Retrato de la desigualdad en una provincia rica
A pesar de tener uno de los productos geográficos brutos más altos, en la provincia existen 281 asentamientos; la desigualdad es palpable: hay chicos que crecen hacinados en viviendas precarias, sin baño ni agua potable
Texto y fotos Micaela Urdinez | Enviada especial
Rubí Aguirre tiene 8 años y vive en el asentamiento Los 40 de Argüello, en la ciudad de Córdoba; hasta hace unos meses, su casa tenía piso de tierra y se llovía; ella sufría broncoespasmos
Córdoba tiene uno de los índices más altos de generación de riqueza, pero en su territorio hay 281 asentamientos; miles de chicos viven hacinados.
Hasta hace unos meses Rubí Aguirre tenía broncoespasmos casi crónicos. Con solo 8 años, en el ranchito de nylon, chapa y madera en el que vivía el piso era de tierra y la humedad se le metía hasta los huesos. Sus días en el asentamiento Los 40 de Argüello, en la ciudad de Córdoba, justo al lado de un basural, son muy duros. A solo un kilómetro, otros niños viven en barrios cerrados en casas con todas las comodidades.
Córdoba no escapa al impacto de la pandemia ni a la realidad de la mayoría de las provincias de la región centro del país: la desigualdad en la niñez es palpable. En este territorio pujante en el sector alimentario, la industria automotriz y el turismo, todavía hay infancias atravesadas por la indigencia. A pesar de tener uno de los productos geográficos brutos más altos, las brechas son enormes.
Hambre de Futuro recorrió algunas de las zonas más vulnerables de la provincia y comprobó que los contrastes son enormes. Allí se encontró con chicos en viviendas precarias, que no tienen agua potable ni baño.

Desde el Ministerio de Hábitat y Economía Familiar son conscientes de la urgencia. “Si pusimos en marcha 100 urbanizaciones es porque reconocemos que hay una dificultad en poblaciones que viven con muchas carencias y por eso estamos trabajando en eso. Seguramente falta mucho todavía, pero se está haciendo muchísimo por la integración sociourbana”, señala Laura Jure, su titular.
En la ciudad de Córdoba, hay 13 barrios ya transformados y 39 obras en ejecución. En el interior ya se terminaron las obras en dos barrios y hay más de 50 en ejecución.
“Se enfermaba todo el tiempo”
La casa de Rubí se llovía, entraba frío y ella se enfermaba todo el tiempo. Sus hermanos Norma (5) y Enzo (1), también. “El lugar era mínimo. Íbamos tapando con trapos y construyendo de a poquito”, recuerda Noelia Aguirre, su mamá. La salvación llegó en abril pasado de la mano de Techo Argentina, que les construyó una casa en la que ahora están más cómodos y protegidos.
El merendero Las Manos de mi Barrilito funciona en este asentamiento. Dayana Vázquez es la referente de este espacio que da de comer a casi 400 personas. “Tenemos viviendas muy precarias de chapas, nylon, madera y piso de tierra. Cuando llueve te entra un metro y medio de agua a tu casa”, se queja Vázquez.
Según el Relevamiento Nacional de Barrios Populares hay 281 asentamientos en la provincia, la mitad situados en la ciudad de Córdoba. “Hacés media hora y ya tenés un asentamiento. Los barrios populares se van asentando en los márgenes, donde nadie llega y donde más problemáticas hay”, dice Guido Barbizán, director de Techo Córdoba.
A nivel país, Córdoba supera la media nacional en su índice de pobreza monetaria infantil (59,2%), en la privación al derecho a la educación de los niños (14,5%) y en la falta de tenencia de baño (15,7%).
En los asentamientos de la ciudad, en una zona urbana marginal como Chacras de la Merced o en las áreas rurales, las diferencias se pueden palpar en el acceso a cualquiera de los derechos básicos.
“Vemos que es muy necesario nuestro abordaje porque es gente que primero no eligió vivir así, sin agua, sin luz, en donde no entra la ambulancia o el patrullero. Pero también porque de alguna manera no están integrados al resto de la ciudad. Y en segundo lugar, porque no pueden solos”, agrega Jure.
Otras líneas de intervención son la entrega de 10.000 viviendas y el otorgamiento de 50.000 créditos para que las familias puedan construir o finalizar un baño o un dormitorio.
El norte y el oeste, lo más pobre
Los departamentos del norte y del oeste de la provincia son en donde las infancias están más en riesgo.
Según un relevamiento de Unicef realizado sobre la base de cifras oficiales, el 79% de los niños que viven en los departamentos de Minas y Pocho no tienen acceso a una computadora, más del 30% lo hace en hogares con necesidades básicas insatisfechas y casi el 20% no posee baño o está ubicado fuera de la vivienda. En la ciudad de Córdoba estos índices mejoran notablemente.
Lucio V. Mansilla es un pueblo “fantasma” ubicado sobre las Salinas Grandes, en donde los adolescentes se enfrentan a la falta de trabajo y a la escasez de agua. Esta viene por cañerías desde Quilino, una localidad a 50 kilómetros y se habilita por un par de horas para que las familias la junten en tachos o piletas. “Hicimos análisis del agua y descubrimos que contenía coles y no es apta para el consumo en la parte biológica”, cuenta Enzo del Valle Rojo, el director del IPET 308.
“Acá los derechos humanos estuvieron siempre totalmente atropellados. Hay una desigualdad terrible”, dice Alida Weht, cofundadora de la ONG Las Omas, que funciona en Chacras de la Merced. Joselin Zamudio tiene 9 años y se mueve en silla de ruedas. No habla, pero se hace entender con gestos y sonidos. “Lo que necesitamos es una casa porque dormimos todas juntas con Joselin, mi mamá y mi hermana en una pie cita. corremos muchos riesgos acá. cuando la casa se inunda se llena de bichos”, dice Mariel Zamudio, su mamá .
