jueves, 8 de marzo de 2018

HOMENAJE A LA MUJER


Guardianas de la salud: las especialistas del Garrahan que dejan huella en los chicos

Trabajan en diferentes áreas de uno de los hospitales nacionales que recibe los casos más complejos; con sus experiencias, logran mejorar la calidad de vida de los pacientes
En ese mundo de pabellones donde desde hace tres décadas funciona el Hospital Garrahan , hay quienes intentan dejar su huella. Desean producir un cambio que mejore la manera de tratar a los chicos, detectar o prevenir enfermedades y acompañarlos ahí donde la medicina y la ciencia encuentran sus límites.
Tres médicas, una enfermera y una investigadora que, de diferentes maneras, intervienen en esos cuidados compartieron  sus experiencias en un hospital nacional que recibe los casos más complejos con las demandas más urgentes.
Al hablar con ellas está claro que la pasión por lo que hacen está intacta. Aun las que ocupan cargos de gestión se hacen tiempo para atender pacientes.
Si hay un trabajo en el que las mujeres avanzan en presencia desde hace varios años es la atención de la salud. Por lo menos hasta los 45 años y excepto en enfermería, un campo en el que ellas aún disponen. Los registros del Ministerio de Salud de la Nación sobre la fuerza laboral en el país a mediados del año pasado indican que hay 779.750 médicos, técnicos y auxiliares matriculados en las provincias a través de las asociaciones o los colegios profesionales. Ejercen en los 25.044 establecimientos públicos, privados, de la seguridad social y universitarios en la Argentina, además de la práctica privada.
La mirada más detallada por género revela que la feminización de la profesión entre médicos y especialistas empieza a perder fuerza a los 45 años, cuando comienzan a abrirse las puertas a los cargos de gestión. Desde la residencia hasta los 44 años, la proporción de médicas pasa del 62 al 51%; recién a partir de los 45 años, los varones recuperan posiciones y la relación se invierte, según datos del Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentino (Siisa).
Una excepción a esa regla sería el Hospital Garrahan. Ahí, ocho de los 14 cargos de gestión, entre las nueve direcciones y los cinco puestos del Consejo de Administración, están en manos de mujeres, que además son el 70% del personal.
"La participación de la mujer en la medicina ha ido creciendo en las últimas dos décadas. Inicialmente, se dedicaba a especialidades clínicas, pero se puede observar que especialidades quirúrgicas, que tradicionalmente antes eran de los varones, han sido ocupadas por mujeres y aceptadas en el quirófano, como en cirugía general, traumatología, neurocirugía, hemodinamia, entre otras. En los hospitales pediátricos, el porcentaje es mayor porque es inherente a la especialidad. Pero en las instituciones de adultos, el rol de la mujer es bajo. Y cuando uno se refiere a cargos de conducción en nuestro país, la participación de la mujer es menor", dice Alejandra Villa, directora médica del Garrahan.
F. C.



Gladys Ovando
Todos los días dirige a 160 enfermeros y licenciados en Enfermería en la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátrica del Garrahan . El equipo recibe a bebés y chicos de 30 días de vida en adelante que ocupan las 44 camas de las tres salas de terapia que supervisa. Esos pequeños tienen todo tipo de enfermedades y traumas graves de la infancia, incluidas las quemaduras, pero no los trasplantes y las cirugías cardiovasculares. Ahí, también, implementó distintos métodos para que esos chicos puedan pasar la internación sin complicaciones que pueden aparecer por su condición o el tratamiento que necesitan recibir, como las escaras en la piel por el tiempo que pasan acostados, las lastimaduras por el uso de una sonda, las infecciones intrahospitalarias o, también, una caída al moverse.
Con 34 años de experiencia con pacientes en terapia intensiva, fue la indicada para diseñar con otros profesionales protocolos de prevención de riesgos durante la internación. En estos siete años, por ejemplo, con uno de esos programas logró reducir las infecciones por el uso de catéteres de 70 a uno o dos casos por año. Ovando afirma que con todas estas medidas, también se reduce el tiempo de internación. "Una puede diseñar estrategias con otros colegas, pero son los enfermeros los que lo implementan. Puedo insistir en la prevención, pero la logran quienes están cuidando a los chicos las 24 horas, los 365 días del año", dice.
Hace 12 que es supervisora de la unidad, donde el 60% es licenciado en Enfermería, con una proporción inusualmente alta de varones (40%). "Estamos más reconocidos que en otras instituciones -afirma-. El médico cura y nosotros cuidamos para que el paciente tenga el mejor pasar posible en la internación".


