Bloopers oficialistas y goles en contra opositores
Claudio Jacquelin
La secuencia es constante desde hace ya más de dos años. Lo novedoso es que la frecuencia de episodios autodestructivos se ha acortado exponencialmente, al ritmo del deterioro de la calidad de vida de la mayoría de los argentinos.
El oficialismo (en todas las ramas del Frente de Todos) y la oposición de Juntos por el Cambio ofrecen un espectáculo, cada vez con menos público, en el que se suceden en la producción de bloopers y goles en contra con notable regularidad. A una mala noticia o traspié de uno le sigue inevitablemente el desatino o el error en público del otro.
En el constante ida y vuelta, puede llegar a inscribirse la histórica caída del Movimiento Popular Neuquino (la primera en seis décadas) en la disputa por la gobernación a manos de Rolando Figueroa, un exoficialista local devenido en circunstancial opositor, con el apoyo de Mauricio Macri. En el vaivén en el que los éxitos son fugaces y las pérdidas son constantes para el FDT y JxC, cabe anotar que Figueroa se sigue reivindicando del MPN y la historia de ese partido provincial ha estado signada por la preservación del poder territorial antes que por cualquier alianza perdurable con alguna fuerza nacional. Su éxito y vigencia han radicado en darles poco y sacarles mucho a los gobiernos nacionales de turno.
A pesar de que el sello cambiemita haya tenido una paupérrima performance en Neuquén, el ala amarilla de JxC celebrará por algunos días lo ocurrido allí, sobre todo porque el candidato peronista se ubicó tercero a más de 20 puntos de los dos postulantes salidos del MPN.
Nadie dejará de celebrar lo que tenga a mano. Eso mismo había hecho el oficialismo nacional al comenzar la semana pasada cuando se desató abiertamente la lucha fratricida de Pro, que salpica a todo JxC, tras la reacción autonomista de Horacio Rodríguez Larreta.
Todo duró hasta que en el último día hábil se difundió el índice de inflación del 7,7% y el Gobierno cerró la semana de la peor maneara.
La suma de disonancias y traspiés alcanzó entonces cimas que aún no habían sido tocadas en tan corto período y con tanta densidad por los dos espacios hasta ahora mayoritarios de la política nacional.
No resulta sorprendente entonces que los encuestadores masivamente hayan salido a alertar, admitir o promocionar (según el caso y la conveniencia) que el antisistema Javier Milei aparece en la última foto colándose en un probable ballottage presidencial. Un escenario que probablemente se fortalezca con el caso neuquino, donde el candidato libertario obtuvo algo más del 8% de los votos . Nada desdeñable. Aunque vale aclararlo: todo eso si las elecciones fueran hoy y si los sondeos resultaran más eficaces de lo que vienen mostrando en las últimas elecciones.
Tampoco debería sorprender que los poderes políticos y económicos de Estados Unidos que aún tienen algún interés por la Argentina hayan puesto su foco de preocupación en ese ascenso, tanto como en las limitaciones e incapacidades de las dos grandes coaliciones para construir algún horizonte de previsibilidad y esperanza. Unos desde su fallida experiencia de gobierno y los otros desde su convulsionado internismo, que lo incapacita para articular una oferta consistente.
El interés y la preocupación foráneos pudieron constatarlos los interlocutores locales que tuvo en siete días de inmersión en la cuestión nacional la subsecretaria del Departamento de Estado de EE.UU. (o sea la vicecanciller) Wendy Sherman.
Un hilo conductor unió el trayecto que fue desde Santo Domingo, donde estuvo con el ministro de Economía, Sergio Massa, hasta Buenos Aires, donde dialogó con miembros del más amplio espectro político, económico y social. En esas charlas Milei estuvo casi tan presente en la dimensión local como la cuestión China, que desvela a la administración de Joe Biden, a escala planetaria.
El antecedente y la vigencia de Donald Trump, con los efectos conocidos sobre las instituciones democráticas de EE.UU., y las muchas semejanzas que pueden establecerse con el argentino sirven para entender porqué el gobierno demócrata le asigna relevancia y preocupación al fenómeno Milei.
El carácter disruptivo e impredecible del libertario ultraconservador (si el oxímoron lo permite) también fue motivo de consulta durante conversaciones que autoridades de organismos multilaterales de crédito (empezando por el FMI), funcionarios de la administración norteamericana e inversores tuvieron con Massa y miembros de su equipo.
