lunes, 20 de noviembre de 2023

CAPITÁN DE MAR Y GUERRA EN AMAZON PRIME VIDEO


El héroe de la pantalla que merecía su cuarta nominación al Oscar
cine. Dos décadas atrás, la brillante actuación de Russell Crowe en Capitán de mar y guerra fue ignorada por la AcademiaMarcelo Stiletano Capitán de mar y guerra: la costa más lejana del mundo

 ESTÁ DISPONIBLE EN AMAZON PRIME VIDEO.AmAzon Prime Video...Russell Crowe tuvo una actuación sobresaliente en Capitán de mar y guerra, de Peter Weir
Russell Crowe estuvo nominado al Oscar en tres ocasiones consecutivas, todas ellas como mejor actor protagónico. La serie empezó en 2000 con El informante, siguió en 2001 con Gladiador (allí obtuvo el premio) y se completó en 2002 con Una mente brillante. Esta triple candidatura todavía se recuerda como una proeza, de esas que solo están al alcance de un selecto puñado de grandes estrellas.
Pero la Academia de Hollywood, con todo lo que hizo para reconocerlo, fue muy injusta con el actor nacido en Wellington (Nueva Zelanda) que cumplirá 60 años el próximo 7 de abril. Si hay una actuación en toda la vasta y reconocida carrera en el cine de Crowe que merecía por lo menos una nominación al Oscar es la de Jack Aubrey, el aguerrido y temerario protagonista de Capitán de mar y guerra: la costa más lejana del mundo (Master and Commander: The Far Side of the World, 2004).
La injusticia queda todavía más a la vista cuando vemos que ese año Crowe quedó inexplicablemente afuera de un quinteto de nominados a mejor actor que no muestra ninguna performance capaz de ponerse a esa altura. Cualquiera de ellos, tanto el ganador del premio en esa oportunidad (Sean Penn por Río místico) como sus compañeros de rubro (Johnny Depp, Ben Kingsley, Jude Law y Bill Murray), quedan en segundo plano frente a los méritos exhibidos por Crowe.
Ese era el veredicto surgido de toda evidencia razonable y más o menos rigurosa en aquel momento y también hoy, cuando se cumplen dos décadas de la llegada a los cines de Capitán de mar y guerra, una de las obras cumbre de la excelsa trayectoria del director australiano Peter Weir (tal vez la que mejor define su estilo) y al mismo tiempo una de las mejores películas estrenadas en lo que va de este siglo.
La vigencia de esta película y sobre todo de la gran actuación protagónica de Russell Crowe no se relaciona solamente al aniversario directo de su estreno que celebramos hoy dos décadas después. Capitán de mar y guerra empieza con una leyenda sobreimpresa que alude a uno de los estrenos de cine más comentados de los últimos tiempos, conectado directamente con la época en la que transcurre la obra de Weir. “Napoleón es dueño de Europa. Solo la flota británica se encuentra ante él. Los océanos son ahora campos de batalla”, se lee en pantalla antes de que la acción nos lleve directamente al escenario de las guerras navales de comienzos del siglo XIX, marcado en Europa por el reinado de Napoleón Bonaparte.
Desde esta perspectiva histórica, reencontrarse con Capitán de mar y guerra puede darle al espectador interesado en la historia información valiosa y contexto adicional a la llegada a los cines argentinos el próximo jueves de la superproducción que Ridley Scott dirigió sobre la vida de Napoleón, personificado por Joaquin Phoenix.
Los episodios narrados en esta película transcurren lejos de Europa, en mares tan distantes como las costas más meridionales de América, la ruta del Cabo de Hornos y las aguas del Pacífico a la altura de las islas Galápagos, pero integrados en alta mar a las guerras napoleónicas. Es el mundo descripto en las novelas épicas y de aventuras náuticas de Patrick O’Brian, cuyos personajes principales son los dos protagonistas de la película: el capitán Aubrey, conocido por su apodo de “Lucky” (suertudo o afortunado) y su amigo Stephen Maturin, embarcado en su condición de médico y apasionado naturalista.
“¿Quieren ver una guillotina en Piccadilly? ¿Quieren ver rey a ese andrajoso de Napoleón? ¿Quieren que sus hijos canten La Marsellesa?”, arenga Aubrey a sus tropas en un momento de la película para levantarles el ánimo antes de enfrentarse con los efectivos franceses a bordo del Acheron. Ese momento del comandante del HMS Surprise, fragata de la Royal Navy, muestra al mejor Russell Crowe que podamos imaginar. Dueño completo del cuadro con su apostura altiva y casi arrogante, un poder de decisión a toda prueba y esa imagen de autoridad que lo transformó en estrella sin dejar de ser visto como un actor notable.
Crowe es un intérprete de gran personalidad, capaz de imponer siempre lo que quiere desde la irresistible (y a veces amenazadora) persuasión de su voz grave y profunda. Así es el Aubrey que concibió Peter Weir para su obra magna. Pero al mismo tiempo, como ocurre con sus mejores personajes, el capitán del Surprise tiene a través de Crowe una extraordinaria capacidad introspectiva. Es un intérprete que conoce como pocos lo que hay que hacer para mostrar todo lo que está pasando dentro de su cabeza.
Buena parte del atractivo de la personificación de Crowe pasa por los diálogos y las escenas que comparte con Maturin (un brillante Paul Bettany). Cada uno de esos momentos es un nuevo capítulo de la eterna tensión planteada en la película entre el instinto (entendido también como intuición, corazonada o golpe de suerte) y la razón, tal como lo describió agudamente en una oportunidad Leonardo D’Espósito.
