lunes, 24 de octubre de 2022

HISTORIAS DE VIDA ¡¡¡ BIENVENIDOS !!!!


De Kabul a Buenos Aires, un viaje por la libertad
Lazos solidarios permitieron el viaje; Nilofar Yaqubi, junto con su esposo y sus dos pequeñas hijas, se establecerán en la Argentina
Texto Evangelina HimitianNilofar, junto a su marido y a sus hijas, en Pakistán, a punto de volar a la Argentina
Llegó al país la primera familia afgana de refugiados tras la caída de su país en manos de los talibanes; es un matrimonio con dos pequeñas hijas; reciben ayuda de varias ONG para iniciar una nueva vida.
Faltaban unas horas para subirse a ese avión y Nilofar Yaqubi, afgana, feminista, de 31 años, no podía creer que finalmente estuviera por ocurrir. Ella, sus hijas de seis y cuatro años y su marido estaban a punto de convertirse en la primera familia de refugiados humanitarios en llegar a la Argentina después de la caída de Kabul en manos de los talibanes, en agosto de 2021. Todavía tenían frescas las imágenes de cientos de personas intentando subirse a los aviones para conseguir salir del país y después la explosión que puso fin al proceso de evacuación.
Ella y su familia estaban en una de las listas de personas que tenían que salir de forma urgente de Afganistán. Pero ni siquiera llegaron al aeropuerto aquella vez cuando vieron que su chance se evaporaba. Entonces tuvieron que trasladarse a otra ciudad y empezar un peregrinaje por el país para mantenerse a salvo. De pueblo en pueblo.
Ser feminista y haber trabajado en distintas organizaciones que bregan por los derechos de las mujeres, como por ejemplo a acceder a la salud reproductiva, a métodos anticonceptivos y maternidad segura en Afganistán, hoy para el régimen talibán la convierte en un blanco indubitable.
“Estamos muy ansiosos y muy agradecidos a la Argentina por brindarnos la oportunidad de vivir allí y abrir un nuevo capítulo de nuestra vida”, dijo Nilofar, en diálogo antes de subirse a ese avión que la iba a llevar desde Pakistán hasta a Qatar y, de allí a San Pablo, y para finalmente arribar a la Argentina.
No fue fácil. Leopoldo Sahores, embajador argentino en Pakistán (que cubre también Afganistán ya que allí no hay una embajada porque no se reconoce al gobierno talibán), es uno de los eslabones de esa cadena que se tejió para que la mudanza de Nilofar y su familia de fuera posible.
Esta trama involucra voluntarios, ONG, organismos internacionales y gubernamentales, entre otros. Hace poco más de un año, al embajador Sahores lo contactó Agustina G. (pidió no ser identificada) una argentina que vive en Dubái, para contarle la historia de Nilofar y pedirle ayuda.
Cuando cayó Kabul, una amiga de Agustina, que trabaja en una ONG que estaba ayudando a familias de afganos a salir de su país, disparó un mensaje en el grupo de Whatsapp. Necesitaban manos para cargar rápido los datos de las familias que habían quedado en medio del conflicto para ayudarlos a salir.
Agustina se sumó y en una de sus listas estaba Nilofar. Pero el viaje no se pudo concretar, por la explosión en el aeropuerto. Entonces estas dos mujeres iniciaron un intercambio de mensajes casi diario. Nilofar pedía ayuda desesperada, temía por sus hijas y por su familia. Agustina sentía que tenía que hacer algo y no sabía qué. Por varios días, solamente era preguntarle cómo seguía todo. Cómo estaba, si había comido, si había podido dormir. Y Nilofar le insistía en que la ayudara a salir de Afganistán.
Tan hondo caló su pedido que Agustina empezó a escribir a todas las sedes de la Acnur (la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados) y a enviarles una carta con la historia de esta familia.
Finalmente, una amiga de una amiga la puso en contacto con el embajador argentino en Pakistán y empezó a aparecer una posibilidad. Así se enteró que la Argentina había anunciado, después de aquellas devastadoras imágenes de personas hasta colgadas del fuselaje de aviones tratando de huir del régimen talibán, un programa para recibir refugiados afganos, pero por distintas razones nunca se concretó. Después llegó la guerra en Ucrania y el foco internacional viró hacia allí y la situación de los afganos en algún sentido quedó en segundo plano.
“Fue ella (por Nilofar) la que no me dejó distraerme ni un minuto. Muy decidida. Insistió hasta que lo consiguió”, contó Agustina a la nacion. El embajador Sahores se puso en campaña para impulsar los trámites diplomáticos y Nilofar consiguió las visas y los pasajes para viajar a Pakistán, donde estuvo viviendo con su familia desde agosto del año pasado. Sin embargo, tampoco era seguro para ellos permanecer allí, por eso continuaron buscando un destino en otro país.
Largo camino
Sahores los recibió y les brindó todo el apoyo. Nilofar se entusiasmó tanto con la idea de la Argentina, con la amabilidad que encontró en Agustina y en el embajador, que pensó que ese podía ser un lugar para vivir. Armó su currículum, ya que tiene un MBA y una licenciatura en recursos humanos y estaba cursando una maestría cuando estalló el conflicto en su país.
Además, tiene varios años de experiencia laboral en organizaciones como Marie Stopes International, que en 2002 abrió la primera clínica de salud reproductiva y maternidad segura en Afganistán, entre otras. También, empezó a estudiar español por medio de tutoriales de Youtube. Abrazándose con todas sus fuerzas a esa posibilidad para ella y su familia.