Massa alimenta a Milei
El massismo se ocupó de no despejar del todo esas preocupaciones, cuando no de alentarlas en beneficio propio, a pesar de las consecuencias que para el país pudiera tener ese escenario en caso de ocurrir.
La estrategia del massismo se explica, en parte, porque nadie está en condiciones de asegurar ningún resultado electoral en el que Milei no sea protagonista y, en parte, porque Massa necesita ayuda urgente y todo fantasma que por temor incentive a quienes pueden asistirlo es bueno para su causa. Un Aníbal Fernández menos brutal, aunque no menos aterrorizante. Los vasos comunicantes entre allegados al massismo y a los libertarios siguen abiertos. En las redes sociales no se ocultan. Al visceral antimacrismo suman otras coincidencias menos conceptuales e ideológicas.
La creciente fragilidad en que la inflación indomable puso al ministro de Economía y el avance libertario facilitan un punto de apoyo para el ministro con la justificación de la histórica sequía, cuyos efectos todavía no se han terminado de hacer sentir, y el argumento (o la excusa) del impacto de la guerra de Ucrania en los precios internacionales.
En esos dos planos (político y económico) se sostiene la disposición a revisar las metas del acuerdo con el FMI por parte de las autoridades del organismo con el vital soporte de la administración Biden. “Sergio tiene en el ala colombiana del Departamento de Estado demócrata muy buenas relaciones y a las que le cumple los compromisos que asume”, dicen en el entorno del ministro.
En todas las conversaciones, Massa se compromete a cumplir con los reclamos de Estados Unidos en cuestiones sensibles, como la incursión china en áreas claves, como la minería, la energía y la seguridad. El multilateralismo que dicen cultivar Alberto Fernández y su canciller Santiago Cafiero encuentra límites en la crítica situación económica.
A pesar de la impotencia para domar los precios y ordenar otras variables con su política de patchworks, el ministro de Economía no se entrega. Con el aliciente de algunos dólares logrados en su mendicante gira, redobla apuestas. Nadie podrá acusarlo nunca de falta de audacia.
Acostumbrado a jugar más allá del límite, ahora promete (y le hace decir a la portavoz presidencial, siempre dispuesta para asomarse al ridículo) que la inflación entró en un sendero descendente. No importa que contradiga la opinión mayoritaria de los economistas de las más diversas adscripciones, que, cuando mucho, admiten que en el próximo mes podría haber algún leve descenso por cuestiones estacionales.
Sin embargo, ninguno pronostica que en abril la suba estará debajo de lo que consideran un piso del 6%, y con todas las perspectivas de un rebote posterior, solo por inercia. Pero más aún si por las exigencias del oficialismo Massa se ve obligado a abrir un poco la mano y otorgar el aumento de suma fija que le exigen los sindicatos y La Cámpora.
En este caso, el problema mayor es que difícilmente podrá aplicar su estrategia de prometer y demorar el cumplimiento, como hace casi siempre y en estos días se verifica con la compensación del impuesto a las ganancias de los trabajadores, que todavía espera su concreción. Empresarios y gremialistas reconocen tanto que cumple como que no necesariamente lo hace en tiempo y forma. Aun en las malas, Massa siempre saca alguna ventaja.
Espejismos y errores
En ese contexto aparecen como una gran novedad las dudas que empiezan a calar hondo en el cristicamporismo, que por extrema necesidad se ataba al destino económico y político de Massa hasta disimular la enorme cantidad de diferencias históricas, políticas e ideológicas, incluso las traiciones.
Para subrayar y no considerar el acto de un librepensador hay que contabilizar la expresión del sindicalista de ATE Daniel Catalano, acerca de que “Massa no es confiable”. Lo hizo después de haber integrado el cortejo que peregrinó hasta el santuario de Cristina Kirchner para pedirle que sea candidata a algo.
En ese peregrinaje y en el acto posterior contra el Poder Judicial que hicieron los gremialistas amigos y La Cámpora (con la ausencia sonora de gobernadores e intendentes peronistas) se advierte la admisión de la nueva realidad que afronta el cristinismo. Ante la posibilidad de no contar con un candidato que les traccione votos, aunque no les guste, como Massa, la vicepresidenta vuelve a ser su último refugio.
