Robaron $8.000.000 a la familia de Antonella Roccuzzo en una violenta emboscada
Delincuentes se apropiaron de la recaudación del supermercado que es propiedad del padre de la esposa de Lionel Messi; ese comercio había sido baleado en marzo pasado
Germán de los Santos
ROSARIO.– Los ladrones sabían los movimientos de Agustina Scaglia, prima de Antonella Roccuzzo, una de las encargadas de dirigir el supermercado Único, propiedad de la familia, que fue baleado el 2 de marzo pasado, cuando apareció un mensaje mafioso con el texto: “Messi te estamos esperando”. Los asaltantes, que se movían en dos autos, siguieron ayer a Agustina, que iba con otras dos personas en un Chevrolet Onix, y la interceptaron a unas 45 cuadras de su comercio: un vehículo la encerró e hizo un disparo que impactó en la ventanilla. No alcanzó de casualidad a ninguno de los ocupantes. Luego, rompieron el vidrio y sacaron dos mochilas cargadas con unos $4.000.0000 cada una y huyeron.
El robo, que se produjo en Pellegrini y Cochabamba, en el centro de Rosario, provocó una fuerte conmoción, porque la víctima es un pariente de Leonel Messi. La familia Roccuzzo incrementó su seguridad después del ataque a balazos contra el supermercado Único el 2 de marzo pasado, un atentado mafioso que se produjo en medio de una interna de la banda de Los Monos por la conducción de la barra de Newell’s. Los dos jóvenes que dispararon contra las ventanas del negocio usaron guantes de látex para manipular el arma y el papel que contenía el mensaje. Eso siempre llamó la atención.
Agustina Scaglia, junto a dos empleados que la acompañaban, una mujer y un hombre, salieron ayer del supermercado Único poco después de las 10. Según manifestó Marianela S., empleada de ese comercio, en el auto transportaban dos bolsos con dinero que tenían previsto “llevar al banco”. No mencionó en su declaración a qué entidad bancaria. “No es algo que hacemos siempre”, reconoció. De acuerdo con información policial, en cada bolso llevaban unos $4.000.000.
Después de salir del supermercado, que está ubicado en Lavalle al 2500, en la zona oeste, Agustina Scaglia se encaminó con su auto hacia el centro de la ciudad. Los ladrones la interceptaron a unas 45 cuadras del negocio familiar. Eso es otra cosa llamativa para la policía. El jefe del Comando Radioeléctrico, Diego Santamaría, señaló que “los ladrones conocían muy bien los movimientos que iban a hacer”. Una fuente de la investigación aportó que esa información podría haber salido de la propia empresa. Porque muy pocos sabían los movimientos de una de las encargadas de la firma.
Lo que sucedió en Pellegrini y Cochabamba mostró que los asaltantes sabían moverse. No eran improvisados. Se trasladaban en dos autos. Uno, de acuerdo con los testigos, era un Ford Focus blanco, que fue el que encerró a Agustina Scaglia, que conducía el Chevrolet Onix. Según la empleada que iba en el auto, ella intentó escapar de los ladrones y aceleró. Adelante había otro auto, al que alcanzó a esquivar, aunque lo rozó y quedó sin salida. Dos personas se bajaron del Ford Focus y una hizo un disparo. “No nos dimos cuenta en el momento, porque fue todo muy rápido”, reveló Marianela S. La policía secuestró una vaina calibre 9 mm. La bala cruzó todo el auto. No hirió a ninguno de los ocupantes por muy poco. Entonces, los asaltantes rompieron uno de los vidrios laterales y sacaron los bolsos con el dinero. Y huyeron rápidamente. “Esto no fue al azar. Sabían todos los movimientos de estas personas”, indicó el jefe policial.
“Nos rompieron los vidrios y se llevaron los bolsos. Un auto había seguro, porque los vi subirse a uno cuando se iban. En el momento en el que arrancó todo solo escuché impactos en los vidrios. Cuando nos bajamos vimos el impacto de bala”, señaló Marianela S.
La empleada contó a los medios de prensa que el objetivo del traslado del dinero era “dejarlo en el banco y volver al supermercado”.
Después del violento robo que se produjo en pleno centro de Rosario los médicos atendieron a las víctimas, que estaban en shock. No solo porque les habían robado una suma de dinero importante, sino por la forma violenta en que lo hicieron. La preocupación creció aún más cuando percibieron que los delincuentes habían hecho un disparo. “Tienen escoriaciones leves y presión alta”, describió uno de los paramédicos del sistema de Emergencias.
Protección adicional
La familia Roccuzzo había reforzado la seguridad después del ataque a tiros que sufrió en el supermercado de calle Lavalle al 2500 el 2 de marzo pasado, cuando dos jóvenes en moto dispararon 14 balazos contra las ventanas del negocio del suegro del capitán del seleccionado argentino. “Messi te estamos esperando, (Pablo) Javkin también es narco, no te va a cuidar”, fue el texto del mensaje mafioso que dejaron los atacantes. En un primer momento, el intendente de Rosario –mencionado en ese intimidante mensaje– planteó sus dudas sobre una posible pata policial en un hecho extraño. Porque los atacantes no habían reclamado dinero, una mecánica que ocurre de manera frecuente en Rosario con las extorsiones.
