sábado, 21 de enero de 2023

EL ASESINATO DE FERNANDO


La autopsia de Báez Sosa, bajo el análisis de los forenses
Por qué los peritos de la defensa cuestionaron una prueba clave.
Gustavo CarabajalLas marcas de la suela de la zapatilla de Máximo Thomsen en el cuello de la víctima
La medicina forense no es una ciencia exacta. Por eso, las autopsias son las pruebas más atacadas en los procesos penales. Aunque la causa de la muerte en un homicidio sea clara–un balazo, una puñalada o una fractura de cráneo–, las conclusiones sobre la hora de muerte, por ejemplo, pueden colocar aun sospechoso dentro o fuera de la escena del crimen.
El informe de la autopsia puede marcar la diferencia entre una condena y una absolución. Entre la libertad y la cárcel. El juicio oral por el homicidio de Fernando Báez Sosa no escapa a las generales de ley. La última audiencia se convirtió en una batalla entre los peritos de la defensa de los ocho acusados –que, con duros términos, cuestionaron la operación realizada por el médico legista Diego Duarte– y los fiscales y abogados de la querella, que sostuvieron las conclusiones del forense que hizo la necropsia hace tres años, en Villa Gesell.
Duarte rubricó en su informe médico–pericial que a Fernando lo mataron con la andanada de golpes y pisotones en la cabeza que le asestaron los imputados, que le causaron un“shockn euro génico” que le provocó un paro ca rdíac otra um ático.
En nombre de la defensa, los prestigiosos forenses Juan José Fonoglio y Jorge Velich, señalaron grietas en el informe elaborado por Duarte.
Afirmaron que la supuesta falta de precisión en la autopsia sobre el origen y causa de las lesiones impedía determinar cuál fue la causa de la muerte de Fernando. Como lo había hecho Tomei ya en la cuarta jornada del juicio, introdujeron la duda sobre las consecuencias de las maniobras de RCP que le practicaron a la víctima en el lugar del hecho.
Los cuestionamientos de Fenoglio y Velich traspasaron los muros de la sala de debate del Palacio de Tribunales de Dolores. Con el expreso pedido de la reserva de identidad –para cuidar la relación entre colegas, explicaron–, tres veteranos y reputados forenses opinaron sobre la polémica. El fallo: dividido.
Uno de esos referentes coincidió con Fenoglio y Velich en cuestionar el traslado de Fernando en la ambulancia al hospital de Villa Gesell. “Esa maniobra modificó la escena del crimen e impidió que se pudiera determinar si Fernando murió en el lugar del ataque o en el hospital”, opinó este legista, de vasta trayectoria en el territorio bonaerense y con intervención en casos de alto impacto.
En cambio, otro reconocido legista –hoy dedicado a la actividad académica– revisó la autopsia de Duarte y dio su aprobación. “El informe oficial me pareció muy completo y gráfico. Cualquier forense o médico puede entenderlo, y las conclusiones son correctas. Es indudable que si bien había múltiples lesiones, la causa de muerte inmediata fue la hemorragia en tronco-encefálico, donde está el centro respiratorio. Todas las lesiones abdominales y torácicas eran graves, pero la causante de la inmediatez en la muerte fue esa”.
“La lesión que se describe en el hígado fue en la cara anterior, sobre el ligamento falciforme, que mantiene dicho órgano sostenido contra el diafragma. Jamás se rompería por la reanimación. Las lesiones torácicas son internas y no mortales e inmediatas, por lo que no responden a la reanimación y menos, al no haber lesiones costales”, concluyó.
El informe de Duarte, prueba clave del expediente, afirma que Fernando “falleció en forma traumática, producto de un paro cardíaco traumático por shock neurogénico producido por múltiples traumatismos de cráneo que genera ron hemorragia masiva intracraneana sin fractura ósea”. Cuando declaró en el juicio, el médico Duarte indicó que las lesiones que halló en el cráneo de Fernando eran “incompatibles con la vida” y que “cualquiera de los golpes que le aplicaron en la cabeza puedo haberle causado la muerte”.
Un tercer forense consultado sostuvo que las lesiones mortales“se consignaron claramente y sin dejar lugar a dudas”. Precisó que “la cavidad craneana es inextensible” y “al sufrir traumatismos de esta magnitud se produjeron las múltiples lesiones hemorrágicas cerebrales”.

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