El voto duro que conserva Cristina Kirchner les permite mantener algunas ilusiones, que, al mismo tiempo, los llevan a graves errores de diagnóstico. Por ejemplo, a pensar que el último gobierno de su jefa no fracasó y que por eso Mauricio Macri ganó las elecciones en 2015, sino que fue víctima de las conspiraciones de sus enemigos y las falacias que sus poderosos cómplices ayudaron a instalar. La plaza llena de militantes que la despidió el 9 de diciembre de aquel año y el casi 49% que obtuvo Daniel Scioli frente a Cambiemos los ayudan a construir el espejismo.
Lo mismo le sucede al macrismo duro. Para sus dirigentes las plazas del “Sí se puede” de 2019 y el 41% final que obtuvo Macri en su fallido intento de reelección constituyen la demostración de que no falló por sus propios errores en la formulación y aplicación de políticas y en la forma en la que afrontó los problemas que se le presentaron, sino por las trabas que le puso el peronismo todo y la falta de acompañamiento de algunos socios, entre los que destacan al radicalismo y algunos funcionarios o dirigentes propios.
A ellos apunta cada vez con menos diplomacia Macri en las conversaciones no tan reservadas que mantiene desde que se bajó de un nuevo intento presidencial, en las que, además, expone una radicalización que explícitamente y deliberadamente lo acerca a Milei. Otra constatación del teorema de Baglini: cuanto más lejos del poder, más extremistas son los dirigentes.
Y aún falta mucho por pasar (no solo tiempo). La dura interna de Pro todavía va a dejar muchas secuelas. Ni hablar si la postulación de Jorge Macri no atraviesa el filtro de la Justicia por la flojedad de los papeles de su residencia, según manda la Constitución porteña. El blooper cambiemita podría ser paradójicamente la vía para pacificación interna. La que teme ser el chivo expiatorio de esa situación es María Eugenia Vidal, a quien macristas y larretistas empiezan a mirar como una síntesis. Por las dudas, ella ya dio a entender al entorno de Horacio Rodríguez Larreta que lamenta que algunas de sus expresiones críticas al cambio electoral porteño puedan haber sido utilizadas por el bullrichismo y el macrismo. Nada que impida disimular papelones mayores.
Los escándalos y los espejismos, a los que se suman los inverosímiles esfuerzos que esbozan Alberto Fernández y Cristina Kirchner, para negar y justificar (aunque por motivos muy distintos) el fracaso del actual gobierno y su responsabilidad nula o relativa en ese resultado, explican también la emergencia de Milei.
Tres gobiernos que dejaron a la sociedad en mucho peor situación que la que estaba al comienzo de sus respectivos mandatos y que, para peor, no admiten sus fracasos, mientras colapsan liderazgos y se desata una despiadada disputa pública de cúpulas es otra situación sin precedentes desde la recuperación de la democracia. Un escenario capaz de fatigar hasta el hartazgo a los votantes y llevar a ambas coaliciones a dos de los peores escenarios electorales que pueden enfrentar: una alta abstención de votantes históricos suyos o una fuga punitiva de estos hacia Milei, sin importar que sus listas se alimenten de expresiones de lo más granado de la casta política, que dice venir a purgar. Y no debe descartarse, sino todo lo contrario, que puedan concretarse ambas probabilidades. Tampoco que antes haya situaciones más complicadas.
La sucesión sin solución de continuidad de boopers del oficialismo y de goles en contra del oficialismo ya tiene consecuencias. Y pueden ser peores.
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El entorno de Alberto Fernández cada vez cree menos en su candidatura
Algunos comenzaron a trabajar con Scioli; el Presidente insiste en mostrarse ambivalente
Maia Jastreblansky y Cecilia Devanna
Fernández, la semana pasada, en el aeropuerto de Ezeiza
“Estamos así, una semana parece que sí, otra semana parece que no”. El comentario de pasillo de un funcionario de la Casa Rosada refiere al interrogante que aparece en todas las conversaciones del Frente de Todos: si Alberto Fernández se presentará, o no, a la reelección. Un sector del kirchnerismo aceptó, al menos en lo declarativo, que haya unas PASO en el peronismo -como quería el Presidente- y eso dejó el escenario planteado para que el jefe del Estado finalmente diga si quiere competir.