Silvina Kuperman

Si hay un área crítica en un hospital de alta complejidad, con más de 10.000 cirugías y 600.000 consultas por año como en el Garrahan , es el banco de sangre. Los distintos servicios solicitan unidades para transfundir confiados en que los componentes sanguíneos que reciban serán seguros para sus pacientes. Desde 2012, Kuperman dirige el Centro Regional de Hemoterapia, que combina el banco de sangre y el único banco público de sangre de cordón umbilical del país.
Su equipo, en su mayoría mujeres, atiende a 17.000 donantes de sangre por año y procesa las unidades de sangre de cordón que envían las maternidades. Esas células se usan con intervención del Incucai para tratar a los pacientes argentinos o del resto del mundo que necesitan un trasplante de médula ósea.
Kuperman es pediatra y su residencia la hizo en el Posadas. Pero su meca era el Garrahan. Ahí, un día golpeó una puerta: se anunciaba una beca en hemoterapia. "No sabía lo que era, pero ingresé y empecé a trabajar con la doctora Ana del Pozo, una visionaria en el trabajo con células de cordón umbilical que me hizo enamorar de la especialidad", recuerda.
Al frente del centro, logró la certificación internacional del banco de sangre, donde afirman que los donantes son 100% voluntarios. "Hace más de siete años, empezamos a definir estrategias para acercar el banco a la población y hacer la donación más accesible. En 2011, cuando el país fue sede del Día Internacional del Donante, dejamos de pedirles donantes a los pacientes". El donante voluntario es más seguro que el de reposición. En el Garrahan, el 5% de las muestras de los donantes que se les pedían a los pacientes estaban infectadas, en comparación con el 0,5% actual.
Kuperman cumplió todas estas metas sin perder de vista la formación profesional ni la vida familiar. "Cuando entré a trabajar al hospital, a las 48 horas me enteré de que estaba embarazada de mi segunda hija -cuenta-. Siempre con el temor de dejarles de prestar atención, y ahora, que pasó el tiempo, me di cuenta de que no hacía falta sentir tanto temor. Con interés y afecto, todo se va dando. Claro que todavía estoy trabajando y pienso en si tengo que comprar algo para cocinar en casa. En eso, las mujeres somos muy poderosas, tenemos una capacidad gigante para salir adelante".


Alejandra Villa

A los 54 años, y un mes y medio como directora médica del Garrahan , Alejandra Villa afirma que pudo adaptar los tiempos para la vida familiar y el trabajo. "Por la especialidad que elegí, cardiología infantil y trasplante, me fui entrenando a través de los años para interactuar en ambos roles", cuenta.
Es médica de planta del hospital que funciona de manera autárquica aunque el 80 por ciento de su financiamiento proviene del Estado nacional y el 20% restante de la ciudad de Buenos Aires.
Ubicado en Parque de los Patricios, Alejandra Villa se desempeña desde hace 25 años en el Servicio de Cardiología, desde donde acompaña a los pacientes durante la niñez y la adolescencia.
"Cuando una entra al hospital y comienza a atender a los pacientes, que son tan indefensos, algunos muy pequeños, eso responde a cuál es nuestra razón de existir -dice-. Por eso, el rol que nos toca lo debemos cumplir con pasión y entrega, con lo mejor de nosotros en el conocimiento de la enfermedad y el acompañamiento psicológico del paciente y su familia".
Egresada de la Universidad de Córdoba, Villa se especializó en pediatría y cardiología pediátrica en el país y el exterior. Integra la Sociedad Latina de Cardiología Pediátrica, el grupo de referencia para la asistencia ventricular Berlín Heart y Trasplante Cardíaco en América Latina, además de coordinar el Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas del Ministerio de Salud de la Nación desde 2010 hasta 2017, haber participado en ocho capítulos de libros, ser revisora de publicaciones en revistas científicas y haber recibido dos premios de la Academia Nacional de Medicina.
Siente que de los chicos que atiende recibe valores, como fortaleza para enfrentar la adversidad, calma para sobrellevar el dolor y solidaridad con los demás.
A la par, formó a especialistas en todo el país y desarrolló la consulta por telemedicina para la atención de las cardiopatías congénitas desde la edad fetal hasta la adolescencia, lo que agiliza la consulta a distancia sin el desarraigo familiar.
Con el programa de trasplante cardíaco que desarrolló en un hospital público, los pacientes de bajos recursos pudieron también acceden a cirugías de corazón altamente complejas y costosas.


