La gravedad de los malos ejemplos
El desprecio por la ley, la pretensión de que esta no rige para quienes tienen el deber de gobernar y la búsqueda de impunidad explican nuestra decadencia
George Orwell, en la alegoría que plasmó en Rebelión en la granja, sintetizó en una breve regla el daño que provocan los regímenes donde la igualdad no es seriamente respetada y los gobernantes hacen abuso del poder que acumulan. En esa alegoría, la regla inicial que enunciaba que “todos los animales son iguales” fue luego completada, a instancias de la especie dominante, por otra que aclaraba que “algunos animales son más iguales que otros”.
Cuando los gobernantes se creen “más iguales que otros” se produce un efecto derrame en la sociedad que la lleva a descreer del valor y la importancia de la igualdad ante la ley. No solo se produce el desarreglo de que la ley deja de ser el instrumento que nos ordena y regula a todos por igual, sino que crea además en la ciudadanía la sensación de una gran injusticia, pues existen individuos con privilegios que resultan inmunes a su alcance.
¿Cómo puede ser siquiera debatible que el derecho a la protesta incluya los daños y destrozos que causan organizaciones que gozan de la protección de las autoridades, cuando estas las consideran aliadas en su proyecto de mantenimiento del poder?
¿Qué otra razón, si no es el desprecio por la ley y la creencia de que esta no rige para ciertos individuos, puede invocarse cuando una presidenta en ejercicio usa el avión oficial, con los elevados costos que eso conlleva, para hacerse llevar a su vivienda particular en Santa Cruz diarios, muebles y otros objetos para su exclusivo uso y disfrute?
¿Cómo es posible que una universidad abra sus claustros para que un vicepresidente condenado en todas las instancias por graves hechos de corrupción dé conferencias, si no es exactamente por las mismas razones?
¿Cómo se justifica que no es por desprecio a la libertad de expresión que otra universidad haya repudiado públicamente a un periodista con el que no comulga, cuando había sido invitado por los propios alumnos a dar una charla sobre la importancia de determinado s aspectos de su larga y destaca gobernantes da profesión? Es la misma universidad que, entre otras decisiones tan absurdas como politizadas, distinguió al expresidente venezolano Hugo Chávez con el Premio Rodolfo Walsh “por su compromiso incuestionable y auténtico en afianzar la libertad de los pueblos”. Hay muy pocos ejemplos más viles que distinguir con un premio a la libertad a quien ha cercenado los derechos de millones de venezolanos, haciendo caso omiso de las leyes, en un claro signo de autoritarismo y espíritu antirrepublicano.
Con estos ejemplos a la vista, no sorprende que, en el plano internacional, nuestros se alíen con regímenes que enarbolan iguales banderas de privilegios y prebendas.
El régimen político que ha estado en el poder en nuestro país durante gran parte del presente siglo ha tenido, al menos, la virtud de la franqueza. Es un régimen que descree de la meritocracia y del valor de las enseñanzas. Una persona condenada por graves delitos, como la dirigente jujeña Milagro Sala, recibe la visita del Presidente; un ministro de Salud hace vacunar prioritariamente a sus amigos mientras el jefe del Estado realiza fiestas en la quinta de Olivos en plena restricción por la cuarentena por coronavirus; gobernadores y vicegobernadores se suceden en el cargo e intentan seguir haciéndolo ininterrumpidamente, aun cuando las constituciones provinciales lo prohíben, y la propia vicepresidenta de la Nación, a falta de pruebas para defenderse de los numerosos y graves delitos de los que se la acusa, reacciona atacando a los jueces en general y a la Corte Suprema de Justicia de la Nación en particular, alentando su descabezamiento.
