sábado, 22 de octubre de 2022

ANDRÉ RIEU, EXITOSO SIEMPRE


El indescifrable éxito de André Rieu, “el rey del vals”
El artista holandés descolló con su propuesta de música clásica apta para todo público
Ricardo SaltonEl artífice de un fenómeno mundial
Original y muy extraño fenómeno el del holandés André Rieu. Nacido hace 73 años en Maastricht, en los Países Bajos, con una importante formación musical y una expectativa juvenil de violinista clásico, en un momento pensó que debía ir por otro camino. Fundó la Johann Strauss Orkest a finales de los años 80 -mucho más pequeña en sus comienzoscon la intención de mezclar la música clásica con el pop y salió a dar conciertos. Por supuesto, son unos cuantos los que hicieron ese recorrido en el siglo XX; sin embargo, la excepción de Rieu está en la permanencia en el tiempo, en su capacidad de reciclarse y de seducir públicos de todas partes, en su habilidad para manejar el show y en su contundencia a prueba de críticos.
Lo concreto es que a esta altura de las cosas, pasados todos estos años, Rieu ha dado varias vueltas al mundo haciendo explotar espacios bien amplios, ha grabado una cantidad sorprendente de discos -lleva vendidos unos 40 millones de CD y DVD-, ha recibido premios por centenares, hace unos 90 conciertos anuales y actúa frente a unas 600.000 personas de todos los continentes.
Es difícil defender su trabajo desde el punto de vista estético, sobre todo si se lo analiza exclusivamente con el oído. Pero es imposible de cuestionar si el análisis es más amplio y se toman en cuenta los cientos de detalles que manejan el holandés y su larga fila de asistentes a la hora de armar su producto.
Frente a un Movistar Arena colmado, el violinista/director/productor ingresó por los pasillos del estadio encabezando a sus cantantes y sus músicos en simpática fila india, haciendo bailotear los arcos de las cuerdas y los instrumentos de viento. El vestuario parece salido de una película de animación de Walt Disney, con colores bien chillones de los vestidos enormes y de cuento de las mujeres y con fracs para los caballeros. Una vez ubicados sobre el escenario, lo que queda planteado es una orquesta poco convencional en su formación -algo mozartiana, algo beethoveniana, con mucha percusiónque suena equilibrada solamente porque se la trabaja desde la ecualización y la amplificación. La ubicación de los músicos está pensada más en función visual, con las mujeres y sus multicolores vestidos por delante y con los señores más atrás.
En la propuesta de Rieu nada queda librado al azar. Ni siquiera los varios textos que va expresando a lo largo de su show, en inglés y traducidos en simultáneo por una argentina desde un rincón del escenario. Habla mucho con el público, cuenta anécdotas, relata historias, explica algunas de las piezas, hace chistes, incita al público a cantar. Y presenta su espectáculo a la manera de la música clásica: en dos extensas partes y con una también larga sección de bises en el final. A lo largo de casi tres horas desde el comienzo puntual a las nueve de la noche, pasan muchas cosas. Aunque ya no es centralmente aquel “tocador de Strauss” como se lo sigue pensando, las músicas en 3/4 o 6/8 siguen dominando lo que se escucha. Se trate de valses, precisamente del compositor austríaco, de piezas extraídas de óperas o de comedias musicales, o de una ranchera mexicana. La orquesta, más allá de ese aspecto cinematográfico, es profesionalmente impecable y se nota que tienen el repertorio ensayado y tocado hasta el cansancio. El elenco de unos cuarenta y tantos músicos se completa con siete coreutas femeninas que además hacen pequeñas coreografías y gesticulan para las pantallas gigantes; y seis cantantes de ópera, tres mujeres y tres varones, que se suman en muchos momentos. Todos, por supuesto, con el mismo cuidado y sincronía en los vestuarios y los gestos con que interactúan. Y con el mismo profesionalismo incuestionable.
Lo que va sonando incluye por igual y en cómoda convivencia, a Franz Lehár, a Giacomo Puccini, a Thomas Koschat, a Werner R. Heymann, a Richard Rodgers, a Giuseppe Verdi, a Little Richard y a tantos más. Se pueden escuchar un aria como “Nessum Dorma” de “Turandot”, el “Schneewalzer” o una pieza mexicana como “Cielito lindo”. No faltan, por supuesto, el gran y variado momento Johann Strauss; ni el toque local con el bandoneonista tanguero Carlos Buono y una pareja de bailarines; o los aportes escenográficos de nieve plástica o pelotas cayendo sobre una platea que, pese a estar compuesta por personas bien adultas, disfruta si fuera de niños en un salón de juegos.
André Rieu es quien escribe la mayor parte de los arreglos orquestales -incluso los más parecidos a los originales tienen cierta adaptación para este orgánico sui generis-, quien dirige usando el arco de su violín como si fuera una batuta, quien va introduciendo a sus compañeros y explicando los temas y, naturalmente, el gran maestro de ceremonias que deja ver que todo está en su cabeza y en su control. Jamás se le borra la sonrisa. Nunca pierde el eje de que se trata sobre todo de entretener, de acompañar, de festejar, de hacer de su concierto/show un momento especial. Y vaya si lo logra. ●

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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