Soraya Anís El Kik

Hace 30 años que trabaja en el Garrahan . Llegó para hacer su residencia en pediatría y ahora coordina el área de Cuidados Intermedios y Moderados (CIM) 62. En el primer piso, en la "sala", como le dice al sector con pasillos y habitaciones con 34 camas que tiene a cargo, conoce a cada bebé y chico internado por su nombre.
Llegan ahí con una traqueotomía o la necesidad de ventilación por problemas neuromusculares u otras enfermedades que les impiden respirar. Los padres aprenden los cuidados que deberán tener en cuenta después del alta.
Con su equipo y colegas de otros servicios, desde 1999, El Kik encontró la forma con la que, aun con las limitaciones de la enfermedad, los chicos vuelvan a casa con calidad de vida y autonomía. "Antes, estos chicos pasaban tres o cuatro meses internados -dice -. Hoy, entre terapia intensiva y la internación en el CIM son 15 días. Los padres se van entrenados para asistir a sus hijos". En la mayoría de los casos, los pacientes convivirán de por vida con la enfermedad. "Seguramente, lo que mejoramos es la calidad de vida, más allá de cada caso, y les evitamos internaciones prolongadas", agrega.
A ella se la puede encontrar en el hospital a las 7.30 y el horario de salida depende de cada día. El celular lo mantiene encendido las 24 horas. Está casada y tiene dos hijos. Considera que pudo combinar la familia con el trabajo. "Como los dos somos médicos, siempre nos colaboramos y podemos aprovechar mucho el tiempo con los chicos. Mis hijos no sienten que les faltó la madre, a pesar de las guardias, el trabajo los fines de semana y los horarios tan distintos -dice-. Ellos ven el orgullo que tengo por lo que hago".
En los cargos que ocupó, por los que concursó, formó equipos. "Promover las fortalezas individuales le hace bien al grupo. Tuve que liderar grupos muy distintos, con personas mayores que yo. Pero sentir que te reconocen como referente es un premio".
Todavía le conmueve el "gracias, doctora" de los padres cuando sus hijos se van de alta, aun cuando no se podrán curar o si la despedida le sigue a una muerte. "Son hijos, son chicos. Lo que hagamos en el momento adecuado es lo que podría marcar una diferencia en su salud, en su vida. Y eso aún me sigue emocionando", afirma.



Andrea Mangano

Su lugar de trabajo en el Garrahan no es un consultorio, sino un laboratorio de investigación. Desde hace dos años dirige la nueva Unidad de Virología y Epidemiología Molecular. "Tengo todos los virus a cargo", resume. Es investigadora independiente del Conicet, doctora en Bioquímica y profesora de Microbiología de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires.
Hace cinco años, en el Laboratorio de Biología Celular y Retrovirus del hospital, desarrolló un test para determinar con un hisopado bucal la hipersensibilidad de los pacientes que viven con VIH a un antirretroviral, uno de los fármacos que se usan para controlar la infección. La prueba detecta una mutación genética (HLA-B*5701) que anticipa una reacción adversa al abacavir que puede ser grave y hasta fatal. Se aplica en los pacientes del Garrahan desde 2012 y, también, en beneficiarios sin cobertura del programa de VIH/sida del Ministerio de Salud de la Nación.
La idea surgió por una necesidad del Servicio de Infectología del Garrahan y Mangano, con becarios del laboratorio, diseñó la prueba. "Lo pensamos para los chicos, para no tener que sacarles sangre, pero eso terminó siendo una ventaja para poder aplicarlo también en adultos, en todo el país, con un bajo costo de transporte [de la muestra a analizar]". También es más económico que el kit comercial. Cuando se desarrolló, la diferencia era del 40%.
"Esta nueva herramienta contribuye positivamente en el tratamiento de personas VIH+ en la terapia Haart, ya que mejora su calidad de vida porque evita posibles reacciones adversas por el uso de abacavir", explica Mangano. El kit ganó una mención especial en el XIII Congreso Argentino de la Sociedad Argentina de Infectología y el Premio Innovar en Investigación Aplicada. La prueba está en proceso de transferencia a un laboratorio nacional para su producción.
Con 17 profesionales a cargo, asiste a los médicos de los pacientes con VIH y otras infecciones en qué estudios o tratamientos serían los más indicados. "Fue una experiencia muy interesante trabajar en un desarrollo por una necesidad y que ayuda a tantos pacientes. Trabajé con becarios muy jóvenes, que se comprometieron con esa necesidad. Es una alegría enorme", cuenta.

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