Sustancia y todo lo demás... en un programa económico
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Juan Carlos de Pablo
Es entendible el interés ciudadano y periodístico por lo que va a ocurrir con aspectos específicos de la realidad económica. El deudor quiere saber si podrá pagar las cuotas; el automovilista, cuánto aumentará el precio de los combustibles; el productor de soja, qué ocurrirá con las retenciones a la exportación; el trabajador informal, si continuará teniendo trabajo, etcétera. Pero todas las respuestas surgen de una misma política económica, que por definición es una sola. ¿Qué ingredientes tiene que tener para resultar exitosa?
Al respecto conversé con Alberto Juan Vercesi (1946 -2014), un argentino que estudió y desarrolló su labor académica en la Universidad Nacional del Sur (UNS). Su labor escrita se concentró en el análisis y la interpretación de las políticas económicas aplicadas en nuestro país. Además de las monografías presentadas en las reuniones anuales de la Asociación Argentina de Economía Política (AAEP), cabe destacar el par de volúmenes que recogen las conversaciones con los hacedores de la política económica contemporánea, publicados en 2007 y 2008.
-A propósito de la UNS y de la AAEP, entre el próximo miércoles y viernes tendrá lugar, en Bahía Blanca, la reunión anual de la Asociación.
-Efectivamente, como ocurriera en 1968, 1981, 1990, 1997 y 2007, de manera que esta será la sexta oportunidad en la que economistas de varias generaciones, que viven en muchos puntos del país, se reunirán durante tres días para hablar de sus investigaciones académicas y de temas de actualidad, al tiempo que alimentarán vínculos personales desarrollados a lo largo de la vida.
-El 10 de diciembre, Alberto Ángel Fernández comenzará su gestión presidencial. ¿Cuándo y a través de qué forma conoceremos su programa económico?
-No lo sé, al igual que el resto de los argentinos.
-¿Qué cabe esperar, a la luz de la historia argentina?
-Antes de esto, expliquemos en qué consiste un programa económico. Jan Tinbergen, quien junto a Ragnar Anton Kittel Frisch inventó a mediados del siglo pasado la teoría de la política economía, diría que se trata de un conjunto de instrumentos puestos al servicio de un conjunto de objetivos. Pero no de cualquier manera.
-Te escucho.
-Por empezar, en condiciones de certeza se necesitan tantos instrumentos como objetivos de política económica, punto empíricamente importante porque, en general, a los gobiernos se les piden demasiadas cosas, pero cuando se plantea el cómo, aparecen las restricciones políticas, institucionales, etcétera. Por eso, Juan Carlos, refiriéndote al vencedor de cada elección, medio en chiste vos hablás de quien tiene la mala suerte de ganar. Dije en condiciones de certeza, porque en la práctica se necesitan más instrumentos que objetivos.
-¿Y qué más?
-Que para graduar la dosis en que se aplican los instrumentos es necesario conocer la conexión cuantitativa entre estos y los objetivos. ¿Te imaginás a un médico que te dice que tomes tal remedio, sin indicarte cuánto, con qué frecuencia y durante cuánto tiempo?
-Mucha gente supone que los funcionarios intervinientes cuentan con tal información.
-Generalmente, suponen mal. Mejor es pensar que la política económica es una pulseada de pareceres, entre profesionales, se entiende. Una consulta médica implica que, frente a un paciente y a la luz de sus análisis, radiografías, tomografías, etcétera, un galeno dice qué le parece y otro dice otra cosa y, finalmente, se toman las decisiones.
-Suena escalofriante.
-No debería; en todo caso no hay que ilusionarse para no desilusionarse.
-Las pretensiones son muy variadas, pero la política económica es una sola.
-Exacto. La clave está en establecer prioridades y, sobre todo, en identificar los conflictos que se presentan entre las distintas pretensiones. Esta última es una importante tarea técnica, que economistas de confianza del nuevo presidente tienen que encarar para que, a los innumerables problemas objetivos, no haya que sumarle los surgidos por deficiencias técnicas en el diseño y la implementación de la política económica.
-El 10 de diciembre próximo, ¿conoceremos el programa económico del próximo gobierno?
-Ojalá, pero no deberíamos darlo por descontado. A propósito: la historia económica de nuestro país muestra que la probabilidad de que un nuevo gobierno acierte desde el vamos en materia económica es más bien baja.
-Por eso, algunos dicen que al nuevo presidente le conviene arrancar con un equipo económico "de segunda", para luego poner en funciones al mejor de los que dispone.
-Una tontería, propia de quienes -por falta de experiencia- creen que los gobiernos pueden manipular la realidad a su antojo. Los gobiernos arrancan con lo mejor que tienen y luego ajustan. Los historiadores económicos dividen en cinco etapas el plan Austral, pero el 14 de junio de 1985 Juan Vital Sourrouille lanzó el referido plan, no su primera etapa.
-¿Qué importancia tiene que haya un ministro que pronuncie un discurso formal y que anuncie todas las medidas de manera simultánea?
-Mucha, pero todo depende del estilo presidencial y también de la época.
-¿Qué querés decir?
-Arturo Frondizi lanzó su programa económico el 28 de diciembre de 1958; Adalbert Krieger Vasena, el suyo el 13 de marzo de 1967; Domingo Felipe Cavallo anunció la convertibilidad a fines de marzo de 1991. Pero por el otro lado: ¿cuándo se lanzó el programa económico de Néstor Carlos Kirchner o el de Mauricio Macri?
-Me llama la atención, porque un estilo tiene que ver con el pasado más remoto y el otro con períodos más recientes.
-Ocurre que, además de los estilos, está la cuestión de la velocidad con la cual interactúan la población y el gobierno de turno. La traumática experiencia económica hace que los argentinos tengamos una sensibilidad mucho mayor que la que pueden tener, digamos, los canadienses. Además de la cuestión de la credibilidad, o falta de ella, que siempre enfatiza Guillermo Antonio Roberto Calvo.
-Otra vez, ¿qué querés decir?
-Que en la Argentina de 2019 una política económica no puede ser un documento, que explicite objetivos, medidas, etcétera, luego de lo cual cada uno actúa en consecuencia y los miembros del equipo económico se echan a dormir. Lo que cabe esperar, en el sentido de la esperanza y veremos si también en el de las expectativas, es la clara enunciación de ideas concretas, la presentación de medidas que muestran que se tuvieron en cuenta los conflictos existentes entre las diferentes pretensiones, y la actitud que tienen los bomberos y los médicos del SAME, para hacer frente a las emergencias.
-Luce una misión imposible.
-Técnicamente, muy desafiante, pero no imposible. Por lo demás, quien tiene una responsabilidad ejecutiva no tiene más remedio que intentarlo.
-Recordado Alberto, muchas gracias
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