Córdoba tiene uno de los índices más altos de generación de riqueza, pero en su territorio hay 281 asentamientos; miles de chicos viven hacinados.
Hasta hace unos meses Rubí Aguirre tenía broncoespasmos casi crónicos. Con solo 8 años, en el ranchito de nylon, chapa y madera en el que vivía el piso era de tierra y la humedad se le metía hasta los huesos. Sus días en el asentamiento Los 40 de Argüello, en la ciudad de Córdoba, justo al lado de un basural, son muy duros. A solo un kilómetro, otros niños viven en barrios cerrados en casas con todas las comodidades.
Córdoba no escapa al impacto de la pandemia ni a la realidad de la mayoría de las provincias de la región centro del país: la desigualdad en la niñez es palpable. En este territorio pujante en el sector alimentario, la industria automotriz y el turismo, todavía hay infancias atravesadas por la indigencia. A pesar de tener uno de los productos geográficos brutos más altos, las brechas son enormes.
Hambre de Futuro recorrió algunas de las zonas más vulnerables de la provincia y comprobó que los contrastes son enormes. Allí se encontró con chicos en viviendas precarias, que no tienen agua potable ni baño.

Desde el Ministerio de Hábitat y Economía Familiar son conscientes de la urgencia. “Si pusimos en marcha 100 urbanizaciones es porque reconocemos que hay una dificultad en poblaciones que viven con muchas carencias y por eso estamos trabajando en eso. Seguramente falta mucho todavía, pero se está haciendo muchísimo por la integración sociourbana”, señala Laura Jure, su titular.
En la ciudad de Córdoba, hay 13 barrios ya transformados y 39 obras en ejecución. En el interior ya se terminaron las obras en dos barrios y hay más de 50 en ejecución.
“Se enfermaba todo el tiempo”
La casa de Rubí se llovía, entraba frío y ella se enfermaba todo el tiempo. Sus hermanos Norma (5) y Enzo (1), también. “El lugar era mínimo. Íbamos tapando con trapos y construyendo de a poquito”, recuerda Noelia Aguirre, su mamá. La salvación llegó en abril pasado de la mano de Techo Argentina, que les construyó una casa en la que ahora están más cómodos y protegidos.
El merendero Las Manos de mi Barrilito funciona en este asentamiento. Dayana Vázquez es la referente de este espacio que da de comer a casi 400 personas. “Tenemos viviendas muy precarias de chapas, nylon, madera y piso de tierra. Cuando llueve te entra un metro y medio de agua a tu casa”, se queja Vázquez.
Según el Relevamiento Nacional de Barrios Populares hay 281 asentamientos en la provincia, la mitad situados en la ciudad de Córdoba. “Hacés media hora y ya tenés un asentamiento. Los barrios populares se van asentando en los márgenes, donde nadie llega y donde más problemáticas hay”, dice Guido Barbizán, director de Techo Córdoba.
A nivel país, Córdoba supera la media nacional en su índice de pobreza monetaria infantil (59,2%), en la privación al derecho a la educación de los niños (14,5%) y en la falta de tenencia de baño (15,7%).
En los asentamientos de la ciudad, en una zona urbana marginal como Chacras de la Merced o en las áreas rurales, las diferencias se pueden palpar en el acceso a cualquiera de los derechos básicos.
“Vemos que es muy necesario nuestro abordaje porque es gente que primero no eligió vivir así, sin agua, sin luz, en donde no entra la ambulancia o el patrullero. Pero también porque de alguna manera no están integrados al resto de la ciudad. Y en segundo lugar, porque no pueden solos”, agrega Jure.
Otras líneas de intervención son la entrega de 10.000 viviendas y el otorgamiento de 50.000 créditos para que las familias puedan construir o finalizar un baño o un dormitorio.
El norte y el oeste, lo más pobre
Los departamentos del norte y del oeste de la provincia son en donde las infancias están más en riesgo.
Según un relevamiento de Unicef realizado sobre la base de cifras oficiales, el 79% de los niños que viven en los departamentos de Minas y Pocho no tienen acceso a una computadora, más del 30% lo hace en hogares con necesidades básicas insatisfechas y casi el 20% no posee baño o está ubicado fuera de la vivienda. En la ciudad de Córdoba estos índices mejoran notablemente.
Lucio V. Mansilla es un pueblo “fantasma” ubicado sobre las Salinas Grandes, en donde los adolescentes se enfrentan a la falta de trabajo y a la escasez de agua. Esta viene por cañerías desde Quilino, una localidad a 50 kilómetros y se habilita por un par de horas para que las familias la junten en tachos o piletas. “Hicimos análisis del agua y descubrimos que contenía coles y no es apta para el consumo en la parte biológica”, cuenta Enzo del Valle Rojo, el director del IPET 308.
“Acá los derechos humanos estuvieron siempre totalmente atropellados. Hay una desigualdad terrible”, dice Alida Weht, cofundadora de la ONG Las Omas, que funciona en Chacras de la Merced. Joselin Zamudio tiene 9 años y se mueve en silla de ruedas. No habla, pero se hace entender con gestos y sonidos. “Lo que necesitamos es una casa porque dormimos todas juntas con Joselin, mi mamá y mi hermana en una pie cita. corremos muchos riesgos acá. cuando la casa se inunda se llena de bichos”, dice Mariel Zamudio, su mamá .
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