Roemmers compró manuscritos de Borges para donar
El empresario y escritor pagó US$500.000 en una subasta por siete piezas con fragmentos de cuentos y una carta autógrafa; busca una institución para ceder su colección
Daniel Gigena
En una subasta internacional realizada en Buenos Aires hace veinte días, de la que participaron representantes de universidades extranjeras y coleccionistas de otros países, el empresario, escritor y filántropo Alejandro Roemmers compró siete manuscritos y una carta autógrafa de Jorge Luis Borges que pertenecían a la colección del bibliógrafo, crítico y poeta Horacio Jorge Becco. El extraordinario conjunto de originales –fechados entre 1941 y 1950 y que incluye versiones de algunos de los cuentos más célebres, como “Las ruinas circulares”, “Tres versiones de Judas” y “La casa de Asterión”– se quedará en la Argentina.
“Las complicaciones económicas del país nos ayudaron –admite Roemmers con ironía en su casa de San Isidro, antes de regresar a Madrid–. Las trabas que tienen los extranjeros para pagar nos jugaron a favor. Menos mal, porque el Estado nacional no se interesa en estas compras”. El autor de El regreso del joven príncipe, que invirtió más de medio millón de dólares en la compra, espera que el Estado, una institución privada o una iniciativa mixta alojen su colección borgeana, que tiene miles de piezas.
“Si existiera el Museo Borges, compraría todos los manuscritos que se pueda para sumar a una colección que ya tiene treinta mil piezas, con libros, revistas, originales, objetos, documentos e incluso dos cuadros de Norah Borges –dice Roemmers–. No pido nada a cambio; solo que se resguarden en un lugar apropiado, que se mantenga actualizada y que esté al servicio de la comunidad”. Cuenta con el asesoramiento de Alejandro Vaccaro, flamante presidente de la Fundación El Libro.
En 2019, Roemmers se había encontrado con Alberto Fernández antes de que asumiera como presidente para ofrecerle una donación de libros y manuscritos. “Vamos a crear el Museo Borges, en homenaje al hombre más grande en las letras que ha tenido nuestro país”, había anunciado Fernández entonces. Pero la pandemia y la crisis económica diluyeron esa promesa. “Sigo pensando que el Estado es el que tiene que arbitrar el lugar y los medios para administrar y preservar la colección. La ciudad de Buenos Aires o el Estado nacional tendrían que crear un lugar acorde con lo que Borges representa”, asegura Roemmers.
Las obras en el Centro de Estudios y Documentación Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional, en México al 500, comenzaron hace seis meses y aún falta un año de trabajo, según el Ministerio de Obras Públicas. “Alberto Manguel me llamó, cuando era director de la Biblioteca, pero después no supe nada más –recuerda–. Si ese lugar se puede poner en valor, tiene la gran ventaja de que Borges trabajó allí muchos años; es ideal”. Al ser consultado sobre si el Centro Cultural Borges, que pasó a la órbita del Ministerio de Cultura de la Nación, podría recibir la colección, Roemmers responde que no tiene preconceptos. “Habría que explorar la posibilidad”. El empresario también se había reunido con Macri cuando fue elegido jefe de gobierno porteño, en 2007. “Si él hubiera dispuesto un lugar, yo seguramente habría comprado la colección de Jorge Helft, que era muy importante –afirma–. Él y Hernán Lombardi me propusieron hacer el museo en lo que había sido el Patronato de la Infancia, en San Telmo, que en ese momento era una ruina [ahora es sede de la comuna 1]”. Próximamente, el empresario se reunirá con el ministro de Cultura porteño, Enrique Avogadro. “No creo que me pueda ofrecer un espacio”, considera.
Su sueño es que Eduardo Costantini construya un anexo del Malba para que los admiradores de Borges conozcan y aprecien la colección. Mientras tanto, los manuscritos están guardados en una caja de seguridad de una escribanía. “Vi a Borges una sola vez, cuando yo tenía catorce años, y desde entonces siento admiración y reconocimiento –declara–. No solo es el escritor más importante de la Argentina, sino también una figura internacional descollante. Por eso quiero preservar todo lo que se pueda y que haya un museo. Un lugar abierto al mundo donde especialistas y personas interesadas puedan ver los originales escritos y tachados por él, y que no haya que viajar a la Universidad de Princeton a verlos”.
Por otra parte, Roemmers –que presentará su novela Morir lo necesario el próximo 24 en el Instituto Cervantes, en Madrid– trabaja en un espectáculo interactivo e inmersivo, “una suerte de show virtual que pueda viajar por el mundo” con Borges como protagonista. También le gustaría escribir una obra teatral con el autor de El Aleph y Cristo. Estima que para poder concretar los proyectos deberá contar con la aprobación de la viuda del escritor, María Kodama.
“Me dolió que dijera que una colección que no cabe en el departamento en el que vivió Borges era algo que una señora se había llevado en un baúl –sostiene sobre los dichos de Kodama en 2019–. Le dije que si había algo en mi colección que era de ella se lo llevara. Nunca volvimos a hablar. En 2019, no quiso acompañarme al encuentro con el presidente electo. Yo le había dicho que ella iba a tener un lugar de honor en ese museo dedicado a Borges. Me respondió que no quería donar nada al país porque acá las cosas de su marido habían sido descuidadas. No digo que esté errada; la Argentina desprecia todo, y más lo local”.
En la carta dirigida a Becco, autor de la primera bibliografía sistemática de la obra de Borges, se lee: “Estimado amigo Becco: lamento no haber estado el domingo para saludarlo y agradecerle en persona los libros que me trajo. Cumpliendo con su pedido para la bibliografía que está en ciernes, José́ Luis le lleva siete manuscritos que Madre y yo pudimos hallar entre sus cosas; cuando no sean de utilidad haga de ellos lo que desee, siendo el destino ideal destruirlos. Un gran abrazo. Jorge Luis Borges”.
Con excepción de “La espera”, muy corregido por el autor, el resto son versiones en limpio conservadas por Borges, con palabras o líneas subrayadas. Todas presentan diferencias o variantes respecto de las versiones publicadas, en consonancia con el criterio borgeano de que “la idea de texto definitivo pertenece a la religión o al cansancio”. Los textos están titulados, firmados y en su mayoría fechados, escritos en tinta negra sobre las hojas de siete cuadernos escolares de marcas como Bachiller, Laprida, Coloso, Canta Claro y Estudiantina. Tres cuadernos llevan en la tapa el nombre del relato y la firma del autor; otros tres muestran una etiqueta con la leyenda “Anales de Buenos Aires”, publicación que Borges dirigió́ de 1946 a 1948 y en la que fueron publicados por primera vez “Los inmortales”, “La casa de Asterión” y “El Zahir”.
La retiración de contratapa de “Los inmortales” (que luego se llamó “El inmortal”) contiene dos croquis de rostros femeninos dibujados a lápiz por Borges. La retiración de tapa de “Tres versiones de Judas” lleva la leyenda manuscrita “London, Jonathan Cape, 1935”, probablemente en un juego de atribuciones apócrifas, típico de Borges. Esta vez, los investigadores argentinos jugarán de locales para descifrar los misterios de los “evangelios borgeanos”
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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