martes, 17 de enero de 2023

RECOMENDADA...THE OFFICE



Cinco razones para redescubrir The Office, la comedia que empezó mal y se transformó en un fenómeno en continuado
Steve Carell como Michael Scott en la versión norteamericana de The Office
La versión norteamericana de la serie de la BBC creada por Ricky Gervais está disponible en Netflix, Amazon Prime y Paramount+

Natalia Trzenko
Cuando se habla de series dramáticas, su calidad suele evaluarse a partir de diversas variables: la originalidad de su premisa, la profundidad de sus guiones y el desarrollo de los personajes que consigan impactar de maneras duraderas en la memoria de los espectadores. Con las comedias, la vara es distinta. Sí, en el humor la originalidad también importa pero la falta de ella no supone que el programa en cuestión sea considerado un fracaso automáticamente. Y claro, en las comedias “el guion es rey” pero la conexión que el público establece con ellas va más allá de las palabras.
Al pensar en las sitcoms y su posible extinción, pocas veces se evalúa cómo el formato –más allá de todas sus reglas y rigideces– aporta el tipo de confort que se relaciona con lo familiar, lo conocido. Para muchos, esas series son como volver a casa en un día lluvioso. Conocer el remate del chiste o la resolución de una situación absurda aportan un placer que no suele tomarse demasiado en cuenta. Y sin embargo, es fundamental para explicar el suceso ininterrumpido de programas como The Office, la serie que comenzó como una fotocopia borrosa del original británico y se transformó en un fenómeno global tan inusitado que ahora, a poco de cumplirse una década de la emisión de su episodio final, es una de las mejores opciones de contenido que tienen para ofrecer Netflix, Amazon Prime y Paramount+, tres de las plataformas que cuentan con las nueve temporadas completas del programa.
1. Un comienzo complicado que se transformó en éxito indiscutido. En 2005, cuando se estrenó el piloto de la versión norteamericana de The Office, la intención era lograr que el fenómeno de la TV británica, creado por Ricky Gervais y Stephen Merchant, pasara de ser una comedia para entendidos a una sitcom para todos. El experimento, capitaneado por Greg Daniels, guionista de Saturday Night Live y Los Simpson, era arriesgado y en un principio los resultados no fueron los mejores. Los críticos opinaron que la primera temporada no aportaba nada nuevo ni especialmente divertido al original y el público estuvo de acuerdo. Quienes conocían el ciclo británico extrañaban la acidez y el incomodidad que formaban parte de su ADN mientras los espectadores que no habían visto el programa de la BBC no lograban conectarse con ese jefe vanidoso e ingenuo que interpretaba Steve Carell, ni con las ironías de Jim (John Krasinski) y mucho menos con la propuesta del falso documental, mecanismo central de la narración de la ficción. Sin embargo, la serie consiguió una segunda temporada y después de ajustar las clavijas para que el Michael Scott de Carell fuera más ridículo y tierno que malicioso y egocéntrico, The Office encontró el equilibrio perfecto: “hidrató” el seco humor británico y le agregó algo de ácido al exceso de sentimentalismo que puede afectar al norteamericano. La receta resultó tan bien que la serie tuvo nueve temporadas y 188 episodios, ganó cinco Emmy y su lugar de privilegio en la historia de la comedia televisiva.
The Office

2. Steve Carell, el mejor-peor jefe. Hace unos días, en plena temporada de premios en Hollywood, se anunciaron los nominados para los galardones que entrega el gremio de actores del cine y la TV. En esa larga lista este año aparece mencionado Carell por su trabajo en la miniserie El paciente (disponible en Star+), una muestra más del talento del actor, que se adapta tanto al drama como a la comedia. Esa versatilidad resultó uno de los grandes descubrimientos con el paso de los episodios y las temporadas. La capacidad de Carell de caminar en la cornisa del absurdo sin perder pie y al mismo tiempo generar empatía y emoción mientras el público todavía se está riendo de su última ocurrencia hizo de Michael Scott un personaje inolvidable. Cuando Carell decidió dejar la serie y su personaje se despidió del aire, hacia el final de la séptima temporada, muchos también dieron por terminada su adicción a pesar de que continuó dos temporadas más.
John Krasinski y Steve Carell en The Office

