lunes, 12 de abril de 2021

TEATRO


Bergman y Liv, una gran historia de amor

Una pieza epistolar protagonizada por dos grandes intérpretes como Ingrid Pelicori y Osmar Núñez
G. LL.
Ingmar Bergman (interpretado por Osmar Nuñez) y Liv Ullman (por Ingrid Pelicori)
Autor: Lázaro Drosnes. Directora: Leonor Manso. Elenco: Ingrid Pelicori y Osmar Núñez. Diseño espacial: Graciela Galán. Iluminación: Roberto Traferi. Música: Diego Girón. Video: Pauli Coton. Teatro: Centro Cultural 25 de Mayo, Triunvirato 4444. Funciones: domingos, a las 20:30. Duración: 90 minutos.

La voz en off de Leonor Manso, en el inicio del espectáculo, lo deja bien claro: “Esta es una historia de amor”. Pero no cualquiera, sino la del director Ingmar Bergman y la de la actriz Liv Ullmann, que comenzó en 1965, cuando compartieron el set de Persona, y que duró toda la vida (aunque sólo llegaran a estar casados cinco años). La obra empieza en 1970, cuando acaban de separarse y los reproches mutuos están a la orden del día. Luego las aguas se irán calmando y la relación discurrirá por estadios más apacibles e interesantes. ¿Y cómo nos enteramos de todo eso? Gracias a las cartas apócrifas que el autor Lázaro Drosnes concibió en base a las autobiografías de uno y otro (La linterna mágica y Senderos) y que en escena “representan” los intérpretes. Sí, “representan” y no leen, como sucede en la mayoría de las obras de teatro epistolares, gracias a la acertada decisión de la directora, que así les permite a los actores encarnar a sus criaturas en su totalidad y no sólo expresarlas verbalmente.
La puesta es sencilla: un par de sillas y atriles y una alfombra de pasto cubriendo el procenio del escenario. Y en el medio de esta escenografía ascética dos grandes intérpretes: Ingrid Pelicori y Osmar Núñez , que lo dejan todo para transmitir lo que Bergman y Ullmann fueron sintiendo por el otro a lo largo de 42 años de vínculo. Núñez logra dotar de humor a Ingmar (algo a priori inimaginable) y Pelicori transita sin un paso en falso el devenir de Liv, que oscila entre la cólera y el afecto solidario del final.

Lo audiovisual presente en la puesta de Bergman y Liv, con Osmar Núñez e Ingrid Pelicori, en el teatro 25 de Mayo, de Villa Urquiza


Gran personificación de la mujer a la que abandonó Diego Rivera
Quiela, el amor antes de Frida es encarnada de manera brillante por Mariel Rueda
J. C. F.

Brillante trabajo de Mariel Rueda, en Quiela, el amor antes de Frida
QUIELA, EL AMOR ANTES DE FRIDA. Autor y director: Mariano Taccagni, basado en la nouvelle “Querido Diego”, de Elena Poniatowska. Interpretación: Mariel Rueda. Escenografía: Mariano Taccagni. Iluminación: Alejandro Vázquez. Vestuario: Fernando Crisci Munz. Sala: El Opalo, Junín 380. Funciones: sábados, a las 18. Duración: 45 minutos.

Es un desgarrador melodrama con pinceladas surrealistas que pega en el corazón del espectador y no lo suelta hasta el final. Es imposible quedar indiferente al observar esta historia, que narra el sufrimiento y el dolor de una madre ante la pérdida de su bebé, víctima de meningitis, en el París de los años 20, y el inmediato y posterior abandono de su marido. Ella es Quiela, la primera mujer del pintor Diego Rivera (de sus parejas, la más conocida es Frida Kahlo), cuyo nombre era Angelina Petrovna Belova, conocida como Angelica Beloff, una extraordinaria grabadora rusa, de la que en el Museo Dolores Olmedo, de México, existe un grabado de ella con su hijo Diego -que murió en1921- en sus brazos.
Mariano Taccagni, director y autor, adaptó la nouvelle ficcional de Elena Poniatowska, sobre la artista nacida en San Petersburgo y la tradujo al escenario, convirtiendo la pieza en una vorágine crepuscular, de potente magnetismo. Mariel Rueda (Saltimbanquis, Sala de profesores), interpreta a esta Quiela con lacerante emocionalidad y su intensa personalidad escénica, tiene los matices casi de una Anna Magnani, la gran intérprete del neorrealismo. Es muy gratificante disfrutar de una actuación excelente, como la de Rueda, porque todo su cuerpo vibra al unísono de esos textos de dolor y amor desmedidos, por un hombre como Rivera, un narcisista de exuberante talento, que encegueció de amor a Quiela y que el texto de Poniatowska, se encarga de cuestionar con inteligente sutileza.

Mariel Rueda, conmovedora en su retrato de Quiela


Las ideas siempre vigentes de Tato Pavlovsky
Deviniendo Tato multiplica los puntos de vista sobre el mundo
F. I. 

Maxi Sarramone se multiplica en Deviniendo Tato
 Deviniendo Tato. Libro: Rodrigo Cárdenas y Gabriela Villalonga. Intérprete: Maxi Sarramone. Dirección: Gabriela Villalonga. Sala: Teatro Nün, Juan Ramírez de Velasco 419. Funciones: Domingos, a las 18,30.
La estética y el pensamiento de Eduardo “Tato” Pavlosvsky se nos quedó en el cuerpo, tanto a aquellos que disfrutamos de sus espectáculos y sus propuestas artísticas e intelectuales como, más aun seguramente, a los que participaron de sus sesiones grupales de psicodrama. Siendo uno de los grandes referentes de esa práctica, la multiplicidad de áreas en las que incursionó Pavlovsky son muchas y en todas, indudablemente, ha dejado alguna inscripción en el cuerpo y en la mente. Esas marcas son rastreables en parte del teatro argentino contemporáneo y en una amplia zona del pensamiento. Sus ideas siguen vigentes y son dardos vitales para pensarnos y pensar el mundo en el que vivimos.
Deviniendo Tato es una propuesta artística que busca mostrar, desde la experiencia personal y la vivencia, cómo eran y se vivían esas míticas sesiones de psicodrama para aquellos que tuvieron la oportunidad de vivirlas. Cárdenas y Villalonga, responsables de este espectáculo, no tan solo son artistas sino además integrantes de una de ellas. Allí se conocieron y ahora, a más de cinco años de la muerte de Pavlovsky, ponen en escena parte de sus recuerdos cargando el texto y la escena de las ideas de micropolítica, de las derivas deleuzeanas y de las distintas prácticas no escindidas entre cuerpo y aparato psíquico. Un único actor, Maxi Sarramone, tiene la responsabilidad en un espacio escénico muy sencillo de guiar la sesión componiendo tanto al psiquiatra como a algunos de sus pacientes invitando a imaginar lo que el otro imagina y multiplicar así los puntos de vista sobre el mundo. Algo que lamentablemente parece haber entrado en desuso en estos tiempos tan binarios y maniqueos.

Maxi Sarramone encarna tanto al psiquiatra como a algunos de sus pacientes invitando a imaginar lo que el otro imaginaGabriel Insaurralde

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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