El paseo de esculturas de Pinamar tiene nueva estrella: una obra creada con ramas
Con un picnic nocturno, hoy empieza la VII edición de El Arte Despierta en el parque del Golf; habrá música y proyecciones
Alejandro Horvat
PINAMAR.– Frente al Golf de Pinamar se levanta un entramado de ramas de casi cinco metros de altura y 15 de largo. Juntas son la resignificación de lo que estaba destinado a ser un residuo más. Sin embargo, esta obra, llamada Cronoforma por su creador, el artista Camilo Guinot, es solo una pausa antes de que el material alcance su disposición final. Esta imponente estructura, tarde o temprano, desaparecerá.
Si bien ya está instalada en el Parque Escultórico de Pinamar (avenida Shaw 1640), la presentación oficial se realizará hoy en una nueva edición del “Picnic bajo las estrellas”, que comenzará a las 20.30. Desde Pinamar SA, empresa propietaria de las esculturas y organizadora del encuentro, recomiendan llevar reposeras o lonas para sentarse en el pasto y disfrutar de las proyecciones de mapping sobre las obras mientras suenan bandas en vivo.
El Parque Escultórico de Pinamar está compuesto por una heterogénea camada de artistas provenientes de Latinoamérica. Y esta temporada contará con una obra única de Guinot, como el atractivo central. “Desde la perspectiva humana, las ramas se transforman en desecho en el mismo instante en que se las poda. Sin embargo, para esta obra, son recolectadas de distintas locaciones, convergiendo en un mismo sitio, reconfiguradas formalmente y resignificadas como elemento transicional, patrón constructivo y unidad cronológica. Acumuladas y dispuestas en el espacio retoman su cualidad original de ascensión y también son un modo de hacer tangible el tiempo”, describe el artista.
Según Guinot, la obra está planteada con una duración limitada. “Me interesa que su condición cronológica se mantenga abierta y susceptible a modificaciones durante su existencia. Cronoforma es una instalación de gran formato realizada con ramas de la poda local, en la cual exploro el vínculo entre producción humana y naturaleza por medio de formas y procesos que combinan tiempo y modos constructivos”.
Sin contar el tiempo que llevó la recolección, la obra le demandó a Guinot quince días de trabajo ininterrumpido. Todas las ramas están unidas con tarugos de madera y clavos, y, por el momento, por ser una obra semipermanente, el material no recibió ningún tratamiento para evitar que se degrade.
“Es un impasse para las ramas que luego volverán a ser poda, por eso no se les dio ningún tratamiento. En cuanto a la forma de la obra, si bien hubo una maqueta previa, los mismos materiales fueron marcando el camino. Por eso, hay un poco de control, pero también de azar, la forma va definiéndose en el montaje mismo”, agrega Guinot.
El paseo escultórico de Pinamar está compuesto por más de 60 obras emplazadas en siete sitios diferentes accesibles al público. “Fue creado como un espacio dedicado a la exposición y divulgación de obras autóctonas. El paisaje del bosque y la extensión de costa tienen un encanto único; y esta iniciativa es un llamado a comprometer esfuerzos para el cuidado, resguardo y valoración de esos bienes naturales y culturales”, remarcan desde la empresa.
Una de las primera obras instaladas fue Dibujando espacios, del artista Pájaro Gómez, que se emplazó en la avenida Bunge y la Avenida del Mar. Tiempo después, Alberto Bastón Díaz creó otra gran obra, La permanencia de un sueño, conocida como “la piña”, que está ubicada en el camino de Los Pioneros.
Sin embargo, esas dos obras no formaban parte de un proyecto como el del Parque Escultórico. Esa idea fue posible gracias a que hace poco más de tres años a Elsa Shaw de Canale, una de las referentes de Pinamar SA, se le presentó la posibilidad de adquirir una colección privada de esculturas. “Eran 69 obras y lo que más quería el propietario era que se conservaran juntas. Fue una oportunidad importante: son cien años de escultura contemporánea. Llegaron un 25 de enero y en abril de 2017 empezamos todo esto”, dijo a la nacion en 2019.
Así, pasaron a estar a la vista de los visitantes obras como El hombre del Delta, de Lucio Fontana, y cuatro bronces de José Fioravanti; otro Hombre, de Ricardo Carpani: la Victoria, de Gyula Kosice, las mujeres de Antonio Pujía y Mariano Pagés, El gato de Tito, de Carlos Alonso, una Venus fragmentándose de la saga mitológica de Marta Minujín, la Barca de Hernán Dompé y Evocación Heroica de Antonio Sassone.
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