A Fernández, además, le empiezan a correr los tiempos. Si bien muchos creen que está esperando a mayo –ese mes tiene al menos dos momentos simbólicos para hacer el gesto–, el kirchnerismo lo está presionando fuerte. En su entorno, además, algunos advierten que, de no presentarse, debería decirlo lo antes posible, para dar tiempo a rearmar la estrategia electoral del ala moderada del Frente de Todos.
“Por un lado, él ve que le tocaron la pandemia, la guerra, la sequía y además la interna política y cree que, en otras condiciones, podría gobernar mejor. Además, no aparecen otros candidatos que despunten y se aferra a eso. Del otro lado, él mira las encuestas y conoce el desgaste que tiene en su imagen… no es tonto”, describió a un importante funcionario de trato cotidiano con el Presidente. Otro ministro que tiene mucha confianza con él apuntó: “Alberto va y viene todo el tiempo”.
Los sondeos que leen en la cúpula del Gobierno alimentan la idea de que el jefe del Estado terminará declinando, con números adversos en imagen e intención de voto.
Un tercer colaborador muy estrecho de Fernández, asegura que se mantiene hermético sobre el asunto, incluso en su círculo chico. “No hay ningún dato que diga ni que sí ni que no. Él dice que lo definirá en su momento”, apuntó.
Mientras Fernández dilata su pronunciamiento, ya hay funcionarios de su entorno que empiezan a pensar en su futuro bajo la hipótesis de que el primer mandatario dará un paso al costado.
Hay funcionarios del riñón presidencial, de hecho, que ya comenzaron a colaborar con Daniel Scioli, aun cuando se siguen referenciando en el jefe del Estado.El embajador de Brasil está lanzado,pero no pretende aparecer como el delfín del Presidente.
“Casi todos creemos que Alberto se va a terminar bajando”, admitió esta semana un funcionario que trabaja en la Casa Rosada. Otro de los colaboradores presidenciales especuló sobre las alternativas que tiene el Presidente para mantenerse con autoridad en caso de no ir por un segundo mandato.
“Alberto puede apoyar a Scioli, entronizar a otro candidato, o declararse garante de las PASO y tratar de ponerse por encima de la interna”, opinó. Pese a la impaciencia, hay un esfuerzo de los que rodean a Fernández por defender sus tiempos. Muchos sospechan que su definición llegará no antes de mediados o fines de mayo.
“Cristina lo designó candidato un 18 de mayo y él asumió con Néstor un 25 de mayo, va a estar por ahí”, apostó un colaborador que trabaja en Balcarce 50. “¿Por qué se tiene que adelantar? Él viene utilizando los tiempos a su favor. Mirá lo que le pasó a (Mauricio) Macri: adelantó la definición y ahora tiene un problema con [Horacio Rodríguez] Larreta”, dijo un ministro albertista Y reconoció: “Alberto necesita que madure su proyecto de PASO. Si decide no ser candidato tiene que tener pavimentada y asegurada la estrategia de PASO y la unidad. Porque las PASO por ahora las tenemos de palabra, pero falta que se consoliden”.
El kirchnerismo, mientras tanto, presiona cada vez más fuerte y dice que Fernández está “empiojando” la estrategia electoral con su indefinición. El ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro, continuamente dice en público que Fernández fue quien llevó al Frente de Todos a una situación de PASO y da por hecho que el Presidente quiere competir. “Tiene que jugar. Si no ¿para qué nos trajo hasta acá?”, soltó esta semana un colaborador del ministro del Interior.
El fantasma que sobrevuela sobre todo el Gobierno es cómo hará Fernández para gestionar en los meses que restan hasta diciembre en caso de que no exprese una expectativa de continuidad. Un importante referente de La Cámpora apuntó esta semana: “Ellos (por el albertismo) plantean cómo va a hacer los meses que le quedan si él se corre ahora. Les dijimos que va a poder gobernar tranquilo hasta diciembre, nosotros le garantizamos esa gobernabilidad, pero necesitamos que despeje el escenario electoral”
“Estamos así, una semana parece que sí, otra semana parece que no”. El comentario de pasillo de un funcionario de la Casa Rosada refiere al interrogante que aparece en todas las conversaciones del Frente de Todos: si Alberto Fernández se presentará, o no, a la reelección. Un sector del kirchnerismo aceptó, al menos en lo declarativo, que haya unas PASO en el peronismo -como quería el Presidente- y eso dejó el escenario planteado para que el jefe del Estado finalmente diga si quiere competir.