La receta para salir de esta situación no es difícil, pero sí lo es abandonar condenables prácticas que se encuentran enquistadas. Tanto el Estado nacional como los provinciales están sobredimensionados, con mucha mayor cantidad de personal contratado que el necesario para las tareas que se deben llevar a cabo, pues ello constituye una manera de asegurar apoyo a cualquier política oficial. El requisito constitucional de la idoneidad para desempeñar un cargo simplemente se ignora y los mismos políticos van mutando de un puesto a otro como si fueran expertos en todas las materias habidas y por haber.
Urge repensar nuestro pacto de convivencia, que es el que la Constitución nacional expresó de manera sabia, desde su misma sanción. Debería alcanzar con leer sus disposiciones y acatarlas. El juramento de hacerlo que precede a la aceptación de un cargo público debería ser algo mucho más importante que la mera fórmula que antecede al aplauso. Dios y la Patria mediante.
No sorprende que, en el plano internacional, nuestros gobernantes se alíen con regímenes que enarbolan banderas de privilegios y leyendas
El actual gobierno descree de la meritocracia y del valor de las enseñanzas
El requisito constitucional de idoneidad para desempeñar un cargo simplemente se ignora Urge repensar nuestro pacto de convivencia, que es el que la Constitución nacional expresó de manera sabia, desde su misma sanción. Debería bastar con leer sus disposiciones y acatarlas
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Una AFA nada confiable
No hace mucho, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) fue acusada de defraudación, desvío de fondos y violación de la ley cambiaria, además de sospecharse de turbios manejos en la comercialización de entradas para los últimos partidos de la selección argentina en el país. Ahora, el hecho de reducir el número de descensos cuando el campeonato está en su etapa final resulta cuando menos bochornoso.
Una vez más, se trata de no cumplir con lo establecido, alterar las reglas de juego en el medio de la disputa del torneo con el agravante de que esta decisión fue votada por casi la unanimidad de los clubes. El polémico cambio tuvo el apoyo 45 votos y apenas una abstención.
Ya de por sí, la lógica de los campeonatos es bastante engorrosa con la participación de 28 equipos, cuando las ligas más prestigiosas del mundo no superan los 20 participantes con dos o tres descensos y la misma cantidad de ascensos por año. A esa superpoblación de equipos, a la lotería de las localías y los famosos promedios, se le suma la falta de previsibilidad y la improvisación de resoluciones que abren fundadas sospechas sobre la falta de transparencia que existe en algunos estamentos del fútbol argentino.
Lo que se aprobó en la AFA es que habrá dos descensos en lugar de tres, como estaba establecido al iniciarse el presente torneo, y que en la temporada 2024 la Primera División siga con 28 equipos. Así, un descenso se concretará con el sistema de promedios, teniendo en cuenta los puntos acumulados por cada equipo entre la Copa de la Liga 2021, la Liga Profesional 2021, la Copa de la Liga 2022 y la Liga Profesional 2022, y la producción de 2023 también entre Liga y Copa. El otro equipo que descienda surgirá de la tabla anual conformada por las 27 jornadas de la Liga Profesional y las 14 fechas de la fase inicial de la Copa de la Liga (quedando fuera de la sumatoria los enfrentamientos desde los cuartos de final).
Ya el pasado 21 de diciembre en una asamblea, la AFA había resuelto reducir los descensos de cuatro a tres, dos por promedio y uno por la tabla general, con el supuesto objetivo de llegar en 2029 a 22 equipos.
Luego de la muy cuestionada y turbia era del extinto Julio Grondona y de los erráticos caminos posteriores, sería por demás conveniente que la AFA aprovechara la esperada tercera estrella que consiguió el seleccionado nacional hace pocos meses en Qatar para potenciar el genuino desarrollo de la Liga de Fútbol Profesional.
Hay demasiado por hacer, tanto en infraestructura, logística, divisiones menores y fútbol femenino, por lo que actitudes como las citadas menoscaban y devalúan la reputación de una disciplina tan cara a los afectos de los argentinos y exhiben la diferencia abismal que existe entre una selección nacional respetada en el ámbito internacional y la habitual desprolija y turbia realidad del fútbol local.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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