Hay momentos en que la temperatura de ese contrapunto se eleva hasta una cima que parece casi irremontable, pero esa conexión resulta tan fuerte y poderosa en su espíritu de camaradería que siempre encontrará, con la ayuda de sus intérpretes, un instante de coincidencia, acercamiento o directa reconciliación. Hay un par de grandes momentos en la película que lo dejan a la vista, cada vez que Aubrey y Maturin se toman un pequeño tiempo en medio de la travesía para compartir un dúo de violín y violonchelo. El que se ilustra con la Musica Notturna delle Strade di Madrid, de Boccherini, es especialmente disfrutable.
“Hay muchos actores que son lo suficientemente vagos para hacer eso. Fue un privilegio para mí investigar sobre la época y aprender a tocar el violín. Cuanto más trabajo le dedique a todo eso, más visceral y real será la experiencia para el público que va a ver la película”, dijo Crowe poco antes del estreno en 2004 cuando Entertainment Weekly quiso conocer algún detalle sobre cómo se preparó el actor para transformarse en Jack Aubrey.
El compromiso de Crowe también tuvo mucho que ver con el aspecto más físico de la producción. Al ver la película tenemos la sensación de que ningún otro actor podría haberse aproximado de manera tan completa en cuerpo y alma a la figura de Aubrey. Lograrlo no fue algo fácil para su intérprete. “Me he criado en Sídney y en Auckland, dos puertos. Jugaba a los barcos cuando era pequeño, pero nunca tuve alma de marinero”, dijo en una visita promocional a Barcelona en tiempos del estreno de Capitán de mar y guerra.
El mayor reto que enfrentó, según propia confesión, tuvo que ver con la resistencia a las condiciones básicas de la vida en alta mar para quienes no están acostumbrados a ellas. “Estuve seis meses tratando de no vomitar sobre la tripulación, lo que hubiera quedado muy mal dado que encarnaba al capitán”, reconoció ante el diario madrileño El País.
Acostumbrado a ejercer influencia decisiva en cualquier proyecto en el que se compromete, Crowe llevó al rodaje su gran compromiso interpretativo. Allí ejerció con el elenco más joven una autoridad bastante parecida a la de Aubrey dentro del HSM Surprise durante la película. “Desde el momento en que llegaron aquí debería ser muy obvio para ellos que se han unido a la Marina. Tenían varias horas al día de entrenamiento con armas y con aparejos, y para entender cómo se mueve el barco con el viento. Cuanto más conocimiento tuvieran, más profunda y satisfactoria podría ser la fantasía. Los directores que me contratan saben que les quitaré cierta presión y asumiré ciertas responsabilidades. Hay algunas cosas que preferirías que el capitán se las dijera a los hombres porque eso mantiene viva la fantasía”, señaló.
Esa empecinada y meticulosa búsqueda de realismo aparece primero en los detalles y en imágenes que debe haber sido bastante complicado registrar. Por ejemplo, en el lugar que ocupa la cámara, casi a la altura de los bajísimos techos del barco, y también breves imágenes abiertas capturadas mucho antes de que los drones facilitaran este tipo de cosas. Filmar a Crowe como un verdadero capitán, parado en el mástil mientras solo se aprecia un mar infinito en derredor de la embarcación, es toda una declaración de principios para Weir. Y también es una manera de afirmar el tipo de interpretación que espera de su principal figura actoral.
Capitán de mar y guerra toma gran parte de su trama del décimo libro de la serie Aubrey-Maturin firmada por O’Brian, La costa más lejana del mundo (The Far Side of the World, de 1984), pero se enriquece con aportes de las novelas restantes. No fue el éxito resonante de taquilla que sus productores imaginaron, pero tuvo una bienvenida amplia y elogiosa por parte del público y de la mayoría de los críticos, además de adquirir en poco tiempo la envergadura de un verdadero film de culto. La genuina admiración hacia el talento interpretativo y el carisma de estrella de Crowe nunca llegó más lejos que con esta película.
A partir de todos estos factores se alimentó la creencia de que tarde o temprano llegaría la secuela. Crowe siempre quiso volver a ser Jack Aubrey y su aspecto actual, bastante más robusto, menos entrenado y con una barba larga y blanca muy adecuada a los 60 años que cumplirá en pocos meses, solo permite imaginarlo en la última novela de O’Brian, Blue at the Mizzen, que transcurre después de la derrota definitiva de Napoleón.
Es legítimo mirar hacia adelante y especular con esa posibilidad, pero por ahora aparece tan lejana como el destino de algunos de los viajes del Surprise. En cambio, no tenemos dudas cuando viajamos veinte años al pasado y seguimos sin entender por qué la Academia de Hollywood le negó a Russell Crowe una cuarta nominación al Oscar que merecía con creces por esta película.
Haber elegido en ese momento como uno de los candidatos al mismo premio a Johnny Depp parece una broma del destino. Nadie duda que el capitán pirata Jack Sparrow es uno de los personajes más logrados de toda la carrera de Depp, pero frente a la seriedad, la convicción, el aplomo y el magnetismo de un verdadero capitán de mar y guerra en manos de Crowe, darle su lugar a un semejante surgido de la parodia parece un chiste. 

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