3. Un ambiente propicio para el desarrollo de futuras estrellas. Cuando John Krasinski se presentó al casting para The Office se convenció de un par de cosas: que Jenna Fisher sería la elegida para interpretar a Pam y que él probablemente había arruinado su oportunidad de ser Jim cuando le comentó a un desconocido que le preocupaba que la adaptación arruinara una de sus series favoritas. Para su eterna vergüenza resultó que el hombre era Daniels, el showrunner del programa al que quería ingresar, quien sin embargo le aseguró que haría lo posible por preservar la integridad de la comedia. Se sabe que la historia terminó bien y Krasinski fue contratado para interpretar un papel que le dio la suficiente fama para seguir su carrera como actor -es el protagonista de Jack Ryan, la serie de Amazon Prime- y desarrollar su labor como director -dirigió las dos entregas de Un lugar en silencio-. Otros compañeros tuvieron una suerte similar: Mindy Kaling, la molesta e incurablemente romántica Kelly Kapoor, aprovechó la experiencia frente y detrás de las cámaras en The Office para posicionarse como una de las creadoras y productoras más solicitadas del momento, responsable de series como Yo, nunca (Netflix), La vida sexual de las universitarias (HBO Max) y la recién estrenada Velma (HBO Max). Por otro lado, el guionista y actor B.J. Novak, el acomodaticio Ryan, se transformó en autor de exitosos libros infantiles, showrunner de una serie (The Premise, Star+) y director de cine (Venganza, todavía inédita en la Argentina).
The Office, un programa que no pasa de moda
4. Humor políticamente incorrecto e inesperadamente tierno. Se dice que nadie resiste un archivo, verdad de perogrullo que, aplicada a una ficción sometida a la perspectiva que da el paso del tiempo y las turbulencias de los cambios culturales, puede resultar en una “cancelación”. Se dice que en el clima actual, ciclos como Game of Thrones, Seinfeld, Los Soprano o Sex and the City no podrían realizarse, una idea debatible que también apareció en su momento con The Office. Las metidas de pata de Michael, sus comentarios sobre la homosexualidad, las diferencias raciales y su inapropiada intervención en la vida personal de sus empleados en circunstancias normales equivaldrían a la tan mentada cancelación retroactiva. Un absurdo del que por fortuna -y a fuerza de los millones de seguidores que tiene la serie en todo el mundo- la serie salva en gran medida porque desde siempre logró abordar temáticas potencialmente polémicas con enormes dosis de inteligencia, ironía y autoconciencia.
Carell junto a Amy Ryan que interpretó a Holly, el gran amor de MichaelHBO Max
5. Grandes invitados delante y detrás de las cámaras. Más allá de contar con un elenco fijo de brillantes actores que supieron aprovechar cada línea de diálogo, cada mirada a cámara y cada rincón de las escenas aunque estuvieran casi fuera de plano, en el transcurso de su historia la serie también convocó a una impresionante lista de estrellas que parecían divertirse con los excéntricos personajes escritos para ellos. Amy Ryan, Idris Elba, Kathy Bates y James Spader, por ejemplo, cuyos personajes formaban parte integral de las idas y vueltas de Dunder Mifflin, la fábrica de papel que era el escenario principal de toda la trama. También hubo apariciones especiales como las de Ray Romano, Jim Carrey y el financista Warren Buffett jugando a ser candidatos a gerente luego de la salida de Carell. Además, el éxito del programa también atrajo a reconocidos realizadores como J.J. Abrams, Paul Feig, Jon Favreau y Marc Webb quienes se dieron el gusto de dirigir algún capítulo de la serie que les gustaba tanto como al resto de los espectadores.

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