Sexualidad adolescente. Más informal y sin presión social
No es una condición ser novios; cuidados escasos
Texto Gabriela Navarra
En los últimos tiempos, en los hogares se da con más frecuencia la conversación sobre la iniciación sexual de los adolescentes. Es que se evidencian más relaciones ocasionales y menos presión social a la hora de llegar al primer encuentro íntimo. De todos modos, los especialistas ponen el énfasis en la importancia de la profilaxis para evitar consecuencias no deseadas.
A diferencia de lo que ocurría hace algunas décadas, estar de novios ya no es condición para la iniciación sexual de los jóvenes. Mucho menos pensar en casarse. Hay más información y cuidados, pero el uso del preservativo sigue resultando insuficiente. Las presiones sociales se diluyen y las llamadas “disidencias” sexuales se aceptan con más naturalidad. La primera experiencia parece marcar un punto de inflexión en la vida y va adoptando distintos modelos.
Los cambios se evidencian en los hogares, donde la conversación con los adultos, especialmente con los padres, se da con mayor frecuencia. Alejandra Ariovich, que integra el Comité de Estudio Permanente para la Adolescencia (CEPA) de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), lo percibe en su práctica: “Hoy está habilitado hablar de la sexualidad y de la exploración sexual. Las palabras ‘autonomía’ y ‘decisión’ ayudan mucho. Y que los adultos puedan hablar del placer y del consentimiento habilita a un mejor cuidado y mayor disfrute”.
Leandro H, recién separado luego de un matrimonio de más de 20 años, es padre de dos adolescentes. La mayor, de 18, hace poco presentó a su novio. “Me pidió que volviera tarde a casa; volví al otro día. Ella tenía una carita rara. Me dijo que no habían podido hacer nada, que ella lo había mandado a ponerse el preservativo al baño y que él no había podido. La tranquilicé, le dije que era normal que pasara eso, que el preservativo era algo que había que compartir, que si lo mandaba a otro lado para él sería difícil, que también ella podía ayudarlo”, relata.
No siempre el diálogo es tan directo. Hay chicos que se expresan menos. “Lo importante es respetar los tiempos –dice Ariovich–, aceptar el silencio y salir del ‘interrogatorio’. Hablar sobre una película, compartir una serie, la cena. Si no habla con el papá o la mamá que hable con alguien de confianza”.
Los especialistas coinciden en que hay más espacio para el diálogo familiar sobre el primer encuentro. Las divergencias surgen cuando se analiza el rol de los padres o referentes frente a los adolescentes. “Me asusta cuando los papás simplemente ven que tienen novio o novia y los llevan a buscar métodos anticonceptivos”, expresa Maritchu Seitún, psicóloga especializada en crianza.
La última Encuesta Nacional de Salud Sexual y Reproductiva es de 2013 e indicó que las adolescentes de 14 a 19 habían iniciado sus relaciones sexuales en promedio a los 15,5 años y los varones a los 14,9. En la tercera Encuesta Mundial de Salud Escolar (EMSE), de 2018 sobre 523 escuelas de el país entre alumnos de 13 a 17, casi el 42% manifestó haber mantenido relaciones sexuales. Respecto al primer encuentro, el 31,8% tenía entre 13 y 15 años y el 63,7%, entre 16 y 17. Eran más varones que mujeres los que habían atravesado la experiencia.
Si bien no hay cifras actualizadas sobre la edad de iniciación sexual, en los consultorios ginecológicos no se reflejan movimientos significativos. “Cambió la tendencia a cuidarse desde la primera relación sexual”, afirma Silvia Oizerovich, expresidenta de la Sociedad Argentina de Ginecología Infanto Juvenil. No duda en atribuir esa mayor conciencia de los jóvenes al Plan Nacional de Prevención del Embarazo no Intencional en la Adolescencia (ENIA), que empezó en 2017, y a la EducaciónSexualIntegral(ESI),que ya lleva 16 años. “La tasa de fecundidad adolescente desde 2015 no ha dejado de disminuir. Esto tiene que ver con el acceso a anticonceptivos, entre ellos el implante de larga duración, y con la asesoría y orientación en salud sexual”, sostiene.
Menos embarazos
Junto con la disminución de los embarazos adolescentes de 15 a 19 años, en la última década fue descendiendo y se estabilizó la proporción de casos de VIH/sida entre los 12 y 19. “Es menor que en mayores –asegura Federico Villalba, coordinador de la Red Argentina de Jóvenes y Adolescentes Positivos (Rajap)–. Pero en la medida en que la infección se siga transmitiendo en adolescentes hay que aplicar estrategias para que deje de suceder, con campañas de información, testeos universales y gratuitos y ESI”.
Oizerovich, que es presidenta de la Red Iberoamericana de Profesionales de la Salud Sexual y Salud Reproductiva, ratifica que el preservativo “no se usa todo lo que haría falta”. En su forma de vincularse, dice, los adolescentes suelen ser monógamos, pero cambian a menudo de relación. Las redes sociales agregaron inmediatez. Aquellos que están fuera del sistema educativo preocupan a los profesionales. “Son los más vulnerables, los que menos se cuidan y los que suelen empezar antes su actividad sexual”, afirma.
La protección en esta etapa de la vida está más orientada a evitar un embarazo que a prevenir enfermedades de transmisión sexual. “No tienen claro de qué se trata cuidarse bien a sí mismos”, evalúa Seitún.
“Lo más importante es que la iniciación sexual se dé en un marco de consentimiento -dice Mailén Pérez Tort, coordinadora del Área de Expansión Comunitaria de Casa Fusa, especializada en la atención de adolescentes y jóvenes-. Hace años, el 80% de las chicas se iniciaban sexualmente por insistencia del varón; ahora las relaciones son entre pares, consentidas y ocasionales. Los vínculos no son tan formales: pueden ser amigos, novios”.
En cada hogar, los modos de dialogar sobre el inicio sexual tiene distintos formatos e interlocutores, lo que es casi unánime es que es una conversación necesaria.
Mariela es traductora y madre de un adolescente de 15 años, a quien define como “sociable” y “autónomo”. “A veces viene con algún regalito y dice que es de una ‘amiga’, sin dar detalles. Confieso que le pregunté por el uso del preservativo… me contestó con un ‘seee’, como que ya sabía. Creo que a mi hijo lo enriquece escuchar otras voces, no solo las nuestras. Y nos libera, nos saca peso saber que en la escuela tiene otro circuito, otras personas que también lo van a cuidar y a contener”, expresa.
Georgina Binstock, doctora en sociología, investigadora del Centro de Estudios de Población (Cenep)/Conicet, recuerda que hace años la experimentación sexual en la mujer se ligaba mucho más con la vida conyugal: “Una chica se iniciaba con quien sería más tarde el marido o la pareja estable. Antes una pareja esperaba unos seis meses para tener relaciones; ahora menos y tampoco es un noviazgo formal. Se van acelerando los procesos”.
Otra variable que se suma al análisis es la pubertad precoz. María Sol Rodríguez Azrak, médica endocrinóloga infantil del hospital Tornú, explica que es mucho más común en niñas que en varones y que se caracteriza, por ejemplo, por el desarrollo mamario antes de los ocho años o la primera menstruación antes de los 10.
“Durante la pandemia, los chicos no pudieron hacer nada de lo que hacían, ni ir a la escuela, ni ver a los amigos, además vivieron el estrés de tener familiares de riesgo. Todo eso aumentó su exposición a las pantallas y existen sospechas de que eso cambia la síntesis de la melatonina y acelera la pubertad”, indica la especialista.
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