Las cámaras de seguridad captaron el momento en el que los dos jóvenes dispararon. Otra cosa que llamó la atención fue que usaron guantes de látex para manipular el arma y el papel con la amenaza. Meses después, la pista que surgió en la Fiscalía de Rosario fue que el atentado había sido ordenado desde la cárcel y tenía que ver con la interna de la barra de Newell’s. Se apuntó por ese episodio a Pablo Nicolás Camino, un recluso ligado a la banda de Los Monos, que pretendía disputar la conducción de la barra de los lugartenientes de Ariel “Guille” Cantero, preso en Marcos Paz.
A partir de esta disputa se produjeron cinco crímenes, entre ellos, el de Lorenzo Altamirano, un músico callejero que fue secuestrado y ejecutado en la puerta de la cancha de Newell’s el 2 de febrero, un mes antes del atentado al supermercado, según la investigación que realizaron los fiscales Luis Schiappa Pietra y Matías Edery.
En medio de esa guerra por el control de una barra ocurrió el ataque al supermercado de Roccuzzo, que tuvo otro capítulo, con Messi en la cancha, cuando el 24 de junio pasado Los Monos exhibieron una bandera de 40 metros en la despedida de Maximiliano Rodríguez, que mostraba tres dibujos de los líderes criminales.
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Un doble crimen, a pocos metros de un mural de San La Muerte
Las víctimas, un hombre y una mujer, habrían sido vendedores de drogas
Germán de los Santos
ROSARIO.– En medio casas precarias, basura, barro y malezas, un paisaje de la pobreza profunda de los márgenes de Rosario, lo único que parece impecable es el santuario de San La Muerte que está en una esquina, a unos 40 metros del lugar donde anteanoche fueron acribillados una mujer y un hombre, ambos de 23 años. Luego, fue incendiado un búnker de venta de drogas que –según se sospecha– era manejado por la pareja asesinada. La mujer murió de diez balazos. Los agujeros que quedaron en el frente de la casa marcan que se dispararon decenas de tiros.
Tras ese doble homicidio se produjeron más tiroteos en la zona del barrio Gráfico, dominado hasta hace unos años por el clan Villalba, cuyos integrantes están, en su mayoría, presos, y tres de los capos, en el cementerio.
Este doble crimen se produjo en medio de un recrudecimiento de los homicidios en Rosario –se registraron 235 este año-, una ciudad en la que la violencia extrema es la que sirve para regular el negocio de la droga, que cambia todo el tiempo, con las alianzas y deslealtades que se cocinan desde las cárceles, la usina de bandas narco precarias y rústicas.
El búnker donde se vendían dosis de cocaína fue prendido fuego después del ataque, algo cada vez más común en este tipo de tramas, donde los atacantes buscan no sólo matar, sino también destruir el lugar. Las víctimas fueron identificadas como Francisco García y Karina Ferreyra, que eran pareja.
“Los dejaron como un colador”, graficó José Ferreyra, padre de la chica, que también vive en la zona. “Creo que mi hija estaba embarazada”, señaló, sin certezas.
A pocos metros de la casa donde entraron los sicarios los vecinos levantaron un mural y santuario en honor a San la Muerte. Es una de las pocas paredes del barrio que está impecable. Está pintado con tonos azules y celestes sobre un fondo negro donde resalta la hoz de la parca. Esa zona de descampados comenzó a poblarse hace poco más de una década sobre terrenos en su mayoría usurpados, por gente que se dedica a cartonear.
En esa geografía áspera irrumpen historias de sangre relacionadas con una actividad ya instalada en el barrio como es la venta de droga al menudeo.
ROSARIO.– En medio casas precarias, basura, barro y malezas, un paisaje de la pobreza profunda de los márgenes de Rosario, lo único que parece impecable es el santuario de San La Muerte que está en una esquina, a unos 40 metros del lugar donde anteanoche fueron acribillados una mujer y un hombre, ambos de 23 años. Luego, fue incendiado un búnker de venta de drogas que –según se sospecha– era manejado por la pareja asesinada. La mujer murió de diez balazos. Los agujeros que quedaron en el frente de la casa marcan que se dispararon decenas de tiros.
Tras ese doble homicidio se produjeron más tiroteos en la zona del barrio Gráfico, dominado hasta hace unos años por el clan Villalba, cuyos integrantes están, en su mayoría, presos, y tres de los capos, en el cementerio.
Este doble crimen se produjo en medio de un recrudecimiento de los homicidios en Rosario –se registraron 235 este año-, una ciudad en la que la violencia extrema es la que sirve para regular el negocio de la droga, que cambia todo el tiempo, con las alianzas y deslealtades que se cocinan desde las cárceles, la usina de bandas narco precarias y rústicas.
El búnker donde se vendían dosis de cocaína fue prendido fuego después del ataque, algo cada vez más común en este tipo de tramas, donde los atacantes buscan no sólo matar, sino también destruir el lugar. Las víctimas fueron identificadas como Francisco García y Karina Ferreyra, que eran pareja.
“Los dejaron como un colador”, graficó José Ferreyra, padre de la chica, que también vive en la zona. “Creo que mi hija estaba embarazada”, señaló, sin certezas.
A pocos metros de la casa donde entraron los sicarios los vecinos levantaron un mural y santuario en honor a San la Muerte. Es una de las pocas paredes del barrio que está impecable. Está pintado con tonos azules y celestes sobre un fondo negro donde resalta la hoz de la parca. Esa zona de descampados comenzó a poblarse hace poco más de una década sobre terrenos en su mayoría usurpados, por gente que se dedica a cartonear.
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