Uno de los términos más populares en el planeta Macri es el abrazo.
Viene del yoga y de la filosofía budista. El abrazo al enemigo. El abrazo de la luna del que habla Sri Sri Ravi Shankar que apacigua al adversario. Cada vez que el macrismo enfrenta una adversidad utiliza la metáfora del abrazo. “Hay que abrazar a Cristina”, dicen, cuando el kirchnerismo se pone áspero. “Hay que abrazar a Hebe”, repiten, cuando Bonafini anuncia la caída inminente del Presidente. Pero el abrazo que más se escucha en la Casa Rosada y en la Quinta de Olivos es el abrazo al Círculo Rojo, esa deidad en la que incluyen a la dirigencia política que no responde al Gobierno, a los periodistas opinion makers y, sobre todo, a los empresarios. “Al círculo rojo hay que abrazarlo hasta que entiendan”, insisten los ministros macristas con la letra dogmática e indiscutida de Jaime Durán Barba.
Así definieron las semanas pasadas la visita y el discurso de Mauricio Macri en el Coloquio de Idea en Mar del Plata.
Después de 15 años, un Presidente volvió al encuentro de cada octubre en el Sheraton para abrazar a los hombres de negocios. Y Macri, uno de ellos en definitiva porque salió de ese mundo, los halagó y los recriminó con tono amable. Con la calidez del abrazo.
Es que el Presidente no está contento con el grado de acompañamiento que le profesan los empresarios, muchos de ellos compañeros de colegio, de la universidad, de los viajes al exterior o parte de su familia. Macri cree que si hubieran hecho más esfuerzos con los costos y con los precios la inflación habría sido menor al 40% anual que atormenta a la Argentina. Macri cree que no están poniendo la energía suficiente para que el blanqueo se convierta en un éxito impactante y cree ahora que tampoco están colaborando para acompañar la iniciativa oficial de un bono navideño que compense el gap entre la inflación 2016 y la mayoría de las negociaciones por los salarios.
El Presidente venía exultante por el principio de acuerdo con la CGT. En el avión que lo llevó de Buenos Aires a Mar del Plata, Macri se entusiasmó con el bono de 1.000 pesos anunciado para jubilados y beneficiarios de los planes sociales. Pero ahora viene la parte más compleja. Que los empresarios acepten extender ese beneficio a los trabajadores de sus empresas. Por eso lanzó la Mesa del Diálogo, un instrumento en el que no confía demasiado para intentar que el bono de fin de año equilibre aunque sea un poco la pérdida del salario real.
Pero el Círculo Rojo no quiere saber nada con el asunto. Los empresarios argumentan que sus presupuestos del 2016 ya están consumidos y que les será imposible a la mayoría afrontar el costo de la iniciativa oficial. Por eso, el Presidente puso la Mesa del Diálogo en la reunión del fin de semana con el Papa Francisco, quien promueve ese instrumento para resolver el dilema de la pobreza y ya involucró al Episcopado argentino en la misión. La Mesa es uno de los puntos que ablandó el vínculo complicado que tratan de sacar a flote el Sumo Pontífice y el Presidente de los argentinos.
Muchos empresarios rezongaron en mar del Plata y se lanzaron a recitar el rosario de reclamos que vienen acumulando contra el Presidente al que la mayoría de ellos votó. Protestan por lo que consideran un exceso de gradualismo fiscal; protestan por la presión impositiva y protestan porque la economía todavía está en recesión y porque las ventas de sus productos (salvo tímidas excepciones) no calientan el ambiente como para hablar de reactivación.
“Vamos a volver a crecer y esa es una noticia maravillosa”, les dijo Macri a los empresarios en la cena del Sheraton. El Círculo Rojo lo aplaudió una decena de veces y se rió a carcajadas con un par de bromas del Presidente, deporte en el que Macri ya ha demostrado suficientemente su falta de habilidad. Claro que la jarana no le impidió presionar sobre el flanco que traía como objetivo. “Cada uno de nosotros tenemos algo que aportar pero ustedes tienen muchísimo más”, los acicateó. “Les pido en nombre de todos los argentinos compromiso, ganas…, les pido poner solidaridad y poner el corazón”, fue el reclamo con el que cerró su discurso. Y cuando se le pide “poner” el empresario lo entiende de una sola manera.
Claro que todos esos desencuentros entre Macri, el macrismo y el Círculo Rojo parecen postales descoloridas ahora. El Presidente fue para decirles que todo está bien. Para pedirles que acompañen el modelo de inflación baja, recorte de impuestos y financiamiento a mano que promete mejor que nadie Mario Quintana, el ex CEO que dejó la prosperidad del Círculo para convertirse en un evangelizador del macrismo.
