín Wullich, más de doscientos escritores y periodistas de todo el país, entre otros Cristina Piña, Santiago Sylvester, María Rosa Lojo, Jorge Sigal, Amalia Mercedes Abaria y Pablo de Vita. También concurrieron representantes de la Sociedad Argentina de Escritores (Alejandro Vaccaro y Juano Villafañe), de la Academia Argentina de Letras (su presidenta, Alicia María Zorrilla, además de los poetas que integran la AAL), el presidente de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, Alberto Dalla Vía, y de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina, Graciela Aráoz.
“Ninguna expresión literaria alcanza a ser lo que debe ser si la poesía no palpita en su enunciación –dijo Kovadloff en el Palacio San Miguel–. Es que la poesía, lo poético, es mucho más que un género literario. Es la intensidad emocional de lo que se escribe lo que libera a las palabras de su sujeción al lugar común, al prejuicio, a la indiferencia. Como supo decirlo Saint-john Perse, ‘poeta es aquel que rompe, para nosotros, la costumbre’. En este sentido, la poesía abunda donde palpita la creación. No solo en el arte; también en la ciencia y en el diálogo inspirado”.
Miembro de la Academia Argentina de Letras y la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, Kovadloff obtuvo en la primavera de 2020 el VII Premio Internacional de Ensayo Pedro Henríquez Ureña, que concede la Academia Mexicana de la Lengua. En 2019, fue declarado Ciudadano Ilustre de la ciudad de Buenos Aires, donde nació en diciembre de 1942. A los ochenta años, es uno de los intelectuales más lúcidos del país, fuente de consulta sobre cuestiones de actualidad, literarias, religiosas y políticas.
En junio publicará en Emecé, su casa editora desde la década de 1990, un nuevo libro de ensayos: Temas de siempre. “Merleau Ponty dice que la verdadera filosofía consiste en aprender de nuevo a ver el mundo –indica en el prólogo–. Se impone, entonces, el imperativo socrático de volver a preguntar por lo que en un primer momento se presentaba como bien sabido: la alegría, el porvenir, el fracaso, la amistad, los hijos, la esperanza, la impaciencia, entre tantos temas”. En simultáneo, tanto su obra poética como la ensayística iluminan el misterio de lo común y de lo extraordinario.
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