Temazcal.
Una ceremonia ancestral para liberar toxinas
–por Melanie Shulman–
Desde el origen de la humanidad, la naturaleza siempre fue venerada por todos los seres humanos porque encontraron una conexión especial con ella. Sus principales elementos: tierra, agua, aire y fuego se los utilizaban para la supervivencia. En agradecimiento, le rendían culto a la naturaleza a través de distintos rituales que se transmitieron de generación en generación.
No es casualidad que las culturas actuales busquen volver a los orígenes, a las raíces, y que hayan vislumbrado nuevamente en estos elementos, una forma de vincularse con ellos mismos y con el otro. El temazcal es una buena manera.
De origen prehispánico y ampliamente difundido en México y América Central, también se lo conoce como baño de vapor. Es una ceremonia con fines terapéuticos, que busca reconectarse con la Madre Tierra, purificar y renovar a las personas para que puedan encarar la vida con nuevos objetivos y propósitos dejando atrás las viejas andanzas o todo aquello que se quiera soltar o cambiar. También se puede participar de un temazcal en la Argentina. “Este método va de la mano con la introspección porque consiste en un trabajo de bús queda y conocimiento interno. Llegás siendo una persona y te vas siendo otra”, cuenta Pilar Pose, instructora de yoga. Además, asegura que en su incursión por esta práctica, transformó la manera de mirarse a ella misma, al otro y al entorno.
Se trata de un proceso intenso y profundo. Las sesiones duran aproximadamente dos horas y se realizan en carpas con una estructura circular, a oscuras y en donde cada uno de los elementos ocupa un rol clave: el suelo conecta con la tierra; al fuego se lo utiliza para calentar unas piedras de origen volcánico que se las activa con agua y diferentes “medicinas naturales” como puede ser la salvia, el romero o el cedrón, que liberan vapor y calor. Como es de esperar, el aumento de la temperatura ambiental genera la eliminación de todo tipo de toxinas y excedentes del organismo y el cuerpo queda totalmente relajado y “reseteado”.
Son varias las instancias que forman parte de esta aventura. El primer paso consiste en realizar unas posturas de yoga, “sencillas, de estiramiento para preparar el cuerpo, abrir el corazón y activar la mente”, detalla Pose. Luego, arranca la etapa principal que tiene que ver con las intenciones, es decir, con hacer foco en “todos aquellos aspectos que querés sumar a tu vida como así también aquellas que querés soltar y agradecer”, sostiene la instructora.
Pero, ¿cómo se lo encara? Pose comenta que se desarrolla a través de una actividad guiada por un profesional certificado donde se van tocando distintos ejes que conducen a que las personas se conecten con sus emociones y lo más profundo de su ser. Por eso, se les pide una tarea de antemano: que lleguen al encuentro habiendo pensado sus intenciones.
Toia, por ejemplo, una administradora de 42 años, confiesa que en este espacio no solo se conectó con el poder de la naturaleza, el calor del fuego, la frescura de la tierra, la oscuridad y la luz, si no que también, “con cada unas de las personas que estaban ahí buscando lo mismo que yo”.
La guía de temazcal Pata Gómez relata: “Esta ceremonia está asociada con el renacer y la idea es poder dejar atrás las cosas o situaciones que no queremos cargar más en nuestra vida. En esta experiencia nos liberamos de las toxinas físicas, mentales y emocionales, y nos ayuda a conectarnos con nuestro espíritu y las necesidades de nuestra alma”.
La historia del temazcal –palabra compuesta por temas, que equivale a sudor y calli, que simboliza casa–, es in cierta, pero se la asocia con el principio del hombre, con lo primitivo.
Los dichos populares dicen que esta técnica se originó en las tierras de América del Norte, particularmente en los pueblos mayas de México, ya que su cultura estaba estrechamente ligada a la difusión de este ceremonial, que practicaban con regularidad. Además, han encontrado muestras arqueológicas en distintas excavaciones que condicen con esta práctica.
Sus beneficios amplios y cada tanto, necesarios, corresponden a la revitalización del cuerpo y el alma. Entre ellos, Pose enfatiza que se resetea el organismo, tanto físico como mental, debido a que se eliminan las toxinas por medio del órgano más grande que es la piel. Además, a través de la relajación que se genera, los participantes logran alcanzar un estado de reflexión e introspección.
Pose lo recomienda tanto para hombres como para mujeres a partir de los 15 años, ya que según dice, es una edad donde ya empiezan a ser conscientes de ellos mismos y de lo que les pasa. Y en cuanto a la regularidad de su práctica, sugiere que sea en cada una de las estaciones, es decir, cuatro veces al año porque cada período trae de la mano cambios y oportunidades.
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