lunes, 13 de febrero de 2023

VIDA DIGITAL


Google sale en busca de respuestas rápidas y efectivas
Ernesto Martelli
Tras la popularización del uso de inteligencia artificial (IA), Google dio detalles de su próxima evolución, más allá de Bard, “multibúsquedas” basadas en imágenes, y la optimización de mapas inmersivos.
El lunes último, a través de un comunicado firmado por el CEO Sundar Pichai, la empresa visibilizó la integración de herramientas de IA a su servicio de búsquedas en línea. El anuncio de Bard, aun en modo experimental y lanzado para su testeo, marca esa velocidad. La industria lo entendió como la señal de largada de una carrera por la competencia en un terreno delicado y sinuoso. The New York Times detalló que Larry Page y Sergey Brin, los propios fundadores de Google, se sumaron a reuniones con sus altos ejecutivos, para definir esta etapa de desafíos que consideran clave.
La inmediata popularización y veloz adopción del bot de conversación CHATGPT (desarrollado por Openai) desde noviembre pasado, y el anuncio esta semana de Microsoft de que lo adaptará a su buscador Bing, logró que la fantasía de que esas tecnologías capaces de procesar inmensas cantidades de información y “aprender” al punto de sostener conversaciones útiles y fluidas no solo se convirtieran en una lúdica realidad. También es un poderoso llamado de atención para el popular buscador, que se vio forzado a acelerar anuncios y exhibir su sostenida dedicación a integrar la inteligencia artificial con sus múltiples servicios. El fenómeno se da de manera acelerada e impacta en las finanzas de las principales empresas tecnológicas.
El modelo de lenguaje aplicable para diálogos (LAMDA), en el que venía trabajando desde hace años, no sin controversias, salió a la luz como la herramienta detrás de Bard. En definitiva, tras una larga década de promesas, las máquinas que aprenden, convertidas en complemento para bucear en la información disponible en internet y asistirnos como “copilotos” de nuestra travesía, dejaron atrás la etapa de laboratorio sin dejar de estar aún en fase experimental.
Esa expresión, “experimental”, y la aclaración sobre la necesidad de testeos confiables fue la que repitió Prabhakar Raghavan, VP de Google responsable del emblemático producto Search, durante un encuentro en París: “La magia de la inteligencia artificial generativa –detalló– nos permitirá evolucionar a una nueva frontera en nuestros servicios de información”. Pero, en una descripción precisa del rumbo que Google imagina, avanzó detalles: “Venimos trabajando en utilizar esa tecnología a través de proyectos como Transformer o LAMDA, y combinarla con el conocimiento disponible. Y también adaptarla para poder integrar la pantalla y el mundo real. Porque el buscador es nuestro tiro a la luna, pero la luna se sigue moviendo”, anticipó al anunciar varias formas de evolución de su producto insignia, entre las que destaca el “Multisearch”: la utilización de la cámara como un reemplazo del teclado. También, a través de IA, el desarrollo de mapas inmersivos que dejan atrás las dos dimensiones y una ampliación de la eficiencia de su traductor a más idiomas.
Esa integración visual de las búsquedas a través de la cámara y la pantalla más allá de los textos parece, también, un modo de proyectarse por encima de la carrera directa por el bot de conversación que Microsoft anunció en estos días. Como insistió el propio Raghavan: “Tras 25 años de experiencia en organizar la información de internet, queremos ser la fuente confiable y de información segura, entregar la mejor respuesta”. Y allí radica acaso el principal cambio cultural que la aplicación de estos lenguajes trae a los usuarios de búsquedas y a la propia Google: de una mágica e instantánea indexación y eficiente “rankeo” de todas las respuestas ante una consulta a una conversación acerca de temas más complejos. Pero ¿qué sucede cuando no hay una sola respuesta correcta? Las consultas, preguntas y charlas que habilitan “NORA” (No One Right Answer), detalló Raghavan, son uno de los grandes desafíos que enfrentan ante consultas cada vez más sofisticadas montadas sobre la expectativa de ser resueltas al instante y de modo preciso.
Las oficinas de Google en París, donde se realizó el anuncio y las demostraciones sobre los lanzamientos, luce en sus puertas de la Rue de Londres un cartel con colorido lettering manuscrito y la emblemática frase “I’m feeling lucky”. Remite a una de las primeras versiones de su buscador: era un botón que permitía acceder no al ranking de páginas que consagró a Google (Page Rank) sino al primer hallazgo de la búsqueda que estábamos realizando. “Voy a tener suerte” acompañó la primera y explosiva década de Google, en la que la indexación de la información de las páginas web disponibles en internet lo convirtieron en el primer destino digital, pero también en un gigante jugador dominante en la publicidad digital. Hoy, la necesidad de inmediatez para encontrar respuesta a preguntas cada vez más complejas se parece a la pregunta que la propia empresa ha decidido responder.

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