Macri llegó a Mar del Plata para abrazar a los empresarios. Y tres días después se sacó la foto familiar que más quería: con el Papa Francisco que no sonrió pero que, al menos, se quitó aquel rictus amargo de hace apenas un año. El Presidente transitó de un escenario a otro con el karma de quien los necesita y de quien también les advierte que la calidez de su abrazo puede convertirse de la noche a la mañana en la frialdad del desencuentro.
Después de 15 años, un Presidente volvió al encuentro de cada octubre en el Sheraton para abrazar a los hombres de negocios. Y Macri, uno de ellos en definitiva porque salió de ese mundo, los halagó y los recriminó con tono amable. Con la calidez del abrazo.
Es que el Presidente no está contento con el grado de acompañamiento que le profesan los empresarios, muchos de ellos compañeros de colegio, de la universidad, de los viajes al exterior o parte de su familia. Macri cree que si hubieran hecho más esfuerzos con los costos y con los precios la inflación habría sido menor al 40% anual que atormenta a la Argentina. Macri cree que no están poniendo la energía suficiente para que el blanqueo se convierta en un éxito impactante y cree ahora que tampoco están colaborando para acompañar la iniciativa oficial de un bono navideño que compense el gap entre la inflación 2016 y la mayoría de las negociaciones por los salarios.
El Presidente venía exultante por el principio de acuerdo con la CGT. En el avión que lo llevó de Buenos Aires a Mar del Plata, Macri se entusiasmó con el bono de 1.000 pesos anunciado para jubilados y beneficiarios de los planes sociales. Pero ahora viene la parte más compleja. Que los empresarios acepten extender ese beneficio a los trabajadores de sus empresas. Por eso lanzó la Mesa del Diálogo, un instrumento en el que no confía demasiado para intentar que el bono de fin de año equilibre aunque sea un poco la pérdida del salario real.
Pero el Círculo Rojo no quiere saber nada con el asunto. Los empresarios argumentan que sus presupuestos del 2016 ya están consumidos y que les será imposible a la mayoría afrontar el costo de la iniciativa oficial. Por eso, el Presidente puso la Mesa del Diálogo en la reunión del fin de semana con el Papa Francisco, quien promueve ese instrumento para resolver el dilema de la pobreza y ya involucró al Episcopado argentino en la misión. La Mesa es uno de los puntos que ablandó el vínculo complicado que tratan de sacar a flote el Sumo Pontífice y el Presidente de los argentinos.
Muchos empresarios rezongaron en mar del Plata y se lanzaron a recitar el rosario de reclamos que vienen acumulando contra el Presidente al que la mayoría de ellos votó. Protestan por lo que consideran un exceso de gradualismo fiscal; protestan por la presión impositiva y protestan porque la economía todavía está en recesión y porque las ventas de sus productos (salvo tímidas excepciones) no calientan el ambiente como para hablar de reactivación.
“Vamos a volver a crecer y esa es una noticia maravillosa”, les dijo Macri a los empresarios en la cena del Sheraton. El Círculo Rojo lo aplaudió una decena de veces y se rió a carcajadas con un par de bromas del Presidente, deporte en el que Macri ya ha demostrado suficientemente su falta de habilidad. Claro que la jarana no le impidió presionar sobre el flanco que traía como objetivo. “Cada uno de nosotros tenemos algo que aportar pero ustedes tienen muchísimo más”, los acicateó. “Les pido en nombre de todos los argentinos compromiso, ganas…, les pido poner solidaridad y poner el corazón”, fue el reclamo con el que cerró su discurso. Y cuando se le pide “poner” el empresario lo entiende de una sola manera.
Claro que todos esos desencuentros entre Macri, el macrismo y el Círculo Rojo parecen postales descoloridas ahora. El Presidente fue para decirles que todo está bien. Para pedirles que acompañen el modelo de inflación baja, recorte de impuestos y financiamiento a mano que promete mejor que nadie Mario Quintana, el ex CEO que dejó la prosperidad del Círculo para convertirse en un evangelizador del macrismo.
Macri llegó a Mar del Plata para abrazar a los empresarios. Y tres días después se sacó la foto familiar que más quería: con el Papa Francisco que no sonrió pero que, al menos, se quitó aquel rictus amargo de hace apenas un año. El Presidente transitó de un escenario a otro con el karma de quien los necesita y de quien también les advierte que la calidez de su abrazo puede convertirse de la noche a la mañana en la frialdad del desencuentro.

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