A Fernández, además, le empiezan a correr los tiempos. Si bien muchos creen que está esperando a mayo –ese mes tiene al menos dos momentos simbólicos para hacer el gesto–, el kirchnerismo lo está presionando fuerte. En su entorno, además, algunos advierten que, de no presentarse, debería decirlo lo antes posible, para dar tiempo a rearmar la estrategia electoral del ala moderada del Frente de Todos.
“Por un lado, él ve que le tocaron la pandemia, la guerra, la sequía y además la interna política y cree que, en otras condiciones, podría gobernar mejor. Además, no aparecen otros candidatos que despunten y se aferra a eso. Del otro lado, él mira las encuestas y conoce el desgaste que tiene en su imagen… no es tonto”, describió a un importante funcionario de trato cotidiano con el Presidente. Otro ministro que tiene mucha confianza con él apuntó: “Alberto va y viene todo el tiempo”.
Los sondeos que leen en la cúpula del Gobierno alimentan la idea de que el jefe del Estado terminará declinando, con números adversos en imagen e intención de voto.
Un tercer colaborador muy estrecho de Fernández, asegura que se mantiene hermético sobre el asunto, incluso en su círculo chico. “No hay ningún dato que diga ni que sí ni que no. Él dice que lo definirá en su momento”, apuntó.
Mientras Fernández dilata su pronunciamiento, ya hay funcionarios de su entorno que empiezan a pensar en su futuro bajo la hipótesis de que el primer mandatario dará un paso al costado.
Hay funcionarios del riñón presidencial, de hecho, que ya comenzaron a colaborar con Daniel Scioli, aun cuando se siguen referenciando en el jefe del Estado.El embajador de Brasil está lanzado,pero no pretende aparecer como el delfín del Presidente.
“Casi todos creemos que Alberto se va a terminar bajando”, admitió esta semana un funcionario que trabaja en la Casa Rosada. Otro de los colaboradores presidenciales especuló sobre las alternativas que tiene el Presidente para mantenerse con autoridad en caso de no ir por un segundo mandato.
“Alberto puede apoyar a Scioli, entronizar a otro candidato, o declararse garante de las PASO y tratar de ponerse por encima de la interna”, opinó. Pese a la impaciencia, hay un esfuerzo de los que rodean a Fernández por defender sus tiempos. Muchos sospechan que su definición llegará no antes de mediados o fines de mayo.
“Cristina lo designó candidato un 18 de mayo y él asumió con Néstor un 25 de mayo, va a estar por ahí”, apostó un colaborador que trabaja en Balcarce 50. “¿Por qué se tiene que adelantar? Él viene utilizando los tiempos a su favor. Mirá lo que le pasó a (Mauricio) Macri: adelantó la definición y ahora tiene un problema con [Horacio Rodríguez] Larreta”, dijo un ministro albertista Y reconoció: “Alberto necesita que madure su proyecto de PASO. Si decide no ser candidato tiene que tener pavimentada y asegurada la estrategia de PASO y la unidad. Porque las PASO por ahora las tenemos de palabra, pero falta que se consoliden”.
El kirchnerismo, mientras tanto, presiona cada vez más fuerte y dice que Fernández está “empiojando” la estrategia electoral con su indefinición. El ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro, continuamente dice en público que Fernández fue quien llevó al Frente de Todos a una situación de PASO y da por hecho que el Presidente quiere competir. “Tiene que jugar. Si no ¿para qué nos trajo hasta acá?”, soltó esta semana un colaborador del ministro del Interior.
El fantasma que sobrevuela sobre todo el Gobierno es cómo hará Fernández para gestionar en los meses que restan hasta diciembre en caso de que no exprese una expectativa de continuidad. Un importante referente de La Cámpora apuntó esta semana: “Ellos (por el albertismo) plantean cómo va a hacer los meses que le quedan si él se corre ahora. Les dijimos que va a poder gobernar tranquilo hasta diciembre, nosotros le garantizamos esa gobernabilidad, pero necesitamos que despeje el escenario electoral”
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