El día que los talibanes tomaron Kabul, Nilofar estaba en la oficina de la ONG en la que trabajaba. En los últimos 13 años había pasado por varias organizaciones, siempre enfocada en la defensa de los derechos humanos y de las mujeres. Su marido, Mohammad Yousuf Arifi, estaba en su trabajo (también en otra ONG), y sus hijas Yusra Setaish y Mehersa, entonces de tres y cinco años, se encontraban en la guardería.
“La situación en Afganistán no era buena desde enero de 2021 y en los últimos meses había empeorado y día a día las provincias fueron tomadas por los talibanes. Nunca pensamos que algún día los talibanes también tomarían Kabul”, contó mientras preparaba la valija, unas pocas horas antes de subir al avión.
“Ese día, yo estaba en el trabajo, de repente escuchamos que los talibanes tomaron Kabul y que el presidente [Ashraf Ghani] había huido de Afganistán. Cerraron mi oficina y todos empezaron a intentar volver a sus casas. Pero no se podía. Yo estaba muy preocupada porque mis hijas estaban todavía en la guardería, lejos de mi trabajo, y yo estaba vestida con ropa normal, que no es la que los talibanes les exigen a las mujeres. No podía parar de llorar, porque no sabía cómo hacer para cruzar la ciudad y llegar hasta la guardería”, relató Nilofar. Y contó que todas las calles de Kabul estaban cortadas, la ciudad era un absoluto caos de tránsito.
“Mi esposo y yo caminamos unos 45 minutos de un lado para otro, intentando pasar, para buscar a las niñas. Finalmente, lo logramos y después corrimos por las calles durante otros 45 minutos para llegar a nuestra casa. Era terrible. Todos llorábamos al mismo tiempo. La gente gritaba y corría. Mis hijas tenían mucho miedo. Hasta el día de hoy, me aterroriza recordar ese día”, relató.
No pudieron quedarse tampoco ahí. Sabían que corrían peligro. ¿Cómo es ser una activista feminista en Afganistán hoy? “Hoy en día ser feminista es un gran crimen en Afganistán. Si detectan algo sobre mujeres activistas, por diferentes razones, serán detenidas e incluso nadie podrá preguntar por ellas”, respondió.
Y Nilofar explicó: “Trabajar en ONG en Afganistán fue un placer, durante los 20 años de gobierno de la república. Muchas ONG significaron grandes oportunidades, especialmente para las mujeres. Tuvimos respeto, libertad y autoridad mientras trabajábamos allí”.
Pero la situación había cambiado. “Cuando los talibanes buscan mujeres que hayan trabajado como defensoras de los derechos de las mujeres, preguntan a los vecinos sobre el estado de cada familia y registran la casa, incluso si encuentran algún documento relacionado con una ONG, es el fin. Por eso fue muy difícil salir en esta situación”. “Quedarnos exponía a nuestras familias, parientes y vecinos”, advirtió.
Por eso, lo que siguió fueron meses de moverse junto con su familia en la clandestinidad de un pueblo a otro. Pero Nilofar tampoco quería ni podía quedarse en silencio.
“Terrible”
“Como activista, que trabajé 13 años por los derechos de las mujeres, estar en casa y ver la situación de otras mujeres que ni siquiera pueden estudiar, salir, continuar trabajando, fue terrible. Es muy difícil quedarse simplemente observando y no poder hacer nada por tu propia vida y por la de otras mujeres, es devastador”.
“A la vez, sentís que cada día, la vela de tu vida se consume e imaginas el futuro que le puede tocar a tus hijas en ese entorno. Es tortuoso. Aunque es difícil dejar tu país, tu familia y todos tus recuerdos de la infancia, cuando se trata de la vida, la tuya la de tus hijas, definitivamente tenés que irte”, manifestó.
De la decepción por haber perdido la chance de salir de Afganistán a la fortaleza de tejer una red de contactos que la ayudaran a poder irse, Nilofar seguió siempre aferrándose a ese teléfono, el de Agustina, como única alternativa de futuro.
Un año después, el panorama es otro. El embajador Sahores envió la foto de Nilofar y de su familia, saludando, a punto de subir a ese avión que los convertirá en los primeros refugiados afganos después de que estallará la violenta crisis de 2021.
Del otro lado de los océanos ya los espera una vida nueva. A través de una ONG, Acnur Argentina y de la Organización Internacional de Migraciones (OIM), los ayudó a conseguir los pasajes y los recursos para financiar un alquiler por un año para la familia. Después de ese tiempo, deberán abrirse camino solos. Por eso, tanto Nilofar como Mohammad ya prepararon sus currículums y esperan valerse de todo el español que están aprendiendo para conseguir un trabajo en la Argentina.
Atrás quedan sus familias, los amigos y todo lo conocido. Por delante, una vida libre, con oportunidades. “Leí sobre la Argentina en la web y sé que es un buen país para vivir, la gente es amable, hospitalaria y tienen libertad para que las mujeres tengan acceso a sus derechos. Eso es lo que queremos”, planteó
Asistida por varias ONG, la familia tendrá los recursos para financiar un alquiler por un año; luego tendrán que abrirse camino por su cuenta

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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